El coqueteo del Nexus

Summary

—¡Mi público! ¿Qué mejor que un yōkai enigma contra otro yōkai enigma! ¡Bienvenida, mi campeona! ¡Mona Lisa! Eso debió haber preocupado a Rapha, pero él no pudo concentrarse muy bien en lo peligroso que se había vuelto esto para él. Seguía impactado por lo que veía… y olía. «Qué bonito se oye ese nombre…» pensó a medida que sus sentidos se iban adormeciendo poco a poco hasta comenzar a alucinar brillos y humo rosa rodeando a aquella magnífica figura femenina que se mecía en su dirección con lentitud. ¿Acaso adentro de su cabeza estaba escuchando el coro de la canción “I Want To Know What Love Is” de Foreigner? —¡Vamos, rojo, acábala! —su padre sonó tan lejano que a Rapha no le importó. Pero aun así, él se sonrojó. De pronto sintió que esa orden pudo tener otro significado. Uno más placentero. 【Omegacember. Día 5: Colmillos.】

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Disclaimer:

Rise of the Teenage Mutant Ninja Turtles (2018) © Kevin Eastman/Peter Laird / Nickelodeon.

Las Crónicas de la Media Luna de Venus © Adilay Vaniteux/Reine Vaniteux


Día 5: COLMILLOS.

Ship: Raphael (enigma) x Mona Lisa (enigma).


¿Cómo caparazones es que Raph estaba aquí?

—¡Bienvenidos a la siguiente batalla del Nexus!

Aplausos… gritos… euforia.

—¡Tú, puedes, rojo! —oyó a su padre gritar desde las gradas.

Lo anunciaron. Con un alias y… ¿acaso oyó que tenía la reputación de hacer trizas a sus enemigos con sus puños? Dios, bien, eso era cierto, pero Raph se sentía tan perdido. Y sintiéndose así no solía tener muchas ganas de luchar…

A ver… recapitulando, Raph había estado afuera, en las calles, buscando a su padre; quería que él hablase con Donatello, que llevaba días, actuando huraño. Raph estaba preocupado, así que quiso que Splinter se hiciese cargo… lo buscó en casi todo Hidden City hasta que lo halló, para sorpresa de nadie, en la arena de la Batalla de Nexus de Gran Mamá.

¿Desde cuándo esos dos eran amigos? Raph no lo entendía. Raph tampoco entendía cómo es que había dejado que su padre de pronto lo inscribiese en la siguiente batalla, alegando que su muchacho podría patearles los traseros a todos los campeones de Gran Mamá.

Sí… a todos sus campeones. O sea, debería pelear más de una lucha.

¿Y Raph se había esmerado en evitar que Leo y Mikey se inscribiesen solos a esta carnicería… para aceptar que su padre lo inscribiese a él?

Raph salió a la arena, siendo recibido por aplausos y gritos desenfrenados que lo aturdían un poco, y pronto lo hizo su contrincante, un mutante enorme, tan alto como Raph; pero más robusto y con aparente cara de querer matarlo. ¿Había que mencionar que en fechas de apareamiento la batalla de Gran Mamá era todo un espectáculo porque muchos yōkais se mataban entre ellos con más ahínco en busca de hacerse famosos y tener compañeras con más facilidad? Raph no estaba buscando nada de eso, pero si se ponía a luchar, seguro sus instintos no desaprovecharían la oportunidad de querer lucirse. De querer demostrar que él era más fuerte que los demás. Más hombre. Raph no quería dejarse llevar… Raph no quería pelear… aún.

El contrincante de Raph se lanzó hacia él; quien lo esquivó con algo de dificultad por el simple motivo de que no había querido estar aquí en primer lugar.

—¡Vamos, rojo! ¡Hazme sentir orgulloso! —gritó su padre, eufórico y convencido de que Raph podría eliminar a su oponente. Y no se equivocaba, Raph podía, pero no quería hacerlo.

¿Por qué su padre no bebía los supresores de una buena vez? Ya no estaba para estos trotes, con su pobre corazón debía tener cuidado.

Raph quiso terminar rápido este encuentro obligado. Usando sus mejores habilidades ninja, Raph no tardó en neutralizar al yōkai que había tratado de atacarlo; pero en medio de su faena, no pudo evitar mostrar lo que él era de verdad; un yōkai enigma.

