Hasta en la muerte

Summary

Con caos, gritos y miedo, así fue como todo comenzó, así fue como todo terminó. El mundo se enfrentaba a algo que jamás creyó ver fuera de las pantallas de cine y los libros, el apocalipsis se desató. Y en medio de todo aquel caos, Bakugo Katsuki y Midoriya Izuku se encontraron con una realidad absoluta, en la vida pensaron que el destino había decidido firmemente que nunca se separarían, aun si había un apocalipsis de por medio.

Status
Ongoing
Chapters
44
Rating
5.0 7 reviews
Age Rating
18+

Día cero

—¡Corran! Tendremos que salir por uno de los balcones de arriba. —Gritaba un joven de cabello bicolor, siendo seguido por algunos de sus compañeros que habían escapado del desastre de la sala común.

Corrieron por las escaleras de emergencia gritando en cada uno de los pisos, advirtiendo de la situación a los que estuvieran en sus habitaciones.

—No tenemos que subir al último piso, no había nadie allí —habló un rubio mientras abría la puerta del cuarto piso—. Solo quedan Bakugo y Kirishima, deben estar en sus habitaciones.

—Está bien Kaminari-kun, saldremos por el cuarto piso —dijo un peliverde.

Habían ido por las habitaciones de los chicos, pues todas las mujeres estaban en la sala común cuando empezó la catástrofe, en cambio, algunos de sus compañeros varones se encontraban en sus cuartos, como había sido el caso de Todoroki, el joven bicolor que ahora los guiaba.

Gruñidos y pasos se escuchaban muy cerca de ellos, así que se apresuraron, corrieron por el pasillo llamando a sus dos únicos compañeros, de los cuales aún no estaban seguros de su paradero, esperando que estuvieran a salvo.

—¿Por qué gritan? —preguntó un pelirrojo mientras salía de su habitación con un rubio cenizo detrás de él.

—¡Malditos extras dejen la gritería, estamos estudiando! —gritó el rubio asomándose sobre el hombro de su amigo.

Un estruendo hizo que todos voltearan a mirar la puerta de emergencia que habían cerrado y atrancado antes de entrar corriendo al pasillo del cuarto piso, ahora esta era golpeada con fuerza haciendo que un fuerte sonido metálico retumbara en los oídos de todos.

—¿Qué está sucediendo? —preguntó el mismo rubio confundido por los terribles golpes que llegaban hasta ellos haciendo temblar los vidrios de las ventanas.

—Bakugo no hay tiempo para explicar. Por favor Yaoyorozu necesitamos una escalera o cuerda para salir de aquí —dijo Todoroki mientras se abría paso de forma brusca entrando en la habitación del pelirrojo—. Kirishima y Bakugo, empaquen en un morral, lo que crean necesario para sobrevivir —sugirió el bicolor y todos se pusieron en marcha.

Bakugo fue a su habitación siendo seguido por el peliverde.

—Kacchan voy a asomarme en tu balcón para asegurarme que sea seguro. —Para suerte de este, el rubio no hizo nada para detenerlo, así que entró cerrando la puerta detrás de sí.

Ellos dos siempre habían tenido una relación difícil. Se conocían desde pequeños, habían estudiado toda su vida juntos y aunque muchos creerían que eso debería hacerlos los mejores amigos, era todo lo contrario. Katsuki Bakugo siempre fue un engreído y egocéntrico, alguien extremadamente orgulloso, de un humor terrible y un lenguaje aún peor, a diferencia de Izuku Midoriya quien era un joven amable, dulce y educado.

Siempre hubo una enorme tensión en su relación, chocaban en todo, uno por querer apartar al otro creyéndolo un inútil que no conocía su lugar y el otro por no querer apartarse de quien consideraba su símbolo de la victoria. Aunque para ese momento, después de años de una relación desastrosa y una pelea en la que descargaron todo su sentir y pensar sobre el otro, habían logrado algo de paz entre ellos y crear lo más parecido a una amistad que les era posible.

El rubio cenizo estaba empacando en una mochila café que le había regalado su padre hace poco algo de ropa, una botella de agua y algunos bocadillos que tenía en su habitación, mientras Izuku miraba por el balcón asegurándose de que no hubiera peligro abajo.

Justo en ese momento el grito de sus compañeros afuera los alertó. El peliverde vio a Bakugo con preocupación, este le devolvió la mirada mientras se colgaba la mochila en los hombros antes de correr a la puerta con Midoriya pisándole los talones, abriéndola y saliendo de la habitación del rubio con toda la intención de entrar a la del pelirrojo, pero esta estaba cerrada.

En ese momento se dieron cuenta de su error, demasiado cerca para el gusto de los dos, se oían gruñidos y pasos, el olor de la sangre llenó el pasillo, no tenían que voltear a ver para saberlo, estaban prácticamente sobre ellos.

—¡Midoriya!

Izuku oyó la angustia en la voz de uno de sus amigos, Iida estaba siendo retenidos por sus demás compañeros al igual que Kirishima que luchaba por ir a la puerta que se encontraba obstruida por su cama, los dos querían ayudar a sus compañeros, sin embargo, los demás tenían demasiado miedo como para permitir que abrieran la puerta.

—Salgan, nosotros bajaremos por el balcón de Kacchan.

Los atacantes se tiraron hacia ellos, obligándolos a alejarse de la puerta, sin dudarlo ni un poco Bakugo dio varias explosiones que hicieron retroceder a los que ahora reconocía como estudiantes de la Yuei, algunos los había visto en la clase 1B, otros en los pasillos y cafetería, y hasta reconocía a un par de sus propios compañeros de clase, aunque todos estaban cubiertos de sangre y con un extraño tono grisáceo en la piel.

