Estoy Cansado
El corazón le dijo al pulmón — estoy cansado.
El pulmón le dijo al otro — estoy cansado.
Los tres le dijeron al cerebro —estamos cansados.
El cerebro dijo —también estoy cansado...
La muerte lo escuchó, se acercó a ellos y les dijo — han trabajado mucho y sin descanso todos estos años; el corazón sintiendo emociones...
—y qué emociones!! — dijo el corazón — eran tan variadas y tan fuertes en cierta época... Hubo de todo un poco, felicidad, amor, llanto, dolor, había más de una todos los días.
—los pulmones llevaban aire... — dijo la muerte cuando el corazón terminó de hablar y mirando a los nombrados.
—¡y qué aire! — respondieron ambos pulmones — no fue algo fácil, tantos tipos de aire provenientes de diferentes zonas, lugares y alturas, tomar aire muchas veces no fue sencillo pero no lo hicimos tan mal.
—En efecto, tanto cambiar de lugar y luego, la llegada de la enfermedad... Fue cuando tuvieron que hacer esfuerzos titánicos pues con el paso de los días tenían que llevar más y más oxígeno al cuerpo — admitió la muerte, que empezaba a acariciarlos con cariño.
Un tiempo después, levanta la vista y mira al cerebro, que hasta ese momento estaba en silencio — y tú, pequeño amigo, el más frágil de todos pero el más ocupado, a ti te tocó una gran tarea, el organizar a todo un organismo vivo, que depende de varios sistemas; analizabas toda la información que los demás te enviaban y formabas respuestas de cómo reaccionar, procesabas todo lo que el cuerpo sentía y hasta tienes la habilidad de generar sueños, todos únicos, ninguno se repetía, tu imaginación y creatividad siempre fueron incomparables, tu en verdad te llevaste una enorme tarea y tuviste que cargarla solo.
—Yo... Admito que a veces no fue fácil de hacer — dijo el cerebro mirando al resto de sus compañeros para después mirar a la muerte —, pero no todo fue malo o pesado para mí, con la información que los ojos, la nariz, la boca, los oídos y la piel me daban yo también pude disfrutar de esos momentos, con el hambre que sentía el estómago podía motivarme a crear algo que la boca y él disfrutarían, con la alegría que sentía el corazón podía hacer que los músculos se estiraran, movieran o temblaran y disfrutar de esos momentos... Disfrute cada instante como si de verdad estuviera ahí y era muy feliz...
— Pero sí que estabas ahí - dijo una pequeña voz, la muerte miró a la columna y sonrió un poco al ver a una pequeña vértebra dar su opinión —sin ti, nosotros seríamos un desastre de tejido, músculos, huesos y órganos o ni siquiera hubiéramos podido sobrevivir...
—Eso es verdad— dijo la muerte, respaldando a aquella pequeña vértebra ceevical que hablaba, miró al cerebro y lo acarició dándole el cariño que en verdad merecía, pues era algo frágil y muy delicado, pero valioso para todo ser humano. Después miró a todo el cuerpo y les dijo - todos ustedes han hecho un gran trabajo y han puesto un enorme esmero en mantenerse vivos, trabajando sin descanso a lo largo de muchos años y han logrado tener en el mejor estado este cuerpo, yo puedo darles el descanso que merecen y sus compañeros ya desean ¿están todos de acuerdo?
Todos y cada uno de los que conformaba el cuerpo humano se miraban entre sí y, al final, todos menos el cerebro dijeron que sí con claras muestras de alivio.
La muerte, al ver la insertidumbre en el cerebro, le preguntó - ¿por qué dudas?
El cerebro dijo - es que no sé qué pasará luego, tengo miedo.
La muerte, al oírlo, se enterneció y se acercó más a ese pequeño y frágil ser - no tengas miedo, no pasará nada, no hay más que un sueño profundo, sólo eso, algún día despertarás y estarás mejor.
-¿es como una de esas siestas que el cuerpo toma? - preguntó el cerebro.
-si, sólo que está vez tu también dormirás, todos lo harán- dijo la muerte.
-está bien-dijo el cerebro ya convencido de que no pasaría nada más.
Entonces la muerte comenzó a hacer que sonara un arrullo, una leve melodia en la que los árboles que se asomaban por la ventana junto con las aves cercanas participaban, como si ellas supieran lo que pasaba y le prestarán su voz para calmar aquel momento, para hacerlo único y poco a poco los órganos fueron comenzando a dormir hasta que el último fue el cerebro.
-descansa pequeño, y recuerda... No hay nada que temer... - le dijo la muerte.
Entonces el cerebro se quedó dormido y un sonido en el hospital se escuchó, cuando buscaron qué había pasado en la habitación que emanaba ese sonido ya conocido por todos, el doctor se acercó, lo único que miró fue una gran tranquilidad, la muerte ya se había ido, pero había dejado una estela de calma que llenaba la camilla de esa habitación; en esa camilla, estaba acostado el dueño de aquellos pulmones, corazón y cerebro tan cansados; era un joven, de al menos 20 veranos, que luchaba sin descanso día a día con una dura enfermedad, pero por fin podría descansar y eso le dió calma médico, que ya no quería ver sufrir a su querido paciente, vió que en su rostro se veía reflejada una leve sonrisa que los labios habían formado antes de quedarse dormidos. El médico sonrió de medio lado, acarició al joven, levantó más la manta que tenía el cuerpo para cubrir su rostro y salió de la habitación.