Entonces todos en la arena se dieron cuenta…

Todos.

En su familia podría haber dos yōkais enigma, pero en general, estos eran muy escasos afuera en las calles. Y además de ser seres de gran respeto y temor, en sitios como este eran más bien una gran manzana dulce que todos querían despedazar para comer; pero del dicho al hecho, hay un gran trecho. Eso seguro lo haría más interesante para el evento de Gran Mamá.

—Oh, esto es una sorpresa. ¡Tenemos un yōkai enigma! —la voz de Gran Mamá retumbó las paredes; lo mismo hicieron todos los que alzaron sus puños y gritaron en ovación—. ¡¿Quién será aquél que lo derribe?! ¡Vamos, demuestren su valía!

Espera, ¿cómo?

La puerta del contrincante se abrió de nuevo, esta vez no mostró ni a uno ni a dos…

Quién sabe cuántos yōkais eran.

—¡Vamos, vamos, derríbenlo! —gritó Gran Mamá, entre risas.

Para variar, su padre no estaba escandalizado ni preocupado. Vitoreaba que ninguno de esos perdedores iba a poder con su hijo; quien ya no estaba tan seguro de eso. Y aun así, Raph se las arregló para dejar fuera de combate a todos los yōkais que trataron de lastimarlo. Ni siquiera tuvo que hacer uso de su poder místico.

¿Qué clase de teatro era este? O todos aquí eran muy débiles… o… en efecto, Raph era mucho más fuerte de lo que él mismo pensaba.

—¡Sin duda un verdadero yōkai enigma! ¡Vamos, vamos! ¡¿Quién tendrá el honor de derrotarlo?!

«Por favor, cállese, señora» pedía Raph, mirando con atención cómo 27 yōkais nuevos ingresaban a la arena; muchos de ellos habían estado antes en las gradas.

Los yōkais enigmas eran escasos; eran la cima de la pirámide en la clasificación; y eran la prueba de fuerza absoluta para otros yōkais, sobre todo si hablábamos de los alfas y deltas. Si estos presumían el haberle derribado luego de tantas victorias, Raph sería humillado…

¿Humillado?

Raph entrecerró su mirada sobre todos aquellos idiotas que, ahora, podía ver casi en cámara lenta.

¿Cómo se atrevían a intentar humillar a Raph?

Esta vez, sí quiso pelear. Los golpeó a todos. Un par logró golpearlo de vuelta, pero su fuerza le impidió siquiera sentir aquellos impactos, cuanto menos verse ralentizado por ellos.

—¡Eso es, rojo! —se rio su padre, claramente orgulloso.

Muchos yōkais terminaron estampándose violentamente contra las paredes; otros salieron volando hacia las gradas. Nadie pudo parar a Raph, y eso lo hizo sentirse muy bien. Demasiado bien, de hecho.

«¡Eso es!» pensó sonriente, bañándose en la euforia, «¡¿quién más quiere intentar lastimar a Raph?! ¡¿Quién más quiere morder el polvo?!» pensaba, respirando agitado; pero no porque el show le fuese agotador, sino porque se sentía tan estimulado que poco a poco iba perdiendo el control sobre sí mismo.

El público se maravilló con él. Muchas damas, y algunos hombres, vitoreaban su nombre con evidente atracción hacia su demostración de poder. Raph sólo sabía que había ganado, que había derribado a sus oponentes, y que tenía merecido el reconocimiento. No por nada se había enfrentado a muchos peligros para el mundo y su existencia, y sobrevivido para contarlo. Aunque sus intenciones nunca hayan sido recibir algún mérito por eso, pensaba que no le haría daño recibir algo de atención esta noche.

Comenzaba a verle lo divertido al Nexus… y eso seguro no era bueno.

Estaba distraído, tanto que por poco una lanza estuvo a un pelo de volarle la cabeza. Raph la esquivó y miró a quien osaba desafiarlo ahora.

«Prepárate para mor… ¿qué?»

Raph de pronto contuvo el aire.

¿Una chica?

