Cediendo
(OJO: Este fic nace a partir de un oneshot. Disculpen futuros cambios abruptos o incongruencias . Igual les agradezco por leer <3)
El último semestre fue increíblemente duro, te destrozaba los nervios y como de costumbre, estaba acabando con la poca vida social que tenías. En realidad, no es que tuvieras muchos amigos, la mayoría de las personas con las que salías eran personas que siempre terminaban emparejadas contigo o reunidas en trabajos grupales.
Seguro que te invitaban a fiestas aquí y allá, pero nada demasiado concreto.
Pero en este momento, nada de eso importaba, mientras estaba sentado frente al Sr. Peter B. Parker, al borde de las lágrimas.
“Mira, sé que parece que reprobarás, pero aún tienes una oportunidad”. Estaba empacando sus cosas y luego miró en tu dirección. “Sé que te preocupas por las otras clases, pero ésta también es importante. Simplemente no puedo ayudarte esta vez, aunque quiera”.
“¡Era sólo una tarea! Sr. Parker. ¡Una! No tenía a nadie que me llevara a ese lugar”.
“¿Qué pasa con tus amigos?”
Desviaste la mirada, evadiendo su pregunta, “Solo... ¿Por favor? Esta es mi última clase, no puedo permitirme otro semestre aquí“.
Peter era uno de los pocos profesoresrelajadosque ayudaba aquí y allá cuando podía hacerlo. Uno de tus favoritos de hecho, al contrario de lo que decía la gente sobre su aparente falta de compromiso y disciplina, era un buen profesor.
“Lo sé, lo sé. Déjame ver qué puedo hacer, ¿vale? No prometo nada, pero puedo intentarlo. El señor O’Hara no es tan malo”.
Te quejaste con un gruñido, desesperada.
“Dios, estoy tan muerta”
“No es tan malo. Solo ladra pero no muerde, te lo aseguro.” El Sr. Parker puso un poco más de libros y sobres de manila en su caja mientras charlaba contigo.
“No quiero cuestionar sus decisiones, Sr. Parker, pero de todos los maestros que pudo haber elegido, ¿por qué el Sr. O’Hara?”
“No depende de mí, niña. Es más una cuestión administrativa que otra cosa. Además, estaré fuera solo un par de semanas. Te irá bien. Hablaré con él, ¿de acuerdo?”
Sólo asentiste, esperanzada de un hilo.
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Estabas jodida. De hecho, ya podrías imaginarte la expresión mortificada de tus padres ante la noticia y ciertamente la deuda y financiamiento se incrementarían aun más. Miguel O’Hara era... brutal.
No aceptaba mierda de nadie, no tenía ”chill”o eso habías escuchado entre los otros estudiantes queapenasaprobaron con él. Sin embargo, estabas aprendiendo lo que necesitabas y querías aprender. Era exigente, pero un gran maestro.
“Está Buenísimo.” Una de tus compañeras de clase admitió, mientras se reunían en grupos de estudio para hacer una tarea que debía realizarse en un par de horas.
“Escuché que está casado”.
“No, no lo está. No hay niños, nada”.
Lo miraste sutilmente, siempre estoico, con el ceño fruncido y serio, revisando y calificando las tareas como si nada. Era intimidante en general. Todos se portaban bien y estudiaban cuando él enseñaba.
La clase terminó poco después de que terminaste el grupo de estudio. Sin embargo, esperaste un poco más cuando todos salieron para entregar la parte de tu grupo. Y también, probablemente tendrías la oportunidad de preguntar sobre el estado de tu clase.
Lo primero que no pudiste evitar notar fue lo ajustada que le quedaba la camiseta con botones, tu nariz detectó su colonia, cabello ondulado y un tanto largo pero bien cuidado, de aspecto sedoso. Probablemente él tenía una mejor rutina de cabello que tú. Los movimientos de sus manos eran suaves y rápidos, como si hubieran memorizado un patrón. Se detuvo y te miró. Para ser un hombre de poco más de cuarenta años, se mantenía en muy buena condición.
Un escalofrío recorrió tu espalda.
“Déjalo ahí.” Volvió a garabatear notas y tú obedeciste.
“¿Señor O’Hara?”
“¿Hm?”
Suspiraste en voz baja, temerosa de que él pudiera sentir tu miedo.
