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Boss, blood & love | kookmin

Summary

Jeon Jungkook, heredero de un poderoso imperio mafioso coreano-italiano, ha vivido su vida entre el lujo y el peligro, temido por sus enemigos y venerado por su lealtad incuestionable a la familia. Todo en su vida sigue un orden brutal y calculado... hasta que se cruza con Park Jimin, un joven de diecisiete aƱos que, por azar del destino, termina en el lugar equivocado y rodeado de las personas equivocadas. La chispa entre ellos es instantĆ”nea, pero lo que comienza como una obsesión peligrosa se transforma en algo mucho mĆ”s profundo. Jungkook tiene el mundo a sus pies, capaz de hacer que cualquiera se arrodille ante su voluntad. Sin embargo, al cruzar el umbral de su hogar, es Ć©l quien se rinde ante su mĆ”s grande amor. En Jimin encuentra una debilidad que lo consume, una devoción que lo desarma. En un universo de poder, violencia y deseo, su verdadero reto no es gobernar su imperio, sino proteger al chico que lo ha conquistado por completo. Advertencias: • Lenguaje vulgar • Escenas de contenido explĆ­cito • Temas sensibles que incluyen violencia grĆ”fica, asesinatos, y dinĆ”micas propias del crimen organizado. • Explora relaciones intensas y emocionales en un entorno oscuro y peligroso. • CapĆ­tulos 4.000 - 9.000 palabras

Status
Complete
Chapters
39
Rating
n/a
Age Rating
18+

CapĆ­tulo 1




Un chico rubio salía de la tienda justo cuando el frío de la noche envolvía el aire, produciendo pequeñas nubes de humo que se disipaban en el viento. Suspiró, sabiendo que tendría que cambiar su hÔbito de salir a comprar a altas horas de la madrugada. Era una necesidad impuesta por la falta de personas en las calles, lo que le permitía caminar tranquilo sin preocupaciones.


Se dirigía hacia su hogar, pero algo inusual capturó su atención cerca del muelle abandonado. Escuchó voces provenientes de esa zona, una zona restringida generalmente para la policía. Sabía que por entrar allí podía llevarse una multa, pero su curiosidad e intriga superaron cualquier temor. Decidió acercarse, movido por la necesidad de descubrir qué estaba sucediendo en ese lugar solitario.


Mientras se adentraba a la oscuridad, se topó con una puerta de rejas abierta. Sabía que podría ser peligroso, pero también sabía que debía averiguar lo que estaba sucediendo.


Al cabo de unos metros, encontró a un grupo de hombres con apariencia elegante reunidos. Sin embargo, antes de poder llegar mÔs cerca, escuchó algo que lo detuvo en seco.


Parecƭan estar discutiendo algo importante, algo que podƭa tener consecuencias graves. Se detuvo detrƔs de un contenedor, ocultƔndose para escuchar mƔs de cerca.


Las voces se volvieron mÔs intensas, y pudo captar fragmentos de la conversación.


— Primero quiero la droga y luego te doy el dinero — un seƱor de unos cuarenta y tantos hablo primero. Se sintió inquieto, pero tambiĆ©n intrigado.


—Escucha, sĆ© que es la primera vez que negociamos juntos, pero soy un hombre de palabra. No tienes por quĆ© desconfiar. La mercancĆ­a estĆ” en el camión; mi gente contarĆ” el dinero y podrĆ”s irte— dijo con tono firme.


—De acuerdo, pero que sea rĆ”pido, no tengo toda la noche— respondió el otro, haciendo un gesto con la cabeza para que uno de sus hombres, situado detrĆ”s de Ć©l, entregara un maletĆ­n al hombre de cabello negro.


Este lo pasó a un castaño un poco mÔs bajo que él, quien de inmediato lo abrió para comenzar a contar el dinero, que, en verdad, era una cantidad considerable, todo en dólares.


En ese momento, decidió que lo mejor sería marcharse, pero no podía apartar la vista de lo que estaba sucediendo. Su cuerpo se quedó paralizado cuando su celular comenzó a sonar: una llamada de su madre.


Todos en el lugar se giraron al unísono para ver de dónde provenía el ruido, y varios de ellos alzaron sus armas, apuntando hacia él. El silencio fue roto por el eco de unos pasos apresurados, mientras el hombre de cabello negro hacía una señal para que dos de sus hombres lo siguieran.


El joven sentía su respiración acelerada y el corazón a punto de explotar. En su mente, no podía dejar de pensar que debería haberse ido a casa en lugar de meterse en un sitio lleno de locos armados.


Cuando estaba a punto de salir por la puerta de rejas, dos chicos aparecieron frente a Ʃl, apuntƔndolo con sus armas.


