Verde, rojo y azul [Thorki]

Summary

Thor y Loki llevan casados más de quince años; pero las parejas no pueden cargar con resentimientos y palabras atoradas en el pecho por tanto tiempo, las heridas nunca sanan si no son tratadas y desinfectadas primero. Por lo que, un día, el nudo que los mantenía unidos se deshizo. /AU Thorki/Sin poderes/Omegaverse/

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
13+

Azul, Un Color Triste.

Loki.

Así se llama, mi amado omega y el amor de mi vida.

Loki nunca fue de las personas a las que les gusta demostrar afecto, siempre fue algo indiferente y hasta un poco frívolo en sus acciones, raras veces me decía que me amaba, pero siempre venía a mi buscando mimos y cariño sin necesidad de decir una sola palabra.

Siempre le decía que era como un gato, esas pequeñas bolas de pelo adorables que te pueden dominar con tan solo una mirada, que no necesitan más que su encanto natural para tenerte a sus pies y que amas con locura a pesar de saber que ese amor podría no ser recíproco, pero aun así te quedas a su lado, te quedas porque sabes que te necesitan, que a pesar de su supuesta indiferencia también te guardan afecto o hasta un poquito de amor. Loki se reía, “Eres un idiota, yo no te necesito, si permanezco a tu lado es por decisión propia.” me decía, sin despegar la mirada de su lectura nocturna, yo lo abrazaba sin importarme los insultos que me soltaba al hacer que se perdiera la página de su libro, porque sabía que a él le gustaba, porque en todos los años que pase a su lado aprendí a identificar sus pequeñas sonrisas sutiles que no podía reprimir cuando yo hacía algo estúpido. Ahora que lo pienso, puede que Loki jamás se haya enojado de verdad conmigo.

A Loki le gustaba levantarse temprano y preparar el desayuno; una taza de té y algo dulce, como galletas de chocolate o pastelitos para él; un vaso de jugo de naranja, pan, huevos revueltos y tocino para mi; nuestra dieta matutina no era muy variada (al menos hasta el nacimiento de Ivar). Lo dejaba todo listo en la cocina y luego volvía a la cama, dormitaba un poco y me abrazaba entre sueños, yo le acariciaba el cabello y luego de dejar un beso en su frente me levantaba para traer el desayuno a la cama, le encantaba que lo consienta con ese tipo de pequeños detalles, pero como ya lo habrán intuido, no le encantaba mi sazón.

Nuestros domingos los pasábamos en la cama todo el día, viendo alguna serie en Netflix y comiendo pizza de pepperoni, eran los únicos días en los que se permitía “pecar” con comida no saludable y deliciosa.

Loki siempre cuidó mucho de su aspecto y su figura, era vanidoso, muy pulcro, y a veces hasta un poco presuntuoso, pero al contrario de lo que se podría pensar, siempre le agradaba a todo aquel que tuviese la dicha de intercambiar unas cuantas palabras con él. Pero claro que tenía que ser así, él era la cabeza de la compañía de moda más grande y famosa del país, en pocas palabras, su trabajo era verse bien, deslumbrar y brillar como tan solo él sabía hacerlo. No voy a mentir, a veces me sentía un poco indigno de él, sobre todo cuando él me vestía y escogía mi atuendo para alguna fiesta o gala importante, me decía "Yo me encargaré de todo, tú solo mantente a mi lado y sonríe." y eso es exactamente lo que hacía, ir de su brazo con una sonrisa encantadora en el rostro, saludando a un montón de extraños y viéndome como el Alfa perfecto. Me sentía empequeñecido ante su presencia, insignificante, como si fuese un accesorio más de su outfit, que utilizaba para completar su apariencia de Omega poderoso y codiciado.

No me molestaba, realmente no lo hacía, pero a veces me hubiese gustado que me incluyera o tomara en cuenta mi opinión en las charlas con sus colegas. Hubiese sido lindo, hubiese sido suficiente.

Jamás se lo dije, mi error.

