Capítulo 1
Debí haber imaginado que Irin no aceptaría un no como respuesta. Creí haber sido bastante convincente cuando le informé sobre mi decisión de festejar mi cumpleaños en casa. Una simple y pequeña reunión con mis amigos más cercanos en la sala de mi apartamento, comiendo, bebiendo o jugando un par de juegos de mesa con unas cuantas copas de vino.
Debí haber imagino que Irin tendría otros planes para mí está noche.
Sé que su intención es que me divierta en este día importante de mi vida, lo sé, no todos los días estas cumpliendo treinta años pero, para mí, estas noches de diversión y alcohol terminaron, y no pienso volver a esa nocturna rutina. Anteriormente mi vida era un desastre y me había liado con cuánta gente pude en diversas fiestas donde precisamente el alcohol abunda.
No me siento orgullosa de todas las estupideces que hice, para ser sincera me arrepiento de unas cuantas, pero sentimentalmente estaba inestable y lo único que quería era olvidar lo que me había herido profundamente, sin embargo, aquellos encuentros casuales y sin compromiso terminaron lastimando a la persona que menos debía ser lastimada.
—Creo que ya has bebido demasiado, Irin. —pronuncio con la dulzura a flor de piel, pero sin dejar de sonar algo autoritaria.
—Creo que deberías estar llamándole la atención a otra persona, Rebecca. —vaya, parece estar verdaderamente de mal humor.
—Kate no es mi hermana. Además, tiene quién la cuide.
Sé que mi hermana ha estado enamorada de una de mis mejores amigas desde hace dos años aproximadamente, pero la idiota cuando tuvo su oportunidad no se atrevió a confesársele y ahora lo está lamentando, pues Kate va cumplir un año de relación con su novio y siendo sincera, ambos se ven muy enamorados.
¿Será que el amor no está hecho para nosotras las Armstrong?
—Venga—le tomo del brazo y lo llevo hasta mi cuello—, tomando no vas a lograr olvidarla, te lo digo por experiencia.
—¿Desde hace cuánto lo sabes?
—Desde el primer momento en el que vi tus ojos brillar por su presencia.
Irin es la hermana con la que mayor compatibilidad tengo y a la que rápidamente le cuento mis cosas. Tal vez eso se deba a que ambas tenemos la misma edad y trabajamos en el mismo lugar, Sin embargo, tengo una hermana menor a la que también suelo contarle mis cosas y por la que estaría dispuesta a dar la vida, Korkamon.
Mon, como es llamada regularmente; es mi pequeña adoración, pero debido a su edad y a lo responsable que es con la universidad, no puede unirse a nuestras aventuras por más que lo queramos. Además, en casi todas las salidas que tenemos terminamos con alguno de nuestros amigos completamente borracho, por lo que no sería un buen ejemplo para ella.
A mi sinceramente, ya no me sorprende que terminen de esta manera, ya estoy acostumbrada a la situación, aunque, la primera vez que vi a una de mis amigas terminar en un estado de ebriedad fatal, casi me da un mini infarto, pues se veía tan mal que incluso la tuve que llevar a un hospital.
En aquella ocasión me enojé tanto con Kate que deje de hablarle por alrededor de una semana y media, pues jamás olvidaría la terrible sensación que me había causado verla casi en coma etílico por jugarle a ver quién resiste más con el resto de nuestros amigos.
—¿Te ayudo? —pronuncia una voz varonil que soy capaz de reconocer.
Cuando levanto la mirada, me encuentro con la oscura y en cierta forma brillosa mirada de a quien considero mi mejor amigo. Un hombre alto, al que a penas y le llego al hombro, castaño, tirando casi a negro, ojos oscuros casi como la noche y rasgos faciales finos como si de un modelo se tratase.
—Tranquilo—desvió la mirada hacia mi hermana nuevamente—, no pesa tanto—mentirosa—, puedo llevarla sola al baño y ver si así se le baja un poco lo mareado. —toda la noche he estado evitándolo y se me ha dado muy bien.
