Prólogo
Entre aquellos estrechos árboles, pisadas desesperadas se podían escuchar, entre estos unos pies descalzos y con sangre al durar tanto tiempo corriendo se podían observar, una mujer, una mujer con capucha quien corría de unos caballeros sumamente enojados, quienes la seguían con espadas.
Llegó a un campo estrecho, pero siguió corriendo, con la adrenalina recorriendo cada milímetro de su cuerpo, no obstante, tanta fue su mala suerte cuando unos hombres se pusieron frente a ella, trató de correr a otro lado, pero, ya la habían acorralado.
— ¡Atras! ¡Atras, maldita bruja! — Le grito un caballero, apuntándola con el filó de su espada haciendo que esta caiga al suelo.
Anteriormente los aldeanos habían descubierto su hogar, su hogar donde estaba su mayor secreto, pues, ella era nada más y nada menos que la bruja de los cuentos, una adulta bella y algo joven que, según ellos, solo era una leyenda, pero todo este tiempo fue real, no era una simple historia para asustar a los niños pequeños.
En el suelo varios hombres aprovecharon para tomarla de las extremidades y con una soga atar su débil cuerpo a un poste de madera que estaba cerca, todo esto mientras ella mantenía una mirada de puro odio y desagrado hacia estos.
Una vez que la ataron, todos rodearon el poste, ahora con unos palos los cuales estaban con fuego en su punta, uno de ellos se acercó a la mayor y tiró un libro junto con una pluma enfrente de ella.
— ¿¡Que mierda es esto?! ¡Contesta! — Esa pregunta solo hizo que la bruja sonriera de lado con malicia.
— Son los finales de todos, ¿aún no lo entienden? Yo tengo el control de sus vidas, puedo decidir cuándo van a morir y como, puedo decidir todas sus desgracias y fortunas, todo lo que escriba ahí se vuelve realidad. — Agregó, con burla y arrogancia en sus palabras.
Toda la gente estaba atónita, todavía no se lo creía, estaban helados y perturbados, aunque bueno, básicamente acababan de decirles que su vida está en control de una bruja, una persona malvada.
— Eso se acabó ahora. — Un caballero frunció el ceño y dijo, antes de retroceder.
La bruja abrió sus ojos, ya sabía, ya sabía su destino, la iban a quemar, entonces, antes de que el mayor diera la orden, una luz morada la rodeó, todos se quedaron sorprendidos y asustados, tanto que retrocedieron.
— Yo, yo tendré una hija en el mundo real, en el mundo moderno, se llamará Cora, toda su vida estará llena de lujos y halagos por su belleza, al cumplir los 18 años y se vaya a dormir, al despertar estará aquí, en este mundo y continuará con mi legado, les dará un final a cada uno, esa será mi venganza.... — Después de que haya dicho eso, esta se empezó a reír de forma macabra, dejando a todos sin palabras.
— ¡Quémenla! — Finalmente el encargado dio la orden.
Todos lanzaron sus palos con fuego hacia ella, y, ahí fue que se comenzó a quemar, todos veían esto con satisfacción pero a la vez todavía con algo de miedo, solo esperaban que esa maldición no fuera real....preferían pensar que la quemaron antes de que ese hechizo que lanzó se cumpliera.
[••••]
En aquel hospital, se podía ver a una mujer pariendo, esta gritaba de dolor de forma desgarradora, mientras el doctor le seguía dando ánimos.
— Vamos señora, ya casi sale! Puje! Puje más! — Este le dijo, la mayor le hizo caso y eso solo provocó más dolor haciendo que sus gritos fueran más desesperantes, detrás de ella había una enfermera tomándola de los brazos y está la rasguñaba para aguantar el dolor que gobernaba completamente su cuerpo. — ¡Listo, listo señora listo! –
Pronto, los llantos de un bebé inundaron la habitación, la mayor ahora madre comenzó a respirar de forma agitada tratando de recuperar el ritmo de su respiración, aún sentía su pecho palpitar con fuerza, toda la adrenalina era causa de esto.
El doctor se acercó a ella con una hermosa bebe en brazos, su bebé, más bien, esto causó una sonrisa de alegría en la madre quien la cargó.
— ¿Como la va a llamar, señora? —este preguntó.