—”No te muevas! —ordenó uno de ellos—. ĀæQuĆ© hacĆ­as aquĆ­? ĀæPara quiĆ©n trabajas?


—Y-yo... yo solo... me equivoquĆ© de camino —respondió con la voz temblorosa.


Los dos chicos intercambiaron miradas, y él aprovechó ese breve instante para correr en otra dirección, buscando desesperadamente una salida. Sin embargo, solo logró encontrarse acorralado frente al mar, atrapado en un callejón lleno de contenedores. No tenía idea de qué había en ellos, pero no importaba, estaba atrapado.


El hombre de cabello negro que había visto antes apareció nuevamente, también apuntÔndolo con su arma. En ese momento, el chico rubio ya se consideraba un hombre muerto.


—Al suelo, ahora —ordenó el hombre con frialdad.


El joven obedeció de inmediato, cayendo de rodillas con la mirada fija en el suelo.


—¿QuiĆ©n eres y por quĆ© estĆ”s aquĆ­? —preguntó con seriedad.


—S-soy Park Jimin, y yo solo venĆ­a de la tienda... escuchĆ© voces y tuve curiosidad, de verdad, lo siento, no querĆ­a ver nada... —trataba de hablar con claridad, pero los nervios lo hacĆ­an temblar incontrolablemente, y algunas lĆ”grimas comenzaron a escapar de sus ojos.


Cinco personas mÔs aparecieron detrÔs del hombre de cabello negro, lo que le dejó claro a Jimin que él era el líder de esa banda.


—¿CuĆ”ntos aƱos tienes? —preguntó uno de cabello azul, que era un poco mĆ”s bajo que el lĆ­der.


—D-diecisiete... por favor, dĆ©jenme volver a casa, no dirĆ© nada, lo prometo —sollozó, las lĆ”grimas cayendo sin control. No querĆ­a morir, era demasiado joven y sentĆ­a que no habĆ­a vivido lo suficiente.


El chico de cabello azul lo miró con compasión y luego volteó hacia el líder.


—Jungkook, dĆ©jalo ir. Es menor.


—¿EstĆ”s bromeando, Taehyung? Si lo dejamos ir, irĆ” directo a la policĆ­a. Y te recuerdo que, por tu culpa, ya no estamos en buenos tĆ©rminos con ellos.


—Por favor... sabes que papĆ” se enojarĆ” contigo si lo haces. AĆŗn es un adolescente, no puedes matarlo —insistió Taehyung, con un tono que intentaba suavizar la tensión en el ambiente.


El pelinegro, cuyo nombre ahora sabía que era Jungkook, se quedó un momento en silencio, observÔndolo llorar en el suelo. Después de unos segundos, se dio la vuelta y, mientras caminaba hacia la salida, dijo fríamente:


—LlĆ©venlo a la camioneta.


Taehyung, el chico de cabello azul, corrió hacia él, lo levantó con suavidad y trató de tranquilizarlo.


—Tranquilo, no llores, todo estarĆ” bien —le susurró.


—No quiero ir con ustedes, dĆ©jenme ir —protestó, resistiĆ©ndose cuando lo llevaron hacia una camioneta negra.


Jungkook se giró bruscamente hacia él, con una expresión endurecida.


—Escucha, todavĆ­a no decido quĆ© hacer contigo, asĆ­ que si no quieres que te pegue un tiro, serĆ” mejor que cierres la maldita boca y te subas a la maldita camioneta —dijo con una voz cortante.


Jimin, aterrorizado, dejó de resistirse y entró en silencio al vehículo. El miedo que sentía hacia Jungkook lo dejó sin palabras.


El trayecto en la camioneta fue tenso, el aire se sentĆ­a pesado, y todo era por la presencia del chico. Nadie hablaba, pero el ambiente estaba cargado de incertidumbre.


—Jungkook, ĀæestĆ”s seguro de que quieres llevarlo a casa? —preguntó el conductor sin apartar la vista del camino.


—SĆ­, Namjoon, solo conduce —respondió con tono firme.


—Yoongi, ĀætĆŗ agarraste el maletĆ­n, verdad? —preguntó un pelinegro de hombros anchos desde el asiento trasero.


—No, lo tengo yo —intervino el castaƱo que habĆ­a estado contando el dinero antes.


—¿EstĆ” todo el dinero?


—SĆ­, ya les dije que sĆ­ —respondió el castaƱo, algo irritado.


El silencio volvió a apoderarse de la camioneta mientras recorrían calles oscuras, intercaladas con algunas iluminadas por farolas.


