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Nightmare *Yu-Gi-Oh Arc-V*

Summary

¿Alguna vez creíste en los sueños proféticos? Ella tenía una vida perfecta, un trabajo que le encantaba, una novia que la quería, su mejor amigo que siempre la apoyaba en todo. Entonces... ¿Porque todo tenía que irse abajo?

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Capítulo Único

Un gran campo de hermosas flores descansaba alrededor de una joven mientras la luna iluminaba el lugar con su manto blanco junto a la suave brisa que movía con gentileza su cabello y por muy sorprendente que pareciera las aves estaban volando libres y animadamente en el campo de flores.

Alzo su mano y una de las aves que revoloteaban en el campo se posiciono en uno de sus dedos y comenzó a cantar.

El ave era un hermoso canario de un extravagante color fucsia y morado, una avecilla muy bella al parecer de la joven así que con lentitud y cuidado comenzó a acariciar la cabeza del ave.

Una dulce sonrisa abarcaba el rostro de la joven y luego una dulce voz cantando una bella melodía.

Su musa la estaba llamando con esa melodiosa voz, pidiéndole que vaya a sus brazos y ella no dudo ni dos segundos en seguir la voz a donde se encontraba su musa.

La chica estaba dándole la espalda mientras cantaba esa dulce melodía, ella con una sonrisa enamorada caminaba lentamente hacia la dueña de sus pensamientos y sus suspiros, la reina de su corazón, mente y alma.

Su Diosa Afrodita... Su Akaba Ray.

Cuando estaba a una distancia adecuada, abrazo a su novia por la cintura y dio un soplido en su oreja.

Sintió como el cuerpo de su amada se estremecía debido a su contacto y soltó una ligera risa.

Adoraba estar de esa manera con su novia y no le interesaba si se trataba de un sueño o no.

Su novia se giró y al verla de frente sonrió dándole un rápido beso en sus labios, cosa que hizo sonrojar levemente a su amada.

Desde que la conoció a ella, a su querida Ray, todo era felicidad en su vida.

-- Te amo, mi Diosa Afrodita -- fue lo que susurro al tenerla en sus brazos.

Pero contra todo a lo que ella esperaba sintió como su novia, con una fuerza que ella desconocía la empujo alejando a una distancia algo considerable.

Debido a la rapidez del momento tenía sus ojos cerrados, pero las abrió al escuchar el grito de su amada.

-- Ahhhhhhhhh!

-- ¡Ray...! -- no pudo terminar de completar su oración cuando la escena frente a sus ojos la hizo callar.

Sus ojos se abrieron lo más posible mientras que sus pupilas se dilataron debido al terror y la estupefacción.

-- A-ate...n-nea...

Lagrimas salieron de sus ojos al ver la escena de aquel momento...

Su novia tenía sus pupilas dilatadas con lágrimas de sangre escurriendo de sus ojos al igual que un hilo de sangre caía de los labios de su amada, pero no era eso lo que más le aterraba, claro que no...

Lo que más le había aterrado era ver como lo que parecía ser una garra de demonio atravesaba el pecho de su amada, la garra estaba llena de la sangre de su musa.

Una risa maligna salía detrás de su novia mientras que al mismo tiempo que la garra salía del cuerpo y junto a otra garra la tomaban y la tiraban como si de un trapo se tratara.

-- ¡Ray! -- grito mientras corría hacia el cuerpo de su novia.

Pero la misma mano ensangrentada que había matado a su amada ahora tomaba su brazo, podía sentir como la sangre que permanecía fresca manchaba su brazo y parte de su mano.

El ser que la acababa de agarrar la giro bruscamente para que ella lo mirara, ella con toda su fuerza pudo hacer que aquel ser quitara su mano de su brazo y en el momento en el que miro con toda la furia posible en sus ojos no pudo evitar quedar sorprendida al ver a aquel ser que le acababa de quitar a la persona que amaba.

-- No, no puede ser posible... -- ella negaba con la cabeza al ver el rostro del monstruo con total terror -- ¿Zarc...?

Era su mejor amigo, su amigo de la infancia, Zarc.

En respuesta, él solo reía, pero no de la manera divertida y contagiosa que recordaba Atenea, se reía de una manera loca y psicópata.

-- En efecto mi amor... -- le dijo con cariño mientras intentaba acercarse a la joven -- estoy contigo, ya no es necesario que estés con esa inútil de Ray.

El demonio intento tocar la mejilla de la joven pero ella lo aparto de un manotazo y fue hacia el cuerpo de su amada. Eso no le había gustado al demonio para nada.

