Manos perfectas || VKOOK

Summary

Él era un importante relacionista público representando a una importante y muy reconocida marca. ¿Su principal problema? La enorme carga de estrés que tenía a cuestas y la nula capacidad para encontrar una solución al problema que lo aquejaba. Un buen amigo le da una tarjeta con la dirección de un lugar que aparentemente lo puede dejar como nuevo. ¿Será aquello una buena idea? Esta historia es una Adaptación de "Manos Perfectas" de AdrianaJongcheveevat, que está publicada en Wattpad, y tengo los permisos de la autora para adaptarla y publicarla

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Ser el relacionista público de una de las más reconocidas marcas suizas, valorada en más de veinte millones de USD (dólares estadounidenses), sin duda alguna es un trabajo que puede agobiar a cualquiera. A mí en lo personal, me tiene al borde de tirarme al abismo desde el Europabruecke, el puente peatonal colgante más alto de Suiza con ochenta y cinco metros de alto y cuatrocientos noventa y cuatro metros de longitud.


La gente puede decirme que estoy siendo demasiado exagerado, yo les respondo que tendrían que estar en mi lugar para comprender de primera mano, lo terriblemente estresante que es cuidar una empresa en su totalidad. El prestigio, la continuidad y la existencia de una compañía dependen en gran medida de unas buenas relaciones públicas, y ese es precisamente mi trabajo.


Soy Licenciado en Relaciones públicas con especialización en relaciones internacionales, y en pocas palabras me encargo de construir y conservar una imagen positiva de la empresa que represento con el público a nivel internacional, principalmente en Europa, pues Nestlé, marca para la cual trabajo desde hace varios años, tiene su sede precisamente en Suiza, un país perteneciente a la Unión Europa.


Cuando las personas me conocen y saben a lo que me dedico, por lo general me miran y piensan que soy "el rey del drama", incluso tienen la osadía y desfachatez de preguntarme "¿Y qué es lo que tanto haces que te estresa?" el tono en el que lo dicen denota que creen que no hago nada en realidad, sin ponerse a pensar en lo terriblemente desconsiderados que son al menospreciar mi trabajo de esa manera.


Mi función como relacionista púbico no es pararme frente a los medios para contar la historia "bonita" o "perfecta" de la empresa, sino entender y satisfacer las necesidades de los consumidores, de los empleados de la compañía y de otros grupos que son de vital importancia para la actividad de la marca.


Pero repito, la gente tiene que estar en mis zapatos para comprender lo que es tener que lidiar con los medios de comunicación, con la comunidad a la que servimos, con los consumidores, con el sector gubernamental, trabajar o apoyar las campañas políticas, ser representante de grupos de interés, mediar conflictos en la empresa, manejar las relaciones entre los inversionistas y los empleados, fungir como activista social, entre más actividades que mantengan a la empresa en un estándar casi perfecto a los ojos del mundo.


No soy un héroe anónimo sin capa, pero mi trabajo tiene mucha responsabilidad que, de no hacerlo bien, no solo pierdo mi empleo y me voy por la puerta trasera sin una dichosa carta de recomendación. Sino que la empresa a la cual represento puede perder por completo su prestigio y al verse afectada dicha reputación es casi inminente que se vaya a pique y se desplome por completo. Sí, digamos que soy una especie de padrote de Nestlé, aunque eso se escuché muy burdo.


Afortunada o desafortunadamente, tengo un amigo que salva mi trasero la misma cantidad de veces que me mete en problemas, lo sé, lo sabe y seguimos juntos. En ocasiones sus consejos suelen ser realmente muy buenos y me hacen aterrizar en la realidad o ver las cosas desde otra perspectiva, pero otras veces, sus ideas son tan disparatadas que me hacen cuestionarme seriamente por qué demonios sigo siendo amigo de Park Jimin.


Park Jimin es el gerente de recursos humanos de Nestlé, y aunque la empresa tiene un detallado y muy estructurado proceso para la contratación del personal, Jimin sigue sus propios lineamientos, y al parecer han resultado efectivos pues lleva trabajando para la compañía desde que era un estudiante el cual había ingresado solo para hacer sus prácticas profesionales.


Además de ser mi jefe, como ya dije, Jimin es mi amigo. Y, evidentemente preocupado por mi estabilidad emocional, me citó en el bar cercano a la oficina para darme la tan esperada "cura" para el reciente estrés que amenazaba con terminar conmigo. Recé internamente para aquello no fuera otra de sus locuras, de verdad necesitaba relajarme o iba a colapsar, no había manera alguna de seguir con ese ritmo de trabajo y salir ileso, mi vida era literalmente una bomba de tiempo. Pero tener esperanzas tratándose de Jimin, me hacía ver como un novato iluso.


— Debí imaginarme una locura como esta — le digo a Jimin entrecerrando mis ojos antes de darle un buen trago a mi ginebra Beefeater.


— ¿Qué tiene de malo un masaje, Jungkook? — me pregunta casi ofendido.


— No quiero que alguien me ande toqueteando así nada más porque si — respondo en tono de elemental.


— No te van a "toquetear" sin un propósito Jungkook, en algunos lugares ni siquiera es una persona la que te brinda el masaje son camas o aparatos diseñados para hacerlo — trataba de convencerme, pero no lo estaba logrando — pero si quieres masajes con final feliz, te puedo recomendar otras opciones — la cara de pervertido de closet que me lanzó me hizo no querer seguir escuchándolo.


— Ni siquiera quiero preguntar que es "final feliz" — vuelvo a tomar un trago a mi bebida y me la acabo haciendo una mueca con los labios. Sí que está fuerte, así que creo que mejor me compraré una botella en lugar de ir a la dichosa sala de masajes que me recomienda mi amigo.


— Ve — Jimin me da la tarjeta y yo la tomé solo porque es llamativa — es un lugar serio, te aseguro que te dejaran como nuevo.


— No tengo tiempo para eso — respondo a la defensiva — mejor llenaré de licor mi nevera y beberé todo el fin de semana en la comodidad de mi departamento.


— Deja abierta la puerta — mi amigo me dijo entre risas y por mi cara de confusión supo que no entendí la referencia — en caso de que no aparezcas en tres días enviaré a la policía a tu piso, conociéndote es probable que mueras por ingesta alcohólica.


— ¿Eso es mejor que tirarse del puente más alto del país no? — intento bromear y Jimin lo sabe.


— No lo sé, pero ninguna me parece una buena opción para morir tan joven — responde con seriedad — solo tienes veintisiete años Jungkook, es increíble que manejes ese grado de presión, pero, no creo que merezcas morir joven y casi virgen — el casi me hizo sentir mal por alguna extraña razón.


— Por favor Jimin, dejé de ser virgen a los diecinueve — le recuerdo, pues ya habíamos tenido esta conversación respecto a mi vida sexual, y sé exactamente lo que viene a continuación — y sí, ya han pasado ocho años de ello y no he vuelto a tener sexo con alguien, pero... — me detiene antes de que continúe.


— Masturbarse no cuenta como sexo, cuenta como masturbarse, que no es lo mismo — me aclara con su "vasto" conocimiento del tema — y haber tenido sexo una sola vez en tu vida, y dejar que pasaran casi diez años sin volver a hacerlo te hace una persona "casi virgen".


Sí, así de ridícula y absurda es la lógica de Jimin, y cuando se trata de sexo, es aún más incoherente e irracional. Y no es que él salga constantemente con chicos, de hecho, es muy estable en sus relaciones, a lo largo de los seis años que llevo conociéndolo, él ha estado con dos chicos, con uno terminó cuando recién lo conocí, pero ellos ya llevaban cinco años juntos, y con el otro chico llevaba un mes de haber roto la relación después de cuatro años. Así que, a menos que llevara una doble vida, me pregunto cómo es que sabe tanto de sexo.


— Agenda una cita, Jungkook — me insiste — te aseguro que no te vas a arrepentir — sentencia como si verdad creyera que yo aceptaría ir a dicho lugar. Crédulo.


De acuerdo, el plan A, que consistía en emborracharme todo el fin de semana había resultado en un rotundo fracaso. Ridículamente olvidé que el alcohol "cura" las penas, pero solo momentáneamente. Así que el lunes, después de la reunión con inversionistas ingleses a primera hora de la mañana, mi cuerpo ya sentía el cansancio que solía tener un viernes por la tarde. ¡Por todos los cielos! A penas iniciaba mi semana y ya quería tirar la toalla.