—Entonces... ĀæJimin, verdad? —preguntó Taehyung, el chico de cabello azul, a su lado. Jimin solo asintió tĆ­midamente con la cabeza.


—Tae —llamó Jungkook desde el asiento del copiloto, mirandolo con seriedad desde el espejo retrovisor, antes de negar con la cabeza, claramente molesto.


—Soy Taehyung, mucho gusto. Tengo que decirte que me encanta tu color de cabello. ĀæEs teƱido? —preguntó Taehyung, tocando suavemente el cabello rubio de Jimin.


—No, es natural —respondió todavĆ­a con miedo en su voz.


—”Wow! De verdad es hermoso. ĀæTus padres tambiĆ©n tienen este color? —preguntó, tratando de aliviar la tensión y hacer que se sintiera menos amenazado.


—En realidad, salĆ­ a mi madre. Ella y mis abuelos tienen el cabello rubio —respondió aĆŗn nervioso.


—”Taehyung! Te estoy diciendo que no. Estoy harto de que me lleves la contraria todo el maldito tiempo. Cuando lleguemos a casa, vamos a hablar —gritó Jungkook, haciendo que el ambiente en la camioneta volviera a quedar en silencio.


—Y yo estoy harto de tus gritos de mierda—susurró Taehyung, mirando por la ventana con el ceƱo fruncido.


—¿QuĆ© dijiste? —preguntó Jungkook, mirĆ”ndolo desde el espejo.


—Nada —respondió Taehyung, cruzĆ”ndose de brazos de mala manera.


—Eso pensĆ© —dijo Jungkook, volviendo su mirada al frente.


Unas enormes puertas negras se abrieron, permitiendo que la camioneta entrara a un amplio estacionamiento, donde varios autos de lujo estaban alineados frente a una majestuosa casa. Todos bajaron del vehículo, y Jimin fue el último en hacerlo. No tenía idea de dónde estaba; rara vez salía de casa, y cuando lo hacía, era solo para ir a la escuela o pasar tiempo con sus amigos.


—TĆŗ vienes conmigo, y no quiero escuchar ni una palabra —dijo el pelinegro tomĆ”ndolo del brazo con firmeza. Sin darle opción a resistirse, lo condujo hacia el interior de la casa. Subieron las escaleras hasta llegar a una habitación que parecĆ­a haber estado desocupada por mucho tiempo, aunque estaba impecablemente limpia, toda en tonos blancos.


—Vas a quedarte aquĆ­ hasta maƱana. Para entonces, ya habrĆ© decidido quĆ© hacer contigo. Te advierto que si intentas escapar, estarĆ”s muerto. Hay guardias por toda la casa, asĆ­ que no seas tan idiota de intentarlo —advirtió sacando el celular del bolsillo de Jimin.


—¿Por quĆ©, si me vas a matar, no lo haces ahora? ĀæQuĆ© diferencia hay en hacerlo maƱana? —preguntó con una mezcla de temor y desafĆ­o.


—Si fuera por mĆ­, ya estarĆ­as muerto —respondió sin mirarlo— pero tengo ciertos principios que debo seguir.


Cuando estaba a punto de salir de la habitación, Jimin, aún nervioso pero lleno de rabia, no pudo contenerse.


—¿Principios? ĀæAlguien como tĆŗ tiene principios? —se rió amargamente— Todos ustedes estĆ”n locos.


Jungkook se detuvo por un segundo, pero sin decir nada mÔs, cerró la puerta tras de sí y se fue por los pasillos, dejando a Jimin solo en la fría habitación.


════ ā‹†ā˜…ā‹† ════


Taehyung caminaba hacia su habitación, pero Jungkook lo detuvo antes de que entrara.


—Tenemos que hablar —dijo con seriedad.


—Jungkook, tengo sueƱo, son las cuatro de la madrugada. MaƱana hablamos —respondió agotado.


—No, ahora —insistió caminando hacia las escaleras que llevaban a su oficina. DespuĆ©s de unos segundos, Taehyung lo siguió, entrando por la puerta con los ojos casi cerrĆ”ndose de cansancio.


—Kook, tenemos esta conversación casi todos los dĆ­as. Ya lo entiendo —dijo con voz adormilada.


—Si lo entiendes, Āæpor quĆ© no me haces caso? Sabes que no me gusta discutir contigo, pero Ćŗltimamente lo hemos estado haciendo a diario. Si papĆ” me puso a cargo de esto, es por algo, y tienes que seguir mis órdenes cuando estamos trabajando. Siempre ha sido asĆ­.


Taehyung lo miró, frotÔndose los ojos.