Cuando Loki se enteró de que estaba esperando a Ivar se enojó conmigo. Él siempre fue muy cuidadoso y cada que podía se encargaba de hacerme saber que aún no se encontraba listo para tener un bebé, me decía que tenía muchos proyectos y planes por cumplir, que aún no era tiempo, que sería bueno esperar algunos años más. Yo siempre lo acepté, trataba de entender sus motivos y seguir su ritmo, a pesar de que mi mayor anhelo era poder formar una familia con Loki, tener tres o cuatro hijos tal vez, comprar una casa de campo en la que poder refugiarnos cuando estemos cansados de la ciudad, adoptar un par de perros y algunos gatos, tener una vida más hogareña lejos de las cámaras y el ojo público.

Aquí otro error, nunca se lo dije.

Hasta que sucedió. Y yo tuve miedo de que pudiera desarrollar algún tipo de culpa o rechazo hacia él mismo o hacia el cachorro, creo que le llamaban algo como “depresión perinatal” según lo que leí en Google.

El primer mes de gestación se la pasaba llorando e insultándome por todo, tuve que dormir en el sofá durante el tiempo que duró su proceso de aceptación con los cambios que estaba experimentando en su cuerpo, gracias al cielo esto no duró mucho, una noche él se acercó a mí, me despertó con un beso y me llevó de la mano de vuelta a la habitación, creo que sus hormonas empezaban a estabilizarse o algo así. El resto de la gestación la llevamos tranquilos, él tenía muchos antojos, se la pasaba comiendo cosas dulces y poco saludables y hacía un berrinche cada que vez que yo no le permitía cumplir algún capricho, dejando eso de lado, fue una de las experiencias más hermosas de mi vida el haber podido pasar por ese proceso junto a él. Ivar nació a los ocho meses y medio, era un niño grande y gordo, Loki dijo que llegaría a ser más alto que yo, y jamás puse en duda su palabra.

Ivar se volvió su adoración y su mundo entero, tal vez pude haberme sentido un poco desplazado, ya saben “celos de padre”, nada grave. Por supuesto que yo también amaba a nuestro cachorro, su llegada fue como un bálsamo que alivió nuestra ya, un poco desgastada, relación. Nos trajo alegría, nuevas expectativas, reavivó muchos de nuestros sueños y proyectos que teníamos como matrimonio y que hace mucho habíamos dejado olvidados. Ivar fue el nudo que reforzó el hilo de amor que nos unía.

Pero supongo que debí saberlo, las personas no pueden cargar con resentimientos y palabras atoradas en el pecho por tanto tiempo, las heridas nunca sanan si no son tratadas y desinfectadas primero.

Por lo que, un día, tuvimos que explotar.

El nudo se deshizo, el hilo se rompió.

—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Thor, sentado en el pequeño sofá frente a la chimenea, una humeante taza de café muy cargado reposaba sobre su pierna derecha.

—Cuatro meses, ya te lo había dicho. —respondió Loki, esquivando la mirada de su Alfa, miró el reloj de su muñeca dándose cuenta que faltaban pocos minutos para que su avión despegara. Ya era muy entrada la noche y no podía darse el lujo de perder ese vuelo.

Una sensación de angustia y vacío empezaba a extenderse en su pecho.

—Entonces no estarás para Navidad, tú sabes cuánto le entusiasma a Ivar, no puedes irte por tanto tiempo. —dejó la taza sobre el vidrio oscuro de la pequeña mesa de centro, su mirada suplicante fija en Loki.

—¿Que no puedo? ¿Acaso estás tratando de prohibir que salga del país? —La expresión inalterable de Loki empezó a agrietarse, dejando ver un poco de toda la tensión que llevaba acumulada.

—¿Qué? Por supuesto que no. —negó con la cabeza, dándole más peso a sus palabras —. Jamás te he prohibido nada en todos los años que estoy a tu lado, lo sabes, Loki.