Evidentemente ese día acabé semi—muerto en el sillón de tres piezas de la sala de mi departamento. Al día siguiente las cosas fueron exactamente igual, un día caótico lleno de reuniones, presentaciones, diligencias y visitas a diferentes organizaciones para mantener a Nestlé como una empresa líder en mercado europeo. Mis homólogos en América y Asia suelen pedirme consejo para llevar a la empresa por el mismo rumbo en el que suelo llevarla yo, y eso también me genera cierto estrés, especialmente con mi compañero asiático pues su cultura es, bastante muy diferente a occidente.


El resto de la semana no fue diferente, siendo el jueves el peor día de todos. La rueda de prensa que había tenido que presidir en la cual se nos acusaba como una empresa que fomentaba la obesidad infantil, fue fatal. Entendía su punto, pero parecía que ellos no entendían el nuestro. Ni siquiera quiero recordar ese día, no me atrevo ni a ver el video que ronda por las redes sociales, su objetivo era despedazarme y casi lo consiguen.


Y entonces, el viernes por la tarde tuve que decidir entre elaborar mi testamento y tirarme de un puente o coger mi teléfono y hacer una cita en "Lila Corean Massage". No tenía muchas opciones, pero debía tomar decisión, ya. Así que hoy sábado me encuentro afuera del dichoso salón de masajes, tomé el plan B y opté por darle una oportunidad a la locura de Jimin, total si no funciona, el viaje a Zermatt en donde está el famoso puente colgante era tan solo de tres horas y media desde Zurich.


— Buenas tardes, bienvenido — me recibió una mujer entre los treinta y tantos.


— Buenas tardes — respondo tratando de sonar tranquilo — soy Jeon Jungkook, tengo una cita a las cuatro — le digo con mi celular en mano para verificar mi correo electrónico con la confirmación de mi cita.


— Por aquí señor Jeon, lo estábamos esperando — aún faltaban quince minutos, pero me habían pedido que llegara a esa hora para prepararme y que mi masaje durara exactamente la hora completa.


La amable mujer me condujo por un pasillo iluminado apenas por unas cuantas lámparas con una luz muy tenue dándole una intimidad muy sutil a las instalaciones. Todo el lugar olía a lavanda, pero no era un aroma tan penetrante y se podía disfrutar sin problema. La señora me llevó hasta un cuarto completamente blanco, sin ventanas, con una cama al centro, una pequeña mesita con ruedas tenía algunas velas y aceites aromáticos y un perchero de donde colgaba una bata.


— Por favor, desnúdese y colóquese esta bata blanca — me indicó la mujer dándome la prenda.


— ¿Es necesario que me quite la ropa? — pregunté dudoso de querer continuar con aquello, la situación me estaba generando más estrés del que necesitaba.


— Con eso evitaremos que su ropa de manche con algún aceite — me dijo con una sonrisa — además el masaje se brinda mejor sin ropa señor Jeon — no me molestaba que me dijera señor, pero sí, que notara mi evidente nerviosismo — en breve vendrá su masajista — me regaló una sonrisa y salió de la habitación dejándome solo.


No quería que el o la masajista me encontrara cambiándome de ropa, así que a la velocidad del rayo me quité la ropa y me coloqué la bata. No fue fácil, mi ansiedad a que no me encontrasen desnudo me hizo tropezar en varias ocasiones. Lo sé, soy bastante patético, pero de verdad que aquella situación no aplacaba para nada mis nervios, empezaba a arrepentirme de haber hecho la cita.


Dejé mis cosas en una mesa que estaba a un lado de la puerta, no la había notado cuando llegué, de hecho, tampoco me había dado cuenta de que la habitación tenía varios cuadros con mándalas dibujados y un pequeño sillón en la esquina de una sola pieza. Los nervios me volvían una persona poco observadora y si no me tranquilizaba e iba a perder de muchos detalles del lugar, de eso estaba seguro.


No le dije que Jimin que vendría, no le daré el gusto de saber que tuve que usar una de sus opciones para intentar relajarme, o al menos no todavía, además quiero ver que tal resulta el dichoso masaje, pues si es todo un fiasco prefiero que nadie conozca mi experiencia. Y si, por el contrario, todo sale bien, incluso soy capaz de recomendar el lugar a mis familiares y amigos, por qué no.


Aún quedan algunos minutos para que sean las cuatro, me siento en la cama que está al centro, de la cual me doy cuenta tiene una abertura en una de las puntas, supongo que ahí pondré mi rostro en pocos minutos. La señora me dijo que me quitara toda la ropa, sin embargo, me he dejado el bóxer, no creo que haya problema alguno. Después de todo, es mi intimidad y no pueden obligarme a quitármelo.


Soy consciente de que mis pies cuelgan como péndulo cuando el reloj de la pared anuncia que son las cuatro en punto, estoy seguro que la pequeña melodía que sale de ese curioso artefacto tiene la función de tranquilizar a los clientes, en mí no funciona pues una sensación de nerviosismo hace mella en mi estómago, ni siquiera puedo decir a ciencia cierta porque me siento así, generalmente soy alguien extrovertido, mi profesión así me lo exige, además de que me gusta serlo, pero estar aquí, apunto de que un extraño toque mi cuerpo, me hace temblar.


Justo segundos después, escuchó como alguien al otro lado de la puerta gira la perilla y abre la puerta lentamente. Automáticamente mis ojos giran hacia aquel lugar para encontrarme con un metro ochenta y cinco de puro erotismo y sensualidad. Soy perfectamente consciente de que mi cara demuestra asombro y alelamiento. Estoy pasmado. Jamás un hombre había tenido un efecto en mí tan súbito e instantáneo.


Mis manos automáticas se aferran a mi bata porque la vergüenza de que ese perfecto hombre me vea sin ropa es demasiada. El sujeto entra y me lanza una sonrisa mostrándome sus perfectos dientes alineados en su sonrisa cuadrada. ¡Jesús de Nazareth! Seguramente ese gesto lo ha hecho merecedor al premio de la mejor sonrisa del mundo. Yo solo puedo mover mi boca en un burdo intento de sonreír tan perfectamente como lo ha hecho él. Es en vano, lo sé, pero al menos lo intento.


— Buenas tardes, señor Jeon — saluda y su fascinante voz envuelve y nubla completamente mis sentidos Por cierto, ¿Cuántos tengo cinco o seis? Creo que lo he olvidado — soy Taehyung, su masajista — joder ¿Taehyung qué, Taehyung qué? ¿Así, a secas, solo Taehyung? no sé porque solo me dice su nombre de pila y tampoco entiendo porque estoy tan desesperado porque me diga su apellido.


— No hay problema con que me llames Jungkook — es lo primero que sale de mis labios, sé perfectamente que mi voz se escuchó más como el chillido de un perro chihuahua que como la de un hombre de veintisiete años.


— Gracias Jungkook, aprecio cuando los clientes me permiten hablarles con tal familiaridad — me dice sin borrar su jodida sonrisa perfecta de su rostro también jodidamente perfecto. Es tan simétrico, pómulos marcados y en armonía con su mandíbula, el arco de la nariz recto y ancho, con contornos no muy destacados y sin giba.


No sé qué responder al comentario que me hizo, un "de nada" iba a sonar muy soso, y quizás si no decía nada él se lo podría tomar mal, así que obligué a mi cerebro a pensar en una respuesta ingeniosa pero tal parecía que todas mis neuronas de habían ido de vacaciones o sencillamente no estaban disponibles en ese momento, aunque tal vez habían muerto en cuanto vieron a ese hombre cruzar el marco de la puerta. Pero "Don perfecto", sabía muy bien qué hacer en ese tipo de situaciones y volvió a hablar.


— ¿Empezamos? — me preguntó acercándose a mí. Estupefacto con su caminar, solo pude asentir con la cabeza — no estés ansioso Jungkook, estás aquí para relajarte no para sufrir un colapso nervioso — juro por Dios que no sé en qué momento apartó mis manos de la bata y las colocó a los costados de mi cuerpo.


No podía dejar de mirarlo a los ojos, el tenerlo tan cerca me permitió observar mejor ese par de iris y sin duda pude concluir que aquella parte era la más bonita de su rostro. Eran tan profundos, tan negros, tan... ¡Jesucristo! Deslizó mi bata por los hombros y sus largos dedos rozaron mi piel, no pude evitar estremecerme, sonrió, el condenado se sabía responsable de aquella reacción de mi cuerpo.


