His Dirty Little Secret (ZoSan) - ONESHOT [TERMINADA]

Summary

Una carta anónima llega a manos de cierto espadachín de la banda de los Sombrero de Paja. Orden de lectura de la Saga oneshot Dirty Little Secret : 1-His Dirty Little Secret 2-Our Dirty Little Secret **Historia inspirada en el dibujo de Zyanns World en tumblr y twitter (X)** Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Eiichiro Oda.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1

CAPITULO 1


Isla Kuragaina

Residencia de Dracule Mihawk

Era un día “soleado” como cualquier otro en aquella isla tan siniestra que siempre se encuentra en tinieblas a cualquier hora del día, cuando Perona sin querer se topa con una gaviota repartidora de periódico en la entrada del castillo que no solo trae las noticias más recientes alrededor del mundo, sino que también un pequeño envió extra. La pelirosa le entrega unas monedas como pago por la entrega y frunce el ceño cuando mira el sobre de color rosa en sus manos. No tiene remitente y solo el destinatario, curiosamente la entrega no era ni para el Shichibukai ni para ella sino para un peliverde testarudo y borrachín que se encuentra entrenando bajo la tutoría de Dracule Mihawk, el mejor espadachín del mundo. La joven camina con periódico y sobre en mano, sentía tanta curiosidad por saber que había dentro, pero no… tenía que respetar la privacidad de las personas. Al llegar al lugar de entrenamiento del peliverde observa que el hombre esta acostado tomando un descanso mientras recupera la energía suficiente para seguir con sus prácticas.

—¡oye idiota! — lo llama la joven de coletas rosadas posicionándose a su lado para luego inclinarse hacia el frente y extenderle el sobre — esto es para ti.

El peliverde abre sus ojos y enarca una de sus cejas interrogativamente.

—¿y esto? — el moreno se sienta y cruza sus piernas. Toma el sobre y lo mira, solo esta su nombre nada más.

—no lo sé — responde la chica fantasma que se encoge de hombros. — una gaviota mensajera la trajo, pero ni idea de quien la envía. Y me debes dinero, agradece que no soy como esa amiga tuya pelinaranja y que te cobra intereses muy altos.

—no tengo dinero para pagarte ahora mismo, tsk — el moreno rompe el sobre y saca el contenido.

—¡Oh dios mío! — Perona se sonroja con el contenido de aquellas fotos. Ella jamás había visto algo así en su vida.

Roronoa queda boquiabierto con lo que ve. Sus manos tiemblan un poco mientras sigue pasando foto tras foto… al principio fue chocante para el peliverde, luego extraño ya que no conocía a la mujer de la foto. La verdad no sabía que decir... ¿Quién le envió aquellas fotos y con qué propósito? ¿Quién era esa persona?

Los ojos almendrados del espadachín se mueven de arriba abajo en una de las tantas fotos donde aquella mujer se encuentra en una pose muy sugerente y sensual; lleva un vestido rosado cortísimo que deja ver sus esbeltas, largas, torneadas y sensuales piernas. Incluso estaba enseñando un poco de escote y por la posición que tenía podía notar la dureza de aquellos pezones rosados que se asomaban y marcaban a través de su casi translucida ropa. Los labios de aquella fémina son un poco regordetes y de un hermoso color rojo debido al labial que está utilizando, sus ojos azules brillan llenos de deseo, su nariz recta, sus mejillas sonrosadas por la pena y vergüenza, su cabello largo y rubio cae en hermosas ondas hasta su estrecha cintura.

A Zoro, le parecía simplemente hermosa. Esa mujer le roba la respiración y le quita el aliento con solo verla.

«¡Tan malditamente follable!» piensa el moreno quien no puede dejar de pensar en cosas eróticas con solo verla.

Su polla se remueve en su pantalón, tenía tiempo sin tocarse y satisfacer su deseo carnal; como se le antojaba tenerla en cuatro con su culo regordete levantado en ofrecimiento para él; deseaba agarrarla del cabello y envolverlo en su puño mientras la bombea con fuerza, hacerla gemir de placer hasta dejarla llena de su esencia.

Se le hace agua la boca. Ella es deliciosa, le fascina esa hembra…

—¿la conoces? — la pelirosa pregunta por curiosidad al moreno. A Perona se le hacía raro que el moreno se hubiese quedado en silencio de un momento a otro con esa foto sensual en particular; estaba embobado con la rubia de la foto.

—no…

—te gusta, ¿verdad? — la mujer sonríe burlonamente — el ratón te ha comido la lengua horohorohoro~

—¡cierra la puta boca! — replica enojado y guardando las fotografías en el sobre y metiéndolas en su fajón verde que usa siempre en su cintura. —¡ahora largo, que me molestas!

—no te enojes — la joven le saca la lengua en forma de burla — iré a preparar el almuerzo y no te pierdas.

—¡Yo no me pierdo! — grita exaltado el peliverde, una vena se marca en su frente por la molestia— ¡Ya te digo que los árboles y el puto castillo de mierda se mueven!

—sí, claro — responde con burla mientras se aleja del espadachín recordando como el hombre se había perdido varias veces al tratar de regresar al castillo.

Roronoa espera varios minutos y ahora que se encuentra solo procede a sacar nuevamente las fotos de su lugar seguro. Observa con detalle, cada parte de la mujer, hasta que se percata de un pequeño detallito en su rostro… ¿Por qué no lo había anotado antes? ¿podría ser quien pensaba que era?

¡¿No podía ser posible o sí?!

¡Mierda! Lo mejor no era pensar en ello, por ahora disfrutaría de aquellas fotos en sus manos, les daría un buen uso cuando estuviese a solas en su habitación. Serian dos largos años hasta que se reuniese con sus nakamas.

Archipiélago Sabaody

2 años después.

Habían pasado dos años desde que había visto a sus nakamas. Y aquí estaba él, en el lugar donde perdieron todo y donde ahora sería un nuevo inicio para ellos para seguir su viaje para lograr sus sueños. Su entrenamiento en la Isla Kuragaina había sido un infierno, incluso perdió su ojo izquierdo en uno de los tantos combates que tuvo, pero aun así eso jamás lo detuvo; el ayudaría a Luffy a cumplir sus sueños y por supuesto también protegería a sus nakamas de cualquiera que tratase de lastimarlos.

