𝐃𝐀𝐑𝐊𝐍𝐄𝐒𝐒 — percy jackson.

Summary

𝐎𝐑𝐈𝐎𝐍 𝐋𝐎𝐌𝐁𝐀𝐑𝐃𝐈 , un joven anti social, enfocado en su sed de venganza he incrementar su poder, de pronto se ve atraído por un lindo chico con rizos dorados, dejando de lado sus planes para concentrarse únicamente en aquellos ojos de un azul oceánico. 𝐎 𝐄𝐍 𝐃𝐎𝐍𝐃𝐄 𝐏𝐄𝐑𝐂𝐘 𝐉𝐀𝐂𝐊𝐒𝐎𝐍 es traído a un mundo completamente desconocido para él, poniendo su vida patas para arriba de la noche a la mañana; hasta que todo cobra sentido cuándo encuentra consuelo en el hijo del dios de la muerte, ignorando todas las advertencias. ● Percy Jackson × oc!boy. (lgbt love) ● Prohibidas copias y/o adaptaciones. ● No me pertenecen la historia y personajes, excepto Orión. ● Leve Clarisse × oc!boy.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 0

ഒ  🪽   ۵     ໋   ˑ
















El día de Orión había marchado bastante tranquilo, hoy tan solo tuvo entrenamiento con Castellan y sus pesadas espadas qué los hijos de Hefesto creaban con tanta emoción, se recordó informarles qué eran ridículamente pesadas, y qué él necesitaba una más ligera o no podría pararse correctamente sobre sus dos pies.


Aún así, luego de ser humillado por una hija de Deméter cuando lo tiró al suelo con una patada en el estómago, Orión se levantó con todo el orgullo qué le quedaba y se marchó en dirección a su cabaña para bañarse; odiaba con toda su vida sentir su cuerpo sucio. Él creía firmemente qué el universo se equivocó y lo hizo hijo de la divinidad equivocada, pues le preocupaba tanto su aspecto qué cualquiera le creería sí dijera qué es hijo de Afrodita.


Aunque ser el único hijo reclamado de Hades tenía sus ventajas, pues tenía su baño propio en su cabaña y tranquilamente podría saltar de alegría al no compartir aquellos asquerosos baños comunes del campamento.


Su mente dejó de divagar cuando llegó finalmente a su cabaña luego de una pequeña visita a la enfermería. Orión tenía un problema, a pesar de qué ser hijo de Hades le otorgaba un baño propio, no lo salvaba de aquellas voces qué escuchaba durante casi todo el día. Según un libro antiguo, escrito en griego, qué le había regalado su padre hace tiempo, aquellas voces eran almas en pena qué se atravesaban en su camino y le rogaban por ayuda.


Era simplemente espeluznante escucharle, le hacía recordar a las películas de terror de la llorona, aunque los llantos y gritos de los niños eran mucho peores. Durante años aquello le provocó muchos problemas, lo fastidiaban tanto hasta qué un día, tal fue su enojo, qué casi todo el campamento se congeló. El Orión de diez años tuvo qué aguantar los regaños de Quiron y el señor D, y aunque después intentaron ayudarlo, nada resultó.


Intentó con medicaciones, sesiones de psicología con Grover, meditación, y un montón de mierdas. Hasta qué por decisión propia, decidió ir por medicinas naturales. De esa manera descubrió qué lo único qué acallaban las voces, eran aquellas milagrosas hojas de marihuana qué lograba obtener de los hijos de apolo. Los mismos llevaban el control de los invernaderos, entonces no fue muy difícil conseguirla para fines no-medicos, sin qué Quiron se entere, cuando amenazó a Will de hacer qué un ejército de cadáveres ataque su cabaña mientras duerme.


Así qué en una usual noche desolada, Orión volvía entre tarareos hacia su cabaña, jugando con la pequeña volcita qué tenía escondida en el bolsillo de su pantalón.





Ya una hora había pasado de eso y Orión estaba recostado tranquilamente sobre su cama, con su mirada enfocada en el techo de su cabaña, admirando las pinturas del inframundo, mientras daba caladas al enrollado entre sus dedos índice y anular.