—No creo que papĆ” se haya equivocado al ponerte a cargo solo porque eres su hijo biológico, pero no me gusta que me mandonees de la forma en que lo hiciste hoy. Yo sigo órdenes en el trabajo, pero no voy a dejar que ni tu, ni nadie, me diga con quiĆ©n puedo hablar o quĆ© puedo hacer, aunque sea tu hermano menor.


Jungkook lo observó en silencio, dÔndose cuenta de que el peliazul tenía razón.


—Lo siento... Tienes razón —suspiró profundamente, pasando las manos por su rostro.


—No te preocupes. SĆ© todo el estrĆ©s por el que estĆ”s pasando con la enfermedad de papĆ” y que estĆ”s intentando encargarte de todo. Pero ya sabes que cuentas conmigo para lo que necesites —respondió acariciando el brazo de su hermano mayor. Jungkook asintió lentamente— ĀæVas a soltar al chico, verdad?


—No, aĆŗn no. Tengo que hablar con papĆ” sobre quĆ© hacer con Ć©l y luego harĆ© lo que Ć©l diga.


—EstĆ” bien. Estoy seguro de que lo dejarĆ” ir —bostezó— Me voy a dormir. Seguro Hoseok me estĆ” esperando. TĆŗ tambiĆ©n deberĆ­as descansar.


—Ve tĆŗ, en un rato irĆ©. Tengo que terminar de firmar unos papeles.


—De acuerdo, pero no te desveles demasiado. Buenas noches, hermanito.


—Te dije que odio que me digas asĆ­ —dijo frunciendo el ceƱo.


Taehyung rió suavemente.


—SĆ© que no es cierto, Kook —respondió, cerrando la puerta de la oficina tras Ć©l.


════ ā‹†ā˜…ā‹† ════



Un lujoso auto negro llegó a la entrada de la casa mientras Jimin observaba desde la ventana. No había logrado dormir en toda la noche. No sabía qué hora era, pero lo único que tenía claro era que, en menos de dos horas, probablemente estaría muerto, su cuerpo metido en una bolsa o reducido a cenizas en algún descampado.


Del auto bajó un hombre mayor, impecablemente vestido con un traje. Su porte elegante y la manera en que todos los presentes lo trataban con el mayor respeto dejaban claro que era alguien importante.


El pelinegro salió de la casa para recibirlo, pero, a diferencia de los demÔs, no mostró ninguna señal de respeto. Su saludo fue apenas un gesto superficial, como si no le importara en lo mÔs mínimo.


Ambos intercambiaron algunas palabras, y entonces Jungkook señaló hacia la ventana donde Jimin los espiaba. El rubio se sobresaltó y rÔpidamente cerró la cortina, esperando que no se dieran cuenta, pero en el fondo sabía que ya lo habían visto.


════ ā‹†ā˜…ā‹† ════


—Lo encontramos anoche mientras hacĆ­amos la entrega. SegĆŗn Ć©l, venĆ­a de la tienda, pero yo creo que estĆ” trabajando para alguien del norte —dijo Jungkook, dejando su taza de cafĆ© matutino sobre el escritorio.


—Quiero verlo —respondió el hombre mayor sin rodeos.


—Yo lo traigo —dijo Taehyung, levantĆ”ndose del sofĆ” de la oficina.


Salió de la habitación y caminó hacia escaleras arriba, hasta llegar a la primera puerta. Al abrirla, encontró a Jimin sentado en la cama, con la mirada perdida.


—Tienes que venir conmigo. Seguro que ya te podrĆ”s ir —le dijo con una sonrisa, intentando tranquilizarlo.


El rubio asintió, siguiéndolo en silencio hasta una oficina donde estaban sentados el hombre mayor y Jungkook, tomando café. El chico se quedó detrÔs de Taehyung, demasiado nervioso y tenso para moverse.


—¿CuĆ”ntos aƱos tienes? —preguntó el hombre, mientras Taehyung se hacĆ­a a un lado para que pudieran verlo.


—Diecisiete —respondió con voz cortante, mirando al suelo.


—¿QuĆ© hacĆ­as en el muelle anoche? —preguntó el hombre mayor, con tono serio.


—Estaba volviendo de la tienda y escuchĆ© a personas allĆ­. Iba a decirles que no podĆ­an pasar, pero cuando me di cuenta de que era algo completamente distinto, intentĆ© irme de inmediato, pero ellos me detuvieron —explicó mĆ”s calmado que la noche anterior.


El hombre lo observó de arriba a abajo y luego se giró hacia Jungkook.


