Único
Lee Jihoon es un chico bajito de piel blanca como la nieve e incluso más se podría decir, labios rosado suave, manos delicadas pero hermosas, ojos iguales a los de un gato y voz angelical, es el hijo mayor de 3 hermanos y un gran mentiroso, ya que en el exterior muestra una cara por dentro hay una muy diferente.
A la vista de las demás personas Jihoon se mira delicado frágil y tierno, es muy amistoso con sus amigos y siempre anda tarareando melodías de sus animes favoritos, pero la verdad es otra, con el tiempo se ha creado una persona con muchas cicatrices físicas y emocionales que cada día lo llevan más y más a preguntarse ¿Porqué sigue viviendo en este mundo?
Desde que tiene memoria su familia es conformada por él, su mamá, su papá y sus hermanos menores, todos felices como cualquier familia, pero con el tiempo empezó a notar que sus padres peleaban de vez en cuando o su padre regresaba muy tarde a la casa.
Esto a la vista de un niño pequeño no era importante ya que pensaba que su papá hacia pequeños viajes todas las noches.
Cierta madrugada, mientras todos dormían él despertó por un vaso de agua ya que sentía la garganta seca, pero al bajar oyó a sus padres pelear como lo hacían últimamente, y en medio de la pelea oyó como culpaban a algo o más bien alguien, los gritos de su madre se oían y él solo podía estar callado mientras esperaba que pararan y así ir por su vaso de agua, pero ya que no parecían detenerse regreso a la cama en silencio.
A la mañana siguiente su padre hizo maletas, les dió un beso y se fue de la casa ¿Qué había pasado? No lo tenía claro en ese momento pero las lágrimas de su madre era algo que nunca le gusto ver, ni para el funeral de su abuela dejó que estuviera tan triste, él trataba de ayudarla y hacerla reír de vez en cuando pero esta vez parecía algo más fuerte que ni su mejor chiste de toc toc funcionó.
A los 12 años siendo más conciente y capaz de entender más, ya sabía la verdad "su padre nos dejó para irse a vivir con una mujer más joven y bonita" esa fue la respuesta recibida al momento que pregunto, su madre no le oculto más la verdad y cuando sus hermanos no fueran tan pequeños también se enterarían, pero eso no era algo que lo hiciera feliz así que haría lo que pudiera para que no lo supieran.
Sin embargo a partir de ese día todo cambió, su madre se volvió más estricta con ellos, asistía más a la iglesia alegando que esos pecados no iban a existir en su familia, sin darse cuenta que su compromiso a veces era exagerado, su padre... los mantenía pero no lo suficiente para que ellos estuvieran completamente bien y sus hermanos... ellos iban cambiando con los años y su actitud no era lo mejor, eso lo hacía sentir culpable al no haber podido protegerlos de la triste realidad.
A los 15 años su actitud cambió por completo, al ver como su madre y padre peleaban por ellos y la custodia, su padre juraba que iban a estar mejor en su cuidado que con la loca de su madre, pero para ese entonces ya no le importaba nada, sus amigos cada vez lo miraban más decaído, su cuerpo estaba cada vez más delgado haciendo que varias personas le hicieran bromas o lo señalarán de anoréxico, pero eso poco le importaba.
Fue hasta un día que su hermana pequeña recibió un golpe de su padre que se levantó y discutió con él echándole en cara toda la verdad de la situación, pero la respuesta que recibió fue un golpe directo y sin cuidado, su padre le gritó que su madre y él tenían la culpa de todo, que no debió haber nacido, que todo se había empezado a caer una vez supieron que estaba embarazada por primera vez.
Si bien él no era fácil de dañar ese día inició algo que nunca hubiese pasado por su cabeza antes, en la noche se escabullo por la sala hasta el mueble donde guardaban cosas de la casa, reviso por todos los cajones hasta que sacó una cuchilla de un cúter y regresó a su cuarto dejando todo como estaba.