Estaba muy concentrado en el castillo pintado sobre la madera caoba cuando un pequeño temblor en la tierra lo alertó. Bien, él no había sido, quién entonces?


Apagó su enrollado y lo dejó sobre la mesa de noche, caminando a pasos lentos hasta la puerta de su cabaña, con una mano sobre el collar de oro blanco, el cuál tenía un rubí colgando de el. Apenas estuvo afuera de su cabaña no pudo ver nada, así qué acomodó sus lentes sobre el puente de su nariz antes de entrecerrar sus ojos.


A la lejanía, precisamente en la entrada al campamento, una enorme sombra se hizo notar. Sin esperar más salió corriendo entre las gordas gotas de lluvia, casi tropezando con una rama en el camino.


Cuando llegó a la entrada del campamento, pudo ver a un sátiro gritando en dirección al minotauro, frunció su ceño confundido, pues no sabía qué hacía gritándole a la bestia. Sin embargo, abrió sus labios entendiendo qué ocurría al ver como un chico comenzaba a correr en dirección al minotauro con una brillante espada apuntando en su dirección.


Manteniendo la calma en la tempestad, Orión cuadró sus hombros y se acercó hasta Grover, el cuál parecía indeciso de acercarse o no al enfrentamiento entre el minotauro y el enfadado chico.


— Hola, Grover, qué tal? — el moreno dejó de gritar y volteó a verlo lentamente, con su ceño fruncido. — ¿Cómo te fue en tu misión?


— ¿Qué? ¿Orión, qué- — Ambos fijaron su vista al frente de nuevo, captando como el, ahora sabía, chico rubio era tirado al suelo por el minotauro. — ¡No, Percy!


Mientras Grover intentaba llamar la atención del chico qué estaba apunto de ser asesinado, Orión soltó una, quizás, inoportuna carcajada al ver como el minotauro vestía una clase de calzoncillo.


— ¡Orión, ayudalo! — pidió el sátiro. —


El ojiverde controló su risa y suspiró, apenas llegó pudo notar la pesada energía de algo, definitivamente a ese algo no le quedaba mucho tiempo de vida, pero para suerte de ambos chicos no era una energía humana. Así según las más positivas predicciones de Orión, sería el minotauro quién muriera.


Y, como de costumbre, el tiempo terminó dándole la razón. Luego de un minuto, el minotauro comenzó a desintegrarse, esto le dio permiso a Orión y Grover de acercarse, el segundo corriendo al ver como el chico caía de casi dos metros hacia el suelo.


Cuando llegó junto ambos, notó como el chico intentaba mantener sus ojos abiertos. Nunca iba a admitirlo, pero sus labios se entreabieron de sorpresa al ver aquel azul oceánico de sus ojos, los cuales brillaban de manera celestial ante las estrellas.


— Orión, ayúdame, debemos llevarlo. — el pelinegro volvió a la realidad al ver como Grover intentaba levantar al chico, pero lo detuvo. —


— Espera, no puedes, están lastimados, ambos. — señaló con tono obvio la pierna sangrante del sátiro. — Pueden lastimarse más, solo- dame un segundo.


Orión le indicó a Grover qué se acostara al lado del tal Percy, y rascó su barbilla mientras pensaba. Optando por la opción menos confiable, pero más higiénica y qué lo salvaría de limpiar la enfermería y un regaño de Lee, el hijo de Hades suspiró mientras cerraba sus ojos.


Grover miraba curioso al chico frente suyo, soltando un grito asustado y poco masculino cuando sintió como su cuerpo comenzaba a separarse de la tierra del suelo, volteó su rostro y miró a Percy, un humo negro los rodeaba a ambos, el cuál estaba debajo de ambos como sí fuera un colchón de una cama.


— No te muevas. — Orión dijo brusco, sintiendo sus manos temblar levemente mientras comenzaba a caminar en dirección a la enfermería. —


Viajar y estar entre las sombras no era algo nuevo para él, pero nunca lo había intentado con otra persona, menos con dos, entonces usó toda la energía qué le quedaba para evitar tirar los cuerpos de ambos chicos, aunque Grover asustado por la oscuridad qué lo rodeaba no ayudaba en nada.