—No creo que sea del norte. Se ve dĆ©bil y pequeƱo. Noha no aceptarĆ­a a alguien asĆ­ en su equipo. Sin embargo, no me gusta dejar cabos sueltos, y menos cuando no tenemos a la policĆ­a de nuestro lado en este momento. Ya sabes lo que tienes que hacer, Jeon —dijo, levantĆ”ndose de su asiento para irse.


Pero antes de que pudiera salir, Taehyung lo detuvo, alterado.


—PapĆ”, ĀæquĆ© acabas de decir? Es menor, tienes que dejarlo ir. ĀæQuĆ© pasó con no matar a niƱos? —dijo, con la voz llena de indignación.


—Hijo, Ć©l no es un niƱo, asĆ­ que esa regla no aplica para Ć©l. Lo siento —respondió el hombre, apartando a Taehyung para poder pasar y salir de la oficina.


Jungkook se levantó de su asiento y tomó la muñeca del rubio, dispuesto a terminar con todo de una vez, pero Taehyung volvió a interponerse.


—”Jungkook, no! No te atrevas a hacerle nada —dijo, alzando la voz.


—¿”Por quĆ© mierda te importa alguien que ni siquiera conoces!? —gritó enfurecido.


—”Porque odio que todo sea tan injusto! Ɖl solo intentó hacer lo correcto, y tiene toda una vida por delante. Ā”No puedes arrebatarle la vida a alguien inocente! ĀæSabes lo angustiados que deben estar en su familia? —le replicó tambiĆ©n gritando.


—¿”Y a ti quĆ© te importa si estĆ”n tristes o no!? Has matado a personas sin pensar en quiĆ©n podrĆ­a estar esperĆ”ndolos en casa. Ā”Ahora muĆ©vete de una vez! —rugió empujĆ”ndolo hacia un lado.


—”He matado a personas que fueron unos hijos de puta! No soy un monstruo, Ā”y tĆŗ tampoco lo eres! — lo miró con intensidad, resistiĆ©ndose a ceder.


Pero Jungkook, sin decir mÔs, apartó a su hermano del marco de la puerta y comenzó a caminar hacia las escaleras del sótano, arrastrando a Jimin tras él, aún sujetÔndolo por la muñeca.


—”Si lo haces, juro que no volverĆ”s a verme nunca mĆ”s en tu vida! —gritó con los ojos llenos de lĆ”grimas.


Jungkook se detuvo por un momento. No entendƭa por quƩ su hermano defendƭa tanto a un desconocido. A veces, Taehyung complicaba todo de manera innecesaria. Pero, aunque quisiera, no podƭa odiarlo; despuƩs de todo, era su hermano. Aun asƭ, la orden de su padre pesaba mƔs, y querƭa terminar con todo esto.


—Lo siento —fue lo Ćŗnico que dijo antes de continuar bajando las escaleras.


Pero lo que escuchó después lo golpeó con mÔs fuerza de lo que esperaba.


—”¿Lo siento?! Ā”Eso es todo lo que tĆŗ y papĆ” saben decir! ĀæPero sabes cuĆ”l es el verdadero problema con ustedes? Ā”SON UNOS INSENSIBLES DE MIERDA! Ā”NO SIENTEN NADA! —gritó y un portazo resonó desde el piso de arriba.


Pasaron por un largo pasillo hasta llegar a una puerta. Jungkook la abrió y entraron en una habitación modesta, con muebles antiguos pero bien cuidados. Jimin temblaba, aterrorizado por lo que sabía que iba a suceder. Su mente se llenaba de preguntas: "¿He sido lo bastante bueno como para ir al cielo?" o "¿De verdad habrÔ algo después de esta vida?"


—Hazlo rĆ”pido, por favor —dijo, acurrucado en una esquina, incapaz de contener el miedo.


El mayor se acercó a un mueble donde reposaba una pistola. La tomó con calma y la apuntó hacia el rubio.


—Claro. Si te disparo en la cabeza, no sentirĆ”s nada. MorirĆ”s al instante, sin dolor, si es eso lo que te preocupa —dijo mientras colocaba su dedo en el gatillo.


Jimin se encogió, lÔgrimas rodando por su rostro, sin poder moverse. Jungkook, en cambio, tenía la mente en otro lugar. Pensaba en su hermano. Se habían peleado muchas veces antes, y su hermano se había marchado de casa por enfados triviales, pero esto era diferente. Sabía que si lo hacía, nunca lo perdonaría. Siempre había visto en él a su verdadera familia, el único lazo que realmente le importaba. Perder a Taehyung por esta decisión sería mÔs doloroso que cualquier arrepentimiento futuro.


Y entonces, apretó el gatillo.


