Milk |One Shot| by Yadira L. Castell at Inkitt
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MILK |ONE SHOT|

Summary

66 milésimas separaban a Sergio de Max por la pole position del gran premio de Japón. Pero necesitaba menos de ese tiempo para saltar encima de su compañero.

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Breakfast


TW NSFW CONTENIDO ADULTO

Sergio estaba sumamente tenso. Había terminado la clasificación quedando tan cerca de su compañero.

Se recostó en su cama del hotel, sintiendo como su frustración se centraba en sus pantalones.

"¿Desayunaste león?”

Esa estúpida pregunta le había dado tanta gracia recordando los eventos previos a llegar a la pista.

Esa mañana se había despertado muy caliente, sintiendo la necesidad de hacer algo con la boca.

Para su suerte, la habitación de Max no quedaba muy lejos de la suya.

Toco la puerta rápidamente, esperando a que el rubio estuviera despierto.

Cuando Max abrió la puerta, se dio cuenta de lo que estaba a punto de suceder.

Sergio entro de inmediato, cerrando la puerta tras de si y listo para lanzarse encima de su compañero.

Lo arrinconó contra la pared, buscando sus labios rápidamente.

El rubio no puso resistencia, por el contrario, le encantaba cuando hacía eso.

Sergio podía tomarlo cuando quisiera, lo sabía y se aprovechaba.

—Hoy te voy a consentir —Susurró el pelinegro a su oído, haciendo estremecer al más joven.

La mano de Sergio rápidamente se poso en sus pantalones y comenzó a estimular su miembro por encima de la tela, a la par que dejaba sus labios para comenzar a devorar su cuello.

Max soltó un pequeño gemido al sentir su fuerte agarre y sus dedos jugando con la punta de su miembro.

Pronto sus pantalones comenzaron a ser un problema, llevando al mayor a invadirlos y sentir su carne en su mano.

El rubio gemía mientras Sergio lo masturbaba. Deseaba más, y eso tendría.

De repente, el pelinegro se puso de rodillas frente a él, comenzó a desabrochar el cinturón y tiro de sus pantalones junto con su ropa interior.

Su pene, rojo y erecto, goteaba líquido preseminal producto del buen trabajo de la mano del hombre mayor.

Sergio acercó su lengua, pero no directamente a su objeto de deseo.

El pelinegro comenzó a lamer sus testículos, mientras que con su mano lo masturbaba.

Llevaba uno a su boca, lo saboreaba cubriéndolo con su saliva y después hacia lo mismo con el otro.

Los gemidos de placer de Max eran cada vez más ruidosos. Pues la boca de Sergio hacia magia con su lengua.

Después paso su lengua sobre su longitud, hasta llegar a la punta y luego meterlo todo en su boca.

El rubio estaba fascinado al ver a su compañero comerlo por completo, moviendo su cabeza en un vaivén que parecía iba matarlo de placer.

Sergio se apoyaba en las caderas de su compañero, sosteniéndose con sus manos mientras dejaba que follara su boca.

Su linda y deseosa boca, llena de su erecto y colorado miembro.

Una que se había levantado con un apetito particular. Un antojo mañanero.

Sentir su carne, húmeda y caliente, palpitando en su lengua, era algo que simplemente lo eloquecia.

Y el rubio no perdió el tiempo, colocando una mano sobre la pared y otra sobre el cabello del pelinegro, marcando el ritmo de sus embestidas.

Sintiendo su lengua con cada movimiento, bañandolo en su resbalosa saliva. Siendo succionado y apretado por sus labios.

El joven estaba en el paraíso.

Dándose cuenta de que Max estaba perdido en un mar de placer, utilizo una de sus mano para acariciar sus testículos y darle más motivos para correrse rápidamente.

Y así fue. El rubio no tardó en llegar al máximo grado de excitación, soltando su semen en la boca del mayor.

Sergio lo saco lentamente, sintiendo el líquido espeso manchando sus labios en una imagen muy sucia para Max.

El pelinegro relamio sus labios, limpiando aquello que se le había escapado.