Cuando estuvo sentado observó la hoja en silencio, le dió vueltas y vueltas hasta que el ardor se hizo presente y recorrió su cuerpo para que en segundos gotas rojas cayeran a sus sábanas manchandolas, ese día Jihoon se cortó por primera vez.
Mientras lloraba repetía una y otra vez en su cabeza las palabras de su padre y susurraba sin voz de manera continúa: lamento haber nacido y causar tanto dolor.
Un corte por causar problemas, otro por dañar la felicidad de sus padres, otro por no ser lo suficiente bueno para ellos, otro por no ser útil para nada.
Otro
Otro
Otro
Y otro más
Su cuerpo se iba quebrando cada vez que pasaba la cuchilla y aunque las cortadas iban a cicatrizar, con el tiempo otras nuevas aparecerían más adelante.
Sabía que no era una solución pero creía que era la única manera en que tenía derecho de sentir dolor, con una excusa.
Cambio su ropa por sudaderas el doble de grandes que su tamaño, los colores pastel que tanto le gustaban por grises o tonos tierra y siempre iba con pantalones largos.
Cuando sus amigos se dieron cuenta del cambio de actitud ya era demasiado tarde para él, sus brazos víctimas del filo de la cuchilla estaban cubiertos de líneas disparejas unas más grandes que otras y en diferentes direcciones o profundidades.
Luego de hablarlo juntos le pidieron que ya no lo hiciera, que hablara con ellos cuando sintiera la necesidad y que podía contarles si quería ser escuchado, pero Jihoon no necesitaba palabras, solo quería a alguien que le diera ese amor que no sentía hace mucho.
A los 18 años entró a su carrera y ahí cambió un poco, los cortes en su cuerpo aún permanecían presentes pero en menor medida, esto luego de que sus hermanos lo vieran y le dieran el apoyo que buscaba, estaban pendientes de él, pasaban tiempo juntos, salían a todos lados y mayormente le demostraban el cariño que le tenían.
Meses después por la tarde lo llamaron a dirección donde le avisaron que su madre había tenido un accidente y estaba en el hospital, su mundo volvió a caer y romperse, lo poco que habían reparado sus hermanos se cayó en cuestión de segundos y salió corriendo de ahí importandole poco si había chocado con una persona y caído al suelo.
Lo único que quería era llegar al hospital y ver que su madre estuviera bien, se levantó y salió en dirección al hospital dejando a la persona parada y confundida por la actitud tan extraña.
Llegó y por suerte había sido un daño menor que recibió pero debían operarla ya que estaba enferma y ellos no tenían dinero, llamó a su padre, pero este se negó a ayudarlos lo que lo llevo a una pelea y finalmente llegaron a un acuerdo con el cual consiguió el dinero y su madre se operó.
Sus amigos llegaron al lugar preocupados y él dijo que todo estaba bien, los doctores salieron diciendo que la cosa se había complicado y su madre estaba inestable pero podría sobrevivir solo necesitaba mas reposo y podía volver a casa.
Al regresar a su casa y preparar la cena finalmente pudo mandar a sus hermanos a dormir y él sentarse a planear un horario para ir a ver a su madre al día siguiente, pero en ese momento tocaron la puerta.
— ¿Hoonie?— Al oír la voz de su hermana se levantó de la silla y la dejó entrar
— Pasa Soyeon, estoy despierto— La pequeña Soyeon entró y en su mesa dejó un papel blanco.
— Se que mamá aún no regresará y que irás mañana a verla, así que me preguntaba si le podías entregar esto— Tomo la hoja y vio que era una carta muy bien decorada a lo que sonrió
—Claro que si, mañana se la daré y te diré como reacciono— Con eso la vio dar un saltito y salir feliz a su cuarto.
Pero a las 3 de la mañana recibió una llamada informandolo de que su madre había sufrido un paro cardíaco y había muerto, no hubo nada por hacer y él solo pudo oir a su corazón romperse una vez más al igual que las silenciosas lágrimas que soltó en su cuarto cuando todos dormían.