Hace mucho tiempo atrás, en una de nuestras tantas salidas perdí el control de todo lo que bebía y por efectos del alcohol terminé enrollándome sexualmente con mi mejor amigo. Un error que hasta el día de hoy me pesa porque él se ha ilusionado con algo que no existe y no quiero tocar el tema por temor a lastimarle el corazón, pues sé perfectamente lo terrible que se siente que te lo rompan.
—¿Segura? —no, la verdad es que no me caería mal un poco de ayuda, pero entre mayor distancia haya entre nosotros, puede que haya menos posibilidades de romperle el corazón.
—Sí, no te preocupes.
—Creo que quiero vomitar, Bec. —pronuncia mi hermana con esa típica voz de borracho.
—No, no—dijo casi suplicante—, aquí no.
No le doy tiempo de reaccionar, solo tomo a mi querida hermana como puedo y la llevo a toda prisa al baño para que pueda vomitar con tranquilidad en alguna de los escusados.
Como la mayor del grupo sé que debería estar llamándole la atención para que aprenda a controlarse a la hora de tomar, sin embargo, entiendo que quiera olvidarse de la amarga y triste situación por la que está pasando. En su momento y de igual forma que ella, bebí hasta olvidar la desilusión amorosa que sufrí, no obstante, al darme cuentan que estaba haciéndome daño a mí misma, decidí parar y continuar con mi vida haciendo de cuenta que jamás existió esa persona.
¿Será Irin capaz de darse cuenta del daño que sola se está haciendo por un amor que tal vez no valga la pena llorar?
Por ahora, no tengo de otra, debo ser su confidente, consejera y mejor amiga, por ello con voz cariñosa y suaves caricias en la espalda le pronuncio que pronto pasara el malestar, lo que tarda en realidad.
—Gracias y perdón—es lo primero que pronuncia al estar más consciente de la situación en la que está.
—Soy tu hermana Irin, no tienes por qué darme las gracias por cuidarte, lo único que si quiero es que tengas más consciencia a la hora de tomar—ahora si ha llegado la hora del sermón—. No tengo nada que perdonar, recuerda que pase por algo similar, así que comprendo perfectamente lo que debes estar sintiendo.
—Por favor, lo tuyo fue mil veces peor, lo mío no le llega ni a los talones. —eso es muy cierto, pero decido no decir nada más y mejor la ayudo a levantarse del suelo.
—Y si yo pude continuar, tú también puedes. —pero mi querida hermana desvía rápidamente la mirada como temiendo que vea a través de ella. Lo que me lleva a pensar lo clavada que ha de estar con mi amiga y eso me asusta, ya que no quiero que pase por una situación similar a la mía.
—S-sé que no va a ser fácil, pero lo superaré al igual que tú.
A través del espejo puedo ver que sus palabras son las más sinceras del mundo, pero también puedo ver el dolor que hay en ellos ante esta situación sentimental que está viviendo. Solo espero de corazón, no tarde mucho en reponerse, Irin es lo suficientemente guapa como para tener a cualquiera comiendo de su mano.
Después de lavarse la cara y borrar todo rastro de lo que aconteció en el baño, decide que ya es hora de volver con el resto de nuestros amigos solo para despedirse. Ya ha tenido suficiente por esta noche y no está dispuesta ahogar más sus penas en alcohol.
Al menos aprendió la lección.
—Qué bueno que llegas—se pone de pie—. Creo que por ahora ya hemos tenido suficiente—no me diga—. Jessica y Lux han tomado lo bastante como para dejarlas seguir haciendo el ridículo.
—Entonces vámonos—por fin llegaré a casa a descansar—. Char ¿Puedes ir por mi auto y esperarnos frente a la entrada?—gentilmente mi amiga asiente, por lo que le paso las llaves del auto—Bien tú y yo vamos por las borrachas. —sé que no debería pedirle a Irin que me ayude porque estoy consciente que apenas puede ella misma mantenerse de pie, pero no hay nadie más que pueda ayudarnos, o eso creí.
—¿Y yo que hago? —de la nada aparece Kate.
—¿Vas a venir con nosotros? —de acuerdo no puedo evitar sorprenderme.