El moreno peliverde camina sin rumbo perdido en sus pensamientos y sin tratar de llamar demasiado la atención. Mientras camina por el archipiélago que ahora es más peligroso debido a la cantidad de piratas y cazarrecompensas que llegan al lugar después de haber perdido la protección de la marina, Roronoa se detiene enfrente de un local y mira atentamente el letrero que dice: ‘’Farmacia Sabaody’’. Necesitaba reabastecerse de provisiones muy esenciales para cierto asunto privado, por suerte Perona se había compadecido de él y le había prestado dinero.

Menos mal…

Han pasado varios días y sus nakamas han ido llegando poco a poco al bar de Shakky. Zoro se siente demasiado aburrido; al peliverde le duele admitir que le hace falta el rubio para molestarlo y discutir con él sobre tonterías, aunque a Roronoa personalmente le molesta ver al cocinero de cuarta coquetear y comportarse como un don juan demasiado amable y seductor con alguna mujer.

''¡Tsk! ¡Maldito cejillas!'' replica un poco molesto mientras camina hacia un enorme barco que se encuentra anclado en un pequeño muelle.

Quería pescar, pero el simplemente ignora al viejo que trata de alertarle sobre aquel navío que es controlado por piratas. No le importa en absoluto ya que esos son unos debiluchos, cualquier cosa, si esos tipos se pasaban de listos les daría la paliza de su vida.

Sintiéndose cansado, Roronoa cierra su único ojo y toma una siesta. Él moreno no sabe cuánto tiempo paso, pero de pronto ve que el barco está en lo profundo del mar y es allí donde se percata que sin querer a iniciado su viaje al fondo del mar sin sus nakamas.

«¡Mierda!»

Sin pensarlo dos veces desenvaina a Wado Ichimoji y destruye el navío cortándolo a la mitad haciéndolo salir a la superficie. Guarda su espada y al dirigir su mirada a donde está el viejo, se topa con el rubio mirándolo un tanto molesto.

Los delgados y húmedos labios de Zoro se estiran en una sonrisa algo tonta al verlo. Sanji se veía un poco diferente, al igual que él, había madurado… pero él, lucia como la más deliciosa fruta prohibida que pudiese desear tocar. Salta del navío destruido y cae frente al ojiazul quien exhala un poco de humo de su cigarro.

—marimo, tonto.

—cejas de remolino — le responde.

—¿Cómo me llamaste maldito?

—¿quieres pelear, cejillas?

—¡no se hable más, marimo de mierda!

Le encanta molestarlo, hacerle perder los estribos y verlo rabiar molesto. Es divertido para él. También le gusta demasiado que el rubio tenga sus ojos puestos en su persona y que nunca lo pierda de vista. Comienzan sus típicas peleas, él desenfundando sus espadas y el cocinero levantando sus letales y esbeltas piernas para golpearlo. Sus peleas siempre son reñidas cada que se molestan y eso los ha llevado de vez en cuando a destruir partes del barco, pero casi siempre son detenidos por Nami. La bruja golpea bastante fuerte en opinión del espadachín.

Después de un pequeño enfrentamiento y discusiones tontas, Zoro acompaña al rubio a hacer las compras, necesitaban reabastecerse suficientemente bien para poder alimentar a su capitán que es demasiado glotón e incluso para ellos mismos en el viaje.

El moreno de vestimenta verde no puede dejar de ver al rubio. Sus rasgos masculinos y algo delicados, su nariz delgada y recta, sus ojos azules brillantes como el océano acompañado de hermosas y largas pestañas, sus ridículas cejas que tanto le encantan en secreto, su cuerpo delgado y tonificado con los músculos en cada lugar correcto, su abdomen plano, su cintura pequeña y sus estrechas caderas, sus nalgas firmes y algo prominentes, sus piernas largas… tenía un cuerpo demasiado cachondo oculto por esa maldita ropa tan formal que le encanta usar. Y si, el rubio se la había estado poniendo dura desde hace dos años desde que se unió a la tripulación.

—¿me estas escuchando, cabeza de alga?

—¡¿ah?!

—tenemos que ir por Luffy, la marina está aquí también…

—está bien

—¡deja de mirarme así bastardo! — dice el rubio enojado y un poco avergonzado para luego darle la espalda al espadachín que se levanta del lugar para ir con él.

Roronoa lo sigue en silencio y su mirada se desliza al movimiento suave de sus caderas y de sus nalgas al caminar; le encanta lo que ve y quiere follarselo sin piedad contra un maldito colchón o una pared, le daba igual el maldito lugar…

Después de haber encontrado a Luffy y derrotado algunos Pacifistas y ser ayudados en el camino por sus amigos, regresan sanos y salvos al Thousand Sunny. Una vez, ya todos reunidos, Franky les cuenta sobre las acciones de Kuma, seguido Nami procede a explicar cómo funciona el coating del barco y luego el Capitán Monkey D. Luffy da la orden de zarpar hacia la Isla Gyojin y seguir su camino hacia el Nuevo Mundo.

Isla Gyojin

Después de terminar la problemática batalla contra Hoddy Jones y sus secuaces, los gyojins hacen una enorme fiesta de celebración para la banda de los Sombrero de Paja por haber salvado su amado hogar de la inminente destrucción, en la festividad abunda la comida y el licor. La música y los colores brillantes llenan el lugar, incluso Brook está en el escenario cantando con una gyojin para seguir animando la fiesta con buena música. Zoro observa que cada uno de sus nakamas se divierte a su forma, pero siente curiosidad por un rubio que se encuentra alejándose de la celebración con mucha discreción, cuestión que llama demasiado la atención del moreno.

«¿Qué estará tramando?» piensa el peliverde mientras sigue al rubio discretamente por el palacio de la familia real con una botella de licor en mano.

Lo ve llegar al cuarto de huésped, mirar de un lado a otro para abrir la puerta y cerrarla. El de ojo almendrado lo observa y hace una mueca de disgusto al no poder ver en qué tipo de planes raros anda el cocinero. Mira de un lado a otro y no hay nadie cerca, por lo tanto, se acerca a la habitación y de un solo tirón abre la puerta, logrando asustar a Sanji que en ese momento deja caer unas prendas femeninas en la cama.

