El conejo de la luna
A Katsuki le gustaba considerarse un amante de la Luna. Era algo difícil de explicar, pero siempre se sintió atraído por el astro en el cielo nocturno.
De pequeño solía salir de su casa por las noches para acostarse sobre la yerba y ver el cielo, siempre lo atrapaban y se veía obligado a regresar, sin embargo no evitó que siguiera intentándolo.
Su padre, consciente de su fascinación, a veces le contaba historias, historias sobre un pequeño conejo obligado a vivir ahí para evitar que la luz de la luna se comparara a la del sol o sobre un dios que hacía rondas nocturnas por el cielo con el rostro cubierto. Su madre era menos complaciente, lo incitaba a aprender un oficio que lo ayudara a ganarse la vida y lo regañaba por soñar despierto y holgazanear.
Lo que Katsuki hizo fue hacer exactamente lo que quería su madre. Tan pronto tuvo edad suficiente como para que alguien lo tomara en serio solicitó al erudito del pueblo trabajar como su asistente. El viejo Sorahiko vivía en una choza apartada del resto del pueblo en dónde dedicaba su tiempo a investigar fenómenos naturales.
Aprovechó su tiempo disponible y las noches para salir a la intemperie y observar la luna haciendo bocetos de ella en las noches de luna llena.
A diferencia de su madre, cuando Sorahiko descubrió su cuaderno de dibujos no hizo más que alentarlo a continuar.
—El estudio de la luna es tan bueno como cualquier otro, muchacho.
Le regresó su cuaderno y le dió un par de palmadas en la cabeza.
Katsuki no quiso decir que más que estudio era una fascinación. Sus dibujos retrataban la belleza, no buscaban ser objeto de estudio, aunque no podía negar que sus bocetos eran bastante fieles a la realidad y podían ser fácilmente utilizados como fuentes de estudio.
Motivado por su mentor decidió hacer precisamente eso, tener a la luna como objeto de estudio. Investigó todos los mitos sobre ella, los cuentos y las historias. Buscó en los libros e hizo sus propios registros sobre más fases lunares, el tiempo de los ciclos, el cambio de su posición en el cielo. Todo con una pasión admirable.
La tarde antes de su cumpleaños número 16, Gran Torino, como había empezado a llamarlo después de algunos años, llegó de su viaje mensual al pueblo con un estuche rectangular y alargado. Cuando se acercó a preguntar Gran Torino sacó de la caja un cilindro con cristales a los extremos y un soporte para colocarlo. Aparentemente un nuevo invento que había estado tratando de conseguir desde meses atrás.
—Ve al valle esta noche, y usa esto para observar el cielo.
Katsuki no pudo evitar sentirse privilegiado.
Fue una noche despejada en la que Deku lo vio por primera vez.
Una de esas noches en las que tenía permitido pasear con el rostro descubierto, cuando no estaba obligado a vagar con su velo sobre su cara, esas noches eran sus favoritas, solo una vez cada 28 días podía ver el mundo en su totalidad e iluminarlo bajo una amable luz plateada. La falta de nubes le dio una vista perfecta de los prados y valles, de los pueblos y asentamientos, un clima maravilloso que no siempre lograba coincidir con las ocasiones en las que no llevaba su velo.
Fue contemplando uno de los muchos valles de la tierra que lo encontró. Plácidamente dormido bajo un árbol, completamente a la intemperie sin preocupaciones en su rostro. Su piel brillaba bajo su luz plateada, sus labios carnosos estaban ligeramente abiertos, su cabello era rubio cortado irregularmente.
«Es hermoso»
Pensó.
Sin siquiera dudarlo bajó para poder contemplar su belleza de cerca.
No había ningún tipo de restricción en cuanto a bajar al mundo humano, tampoco existía ley que prohibiera relacionarse con uno. Su hermano Denki, quien se encargaba de patrullar el cielo durante el día con un carro solar, era desvergonzado en cuanto a las aventuras que había tenido con los mortales. Pero para Deku quien rara vez se aventurabal, todo era nuevo y desconocido, era la primera vez que sentía esa necesidad urgente de bajar al reino mortal y todo por un campesino que estaba durmiendo a la intemperie.
Una vez estando en la tierra se paró frente al bello joven de piel pálida y sonrió, era aún más bello de cerca. Se sentó sobre el césped a su lado, tuvo cuidado de no acercarse demasiado.
Durante varias horas lo único que hizo fue sonreír y observar. Trazar con su mirada su rostro, contemplar la arruga que se le hacía en la frente de vez en cuando mientras murmuraba entre sueños, perderse entre sus pestañas tratando de adivinar el color de sus ojos. Nunca creyó que podría ser tan entretenido mirar el rostro de un humano, pero nunca había visto a un humano tan hermoso.
Cuando decidió que era hora de regresar dudó un poco antes de arropar al chico con su velo. Era una noche de verano calurosa, pero el rocío de la mañana podría causarle problemas, además egoístamente quería que el hombre conservará algo suyo, un reclamo, una prueba de que habían pasado la noche juntos aun si el otro no podía recordarlo.
28 días después volvió a encontrarlo. Exactamente en el mismo prado, ver que estaba usando su viejo velo como manta llenó su pecho de orgullo. Volvió a bajar, volvió a sentarse junto a él y volvió a contemplar su belleza. Deseó tener habilidades artísticas para hacer un retrato.
—¿Cómo debería llamarte? —le susurró. Miró a su alrededor para encontrar sus cosas, un bolso con comida, agua, una caja que prefirió no abrir y un cuaderno que decidió no tocar para respetar su privacidad pero que afortunadamente tenía su nombre escrito en la cubierta.