“Perdón por molestarle, Um... me preguntaba si-” tragaste mientras él te miraba con el ceño ligeramente fruncido.
“¿Si el señor Parker me dejó algún trabajo extra?”
Su frente se arqueó en confusión.
“No he visto al Sr. Parker en meses, niña. Me llamaron hace dos días para cubrir su lugar”.
Mierda.
“C-Claro. Solo pregunté porque él dijo que podría-”
“¿Ayudarte? Sí, eso no va a pasar”.
“Mire, sé que para usted es sólo otro día el ver a los estudiantes llorar por sus-”
“Bueno, no estás lloriqueando, así que es un buen comienzo”.
Tus mejillas ardieron un poco ante sus extraño elogio, pero también estabas avergonzado en general. Tu profesor favorito definitivamente se había olvidado de ti.
“Solo... escúcheme. Esta es mi última clase, las semanas de mi último semestre y realmente no puedo darme el lujo de repetir la clase”.
“¿Y ese es mi problema porque?”
Tus labios se apretaron y pronto tus ojos se aguaron, pero aun así estabas decidido a tratar de conseguir una oportunidad.
“Son sólo 5 puntos los que necesito para mantener mi puntaje y que mi récord sea aprobado”.
“La clase aún no ha terminado. Será mejor que te esfuerces.“.
“Señor O’Hara, por favor-”
“No.”
“¿Le compraré empanadas?” Él sólo se rió con sorna
“Nos vemos el próximo semestre. Cierra la puerta cuando estés fuera”.
Su no fue bastante definitivo. Suspirando, te alejaste del salón de clases y cerraste la puerta. Al menos no lloraste.
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Los días siguientes los pasaste encerrado en la biblioteca, tu compañera de cuarto era demasiado ruidosa y desordenada, no lograste concentrarte mientras te preparabas para la evaluación previa al examen final, de vez en cuando podías vislumbrar al Sr. O’Hara, trabajando como siempre en su rincón favorito.
Maldito tirano.
Lo que realmente te molestaba es que algunos de tus compañeros de equipo no habían presentado su parte del trabajo, que debía entregarse mañana. Todo el informe estaba a medio hacer y aún quedaba mucho por añadir y corregir. Lo estabasintentando. Y justo cuando sentiste que la ansiedad comenzaba a invadirte, el asiento frente a ti se abrió y nada menos que tu verdugo se sentó frente a ti.
Te miró serio pero curioso.
“Parece que estás a punto de sufrir un ataque de nervios”.
“Por poco y sí.”
“Mira.” Te mostró un papel impreso “Nos vemos allí, a las 6. No hagas planes”.
Entrecerraste los ojos para leer la información, “¿Qué?”
“¿Creías que querías ayuda?” Exasperado por tu olvido, resopló “Supongo que no”.
“¡Espere!” Le arrebataste el papel de las manos, “Lo siento. Yo... gracias”, él sonrió.
Tus ojos se iluminaron al leer el papel y asentiste sin dudar. Si no fuera porque estabas tan cansada y él daba miedo, probablemente lo abrazarías.
“¡Gracias, muchas gracias!” Hablaste entre susurros.
"Si si, cállate . Mira, es una conferencia que está organizando la facultad, en una semana, si quieres esos cinco extra, ve. Allí estaré. No hagas planes“.
“Es curioso que piense que tengo una vida social, Sr. O’Hara. Pero gracias. Realmente lo aprecio”.
“A las 6. Código de vestimenta formal”.
“Entendido.” Asentiste mientras sonreías. Te dejó en paz.
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Quedarías como una mentirosa total si te viera, con un cóctel en la mano, charlando con un compañero de clase con el que entablaste una amena conversación. Fue una pequeña celebración por la buena puntuación en la evaluación preliminar, se podía respirar un poco, incluso te atreviste a sentir un poco más esperanzada.
“¿Viste al Sr. O’Hara hoy? Dios...” la chica casi gimió en el acto.
“¿Estás bromeando? Él no se coge a sus alumnas”.
“Quién sabe, ¿podría ser el primero?” Otra chica añadió
“Quizás en que te reporten. El tipo da miedo. Un amigo mío repitió clase dos veces con él”.
“¿Y tú?” Tu compañera te codeó gentilemente, ” Te vi en la biblioteca charlando con él”.