—¿qué haces, cejillas? — se burla el moreno mientras cierra la puerta a su espalda. Lo tenía justo donde lo deseaba. —¿y esa ropa?

—¿Qué haces aquí marimo? — suelta la bolsa que tiene en una de sus manos debido al nerviosismo y decide encarar al peliverde. El rubio sentía que el moreno no tenía ningún derecho a juzgarlo sobre sus peculiares gustos.

Roronoa le pone seguro a la puerta y camina directo a la cama, toma la bolsa con las compras y las voltea el contenido en la cama. Sus labios se estiran en una sonrisa malvada cuando ve las prendas de vestir y una botella oculta entre aquella ropa.

—¿te gusta vestir como una mujer? — revisa cada pieza de ropa incluso la ropa interior a la cual le presta mucha atención.

El rubio traga fuerte mientras observa al moreno revisando todo.

—¡vete de aquí! — le gruñe molesto el rubio. Sus manos se aprietan en puños, y él solo quería un poco de intimidad. —¡Lárgate!

—¿Por qué? —se cruza de brazos. —¡Ah! ¡Estas molesto porque descubrí tu pequeño secreto sucio!

El moreno se ríe a carcajadas y luego se sienta en la cama con su respectiva botella de licor en mano.

—¡Bastardo!

—quéjate todo lo que quieras, pero ya lo sospechaba — afirma el moreno mientras saca una fotografía de su haramaki y se lo entrega. El peliverde se toma todo el sake y deja la botella de vidrio en el suelo — te ves hermoso, ero-cook.

—¿Cómo conseguiste esto? — pregunta molesto el ojiazul mientras observa la foto en sus manos; se muerde el labio inferior y luego gruñe una maldición. Ciertamente no esperaba que una foto de él vestido de mujer lo metiera en problemas.

—me llego un correo con muchas otras de tus fotos — contesta el moreno con seriedad mientras mira al rubio para luego proseguir con su relato: — al inicio no lo creía, pero luego vi tu estúpida ceja de remolino y supe que eras tú.

«¡Maldito Ivankov! ¡Me las va a pagar!» piensa el blondo totalmente irritado cruzándose de brazos.

—quítate la ropa y déjame ver cómo te vistes de mujer — ordena el moreno observándolo fijamente. Sanji se sonroja ante aquella petición. —y devuélveme la maldita foto, es mía.

El rubio le arroja la foto molesto; no quería seguir viendo esa susodicha fotografía que le está causando problemas ahora mismo.

Si bien no quería obedecer a esa orden pelearse con él tampoco era opción, sus nakamas harían preguntas y la situación se haría más difícil de lo que ya es y muy probablemente tendría que dar explicaciones que no querría dar.

El cocinero se quita toda la ropa incluido las medias, ropa interior y los zapatos, se dispone a buscar la ropa interior femenina cuando es detenido por Zoro quien le pide que no la use y solo utilice las piezas de ropa que él le dará. El rubio obedece y se viste lentamente haciendo que el peliverde no pierda de vista cada uno de sus movimientos; Sanji lleva puesto una blusa rosada ajustada de manga larga con cuello en ‘’V’’ que deja parte de su pecho y su abdomen descubierto, combinado con unos shorts muy pequeños y ajustados de color blanco que le quedan a la cadera y se pegan a su culo de forma muy erótica aparte de exponer parte de este y mostrar totalmente sus piernas, se coloca las sandalias de plataforma a juego, el maquillaje en tonos pasteles y por supuesto la hermosa peluca de cabello rubio y ondulada que le llega hasta la cintura.

—¿satisfecho? — pregunta molesto el rubio con sus brazos cruzados. Ni siquiera es capaz de mirar al peliverde a los ojos debido a lo avergonzado que se siente al usar ropas femeninas.

—ven aquí rubia — el moreno le extiende la mano a Sanji quien lo mira atónito y parpadea vacías veces antes de poder aceptar la invitación sin poder negarse al deseo del moreno. — ¡Mírate! Te ves como una putita muy caliente con ganas de ser follada.

—así no se les habla a las damas, marimo mierdoso — hace una mueca de disgusto. Sanji simplemente pensaba que él se burlaría como siempre y hasta lo insultaría al verlo usar ropa de mujer. — no deberías de bromear conmigo.

—no estoy bromeando…— de un tirón Zoro coloca al rubio sobre su regazo. Su ojo recorre cada porción de esa pálida piel expuesta a su mirada. El peliverde no aguanta la tentación y simplemente coloca las manos en su estrecha cintura, sus dedos acarician su piel con suavidad haciendo círculos con sus pulgares y hace que rubio tiemble ante su toque. — y tú no eres una dama.

—¿Qué haces? — suena un poco asustado, aunque trata de ocultarlo.

—tocándote — responde burlón. —me gusta tu suave y hermosa piel.

—detente, marimo — la voz de Kuroashi sale en un suave tono de súplica. Por alguna razón más que molestarse le estaba excitando el hecho de sentirse vulnerable ante Roronoa.

Los dedos del moreno acarician su cintura y su espalda baja, en reacción a su toque, el ojiazul se mueve contra la entrepierna del moreno sintiendo la dureza de su miembro. Se muerde los labios para ahogar un gemido.

—¿Por qué me detendría? — pregunta con aquella voz ronca y seductora el peliverde. Sanji simplemente puede sentir como aquel falo se roza contra su creciente erección y sus nalgas; tan grande, duro y caliente… le gusta la sensación.

—porque somos nakamas… — responde con suavidad.

—¿y eso importa…? — pregunta Zoro mientras mueve sus caderas con más fuerza y presiona la dureza de su miembro contra el rubio para que sienta lo que le provoca. —me pones duro, rubia. — sus manos se detienen en sus nalgas.

—¡Ah~! — un suave gemido se escapa de los labios del blondo.

—ábrete la blusa, Candy-chan~ — le ordena seductoramente. — muéstrame esos bonitos y duros pezones.

A Sanji ese nombre le trae recuerdos, era el nombre con el que lo llamaba Ivankov cuando estaba en la isla Momoiro. ¿Cómo lo sabía Zoro? ¿acaso él se lo dijo?