El sonido del disparo resonó, pero la bala quedó incrustada en la pared, justo al lado de la cabeza de Jimin. El chico quedó inmóvil, las lÔgrimas cayendo mientras se acurrucaba aún mÔs contra la pared, en un estado de shock total.


Un joven de hombros anchos y cabello negro entró de repente, claramente alarmado. Se detuvo al ver la escena, respirando con mÔs calma al entender lo que había sucedido.


—Lo siento. Estaba en el laboratorio y escuchĆ© el disparo. PensĆ© que habĆ­a problemas —dijo, aĆŗn con algo de tensión en su voz.


Jungkook bajó el arma, suspirando profundamente.


—EncĆ”rgate de Ć©l, por favor —respondió, cansado.


—¿Me estĆ”s pidiendo que lo mate? —preguntó el reciĆ©n llegado, incrĆ©dulo.


—No, no lo mates. Solo quĆ©date con Ć©l — salió por la puerta sin mirar atrĆ”s.


El joven se acercó al rubio, que seguía acurrucado y temblando, las lÔgrimas todavía frescas en su rostro. Se agachó a su lado, su expresión mucho mÔs suave.


—Ven, vamos a prepararte un tĆ© para que te calmes —dijo con voz tranquila


Subieron hasta la cocina, donde Jin preparó un té verde para Jimin y se lo dio. Luego, se sentó frente a él, observando cómo el chico tomaba pequeños sorbos para calmarse.


—Soy Seokjin, pero puedes decirme solo Jin —dijo con una sonrisa suave— ĀæPuedo hacerte una pregunta?


Jimin asintió tímidamente.


—¿QuĆ© le dijiste a Jungkook para que no te matara?


El rubio bajó la mirada, aún tembloroso.


—No lo sĆ©... Yo solo le dije que me matara rĆ”pido, y despuĆ©s de eso se quedó pensando... —respondió, la confusión aĆŗn clara en su rostro.


En ese momento, Jungkook entró en la cocina con expresión seria.


—Jin, Āæpuedes llamar a Taehyung, por favor? No atiende mis llamadas.


Jin lo miró, cruzando los brazos.


—Sabes que si discutieron, es obvio que no va a volver hasta la noche, Āæverdad?


—Lo sĆ©, pero esta vez es diferente. Me dijo que no volverĆ­a nunca mĆ”s —admitió, su voz revelando preocupación.


—Tiene todas sus cosas aquĆ­. VolverĆ” —dijo con tranquilidad.


—TambiĆ©n tiene una cuenta de banco con millones. Sus cosas no importan —respondió sin dejar de mirar su telĆ©fono. Luego, levantó la vista y observó a Jimin, para despuĆ©s volver a enfocarse en Jin— Dile a todos que hay una reunión en cinco minutos.


—¿Y quĆ© hago con Ć©l? —preguntó seƱalando al rubio.


—Él tambiĆ©n estĆ” incluido —dijo saliendo de la cocina sin esperar una respuesta.


Minutos mƔs tarde, todos se dirigieron hacia otra parte de la casa, una sala con una mesa larga y siete sillas. Los hombres ya estaban allƭ, esperando, cada uno sentado en su lugar.


—¿Jin, llamaste a Tae? No me contesta —preguntó un castaƱo, conocido como Hoseok, con cierta impaciencia en la voz.


—SĆ­, le expliquĆ© que Jungkook no mató al chico, y me dijo que ya estaba viniendo —respondió justo cuando la puerta se abrió y entró el peliazul


El alivio en la sala fue palpable. Taehyung caminó directamente hacia Jimin, observÔndolo con una mezcla de sorpresa y alivio.


—De verdad estĆ”s vivo —dijo mientras lo abrazaba, un gesto inesperado que hizo que Jimin se sintiera aĆŗn mĆ”s fuera de lugar. No entendĆ­a por quĆ© lo estaban abrazando ni por quĆ© estaba involucrado en una reunión con toda esa gente peligrosa.


Después de soltarlo, Taehyung miró a Jungkook con una expresión neutral y luego tomó asiento en su lugar, dando la señal de que la reunión podía comenzar.


—Bien, ayĆŗdenme a tomar una decisión sobre quĆ© hacer con el chico —dijo Jungkook, con cansancio en la voz.


—¿Quemarlo? —sugirió alguien.


—¿Tirarlo al rĆ­o? —dijo otro


—¿Cortarlo en pedazos? —aƱadió alguien mĆ”s, mientras las risas cortas y tensas llenaban la habitación.


Taehyung, sin embargo, habló firme:


—Que no sea matĆ”ndolo. Ya dije que no quiero que lo maten.


El silencio se hizo en la sala mientras todos consideraban lo que habĆ­a dicho.


