Will to Fire [Portegas D. Ace]

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Summary

La melodía del mar ha llamado a Eileen desde que puede recordar, cuando el mar rompe con la costa trae consigo voces que solo ella escucha. [Voluntad: Capacidad humana para decidir con libertad lo que se desea y lo que no.]

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Uno| El cantar del pirata.

“Father, don’t blame us for trying to live For trying to love, for wanting more”

– The Devil is Human

Sus dedos ardían contra las cuerdas de su violín, no se detuvo, dejó que toda su frustración saliera a través del compás frenético, las lágrimas se mezclaron con la sangre que caían de sus dedos, no podía ver con claridad el atardecer que entraba por la ventana

—Detente ahora mismo Eileen – el grito de su madre la hizo saltar deteniendo sus movimientos frenéticos – Arruinarás tus dedos, Crees que Eugene querrá una esposa dañada

—No me interesa lo que quiera ese bárbaro – Gritó aún con lágrimas empañando su vista

Su madre avanzó hacia ella amenazando con golpearla, pero se detuvo a centímetros de ella, su madre nunca la lastimaría el día antes que la boda que había buscado tanto para ella, pero su mera presencia era suficiente para hacerla sentir indefensa

—Enviaré a las sirvientas a curar tus dedos, no quiero que toques el violín hasta que tu boda pase – Calipso Armentarius de casada Vasileiou nunca había sido amable o una madre amorosa vivía amargada desde que se le obligó a vivir con la clase inferior como le gustaba decir a diario

—Sí, madre – respondió con la voz quebrada, mirando sus pies, no se atrevía a mirarla directamente. Su cuerpo temblaba sin piedad, su madre le aterraba. No se atrevió a hablar cuando la escucha salir de su cuarto, cayó al piso estremeciéndose.<Había acabado, sería vendida a un hombre que odiaba, que creía que las personas le pertenecían solo porque su sangre era “superior”.

Escuchó la puerta, no se atrevió a mirar hacia ella, las lágrimas aún empañan su vista.

—Señorita, deme sus manos – Mina, pidió con amabilidad, una de las empleadas más recientes le agradaba, era amable con ella, pero sabía que no dudaría mucho,su madre no tardaría en romperla como lo había hecho con tantas otras, dejo que Mina curara sus dedos sin poner resistencia.

—Deberías Renunciar – rompe el incómodo silencio, Mina se estremece esquivando su mirada – Sal de aquí siendo una persona, Mina – no recuerda haberla llamado por su nombre antes de hoy, pero desea que ella comprenda que aún puede salvarse.

—¿Usted sabe mi nombre? – Mina la mira directamente por primera vez desde que llego, la pregunta, la enoja no podía ser que era lo único que había llamado su atención

—Claro que sé tu nombre, eres nueva, llevas tres meses trabajando, Juno te recomendó y creo que no escuchaste nada de lo que dije –Eileen no había maltratado o alzado la voz a los sirvientes, pero deseaba tomar a la chica por los hombros sacudirla con fuerza y gritarle que se fuera con desesperación

—La oí con atención, señorita Eileen – Mina le dio una sonrisa enorme, su expresión es lo que su madre considera vulgar, pero a ella le parece brillante – No me iré, la señora Juno me pidió explícitamente que no me separara de usted.

Sincera y amable son palabras que describirían a la perfección, le agrada Mina, pero debería aprender a controlar su lengua si quería conservarla.

—Eres muy amable Mina – se levanta con cuidado –Estoy muy agradecida de ambas, pero dile a June que no tiene que preocuparse por mí – agradeció, tomando las manos de ella entre las suyas, la siente temblar, Mina parecía estar al borde de las lágrimas

—Señorita yo… – pareció atorarse con sus palabras

—Espero que tomes una decisión correcta, Si decís que no te irás a ningún lado tienes que aprender a controlar tu lengua, que nadie sepa lo que piensas – le dedicó una sonrisa soltando sus manos a la conmocionada castaña.

Se acercó a la ventana, el sol había caído por completo, la noche amenazaba por traer una tormenta, su última noche antes de experimentar un nuevo tipo de infierno, no podía ser más apropiada que está, nunca sería libre, su sangre maldita, la condenaba.

—Mina ve descansar, mañana será un día muy largo – ordena sin mirarla

—Sí, señorita – la escucha salir de la habitación

El silencio la abrumó, no le gusta, tuvo el impulso de tomar el violín, pero las palabras de su madre la detuvieron, le aterro lo que está pudiera hacerle si la escuchaba tocar.