Kuroashi obedece y lentamente se abre los botones de su blusa y la desliza desde sus hombros hasta sus codos dejando su pecho al descubierto. El rubio se ruboriza y se muerde los labios por los nervios, desvía la mirada de aquel ojo almendrado que parece ver más allá de su ser para preguntarle al moreno: —¿así te gusta, bastardo?

«¿Qué si le gusta? ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Era más que obvio! Le fascinaba ver esa faceta del rubio… tan coqueto, apuesto y varonil que se ve, pero le encanta vestirse como una sexy mujercita.» piensa el moreno sin dejar de ver al rubio. «Tan bonito, cachondo y sensual… y al fin en mis manos.»

El cuerpo de Sanji se estremece cuando siente la húmeda lengua del moreno recorre su tierno pezón no una sino varias veces, el peliverde saborea el rosado brote de carne en su boca. Una mordida y luego su piel es succionada con fuerza por el moreno quien logra sacarle algunos gemidos de placer; Sanji en cambio mueve sus caderas por cada deliciosa y excitante sensación, se mueve de un lado a otro e incluso de adelante hacia atrás buscando el mágico lugar que lo lleve a nuevas alturas de placer mientras el moreno sigue mamándole los sensibles pezones.

Zoro lame y succiona la tierna carne rosada de su pecho, los cuales se encuentran húmedos e hinchados de tantas atenciones. Chupa con fuerza una pequeña porción de piel del pecho del rubio y le deja una marca.

—¡No me marques, marimo! — la voz del rubio suena un poco irritada y trata de zafarse de su agarre, pero el moreno no lo deja.

—¡Eres mío! — le sonríe con un aire de malicia para luego lamer un lado de su cuello y morderlo hasta dejarle una marca.

Un azote con la suficiencia fuerza en las nalgas del rubio hace que gimotee no solo por la mordida sino por la fuerte nalgada igualmente.

—¡No lo soy! — le gruñe molesto. Trata de alejarse del espadachín, pero este lo retiene con fuerza contra su pecho. —¡Déjame en paz, maldito!

—si realmente quisieras eso, me hubieras dado una patada desde el inicio ero-cook… — responde con total confianza mientras lo mira. — y si desearas que me aleje de ti realmente… — dice Zoro en un bajo tono de voz para luego acercarse a su oído y continuar: — no estarías gimiendo como putita ni restregándote con mi verga, Candy-chan~.

Aquellas palabras toman desprevenido a Kuroashi. Zoro le causa tantas sensaciones contradictorias a veces… sus ojos azules se cierran cuando aquellos delgados labios se posan sobre los suyos tomándolo desprevenido; al principio tímido y luego hambrientos de deseo. Sus lenguas juegan y se enredan, las manos de Sanji recorren primero los amplios hombros del peliverde, seguido de la espalda ancha y musculosa del espadachín. Es tan grande, musculoso y caliente… tiene un cuerpo para pecar, pero por otro lado su cuerpo es más delgado y firme, con músculos no tan marcados, pero en cambio es muy flexible. El rubio puede sentir como la erección del moreno se frota contra sus nalgas, lo desea tanto en su interior… siempre lo ha hecho desde que le puso el ojo en el Baratie.

¡Mierda!, definitivamente se estaba retractando de asesinar a Ivankov por lo que hizo con sus fotos.

—Zoro~ espera~ …

El moreno no deja de besarlo ni de recorrer su pálida piel con sus manos y boca; no deja de saborear cada parte del rubio. Le succiona la lengua y luego chupa sus labios, la calentura lo tiene dominado.

—Mar…Marimo~ ahn~ — gime el rubio al sentir como las manos del peliverde tocan sus nalgas; Kuroashi ni se había percatado cuando le había abierto el short blanco.

—¿Qué? — responde un poco malhumorado sin dejar de lamer y besar la pálida piel del cocinero mientras lo sostiene de la cintura.

—nunca he hecho esto, Zoro — el rostro de Sanji se tiñe de rojo ante esa confesión y curiosamente ese fuerte rubor se extiende a su cuello y orejas también. Sin mencionar, que el moreno incluso había tomado su primer beso.

—siempre hay una primera vez para todo, ero-cook — besa sus mejillas con cariño — ni siquiera deberías de tener miedo…

—… — Kuroashi se queda sin palabras y apoya su frente contra el hombro del moreno.

—¿tienes miedo? — una de sus manos acaricia su espalda mientras lo calma. — seré gentil. Ahora levántate y déjame ver, ese delicioso caramelo que tienes entre las piernas. Confía en mi…

El rostro de Sanji se vuelve aún más rojo y obedece sin chistar. Logra colocarse de pie con Zoro sosteniéndolo con firmeza de la cintura; con un suave movimiento desliza el apretado y blanco short desde sus caderas pasando por sus muslos y pantorrillas hasta llegar a sus tobillos. Roronoa le hace el honor de quitárselo de los pies y arrojarlo a un lado en el suelo mientras el rubio se sostiene de los hombros del moreno para no caer.

Para el espadachín, tener al cocinero a su merced siempre había sido su deseo desde hace años. Simplemente Zoro, no puede dejar de mirar lo hermoso que se ve Kuroashi con ese cabello largo ondulado, el rubor pintado en su rostro, sus labios hinchados, sus brillantes ojos azules llenos de deseo, sus pezones duros y mojados, la estrecha cintura con ese abdomen plano y marcado, sus gruesos muslos, sus bonitas pantorrillas y pies, sin olvidar ese hermoso culo gordo y bien parado que lo llama a pecar de miles de formas… para él, Sanji era simplemente la criatura más hermosa sobre la faz de la tierra… no importaba si fuera hombre o mujer, ni mucho menos la ropa que usase. Al cocinero todo le quedaba malditamente bien.

—hm~ mira lo que tenemos aquí — proclama el moreno para luego pasar la lengua por la erección del rubio de una forma muy lenta mientras lo mira a sus hermosos ojos azules. — tienes una verga muy bonita, Candy-chan~

El peliverde le da un suave mordisco al glande haciendo gritar a Kuroashi por la sorpresa.