— Cora, se llamará Cora.... —nombró.
— Es un lindo nombre sin duda. —el doctor sonrió observando a la bebe en brazos.
[••••]
Toda tu vida estuvo llena de lujos al nacer en una familia con grandes riquezas, además, todos en la calle te halagaban, según ellos, por tu "gran belleza" aunque tú jamás te has visto de la misma forma.
Así fue hasta que cumpliste los 18, hoy, si, hoy era tu cumpleaños número 18, y en tu hogar grande tu madre decidió realizar una gran fiesta.
— Ey, niña. — Tu hermano mayor, que tan solo iba un año adelantado te llamo, ibas saliendo de la preparatoria hasta que lo escuchaste. — ¿Acaso ya te ibas a ir sin mi? Eso es una lástima sabiendo que siempre nos vamos juntos... —
— Pero hermano, te iba a esperar en la esquina donde siempre nos encontramos. — Este se detuvo justo enfrente de ti y te revolvió el cabello. — ¡Ey! Suelta! —
— Ya vámonos. — Sonrió de lado antes de abrazarte por el hombro y ustedes dos caminar fuera de ahí. – Felices 18, hermanita, ya eres legal, siéntete orgullosa. —
Ante tus palabras le diste un leve codazo, este solo soltó una risa, algo que le encantaba era molestarte.
[••••]
— Cora, sin duda ya quiero ir a tu fiesta en la casa! —tu tía dijo tomándote de las mejillas, mientras te veía con una sonrisa.
Le sonreíste de forma forzada, sin saber como decirle que básicamente fuiste obligada a invitarla por tu madre.
— Si, si... —te alejaste de ella y caminaste fuera de ahí. — <<si supiera que me obligaron...>> —
Tu hermano, Asher, noto tu cara de disgusto algo que le causo gracia.
— Me cae mal. – Le susurraste.
— Si, a mí igual, vámonos antes de que pregunte por nuestra pareja. — Ambos soltaron una leve risa y salieron de ahí.
Según lo que escuchaste, tú madre iba a invitar a toda la familia, básicamente sería una gran fiesta, algo que agradecías, pero a la vez no comprendías, solo cumplirías 18 años, no era para tanto, es una edad común según tu.
Siguieron repartiendo invitaciones tú y Asher hasta que finalmente terminaron, y se fueron de vuelta a su casa, ahora ayudabas a tu madre con la decoración.
Te subiste a unas escaleras para alcanzar la pared, esto sería en el patio, comenzaste a poner letreros hasta que, de repente, te dio una punzada insoportable en tu cabeza, provocando que soltaras la decoración y soltaras un gran quejido de dolor.
— ¿Cora? ¿Estas bien, cielo? — Tu madre preocupada te pregunto, Asher también se acercó al notar extraño tu comportamiento.
Esa punzada, esa punzada se hizo presente en tu cabeza de nuevo, ahora con más potencia, fue tan fuerte que incluso soltaste unas cuantas lágrimas, de repente, unas imágenes pasearon por tu cabeza, unos pies corriendo, fuego, gente gritando, fuego y más fuego, todo esto provocó que perdieras el equilibrio en las escaleras, y, accidentalmente, cayeras al suelo.
Afortunadamente, tu hermano reaccionó rápido y te atrapó entre sus brazos, tú madre preocupada se acercó a ti, todo era tan extraño...aquel dolor había desaparecido.
— ¿Te sientes bien? ¿No te lastimaste? ¿Pero que te pasó? — Tu madre pregunto, mientras tú hermano te veía de la misma forma preocupada.
No supiste que responder, solo tartamudeaste, sintiendo tu cuerpo extraño y ese dolor de cabeza presente.
— No lo sé...de repente sentí una punzada horrible en la cabeza...y me sigue doliendo.... —susurraste, haciendo una mueca de dolor, Ashe puso su mano en tu cabeza.
— Está caliente... —susurro.
— Cora, si gustas puedes ir a tu habitación a descansar, no quiero que estes así toda mala el día de tu fiesta. — habló tomándote de la mejilla.
Tu asentiste, antes de darte la vuelta y salir de ahí, tú madre y hermano no te despegaron la vista hasta que finalmente entraste a la casa.