—Pues claro, ¿Qué esperabas? —¿Qué te fueras con tu novio como sueles hacerlo en cada salida?
Por un momento estoy pensando mandarla con Irin, pero rápidamente esa estúpida idea queda descartada al recordar lo que está sufriendo.
—¿Puedes ayudarme con Char?, ayudaré a Irin con Jessica.
—Sí quieres, voy yo a ayudarle. —¡Oh no! Eso es una mala idea, una muy mala idea.
—Sabes cómo es Jessica cuando está borracha y a la única que le hace caso es a mí, mejor ve con Char y ayúdale a traer el auto ¿Sí?
—De acuerdo—luce algo decepcionada—. Está bien —¿Será que ha Kate...?
No, no lo creo, ni siquiera lo pienses Rebecca, no ilusiones a tú hermana para nada. Tal vez... Tal vez debo buscar la manera de separar a Irin de Kate definitivamente, aunque eso implique perder a una de mis mejores amigas.
A veces me he pregunto qué sería de mi vida si no los tuviera a todos ellos de amigos. Tal vez mi vida sería completamente aburrida o estaría todavía deprimida por una ruptura de hace cinco años atrás, idea que no me agrada mucho, ya que no quiero seguir estancada amorosamente por su culpa.
Realmente no sé qué sería de mí sin ellas en mi vida.
—Venga borracha, vámonos ya.
—Per-ro aún no me ter-rmino mi juguito de...
—Sí, sí—la sostengo de la cintura—, te lo terminas en casa.
—Está bien.
Vaya, esa sumisión sí que me sorprende, ya que Jessica es una de esas personas borrachas a las que hay que insistirle mucho para que deje la copa.
¿Será que estará demasiado borracha como para no darse cuenta de lo que hace?
—¿Ya se van? —nuevamente la persona que menos quería encontrarme vuelve a encontrarme.
—Sí—sostengo por un instante la mirada, pero poco después la desvió—, mañana trabajamos y todavía debemos llegar y bajarles la borrachera sino no van a querer levantarse de la cama. —reajusto mi agarre.
—¿Necesitas que te ayude? —mis ojos vuelven a encontrarse con los de mi amigo y por primera vez puedo decirle a la cara lo que tanto he querido decirle.
—No—una especie de carga pesada cae de mis hombros después de serle honesta—. Puedo hacerlo sola, gracias—sonríe con algo de desilusión.
Creo que estoy siendo algo pesada, pero solo estoy buscando que deje de ilusionarse por la seguridad de su corazón. Lo que menos quiero es lastimarlo, para mí es solo un buen amigo y dudo mucho que en algún futuro pueda verlo como algo más.
—Entiendo, no te preocupes.
—No, realmente no entiendes—no lo hagas Rebecca, no lo hagas—y discúlpame si te hiero con mis palabras, pero creo que lo mejor es que dejes de buscar cualquier pretexto para intentar que pase lo que no va a volver a pasar. —solté finalmente.
Mis palabras no solo le sorprenden. No me puedo creer que haya sido totalmente honesta como para decirle aquella dura verdad, pero no me ha dado otra elección, en serio no quiero ilusionarlo, al contrario, quiero que se dé la oportunidad de encontrar el verdadero amor.
—Te quiero Thanayut, pero te quiero como quiero a todos mis amigos—las facciones de su rostro me dicen que lo que tanto he querido evitar yo misma se lo he provocado—, así que, por favor, deja de intentarlo—estático, se ha quedado completamente estático y lamento haber sido tan cruel—, te veo luego.
Sin poder soportar por más tiempo su dolorosa mirada, me hago a un lado para seguir avanzando hasta la salida del club nocturno con Jessica aferrada a mi cintura, diciendo las tonterías más grandes de toda su vida y tropezando con frecuencia con cualquier cosa que se le cruza.
En esta ocasión no intenta detenerme y siento que he conseguido lo que esperaba, pero a costa del dolor de mi amigo y eso me hace sentir la peor persona del mundo.
Una vez afuera, localizo mi auto detrás de un par autos que están en la misma situación que nosotras, ya que hay algunos chicos y chicas que están batallando por meter a sus amigos al auto.
