The Mess- Jungkook

Summary

La torpeza nació con ella, lo llevaba en la sangre, y un día cualquiera despistada en historia acabo dejando su libro caer por la ventana. Claramente no tuvo suerte al golpear a un chico unos cursos menor...¿O al final se pudo considerar un desastre muy oportuno?

Status
Complete
Chapters
29
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

Abrí los ojos al escuchar el ruidoso sonido que hacía mi móvil por la alarma. Me incorporé analizando completamente mi vida; debí haber dormido más. Un olor  desagradable llegó a mi nariz en cuestión de segundos, moví mi cabeza buscando de donde provenía tapándome la nariz con los dedos de la mano derecha. Mi mirada se quedó clavada en la montaña de ropa de todos los colores que se encontraba en medio de mi habitación. Hacía unos días solo eran un par de prendas tiradas sobre la silla, pero al final acabó siendo una torre que alcanzaba mi estatura de 1'68 en el suelo.


Posé mis pies en la alfombrita negra a los pies de la cama y de un salto me incorporé. Estiré mis brazos haciendo un recuento de todo lo que debía hacer antes de ir al instituto. Primero sería el desayuno para mí y mi tío, luego debía poner el lavavajillas, mirar el correo y vendría bien una lavadora...algo se me olvidaría pero al menos traté de acordarme de todo.


Corrí al gran armario que estaba medio vacío por obvias razones, agarré una camiseta blanca oversize con un pantalón corto negro que pertenecía de la zona de hombres de una tienda deportiva. Entré al baño sorprendiéndome al ver mi pelo pelirrojo corto desordenado en el espejo. Puse a correr el agua repitiéndome qué debía hacer mientras me quitaba los pantalones del pijama.


—Correo y...


Tropecé con el pantalón y me agarré del váter.


—¡Lavadora! Casi se me olvida...


Hice mis necesidades antes de meterme en la caliente ducha, me envolví en la toalla recordando que no había ido a despertar a mi tío cómo hacía habitualmente.


Desastre se quedaba corto para definirme. No solo llegaba tarde hasta a abrir la puerta, sino que era olvidadiza hasta el nivel de apuntar en notas mi dirección por si me perdía.


Me puse la ropa y aún sin secarme el pelo fui a la habitación de mi tío a despertarlo.


Hacía unos años me mudé con él debido al divorcio de mis padres. Cada uno quería volver a su país natal que desgraciadamente ninguno era Corea del Sur por lo que me quedé con el hermano menor de mi madre. Tenía una hermana mayor que impartía clase en el instituto al que iba, ella vivía con su novio desde hacía cuatro años.


Salí de la habitación tras despertarlo y volví al baño para secarme con el secador. Lo enchufé pensando en qué haría para desayunar.


—Salchichas y un huevo para mi tío, yo estaré bien con una pera—dije guardando en el cajón la secadora.


Me cepillé el pelo y me lo dejé suelto. Este me llegaba justo por encima de los hombres y poseían una leve ondulación al final. Pelirrojo y relativamente liso.


Agarré toda la ropa oscura de mi montón de ropa y fui a la cocina a meterlo todo en la lavadora.


—April, cuando puedas déjame el desayuno en el despacho y recuerda apagar las luces antes de irte.


Asentí colocando lo necesario en la lavadora. Me levanté tras ponerla en marcha y comencé a hacer el desayuno.


Después de dejarlo en su despacho puse el lavavajillas y entré en mi habitación ahora con un bulto de ropa rebajado al treinta por ciento. Me senté en la cama para ponerme las deportivas negras altas de la marca Nike que me regaló mi mejor amiga Haly hacía unos cuantos meses. Agarré la mochila y me la puse en la espalda revisando si había hecho todo lo que debía. Asentí dispuesta a coger el correo al bajar.


—Me voy—dije apagando la luz del pasillo.


—Cuídate.


Salí con los auriculares escuchando una playlist que me pasó mi mejor amiga hacía unos días. No era mi gusto musical, pero tampoco estaba mal.


Metí las cartas en la mochila tras sentarme en un asiento del autobús.


El instituto estaba a cuatro manzanas pero como era habitual, iba tarde. Miré por la ventana esperando y preparándome para echar a correr por todas las instalaciones.


Hacía unos días prometí a la profesora de historia que un día de aquel curso llegaría antes que ella, desgraciadamente no sería hoy y seguramente mañana tampoco. Mi hermana me había sugerido varias veces levantarme antes ya que hacía demasiadas codas antes de ir a clase, el problema era que si no dormiría menos porque también tenía cosas que hacer antes de dormir.