No. Esa mirada. Esa cintura ancha, esos pechos redondos y algo grandes, esas piernas tonificadas y marcadas; esos brazos ligeramente musculosos y ese rostro serio. Podría ser una fémina, pero no era una jovencita; era una mujer.

«Toda una mujer» pensó sin poder detenerse.

Vestía un ajustado traje negro de combate, eso estremeció a Raph; también unas pesadas botas estilo militar y por si eso fuese poco, lucía una melena larga, negra, amarrada en una trenza francesa que caía hasta casi rozar sus nalgas; y hablando de estas, sobre ellas, sobresalía una alargada cola que rozaba el suelo y se mecía mientras la nueva contrincante lo miraba a él con desafío. Con ansias de quitarle su trono de la victoria.

Ella al parecer estaba aquí con la claras intenciones de matarlo, pero él no se sentía amenazado; o bueno, sí percibía la amenaza contra su vida, pero no estaba temeroso ni enojado… estaba… sintiéndose… un poco nervioso.

Raph olió el aire y eludió bien los malos olores a sangre, polvo y sudor.

Oh, oh… ¿por qué ella olía tan bien? Tan…

¡Mi público! ¿Qué mejor que un yōkai enigma contra otro yōkai enigma! ¡Bienvenida, mi campeona! ¡Mona Lisa!

Eso debió haber preocupado a Raph, pero él no pudo concentrarse muy bien en lo peligroso que se había vuelto esto para él. Seguía impactado por lo que veía… y olía.

«Qué bonito se oye ese nombre…» pensó a medida que sus sentidos se iban adormeciendo poco a poco hasta comenzar a alucinar brillos y humo rosa rodeando a aquella magnífica figura femenina que se mecía en su dirección con lentitud.

¿Acaso adentro de su cabeza estaba escuchando el coro de la canción “I Want To Know What Love Is” de Foreigner?

—¡Vamos, rojo, acábala! —su padre sonó tan lejano que a Raph no le importó.

Pero aun así, él se sonrojó. De pronto sintió que esa orden pudo tener otro significado. Uno más placentero.

Mona Lisa —susurró Raph casi anhelante.

Sonrió como un idiota; no se dio cuenta de su nivel de desconexión, ni cuando la vio a ella, hacer un gesto de extrañeza, luego otra de desafío.

—¡Prepárate! —qué voz; tan ruda y hermosa—. ¡No seré piadosa!

—Por favor, no lo seas —musitó ansioso, aún con esa sonrisa boba en su cara.

Ella al parecer pensaba que él se estaba burlando; porque su enojo incrementó.

—¡¿Qué?! —ella pareció ponerse en guardia—. ¡¿Acaso me subestimas?! ¡Te daré una lección!

«Todas las que quieras» sus pensamientos estaban manifestándose solos. Quizás después él se daría cuenta de la importancia de esto.

Por ahora, Raph estaba en su mundo.

Sí, podía oír aquella canción en su cabeza. Y le gustaba.

I wanna know what love is… I want you to show me…

Cuando ella lo atacó, dándole un fuerte puñetazo en su estómago, que lejos de dañarlo, lo hizo sentirse casi bendecido, ella se preocupó por pensar que él le devolvería ese golpe. Pero Raph sólo la veía. No era tan pequeña, era… tan solo un poco más baja que él.

No tendría que agachar mucho su cabeza para besarla…

¿Raph sería su tipo de yōkai? ¿Qué podría hacer para preguntarle si podían tener una cita? Quizás tuviesen cosas en común; la batalla del Nexus, por ejemplo. Tal vez podría iniciar una conversación con una pregunta casual: “¿cuántos traseros has pateado hoy?”, tal vez.

«¿Qué demonios le pasa a este tipo?» Mona Lisa frunció el ceño ante el hecho de que no pasaba nada.

Desesperada, ella volvió a golpearle el vientre. Una y otra vez. Usaba tanta fuerza que apenas lo hacía ir hacia atrás un poco con cada ataque. Y él no paraba de mirarla… ¡así! ¡Como un tonto!

«¡Es más fuerte de lo que creí! ¡Pero puedo derribarlo!» se dijo ella, cada vez más preocupada, tan metida en sus estrategias de combate que no se percataba de que él no estaba siquiera pensando en el dolor que sentiría después, al dejarse golpear tanto.