— Quítate la bata y recuéstate boca abajo — me ordenó y solo pude obedecer, no quería que viera mi cuerpo desnudo, pero él lo estaba pidiendo ¿Qué más podía hacer? Me sentía mareado y aproveché que él me dio la espalda mientras se entretenía con los aceites para quitarme la bata y recostarme boca abajo, metí mi rostro en el agujero de la mesa y solté el aire contenido tratando inútilmente regular mi respiración. Se supone que esto debía estar relajándome, pero por el contrario me estaba poniendo más ansioso.


Escuché una risita de su parte, seguramente se estaba riendo de mí, de mis largas y delgadas piernas o quizás de mi abultado trasero, puede incluso que de mi enclenque espalda y aunque sabía que me iba a hacer sentir mal, no me iba a quedar con la duda de saber qué era lo que tanta gracia le hacía.


— ¿Qué es lo gracioso? — pregunté dejando ver mi molestia.


— No te enojes Jungkook — me dijo al notar el tono de mi voz — me parece gracioso que tengas tu ropa interior puesta — confesó sorprendiéndome un poco ¿Mis bóxer le parecían graciosos? Precisamente por eso había escogido unos negros ajustados, no entendía la gracia de aquello — ¿No te dijeron que debías quitarte toda la ropa?


— ¿Es necesario que lo haga? — no quería que supiera que me aterraba la idea de estar completamente desnudo delante de él, bueno delante de cualquiera, pero después de haberlo visto sin duda me cohibía desnudarte estando él presente.


— Por el momento vamos a dejarlo en su lugar — respondió. Aquello, más que solidaridad hacia mi persona me pareció una sutil advertencia de que tarde o temprano iba a estar sin ropa delante de él.


No dije nada más después de eso. Con mi rostro metido en el hoyo de la mesa, solo podía ver el piso, sin embargo, pude escuchar cuando Taehyung abrió una botella y supuse que sería la de aceite, y no me equivoqué porque segundos después pude oler la fragancia de sándalo y aloe vera. Me gustaban esas fragancias, eran frescas y sin duda le daban al ambiente un aire mucho más relajado.


Parecía que la atmósfera tranquilla y pacífica del lugar estaba envolviéndome, aspiré nuevamente la esencia del aceite y sentí mi cuerpo soltarse un poco. Seguía tenso por la cercanía de Taehyung, no lo voy a negar, pero al menos había soltado algo del peso que llevaba tiempo cargando. No obstante, sin avisar, aquel atractivo masajista colocó sus manos en mi cuerpo.


Empezó por mis pantorrillas. Sinceramente, hasta ese momento no les había prestado atención a las manos de Taehyung, estaba más concentrado en su rostro, principalmente en sus ojos, pero cuando las sentí sobre mí, tuve la enorme necesidad de querer observarlas haciendo su trabajo, sin embargo, mi posición no me lo permitía y tuve que usar mi imaginación para darme una idea de cómo serían. Tengo claro que las manos son uno de los puntos más atractivos de un hombre, y aunque todavía no podía apreciar las de mi masajista, a mí me parecían... perfectas.


Cerré mis ojos y me imaginé unas manos que demostraban seguridad y fortaleza, con una clara parte de cuidado, higiene y sensibilidad. Manos con actitud varonil, pero sensibles. Fuertes, pero al mismo tiempo suaves, duras pero expresivas. Las manos de Taehyung se sentían tan bien en mi cuerpo que era capaz de percibir el calor de emanaba de ellas mientras subía y bajaba apretando ligeramente sin causarme daño.


— ¿Te gusta, Jungkook? — me preguntó se pronto interrumpiendo la imagen mental que me hacía de sus manos.


— Sí — respondí de inmediato porque era verdad, apenas empezábamos y sus manos ya me habían llevado al cielo.


— Esa es la idea — me dijo en voz baja — que disfrutes de principio a fin — agregó. Sí con principio se refiere al momento en el que él entra a la habitación y hace acto de presencia, sí, por supuesto que he disfrutado desde que todo comenzó.


De mi boca solo sale un sonido parecido a un "Uhmm" porque no puedo decir nada más. Jamás imaginé que se iba a sentir tan increíblemente bien que unas manos se pasearan libremente por mis pantorrillas, el masaje que Taehyung está dando en aquel lugar hace que todo mi cuerpo se estremezca, y sé que lo sabe porque tengo la piel de gallina.


Aquellas manos de las que me he enamorado se alejan de mi cuerpo porque su dueño va a colocar más aceite en ellas. Antes de venir pensaba en decirle al masajista que no usara aceite, pues imaginaba que mi cuerpo iba a quedar pegajoso al final y sería una sensación muy desagradable, pero ahora sinceramente es lo que menos me importaba.


Taehyung no tardó en volver a poner sus manos en mi cuerpo, esta vez sobre la parte trasera de mis muslos. Me estremezco y nuevamente vuelvo a escuchar su risita de burla, que lejos de molestarme me hace sentir incómodo, no quiero que ese espécimen de hombre perfecto se burle de mí, pero no puedo evitar reaccionar de esa forma ante su tacto.


Las manos de Taehyung presionan, frotan y golpean rítmicamente y con la intensidad adecuada las masas musculares de mis muslos. Arriba abajo, a un lado al otro siendo la parte interna la más sensible, la que más escalofríos me provocaba. Aquello era algo más que una simple fricción y yo indiscutiblemente me hallaba disfrutando tanto de ese momento.


Mi masajista separó lentamente mis piernas y me sentí maravillosamente expuesto, si bien, aún permanecía con mi ropa interior puesta, en mi mente estaba completamente desnudo ante ese ser de exquisitas manos. Taehyung estaba tocando partes de mi cuerpo que tenían mucho sin ser exploradas e incluso algunas permanecían vergonzosamente vírgenes.


— ¿A qué te dedicas Jungkook? — me preguntó. Quise responder que en ese momento solo me dedicaba a disfrutar sus manos sobre mis piernas, pero por obvias razones no podía hacer eso.


— Soy relacionista público — respondí en voz baja.


— Entiendo porque dicho empleo te tiene tan estresado — algo dentro de mí se removió porque era la primera persona que me decía que entendía lo perturbador que podía ser mi trabajo. Taehyung apretó los costados de mis muslos y yo gemí. No pude evitarlo, pero agradecí que no pudiera ver mi rostro totalmente rojo como un tomate — tu cuerpo sigue muy tenso, olvida todo lo que tiene que ver con el trabajo, en este momento solo importas tú y tu bienestar.


En este momento solo estamos él y yo, y no podría ser más perfecto. Taehyung sigue pasando sus manos por mis piernas y de pronto doy un respingo porque sus dedos rozan mis nalgas. Aquel toque fue a propósito, lo sé. La lentitud con la que sus dedos se deslizaron por las curvas de mi trasero no pudo ser un accidente, y la verdad es que lo disfruté mucho, mi miembro vibró y agradecí estar boca abajo.


Taehyung volvió a quitar sus manos para colocar aceite en ellas, no me dio tiempo de extrañarlo porque casi al instante sus manos volvieron a mi cuerpo, y aunque creía que seguían mis nalgas, él comenzó a mover en círculos sus extremidades a todo lo largo y ancho de mi espalda. La fuerza que ejercía era perfecta y me tenía gimiendo ya sin tanto pudor. ¿No tenía nada de malo o sí?


— Perdón — dije cuando los sonidos de mi boca se hicieron más fuertes.


— No te disculpes — dijo al instante — déjame escuchar tus gemidos, con eso puedo saber si estoy haciendo bien mi trabajo.


Sí su trabajo era excitarme como nunca antes me había sentido, entonces sí, estaba haciendo un trabajo verdaderamente insuperable, y solo me estaba acariciando la espalda. Pero sí ese no era el objetivo del masaje, de todos modos, no me importaba, no es que me fuera a quejar del servicio, aunque tampoco quería recomendarlo. Me sentí extraño por estar siendo posesivo con ese hombre al cual llevaba minutos conociendo, pero quería que sus manos solo tocaran mi cuerpo, únicamente el mío.


— ¿Qué edad tienes Jungkook? — juro que cada vez que decía mi nombre un espasmo recorría mi cuerpo. ¿Qué me había preguntado?... forcé a mis neuronas a no abandonarme cuando más las necesitaba. ¡Oh sí, mi edad! Ese adonis me preguntó mi edad.


— Veintisiete — respondí sintiéndome orgulloso, no de mis años, sino de mi capacidad para responder.


