I
Pov.
Lucifer Morningstar.
Era mi primer día como residente del hotel.
Después del incidente con Adán y sus exterminadores, me asegure de estar ahí para Charlie.
Ella necesitaba de mi protección para que nadie volviera a pasarse de listo, al menos hasta que las cosas estuvieran más calmadas.
Ahora me encontraba en un nuevo recorrido del hotel, aunque lo habíamos creado juntos, le daba el gusto a mi hija de que tuviera un momento en paz, sin nadie molestando, solo nosotros dos.
—Bien, papá. Este será tu cuarto, es el más alejado de todos, para que no haya ningún inconveniente.
Charlie se rió un poco, se veía cansada en este punto.
—Eso es muy lindo detalle de tu parte, Manzanita. Gracias por pensar en mí.
Le sonreí y ella me devolvió la sonrisa, dando un leve bostezo.
—No es nada, papá. iré a descansar un rato, cualquier duda que tengas, Alastor es el encargado, puedes preguntarle a él.
Me dió un abrazo, y yo no podía negarselo, así que correspondí.
—Lo tendré en cuenta, mi niña. Descansa.
Agarre su rostro y le di un pequeño beso en la frente, justo como lo solía hacer cuando era más pequeña.
Ella volvió a darme una sonrisa antes de irse por el largo pasillo de las habitaciones, dónde en cada paso, daba un bostezo. Era evidente su falta de sueño en las últimas horas.
Di un largo suspiro al encontrarme solo, así que decidí entrar en mi legítima habitación y ver que tan acogedora se veía.
Grata fue mi sorpresa al encontrarme con varios recuadros familiares, eran solo pequeñas fotos de Charlie con su madre, al parecer había olvidado quitarlas y no tuvo el corazón suficiente como para botarlas a la basura.
Yo y su madre nos habíamos separado hace no mucho tiempo, en dónde Charlie había creado un vínculo muy fuerte con Lilith.
Lastima que su madre tuvo el descaro de engañarme en nuestra propia casa, quien lo diría, Eva fue la afortunada.
Ya no habían rencores, pero solo el simple hecho de recordarlo, me causaba un sentimiento de disgusto.
Sería capaz de quemar esas fotos, pero eran algo preciado para mi hija, no iba a hacerle algo tan cruel a la luz de mis ojos y la única mujer que en verdad merecía mis lágrimas.
Para este punto yo ya me estaba cansando de no hacer nada interesante, el cuarto era bastante amplio y tenía todo lo necesario para mí, pero el aburrimiento me ganaba.
No me vendría para nada mal un poco de diversión con ese socio de mi hija.
Deje mi saco blanco en una de las sillas, no tenía caso estar tan formal.
Hice un chasquido y aparecí fuera de la habitación del locutor, mis ansias por abrir esa puerta estaban creciendo.
Pero decidí darle unos minutos más, ya que parecía que estaba ocupado.
—No, Niffty.
El cervatillo había abierto la puerta de una manera muy rápida, sin darme tiempo a reaccionar y verlo frente a mi.
El de igual manera me veía, creo que ninguno se espero tal sorpresa.
—Oh, el chico malo.
La pequeña pecadora empezó a correr a dirección mía, siendo detenida por las manos de Alastor.
Ella se safo del agarre poco después, corriendo frenéticamente hacia las escaleras, riéndose de una manera muy ruidosa.
Nunca entendería como es que Charlie podía tenerles tanta paciencia a demonios de este bajo rango. Siendo sincero, yo no podría.
—Perdone por eso, Majestad. No pensé verlo por aquí.
Se notaba nervioso, muy raro de su parte.
—Bueno, no tengo nada mejor que hacer ahora mismo, una visita no viene nada mal.
Sonreí de oreja a oreja, sin mostrar mis dientes.
Al parecer, hacer ese gesto hizo que el venado se sintiera más incómodo con mi presencia, no estábamos respetando su espacio personal, pero no tenía razones por las cuales hacerlo.