La tormenta parecía haber no dará tregua alguna a pesar de llevar horas sobre la ciudad, su mente divagaba sin dejarla dormir, no quería que saliera el sol al terminar el día de mañana sería propiedad de Eugene.

Un relámpago iluminó su cuarto asustándola, su mente viajó alviejo Leo, el anciano que vivía en al otro lado de la isla ermitaño por elección, el cual disfrutaba de escucharla tocar el violín pidiéndole siempre la misma canción pirata, se había negado las primeras veces a interpretarla, pero el anciano le había insistido, nunca la había cantado, solo tocaba su melodía mientras el anciano cantaba a viva voz con lágrimas en sus ojos le había contado que había sido un pirata buscado, que nohabía nacido en el nuevo mundo, sino que era del océano del este que había tenido innumerables aventuras como tantos otros en busca de tesoros, riquezas y poder, pero no lo habían logrado, pero que había estado muy cerca junto con su tripulación que había terminado en esta pequeña isla llena de marines después de un gran incidente que había involucrado a por lo menos dos tripulaciones piratas junto con los marines.

Antes que pudiera medir las consecuencias se había puesto los zapatos y su capa de invierno llevando consigo una bolsa de oro y su violín, si había una persona de la cual le gustaría despedirse era de él tocaría por última vez su canción favorita y le daría la bolsa de oro para que pudiera vivir en paz durante un tiempo al menos

Se apresuró a usar los pasillos de la servidumbre, June le había enseñado a moverse en ellos desde que era una niña para que pudiera escapar con facilidad de la ira de su madre, empujó con fuerza la puerta que sean al exterior, sintió las gotas sobre su rostro con su violín bajo su capa empezó a caminar hacia el otro extremo de la isla.

Cuando vio la cabaña de Leo no podía sentir sus manos o pies debido al frío, pero su corazón bombeaba con fuerza en su pecho.

—¡Leo! – lo llamó a la par que corrió hacia la cabaña, aquí podía gritar lo que quisiera y nadie la escucharía a excepción de su amigo

—¡Leo! – golpeó con fuerza la puerta, cayéndose cuando esta se abrió de golpe!

—Qué diablos pasa niña – el viejo parece preocupado por su presencia—¿Estás bien? ¿Alguien te hizo algo?–

—Vine a despedirme Leo – pudo ver la confusión – Traje mi violín, tocaré por última vez una pieza para ti, se apresuró a sacar el violín de debajo de su capa junto con la bolsa de oro – no es mucho, pero te alcanzará para vivir bien si no te los gastas en alcohol.

Las lágrimas empañaron sus ojos, no espero que la invitará a entrar o que le preguntará, dejó caer la gruesa capa, clavó sus pies el suelo, tomó postura acomodo el violín y dejó que sus dedos adoloridos en las cuerdas.

yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho

Voy a entregarle el alcohol a Binks. Déjalo a la brisa del mar, déjalo a las olas

Al otro lado de la marea, el sol poniente también hace ruido

El canto de los pájaros girando en el cielo. Adiós, puerto, Tsumugi no Sato

Cantemos con Don, la canción de la partida. Las ondas doradas y plateadas también han sido reemplazadas por spray.

Vamos, hasta donde llega el mar. Voy a entregarle el alcohol a Binks.

La estridente risa Leo la envolvió, haciendo que su voz temblara, dejo que sus lágrimas se mezclaran con el agua de la lluvia, siguió cantando la canción pirata que su amigo tanto amaba, si esta era la última vez que cantaba una canción se alegraba de que fuera una canción de alma libre.

yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho.yohohoho yohohoho

La voz de Leo se unió a la suya en un tono alegre, un sentimiento que no compartían, pero la canción los mantenía unidos en sus compases, sus pies se sintieron ligeros, se dejó que la melodía se colara en sus huesos.

Voy a entregarle el alcohol a Binks. Un sueño nocturno de hoy o de mañana.

Ya no puedo ver la sombra agitando mi mano ¿De qué debería preocuparme? Mañana también será una noche de luna.

Voy a entregarle el alcohol a Binks. Cantemos una canción con Don, la canción del mar.

No importa quién seas, algún día será verdad. Historia interminable, sin objetivo y divertida.

yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho, yohohoho yohohoho

Con la última nota se dejó caer sobre el barro, soltando el violín junto con un grito que se perdió en el ruido de la tormenta, su cuerpo temblando debido al frío.