De repente toda la atención recayó sobre ti.
“Ah, sí, me dijo que me vería el próximo semestre”
“Cállate. ¿Tú también vas a repetir? No puede ser, nos está masacrando.”
“Sí. En realidad, no sé cómo decírselo a mis padres. Por cierto, agrégame al grupo de chat de la clase, por favor”.
Antes de que la conversación se centrara en cómo la mitad de las estudiantes universitarias lo querían, tu compañero de clase te llevó a otro lugar privado. Se llamaba Mike Aguilar, alguien que como tú, evitaba atenciones innecesarias. Aunque no esperabas que te robara un beso. Entre cócteles y besos con Mike durante mucho tiempo, la música alta, todo se sintió bien. Se sintió bien el experimentar aunque fuera brevemente el otro lado del estudiante universitario.
Terminaste siendo llevado a tu habitación a regañadientes de tu compañera de cuarto, pero Mike fue lo suficientemente educado, y sobrio como para pasar de la oportunidad ya que ambos estaban borrachos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien realmente te complació? Aunque el sexo era algo que en raras ocasiones se te presentaba, la auto-complacencia siempre terminaba siendo la mejor de las opciones.
Te quitaste los pantalones. Estabas solo, pero cerraste la puerta y tomaste tu teléfono. Buscando en el chat grupal, el contacto de Mike y escribiste.
Hola Miky
Respondió casi al instante.
Hey, qonda-No le importaron los errores tipográficos.
-¿Quieres ver algi?
-*Algo
Mordiéndote el labio, pusiste el teléfono en una almohada y comenzaste a grabar. Manos recorriendo tus pechos vestidos mientras te sentabas y abrías las piernas. Una de tus manos se sumergió dentro de tus bragas mientras la otra destapaba tu pecho para luego apretar y jugar con un seno.
En tu boca se formó una‘o’mientras movías tus caderas para montar lentamente tu propia mano. Tus gemidos eran necesitados y se volvieron más desenfrenados a medida que seguías jugando con tus pezones y tu clítoris. Jadeabas y arqueabas, montando tu mano hasta provocarte un delicioso y merecido orgasmo.
Luego te llevaste los dedos resbaladizos a la boca y los lamiste con un gemido. Te reíste y dejaste de grabar. El alcohol zumbaba plenamente en tu sistema, no sólo nublando tu juicio, sino también encendiendo una mente sucia.
Solo para tus ojos
Subiste el vídeo y pulsaste enviar.
Tirando el teléfono en tu mesa de noche, regresaste a juguetear y seguir disfrutando antes de que tu compañera de cuarto pudiera regresar. Pero esta vez, tenías en mente un maestro aterrador muy específico en quien pensar.
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El constante pitido de tu teléfono te despertó. Apagaste la alarma y viste tu teléfono. Tus ojos se despertaron cuando el miedo se apoderó de ti.
Entonces... ¿Qué era lo que querías mostrarme?
Oh, no.
El pánico recorrió su cuerpo al ver el chat del Sr. O’Hara abierto con una descripción de “video”. Dedos temblorosos lo abrieron, sólo para revelar la marca de visto en el chat.
OH NO.
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Contra todo pronóstico y lo que podía salir mal, apareciste en clase. Claro, enviar un vídeo porno tuyo a tu aterrador profesor fue una gran cagada. Pero reprobar una clase sería la peor cagada de todos los tiempos. Tenías un pie fuera de todo y una vez que salieras de la universidad, no verías al Sr. O’Hara y eventualmente, lo olvidaría todo. Además, estabas bastante seguro de que recibiría ese tipo de mensajes a diario.
Suspirando, entraste al salón de clases y tan silenciosamente como pudiste te sentaste en la parte de atrás. La clase transcurrió lo más normal posible, pero la sensación de ser observado siempre estuvo presente. Afortunadamente, la clase terminó y justo como te escabulliste para entrar, te escabulliste para salir sin ser notada.
No podías mirarlo a la cara, no después de lo que habías hecho en ese vídeo. Otra razón por la que no bebías con frecuencia. Pero ahora se avecinaba un nuevo problema. ¿Cómo lo enfrentarías el sábado?