Cuando paso un mes de haber enterrado a su madre y que establecieran una rutina con sus hermanos, su padre los llevó a su casa con su nueva pareja, ya que al no ser mayor de edad aún no podía asumir la custodia de sus hermanos.
Jamás en la vida pensó que podría pasarle algo así, pero una vez más la vida le mostraba que ya nada era igual, ahora todo era gris.
El tiempo seguía avanzando y con el Jihoon creció, ahora su pelo era negro y solo sonreía falsamente para la gente que pensaba que era feliz cuando realmente no era así.
— Hola— Al levantar la vista un chico azabache estaba frente a él con una sonrisa y su mochila al hombro.
— Hola— Contestó secamente.
— Veo que no te acuerdas de mí— Menciono.
Quiso ignorarlo pero el chico no le había hecho nada así que decidió responder
— Lo lamento mucho, no te recuerdo— Tomo sus cosas para irse pero el chico lo tomó de la mano.
— Soy.. soy el chico con el que tropezaste hace tiempo— En ese momento recordó el día que murió su madre, lo rápido que salió del colegio y quien era él; Pero la tristeza lo consumía cada día más
— Ah ya veo, lamento mucho ese día pero era urgente, ahora si me disculpas me voy— Pero el chico no parecía querer dejarlo ir
— Lo se, se que saliste de aqui por tu madre y lamento lo que sucedió— No quería preguntar cómo sabía, porque las personas que alguna vez considero amigos lo divulgaron por todos lados y todos sabían eso ahora, así que esto no era nuevo ni debía sorprenderlo a este punto.
— Gracias, ahora ¿Podrías dejarme ir?— Pero no lo soltó
— Oye yo fui el perjudicado aquí— Esto era molesto.
— ¿Y que quieres que haga? ¿Quieres dinero? Si es eso pierdes el tiempo, ya te pedí disculpas— Trato de soltarse pero fue en vano.
— No, pero si quieres que te perdone sal conmigo— Esto es lo único que le faltaba
— ¿Qué? Claro que no, vaya manera de ligar pero lamento decirte que es muy patético lo que intentas hacer— Hizo un último intento de soltarse pero no lo logro, por lo que terminó esperando.
— Se que no es la mejor manera pero solo eso te pido, una cita— Finalmente lo soltó y lo miro haciendo ojos de cachorro.
— Dije que no y es mi última palabra— Y así se alejo lo más rápido que pudo.
Dos semanas después estaba en la parada del bus esperando por el chico ya que al final acepto, luego de una persecución por todo el campus de la universidad en dónde le rogo y siguió hasta que acepto, la salida no salió como pensaba, podría decir que hasta se divirtió pero estaría mintiendo, sonrió sí, pero hasta ahí.
Con el tiempo el salir y conversar con el chico de siempre que resulto llamándose Seungcheol se le volvió una costumbre y hasta se sentía cómodo, con el tiempo esas risas y pequeñas carcajadas que había perdido hace tiempo regresaban poco a poco con la ayuda de Seungcheol, todo cambiaba para él y los colores iban volviendo, los más felices eran sus hermanos que no lo habían visto así desde hace mucho y verlo como antes era suficiente para ellos.
— Bebé— Eso lo asustó pero aún así volteo a ver
— ¿Puedo... puedo decirte así desde ahora?— le gustaba, no lo podía negar, pero no sabía si Seungcheol le correspondía sus sentimientos.
— ¿Para que preguntas si ya lo hiciste?— Una risita escapó de sus labios.
— Pero te reíste, eso quiere decir que te gusta— los nervios jugaban en su contra y decía cosas sin sentido en esos casos siempre.
— Si, me gustas— Oh diablos ¿Lo dijo o lo pensó? No la cara de Seungcheol decía que lo dijo.
— Eh... El apodo, me gusta el apodo yo... eh...— Pero cuando se quiso levantar y salir corriendo unos labios esponjosos se posaron sobre los suyos dejándolo quieto ¡Seungcheol lo estaba besando! No podía ser posible.