Ella no le importo y se agacho para tomar el cuerpo de su amada entre sus brazos, sus ojos reflejaban el dolor y el miedo que tuvo en aquel momento, su piel helada y pálida reflejaba la cruel realidad... ella había muerto.

-- No... Ray... ¡Ray~! -- ella soltó un potente grito al cielo mientras lagrimas caían de sus mejillas.

-- ¡Ray! -- se levantó de golpe de su cama y comenzó a respirar sonoramente.

Miro a su alrededor y vio que estaba en su habitación.

Se tomó la cabeza e intentaba relajarse, para ella el sueño se sentía demasiado real.

La mirada de horror de Ray y la risa demoniaca de Zarc.

Le alegraba que solo fuera una pesadilla.

Vio la hora a través de su alarma, el reloj indicaba que era las 5:00 a.m.

Atenea supo que ya no podría dormir, se levantó y se dirigió a su cuarto de inspiración.

Ella trabajaba creando cartas del juego de duelo de monstruos en Ilusiones Industriales.

El presidente le había dado la autorización de trabajar en casa al ver que era el lugar en el que mejor explotaba su talento.

Ella se especializa en cartas de monstruo y mágicas de campo.

Así que se basó en el ambiente en el que había sucedido su pesadilla y comenzó a dibujar.

Crear esas cartas no era tan fácil como parecía y tampoco es como si ella fuera vaga en el trabajo.

Ella era muy meticulosa en cuanto a su trabajo como dibujante de cartas.

El trazo, el fondo, los colores e incluso pensaba en los efectos de sus cartas.

El nombre que ella le dio a esas cartas eran:

Sanctuary of muses

Muse of Universe: Telac Diva

[...] Tiempo después.

Atenea tenía las cartas en su bolsillo, después se lo enviaría a su jefe ya que primero se lo mostraría a su querida novia Ray.

Justo ahora Atenea se encontraba paseando por la ciudad, ya que su cita con Ray seria en la noche.

Ya se imaginaria el rostro de su hermosa novia al decirle de donde se había inspirado para crear aquellas cartas. Seguramente la llamaría loca o tal vez y solo tal vez la miraría con dulzura y reproche.

-- ¡Atenea! -- grito alguien a sus espaldas.

En seguida su piel se erizo por completo.

-- En efecto mi amor... estoy contigo, ya no es necesario que estés con esa inútil de Ray.

Ella volteo y se encontró con su mejor amigo Zarc acercándose a ella con una gran sonrisa.

Le devolvió la sonrisa, después de todo él no era un demonio como lo había visto en sus sueños, no, él era su amigo de la infancia, su confidente, su mejor amigo.

-- Hola Zarc -- saludo con simpatía la joven hacia su amigo.

El chico por alguna razón que ella desconocía se encontraba muy feliz y emocionado.

-- ¿Sabes? Estoy muy emocionado -- la chica lo miro con una sonrisa nerviosa ya que eso era muy obvio -- Hoy será mi duelo para entrar a la semifinal, ¡Estoy realmente emocionado!

Atenea había quedado paralizada ante tal información, ¡Lo había olvidado por completo! ¡Hoy era uno de los días más importante en la carrera de su amigo como duelista!

Ella como buena amiga que era, salto a abrazar a su amigo, tenía que cubrir el delito de olvidar algo tan importante.

-- ¡Te deseo mucha suerte Zarc! -- celebro la joven con la misma emoción que su amigo -- ¡Estoy tan feliz por ti!

Pero de lo que no se percató la chica es que en el momento en el que ella salto a los brazos de su amigo, las dos cartas que acababa de crear se habían caído.

Zarc en el momento en el que baja a su amiga ve en sus pies dos cartas desconocidas para él.

-- ¿Y esas cartas Atenea? -- pregunto mientras las recogía -- ¿Acabas de hacerlas?

El momento en el que Zarc vio las cartas, algo cambio en su mirada y su aura.

La odio, la odio, la odio...

-- ¿Sanctuary of muses? ¿Muse of Universe: Telac Diva? -- pregunto al leer los nombres de ambas cartas.

El dibujo se parece tanto a ella, las hiciste para ella, ¿Verdad? ¡¿Verdad?!

Atenea, ajena al cambio de aura de su amigo, le responde con tranquilidad.

-- Los hice esta mañana -- contesto tomándolas de las manos de Zarc -- Tuve un sueño y solo las materialice en estas cartas.