—¿No podemos solo soltarlo y ya? —insistió el peliazul.


—¿QuĆ© parte no entiendes de que va a ir directo a la policĆ­a, Tae? —respondió uno de los presentes, mĆ”s bajo que los demĆ”s y con el cabello igual de oscuro que la noche.


Jungkook intervino con una decisión


—EstĆ” bien, esto es lo que vamos a hacer: el chico se va a quedar aquĆ­, pero solo por un tiempo, hasta que decidamos bien quĆ© hacer con Ć©l, Āæde acuerdo?


—¿Entonces lo vas a tener secuestrado en casa? —preguntó incrĆ©dulo


—¿Tienes otra opción que proponer? — lo miró con seriedad, y al no recibir respuesta, continuó— De acuerdo, hacemos lo que dije. Obviamente va a tener tareas como todos aquĆ­, y no va a poder salir ni a el jardĆ­n ni al estacionamiento. Algo en Ć©l me genera desconfianza. Pero ya sabe lo que le pasarĆ” si intenta escapar, Āæno es asĆ­? —miró a Jimin esperando una respuesta.


El rubio, tembloroso, solo asintió con la cabeza.


—De acuerdo. Taehyung, ya que ahora eres el defensor de los pobres, tĆŗ te encargarĆ”s de Ć©l —dijo con tono burlón, provocando algunas risas en la sala.


—No soy ningĆŗn defensor de pobres, y Āæsabes quĆ©? Estoy encantado de encargarme de Ć©l —respondió desafiĆ”ndolo con una sonrisa.


—Bien, entonces todo estĆ” resuelto. Ahora vuelvan a trabajar, que no estamos aquĆ­ para perder el tiempo —concluyó poniendo fin a la reunión.


Uno por uno, los hombres comenzaron a levantarse y abandonar la sala, pero Taehyung se quedó en su lugar, mientras Jungkook organizaba unos papeles en el escritorio de atrÔs.


—¿Lo hiciste por mĆ­? —preguntó el chico, sentado en su lugar


—SĆ­, lo hice por ti... —respondió, con la mirada fija en su hermano menor— ĀæSabes que cuando papĆ” se entere de esto, va a castigarme, verdad? No puedo simplemente desobedecer una de sus órdenes.


—Puedo hablar con Ć©l e intentar convencerlo de que no lo haga — levantĆ”ndose lentamente.


—No, Taehyung, asĆ­ no funcionan las cosas. Me sorprende que, despuĆ©s de tantos aƱos, no sepas cómo nos manejamos. Una orden es una orden, y hay que cumplirla, especialmente si viene de papĆ”. Lo sabes muy bien.


Ambos quedaron en silencio durante unos segundos. Taehyung rompió el silencio caminando hacia él.


—Lo siento —dijo con sinceridad— Jungkook, solo quiero que todo estĆ© bien. Ese chico no hizo nada malo y es injusto que muera por algo tan tonto.


—Lo sĆ©, pero no hay otras opciones. ĀæQuĆ© crees que harĆ­a si lo soltĆ”ramos? No irĆ­a a su casa y seguirĆ­a como si nada hubiera pasado, Āælo entiendes? —respondió con un suspiro pesado.


—Lo entiendo, pero... Āæhasta cuĆ”ndo va a estar con nosotros? No puede quedarse aquĆ­ toda la vida. AdemĆ”s, yo tengo que trabajar, y sabes que soy de los mĆ”s ocupados —dijo con preocupación en la voz.


—Se quedarĆ” hasta que pensemos en algo mejor. Y no te preocupes por el trabajo; los guardias estarĆ”n al pendiente de Ć©l cuando tĆŗ no estĆ©s. Solo explĆ­cale cómo funciona todo aquĆ­ y dale tareas para mantenerlo ocupado.


—De acuerdo... —respondio dĆ”ndose la vuelta para irse. Pero, antes de salir, volvió y abrazó a su hermano— Lo siento por gritarte.


—No pasa nada. Ahora ve —dijo devolviĆ©ndole el abrazo antes de verlo marchar.


Taehyung salió de la sala y se encontró con Jimin, quien al parecer lo estaba esperando.


—¿Me estabas esperando? —preguntó Taehyung, extraƱado.


—Los demĆ”s me dijeron que te esperara aquĆ­ —respondió Jimin, encogiĆ©ndose de hombros.


A Taehyung le sorprendĆ­a ver a Jimin tan abatido. Aunque estaba vivo, lo cual deberĆ­a hacerlo sentir mejor, el rubio parecĆ­a triste o frustrado.


