Casado con el enemigo [BakuTodo]

Summary

¿Qué pasa si te enamoras de la persona que juraste destruir? Advertencia: contenido sexual explícito.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Shoto clavó sus uñas en la barandilla del barco, luchando por no arrojar el contenido de su estómago en el mar.

Estoy cerca~ pensó. Llegarían al atardecer, lo cual era un alivio en cierta parte. Parecía que el cielo iba a romperse y el mar se movía con tanta violencia que parecía un caballo salvaje; definitivamente viajar en barco en medio de una tormenta no le hacía nada bien a su estómago.


Su padre se unió con él en la barandilla.


"Irás a unas de sus islas dependientes," dijo mientras hacía un gesto señalando a lo lejos, y apenas visible un tramo de tierra. "En ese lugar, Bakugou mantiene una guarnición de soldados todo el tiempo, tiene máquinas de guerra capacitadas para el océano, hunden a cualquiera que trate de tomar su isla."


Era una tierra maldita gobernada por demonios.


Y parecía que mientras más se acercaban, la tormenta tomaba más fuerza. La ropa que hace apenas unas horas se cambió, ahora estaba empapada; no había nada de las lujosas prendas que fueron seleccionadas por su modista para estar presentable el dia de su boda.


"¿Has conocido al nuevo rey?." Preguntó Shōto.


Endeavor lo miró con dureza, a su alrededor un aire espeso se instaló cubriéndolo, Shoto hubiera preferido no preguntar.


"Nadie en treinta años ha visto un habitante de Ciudad Kaiyō," su padre se aclaró la garganta mientras dudaba. "Sabes las habladurías de la gente, dicen que son criaturas, demonios... se rumorea que el rey es incluso más despiadado de lo que fue su padre antes de él. Siento que te tratará con crueldad, Shoto."


La máscara sin emociones de su rostro casi se rompe a una expresión de miedo y miró la isla donde cada vez se acercaban más. En años de guerra ningún ejército, rey, asesino o espía había logrado penetrar las defensas de Kaiyō: el reino de las bestias.


Un reino en medio del océano.


Un país maldito por los dioses; muchos dicen que son mitad animales y mitad hombres, que se alimentan de sangre y desayunan bebés ~claro, lo último era una exageración~


Una tierra de demonios.


Y Shoto iba camino a casarse con el rey de esas tierras.


"Eres la esperanza de nuestra gente, hijo." Sus rodillas temblaron, y temía vomitar ahí mismo. "Tu matrimonio por fin nos dará paz y seguridad. Nos liberará."


Los ojos fríos y azules de su padre estaban lejos de consolarlo. Esta era la vida que le tocó, sabía desde muy pequeño cual era su papel a cumplir, era el hijo menor, un doncel, al principio una desgracia para la familia pero luego un as bajo la manga de Enji Todoroki. Un doncel. Un hombre capaz de procrear: una reliquia que todos querían poseer.


Shoto sabía que sería entregado a un hombre en cualquier momento, algún monarca que su padre considerase digno, jamás imaginó que lo entregaría al rey Katsuki y lo lanzara junto a las bestias.


Minutos después el barco arribó en una pequeña isla desierta, mareado y desesperadamente asustado dió su primer paso bajando del barco, el frío colaba por sus finas ropas mojadas. Parecía de noche; ningún rayo de sol a la vista ~bonito escenario para una boda~ pensó.


"Esta no es más que una tierra sin dueño," aclaró su padre refiriéndose a la isla donde habían zarpado, su real destino aún se podía ver en la lejanía, "hasta aquí podemos llegar y aquí se celebrará la boda."


Un ruido a su izquierda llamó su atención, una persona salió de la esqueletica y oscura vegetación, las ramas desnudas de los árboles parecían colgar sobre él como colmillos, shoto tragó grueso. Luego aparecieron dos personas más, cada vez acercándose, vestían pantalones, botas pesadas y túnicas oscuras, eran altos y anchos de hombros, soldados. Pero Shoto olvidó todo detalle cuando su mirada se posó en sus cabezas, ocultaban sus rostros con cascos de metal decorados de formas grotescas. Parecía un hocico parecido al de un león, abierto para revelar unos caninos relucientes, además de cuernos como los de un toro, brotando por los lados.


No eran hombres, eran demonios.


Cuando solo unos pasos se interpusieron entre ellos, su padre colocó una mano en su espalda baja antes de volverse al rey de Kaiyō.


"Como acordamos, estoy aquí para ofrecer a mi hijo más preciado: Shoto, como símbolo del compromiso de mi reino con usted y su alianza. Que siempre haya paz entre nuestros reinos."


El rey de Kaiyō ~que estaba en medio de los otros dos hombres destacando por su gruesa capa roja~ asintió una vez y Enji le dio un leve empuje a Shoto para que avanzara, mientras lo hizo un relámpago atravesó el cielo y cuando el hombre le ofreció su mano, Shoto quiso dar media vuelta y correr. Sin embargo la tomó. Sintiendo la piel contraria sumamente cálida, largos dedos se cerraron alrededor de los suyos, el acto le ofrecía un extraño consuelo, Shoto esperaba una mano rugosa y con garras.


Un pequeño y canoso sacerdote se acercó ~que había sido traído por su padre~ y empezó a recitar los votos matrimoniales correspondientes de su nación, el hombre casi gritaba para que los presentes escucharán pese a la tormenta. Repetía una y otra vez los votos de obediencia que Shoto debía cumplir: serle fiel hasta la muerte, prometer crear cien hijos para él. Shoto podría haber jurado que escuchó un suave bufido de diversión de parte del rey.


Pero cuando el sacerdote estaba a punto de proclamarlos esposos Bakugo interrumpió, hablando por primera vez


"Que termine rápido esta mierda, ¡Ven aquí maldito Deku!"


Uno de sus hombres que lo acompañaban se colocó delante de ellos despidiendo al sacerdote. Después gritó: "¡Usted, Bakugou Katsuki, rey de Kaiyō, ¿jura luchar al lado de este hombre, defenderlo hasta su último aliento, cuidar de su cuerpo y el de nadie más, y serle leal mientras ambos vivan?!"


"Lo juro" respondió el rey con voz fuerte.


El hombre se giró hacia Shoto "Usted, príncipe Todoroki Shoto, ¿jura luchar al lado de este hombre, defenderlo hasta su último aliento, cuidar de su cuerpo y el de ningún otro, y serle leal?"


Shoto parpadeó, y porque no tenia nada mas que decir, susurró: "Lo juro."


Asintiendo, el soldado tomó las manos de Shōto y las juntó con las del rey les hizo un sangrante corte a ambos en sus palmas, para después unirlas y levantarlas de un tirón.


"He aquí, los reyes de Kaiyō."


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Continuará…