Incluso sueñas con ella, ¿Tan poco te importo y por eso no sueñas conmigo?

-- ¿Y me puedes decir que soñaste? -- pregunto con un falso interés y dolor oculto.

La chica miro a otro lado, con esa reacción Zarc sabía que Atenea no le diría nada.

-- Mis sueños son secretos Zarc, lo sabes -- le dijo con una sonrisa.

No son secretos, es que tú no quieres dañarme al decirme que soñaste con esa...

Zarc se sentía dolido, él no era ningún idiota, Atenea evitaba cualquier manera de profundizar la conversación, como si quisiera irse.

Pero la verdad era que Atenea no quería irse todavía, quería alejar esa terrible pesadilla en la que vio cómo su mejor amigo se volvía un demonio y el amor de su vida moría frente a sus ojos.

Por culpa de ella nos distanciamos, solíamos estar juntos todo el tiempo y nos entendíamos a la perfección, pero ahora... parece que hablo con una desconocida.

Te odio Akaba Ray.

Zarc al ver el incómodo momento entre ellos prefiere irse antes que seguir incomodando a su amiga.

-- Bueno, espero que puedas asistir a mi duelo -- guiño un ojo hacia ella -- ya que seré el ganador, ¡Ya lo veras!

Muestra tu mejor sonrisa, no le muestres a Atenea el dolor que tienes dentro de ti.

Atenea le regresa la sonrisa a su mejor amigo, sin saber que aquella sonrisa y mirada de relajación, solo era una máscara para ocultar su dolor.

[...] Tiempo después.

No faltaba mucho para llegar a la casa de su novia, así que comenzaba a ponerse algo nerviosa, pero no por su amada, sino por el padre de ella.

Ella quería en todo momento darle una buena impresión a Akaba Leo, de por si fue difícil que la aceptara como pareja de su adorada hija.

Tal vez el trabajo que tenía ella como dibujante de cartas de duelo de monstruos había influido en eso.

Ella toco dos veces y espero un momento.

Pero luego, sin previo aviso su cabeza comenzaba a doler, sentía como si alguien le estuviera apretando la cabeza para matarla.

Ya no estaba frente a la casa de su amada, ahora estaba en los asientos de espectadores donde al parecer acababa de terminar un duelo.

Toda la gente estaba alabando a su amigo.

Zarc estaba en el centro de una arena de duelos junto a varios duelistas tirados a sus pies, parecían recientemente heridos.

-- ¡Zarc! ¡Zarc! ¡Zarc! -- podía escuchar como claramente la gente alababa a su amigo.

Arriba de Zarc, estaba un holograma del mismo y en el centro había una franja verde con una frase que decía:

″Campeón invicto del Duelo de Monstruo″

Ella en un principio estaba contenta por ver como su mejor amigo había alcanzado su sueño de ser el campeón del duelo de monstruos, pero en eso...

-- ¡¿Qué es esto?! ¿¡Ya no hay nadie que pueda enfrentarme?!

Su sonrisa se borró al escuchar la voz arrogante y oscura de su amigo.

-- ¿Zarc? -- se preguntó sorprendida al ver aquella reacción de su amigo.

-- ¡Todavía no estoy satisfecho! ¡Quiero fuerzas, más fuerzas, y más intensamente!

Atenea negó con la cabeza, no era posible, ese no era el Zarc que ella conoce y quiere, ese no podía ser su mejor amigo.

La gente al contrario de contradecirlo, gritaban a su favor.

-- ¡No estamos satisfechos, aun! -- escucho que gritaba un hombre.

-- ¡Muéstranos duelos más interesantes, Zarc! -- escucho que gritaba otra persona.

La gente comenzaba a gritar que no estaban satisfechos, querían más entretenimiento.

El ser humano piensa que todo es un juego, por eso es por lo que se dice que destruye todo lo que toca, incluso a ellos mismos.

Es algo gracioso, a decir verdad, dicen que la raza humana es la más inteligente de todas, cuando la realidad es que son la más estúpida.

Se destruyen a sí mismos y piensan que se trata de un simple juego.

Pero para su desgracia, ellos estaban a punto de invocar al demonio más poderoso de todos, aquel que los llevaría a su extinción.

-- ¡Muy bien! ¡Sus voces me dan poder a mí y a mis monstruos! ¡Cuánto más lo deseas, más fuertes seremos! ¡Hasta el punto de que podemos destruir todo en este mundo!