—Ahora estás tratando de hacerlo. —rebatió, dándole a Thor una de esas miradas frías y afiladas que lastimaban.

—Solo estoy diciendo que no puedes anteponer tu trabajo a tu familia, piensa en Ivar, se pondrá muy triste si tu no estas aquí para nochebuena. —explicó, haciendo un notable esfuerzo por mantenerse sereno.

Loki bufó y dejó escapar una carcajada incrédula, sarcástica y un poco maliciosa, dio cortos pasos de un lado a otro, llevando ambas manos a su cabeza.

Entonces Thor lo vio venir, pero cuando quiso ponerse de pie para tratar de evitar la tormenta, ya era demasiado tarde.

—¡Por una sola vez! ¡Por una maldita vez! ¡¿Puedes dejar de chantajearme utilizando a nuestro hijo?! —Su voz cargada de reproche y resentimiento hizo eco en los oídos del rubio, su rostro ahora teñido de un ligero carmesí y sus ojos brillantes por las lágrimas retenidas eran claras señales de lo terrible que se sintió al escupir esas palabras.

—Yo no estoy... —Se levantó y trató de acercarse, pero las manos de Loki se lo impidieron y evitaron que siquiera lo toque.

—¡Sí, Thor! Siempre lo has hecho, desde que Ivar nació te volviste un experto en hacerme sentir mal cada vez que tenía que salir del país por trabajo, cada vez que tenía que asistir a algún evento o fiesta de mi empresa, cada vez que hacía lo que me gustaba tú te encargabas de arruinarlo con tu tonto sentimentalismo,“Ivar te necesita.” “Debes pasar más tiempo con él.” “Ivar se pone muy triste cuando tú te vas. ”¡Por supuesto! Ivar me necesita y me ama tanto como yo a él, pero no lo uses como excusa para disfrazar tus propias necesidades, siempre quisiste tener control sobre mi vida, y ahora encontraste la oportunidad perfecta para poder tenerlo.

Thor no se movió, cada una de las palabras que se deslizaron por la lengua del pelinegro se clavaron como espinas en su piel, sintió a la angustia envolviendo todo su ser, quiso llorar, abrazar a Loki y decirle que él jamás le haría algo así, que le perdonara por haberle hecho sentir de ese modo pero que nunca había sido su intención, que desde ahora todo sería diferente, que él cambiaría, que él...

No...

Por supuesto que no.

—¡Eres un maldito egoísta! ¡¿Cómo puedes pensar así después de todo lo que he tenido que sacrificar por ti?! ¡Lo dejé todo por nuestra familia, por nosotros! Siempre te seguí a donde quisiste, siempre acepté tus condiciones sin replicar, ¡siempre se hizo todo a tu voluntad! Abandoné mis propios sueños y anhelos y abracé los tuyos, porque te amo y creí que sería lo correcto, pero tú jamás me tomaste en cuenta para nada, nunca te importó como me sentía, lo que quería, jamás me preguntaste si me gustó el color beige con el que pintaste el apartamento ¡Lo odio, Loki! ¡Odio el jodido color beige de las paredes! ¡Odio los cuadros feos que colgaste en nuestra habitación! ¿Y las cortinas de la cocina? ¡Por favor! ¡¿Quién pone unas malditas cortinas de seda en la cocina?! Pero claro, ¿por qué habrías de molestarte en preguntar lo que yo pensaba? Al final siempre me viste como uno de tus accesorios, como un complemento más para verte perfecto en tus lujosos eventos y fiestas, para ti no soy más que eso ¿verdad, Loki?

Un pesado silencio cayó sobre ambos, y Thor tuvo la necesidad de volver a ocupar el lugar vacío en el sofá, se sintió mareado de repente, abrumado por el remolino de sensaciones contenidas en su pecho, pero, un poco más ligero también, un poco más libre.

—¿Un accesorio? ¿Eso es lo que piensas que significas para mí? —preguntó Loki después de un par de segundos que parecieron una eternidad, con la voz temblorosa y la mirada fija en algún punto de la pared.