—¡Idiota! ¡Eres un bruto! — responde enfadado; sus dedos se clavan en la piel canela de los hombros del espadachín mientras el blondo se encuentra de pie en la cama.

El moreno se ríe y luego riega un montón de besos en el vientre y la polla de Sanji. Observa el miembro masculino del rubio atentamente y se pasa la lengua por los labios. A su mirada, el cocinero se recortaba el vello púbico, tenía muy poca pelusa rubia en su pubis y en los testículos igual. Su polla era igual de bonita que su dueño, de color crema y el glande ovalado de color rojizo brillante.

—separa las piernas, Candy-chan~ — exige el de ojo almendrado.

Sanji sin pensarlo demasiado, obedece. Se muerde los labios cuando siente las caricias del peliverde en sus muslos, cadera, abdomen, y en sus nalgas. Zoro sin pensarlo demasiado empieza a magrear el culo del rubio mientras le chupa ahora la verga hasta la garganta con mucho deseo. Su boca se desliza hasta la base en un movimiento algo lento primero y luego va aumentando, lo mismo ocurre con los movimientos de cadera del blondo quien no puede parar ante tal placer.

''¡Más! ¡Zoro~! Ahm~'' gimotea el rubio lleno de placer mientras sus dedos estiran sus pezones y folla la boca del peliverde con movimiento concisos de sus caderas.

Kuroashi jamás pensó que una mamada se sentiría demasiado bien… no podía detener sus caderas y de follar la boca del moreno. Iba a llegar al orgasmo rápido; Zoro le estaba chupando la verga de forma deliciosa y lo mismo hace con sus bolas aparte de apretarlas y jugar con ellas entre sus gruesos dedos. Le encantaba, se sentía tan bien que un grito de sorpresa se escapó de sus labios al sentir como uno de los dedos del moreno invadía su primeriza entrada anal.

—¡Ahn~ no! ¡Mi culo! — gemía con fuerza el cocinero — ¡Es mi culo, Zoro! ¡Por favor!

Los gimoteos del rubio son cada vez más altos ya que ahora su culo estaba siendo follado con fuerza y rapidez por dos de los dedos del moreno. Aquellos dígitos hacen estragos en el interior del ojiazul, de su boca salen quejidos llenos de deseo y un balbuceo incomprensible.

''¡Voy a correrme, marimo!'' exclama lleno de deseo al sentir como el moreno usando sus dedos toca su próstata con movimientos rápidos y profundos.

Sanji gruñe con fuerza y sus dedos se hunden en la piel de Zoro mientras su miembro palpita con fuerza haciendo que su esperma se derrame dentro de la boca del moreno quien sigue mamando su polla sin detenerse por unos segundos. Las piernas al rubio le tiemblan y el orgasmo hace que caiga de rodillas sobre el regazo del espadachín haciendo que este aleje un poco para sostenerlo entre sus brazos.

''¡Bésame! Saboréate en mis labios y disfruta'' le ordena el moreno. Kuroashi lo mira tímidamente, levanta su mano y acaricia la mejilla izquierda del hombre que lo sostiene, suavemente sigue su recorrido hasta la herida de su cicatriz en el ojo. La toca con delicadeza y se pregunta por enésima como lo había perdido.

Sin pensarlo mucho, toma el rostro del moreno entre sus cálidas manos y lo atrae contra sí mismo. Sanji roza sus labios con los de Zoro para luego besarlo profundamente. Sus bocas se devoran la una a la otra buscando dominar al otro, sus lenguas danzan juntas por el dominio del beso saboreándose de aquella forma tan pecaminosa, sin previo aviso una mano morena toma el miembro del rubio y comienza a masturbarlo mientras no dejan de besarse.

—¡Agh! — gime al sentir la sensación de aquella mano dándole placer — ¡eso es trampa, maldito!

—da igual, quiero ver cómo disfrutas lo que hago para ti.

Le sonríe con burla mientras lo masturba a un ritmo rápido. El moreno lo besa y chupa sus labios seguido de su lengua; lo estaba devorando completamente. Tenerlo a su merced y en sus brazos era lo mejor que le había podido pasar.

—es momento de prepararte — el peliverde se aleja del rubio y comienza a desvestirse lentamente frente a su ‘’amante’’.

Sanji se muerde los labios mientras observa como el espadachín se va quitando la ropa poco a poco. La boca se le hace agua por la forma tan sensual en que se va despojando de cada prenda de vestir; esa piel morena como el azúcar, esos músculos duros, los pectorales grandes, su abdomen esculpido, su cadera estrecha, sus muslos gruesos y su inhiesta verga con grandes testículos pesados, su miembro es lo suficientemente grande como para romperle su virginal culo.

Sin previo aviso Roronoa toma los tobillos del cautivado rubio entre sus manos y tira de ellos con la suficiente fuerza para hacer caer acostado al rubio, abrirle las piernas y llevarlas al pecho de Kuroashi, en aquella posición dejando su ano expuesto; el rubio se sentía vulnerable y a la vez muy excitado ante aquella posición tan malditamente indecente y caliente.

El cuerpo del joven okama tiembla ante la sensación de algo suave y mojado deslizándose entre sus nalgas, se sentía raro y a la vez muy cachondo. Su polla casi erecta tiembla de deseo, incluso sus bolas se habían hinchado debido a la excitación; seguido, algo áspero y húmedo hace un largo recorrido entre sus nalgas. Aquella punta húmeda se desliza y juega especialmente en su entrada anal tentándola a abrirse a sus caricias y jugueteos, de esta forma humedece y prepara el camino para la penetración. El rubio se muerde los labios con dureza tratando de ahogar sus gemidos de placer.

—¡Más~! ¡Sigue así marimo~!

—te encanta que te coma el culo, ¿verdad rubia?

—me gusta mucho— responde el rubio mientras arquea su cuerpo en éxtasis.

Los dedos del peliverde afirman su agarre en las piernas de Kuroashi y con la punta de su lengua penetra al rubio, dejando lleno de saliva su interior; con movimientos concisos y algo ondulantes de aquel musculo, se abre paso dentro del rubio. El espadachín mueve la lengua de un lado a otro y de adelante hacia atrás; a él simplemente le encanta sentir como el ojiazul se retuerce en la cama mientras se masturba ahora debido al placer y la lujuria que recorre su cuerpo.