Estaba completo, el demonio acaba de ser despertado, lo que significa la completa eliminación de aquella absurda especie.

Atenea no podía soltar palabra alguna con lo que estaba viendo.

-- ¡Vamos a seguir luchando! ¡Con el fin de satisfacer sus deseos!

Aquel chico a sus cuatro monstruos más fuertes, sus adorados dragones.

La gente veía entre asombrada y satisfecha al ver a aquellas criaturas, pero todo cambio cuando los cuatro al mismo tiempo comenzaban a atacar en toda la arena de duelo.

Fue justo en ese momento que las personas finalmente abrieron los ojos y vieron las consecuencias de sus actos.

Por otra parte, estaba esa chica que veía todo como un fantasma.

Sus ojos estaban bañados de terror absolutos al ver como las personas morían de formas atroces.

Cerca de ella una persona fue atrapada por lo que parecía ser plantas carnívoras que eran parte de uno de los dragones, ella estuvo en primera fila cuando el dragón sin compasión alguna despedazo a aquellas personas y las plantas carnívoras las comían.

Otro de los dragones con su mandíbula destruía parte del edificio y las piedras que caían aplastaban a las personas, desde su sitio vio como la mitad del cuerpo de un hombre era triturado por una piedra que cayó encima.

Otro lanzaba rayos que desintegraban a las personas a las que les daba y su compañero las atrapaba con su hocico y las agitaba como si de juguetes se tratara.

Sentía como gotas de sangre de diferentes personas caían por todo su cuerpo.

Pero lo que más llamaba su atención en aquel momento era la risa demoniaca que salía de las cuerdas vocales de su mejor amigo.

No caían lágrimas, ¿Por qué? Ni ella misma lo sabe.

Solo sabe que aquella pesadilla no era solo algo creado por su imaginación, algo dentro de sí le decía que le estaban avisando de lo que se acercaba.

Dios no los ha abandonado, tienen todavía un pequeño rayo de esperanza de sobrevivir frente al peligro que se acerca.

-- Atenea... ¡Atenea!

De repente había vuelto a lo que ella creía, era la realidad, no estaba en la puerta de la casa de su amada, estaba dentro de ella y su amada estaba frente a ella con un rostro que solo denotaba preocupación.

-- ¡Atenea! -- exclamo al verla abrir los ojos y la abrazo con fuerza.

La mencionada todavía se encontraba algo ida debido a la... ¿Sueño? ¿Pesadilla? ¿Advertencia?

Mientras Atenea intentaba recuperar el sentido, una tercera persona hizo acto de presencia.

-- Despertaste -- se trataba de Akaba Leo -- Te traje un poco de té, ¿Te sientes bien? Ray te encontró desmayada en nuestra puerta y se preocupó -- fue directo en todo sentido.

Atenea se sintió terrible, no solo por la mala impresión que le dejo a Akaba Leo, sino por preocupar a su querida diosa Afrodita.

-- Lo lamento Ray -- la joven le regreso el abrazo a su amada.

Ella sentía como su novia derramaba algunas lágrimas en su ropa, no le molestaba, pero si le entristecía ser la causante de aquellas lágrimas.

-- Has vuelto a trabajar hasta tarde -- no era una pregunta -- ¿Por qué no cuidas más de ti misma? ¡No puedes explotar tu cuerpo de esa manera!

Su novia se separó de ella para que viera lo molesta y herida que estaba con ella, ¿Qué Atenea no podía entender que no quería que algo malo le pasase?

El mayor veía, pero no comentaba nada de la escena que estaba viendo, después de todo debía dejar que su hija resolviera las cosas con su novia.

Le debía mucho a la novia de su hija, fue junto con ella que abrieron un nuevo capítulo en el solid vision y pudieron unirlo junto al duelo de monstruos.

Creando así una nueva sensación.

Además, que aparte de eso, su hija poco a poco estaba volviendo a ser como era antes de la muerte de su madre.

Él lo sabía, esa chica era la perfecta para su hija.

[...] Tiempo después.

Atenea estaba junto a su novia y al padre de esta, estaban sentados en unos asientos separados especialmente para ellos.

Al parecer su novia había quedado más que encantada con las cartas que había creado para ella, tanto que incluso estuvo un poco más melosa que de costumbre, pero eso no le molestaba en absoluto.

Estaban allí para ver las semifinales de aquel campeonato.

El primer duelo fue de su mejor amigo Zarc junto a un duelista que ella desconocía.

Tanto ella como su novia apoyaban a Zarc, pero este solo quería escuchar la voz de su amiga no la de persona que más odiaba.

