¤ Estocolmo | hyunlix ¤

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Summary

Síndrome de Estocolmo, es un fenómeno paradójico en el cual la víctima desarrolla un vínculo positivo hacia su captor como respuesta al trauma del cautiverio. Felix parece ser irracional a la luz del peligro o riesgo soportado por ser una victima, esencialmente confundiendo la falta de abuso que recibe por parte de Hyunjin, como un acto de bondad. □ Prohibida su adaptación. □ Historia completamente mía. □ Si no te gusta el ship, por favor no leas. □ Fic con el fin de entretener. □ Escenas delicadas. 《 Inicio: 5/08/22 》 《 Final: 30/09/22》

Status
Complete
Chapters
29
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
18+

𝟏 |『ᴅᴇsϙᴜɪᴄɪᴀᴅᴏ』

Las luces frente a mi me hacen doler la cabeza.


Cada semana transcurre de la misma forma; mato a alguien; dejo el cuerpo en un basurero; una persona lo encuentra; llama a la policía. Azules y rojas, aquellos molestos colores se reflejan ante mis ojos mientras que personas con ropas iguales, se hacen ver, mostrando con orgullo aquella insignia a un costado de sus uniformes para demostrar que pertenecen a la policía.


Desde mi auto aprecio como levantan el cuerpo que apuñalé cinco veces, dejando perforaciones a lo largo de su pecho como también mucha sangre se ve desparramada en el suelo. Una imagen que adoro observar en completo silencio mientras la satisfacción inunda mi cuerpo, logrando que mi corazón mande descargas electricas hacia mi boca y una gran sonrisa irradie mi auto.


A veces me pregunto del por qué hago estas cosas, el por qué me convierto en algo tan desquiciado y sin tener sentimientos alguno hacia mis victimas, pero siempre llego hacia una misma conclusión; aquellas personas se lo buscan, hacen acciones que me no me gustan y eso llega hasta un punto donde me molesta mucho y no veo otra solución más que matarlo o hacerlo sufrir por interferir mi momento de paz.


Pues es algo parecido a lo que pasó hace una hora.


[Una hora antes]


La noche muestra un perfecto y sincronizado clima, todo se siente tan cálido pero de alguna manera también se siente frío. Amo estas indescriptibles noches donde no hay mucha gente merodeando por las calles, sólo soy yo y la brisa que cruza por esta ciudad.


Camino por las veredas observando cada detalle que hay en estas, encontrándome así con demasiado bares, jóvenes dentro de estas, comida, música, y discotecas. Por inercia y simple curiosidad, me detengo al frente en una de estas últimas y miro hacia el interior, haciéndose ver un amontonamiento de gente que casi no pueden respirar y bailan sin parar, con sus transpiraciónes recorriendo por sus rostros.


El asco me inunda y me obligo a dar unos cuantos pasos más hacia adelante hasta llegar a un callejón, a uno que queda excactamente a la par de la discoteca. Saco mi paquete de cigarro con rapidez y lo enciendo con el encendedor que tanto amo y es mi favorito desde que lo compré. Una vez hecho tal acción, guardo la caja del cigarro en mi bolsillo derecho de la campera de cuero, y me concentro en inhalar el humo para luego exhalar. Los segundos pasan y ya casi mi cigarro se acaba, pero de pronto, oigo una voz detrás de mi, lo que me obliga a girar mi cuerpo para enfrentar a la persona.


—Disculpa—habla un sexo masculino amablemente, y al oír su amabilidad, esfuerzo una sonrisa para que prosiga hablando—¿podrías prestarme tu encendedor? Es que te vi fumando y pensé que tendrías fuego para prestarme.


Entrecierro mis ojos y observo al desconocido de pies a cabeza. Su cabello es completamente negro, con unos ojos que reflejan la completa inocencia y lo que me lleva a pensar que solo es un niño, tal vez no mas de diecisiete años. Su piel palida contrasta con sus labios y mejillas, las cuales se tornan de un carmesí al esperar una respuesta de mi parte, y finalmente, su delgado cuerpo es cubierto por una camisa blanca y pantalones negros.