Una vez húmeda su entrada anal, el peliverde baja sus piernas y las libera de su agarre. El moreno con su fuerza y algo de brusquedad gira al blondo sobre su estómago; Kuroashi gruñe ante aquel inesperado movimiento y trata de levantarse al sentirse en una posición desventajosa, pero no puede. Zoro se ha sentado en sus muslos impidiéndole moverse.

Con su mano grande aparta el largo cabello de hebras doradas hacia un lado dejando expuesto su hombro, cuello y oreja. El moreno pasa la lengua desde su hombro hasta la tierna y suave mejilla sonrosada; el cuerpo del joven cocinero se estremece ante tal acto demasiado bochornoso.

—si pudieras ver lo bonito que te ves, totalmente a mi merced — le susurra al oído en un tono sensual que Sanji jamás había escuchado. El moreno besa la mejilla, cuello y hombro del rubio.

—no digas tonterías, cabeza de césped.

—¿tonterías? — pregunta burlón y le muerde el hombro con fuerza suficiente. El peliverde se posiciona mejor ahora contra las prominentes nalgas del rubio quien se retuerce un poco bajo el peliverde. —yo no digo tonterías, Candy-chan~

El moreno acaricia la espalda y cintura estrecha del blondo. Su piel es suave y tersa, tan blanca como la leche y lista para marcarlo de muchas formas lujuriosas que se le puedan ocurrir. Sus dedos largos y gruesos bajan lentamente hasta aquel culo que siempre le ha provocado por mucho tiempo, y el muy cabrón en estos dos años había conseguido más carne en ese lugar. Sus manos se posan sobre las blancas y tersas nalgas para separar las mejillas de aquel culo regordete, dejando a la vista su palpitante y hambriento agujero.

Tan rosado, apretado y completamente virgen, una delicia para sus sentidos más primitivos.

Toma la botella de lubricante que el blondo tenía oculta entre la ropa de mujer y derrama algo del líquido sobre el rosado agujero, seguido con sus dedos lo riega en todo su ano al cual luego penetra con dos de sus gruesos dígitos para prepararlo con algo delicadeza con movimientos simples de meter y sacar para acostumbrarlo a su tamaño. Roronoa posiciona su grueso miembro entre las nalgas del rubio e inicia un movimiento de adelante hacia atrás con sus caderas; el rubio gruñe en consecuencia, sus dedos aprietan con fuerza la sabana.

—¡Ahn~ no! — gime lleno de excitación. Aquella verga era gruesa, demasiado para su agujero primerizo. —¡detente!

El rubio sin querer se mueve un poco más hacia adelante lo que causa que su culo se levante un poco y le provoque suspiros al sentir como aquella polla se desliza entre sus nalgas y la punta del glande acaricie su tembloroso y sensible agujero.

—tan virgen y ofreciéndome el culo — lo toma de su largo cabello, le hace girar el rostro para besarlo brutal y apasionadamente, devorando su boca en un beso demasiado carnal; el rubio se sorprende ante tal acto, pero es incapaz de negar su deseo lujurioso por el moreno.

Sus lenguas danzan juntas mientras su beso apasionado los consume en el lujurioso deseo. Las manos del moreno toman las del rubio mientras el espadachín se restriega de forma constante entre aquel culo virgen que tanto desea follar y rellenar.

—¡Oh mierda! — gruñe el peliverde al sentir la estrechez del rubio. La punta de su verga se había deslizado dentro del blondo sin querer. Su interior es caliente y deliciosamente apretado, le gusta la sensación, lo aprieta como un guante.

En cambio, el rostro del cocinero es uno de asombro al sentir la dulce invasión en su primerizo agujero; tan grueso y duro en su interior. Su entrada arde un poco pero no le molesta, en más, le excita la sensación de ser sodomizado por aquel hombre.

—voy a reventar la ‘’cereza’’ de tu culo — le susurra al oído con lujuria, el moreno. El rubio gime al sentir como poco a poco aquella gruesa verga se va abriendo paso en su interior.

El espadachín se hunde cada vez más y más dentro del cocinero y a la vez rota un poco sus caderas para ir adentrándose en el apretado agujero.

—¡Agh! ¡Eres muy grande bastardo!

—y tu muy estrecho — le responde. — así me gusta, que aprietes bien mi verga.

El moreno besa el hombro y cuello del rubio con dulzura para luego empezar a moverse. Suave y con ritmo, inicia las profundas embestidas, se sentía bendecido de por fin devorar al hombre que provocaba aquel deseo carnal tan intenso. Debido a sus fantasías, el moreno había estado rogando por una oportunidad de follarse al rubio y aquí lo tenía, debajo de su cuerpo gimiendo como un buen putito caliente hambriento de verga.

¿Quién lo diría? El cuerpo del blondo es suyo, completamente suyo al fin. Su hermosa piel, su culo deliciosamente estrecho, sus besos, sus caricias, todo él le pertenecía. Podría ser su maldito dueño y por alguna razón esa idea no le molestaba en absoluto…

Zoro lo embiste con más fuerza. Su polla de desliza velozmente en el culo apretado del rubio que está bajo él. Le encanta escucharlo gemir de placer y por piedad; el éxtasis de la follada que le está dando es delicioso. Con las fuerzas de sus piernas, el cocinero se reincorpora quedando sobre manos y rodillas, provocando que el moreno lo agarre con fuerza de su cadera y comience a follarlo con mucha más fuerza.

—¡Ah no! ¡Más despacio! — gime el rubio mientras trata de sostenerse en aquella posición.

—estas levantando tu culo, Candy-chan~ — gruñe el moreno en éxtasis. — quieres que te de más verga, lo sabes, pero no lo admites.

«¡No es cierto! ¡No es cierto!» piensa repetidamente el cocinero con la mente casi nublada en placer. De sus labios entreabiertos se desliza algo de saliva mientras gime de placer por las duras y apasionantes embestidas que estaba recibiendo por parte de aquel espadachín tan caliente.