— Aún eres muy joven — sentí como sus manos bajaban y jugueteaban con el elástico de mi ropa interior.


— No creo que seas tan mayor — le dije pues me moría por saber su edad y su apellido, así podría buscarlo en las redes sociales.


— Tengo treinta y cinco años — respondió. ¡No es cierto! Se veía de mi edad, incluso más joven. Entonces este hombre estaba muy bien conservado. Lo siguiente que quería saber era su estado civil, y sus preferencias sexuales y... — Jungkook la espalda baja y tu... trasero son una parte muy importante de tu cuerpo, la cuales también necesitan ser atendidas, y por eso necesito quitar tu ropa interior.


¡Ay no! quería y a la vez no despojarme de mis bóxer. La ventaja es que no podía ver mi rostro, eso me ayudaba mucho con el bochorno del momento. Ni siquiera fui capaz responder con palabras, en su lugar tan solo levanté mi cadera de la mesa y flexioné mis rodillas. Taehyung entendió el mensaje, sus manos deslizaron mi ropa interior y en segundos quedé completamente desnudo. Cumplió su promesa.


Apreté mis manos con la esperanza de calmarme, no quería que el temblor de mi cuerpo fuera evidente, pues ahora ya no sabría decir exactamente porque me estoy estremeciendo tanto, si por miedo, nervios o... excitación. Yo diría que por las primeras dos, pero mi subconsciente y mi cuerpo están seguro que se trata de ésta última.


No obstante, no pude seguir pensando los motivos que tenía mi cuerpo para temblar. Las manos de Taehyung empezaron a acariciar mis nalgas y toda la cordura de la que hago alarde se fue muy, muy lejos. Que espléndida y excepcional forma de amasar mi trasero. ¡Joder! sentía un hormigueo en cada rincón de mi cuerpo y más allá de él. Subía, bajaba y estrujaba aquella zona a su completo antojo y solo fui consciente de lo mucho que lo estaba disfrutando cuando me di cuenta de que mis gemidos se escuchaban por toda la habitación y que mi cuerpo se frotaba en aquella cómoda cama.


No podía decir nada, no había manera alguna de excusar mi comportamiento. Pero en mi defensa tenía que decir que aquellas prodigiosas manos estaban haciendo conmigo un remedo de hombre. Era increíblemente sencillo dejarse llevar por las fascinantes sensaciones que las manos de Taehyung le brindaban a mi cuerpo, ¿Por qué demonios no le había hecho caso a Jimin desde un principio? Me había estado perdiendo de este pequeño paraíso en la Tierra. ¿Con qué frecuencia podría volver sin que pareciese desesperado? De acuerdo, debía ir más despacio, aún no terminaba la deliciosa tortura y ya estaba pensando en volver.


De pronto, el sentido de ese masaje cambió, juro por Dios que fue así. Taehyung se alejó de mi cuerpo solo para volver segundos después y entreabrir mis nalgas para rociar aceite en la raja que las dividía. Esta vez el gemido que salió de mis labios fue de absoluto placer, no es que los de antes no lo hubieran sido, pero se entendía que el placer de un masaje era diferente al placer de sentir algo húmedo y fresco en aquella parte tan íntima de mí cuerpo.


¿Dije algo por tal atrevimiento? Pues si balbucear incoherencias después de que aquel aceite mojara mi entrada era decir algo, entonces sí, ¿Qué fue lo dije? Ni yo mismo tengo idea, y supongo que Taehyung no estaba interesado en descifrar mis extrañas palabras porque no dijo nada, él siguió haciendo lo suyo, darme placer... quiero decir, dándome un masaje. El mejor de toda mi vida, debo decir.


— Solo relájate — susurró cerca de mi oído.


¿Cómo? Quise preguntar, era absurdo siquiera pensar en tranquilizarme cuando sus manos estaban haciendo maravillas en mi cuerpo. Aunque, cuando uno de sus dedos rozó la entrada que no había sido profanada por años, supe porque me había dicho eso. Apreté mis nalgas dejando atrapado su dedo en aquel lugar y mi cuerpo volvió a vibrar. Mi miembro empezaba a chorrear mi blanquecino esperma lentamente. Pero era comprensible, tenía años sin que alguien me tocara de esa forma, solo yo me había dado placer desde que me acosté con un chico de la universidad que solo quería quitarme la virginidad.


— Shhh — escuché el ruido que Taehyung había hecho con su boca muy cerca de mi oído. Sabía que estaba cerca, sentía el calor de su cuerpo cerca del mío — no va a pasar nada malo Jungkook — ¡Oh! Por supuesto que aquello no era nada malo, se sentía muy bien — solo relájate y déjate llevar.


Era fácil seguirlo. Tenía manos mágicas que excitaban con el primer toque y una voz tan seductora que si él me hubiera dicho que me lanzará del Europabruecke lo hubiese hecho en ese mismo instante. Taehyung era como el flautista de Hamelín y yo un ratón encantado con su música.


Sus dedos se movían en mi fruncida entrada provocando que mi miembro se fuera poniendo cada vez más duro. Taehyung no dejaba ni una parte de mi trasero libre de aceite; la otra mano acariciaba mi espalda y mis nalgas. Mi cuerpo solo se dejó llevar por el exquisito momento que estaba disfrutando. Yo solo me rendí ante aquellas caricias que me decían cuan necesitado estaba de aquel tipo de contacto.


Taehyung podía pensar que era un chico fácil, un débil muchacho que ante el mínimo toque brotaba "agua" como las cascadas de Niágara. Pero él tenía la culpa por ser tan jodidamente bueno en eso, no me cansaré de repetir que sus manos y sus dedos son tan extraordinarios. Sabían exactamente dónde y cómo tocarme para tenerme anhelante y suspirante.


— Así Jungkook... — sentí como su mano movía la mía para moverla de lugar. ¡Cristo! Era su entrepierna lo que estaba tocando ahora. Su dura, larga y ancha virilidad estaba despierta al igual que la mía. Con su mano guiando la mía, se acariciaba dejando que de su boca salieran gemidos de placer mientras que sus dedos seguían jugando traviesamente en mi entrada — así Jungkook... — volvió a repetir esta vez con voz entrecortada.


Alejó su mano de la mía y sentí como su calor me abandonó, lo que era absurdamente ridículo porque seguía acariciando otras partes de mí. Yo seguía de espaldas sin dejar de acariciar su masculinidad por encima del pantalón deportivo que estaba usando y que sinceramente no hacía más que estorbar. ¿Qué no pensaba quitárselo? Sí, no era plenamente consciente de lo que pensaba en esos momentos, yo solo me estaba dejando llevar por él, por su voz y por sus manos.


Sentí como vertió más aceite en mi agujero y empapó sus dedos con el mismo, aquello tenía un placentero propósito, que pude descubrir segundos después cuando uno de los dedos que previamente había mojado con el aceite se fue haciendo espacio para entrar en mí, y ¡Por Dios! lejos de incomodarme quería más... mucho más.


— Tranquilo — dijo Taehyung en voz baja al notar como estaba retorciéndome en la cama. Quería decirle que no me estaba quejando de dolor, sino que quería que me diera más de ese placer — relájate, no te voy a lastimar — me aseguró metiendo más profundamente su dedo en mi interior.


— ¡Taehyung! — gemí alargando su nombre y levantando un poco mis caderas para ayudarlo a que entrara más al fondo.


— Con calma — no sé si lo dijo porque me quería auto-penetrar con su dedo o si porque mi mano estaba bombeando cada vez más rápido su miembro por encima del pantalón todavía.


— ¡Oh Taehyung! — gemí y mi voz se escuchó completamente llena de placer. Eso hasta yo pude notarlo y aunque me sentí un poco avergonzado lo dejé de lado, quería concentrarme en las placenteras sensaciones y no en aquellas que me causaban vergüenza.


El miembro de Taehyung pulsó en mi mano cuando solté mi gemido, quería seguir sintiéndolo vibrar en mis manos pero mi masajista tenía otros planes. Él se alejó de mí y al querer levantarme para ver qué era lo que estaba pasando y porque se había separado de mi cuerpo, sentí que se subió a la pequeña cama conmigo y con sus poderosas manos abría paso a su lengua para deslizarla por mi raja trasera.


— ¡Oh por Dios! — grité ante la deliciosa experiencia de tener aquella húmeda lengua lamiendo mi zona íntima.