Cuando llego hasta mi auto, Char tiene que bajarse para ayudarme abrir la puerta trasera y lograr meter a Jessica sin que vomite en el interior de mi bellísimo auto, lo cual, logramos sin batallar como en salidas anteriores.
¿Será que Jessica estará aprendiendo a comportarse?
Después de haber ganado la primera batalla, Char decide lanzarse a la segunda batalla, lo que me toma de sorpresa, pues no sabía que detrás de mí venía Irin con Lux a punto de caer en un profundo sueño.
Me pregunto si habrá escuchado lo que le he dicho a Thanayut.
Una vez que ambas lograron meter al auto a la segunda borracha de la noche, Irin toma de la mano a Char y prácticamente la obliga a subir a la parte trasera con el pretexto de ir cuidando al par de borrachas (por supuesto, soy la única que sabe el por qué lo hizo), al no tener más opción, Kate debe tomar el lugar del copiloto por primera vez y parece molestarle. Mayormente cuando salimos, Irin decide ir junto a Kate en la parte trasera para ir platicando, a pesar de todo, han sido muy buenas amigas desde que se conocieron, pero supongo que, por lo mismo de la situación, mi hermana quiere evitar lo más que pueda estar cerca de ella, lo que es entendible para mí.
Durante un par de minutos el silencio reina en mi auto y como lo supuse, Irin no se quedaría con las ganas de preguntarme por lo sucedido hace unos minutos atrás y sin darle tanto rollo al asunto, me pregunta directamente.
Los tres conscientes saben lo que ha sucedido entre Thanayut y yo en una de nuestras tantas noches de fiesta, por ello me aconsejaron hablarlo y aclararlo para que nuestro amigo no saliese herido, pero él jamás hizo caso y solo provocó que me sintiera incomoda estando cerca de él, por ello, sutilmente me fui alejando hasta que finalmente termine estallando está noche. Irin, Charlotte y Kate comprenden que mi límite se ha terminado y entienden que mi impulso me ha llevado actuar de esa manera. Ahora solo debo dejar que el tiempo haga lo suyo y si todo sale bien, tal vez podamos retomar nuestra buena amistad.
La conversación sigue hasta llegar agradecer al par de borrachas por terminar con nuestra salida, ya que dentro de un rato más tendremos que estar despiertas para ir a trabajar. Lux y Kate en el hospital, mientras Irin, Charlotte, Jessica y yo en la compañía SK Stlye.
Cuando detengo el auto en un semáforo en rojo, soy capaz de darme cuenta de que la única despierta dentro del auto soy yo, en esta ocasión Irin, Kate y Char se han quedado completamente dormidas en sus asientos debido al cansancio y el silencio vuelve hacer acto de presencia.
Mi vista vuelve a la parte frontal del auto solo para darse cuenta de que técnicamente mi auto es uno de los pocos que se encuentra avanzando por una de las tantas calles de Seattle pues claro, son las tres de la mañana y la mayoría de los habitantes deben estar en los profundos brazos de Morfeo.
Cuando el semáforo cambia de luz roja a luz verde retomo el viaje al departamento pasando por una de las zonas de bares más populares de la ciudad, no obstante, lo que llama mi atención, es que cerca de uno de los bares, una figura femenina que apenas puede mantenerse de pie, batalla por abrir de alguna forma su auto estacionando, pero fracasa rotundamente en todos sus intentos.
Extrañamente un instinto de protección se activa y sin poder controlarlo termino estacionando mi auto detrás del suyo.
Sé que en ningún momento ha pedido ayuda, pero no puedo simplemente dejarla ahí a estas horas de la madrugada. Apago el motor para posteriormente quitarme el cinturón de seguridad y salir de mi vehículo e ir al rescate como si de una superheroína me tratase.
Como predije muy internamente, la chica no logra mantenerse lo suficiente de pie y cae sobre el asfalto de sentón.
—¡Mierda! —la escucho maldecir.
Menos mal, está lo suficientemente consciente para maldecir.
—¿Necesitas ayuda? —pronuncio a unos pocos metros de ella.
