Punto De Quiebre.

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Summary

Un apellido importante, tiene por añadidura; un destino amargo.

Status
Ongoing
Chapters
37
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

Prólogo; Dinastía Raxton.

Cuando tenía seis años, solía mirar al cielo y observaba las estrellas extenderse a lo largo y ancho del cielo, alzaba las manos con entusiasmo e imaginaba que algún día sería capaz de tocarlas…


Mi familia solía decir que nuestra fortuna nos llevaba hasta el cielo, y yo, como un tonto, o quizá, con la inocencia de un niño, lo creí.


Cuatro años después, descubrí que a lo que mi familia se refería no era más que una metáfora; una metáfora del poder y el dominio.


Llore, claro, mi sueño era tocar las estrellas, no convertirme en la sombra de mi hermano mayor.


Dinero. Poder. Riqueza.


Son tres simples palabras que definen a la perfección nuestra dinastía; la mas antigua de todas.


Nuestro lema; "La prueba suprema de la virtud, consiste en poseer un poder ilimitado sin abusar de él".


Mi familia conoce a la perfección la importancia de no dejarse engullir por el poder, es algo que se nos enseña desde niños, desde que tenemos el poder de la razón.


Y también se nos enseña que a cambio de ese poder, debemos sufrir…


Se nos muestra el infierno en vida y un mundo de desesperación, para que cuando tengamos poder en sus manos, se nos sea más fácil el razonamiento empático; "Pues aquel que no ha visto los horrores de una guerra, no será capaz de pensar en la paz".


Así que para tener poder, debía sufrir.


Sufrí como mi hermano, mi padre, mi abuelo y todos aquellos que cargaron con el apellido Raxton, sufrí miseria, sufrí dolor, sufrí horrores inimaginables con el único propósito de volverme digno y de llevar el legado de una dinastía milenaria destinada a gobernar la manada Nyx durante miles de años más.


Otros alfas de manada suelen preguntarnos; "¿Cómo es que su dinastía no se pierde?"


Y yo respondo; “Protocolos”. Pero nadie lo cree.


Creen en leyendas dicen que el primer Raxton comparte sangre con la diosa de la luna. También creen cuando otros dicen que ese mismo hombre fue elegido por la diosa para llevar la sangre de la luna y que por ello la dinastía Raxton ha sobrevivido tantos siglos.


¿Yo? Yo pienso que es una tontería; ninguna diosa nos eligió para llevar su sangre, tampoco es una bendición, de hecho, todo lo contrario. Es una maldición que corre por nuestras venas.


La desesperación, la impotencia; todo lo que conlleva la sangre de la luna es una tortura…


Más cuando se llega a la completa edad de maduración; el momento de nuestra transformación, cuando conocemos a nuestro lobo, aquel que prevaleció dormido por dieciocho años.


Para muchos es un encuentro emotivo, hermoso, como si la parte que necesitabas para completarse, ya estuviese allí; a tu lado, susurrando tranquilamente que estará allí para ayudarte.


Pero para otros, como nosotros, puede ser una tortura; nuestro linaje y poder, levan un alto precio, un terrible costo que nos hace desear jamás haber nacido.


Ese… Monstruo, ese animal, ese lobo es la encarnación del odio y la ira. Recuerdo que el día de mi transformación, me desmaye mientras mis huesos crujían y sufría de un dolor inimaginable.


En cuanto recobre conciencia, estaba dentro de una tina con agua y hielo, mi cuerpo hervía en fiebre, y la terrible e incesante voz en mi cabeza susurraba horrores difíciles de creer.


La ira que llevaba encerrada quería consumirme y volverme loco, yo no estaba preparado para algo así, ocho años de entrenamiento para ese momento no fueron suficientes, e incluso si tenía una eternidad para prepararme, no hubiese sido suficiente.


Quería arrancarme la cabeza, deseaba dejar de sufrir, era demasiado el peso de la carga emocional, me estaba volviendo loco…


Aun así, mi vida de entrenamiento no se detuvo, a los tres días volví a estar de pie y fui obligado a aguantar lo que llevaba dentro; en la cabeza.


Llevamos el peso de una responsabilidad tan grande que lo primero que se nos instruye desde niños, son los protocolos, tenemos que memorizar cada uno de los protocolos, cada uno de los doscientos diferentes protocolos de seguridad. Para que después deban memorizar las rutas comerciales secretas de los barcos que salen de la manada Nyx con fines de lucro.


Las embajadas, las plataformas petroleras, puertos industriales en todo el mundo,

e incluso las coordenadas exactas de cada una de las minas que posee la familia de los diferentes minerales más preciosa y valiosos.