No había palabras que describieran lo increíblemente perfecto que era todo aquello. Mi miembro decía por mí lo bien que se estaba sintiendo que Taehyung lengüetera aquel lugar. Nunca nadie lo había hecho y aunque en su momento llegué a pensar que sería asqueroso y poco higiénico, eran más la sensación de placer y satisfacción.


Me sorprendí cuando mi propio cuerpo buscaba que la lengua de Taehyung se enterrara más en mi entrada moviéndose a des ritmo, pero entendía quería más, sentía que me estaba quemando por dentro, ¡Dios! aquello era la gloria verdadera, el auténtico paraíso, un genuino éxtasis en medio del desierto que era representaba tantos años de abstinencia auto impuesta.


En ningún momento Taehyung quitó sus manos de mis nalgas, con ellas se ayudaba a abrirme más y yo sentía que éstas me filtraban su calor. Yo seguía con la cara enterrada en el hoyo de la mesa mientras que mi fabuloso masajista tenía la suya en mi trasero. Lo que daría por ver esa imagen en esos momentos, si nada más de pensarlo semen escurría de mi miembro.


De pronto, aquel fantástico placer se detuvo de golpe, Taehyung había abandonado la mesa y sin que yo lo esperara me propinó una nalgada que me hizo gritar, pero fue evidente que ese grito no fue de dolor sino todo lo contrario. ¡Por todos los cielos! Estaba dejando en evidencia que verdaderamente estaba terriblemente necesitado de eso, pero no podía importarme menos.


— Jungkook — me llamó seductoramente — date la vuelta.


Bien, podía oficialmente morir, ya no me importaba, el estrés se había ido, no había pensado en ningún momento en mi trabajo y se podría decir que un estupendo hombre me había dado el sexo oral de mi vida. Pero no había poder en la Tierra que me hiciera girarme y quedar boca arriba delante de Taehyung, ¡No señor! Me aterraba mirar al hombre a la cara mientras este acariciaba mi cuerpo, así que no obedecí y se quedé en esa postura.


Pasaron varios minutos antes de volver a sentir las manos en mi cuerpo, con agilidad y sin problema me levantó de la cama y me giró acostándome nuevamente en la misma. ¡Dios! no me dio ni tiempo de cerrar los ojos y pude percatarme de mi masajista estaba absolutamente desnudo al pie de la cama. Comprendí que se había desnudado mientras duramos en silencio segundos atrás.


— Tú solo déjate llevar — me dijo acercándose a mi miembro y tomándolo entre su mano derecha — alguien necesita mucha atención — sin soltar mi miembro me miró a los ojos — es justo atenderlo como debe ser.


Sentía mi rostro enrojecer y juró que quise apartar la mirada cuando Taehyung llevó a su boca mi miembro, pero no pude. Sabía que jamás volvería a tener una oportunidad así, tan perfecta, tan caliente, tan excitante. Así que dejé fijos mis ojos en la imagen de un Taehyung chupando y lamiendo ni virilidad, incluso fui testigo de cómo lentamente subió una de sus manos y jugó con mis tetillas.


Puedo asegurar que sentía de todo menos tensión o estrés. Todo mi cuerpo estaba tenso sí, pero no de manera negativa, tenía mucha frustración sexual acumulada y ese hombre haciéndome la mejor mamada de mi vida la estaba liberando poco a poco. Me preguntó cómo será explotar gracias a la "ayuda" de Taehyung. Espero poder descubrirlo.


Abro un poco más mis piernas para darle mayor espacio a la cabeza de Taehyung dentro de ellas, no quiero que esa sesión termine nunca, me he vuelto adicto a lo que las manos y ahora la boca de Taehyung con capaces de hacer conmigo, estoy dispuesto a hacer lo que sea para que esta no sea la única ni la última ocasión en la que este hombre toque mi cuerpo y haga con él lo que quiera.


— Taehyung... — vuelvo a gemir su nombre en medio de mi placer.


— ¿Quieres más? — me preguntó sin dejar de masturbar mi miembro con sus manos.


— ¡Sí! — grité, sé que era evidente mi necesidad, entonces ¿Para qué ocultársela? Mejor le hacía saber cuan deseoso estaba de que aquello siguiera de la mejor manera posible y que estaba dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias. Hasta el final.


— Voy a darte todo lo que necesitas — me aseguró y yo le creí. ¡Vamos, supe que eran ciertas sus palabras! y como no si ya mi miembro estaba escurriendo por su culpa. Todo lo que había hecho Taehyung desde que entró por la puerta fue hacerme caer en una tentación que estaba disfrutando como nunca. Y estoy seguro de que, si él no me estuviera haciendo esto, no lo hubiera aceptado de otra persona.


— Mastúrbate — me ordenó. Omití un "sí señor" y lo dejé guardado en mi pecho, pero lo obedecí de inmediato acariciando mi miembro como ya muchas veces lo había hecho antes, solo que ahora la sensación de tocarme siendo observado por Taehyung aumentaba mi placer convenientemente.


— ¿No vas a penetrarme? — pregunté cuando vi que Taehyung también se estaba masturbando. Sentí mi cara arder porque sin duda preguntar algo como eso era vergonzoso, pero él se acercó a mis labios y me besó por primera vez sin dejar de tocarse.


Fue un beso totalmente embriagador, delicioso y exquisito. Su lengua pidió permiso para entrar desde un principio y yo le concedí el honor de hacerlo, después de todo no tenía muchas opciones y aunque las tuviera sin duda corresponder su beso era la mejor alternativa.


— Solo si tú me lo permites — murmuró sin separar completamente sus labios de los míos.


Me pareció un lindo detalle de su parte decir que solo tendría sexo conmigo si así yo quería, pero siendo sinceros, ambos estábamos en un punto sin retorno, ninguno de los dos quería parar y por supuesto que le iba a permitir continuar con todo lo que tenía planeado. Todo. Así que solo asentí con la cabeza y él me dedicó una sonrisa coqueta que prometía que lo que iba a pasar a continuación no lo iba a olvidar nunca en mi vida.


Taehyung volvió a besarme, haciendo de este beso uno más apasionado que el primero. Yo se lo devolví con la misma intensidad colocando mis manos sobre su nuca en donde pude descubrir un punto débil en él. ¿Quién lo iba a decir? Había partes de su cuerpo que lo hacían rendirse ante mí, era bueno saberlo, pero yo quería que él tuviera el control de todo, necesitaba que alguien cuidase de mí y quien mejor que mi maravilloso masajista.


Sentí como Taehyung separaba sus labios de los míos y se subía a la cama quedando encima de mí, por algún extraño motivo me pareció un hombre mucho más grande e imponente desde esa posición. Tenerlo sobre mí era excitante y ardiente, ambos estábamos desnudos y con una enorme tensión sexual queriendo explotar.


Untó aceite en sobre sus dedos y me dedicó una mirada con la que me dijo que no había vuelta atrás. ¡Gracias al cielo! pensé, porque no quería que se detuviera, no tenía idea de que pudiera sentirme tan necesitado de sexo, pero con tantos años de celibato creo que era comprensible, y si no, pues qué importaba, nadie iba a saber de eso, solo él y yo, sería nuestro pequeño y sucio secreto.


Mi mente quedó en blanco en cuanto volví a sentir los dedos de Taehyung en mi interior, esta vez, éste fabuloso hombre había metido dos en un intento de dilatar más rápido mi entrada. No obstante, eso le hizo darse cuenta de que en realidad yo era muy estrecho y que iba a necesitar tal vez de más preparación de lo normal.


— ¿Eres virgen Jungkook? — preguntó con duda. Negué con la cabeza incapaz de responder con palabras — ¿Entonces hace mucho que no tienes relaciones sexuales? — esta vez afirmé sin decir nada.


Fue entonces que me pregunté ¿Cuántas veces había hecho esto Taehyung? ¿Todos los masajes que el da terminan de esta manera? ¿Lo hace con hombres y mujeres por igual? Era irracional sentir celos, no tenía sentido alguno pues apenas había visto a este hombre en mi vida, pero no podía evitarlo, no quería pensar en la cantidad de veces que lo había hecho y mucho menos con quién, y también quería quitarme del pecho el sentimiento de que ya no quería que Taehyung le hiciera lo mismo que me estaba haciendo a mí a nadie más.


— Perfecto — susurró Taehyung y no sinceramente no entendí a qué se refería — me encantas Jungkook — me dijo sacando sus dedos de mi entrada para después chuparlos frente a mi atenta mirada.