La sorpresa y la incertidumbre le hicieron bajar la guardia dándole la oportunidad a uno de esos seres de lanzarse sobre él, empero una patada de Izuku alejó al atacante de Bakugo, el lugar se llenó rápidamente de más de los mismos seres que hambrientos se lanzaban sobre ellos. Los dos lucharon con todo hasta que lograron regresar a la habitación y cerrar la puerta.

Izuku corrió el pesado escritorio de Katsuki y lo puso de barricada.

—Vámonos Kacchan, no podemos hacer esperar a los demás, es peligroso. —El peliverde caminó hacia la puerta corrediza del balcón para abrirla, pero cuando tomó la manija pudo ver en el vidrio el reflejo del rubio inmóvil viendo fijamente su brazo, volteo para encararlo con la intención de preguntarle que le sucedía, sin embargo, fue detenido por un fuerte golpe en la cara, agarró la mochila antes de que esta cayera al suelo.

—Vete Deku, los inútiles te están esperando —pidió Bakugo con un terrible dolor en el pecho, eso no podía estar sucediéndole.

Izuku seguía desconcertado mientras veía a Katsuki abrir su clóset y sacar de él un saco de capucha color negro y también tirárselo.

—No sabes cuándo podrás encontrar ropa y esa camiseta no se ve muy abrigada, así que llévate esto podrá servirte cuando haga frío. Si vez a mis viejos diles que los amo, y a los idiotas de Kirishima y Kaminari que fueron grandes amigos.

—Kacchan qué está diciendo, vámonos... —Un brazo sangrante con una mordida fue puesto en su campo de visión.

—¿Son zombis verdad? Y me mordió uno.

Izuku frunció el ceño, lo había visto, Sero había entrado algo angustiado con una mordida en el brazo, dijo que uno de los estudiantes de otro curso lo había atacado, sus amigos se habían burlado de él haciendo bromas sobre su mala suerte hasta que lo calmaron, dejándolo frente al televisor.

Izuku recordaba bien como la programación dio paso a las noticias, y como la reportera decía que se habían registrado varios ataques a lo largo de la ciudad, luego se vio en los letreros en la parte inferior de la pantalla la palabra zombi, entonces Sero se volvió loco y se tiró a atacar a Sato quien fue mordido tan fuerte que le arrancó un gran trozo de carne.

Desde la herida que recibió su compañero hasta que se volvió violento había pasado aproximadamente unos cinco minutos, tal vez un poco más.

—Kacchan, gracias por todo. —Lágrimas salieron de sus ojos, comprendía perfectamente lo que significaba aquella mordida, era la despedida, ahora después de tanto tiempo debería vivir sin Bakugo, nunca creyó que algo así sucedería, no se le pasó por la cabeza y la verdad le dolía la sola idea de no volver a verlo jamás—. Es mi culpa que...

—No lo es, fue la mía, fue mi descuido. Antes de que te vayas quiero pedirte perdón por todo lo que te hice, no te odio Izuku, y a decir verdad el estar a tu lado me hizo lo que soy, gracias, ahora vete idiota, no creo que tengamos tiempo.

Midoriya asintió con una sonrisa triste.

—Hace mucho te perdoné y no te preocupes, yo les digo a todos lo que me pediste. —Izuku se puso la chaqueta y la mochila antes de abrir la puerta corrediza, activó el One For All, pero antes de saltar la mano de Bakugo lo detuvo. ¿Ya se estaba convirtiendo? Fue a golpearlo para apartarse y poder escapar, no obstante, la voz de este frenó la acción.

—Deku tu pierna. —La voz del rubio sonaba angustiada.

El peliverde se miró y vio unas pequeñas líneas de sangre bajar por su pierna, marcas de uñas un poco más abajo de la rodilla, le habían arañado.

—Ninguno de los dos saldremos de esta habitación Kacchan. —De inmediato lo supo, él también estaba perdido.

—Nos estarán esperando esos idiotas, debemos decirles.

Con rapidez Katsuki tomó uno de sus cuadernos y un lapicero de su cartuchera, escribió en la última hoja que se encontraba en blanco, he Izuku hizo lo mismo, con marcador pusieron en el cartón del frente, "nuestro mensaje", al terminar, tiraron la mochila que Bakugo había preparado junto al cuaderno, entonces cerraron la puerta con llave.

Se miraron un momento, los dos sabían lo que querían hacer, sin embargo, no estaban seguros de cuánto tiempo les quedaba, rápidamente cerraron las cortinas, tomaron la cama y la levantaron de tal forma que obstruyera el balcón, no querían hacerle daño a nadie y no tenían el valor de matar al otro.

Se sentaron junto a una pared con la espalda recostada en esta, uno al lado del otro, pequeños sollozos provenientes de Midoriya llenaron el silencio, Katsuki sintió como sus propias mejillas se humedecían, entonces sin estar muy seguro del porqué tomó a la persona a su lado y la abrazó.

—No seremos héroes Kacchan, no veré nunca más a mi madre ni a All Might —susurró Izuku en un lamento.

El rubio cenizo se sentía igual, al menos había hablado con su vieja esa misma mañana y no había sido una mala conversación, al menos no estaba solo.

—Creo que ni en la muerte podre desarme de ti. —Sus palabras fueron solo un susurro, empezaba a sentirse mal, un olor delicioso provenía de quien tenía en brazos, como una exquisita comida recién hecha—. Pero ahora mismo me alegro de estar contigo Deku.

—Yo igual Kacchan. —El olor que desprendía Midoriya empezó a desaparecer, a transformarse en otra cosa—. Me empiezo a sentir mal.

—Yo igual —dijo el rubio cerrando los ojos.

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