Bufé cuando las puertas se abrieron en mi parada. Primero era lo más divertido, la cuesta arriba. Me aseguré de que los cordones estaban bien atados y de que los bolsillos de la mochila estuvieran bien cerrados. Comencé a subir la cuesta a paso rápido, casi en una carrera.


—¿April?


Miré al chico que acababa de hablarme. Ambos coincidimos miradas durante unos segundos.


—Mierda, voy tarde—dijo echándose a correr.


También era un recordatorio para el resto: si me ves vas tarde.


Corrí por todo el patio al escuchar el timbre de que la clase acababa de empezar y yo aún estaba a mitad del patio. El conserje me saludó como siempre, estaba acostumbrado a verme apresurada por todas partes. Subí hasta el primer piso y abrí la puerta sin llamar. Todo pasó realmente rápido; al parecer la profesora sabía de sobra que estaba a segundos de abrir la puerta y su cerebro pensó que abrir la puerta antes de que entrara era la mejor opción. Y así fue como caí rodando a la clase. Miré desde el suelo a la profesora sonriente mirándome.


—Nada nuevo, Lee April.


Sonreí inocentemente esperando a que no me castigara fuera. Me hizo una seña para que entrara por lo que me levanté rápidamente del suelo y me sacudí agradeciendo que me dejara entrar. Al mirar a los alumnos identifiqué al grupo de al fondo riéndose, mis amigos. Me acerqué a ellos sacándoles la lengua a los tres. Me senté delante de Haly aguantando las ganas de soltarla unas cuantas palabras sobre que no era mi culpa ser tan torpe; era cosa de familia. Renwoo me preguntó si estaba bien, asentí sacando los libros.


—Buen espectáculo el de hoy, luego te cuento sobre el drama de siempre—susurró Yaeyoon.


Haly, una chica de mi estatura aproximadamente de pelo largo lacio y negro. Sus ojos eran rasgados como los de un felino y de un color oscuro. Su rostro era fino, tanto su nariz como labios. Era mi mejor amiga de toda la vida, la conocí el día que me caí del tobogán en el parque, tendría unos seis años cuando ocurrió aquello.


Renwoo era un chico de diecisiete, como nosotras. Era tranquilo y solía faltar porque estaba mal de salud y debía estar constantemente de revisiones. Era alto, uno setenta y mucho, su cabellera era larga, tapaba sus cejas y tenía un precioso mullet. Sus ojos eran también rasgados pero no tanto como los de Haly. Lo conocí el día que rodé cuesta abajo y no podía parar, tendría unos diez años aproximadamente.


Yaeyoon era una alegre y chismosa chica que conocí el año pasado cuando se me cayeron los deberes al váter del baño de chicas. Era unos centímetros más baja que yo y siempre iba sonriente a todas partes. Sus ojos grandes y marrones claro siempre estaban al acecho del drama del instituto. Su cabellera era castaña clara y siempre iba recogida en un par de trenzas largas.


Al parecer todas mis amistades las hice mediante mi desgracia continua. Era algo habitual, se me conocía por mi mala suerte y torpeza de nacimiento.


La clase de historia comenzó a ser Secundaria cuando comenzó a hablar de la Industrialización de Inglaterra allá por el siglo dieciocho. Mis párpados pesaban y la nube que acababa de tapar el sol me daba la oscuridad necesaria para quedarme dormida sobre el libro. Al estar al lado de la ventana una pequeña brisa me azotaba ayudando a dormir mejor.


Cuando ya había caído en un sueño profundo desperté tras unos empujones constantes y golpes en mi espalda.


—¡Lee April!


Me levanté de la silla con tanta fuerza que mi silla chocó con la mesa de Yaeyoon casi volcándola por completo. La persona de delante quedó completamente asustada cuando mi estuche acabó golpeando su cara y por último el libro de historia. No era por fardar de mi capacidad de conseguir todo aquello con una probabilidad mínima...pero había logrado que el libro comenzara su despegue hacia el patio por la ventana. En resumen mi libro cayó por la ventana desde el primer piso, pero lo peor fue el grito grave que sonó tras el sonido de mi libro caer sobre algo.


—¡Joder!


Me asomé rápidamente a la ventana. Un lindo chico miró hacia arriba con el libro en su mano, su mano libre frotaba la zona afectada. Me señaló el libro y asentí lentamente. El amigo de su lado reía sin parar.


Me sonrojé a más no poder y me volví a sentar en el sitio mirando a la mesa. Dejé mi cabeza chocar con la mesa numerosas veces.


Idiota, idiota, no puedes tener peor suerte...


—Lee April, ¿No debería ir a por su libro?


—Eso April, a por tu libro.


Asesinen con la mirada a Yaeyoon y maldije en bajo mi mala suerte.