—No, lárgate.
No voy a mentir que aquellas palabras lograron enfadarme un poco, pero insisto, mi instinto de protección no me permite dejarla sola y en cierta forma eso también me molesta, pues sí ella no quiere mi ayuda, entonces ¿Por qué debería quedarme ayudarle?
—Me gustaría poder irme a mi casa porque mañana trabajo, pero resulta que no puedo irme porque si te dejo aquí, algo te pasa y yo me entero, jamás me lo voy a perdonar.
—¿Por qué te preocupas tanto por una desconocida? —no sé como es que logra formular la pregunta.
Esa pregunta me toma de sorpresa, más tengo la respuesta correcta, sin embargo, cuando la chica desconocida decide levantar la mirada del suelo la belleza de sus ojos se conecta tan perfectamente con los míos que me deja sin habla y sin respiración por un par de segundos que sinceramente para mí se volvieron prácticamente eternos.
¡Madre mía! Que belleza.
A lo largo de toda mi vida he visto ojos de color marrón, miel, azul, verde y hasta gris, pero jamás en mi vida me había quedado tan hipnotizada por ver alguno de esos colores en los ojos de alguna persona. No sé si se deba a la poca luminosidad que hay en el lugar, o si ese sea el color real de sus ojos, tan solo puedo decir que son los ojos más hermosos que he visto en toda mi jodida vida y que por alguna extraña razón no puedo ni quiero apartar mi vista de ellos.
Todo esto es completamente extraño porque no parezco ser la única sin poder decir absolutamente nada, la chica parece estar igual de pérdida en mi mirada, cuando no hay razón alguna para estarlo. Sé que mis ojos son algo llamativos, pero no son ni cautivadores, tampoco son tan bellos como los de ella, son simples y de un color que, tal vez, no todo el mundo tiene, pero son simples y sin chiste, tampoco soy delgada como ella lo demuestra, sobre todo al usar esas prendas que se ajustan tan perfectamente a su cuerpo.
Simplemente no soy tan jodidamente hermosa como lo es ella, pero entonces, ¿Por qué me mira tan fijamente con esos ojos cafés tan fascinantes y por qué el tiempo parece haberse detenido en tan solo un instante?
—¿Es que acaso no puedo preocuparme por una desconocida?
—Eres una desconocida muy extraña. —vuelve arrastrar las palabras.
—Sí, supongo que sí, me llamo Rebecca—estiro ambas manos—¿Y tú? —¿Por qué no puedo dejar de mirarte?—Cómo te llamas?
Sus ojos me miran dudosos por un par de segundos, pero al final sus manos deciden hacer contacto con las mías e inesperadamente una corriente eléctrica invade mi cuerpo entero, pero ¿Qué carajos?
¿Qué demonios sucede conmigo?
Lo sorprendente es que no parezco ser la única en darse cuenta de lo sucedido, ya que por instinto las manos de la chica me sueltan y se alejan, más no tarda mucho en comprender que no hay nada de malo sentir una pequeña corriente electricidad ¿O sí?
—Freen, me llamo Freen.
Con todas las fuerzas que tengo en este preciso momento, tiro de ella hacia mí para poder levantarla del suelo, pero resulta que su peso me gana e inevitablemente termina tirando de mí hacia ella, trayendo como consecuencia caer encima suyo.
Cuando abro los ojos que cerré por instinto, me percato que mi rostro ha caído entre su cuello y pecho, lo que me deja una distancia no tan prudente del suyo como me hubiese gustado y, a pesar de que su cuerpo ha amortiguado al mío ante la caída no me parece correcto permanecer por mucho tiempo en esta posición.
Al levantar el rostro con la intención de preguntar si se ha lastimado, soy capaz de darme cuenta lo cerca que están sus finos y rosados labios de los míos.
Al principio intento que esto no me afecte, pero con el pasar del tiempo, la calidez de su aliento y el fino y extravagante olor del Chanel número cinco altera todos mis sentidos, pero sobre todo el palpitar de mi corazón.
Me pregunto ¿Qué se sentirá besarlos?
¿Serán tan dulces, tan suaves, tan tentadores?