— Tú también me gustas Jihoon, por favor acepta ser mi novio prometo cuidarte y amarte siempre— Lo que creyó que iba a ser una historia de odio resultó siendo amor, acepto y empezaron a salir cambiando la vida de Jihoon con el tiempo.
Tener un noviazgo era justo como había pensado siempre, felicidad como nunca antes había sentido, apoyo en su novio, lo consentía y apreciaba siempre, habían días en que peleaban pero se solucionaban rápido al hablarlo, Jihoon se sentía en una nube flotante.
Cierto día a solo unos días de su cumpleaños ambos estaban en casa del mayor viendo una película en la cama, era una historia de acción pero Jihoon no pudo evitar llorar al ver morir a los padres de la protagonista y Cheol se dedicó a abrazarlo y secar sus lágrimas pero casi al final había una escena de pasión donde el ambiente cambió, las mejillas de Jihoon se encendieron y su cuerpo sentía calor las cosas se voltearon en ese momento, al voltear a ver a su novio éste lo beso inocentemente pero el beso fue subiendo de intensidad conforme más lo alargaban.
Las cosas subieron de tono, las caricias que quemaban la piel de ambos y los jadeos que dejaban en claro que estaban de acuerdo con lo que iba a suceder, ese día bajo la luz del atardecer cayendo Jihoon se entregó a Seungcheol en cuerpo por completo.
Se sentía en el cielo mismo y al terminar se quedaron dormidos abrazando sus cuerpos desnudos con una sonrisa en los labios.
Pero desde ese día las cosas eran diferentes, ya no habían tantas caricias o cuidados, se miraban menos con excusas de parte de Seungcheol que no tenían sentido, pero lo que lo hacía sentir peor era que cuando estaban juntos lo único que buscaba Seungcheol era sexo porque ni siquiera sentía el cariño en el acto, prácticamente lo hacían y se iba a su casa como si... no lo quería pensar pero es como si el fuera un... un prostituto, eso sentía.
— Cheollie ¿Puedes quedarte un poco conmigo por favor?— Seungcheol lo volteo a ver para luego reír.
— No, no puedo, debo ir a hacer algo y ya es tarde— Se paró para ir al baño y cerró la puerta.
No quería pensar que ya no sentía nada por él, por eso cuando oyó el celular sonar repetidas veces le fue imposible no ver, pero la realidad le dio muy duro y no la soporto.
Princesa❣: amor~ estoy esperándote en mi casa, mis papás se fueron y no regresan hasta mañana y tengo puesto lo que te gusta te espero aqui💋
Claro, ahora todo tenia sentido porque él no valía nada, pero con ese pensamiento no pudo más y cuando Seungcheol salió del baño y lo confronto negandose a oír lo que quería explicar lo echó de la casa gritándole cuánto lo odiaba.
¿Cómo pudo ser tan ciego? ¿Cómo pudo pensar que lo que sentía era amor? ¿Cómo pudo creer... que valía algo? El resto del día se encerró en su cuarto y lloro.
Lloro con todo lo que tenía dentro y no acepto que nadie entrará, estaba cansado, su garganta dolía de tanto que gritó, sus ojos ardían por la falta de líquido en su sistema y su corazón simplemente ya no podía controlarse, en ese momento recordó que hace tiempo cuando inicio todo con los cortes su hermana le pidió que no volviera a caer.
Porque si, Jihoon había intentado quitarse la vida más de una vez con los cortes, pastillas y más cosas que habían encontrado en su cuarto, por lo tanto tenía un historial médico largo que nadie más sabía.
Pero las palabras ya no servían, el ruido a su al rededor se había apagado y decidió dormir un rato mientras pensaba que ya no podía más, horas después salió de su habitación por agua y algo de comida y sus hermanos de inmediato fueron a abrazarlo.