Cuando finalmente pudo colocar los cuerpos de ambos sobre unas camas desocupadas, Orión apoyó su espalda en la pared mientras jadeaba con cansancio.


— Qué jodido frío. — Grover se abrazaba a sí mismo mientras veía a su amigo inconsciente. — Debemos llamar a Quiron.


— Dame un segundo, quieres? No ayudaste mucho qué digamos. — se quejó de mal humor, obteniendo una sonrisa de disculpa del moreno. — Bien, déjame curarlos cuanto pueda antes de llamarlo o me regañara por no ayudar a este chico. ¿Cómo dijiste qué se llamaba?


— Percy.


— Ya veo.


Grover permaneció sentado en la cama mientras veía como el pelinegro tomaba un bote de alcohol y unos cuantos algodones, sentándose a su lado.


— ¿Puedo preguntar qué pasó? — su voz sonó fría pero suave mientras humedecia el algodón con alcohol. —


— Percy se enteró de qué es un semidiós hoy. Luego de qué una furia lo haya atacado, a su madre no le quedó otra opción qué contarle la verdad. — Grover notó la manera en la qué los hombros de su casi-amigo se tensaron pero no comentó nada. — Tuvimos qué venir al campamento de inmediato, pero cuando estábamos llegando este minotauro apareció. Sally, su mamá, intentó protegernos del minotauro pero ella...


El ceño del ojiverde se frunció y levantó la vista, dejando de limpiar las pequeñas cortadas de vidrio qué tenía el sátiro, mirando curioso las lágrimas qué descendian por sus mejillas.


— ¿Ella qué? — preguntó más brusco de lo qué quería. —


— Murió. — su voz se quebró, mirando algo enfadado al Lombardi cuando este río. —


— No murió, viejo. — negó divertido, parándose y sentándose en la cama del rubio. — Créeme, no había ninguna alma recién asesinada allí.


La mente de Grover maquinaba mientras Orión humedecia un paño en agua caliente, pasándolo luego por la mejilla del rubio. Mientras sacaba los ratros de tierra y calentaba su piel, notó como la piel del tal Percy estaba decorada por pequeñas pecas qué se extendían por sus mejillas hasta su nariz. Carraspeo cuando se dio cuenta qué pasó demasiado tiempo mirando el rostro del recién llegado, dirigiendo su mirada al sátiro ahora.


— ¿Qué sucedió exactamente con su madre?


— Bueno. — Grover lucia confundido mientras se acomodaba en la cama y lo miraba. — Sally corrió hacia el minotauro, no pudo hacer mucho antes de qué la bestia la agarre, y mientras le pedía a Percy qué se vaya, tan solo desapareció.


— ¿Desapareció? — preguntó ahora curioso, mirándolo con atención. —


— Su cuerpo, es como qué se esfumó.


Grover supo qué algo estaba fuera de lugar cuando el semidiós se puso de pie de inmediato, luciendo incómodo, algo demasiado extraño en él. Con sus cejas fruncidas, lo siguió con la mirada.


— Iré a llamar a Quiron, ya vengo. — no dijo nada más antes de salir por la puerta. —


Apenas hizo dos pasos fuera de la enfermería, chocó con algo, al levantar su mirada y observar a la morena hija de Atenea, bufo fastidiado.


— Fíjate por donde caminas, idiota. — Annabeth lo empujó por sus hombros, dejándose ver luego de sacarse su gorra. —


— Tal vez sí te sacaras tu asquerosa y horrible gorra, qué no tiene respeto hacia la moda, lo haría, imbécil.


Empujando su hombro, Orión continuó su camino, sacándose sus lentes para poder acariciar su frente al sentir su cabeza doler. Sumado al esfuerzo inadecuado de sus poderes, ahora no podía dejar de pensar en lo qué Grover había dicho. Había algo qué tenía muy en claro, sin cadáver, no hay muerto. ¿Entonces qué había pasado con la madre del nuevo?


Suspiró resignado al saber qué posiblemente era otro de los dudosos trabajos de su padre.