No me interesa cual inocente sea, acaba de interrumpir mi momento de paz y me divertiré con él debido a esto.


—Si—respondo con una media sonrisa en mi rostro, mientras que mi cabeza comienza a maquinar las millones de formas para desquitarme del estrés que manejo.


—Gracias—toma el encendedor una vez que le extiendo el objeto y observo como trata de prender su cigarro, pero lo que no le mencioné, es que aquel objeto, es tan difícil de manejar que incluso a mi me costó aprender, por lo que termina rompiéndolo por completo. Mi sonrisa de a poco se va desvaneciendo y no muestro ningún gesto facial de un momento a otro—perdón, creo que lo rompí—habla el sexo masculino mientras su rostro refleja la misma tristeza—puedo comprarte uno.


Ni siquiera puedo responder algo. Acaba de romper mi encendedor, el cual me ha gustado y he amado desde el primer momento en que tocó mis manos. Definitivamente esto ya es suficiente para no controlar mi enojo, sumándole el hecho de que había interrumpido mi momento de tranquilidad.


Tomo el objeto negro que me pertenece y lo guardo nuevamente en el bolsillo derecho de mi campera.


—No te preocupes—sonrío nuevamente, pero esta vez, mostrando una sonrisa para nada graciosa, sino que puedo describirlo más como diabólica—todo tiene solución.


《La solución es que corte todo tu cuerpo en pedacitos y luego me los coma en un rico y delicioso almuerzo que prepararé yo mismo》


—Podemos ir a comprar a la tienda de aquí en frente—señala hacia el lugar y mis ojos siguen su dedo indice, encontrándome claramente con aquella tienda completamente de color verde.


—Si, podemos—el muchacho sonríe con gracia y gira su cuerpo para dirigirse hacia la tienda, pero lo próximo que siente en su parte trasera, es un enorme dolor crecer desde su espalda bajo hasta dirigirse a su cuerpo entero.


La punta filosa se introduce cada vez más en el, mi mano se impulsa hacia adelante y logro enterrar mi cuchillo favorito mas de lo que debería. Ni siquiera puede gritar, porque al sentir la segunda apuñalada, ahora en casi la zona de su pulmón, cae rendido al suelo.


—Sh, te dije que todo tiene solución, y para mí, esta es mi solución—suelto una pequeña risa antes de arrastrar el cuerpo más hacia el fondo de este callejón, donde lo apuñalé tres veces más.


Me sentí liberado, el deshacerme de personas que me incomodan o me molestan, hace que sienta una enorme felicidad rodearme, y la razon por la que pasa eso, es porque los seres humanos a mi alrededor empeoran mi día, logrando que odie con toda mi alma la raza humana.


Sin esperar más, levanto el cuerpo sin vida en mi hombro y lo tiro en un contenedor que está a solo unos pasos, por lo que tomo el pañuelo blanco que siempre llevo conmigo y limpio la sangre que salpicó en mi rostro como también lo que quedó manchado en mi hombro. Luego de terminar con mi trabajo, me dirijo hacia mi auto que esta estacionado a solo dos cuadras de aquí, y en el camino me compro una hamburguesa McDonald's y una coca-cola, ya que todo esto hizo que el apetito apareciera.


Finalmente llego hacia mi auto y me pongo en marcha hacia aquella calle donde un cuerpo sin vida descansa dentro de un contenedor, estacionando en frente de esta para esperar que la policía haga su gran entrada mientras disfruto de mi cena.


[Presente]


Doy un sorbo largo a mi coca-cola mientras pongo un poco de música clásica, las melodías de estos sonidos logran relajarme y al observar como los paramedicos y policías se encargan de todo el desastre que causo mientras escucho música desde mi auto, se siente tan satisfactorio.