No sabía cómo responder a sus comentarios. Le encanto, es un hecho y él también me fascina, es muy obvio, si no, no hubiese permitido que hiciera nada de lo que ya había hecho hasta ahora y mucho menos de lo que estaba a punto de hacer. En conclusión, nos gustábamos y creo que fue una atracción mutua a primera vista, me encanta la idea de parecerle interesante a este majestuoso hombre, me hace sentir vivo... deseado... seductor... cautivador.


Y muy lleno. O al menos así me sentí cuando poco a poco se acomodó entre mis piernas y llevó la punta de su miembro a mi entrada para lentamente entrar en mí. Claro que me dolía como el infierno, pero estaba dispuesto a aceptar el sacrificio si la recompensa tenía todo que ver con el placer. Mi cuerpo lo necesitaba, yo lo deseaba y Taehyung me lo estaba dando ¿Qué más podía pedir?


— ¡Taehyung! — gemí cuando su virilidad entró completamente dentro de mí. Elevé mis manos y las coloqué sobre sus hombros los cuales apreté con fuerza.


— Estás tan exquisitamente estrecho, cariño — me dijo y pude ver en su rostro como estaba disfrutando de mi estrechez. La mandíbula apretada, los ojos nublados por el placer y las gotas de sudor cayendo por su frente me lo hacían notar.


Tampoco pude pasar de largo el hecho de que me haya llamado "cariño", sé que es un apelativo cordial y afectuoso por la pasión del momento, pero me encantó que me llamase de esa forma. Yo no tenía idea de cómo podía llamarlo, no conocía algún mote para emplear a la hora de tener relaciones sexuales, aunque como se había originado las cosas podía decir que Taehyung era mi amo, mi señor, mi dominante, mi dueño, y yo tan solo su obediente subordinado.


Sentí una corriente eléctrica recorriendo todo mi cuerpo cuando Taehyung empezó a moverse, supongo que en un principio se quedó quieto unos momentos para que yo pudiera acostumbrarme a su invasión, para después entrar y salir sin prisa y con calma. Se estaba tomando el tiempo de conocer mi húmeda cavidad que lo recibía con gusto y envolvía a su miembro en un abrasador calor.


Estoy consciente de que solo he tenido relaciones sexuales una vez, y que no tengo la suficiente práctica para comparar ambas experiencias, pero obviamente Taehyung estaba convirtiendo este momento en el mejor que haya vivido en toda mi vida. Sentir como la masculinidad de mi masajista entraba y salía dentro de mí, me tenía en las nubes gimiendo su nombre con la esperanza de que sus embestidas aumentarán en velocidad e intensidad. Quizás si le rogaba poquito podía conseguir lo que tanto anhelada.


— ¡Por favor Taehyung, dame más! — rogué, sí, me escuché desesperado, pero así me sentía. Estaba seguro de que ya me había acostumbrado al invasor miembro de Taehyung y que estaba listo para subir el nivel.


La mirada que me dedicó Taehyung me hizo dar cuenta de que él me daría todo lo que yo le pidiese. Se inclinó para posicionarse mejor y entonces sus movimientos se volvieron cada vez salvajes y agresivos. ¡Por Cristo! Sé que dije que estaba preparado para aumentar la intensidad, pero claramente no sabía lo que decía.


Taehyung era extraordinariamente ardiente, enérgico e impetuoso. Era de esa clase de hombres que se comportaba como un príncipe en la calle y un verdadero animal en la cama. ¡Simplemente perfecto! Mi masajista aparentemente no tiene ningún jodido defecto, y me tiene con las piernas abiertas y el miembro bien adentro rogando por más, aunque esté sintiendo que va a romperme en dos.


— ¡Oh, sí... oh sí... sí... Taehyung! — no sabía que podía ser tan escandaloso en el sexo, pero no me avergonzaba, quería que se ese supiera lo increíblemente bien que la estaba pasando entre sus brazos y con él entre mis piernas.


— Tan perfecto Jungkook — habló Taehyung entrecortado por la actividad que estaba haciendo — eres tan exquisitamente perfecto — no sé de dónde sacaba eso, pero estaba funcionando para entregarme más a él... ¡Como si se pudiera!, ya se lo había dado todo y ahora quería que Taehyung me diese todo de él.


Me incorporé un poco, lo abracé por los hombros y enterré mis uñas en la espalda. En esta posición sentía como Taehyung se adentraba más profundamente en mí, llegando hasta el fondo, tocando el punto álgido que me hacía ver estrellas con los ojos cerrados. Estaría en deuda con mi amigo Jimin toda la maldita vida, vaya recomendación tan más placentera que me ha dado, no podía creer que estaba teniendo sexo con el hombre más atractivo, perfecto y bien dotado de toda Suiza.


Me aferré más al agarre que tenía sobre Taehyung porque sentía que estaba a punto de llegar a mi orgasmo. Él me sostuvo con sus poderosos brazos dándome mayor estabilidad. Mi pecho rozó el suyo y sentí un hormigueo a lo largo de mi miembro, ambos sudábamos por todas partes y además estaba llenos de aceite, si aquella no era la cosa más jodidamente erótica entonces le daba la razón a Jimin, era un puto virgen.


Taehyung siguió embistiendo con certeza y ferocidad. Y yo de verdad que estaba disfrutando de lo brutalmente salvaje que estaba siendo conmigo. Cada vez que entraba en mi interior lo hacía hasta el fondo y yo gritaba su nombre medio suplicando por alivio medio pidiendo que siguiera con esas arremetidas y no parara nunca.


— ¿Te gusta así Jungkook? — me preguntó con una voz endemoniadamente excitante. Su pregunta estaba fuera de lugar, no me estaba gustando aquello, lo estaba disfrutando como nunca en mi vida, era perfecto, maravilloso, único, y quería repetirlo a como diera lugar.


— ¡Me encanta Taehyung! — respondí lamiendo su cuello que estaba a escasos centímetros de mi boca — tómame Taehyung... lo necesito ya...


— Aquí te tengo cariño — susurró dándome más espacio para seguir besando su cuello — me tienes bien enterrado en ti — sí, este espléndido hombre estaba metido hasta lo más recóndito de mi ser.


Sabía que estaba a punto de explotar, mi esencia quería salir disparada para darme alivio. Me parecía asombroso haber aguantado tanto tiempo sin eyacular, cuando la voz de Taehyung me hace estremecerse y sin duda podría correrme con tan solo escucharlo hablar a mi oído.


— Taehyung... Oh... Taehyung... ah...ah... — no tenía idea de lo que quería decirle, probablemente intentaba decirle que ya estaba cerca de llegar y sin la necesidad de seguir masturbándome. O tal vez necesitaba explicarle con palabras lo bien que se sentía tenerlo en mi interior, puede incluso que haya pasado por mi mente comentarle que quería su número para repetir tal vez en su departamento o en el mío. No sé, no sé qué decirle, pero evidentemente la excitación no me lo permitía.


— ¿Estás cerca Jungkook? — me preguntó, vamos la respuesta era obvia.


— ¡Sí, sí, sí! — grité mi contestación tres veces y después la magnitud y la fuerza de mi clímax me hizo soltarme del maravilloso cuerpo de mi masajista y caí en la cama convulsionándome en medio de la más gloriosa sensación que había sentido en mi vida.


Apreté mi miembro para ayudarlo a expulsar todo mi semen mientras gemía de absoluta satisfacción. Estaba dentro de un éxtasis en donde liberaba toda la increíble tensión que Taehyung había provocado mientras él me seguía embistiendo persiguiendo su orgasmo. ¡Cielo santo! Deseaba tanto que lo hiciera, quería ver que tan intenso, potente y apasionado era su clímax.


Sus manos estaban sobre mis rodillas que le servían de sostén, entretanto sus ojos no se apartaban de la zona en donde su miembro arremetía en mi agujero con fuerza e ímpetu. Sin poder evitarlo volví a excitarme solo con el hecho de verlo a él observando atentamente como me penetraba. ¡Joder! Taehyung estaba disfrutando de hacerme suyo, y yo disfrutaba con su placer.


Sentí como su miembro crecía en mi interior y supe que estaba punto de terminar. Quería que Taehyung alcanzara un orgasmo igual de delicioso y placentero que el que yo tuve, quería que desembocara su pasión conmigo, quería escuchar su grito liberador que anunciaba su evidente descarga en mí. Apreté más mi interior para abrazar más su miembro con mis paredes y él soltó un gemido gutural maravillosamente sensual. Supe que con eso lo había llevado al punto sin retorno, y aunque luchaba por perpetuar el momento, era inminente que estaba a nada de terminar.