Molestarlo era mi primer objetivo, sería incluso mejor hacerlo incomodar, debía de mostrarle quien mandaba aquí.
—¿Hay algo que usted necesite de mí?
Forzó su sonrisa, pude percibir la inquietud en sus palabras.
Estaba ocultando algo que yo pronto descubriria por las buenas, o por las malas. Dependía de lo que Alastor estuviera dispuesto a dar.
—No realmente, ¿Por qué? ¿No puedo hacerle visitas a mi ciervo favorito?
Dije con sarcasmo.
Me puse de puntillas y lleve mi mano a su cabeza, levemente acariciándola. El cervatillo se quedó estático, confundido por mis acciones.
Quiso alejar mi mano de su cabeza, pero por algún motivo, su cuerpo no respondía. ¿Cómo lo sabía? Me estaba gruñendo.
Nunca pensé que el sonido de un ciervo fuera tan extraño, pero a la vez era muy tierno, verlo comportarse como el animal que era, me resultaba gracioso.
—¿A qué viene esto?
Su mano finalmente pudo agarrar la mía, alejándola de su cabeza.
Sonreí más ampliamente, estaba cayendo en mi trampa, solo era cuestión de segundos para tenerlo de rodillas.
—¿Qué cosa, venadito?
El nuevo apodo si que se le fue difícil digerir, se veía mucho más incómodo que antes, e incluso había dado un paso hacia atrás.
Sus orejas se fueron hacia abajo, pero parecía que el no podía controlar esa parte de su cuerpo. Fue por puro impulso.
—Si es por lo de Charlie, no lo estaba haciendo con la intención de que usted esté haciendo esto.
Dejé escapar una pequeña risa, que el tomo como si me estuviera burlando, en parte así lo era, pero su manera tan estúpida de pensar, era la causa.
Creo que esto iba a ser más divertido que cualquier otra cosa.
—¿Lo de Charlie? Vamos, Alastor. Si yo quisiera ahora mismo, te podría convertir en mi reina.
Todo lo que decía era en broma, pero al parecer, el no entendía eso.
Su ojo derecho empezó a dar un leve tic, apenas y era visible, pero sin duda mis palabras lo habían molestado.
—Perdone, pero yo no busco nada de eso.
Volvió a dar un paso hacia atrás, con intenciones de cerrarme la puerta en la cara, pero yo fui más rápido.
Un chasquido fue suficiente para que apareciera detrás de él, justo segundos antes de que cerrará la puerta.
Una de mis manos se dirigió a su cadera, que por suerte podía tocar.
—Jugaste con fuego creyendo que no te quemarías, pecador.
Dió un pequeño brinco cuando escucho mi voz, rápidamente se pego contra la puerta, demostrando miedo e inferioridad ante mi.
Justo como quería verlo.
Debía de hacerlo entender que jugar conmigo no era una opción, era una muerte directa.
—Vuelvo a repetirlo, ¿Qué es lo que quiere de mí?
Alce una ceja.
No había necesidad de saberlo ahora, pero si le decía la verdad, mi venganza sería en vano y todo esto solo era una perdida de tiempo.
Unas pocas burlas más no harían daño.
—No sé, tú dime. ¿Qué es lo más valioso que puede tener alguien como tú a estas alturas?
Volví a sonreír.
El cervatillo se aferraba a su báculo, su mano temblaba ligeramente y sus ojos se mantenían en mi mirada constante con la mía. Queria descifrar mi plan, pero no había nada que lo delatara.
Estaba acorralado, justo como la presa que era.
—¿Usted acaso quiere mi alma?
No pude evitar reírme por su pregunta.
—Ah, creo que no haz entendido, Alastor.
Me limpie las lágrimas en mis ojos a causa de la risa, aclare mi garganta y volví a hablar.
—No quiero tu alma, quiero tu cuerpo.
Desde cero