Haría todo esto por el resto de mi vida y jamás me cansaría.


Al terminar con mi respectiva cena y saber que la policia se encargó del cuerpo que asesiné, enciendo el auto y me dirijo hacia mi departamento, lugar donde vivo solo sin la interrupción de nadie a mi alrededor.


Y por si se preguntan el por qué la policía no puede atraparme luego de tantos años en hacer lo que hago, es porque soy hijo de un oficial de alto rango, eso quiere decir que debido a su status de V.I.P., es prácticamente intocable para la policía surcoreana, por lo que realizo los asesinatos que quiero y cuando quiero.


Tomo una ducha de varios minutos y me relajo después de este día tan cansador. Una vez completamente limpio, me dirijo hacia mi cama y me recuesto en este con mi cuerpo hacia arriba, donde todo lo que puedo hacer y pensar, es en las personas que asesiné esta semana. Sonrío mientras lo hago, me siento tan feliz de hacerlo que incluso agradezco que mi rostro sea hermoso y perfecto, ya que por esto, la mayoría de las personas que he matado, primero las seduje con mi encanto y cuando ya fué suficiente, hacia que dejen de respirar.


—Agh que aburrimiento—mi voz se oye solo para mi y luego suelto un suspiro frustrado.


Miro hacia la pared de mi izquierda y me levanto nuevamente de la cama, en estos pequeños segundos de pensamientos, he decidido ir hacia el supermercado que queda solo a unas casas de mi departamento y comprar alguna cerveza para tomar. Tomo nuevamente mi chaqueta negra y me pongo un poco de maquillaje, solo por si tengo que seducir alguna persona, y salgo de mi habitación.


Ya casi es de madrugada, por lo que la brisa fría ahora se hace sentir con intensidad, haciendo que introduzca mis manos en los bolsillos y suelte un suspiro.


El sonido de la puerta al ser abierta se escucha, mis pasos entrando se oyen en este lugar tan callado donde algunas luces se encuentran apagadas. Camino sin tantos rodeos hacia el estante de las bebidas y saco una cerveza corona que yacían en el estante, aunque me detengo a pensar un poco y tomo tres botellas más. Con pasos apresurarados me dirijo hacia la caja para pagar las bebidas, pero como hay tantos estantes y en consecuencia debía hacer malabares para llegar hacia donde quiero, una persona choca con mi cuerpo en el preciso momento en que estoy por doblar en uno de los estantes.


Debido a la dureza de mi cuerpo, la persona contraria logra caer hacia el suelo.


—Oh, perdón, la culpa es mía, no lo vi y...—bajo mi cabeza ante sus palabras soltadas con desesperación, encontrándome con un chico totalmente rubio mientras sus manos se apoyan en el suelo—perdón—finalizó con tristeza.


—¿Estas bien?—cuestiono sin sentirme realmente preocupado, mas bien siento un poco de asco y mi voz se escucha totalmente serio, para nada amable.


—S-si, estoy bien—veo como se levanta del suelo y realiza una reverencia hacia mi, pero al hacer esta acción, me deja apreciar de mas cerca su rostro. Amaría matarlo y luego cortarle las hermosas manchitas marrones que tiene por toda su cara, incluso en sus orejas—¿estas bien?—quién pregunta ahora, es aquella voz grave del niño con pecas que me mira entrecerrando sus ojos.


—Eh, si. ¿Como te llamas?


—Lee Felix, ¿y tu?—sonríe con timidez mientras sus perfectos dientes se muestran y logran que sus ojitos se cierren ante su gracia.


Y aquí me tienen, admirando aquellos gestos faciales que sin darse cuenta, forma sin ningún problema. Por inercia una leve sonrisa se forma en mi rostro, mientras que sigo en mi burbuja al pensar lo perfecto que sería asesinar a este chico. Y si, cualquiera podría confundirlo con una mirada de enamoramiento, cuando en realidad, es una mirada de un psicópata hacia su próxima víctima.