Las manos morenas azotan el culo de Kuroashi varias veces con la suficiente fuerza dejándolo rojo y con marcas. Sanji solo puede gritar mientras recibe gustoso los azotes en las nalgas mientras el peliverde lo está follando con rudeza.

Su culo se aprieta alrededor de aquella gruesa verga, lo estaba empezando a disfrutar mucho más que antes.

—¡Más duro, por favor!

—como desees, ero-cook — el moreno sonríe mientras mueve con más velocidad las caderas.

Su polla se desliza con un poco más de facilidad en el interior del rubio. El blondo estira su mano hacia atrás tratando de tocar al moreno pero es interceptado por este quien sostiene su mano y luego toma la otra, estirando así hacia atrás sus brazos, de esta forma la penetración es más profunda y aquella gruesa verga toca la próstata del rubio provocando sensaciones tan deliciosas que lo hacen salivar aún más y gruñir de placer.

Roronoa disminuye la velocidad de sus embestidas y coloca las manos del rubio detrás de su cuello, con sus manos libre toma la polla del rubio en sus manos para masturbarlo mientras que con la otra juega con sus rosados pezones, una vez así retoma el movimiento de sus caderas con fuerza.

—¡Ahm~! ¡Zoro!

—¿te gusta? — le pregunta al oído mientras sigue embistiendo con fuerza, sus jadeos excitan al rubio mientras siguen perdidos en la lujuria de sus cuerpos. — eres tan apretado y caliente.

—dame más~ — las manos del rubio acarician la nuca del moreno mientras siente como aquel miembro de buen grosor se abre paso en su apretado y primerizo canal.

Kuroashi admitía en su interior que había fantaseado con el espadachín muchas veces. Se imaginaba a si mismo siendo tomado de muchas formas lujuriosas, pero jamás había pensado que su erótico deseo se hiciese realidad; le encantaba ese hombre, aunque no lo admitiría todavía en voz alta. Nunca olvidaría como lo había mirado tan fijamente en el Archipiélago Sabaody, como si quisiera devorarlo; para Sanji, tener una noche de placer al menos con el peliverde era suficiente.

—eres tan apretado mi dulce putito, que voy a rellenar tu culo con mi semen — muerde el lóbulo de la oreja del blondo mientras lo masturba con más intensidad.

El sonido húmedo y de chapoteo se hace más fuerte en la habitación. La mano del moreno aprieta la polla del rubio cada vez que lo masturba al ritmo de sus estocadas fuertes y constantes y con su otra mano le acaricia los huevos. Los masajea, los aprieta; sin embargo, el joven cocinero no para de gemir. Su cuerpo se tensa y se sostiene fuerte del hombre que lo folla sin piedad, su polla palpita y se derrama en su mano.

Le encanta, le fascina la sensación del orgasmo. Su culo en cambio sigue succionando al moreno, esta hambriento por su semilla, desea ser llenado y Sanji lo sabe; Zoro está dispuesto llenarlo con su esperma, marcarlo con su esencia. Se muerde los labios mientras siente como el calor de la cremosa semilla invade su culo, el moreno lo había rellenado tan delicioso.

El espadachín lo suelta y Kuroashi se acuesta en el colchón ahora de espalda mientras observa al peliverde. Se pasa la lengua por los labios, seguido se reincorpora para quitarse las sandalias y vuelve a tumbarse en la cama, una vez allí acaricia su abdomen y sus pezones. Un gruñido bajo se escapa de sus labios mientras observa a Roronoa con aquel cuerpo de Adonis; grande, musculoso, tan malditamente bien construido… levanta su pie y acaricia con sus dedos, aquella verga ahora un poco flácida y todavía goteante de semen. La masajea con suavidad, y el rubio sonríe para sus adentros al verlo reaccionar ante su toque. Lo hacía sentirse poderoso y sexy de cierta forma. El moreno le sonríe con picardía, su almendrado ojo brilla con pasión contenida y lame la palma de su mano mientras no deja de mirar al cocinero quien abre la boca en sorpresa al ver semejante acción.

—te gusta provocarme, ¿verdad? — aquel tono de voz suena demasiado sospechoso. Lo ve lamer su mano por segunda vez con el semen de su corrida. — sabes delicioso…

—¿tú crees? — le responde con burla.

—estas buscando que te folle contra el colchón y te haga chillar como el putito cachondo que eres. — el peliverde agarra el pie del rubio quien acariciaba su miembro hace unos momentos.

—deja de decir tonterías marimo — se ríe. Los largos mechones rubios adornan su rostro de una forma exquisita y cubren parte de su pecho, sumado a la blusa abierta que lleva puesta el rubio es una escena muy sensual desde la perspectiva del moreno. — no creo que puedas tener otra ronda, con esto de aquí así.

Con su otro pie acaricia el miembro semi flácido del moreno quien agarra su tobillo.

—¿eso piensas, Candy-chan~? — le pegunta con sorna y burla el moreno.

El peliverde suelta los tobillos del rubio, se pone de rodillas en el colchón y se cierne sobre su ‘’presa’’. Toma sus piernas y las coloca sobre sus anchos hombros.

—¿qué haces?

El moreno le sonríe y se coloca en posición, besa las pantorrillas y muslos internos del rubio; Kuroashi se toca los pezones y juega con ellos mientras mira cada movimiento que hace el moreno. Esta excitado por lo que ocurre.

—voy a follarte rubia — sus labios se estiran en una sonrisa, separa las piernas del rubio y deja expuesto su ano, hinchado y goteante de semen. —mira que hambriento se ve el agujero de tu culo. Se nota que le encanta mi verga — el moreno mete su polla en el interior y gruñe satisfecho.

—¡Ahm~!

Poco a poco el moreno comienza a mover sus caderas; los labios del peliverde besan y mordisquean los muslos del rubio mientras observa como este juega con sus duros pezones provocando que el miembro del moreno se ponga cada vez más duro mientras lo folla con suavidad. Los sonidos sensuales provenientes de Kuroashi lo motivan a aumentar los profundos y lentos embistes.

—¡Así! ¡Dame más fuerte! — ordena el ojiazul al peliverde mientras se aprieta los pezones y juega con ellos. Sus ojos azules observan al hombre que lo folla ahora con rudeza. —te concederé el deseo de romperme el culo las veces que quieras, tanto como querías…

El cocinero le sonríe mientras se acaricia la polla, las bolas y los pezones.