[••••]
No sabías que te pasaba....sentías que todo daba vueltas a tu alrededor, pusiste tu mano en tu cabeza adolorida, habías llegado a tu cuarto y te acostaste en tu cama con tu mirada para el techo, pero, aún así te seguías sintiendo así....
— <<¿Pero que me está pasando? Me siento diferente...no se porque, pero...siento algo extraño en mi interior...>> — Pensaste, con tus ojos entrecerrados y adoloridos.
Esas imágenes, esas imágenes de fuego, una mujer corriendo y gente gritando, y, un aura morada aparecieron de nuevo en tu cabeza, todo pasaba de forma repetida y rápida, sin descansar, algo que te confundió nuevamente, ¿porque recordabas eso? Si jamás habías viste eso, y no, no creías en eso de la magia por lo que te era imposible pensar que eran visiones o algo parecido.
Con algo de cansancio, tomaste tus audífonos y colocaste de tu música favorita y relajante, digamos que quizás te sentías mareada, y escuchar tu música te hacía sentir mejor, así que solo esperabas eso, pusiste uña canción y cerraste los ojos buscando relajarte.
[••••]
— ¿Y Cora? ¿Ella no está aquí? — Tu abuela preguntó por ti, ya era hora de la fiesta.
Tu madre apuntó a tu habitación.
— Seguro se está cambiando. — Miró a Asher. — Hijo, ¿puedes ir a ver si tu hermana está bien, por favor? —
— Si, madre. — Asher respondió antes de darse la vuelta y caminar hacia la casa.
Llegó a tu cuarto donde una vez ahí tocó la puerta.
— Pasa. – Escuchó tu permiso, así que eso hizo.
— Cora, dice mi madre si te sientes bien, y si si es así que ya bajes a la fiesta, recuerda que es tuya. — Tu hermano te miro con preocupación, notando que ya estabas arreglada y mirándote en el espejo.
— De hecho, si, me siento muchísimo mejor, gracias por preguntar. — Lo miraste con una sonrisa antes de pasar el peine por última vez en tu liso cabello y dejarlo en el mueble de nuevo. — Ya nos podemos ir. —
— Orita que te pasó? Esque en verdad estoy muy preocupado, si aún te sientes mal recuerda que podemos hacer la fiesta otro día. — Se encogió de hombros, tú lo miraste antes de tomarlo de las manos.
— Asher, no te preocupes, estoy perfectamente bien, ahora vamos. — Lo rodeaste y comenzaste a caminar fuera de ahí esperando a que este te siga.
Tu hermano mayor no tuvo más opción que seguirte.
[••••]
Si, bueno, ya habías pasado varias horas en la fiesta, y seguías bien, al parecer ese mareo y dolor de cabeza solo duro unos cuantos minutos y después se esfumó sin ningún rastro, algo que te tranquilizo de cierta forma, ahora mismo disfrutabas de tu cumpleaños, todo era una diversión total.
Ohh bueno, eso creías, estabas tranquila comiendo mientras tu familia tomaba fotos, accidentalmente posaste tu mirada en alguien, alguien muy extraño o extraña a lo lejos, estaba en una esquina, no sabías su género pues portaba una capucha que le tapaba todo el rostro, este o esta te miraba fijamente, tu te le quedaste mirando con un mal presentimiento.
Sentiste tu cuerpo tensarse al igual que el ambiente tenso y terrorífico, ¿quien era el? ¿Y que hacia ahí? Estabas muy segura que no era un invitado.
Apartaste la mirada con incomodidad, pero de forma inconsciente siempre lo volteabas a ver de nuevo, notando que seguía mirándote.
— Cora. — Asher te llamo. — Nuestra madre te llama, dice que es algo muy importante y que por favor vayas. —
Volteaste de nuevo al extraño, notando que este ya no estaba, quisiste decirle algo a tu hermano pero...seguro no te creería, así que decidiste que mejor no.
[••••]
– Muchas gracias de nuevo por invitarnos a esta fiesta, se lo agradecemos. — Agradeció una familia mientras caminaba fuera de ahí.
Después de otras horas, la fiesta ya había acabado, y a decir verdad si la habías disfrutado, o bueno, si no fuera por aquel extraño con capucha quien siempre estuvo en una esquina mirándote, otras veces ya no estaba y otras si haciendo que te sintieras inseguridad durante toda tu propia fiesta.