—Katsuki, Kat-Tsu-Ki —rió maravillado—. ¡Tsuki! Tienes mi nombre escrito en el tuyo, ¿No es eso el destino, Kacchan? Te llamaré Kacchan ahora, espero que no te moleste.
Kacchan no dijo nada. En su cabeza el chico se había quejado por el apodo infantil pero le había permitido usarlo. Deku se rió de solo imaginarlo.
—Me alegro que te hayas quedado con esto —continuó hablando señalando su velo—. Midnight me regañó por haberlo “perdido”, pero ver que lo conservas hace que valga la pena, no entiendo porque le molesta si tengo muchos otros.
—¿Sabes? es mágico, mientras lo tengas nada malo te pasara. Tal vez por eso Midnigth se enojó, seguro no quiere que caiga en manos de cualquiera, pero yo sé que tú lo mantendrás a salvo, Kacchan.
La noche volvió a pasar rápidamente con Deku contándole a Kacchan su día, sobre los regaños de Midnight, la seriedad de Aizawa, las bromas de Denki y los chismes de Ashido. Y nuevamente antes del amanecer se despidió.
Los siguientes meses transcurrieron de la misma manera, Kacchan estaba sin falta cada 28 días recostado en el mismo prado, llegaba desde antes, apenas unos minutos antes del anochecer. Se sentaba sobre la yerba, montaba un aparato extraño que sacaba de la caja negra y hacía garabatos en su cuaderno durante varías horas antes de quedarse dormido. Era en ese momento en que Deku bajaba, demasiado tímido como para hacerle saber al joven que lo acechaba al dormir, se sentaba a su lado y hablaba.
No siempre era solo cada 28 días, de vez en cuando lo encontraba en noches en las que tenía su rostro semi cubierto, a veces incluso cuando solo se veía de él una franja de su rostro. Aquellos días en donde su presencia en la tierra no era suficientemente fuerte para mantener su forma física bajaba como un pequeño conejito peludo y se acurrucaba a su lado para compartir el calor, era placentero de una forma extraña y relajante.
Cuando Deku estaba en su forma humana siempre se ponía una línea imaginaría estableciendo un límite sin ser consciente de que su amor era correspondido.
Una noche fue incapaz de resistir la tentación. Ya fuera la frustración acumulada o el hecho de que llevaba meses sin hacer más que mirar, no pudo evitarlo, se acercó más de lo habitual.
Primero fue solo un toque. Esperó que su mano fría no fuera suficiente como para interrumpir el sueño de su amado y tocó la piel de su rostro pasando los dedos por sus pómulos. Luego tocó su nariz. Se asustó un poco cuando Kacchan se removió pero fue una falsa alarma.
Volvió a acercarse, está vez empezando a recorrer sus brazos, eran firmes mas no musculosos, el chico seguramente hacía el ejercicio suficiente para mantenerse saludable pero no era un deportista. Por su cuaderno y el extraño aparato que siempre traía debía ser un hombre de ciencia.
De manera inevitable volvió a su rostro llevo sus manos a sus mejillas y pasó su pulgar sobre sus labios mordiéndose los propios para resistir la tentación.
«Solo uno, solo una vez»
Con la respiración pesada y temblando de emoción acercó su rostro lentamente al de el hombre dormido, cerró los ojos cuando estaba a pocos centímetros de distancia. Primero fue solo un roce, labios presionados contra otros, luego se volvió más atrevido, si se prometió que solo sería una vez bien podía aprovechar al máximo.
De repente sintió un cambio en la respiración de su acompañante, no le prestó demasiada atención, prefirió concentrar todos sus sentidos en las sensaciones de su cuerpo
Pero entonces escuchó una voz:
—¿Sabes que hay algo llamado consentimiento?
—¡Wah! —saltó espantado hacia atrás mientras veía como Kacchan sé incorporaba. Lo primero que vió al tenerlo despierto fueron sus ojos. «Rojos» dos preciosos ojos rojos.
El chico frunció el entrecejo.
—¿Quién eres?
Deku se mordió los labios, lo habían atrapado haciendo algo reprochable, no podía evitar sentir vergüenza, pero no era tan cobarde como para huir.
—Me llamo Deku.
—¿Cómo el conejo de la luna?
El comentario lo hizo olvidar por un momento su vergüenza. Resopló molesto. Los mortales siempre decían algo así.
—No soy el conejo “de la luna”—se quejó como niño pequeño—. El conejo y yo somos dos representaciones físicas de un mismo espíritu.
—Entonces eres el conejo.
—¡Soy la luna!
Kacchan soltó una risa. Deku se dió cuenta de que desde un inicio su intención había sido molestarlo. Él podría ser un dios, pero se sentía indefenso frente a Kacchan.
Kacchan no dudó en acercarse a él llevando su mano a una de sus mejillas, usando su dedo pulgar para recorrer sus labios como Delu había estado haciendo con el sólo unos minutos atrás.
—Eres aún más hermoso de lo que creí.
Su respiración se cortó. Ni siquiera se había atrevido a imaginar que pasaría si se encontrará con Kacchan despierto, está situación estaba más allá de sus expectativas.
—Sabes, besar es mejor cuando la otra persona está despierta para devolverte el beso.
—¿Lo es?
—Si quieres podría mostrarte.
No sé necesitó más que un pequeño asentimiento por parte de Deku para que Kacchan acercará sus rostros y uniera sus labios.
Con las piernas temblando de emoción Deki tuvo que admitir que tenía razón.
A Katsuki le gustaba considerarse un amante de la Luna, de una manera mucho más literal de lo que cualquiera pudiera presumir.