El rubio recortó la distancia y lo beso, sin importarle donde había estado su boca unos momentos antes.

Sintiendo su lengua buscando la suya, y tocando sus pantalones solo para comprobar que Sergio estaba muy excitado y requería ayuda.

Sin embargo, no contaban con mucho tiempo y llegarían tarde si continuaban con su lujuria.

El pelinegro se sentía frustrado, sintiendo su miembro duro y necesitado durante toda la clasificación. Haciendo imposible concentrarse.

Sergio despertó de sus recuerdos cuando sintió una mano tocandolo lentamente.

Abrió los ojos de golpe y vio a su compañero sentado a su lado, con una sonrisa pícara y el cabello despeinado.

—Me encanta cuando te pones tan duro—Comenzó Max acariciando su miembro erecto por encima de sus pantalones—No pude dejar de pensar en lo mucho que quería que terminarás dentro de mí.

En ese mismo instante Sergio lo empujó hacia la cama y bajo los pantalones del rubio sin cuidado alguno.

Acostandolo boca abajo para prepararlo mejor, dándole una nalgada antes de levantarse de la cama.

Después saco su miembro, y comenzó a masturbarse mientras miraba el trasero desnudo de su compañero.

Dejó caer sus pantalones al suelo y se quitó la playera que llevaba puesta. Ahora tenía el tiempo suficiente para hacer lo que quería.

Max se abrió de piernas, dándole una mejor vista a su entrada. Lo ansiaba demasiado.

No sabían quién necesitaba más a quien.

Pero solo había una solución para eso.

Sergio dejo en paz su miembro y se acercó al trasero de su compañero, y si bien estaba abierto, uso sus manos para destaparlo aún más.

Max se tenso al sentir sus dedos tan cerca de su entrada, y soltó un gemido de placer cuando la lengua húmeda de Sergio comenzó a llenarlo de saliva.

El rubio se mordió el labio, intentando calmar su excitación. Pero el pelinegro lo deseaba tanto, que comenzó lamerlo por completo.

Entonces se ayudó aún más de sus fuertes manos, abriendo más sus glúteos para penetrarlo con su lengua y hacer pequeños movimientos sobre este.

Max se retorcía al sentirlo dentro de él. Le costaba mucho no mover sus caderas al ritmo del toque del hombre mayor, deseando su lengua en todo su interior.

De pronto sus labios lo besaban en esa zona, como si lo quisiera comer en ese instante. Y el rubio no podía dejar de gemir.

—Follame, por favor—Rogó Max.

Pues el pelinegro se había enfocado tanto en lamer cada parte de su trasero, que sentía que se vendría en ese instante.

Sergio lo dejo en paz, y se acomodo detrás de él. Comenzando a penetrarlo lentamente hasta que estuviera por completo en su interior.

El rubio pego un grito ahogado al sentir toda su carne. Pero estaba tan húmedo que no mostró resistencia.

Y fue entonces cuando el pelinegro comenzó a embestir al joven, haciendo que sus nalgas chocarán con sus caderas.

Observando como su miembro se perdía entre sus pliegues. Excitandose cada vez más al punto de tomarlo por sus cabellos rubios y jalarlo con cada embestida.

Mientras que con la otra mano no dejaba de acariciar su trasero, y darle una que otra nalgada. Recordándole a quien le pertenece.

Max movía sus caderas al ritmo que marcaba el pelinegro, se sentía tan bien tenerlo dentro de él.

Ese día había deseado tanto que la clasificación terminara rápidamente para poder correr hacia la habitación de su compañero y dejar que folle su trasero.

Su miembro era algo tan adictivo para él. Tan deseado.

Lo dejaba siempre muy necesitado.

Y fue entonces cuando sintió que Sergio pronto se vendría dentro de él, descargando todo su semen en su apretado agujero.

Disfrutando cada instante de esa sensación.

Volviéndose loco por querer repetirlo una y otra vez.

Y su cuerpo, rojo, cansado y aturdido, estaría más que complacido de cumplir los caprichos de aquel hombre que lo volvía loco.

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