Lo empujé hacía mí con mis piernas cuando él hizo el intento de salirse. Supuse que quería terminar afuera, pero no estaba dispuesto a permitirlo, ese hombre se merecía llegar a la cumbre de la montaña y ondear la bandera de conquistador, ¿De dónde demonios había sacado esa analogía? Ni idea, pero no iba a dejar que Taehyung eyaculara fuera de mí, no quería, yo también quería disfrutar su corrida como él lo había hecho con la mía.


Noté como la expresión de su rostro cambio cuando no lo dejé escapar, era una mezcla entre placer y preocupación, sin pronunciar una sola palabra, sus ojos me decían que necesitaba acabar y que si no lo soltaba iba a pasar "un accidente". En respuesta le sonreí, estaba dispuesto a sufrir ese accidente con él. Lo jalé de los brazos para acercarlo a mí y todo su maravilloso cuerpo tembló entre mis brazos. Sí, él ya no podía resistirlo, mi entrada lo apretaba cada vez más y la humedad propia de mi zona lo estaba volviendo loco.


— Jungkook... — Taehyung apenas y era capaz de pronunciar mi hombre y yo no podría sentirme más afortunado de poder acompañarlo a la cúspide de su placer — Jungkook... oh... Jungkook... ah... ah...


— Hazlo Taehyung — susurró en su oído — aduéñate de mí... conquista mi cuerpo... somete a ti... — no sé cómo fue que se me ocurrieron aquellas palabras, pero era lo que más quería en ese momento — entrégame todo... córrete dentro de mí


Taehyung tembló nuevamente consciente de que, aunque quisiera yo no iba a dejar que se alejara y sus fuerzas tampoco le permitían hacerlo, era un esclavo del placer a punto de perder la batalla, de rendirse sin importarle nada más y me lo demostró cuando se inclinó más a mí y me abrazo con fuerza sin dejar de embestirme.


Ambos gemíamos al oído del otro pronunciando nuestros nombres. Taehyung... Jungkook... Taehyung... Jungkook... era todo lo que escuchábamos en esa habitación, eso y el sonido acuoso de nuestros cuerpos al chocar el uno otro. Era el momento más perfecto de mi vida, mi miembro había vuelto a ponerse duro y se restregaba cómodamente en el vientre de Taehyung.


Lo abracé con fuerza sintiendo que un segundo orgasmo amenazaba con destrozarme y solo bastó que Taehyung repitiera mi nombre con esa voz tan cargada de deseo muy cerca de mi oído para dejarme llevar por el clímax y correrme entre nuestros cuerpos por segunda vez en esta tarde. Dos embestidas más y Taehyung se detuvo repentinamente soltando el más erótico sonido de satisfacción que jamás he escuchado para segundos después sacudirse expulsando todo su blanquecino y caliente esperma en mi interior.


No, esto definitivamente no era el paraíso, esto era algo más ¿Qué cosa? No lo sé, no puedo describirlo con palabras, no existe forma alguna en la que yo pueda explicar lo que fue Taehyung y yo hicimos. ¡Cielos! Hablo de él con tanta familiaridad y llevo menos de una hora conociéndolo.


Sacó todo el aire que tengo guardado para ayudarme a respirar con el peso de mi masajista encima de mí, él sigue en mi interior tratando de regular su respiración. Espero que tenga la misma sensación de estar flotando en una nube que tengo yo. Nace en mí la necesidad de acariciar su cabello y lo hago sin importar si eso le gusta o no, supongo que lo hace porque el vuelve a temblar en mis brazos.


— Jungkook... — susurra mi nombre y besa mi lóbulo y mi cuello.


— Taehyung... — repito en todo juguetón. Me siento tan suelto, tan libre, tan feliz, una nueva persona en pocas palabras.


— Es... es la primera vez que yo... — suspiró soltando el aire también — es la primera vez que yo me corro dentro de alguien —me explica aun agitado.


— No es necesario que quieras halagarme con eso — le indiqué sin evitar sentirme mal — no quiero que me digas que es la primera vez que haces esto con un cliente, ni nada por el estilo — le dije.


De verdad no quería que sintiera lástima o compasión por mí, no era una chica y mucho menos un adolescente que no sabía en lo que se estaba metiendo en cuando el masaje cambio de propósito, nadie me obligo y de haberlo querido, pude haber detenido todo, era claro que yo había querido llegar hasta el final, así que Taehyung estaba libre de decirme palabras bonitas para hacerme sentir bien.


— En ambos casos es la primera vez y lo digo de verdad — habló Taehyung insistiendo con aquello. No es como que tuviera derecho a sentirme celoso, pero no quería escuchar ni saber las veces que Taehyung había llevado a la gloria a otros afortunados clientes en ese mismo lugar.


— No me ha parecido que no sepas lo que debes hacer — respondí sintiéndome un poco incómodo, quería levantarme, vestirme y salir de ahí pero Taehyung estaba encima de mí y parecía no querer moverse — es tu vida y tú sabrás con cuantos clientes te acuestas — no pude ocultar mi molestia, a veces soy muy transparente con mis sentimientos y aunque quiera esconder como me siento no puedo — supongo a que eso es lo que vienen a este lugar — concluí.


— Este lugar es una sala de masajes Jungkook — dijo mirándome a los ojos con seriedad — nadie aquí se acuesta con los clientes — lo dijo con una seguridad que me hizo sentir peor.


— Tú lo has hecho y quién sabe cuántas veces — le dije intentando quitarlo de encima de mí y él solo sonrió.


— Lo mío no cuenta Jungkook — tuvo el descaro de decirlo y juro que quería matarlo — yo no trabajo aquí — me aclaró después, pero ¿Qué?


¿Con quién demonios me había acostado entonces? ¿Taehyung no era masajista de ese lugar? ¿Acaso era un cliente más? Pero no tenía sentido, él desde un principio había actuado como masajista, sabía dónde estaban las cosas, cómo hacerlas y sobre todo qué decir. Además, si él no era empleado del lugar ¿Por qué entonces jamás se presentó la persona que le iba a dar el servicio? ¿Y si llegaba alguien en ese momento y los veía desnudos en esa pequeña cama? ¡Por dios! ¿Qué había hecho?


— Yo soy el propietario de este salón — dijo probablemente al ver mi expresión confundida.


— ¿Qué? — volví a repetir. No era un empleado era el dueño. No sabía si sentirme aliviado o más abrumado de lo que había hecho con él.


— Manejo una cadena de Spa's que dan servicio en todo Suiza, y jamás me he acostado con un cliente, ni siquiera soy fisioterapeuta, soy empresario.


Viéndolo bien, Taehyung no tenía esa pinta de ser un simple masajista, pero descarté toda duda cuando sus manos se movieron hábilmente sobre mi cuerpo, pues, dejando de lado la maravillosa sesión de sexo que tuvimos, el masaje previo que me dio me ayudó a sentirme mucho más relajado y cómodo, me sentí incluso mucho más ligero y liviano.


— ¿Entonces qué... por qué entraste aquí? — No entendía qué demonios estaba haciendo este hombre aquí si no era masajista, ¿A qué había entrado? ¿Por qué con él? — ¿Está es la manera en la que consigues sexo casual? — no pude evitar preguntar, quise fui muy duro, pero me sentía demasiado confundido y encima el peso de Taehyung sobre mí me estaba robando el aire.


— Por supuesto que no — me respondió con una sonrisa, al parecer mi pregunta no le molestó — pero tengo que reconocer que deseaba mucho poder conocerte, no de esta forma claro, pero las oportunidades de la vida se toman o se pierden, no quise perder la oportunidad de tenerte entre mis brazos — me explicó, pero seguía sin entender.


— Un momento ¿Cómo que deseabas conocerme? ¿Qué sabes de mí? — pregunté tratando de despegármelo, pero él se veía bastante cómodo encima de mí.


— Jeon Jungkook, relacionista público de Nestlé ¿Quién no te conoce? — respondió — eres la imagen de la empresa que representas, tu rostro está por todos lados, ecuánime, objetivo, razonable, diplomático y racional, además de extremadamente atractivo y... — hizo una pausa para depositar un beso en mi nariz — eres amigo de mi medio hermano Jimin.