— Los quiero— Fue lo primero que les dijo— Y eso nada ni nadie lo puede cambiar, son las personas que más amo y ustedes son mejores que cualquiera, nadie les puede decir lo contrario.
Los beso y los abrazó para ir por comida y pasar un rato con ellos repitiendoles que los amaba y no debían olvidarlo; Al caer la noche todos fueron a dormir y Jihoon les dio un beso a cada uno además de un abrazo, su hermana lo vio raro pero pensó que era porque seguía mal, claro, ella sabía lo que pasaba y estaba triste también, pero sentía que ese beso era algo diferente a cualquier otro.
En medio de la noche mientras todos dormían profundamente Jihoon lloraba en la soledad de su cuarto, el piso estaba frío pero para él se sentía como lo más cálido en ese momento.
Mientras las lágrimas caían por sus mejillas él repetía un te amo.
A la mañana siguiente su hermana toco su puerta pero no recibió respuesta por lo que fue a despertar a su hermano, regresó al cuarto y volvió a tocar pero nadie contestó.
Luego de comer subió corriendo a decirle a su hermano que era tarde para irse, pero no había respuesta, al intentar abrir la puerta estaba trabada pero algo le decía que debía entrar... Con la ayuda de su hermano empujó la puerta pero esta no daba de si, fueron por su padre y este logro romper la cerradura.
No debió hacerlo.
Un grito desgarrador se oyó por toda la casa.
En ese cuarto con olor a vainilla, donde las cortinas blancas se movían al ritmo del viento mañanero, Jihoon estaba colgando del techo por una cuerda alrededor de su cuello, sus ojos cerrados, sus labios antes rosados y cálidos ahora eran morados mostrando la falta de sangre circulando en su cuerpo y cuando lo tocaron, su piel... esa piel tan blanca y suave que parecía nieve estaba fría como la misma.
Solo una mordida en su cuello, roja era la que sobresalía en ese momento, marca que fue hecha por la persona que una vez le juro amor y cariño pero a cambio solo le dio dolor y un cruel destino; En medio del llanto, mientras esperaban a la policia la pequeña Soyeon se fijó que habia una carta encima de su cama, la última carta donde se hallaban sus últimas palabras.
Los lamentos se oían por todos lados, aún cuando se llevaron el cuerpo, y los mayores se habían ido para realizar el proceso correspondiente, ellos dos seguian ahí.
Al velorio llegó la familia lejana y cercana, nadie esperaba que esto pasara ¿Y quién lo hacía realmente? Cuando estaban al lado de su hermano pidiendo que esto fuera un sueño vieron una silueta familiar entrar a la casa.
— ¿Qué haces aquí?— Pregunto Soyeon con la voz quebrada y secando las lágrimas de su cara.
— Yo... Yo solo... No puedo creer esto, escuché la noticia y vine corriendo a ver-
— ¿A ver qué?— Elevó la voz— ¿Si habías logrado tu cometido? ¿Si realmente eras libre nuevamente? No eres bienvenido en esta casa, ni hoy ni nunca— Poco a poco se iba acercando a su ex cuñado, una persona que solo había visto 2 veces cuando fue por su hermano y al que debió haber alejado la primera vez que lo vio.
— Por favor, yo era su novio, yo lo amaba.
— ¿Amarlo? Si realmente lo amabas como dices ¡NO LO HUBIERAS ENGAÑADO, TODO ESTO ES TU CULPA!— Con sus pequeñas manos empezó a pegarle mientras su hermano la tomaba de los hombros y la alejaba.
— Soyeon basta, no vale la pena luchar en contra de este monstruo— Su hermana se volteo a abrazarlo de nuevo mientras los demás familiares los abrazaban.
— No... Nada de esto es culpa mía, yo trate de explicarle que lo que pasó fue un error pero Jihoon no quiso escucharme, yo lo amaba— Gritaba mientras trataba de acercarse al ataúd pero en ese momento alguien lo tomo del hombro.