—no sabes lo que dices, rubia —lame el interior de los muslos y embiste con mayor fuerza a Kuroashi. Su polla golpea la próstata del okama bajo él haciéndole gruñir de placer mientras se masturba. —estas jugando con fuego, mi dulce putito.

—¿tu crees? — le pregunta el cocinero mientras sus ojos brillan de forma abrasadora retándolo en ese momento. —¿y si me quiero quemar?

El rubio cruza sus tobillos detrás del cuello del espadachín prensándolo para que no escape y con la fuerza suficiente de sus fornidas piernas tira del moreno hacia él. Toma su rostro entre sus manos y acerándose a su oído lentamente simplemente le dice: — hazme arder con tu lujuria, ma-ri-mo~

Sin saber lo que aquellas palabras provocarían en Zoro, Kuroashi se sostiene con fuerza del moreno quien se coloca de pie sin perder la posición del rubio entre sus brazos. Roronoa lo tiene agarrado de la cintura y empieza a embestir con más fuerza hasta llegar aún más lejos; los ojos de Sanji se ponen en blanco mientras siente como aquel miembro se hunde en su interior más de lo que pensaba. Estaba siendo follado de pie y sin piedad alguna; de sus labios escapaban gruñidos y gemidos, sentía como esa verga venosa se deslizaba en su interior haciendo estragos tocando su punto dulce, los gordos testículos del espadachín golpean su culo con cada penetración profunda. ¡Era delicioso todo! El moreno literalmente lo tenia rebotando sobre su polla como si de un muñeco sexual se tratase y a Sanji no le molestaba en absoluto ser algo así para el peliverde.

Le estaba empezando a encantar el sexo sucio y vigoroso. El moreno es apasionado, le encanta como lo folla, lo rellena. Le encanta ser suyo.

—¡Ahm~ si! — grita en éxtasis. Aquella verga sigue embistiendo, causando que el rubio grite vigorosamente. — ¡Oh mierda! ¡si!

—¿te encanta así de rudo, verdad ero-cook? — gruñe mientras folla al rubio con rudeza, sus caderas no paran de moverse de adelante hacia atrás; Roronoa tiene una resistencia muy buena gracias a sus entrenamientos tan brutales. — tu culo es mío, todo tu es mío.

—¡Si lo soy!

Grita de placer.

El moreno lo acuesta en la cama y sigue follandolo duro contra el colchón; la cama empieza a moverse y a rechinar debido al acto carnal. El sonido de carne contra carne y de chapoteo llenan la habitación debido al frenesí sexual de los amantes. Las bocas de ambos se buscan para besarse y saborearse de formas muy erótica y pasional, los cuerpos sudorosos se frotan entre sí, los besos de lengua, las respiraciones agitadas, los gemidos apasionados, los suspiros, parecían bestias apareándose en aquel momento.

Las manos del rubio recorren la espalda del moreno y sus uñas clavan en su piel mientras sigue recibiendo las embestidas apasionadas del peliverde sobre él. Se siente pequeño y dominado por el espadachín que en ningún momento disminuye el ritmo de sus caderas; sus lenguas juegan entre ellas mientras devoran sus labios de forma muy lasciva. Sanji muerde el hombro de Roronoa en un acto reflejo, para el rubio no era justo ser el único marcado. Entre gruñidos y uno que otro insulto, el rubio se aferra con fuerza a la espalda rasguñada del espadachín mientras el orgasmo recorre su cuerpo en un fuerte impulso eléctrico de satisfacción; el moreno le sigue varios minutos después con un fuerte orgasmo, baja las piernas de sus hombros y cae sobre Kuroashi totalmente agitado.

Para Roronoa era la primera vez que había tenido orgasmos tan fuertes. El sexo ha sido maravilloso en todos los sentidos y le fascina que el blondo sea flexible y muy resistente. El moreno cierra su ojo mientras siente las tiernas caricias en su espalda.

—si sigues haciendo eso, terminare por dormirme sobre ti — su voz es ronca y suena muy satisfecho sexualmente.

—serás tonto, marimo — le gruñe el rubio en respuesta para luego darle una nalgada con la suficiente fuerza para que una marca aparezca en la piel canela del espadachín.

—iré al baño por unas toallas.

El moreno se reincorpora, se levanta y camina hacia al baño donde busca una toalla limpia de color azul la cual humedece lo suficiente para limpiar el cuerpo del rubio. Una vez terminado de mojar la tela, Zoro la toma y camina hacia la cama donde yace el rubio; se sienta a su lado y pasa la tela por su abdomen. Tal acción hace que Kuroashi, quien se encuentra adormilado y algo cansado lo mire con curiosidad.

—gracias — responde el joven rubio mientras se acomoda lo suficientemente bien en la cama listo para descansar. Se sentía totalmente cansado y muy probable al siguiente día estaría con dolor en las caderas y parte baja de la espalda.

El moreno asiente en respuesta y observa cada dulce detalle del rubio, en un acto reflejo acaricia su mejilla con el dorso de su mano y luego le da un beso de buenas noches en la frente con ternura. El ojiazul suspira y sus ojos entrecerrados se van cerrando poco a poco hasta quedar totalmente dormido.

Zoro lo observa dormir y graba cuidadosamente cada delicioso detalle de aquel rubio tan exuberante; para él, una simple noche no era suficiente.

Él quería más…más de sus caricias, de sus besos, de su sonrisa, de su calidez.

Él lo quiere todo de él…

''¡Eres mío, Sanji!'' susurra para sí mismo en aquella habitación silenciosa para luego cubrir al rubio con las sábanas. Seguido tira la toalla húmeda y sucia al suelo, se mete a la cama y se cubre con la sabana. El moreno pega el cuerpo del rubio contra él suyo más grande para así darle algo de calor. Besa el hombro y mejilla del blondo, y abraza a Kuroashi con su fornido brazo dejando la palma de su mano abierta sobre el vientre del ojiazul quien suspira ante su tacto.

Para Zoro, su deseo era más que un simple capricho movido por la lujuria.

Ɀ♥FIN♥Ȿ