En la cabeza de Raph sólo estaba sonando una cosa:

I wanna feel what love is… I know you can show me…

Y el coro de esa canción seguía y seguía…

—¡Vamos, rojo, derríbala! ¡No es rival para ti!

Raph no sentía eso. Él no se sentía rival para ella. Se sentía tan… manso, que si ella le pidiese ponerse de rodillas y prometerle la luna, él no se opondría.

No sabía lo que estaba pasándole, pero era… lindo sentirlo.

I wanna feel what love is… I know you can show me…

De pronto ella golpeó certeramente su mentón, haciendo que sus rodillas temblasen.

Raph se emocionó.

Ay, por dios… ¡sus pieles se tocaron! ¡Era casi glorioso!

«No… mis rodillas no tiemblan por el golpe» pensó feliz, inhalando con gusto el aroma de ella; este le recordaba al rocío de las mañanas, las pocas veces que Raph había podido oler el pasto húmedo y fresco de los parques en los días de menos contaminación.

I wanna feel what love is… I know you can show me…

Tan bonito… qué bonito.

—¡Cae! ¡Cae! ¡Cae! —gritaba Mona Lisa completamente fastidiada, golpeando tan fuerte a Raphael como le era posible, ¡pero era inamovible!

Los golpes retumbaban; los gritos emocionados ante lo que veían eran ensordecedores. ¡Mona Lisa estaba usando toda su fuerza! ¡¿Por qué él no caía?!

O tal vez, él ya había caído contra ella…

Mona Lisa, harta, usó una de sus técnicas secretas.

El puño de fuego. Se alejó de un salto muy largo hacia atrás; Raph la veía, fijamente, pero no parecía tener las intenciones de atacarla o detenerla, sino… ¿de admirarla? Mona Lisa no se dejó engañar; sus manos se encendieron con fuego y se lanzó hacia él.

I wanna feel what love is…

Mona Lisa golpeó con sus puños el pecho de Raphael, logrando lanzarlo a la pared del coliseo con gran violencia. La gente vitoreó su nombre.

Para ella fue casi una burla cuando, al despejarse el polvo, lo vio ahí, pegado a la pared, sin dejar esa ridícula sonrisa, susurrando su nombre, como si la vitoreara también.

«Maldito; se burla de mí; después le enseñaré a respetarme» pensó enojada, agitada, yéndose de ahí.

Había sido declarada vencedora, pero Mona Lisa sabía la verdad. Ese tal Raphael se había dejado ganar.

O eso ella pensaba.

Porque es que ni siquiera había sido eso, Raphael no despertó de su semi inconsciencia, ni dejó de oír la ya mencionada canción, hasta que su padre llegó al coliseo y le bofeteó en la cara varias veces; mirándolo con extrañeza.

—Rojo… ¿estás bien? —preguntó preocupado.

—Sí, papá… estoy bien —respondió… feliz, dejando salir sangre de su sonriente boca. Splinter temió por la vida de su hijo porque esas respuestas no debían ser normales luego de recibir sin pelear una verdadera paliza—. Más qué bien. Muy bien. Raph está bien. ¿Y tú cómo estás?

—Oh, cielos, hijo mío… estas delirando.

—Nop… Raph está feliz —dijo él haciendo una sonrisa grande. Tanto que hasta Mona Lisa, que le veía de reojo desde las sombras de la otra puerta del coliseo, la notó.

Pero ella malinterpretó ese gesto. Mona Lisa creía que él se mofaba de ella y…

Se maldijo por considerar casi adorable ese colmillo que veía sobresalir de su boca herida.

Además, a ella no le había sido indiferente el aroma puramente masculino y… compasivo, que había detectado en él. Su aura se sentía demasiado amable y puro para ser un yōkai enigma. Era como si de pronto su agresividad hubiese sido apagada para ser reemplazada por esa pared sonriente e inocente.

—La próxima vez te venceré como debe ser —juró ella, tratando de quitarse de la cabeza ese aroma a viento fresco de praderas que le recordaban a su antiguo hogar. «Es una coincidencia, nada más» se quiso aferrar a esa idea, pero no pudo hacerlo del todo.

—…—

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