— No des un paso más, mi error como padre fue dejarte entrar a nuestra vida y también no fijarme en mis hijos, pero el que niegues a mi hijo y tu culpa no es algo que permita ahora— El señor Lee apretaba con fuerza su hombro y podían verse sus ojos rojos de tanto llanto— Puedes negar que la decisión que tomo mi hijo tenga que ver contigo pero te diré algo, el mayor error que pudiste cometer fue engañarlo y no es algo que voy a estar divulgando pero lo que nunca podrás olvidar es que una vida fue arrebatada de una familia por tu culpa, ahora largo de mi casa.
Nadie quiso verlo, solo se abrió paso hasta la salida mientras las últimas palabras del que alguna vez le entrego su vida se repetían en su cabeza.
Una vez se habían calmado y avisado a la familia cercana lo ocurrido el frío del hogar se hizo presente y ambos hermanos Lee decidieron volver a la habitación para evitar que algún extraño entrara durante el velorio a curiosear el lugar, cuando estaban guardando la ropa en el armario se oyeron pasos fuera y un olor familiar se hizo presente pero al salir a ver quién era no había nadie.
Al llegar la noche nadie podía dormir pero al final sus ojos terminaron cediendo ante la presión, cayendo dormidos a los minutos
— Hola cerecita— La pequeña Soyeon abrió los ojos y vio que estaba en un patio enorme con flores y a lo lejos vio a su hermano menor acompañado de una mujer.
— ¿Tae?— Una risa la hizo voltear a ver a su lado— Ho... ¿Honnie?— Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas al ver a su hermano sonriéndole.
— Hola pequeña hermosa— La niña se tiró a sus brazos y rompió en llanto, lo extrañaba mucho y no quería dejarlo ir— Tranquila princesa, no me gusta verte llorar— La niña se separó y vio a su hermano a su lado con la mujer de antes pero esta tenía la cara cubierta con un velo.
— Tae es... Es Honnie, es nuestro hermano— Ambos niños lloraban desconsolados y lo abrazaban.
— Perdón bebés, lo lamento mucho— Decía pero ellos seguían llorando.
— No nos dejes hermano, por favor vuelve— Pero el mayor nego con la cabeza
— Lo siento mucho, pero no puedo hacerlo, mi lugar es aquí donde estoy en paz pero no podía irme sin despedirme como debe ser, además...— Miro a la mujer— No era el único
Los dos voltearon a ver atrás, a pesar de que Taeyong estaba con esa mujer no cruzaron palabras la mujer levantó el velo y su madre apareció frente a ellos.
— Mamá— La mujer los abrazo y les dio un beso.
— Mis lindos bebés, no saben cuánto los extraño— Los niños se quedaron en ese lugar tan cálido para ellos— Lamento mucho dejarlos solos, pero confío en que serán personas muy fuertes, nosotros... no podemos quedarnos pero siempre los vamos a cuidar ahora su hermano y yo debemos ir a otro lugar.
Ambos hermanos no querían dejarlos ir y se quedaron así pero sus figuras empezaban a volverse transparentes y con todo el dolor de sus corazones los soltaron.
— Nunca estarán solos, nosotros estaremos ahí siempre— Les dieron un beso y se tomaron las manos para caminar al frente ambos vieron como desaparecían poco a poco y las lágrimas caían lentamente.
— Los amamos, recuerden eso siempre.
Al abrir los ojos ambos vieron que era de día, sus dos personas favoritas en la vida se habían despedido de ellos en sueños y estaban más calmados, ciertamente nada podría hacer que olviden esto, pero esperaban salir adelante.
Cuando salieron de la casa para ir a estudiar por costumbre se despidieron y salieron de la casa, no esperaban que alguien les respondiera pero antes de que se cerrara la puerta por completo a lo lejos, como si fuera el aire susurrando en sus oídos tengan un buen día sonó al fondopero al ver hacia atrás lo único que los despedía era una casa vacía.
Con una sonrisa y sensación cálida comenzaron su camino comprendiendo que siempre iban a cumplir su promesa.
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