Se nos permite vivir tranquilamente hasta los ocho años, después se nos obliga a aprender una serie de códigos y protocolos; somos bombardeados por tanta información que no hay nada más en lo que podamos pensar.


A los doce años iniciamos una vida deportiva; natación, levantamiento de pesas, ejercicios de resistencia, cardio, carreras de obstáculos, maratones, montañismo, tiro con arco e incluso métodos de supervivencia.


Luego, somos privados de una adolescencia feliz y obligados a iniciar un entrenamiento militar desde los dieciséis años, hasta los dieciocho o veinte, en caso de los alfas de manada; herederos directos y sucesores al poder; en donde cruzan todos los rangos militares implementados por la manada iniciando por simples cadetes en una especie de servicio militar privado con los instructores más crueles y despiadados.


Hombres locos que han vivido el infierno contratados especialmente para hacernos darnos cuenta de que la muerte para nosotros ya es más un premio, un regalo, un anheló…


Padre nos obligó a hacer múltiples cursos como si fuésemos a tener una vida llena de muerte y desastre; rescate, primeros auxilios, resguardo de áreas de desastre, rescate de rehenes, combate urbano, emboscadas y contraemboscadas, sabotaje de instalaciones enemigas, eliminación de objetivos, operaciones de alto impacto, combate cuerpo a cuerpo y resistencia a climas.


Meses enteros de cursos y dificultades. Incluso en navidad, no volvíamos a casa…


Me sentí abandonado.


Mi padre, en ese entonces el líder de la manada Nyx, decía que era por nuestro bien, que debíamos aprender a defendernos por nuestra cuenta, por qué no sabía si él podría estar con nosotros siempre.


Y yo no quería creerlo.


Siempre creí que exageraba todo, que era un maldito paranoico y que solo deseaba matarme mientras hacía esos cursos.


Que deseaba verme muerto, por qué creía que en algún momento desearía quitarle el puesto a mi hermano debido a la personalidad explosiva de mi lobo.


Pero después lo entendí, cuando tenía diecinueve años, justo en el momento en el que un camión se estrelló contra mi auto a una velocidad impresionante, solo con el único propósito de asesinarme a mí, a mi familia, fue que lo entendí.


Mientras mi auto daba vueltas en el aire y mi pecho parecía querer estallar debido al impacto, pude entender que lo que mi padre decía no era mentira.


Aun así, no tuve tiempo de procesarlo cuando ya estábamos enfrentándonos a más problemas, pues en el momento en el que, a pesar de las dificultades, comentábamos a prosperar; fuimos traicionados.


Aquellos que fueron nuestros aliados habían tratado de asesinarnos a sangre fría.


Madre supo muchas verdades; padre la amaba demasiado, que siempre la alejaba de todo lo que pudiese dañarla, vivió en ignorancia por qué todos a su alrededor siempre le mentimos.


Mi hermano perdió a su hijo y a su pareja en el conflicto y pronto, una guerra llegó a nuestras puertas.


Claro, nosotros no estábamos del todo preparados para una guerra.


El caos de la conspiración que iba dirigido hacia nuestra familia nos dejó indefensos, no salimos intactos; padre estaba herido, una bala había atravesado su estómago reventando algunos órganos, mi hermano también perdía sangre, su pierna estaba casi destrozada y me vi obligado a tomar mi rol de alfa regente y enfrentarme al enemigo que yacía en nuestra manada.


Pero, sinceramente, no estaba del todo preparado. El olor a sangre que corrió por mis manos aún lo tengo impregnado en la nariz. El color de la sangre, la peste y la muerte aún me arrebatan el sueño por las noches.


Y lo peor de todo, me di cuenta de dos cosas, uno; padre hizo lo correcto al criarnos tan duro, y dos; no sabía cómo nuestra familia se repondría de un golpe tan duro como este.


Y de hecho, no lo hizo y no lo haría.

Pronto me daría cuenta de ello.


Una familia que jamás se había visto golpeada por ningún tipo de dificultad comenzo a ir en picada.


En cuanto mi hermano tuvo conciencia; tomo un auto, abandono su puesto de alfa y desapareció en la oscuridad de la noche.


Luego; Veinticuatro días después, tras haber entrado casi a ocho cirugías, sin poder levantarse de una cama de hospital en todo ese tiempo; padre muriera.


Y madre… Madre también está muriendo y no sé qué hacer...


Aun así, eso solo fue la punta del iceberg.


Ahora, un linaje, una dinastía entera comienza a correr peligro luego de una guerra sin fundamentos. Y no tenía ni idea de lo que estaba a punto de sucederme.—Scott Raxton.