—Hyunjin—digo sin pensarlo dos veces.


—Lindo nombre—vuelve a sonreír de la misma manera, obligándome a perderme en sus ojos color marrón.


—¿Que?—no me percaté que dije mi nombre real en vez del que uso con todas mis víctimas.


La he cagado, y ahora tendré que asesinarlo de todas formas.


—Que tu nombre es bonito, Hyunjin.


Nuevamente hace una reverencia, viéndose demasiado tierno y pequeño ante simples acciones como estas, pero. ¿Quien podría juzgarme? Si todo en este chico rubio se hace ver tierno, incluso en acciones que tiene como mover sus manos nerviosamente y jugar con sus pequeños dedos. Aunque dentro de todo no puedo creer que esté haciendo y pensando en todo esto, y solo para que él tenga confianza en mi y luego todo aquello se esfume en solo segundos.


—Creo que tu nombre es mucho más lindo que el mio, Lee Felix—no me lo podía creer, pero he soltado las primeras risas sinceras después de tanto tiempo.


—Muchas gracias, señor—sus mejillas empiezan a tornarse de un color carmesí delicado, al parecer se pone demasiado nervioso cuando recibe cumplidos.


Sin embargo, detrás de todo ese nerviosismo, puedo ver unos ojos que reflejan la lujuria misma, mostrándome un mundo de sensaciones raras que jamás en mi vida las he sentido, no hasta ahora. Me pregunto a qué se dedicará este chico para tener esté tipo de mirada.


—No me digas señor, no soy tan viejo—me tomo el atrevimiento de llevar mi mano diestra hacia su cabello rubio y dejar caricias en esa zona.


—Tengo respeto hacia mis mayores.


—Solo quiero que me digas Hyunjin—miro hacia los objetos que Felix sostiene en su mano y los señalo con mi dedo índice—¿que compraste?


—Oh, compré para hacer palomitas y ver una película, estaba demasiado aburrido en casa y no supe que hacer.


Todo en el día va de maravilla para mi, tengo en la palma de mi mano al chico rubio de bonitos ojos y lo aprovecharé de todas las maneras posibles.


—¿En serio?—levanto mis cervezas y las muestro ante su rostro—pues yo también estaba aburrido y planeaba ver una película—suelto con una risa exagerada.


—¿Quieres venir a mi casa y vemos la película juntos?—cuestiona él, lo que me lleva a confirmar que sus ojos realmente muestran las lujuria misma, incluso aquella mirada se ve caliente para cualquiera que lo mirase, entonces... ¿A que se dedica realmente este chico?


¿Busca una noche de pasión?


—Si—digo sin dudarlo, mientras que lo que mis ojos reflejan, es pura felicidad, con tan solo imaginarme el pequeño cuerpo frente a mi lleno de sangre, hace que mi corazón grite de la emoción.


Y sin más, ambos nos dirigimos hacia la caja y pagamos nuestras respectivas cosas. Finalmente nos dirigimos hacia la casa de Felix, debido a que esta quedaba mas cerca que mi departamento, y en el camino, repaso cada cosa que haría.


Empezaría con posibles besos, claro, si soy correspondido, luego todo se tornaría más intenso y cuando menos se de cuenta, sacaría mi cuchillo que tengo escondido en la parte trasera mi pantalón. Una noche como cualquier otra, o eso es lo que pensaba, haría todo lo que hago durante años; apuñalar; matar; tirar el cuerpo en cualquier lado, y esperar por mi siguiente víctima.


Pero lo que menos pensé que sucedería, fué que habría muchas interrupciones en esta noche, porque cada vez que quería hacer un movimiento, era interrumpido por algo o por alguien.


Peor aún, jamás me imaginé que una de mis victimas desarrollaría el Síndrome de Estocolmo.