Todos se habían ido ya, tú te quedaste a solas con tu hermano, él y tú empezaron a quitar la decoración.
— Cora, ¿puedes ayudarme tirando esta bolsa de basura? — Preguntó, tú asentiste antes de que este te la diera y tú fueras.
En el camino, había un silencio tenso durante todo el ambiente, haciendo que te sintieras algo asustada y también tu corazón palpitar como loco, miraste detrás tuyo, sentías que alguien te vigilaba.
Al llegar al bote tiraste la bolsa y corriste hacia tu hermano, simplemente no querías estar ahí, te causaba inseguridad, solo querías ir a dormir ya.
— ¿Listo? — Tu hermano te pregunto al verte llegar, sin decir nada lo rodeaste. — ¿Cora? —
— Me quiere doler la cabeza de nuevo, estoy cansada... — Dijiste, este te tomo de la mano.
— En ese caso yo termino de recoger, después de todo es tu cumpleaños, no deberías estar recogiendo tu, así que si gustas vete a tu habitación. — Comentó, tú le sonreíste en forma de agradecimiento antes de abrazarlo.
— Si, está bien, muchas gracias. — Te separaste y caminaste hacia la puerta. — Buenas noches.
— Buenas noches
Dicho eso le diste una última sonrisa antes de entrar a la casa, corriste hacia tu habitación donde apagaste la luz y te acostaste en esta, cerraste los ojos intentando dormir, apretaste un poco tus puños con algo de incomodidad, pero bueno, lo que más necesitabas ahora era descansar.
[••••]
Abriste tus ojos con lentitud, encontrándote a mitad de la calle, una calle algo peculiar, parecía sacada de la antigüedad, miraste a todos lados notando un gran castillo, este se te hacía familiar por una razón, pero, no sabías cual....miraste tu vestimenta, dándote cuenta que tenías un vestido con pinta de medieval y Victoriano.
— <<¿Donde mierda estoy...?>> – Pensaste, comenzando a entrar en pánico, esto no era un sueño, de ser así no supieras que estabas dentro de uno, simplemente pasarían las cosas.
— ¡Cora, cora, ayúdame! — Escuchaste un grito, un grito lleno de desesperación, miraste detrás tuyo notando a un chico albino, no se le veía el rostro por una razón. — ¡No puedo controlarme! ¡Mate a todos! ¡Ayúdame! —
Alrededor de el había un aura azul, y tanta fue tu sorpresa y miedo cuando lo cubriste lleno de sangre.
Reaccionaste rápido, te levantaste y empezaste a correr fuera de ahí con desesperación, todo tu cuerpo estaba que temblaba y no podías soportar el miedo que sentías, solo corrías, ni siquiera querías mirar atrás, pero lo podías sentir, podías sentir que te perseguía.
Cuando diste otra vez un paso, de repente, todo el suelo se derrumbó debajo tuyo, y se abrió un gran hueco negro, en el cual, empezaste a caer.
Soltaste un grito lleno de desesperación y tus manos trataron de salir de ahí con miedo y terror, por un momento pensaste que ibas a morir, y así era, si tan solo no fuera porque todo tu entorno cambió de un parpadeo a otro
Escuchaste risas, risas de lo que parecían niños pequeños, volteaste a todos lados para saber de donde provenían, pero nada, escuchaste aplausos seguido de eso.
"¿Crees que lo hice bien, Cora?"
"No estoy hecho para esto"
"Todos me odian"
"No merezco ser un rey"
"Soy un monstruo"
Todas esas frases anteriores se empezaron a repetir y hacían eco como tambor en aquel vacío, donde seguías cayendo y cayendo, llegó un punto en que te tapaste los oídos tratando de no escuchar todo.
De repente, todo el lugar se tornó silencio, abriste tus ojos con confusión encontrándote con un hermoso cielo azul y unos árboles también lindos, te encontrabas en medio de un campo, algo que te confundió y te dejó sin palabras, pero, obviamente te alteraste y te levantaste.
— Oye, chica, ¿estas bien? – Escuchaste una voz, algo infantil, volteaste detrás tuyo notando a un chico pelinaranja, tenía un mechón blanco y pecas, y una expresión confundida