Luego de caminar unos veinte minutos, Quiron y Orión entraban a la enfermería, notando como Annabeth y Grover dejaban su acalorada conversación de lado al verlos entrar. Orión se cruzó de brazos y se apoyó contra el marco de la puerta al ver la mirada desafiante de la morena.


— No debería estar aquí, señorita Chase. — regañó en tono ligero Quiron. —


— Él tampoco. — refutó de inmediato, señalando a Orión. —


— Su compañero Orión fue de gran ayuda para el recién llegado y Grover. — aclaró sin muchos ánimos el hombre mitad caballo. — Además se ofreció como cuidador y guía del señor Percy durante su primera semana.


— A cambio de postre extra y productos de belleza a mí elección. — le recordó el semidiós, haciendo qué Grover ría en voz baja mientras Quiron asentía a regañadietas. —


— Así qué ya pueden irse a descansar. ¿Pasaras la noche aquí, Grovef?


— Oh, no, las banditas son más qué suficientes. — el sátiro sonrió mientras empezaba a caminar a la salida junto Annabeth. —


Luego de despedirse de ambos hombres, Orión tomó una silla acolchonada y se sentó al lado del rubio de rizos. Estaba distraído viendo uno de sus tantos anillos hasta qué escuchó un quejido venir de la cama, al voltear, notó como el chico comenzaba a removerse. También notó un hilo de saliva salir por su boca, inevitablemente una mueca de asco se formó en su rostro.


Percy frunció sus cejas antes de parpadear cortamente, cuando sus ojos lograron adaptarse a la tenue luz de cualquier sea aquel lugar, una exclamación escapó de sus labios al ver al chico sentado frente él.


— ¿Apolo? — preguntó con voz ronca y rasposa. —


La mirada de Orión se tornó en una divertida, golpeteando sus dedos en el apoya brazos de la silla, inclinando ligeramente su rostro antes de hablar.


— En realidad soy Orión, pero gracias, me halagas. — al ver como el rubio intentó sentarse, lo retuvo por sus hombros y lo obligó a acostarse. — No, no, quieto.


— ¿Qué mierda pasó? — cerró sus ojos con fuerza, el pelinegro lo compadeció, seguro tenía un gran dolor de cabeza. — ¿Y mí madre?


Ante sus mismas palabras, Percy pareció caer en cuenta de algo, quitando sus manos de sus ojos y observando a su alrededor. Al no ver a su madre junto él, su barbilla comenzó a temblar junto a su labio inferior mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.


— Oh, no. — un sollozo salió de sus labios, mirando al chico de ojos verdes en busca de respuestas. — ¿Ella está...?


— No. — respondió firme, extendiendole un vaso de agua, el cuál Percy tomó de inmediato. —


— Pero- yo vi como ella. — su lengua se trataba entre sus propias palabras, haciendo qué Orión chasquee su lengua al no entenderlo. — Puf, entiendes?


— Confía en mi, tu madre no hizo puf. — puso la voz más amable qué pudo, obteniendo la mirada seria del otro. —


— ¿Confiar en ti? Ni te conozco. — su voz llorosa cambió a una más dura, Orión notó como el chico se puso a la defensiva. —


¿Por qué la gente siempre estaba a la defensiva con él? ¿Tal vez se sentían menos por su belleza y buscaban humillarlo para no sentirse inseguros? No lo sabía, diablos.


— Bien, entonces llora por tu madre muerta. — aunque se sintió bien al devolver su tono, algo dentro de él se removió incómodo al notar como había provocado de nuevo el llanto en el chico. — Mentira, no- no quise decir eso. Deja de llorar.


Luego de unos minutos, Percy dejó de llorar y parpadeo cansado. Aunque no quería dormirse y obtener respuestas de ese chico raro, no pudo luchar mucho contra su sueño cuando fue cubierto cuidadosamente por una suave sabana y luego unos cuantos rizos qué caían sobre su rostro eran corridos con delicadeza.


— Descansa, mañana te explico todo bien.













































ഒ  🪽   ۵     ໋   ˑ



Primer cap, qué les pareció? ¡No olviden votar y comentar! Espero les guste la idea y la historia tanto como a mí, nos leemos pronto.