Hubo un punto en el que el dragón de Zarc ataco al monstruo enemigo y este salió volando... pero algo salió mal.

El duelista quedo gravemente herido cuando su propio monstruo cayó sobre él.

Zarc se encontraba aterrado, lo que el menos quería era el dañar a alguien, lo odiarían, Atenea lo odiaría...

Pero al contrario de lo que se esperaba, la gente comenzó a gritar emocionada.

Está comenzando su final...

Zarc al ver que la gente lo había disfrutado, sonrió.

Pero Atenea estaba horrorizaba, nunca pensó que su amigo sería capaz de aquello. Volteo a ver a su novia y vio que estaba igual o incluso más aterrada que ella.

Eso no lo permitiría, debía hablar con Zarc urgentemente.

Atenea espero a que su amiga saliera de la arena para hablar con él, disculpándose con ambos Akaba, se separó de ellos y fue directamente con su amigo.

-- ¡Zarc! -- llamo y este para su sorpresa volteo a verla con una sonrisa.

-- ¡Atenea! -- exclamo con emoción -- ¡¿Me viste, me viste?! ¡La gente disfruto mucho de mi duelo! -- lo decía con un gran orgullo.

-- Eso no fue lo que vi -- respondió ella con seriedad -- Lo que yo vi fue como lastimaste de gravedad a tu contrincante.

La sonrisa del chico se borró al instante.

-- Pero si a la gente le fascino, incluso pidieron más -- se excusó con relajo.

-- Pues a mí no me fascino, me horrorizo al igual que a Ray...

Ese nombre... ese nombre fue lo que encolerizo a Zarc.

-- ¡¿Ray?! ¡A mí que me importa esa cualquiera! ¡Por mi puede irse a donde guste! ¡¿Qué acaso no puedo tener una conversación contigo sin que la menciones a ella?! -- exclama colérico el chico -- ¡Sigo sin saber por qué la escogiste! ¡Ella es solo una zo...!

Una cachetada fue lo único que recibió de su amiga.

Me golpeo, mi Atenea me acaba de golpear, es culpa de Ray... ¡Todo esto es culpa de Ray!

-- ¡No permitiré que insultes a mi novia! ¡Ella no es nada de lo que tú dices! ¡Ella es la persona más maravillosa que he conocido y si tú no eres capaz de entender eso...! -- ella le dio la espalda -- Tal vez esta amistad esta demás...

Aquella última frase rompió el corazón de Zarc en miles de pedazos.

--... ¡Bien! ¡Desde ahora no somos más que desconocidos! ¡Me arrepiento el haberte conocido! -- con esas palabras el chico se retiró.

Ambos lados tenían lágrimas retenidas en sus ojos, tantos años de amistad tiradas a la basura por tan solo unas palabras.

¿Por qué le grite eso?

¿Por qué me grito eso?

No debí haberlo dicho.

No debí seguirle el juego.

¡Esto es mi culpa!

¡Esto es culpa de Ray!

Atenea regreso con los Akaba hecha un mar de lágrimas, su novia la estuvo consolando por mucho tiempo, incluso el padre intentaba darle palabras de apoyo, pero nada funcionaba.

Se disculpó con ambos Akaba y regreso sola a su hogar.

No probo nada, no tenía el apetito para hacerlo, solo fue directo a su habitación y se hecho en su cama.

Las lágrimas mojaban su almohada, ¿Hizo lo correcto al gritarle?

-- ¡Soy una tremenda idiota! -- se gritó a sí misma.

El choque de emociones causo un cansancio mental en Atenea lo que la condujo a un rápido sueño.

Ella tenía sus ojos cerrados, pero su olfato estaba más que abierto.

Podía sentir claramente el olor a muerte y desesperación, ¿A que olía exactamente? Solo ella lo sabía.

Podía escuchar rugidos de dragones a su alrededor así que no tuvo miedo en abrir sus ojos.

Eran los mismos dragones que vio en su pesadilla anterior.

Las bestias la miraban a ella y solo a ella, como un depredador miraría a su presa.

Esta vez se paró derecha y encaro a aquellas bestias aladas que ella no tenía miedo.

Las cuatro criaturas estaban listas para atacar a aquella joven que había lastimado a su dueño. Dispararon su fuego al mismo tiempo, Atenea no se movió de su sitio, por alguna razón ella se sentía protegida.