—¿Por quĆ© estĆ”s asĆ­? ĀæNo estĆ”s feliz de estar vivo? —preguntó Taehyung, tratando de animarlo.


—Claro que sĆ­, y de verdad te lo agradezco. Sin ti, estarĆ­a muerto. Solo que quedarme aquĆ­ no parece una gran opción —admitió Jimin, mirando al suelo.


—Lo sĆ©, pero es lo mejor que podemos hacer por ahora. Tal vez, en unas semanas, puedas volver a tu casa.


—Eso espero —respondió Jimin, dejando un silencio incómodo entre ambos.


—Bueno, vamos a empezar. Tienes que saber varias cosas, asĆ­ que prepĆ”rate —dijo Taehyung mientras caminaban hacia la sala de estar—. Lo primero que debes saber es que somos un grupo de seis personas que trabajan para Jeon EunJi. Ɖl es el jefe de la mafia coreana e italiana, y es el padre de Jungkook.


—¿TĆŗ y Jungkook no eran hermanos? —preguntó Jimin, mientras se sentaban en uno de los sofĆ”s.


—SĆ­, lo somos, pero yo soy adoptado, por eso mi apellido es Kim. No es importante —Taehyung hizo una pausa—. Cada uno de nosotros tiene diferentes roles. Namjoon es nuestros ojos; Ć©l controla las cĆ”maras por toda la ciudad y nos guĆ­a en las operaciones. Jin se encarga del laboratorio, creando nuevas drogas y enviĆ”ndolas a las fĆ”bricas. Hoseok y yo somos los encargados de distribuir esas drogas a los clientes. A veces pasamos la noche entera haciendo entregas. Luego estĆ” Yoongi, la mano derecha de Jungkook. Ɖl hace trabajos de campo y, bueno, tiene la sangre frĆ­a para las misiones mĆ”s difĆ­ciles. Por Ćŗltimo, estĆ” Jungkook. Es como un segundo jefe despuĆ©s de papĆ”. Controla varias ciudades, tanto en Corea como en Italia, y se encarga de las entregas importantes o de supervisar las fĆ”bricas. TambiĆ©n participa en operaciones arriesgadas, como Yoongi.


—Si antes les tenĆ­a miedo, ahora aĆŗn mĆ”s —murmuró Jimin, asombrado por todo lo que acababa de escuchar.


—No tienes que tener miedo —sonrió Taehyung—. SĆ© que es mucha información de golpe, pero lo entenderĆ”s con el tiempo. AquĆ­ somos inofensivos, al menos contigo. Eso sĆ­, tengo que advertirte que Jungkook se enoja fĆ”cilmente, especialmente estos dĆ­as que ha estado muy estresado por temas familiares. No hagas nada que pueda molestarlo. Ahora, te voy a asignar algunas tareas que tenemos en la casa. Se supone que cocinamos por turnos, pero casi siempre lo hace Jin. ĀæSabes cocinar?


—SĆ­, cocino todos los dĆ­as antes de ir a la escuela.


—Perfecto. No tenemos dĆ­as especĆ­ficos para limpiar, pero asegĆŗrate de recoger lo que ensucies. Nos gusta mantener el orden. Cuando yo no estĆ©, los guardias se encargarĆ”n de ti. No te preocupes, no entran a la casa, solo cuidan los alrededores. Creo que eso es todo por ahora.


—EstĆ” bien, creo que lo entiendo todo.


—¿Seguro? SĆ© que es mucha información y muchos cambios, pero te acostumbrarĆ”s. Solo mantĆ©n la calma —dijo Taehyung con una sonrisa.


—Estoy bien, no te preocupes. Gracias por ser tan amable conmigo. Desde el principio me trataste como a un amigo, y de verdad lo agradezco.


—No hay de quĆ©. Me caes bien, y vamos a pasar tiempo juntos, asĆ­ que me gustarĆ­a que fuĆ©ramos amigos. ĀæQuĆ© dices?


—EstĆ” bien —respondió Jimin, devolviĆ©ndole la sonrisa.


—Tienes una linda sonrisa —dijo cautivado.


—Me lo dicen seguido, pero creo que es por mis ojos. Cuando me rĆ­o, no puedo ver nada, y a la gente le parece lindo. Aunque, sinceramente, odio no poder ver lo que pasa a mi alrededor.


Ambos rieron y continuaron charlando durante horas, hablando de cosas triviales, como su comida favorita y recuerdos de la infancia. A medida que la conversación fluía, se sintieron mÔs cómodos el uno con el otro. Jimin, al menos por un rato, se olvidó de su familia y de la angustia que probablemente sentían por él.













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Good Writing

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Compelling Plot

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Strong Dialog

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