—Eso es lo que me has demostrado hasta ahora.

—¿Y Ivar? ¿También crees que lo veo como un complemento más?

—Dímelo tú, ¿Cuál fue el motivo por el que lo expusiste al ojo público a tan temprana edad? Ah sí, "Para dar una buena imagen, tenemos que dar el ejemplo de cómo luce una familia perfecta.”—citó, chasqueando la lengua al final y evitando mirarle. Pensó que podría desarmarse en cualquier momento.

—Estás malinterpretando mis palabras, tratas de tergiversar lo que dije en ese momento para usarlo en mi contra y hacerme sentir culpable, como siempre. Pensé que me conocías, pero ya veo que todos mis intentos por hacer que esto funcione fueron en vano, tu jamás podrás entenderme.

—No fuiste el único que lo intentó, Loki.

—Bien, como sea. —Se movió hasta el otro extremo del living y sujetó la maleta que ya tenía lista, aprovechando que estuvo de espaldas al rubio para cerrar los ojos con fuerza y mandar a las lágrimas de vuelta por donde vinieron, ya repuesto y con esa expresión indiferente que tanto odiaba su Alfa, se volvió para mirarlo —. Me iré Thor, creo que está de más tratar de explicarte que esto es importante para mí, hay muchas personas que me necesitan y dependen de mis acciones y de las decisiones que tome, no puedo simplemente abandonarlos, abrir una nueva sede en un país desconocido no es algo simple, y créeme que si pudiera acortar el tiempo...

—Basta, haz lo que tengas que hacer, pero si tomas ese avión daré por hecho que esto se terminó, no lo soporto más.

—¿Eso es lo que quieres?

—Eso es a lo que hemos llegado.

Una lágrima traicionera se estrelló sobre la mano de Thor, y sólo así pudo ser consciente de que estaba llorando.

—¡Papi! —La suave voz infantil de Ivar se dejó oír desde las escaleras — ¿Te vas a ir otra vez? —preguntó, dando un salto en el último escalón y corriendo hacia Loki.

—Ivar... No debiste levantarte de la cama. —Loki aflojó el agarre en la maleta y la hizo a un lado.

—¿Por qué papá está llorando? ¿Es por que te vas? Es que siempre te extrañamos mucho cuando no estás.

—Cariño... — habló bajo, se acuclilló frente al niño y acarició sus brazos —… Papi tiene que irse por un tiempo, pero prometo que regresaré muy pronto y te traeré muchos regalos ¿esta bien?

—¿Puedo ir contigo? —preguntó Ivar, haciendo un adorable puchero.

—Si te llevo conmigo papá se quedará solito y se sentiría muy triste ¿quieres eso?

—¡No! —negó de inmediato, con el mismo movimiento de cabeza que hacía Thor.

—Entonces debes quedarte a cuidarlo ¿bien? Prometo llamarte a diario. —estrujó al pequeño contra su pecho y besó su cabeza.

—Está bien, papi.

—Ahora ve con tu padre. —le ordenó, y vio cómo el niño corría a subirse sobre el regazo de Thor —. Te amo, nunca lo olvides.

—También te amo papi, vuelve pronto. —Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro del pequeño, y sus ojos, a pesar de verse cristalizados por las lágrimas, no reflejaban tristeza alguna. Loki le sonrió de vuelta.

—Adiós, Thor. Cuida de Ivar, por favor.

Thor sujetó al pequeño con fuerza cuando la figura de Loki desapareció por la puerta, Ivar rodeo su cuello con sus pequeños bracitos y enterró la nariz en su cuello para aspirar el reconfortante aroma de su padre, quien lo abrazó con ganas mientras escondía el rostro entre los cabellos del pequeño, tratando de acallar sus propios sollozos.

—Papá, no llores, yo voy a cuidarte mientras papi no esté, papi va a volver, él siempre vuelve.

Y Thor tuvo que morderse la lengua para no gritar.