Y tenía razón, antes de que los ataques la alcanzaran una luz apareció frente a ella, obligándole a cerrar un poco sus ojos mientras se cubría con su brazo.

Allí lo vio, cuatro sombras, cuatro seres, cuatro ángeles...

Aquellos cuatro ángeles la protegieron de los ataques de los dragones.

Abrió sus ojos en el mundo real, esa era otra visión...

-- Manos a trabajar...

[...] Días después.

Era el día en el que todo se decidiría.

Su destino, el de Zarc y de todo el mundo.

Ray la invito a ir a ver la final del campeonato a lo cual ella no se negó, pero si le pidió que llevara su disco de duelo y su baraja, su novia quien estaba confundida con la petición acepto de todas formas.

Atenea veía con mucha atención aquel duelo, como ella lo sospechaba, el estilo de duelo de Zarc estaba empeorando, todo se estaba repitiendo.

El título de Zarc como campeón.

Los duelistas que reto Zarc en el suelo.

Los gritos de emoción de los espectadores.

La aparición de los cuatro dragones.

El primer ataque realizado por los dragones.

Pero justo antes de que alguna piedra, rayo u algo más pasara...

-- ¡Aparezcan ante mí! ¡Ángeles que protegen todo lo que es justo y bueno! ¡Ayúdenme a vencer a mi enemigo!

Frente a todos, aparecieron cuatro entidades femeninas, ángeles para ser más exactos.

-- ¿Pero qué...?

-- ¡Zarc, te desafío a un duelo!

Atenea estaba de pie y con los cuatro ángeles delante de ella, mostrando su poder ante él y sus dragones.

Zarc... no, el demonio que poseía a Zarc soltó una gran carcajada.

-- Interesante... veamos entonces lo que eres capaz de hacer, ¡Vamos!

Los cuatro dragones volvieron a atacar siendo nuevamente detenidos por los ángeles.

-- ¡Corran ahora! ¡Yo detendré a Zarc!

Todos los espectadores huían aterrados de lo que acababan de presenciar.

Pero la testaruda novia de Atenea no quería dejarla.

-- ¡¿Qué haces todavía aquí Ray?! -- pregunto mientras veía la pelea entre ambos lados -- ¡Huye con tu padre ahora!

-- ¡No! ¡No te dejare! -- ella grito y se aferró a uno de sus brazos -- ¡Prefiero morir antes que perderte como me pasó con mamá!

Una piedra de regular tamaño cayó a un lado de ellos.

Atenea tenía lágrimas acumuladas en sus ojos, ella tampoco quería dejarla, pero era necesario si quería salvarla...

-- Ray... ¿Tienes las cartas que te regale aquel día? -- pregunto suavemente.

Ella asintió y de su bolsillo saco ambas cartas que se las entregó a su novia.

Atenea le dio un pequeño beso a cada carta y una ligera luz envolvió ambas cartas, las regreso a las manos de su amada.

-- Cuando estés en peligro, úsalos y te protegerán, será como si yo te estuviera protegiendo -- se giro hacia ella y la abrazo con fuerza transmitiendo sus sentimientos.

Ray comenzó a llorar y negaba con la cabeza mientras le regresaba el abrazo.

-- No quiero perderte -- susurro dolida -- por favor... te amo.

Esas palabras, solo esas palabras la hicieron tomar una decisión... el proteger a su amada sin importar que.

Atenea se separó un poco de Ray y tomo de su barbilla para que ella la mirara y la beso apasionadamente siendo correspondida.

En ese beso dejaban más de un sentimiento.

Cuando se separaron, Ray dejo de llorar, tomo la mano de su padre y junto con él escaparon de aquel lugar que comenzaba a derrumbarse.

Lo último que Ray vio fue a su amada soltar unas cuantas lágrimas, darle la espalda y ver como una piedra cubría la última salida de aquel infierno.

-- ¡ATENEA~! -- grito con todas sus fuerzas.

Atenea soltó unas últimas lágrimas antes de mirar a su oponente.

-- ¡Es hora de pelear, Zarc! -- grito con fiereza con sus cuatro ángeles sobre ella.

-- Como quieras, my Queen -- el chico estaba igualmente con sus cuatro dragones sobre él.

-- ¡Adelante, ángeles míos!

-- ¡Destrúyanlos, mis dragones!

Ahora todo dependía de ella, aprendió de sus constantes pesadillas y ahora defendería el futuro de todas las personas, aunque para eso tendría que enfrentarse a su mejor amigo.

.

.

.

Fin del One - shot

Personajes:

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author

good job

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