Por un momento las ganas de besarla se apoderan de mí, que está sensación termina aterrándome demasiado.
Hace mucho tiempo que algo como esto no me sucedía y no me explico por qué ¿Por qué justamente debe estarme pasando esto ahora?
¿Por qué con una desconocida a la que nunca más volveré a ver en mí vida?
—Vaya desconocida que me vino a tocar—su semblante serio no cambia—. Eres solo tú o todas las desconocidas que hay en el mundo son tan hermosas. —para estar tan borracha todavía tiene sentido para flirtear.
—N-No sabes lo que dices—y realmente no sabe, está borracha —¿Te parece si lo volvemos a intentar?—cambio de tema.
—No sabía que tú y yo estábamos saliendo.
—¿Qué? —enarco una ceja—¿Saliendo? —cierros los ojos al entender lo que pensó—. Me refiero a que si volvemos a intentar levantarte del suelo.
—Estoy cómoda en esta posición—tú, pero yo no.
—Sabes que, olvídalo—no me voy a poner a pelear con una borracha—, no sé para qué estoy preguntando.
Y cuando estoy a punto de levantarme siento un gran bulto cerca de mi zona, que me deja petrificada.
No digo absolutamente nada y me limito a solo levantarme y levantarla, pero está vez poniendo mayor fuerza en todo mi cuerpo. Logro mi cometido a la primera, pero sin soltarla del todo, ya que como predije hace rato, puede volver a caerse debido al poco equilibrio que tiene en este instante.
—Muy bien Freen, ahora dame las llaves de tú auto.
—¿Para qué quieres las llaves de mi auto? —me mira con ojos interrogantes.
—Para ver porque las llaves de tu auto no abren las puertas.
—Creo que debería comprarme otro auto. —como si comprarse un auto fuera tan barato.
—Primero averigüemos cual es el problema ¿Te parece?
Freen busca en los bolsillos de su pantalón hasta dar con las llaves, que al mostrármelas me deja desconcertada.
—Freen ¿Estás segura de que estás son las llaves de tu auto? —le miro con las cejas fruncidas.
—Las he sacado de mi pantalón.
Esta bastante claro que las ha sacado de su pantalón, por lo que rápidamente y sin perder más tiempo comienzo a buscar por los alrededores del lugar, su glamuroso auto.
—Freen, creo que ya encontré el problema.
—Entonces abre mi auto.
—No puedo abrir este auto porque no es tú auto—ahora es su turno de fruncir las cejas—. Tú auto es un Audi y este Hyundai. Sí no estoy mal, tú auto está estacionando del otro lado. —señalo el lugar donde parece estar estacionado.
—Es culpa de este por parecerse a mi auto.
—Claro, son tan iguales. —intento no reír.
—¿Me das mis llaves?
Una parte de mi siente la gran satisfacción de haber ayudado a una chica que se encontraba en problemas, pero otra parte de mí siente una ligera preocupación por ella. Está claro que no puede manejar en ese estado de ebriedad, pero tengo cuatro amigas a las que tengo que llevar a casa.
—Espera... —le tomo de la mano—¿Crees-Crees que puedes manejar hasta tú casa? —intento no sonar preocupada, pero fracaso—Sí quieres, yo puedo llevarte y tú podrías venir mañana más consciente por tu auto.
—Sé que mañana cuando despierte, no sabré como habré llegado a mí casa y posiblemente no te recuerde, pero créeme cuanto te digo que he manejado mi auto estando peor que hoy. —le suelto la mano y desvió la mirada hacia el suelo.
¿Qué le pudo haber pasado a ella para bebe hasta ese grado?
¿Le habrán traicionado?
¿La habrán dejado?
¿La habrán engañado?
—En ese caso, me marcho ya. —dijo poco convencida y si poder hacer nada más.
—Es lo mejor chica desconocida.
—Adiós Freen.
Sé que pude hacer algo más por ella, pero ha sido su decisión el no dejarme involucrar más de la cuenta, así que, con la poca satisfacción que obtuve está noche, me marcho a casa no sin antes mirar cómo se marchaba primero del lugar.