Si bien yo quería discutir sobre lo que dijo que yo era "extremadamente atractivo", la revelación de que él era el medio hermano de Jimin me dejó en shock. Ya en una ocasión mi amigo me había dicho que tenía un medio hermano que era un importante empresario en Suiza, que ellos tenían una muy buena relación, eran de la misma madre, pero diferente padre, si mal no recordaba la historia, el padre de Taehyung había muerto mientras practicaba esquí en Zermatt cuando éste era un niño todavía y su madre se había casado con el padre Jimin varios años después de quedar viuda.


— Sigo sin entender nada — le dije un poco más calmado — ¿Acaso Jimin...?


— No, por favor no pienses mal de él — me interrumpió — cuando te vi por primera vez en una conferencia de prensa y supe que trabajas para Nestlé, le pedí a Jimin ayuda para ponerme en contacto contigo, me iba a acercar a ti con la excusa de hacer negocios, y de ahí intentar algo más — explicó — pero mi hermano me decía que siempre estabas ocupado y que tu agenda era muy apretada, además te fuiste de gira por Europa lo que dificultó tener contacto contigo.


Estaba entendiendo que Taehyung quería conocerme desde hace tiempo atrás, y si mencionó la gira que tuve por Europa el año pasado eso quería decir que su interés en mí no era de hace un par de días o algunas semanas. ¡Demonios! Sí que era un tipo con muy poco tiempo libre para mí mismo, necesitaba relajar mi ritmo de trabajo o de lo contrario seguiría perdiendo valiosas oportunidades.


— Seguí insistiendo a Jimin, y me dijo que tenías una excesiva carga de trabajo y que lo más probable es que no tuvieras tiempo para recibirme, además de que te veía muy estresado y al borde del colapso — Taehyung continuó hablando — fue entonces que le sugerí que te invitara al Spa, y aunque me comentó que no estabas muy convencido no perdía la esperanza de que vinieras.


No sonaba como un plan tan elaborado, pero había funcionado para Taehyung, había obtenido lo que había deseado desde hace tiempo: conocerme. Y vaya que lo hizo, conoció todo mi cuerpo y supo que era prácticamente virgen. En ese momento quería que me tragara la tierra.


— Y entonces llegaste — dijo Taehyung hundiendo su rostro en mi cuello — cuando llamaste para solicitar una cita en el salón, fue el día más feliz de mi vida — besó aquella zona de mi cuerpo y me hizo temblar nuevamente — por fin te iba a conocer.


La emoción con la que expresó la felicidad que sintió al saber que vendría a su Spa me conmovió. No era un actor y mucho menos un artista, pero si una figura pública, sabía y era consciente de que por ahí tenía un pequeño pero respetable club de admiradores que no solo apreciaban mi belleza física, sino que admiraban y valoraban mi trabajo. Sin embargo, ese hombre parecía realmente feliz con que yo estuviera ahí.


— Y como dueño arreglaste todo para quedarte a solas conmigo — más que pregunta era una afirmación.


— ¿De qué me serviría el poder si no puedo utilizarlo a mi favor? — me preguntó sin dejar de besar mi cuello. No supe en qué momento sus manos comenzaron a acariciar su espalda.


Mentalidad de empresario, pensé. Pero era de los míos, muchas veces tuve que usar mi influencia y mi poder para poder beneficiarme a mí y a Nestlé, no creía que estuviera mal siempre y cuando no dañara a nadie más, y siendo sinceros lo que había pasado entre Taehyung y yo apenas minutos atrás a nadie afectaba.


— ¿Y ahora qué? — pregunté antes de que sus besos y caricias me dejaran sin la posibilidad de hacerlo — Ya me has conocido, ¿Qué sigue? — necesitaba hacer cuál era el siguiente paso de su plan.


— Quiero hacerte el amor otra vez — susurró a mi oído. Solo pude soltar una pequeña risa nerviosa por lo directo y honesto que había sido.


— ¿Y después de eso? — seguí con el tono juguetón que tenía nuestra conversación.


— Te haría el amor una vez más — ahora Taehyung jugaba con su lengua en mi oído.


— ¿Y cuándo acabes de hacerlo? — cuestionó retorciéndome debajo de su cuerpo.


— Empezaría de nuevo — respondió risueño.


— ¡Taehyung! — a ese paso me iba a dejar fuera de combate por un año entero.


— Sal conmigo Jungkook — me pidió de pronto — por favor acepta salir conmigo — repitió bajando por mi cuello con rumbo a mis tetillas. Eso era hacer trampa, no puedes pedirle a alguien que acepte algo cuando al mismo tiempo le estás dando demasiado placer, a eso se le llamaba coacción, una sutil imposición a la cual sinceramente no podía ni quería negarme.


Desde ese día, nos volvimos inseparables. Salimos juntos un par de meses, saliendo principalmente los fines de semana. Taehyung no aceptaba un no por respuesta, alegando que debía dedicarme más tiempo a mí mismo y por supuesto a él. Me enseñó a delegar actividades, manejar mi estrés y claro que me brindó sesiones de masajes privados, pues a pesar de decir que no era un experto, sus maravillosas manos me elevaban a las nubes con tan solo acariciar mi cuerpo.


Después de algunos meses nos hicimos novios, no cambiaron muchas cosas en realidad con ese estatus oficial, nosotros seguíamos siendo los mismos. Mi amigo Jimin, ahora cuñado, estaba encantado con la relación que teníamos, aunque a veces no dejaba de molestarme diciéndome que en realidad me veía muy enamorado de Taehyung. Por cierto, Kim Taehyung, había querido dejarse el apellido de su padre por respeto a su memoria.


Y muy probablemente lo estaba. Es decir, fue obvia la mutua atracción que tuvimos desde el principio, y conforme fue pasando el tiempo me di cuenta de que no solo me gustaba el físico del hombre que estaba loco por mí, me encanta su forma de ser tan divertida, tan ocurrente, tan extrovertida. Me gustaba además la posesividad que tenía sobre mí, su protección y su cuidado. Nos hemos complementado bastante bien, ha sido una muy agradable experiencia estar a su lado y sinceramente ninguno de nosotros quiere terminar la relación y espero que podamos estar juntos por mucho tiempo.


— Cariño, el partido entre Suiza y Corea está a punto de empezar — la voz de Taehyung desde la sala del departamento en el cual ahora vivimos juntos me hace sonreír. No es aficionado al fútbol soccer, pero dice que le encanta verme a mí mientras miro los partidos. Supongo que me vuelvo un hincha muy apasionado y Taehyung se divierte mucho con mis expresiones a la hora de "guiar" a los jugadores, sobre todo en partidos del mundial. En este caso apoyo a Suiza aunque tenga descendencia coreana.


Salgo de la cocina con dos bowls llenos de palomitas, en la mesa de centro ya hay un par de refrescos de cola y algunas golosinas más, esas son de Taehyung, resulta que es un dulcero empedernido. Ahora con dos años que llevamos juntos me alegra conocer y saber tanto de él. Taehyung está sentado frente al televisor con la bandera de Suiza dibujada en la mejilla y la playera de Mario Gavranovic nuestro delantero estrella. Me fascina lo que este hombre es capaz de hacer con tal de consentirme y compartir bellos momentos conmigo.


— ¿Tus estadísticas del partido? — le pregunto sentándome a su lado.


— No lo sé — responde frunciendo el ceño — quince a cero, favor Suiza claro — mi carcajada estalla por toda la sala.


— Es soccer Taehyung, no baloncesto — digo entre risas.


— Ya sabes que los noventa minutos me la paso observándote a ti — me abraza con cariño y me besa la mejilla — yo me encargo de tus niveles de estrés — y de qué manera, sus manos eran un arma de seducción que siempre me atrapaban y me despojan de todo pensamiento coherente.


— Entonces que empiece el partido — le dije besando sus labios fugazmente.


— Ojalá Suiza gane pero que tenga problemas para hacerlo — elevó sus plegarias al cielo.


Entrecerré mis ojos ante las ocurrencias de mi novio. La verdad es que Taehyung no necesitaba ningún pretexto ni que yo estuviese estresado para disponer de mi cuerpo con sus manos perfectas.


PRIMERA HISTOIA QUE RESUBO AQUI... DENLE MUCHO Nota de la autora: Historia inspirada en un video para adultos, que por obvias razones no puedo compartir por esta plataforma. Espero que les haya gustado. Gracias por leer. Nos vemos en la siguiente historia.


Mis personitas queridas, gracias por leer esta adaptación. Gracias también a @AdrianaJongcheveevat por permitirme adaptarla. Ya tenia lista esta historia hace como un año y no me había animado a publicarla. Espero que les guste.


Con amor,


Kimittaa 🦋🖤