Hablando de eso, ni siquiera sabías qué ponerte. Tal vez el universo estaba conspirando contra ti, pero agradeciste que no lo mencionara, tal vez no te prestó mucha atención. Había tantos escenarios en tu mente que solo podías esperar a que le diera amnesia selectiva.
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Al final, escribiste una disculpa. Era más fácil excusarte sin verle la cara por mucho tiempo, y tal vez las cosas quedarían enterradas y olvidadas con el paso de los días.
Perono. Había pedido verte después de clase.
Mientras te acercabas apretaste la disculpa escrita y suspiraste una vez que estuviste frente a su escritorio
“Necesito que firmes aquí para confirmar tu asistencia mañana”.
Tragaste saliva y tomaste el bolígrafo, después de deslizarle la carta. Él arqueó una ceja mientras firmabas.
“¿Qué es esto?” Tomó el papel arrugado y lo abrió. Tus ojos se encontraron con los de él y podías ver diversión en ellos, un contraste enorme en tu mirada avergonzada.
“Lo siento mucho. El... El vídeo, quiero decir. ¡No era para usted, lo juro! Estaba-”
“¿Borracha y tonta? Sí. Lo noté“. Tiró la carta a la basura y se paró con los brazos en la cintura, “Pensé que eras mejor que eso.”
Tus ojos pasaron por alto la decepción en su tono.
“¿Alguien más lo ha visto?”
Sacudiste la cabeza. Sus ojos brillaban con algo oscuro, algo que en realidad no podías identificar y, para ser honesto, te daba mucha vergüenza preguntar.
“Bien. De todos modos, 6 pm. Auditorio de Austen”
“¿T-tan lejos?”
“¿Algún problema?”
“Uh, no. Estaré allí. Llamaré a un Uber”.
“Yo te llevaré.”
“¿Qué? ¡No! Quiero decir, no. Ya me siento bastante incómoda. No quiero hacer esto peor.“.
“Créanme, nada que no haya visto antes, desafortunadamente”.
“Sí, no. Llamaré a un Uber. De todos modos estoy jodida económicamente. Gracias”
Sus pupilas se dilataron muy suavemente ante la forma en que tus labios murmuraron la palabra jodida. Su rostro permaneció firme como siempre, pero sus ojos revelaban mucho.
“Lo que sea. Encuéntrame en la última fila, segundo asiento, entonces.”
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Apareciste, falda negra ajustada de cintura alta, hasta la rodilla con una pequeña abertura en el costado, una blusa color crema con sujetador a juego y una chaqueta negra con tacones color nude. Era la prenda estándar y la única verdaderamente formal que tenías en tu armario. El Uber te llevó al lugar, pronto te encontraste a Miguel y te sentaste a su lado. Podrías reconocer a algunos otros estudiantes junto con algunos otros profesores de otras áreas. La conferencia trató sobre las nuevas formas de enseñar y aprender, nada demasiado innovador como se había pensado originalmente.
Él prestaba atención o al menos, pretendía hacerlo. Al igual que el resto de las personas en el auditorio
La reunión duró dos horas y al final, firmaste una hoja de papel y te dijeron que esperaras en la entrada mientras Miguel saludaba a los invitados y firmaba su asistencia.
“Vamos.”
Miguel te guió colocando una mano en tu espalda baja y te dio un suave empujón para que lo siguieras.
“El auto está en el tercer piso”
“Le dije que podía conseguir un Uber”.
“¿Y arriesgarte a que te secuestren o algo así? No gracias. Además, quiero conservar mi trabajo tanto como pueda”.
“Vaya, gracias por preocuparse, Sr. O’Hara”. Volteaste lo ojos
" Todo un placer, preciosa “. Él se rió entre dientes
Te temblaron las rodillas mientras hablaba en español, te sentaste en el asiento delantero y te abrochaste el cinturón de seguridad. Arrancó el motor pero aceleró un par de veces antes de apagarse. Y justo cuando pensaba que nada podía salir mal, el cielo se derrumbó en fuertes lluvias
“Mierda.”
Gemiste de frustración y Miguel sonrió.
“¿Por qué tanta prisa? ¿Tienes algún lugar adonde ir?”
“No, señor O’Hara. Sólo quería descansar. En realidad, no estoy acostumbrada a usar tacones”.
“Pensé que te reunirías con ese chico con el que te estabas besando la otra noche”
Tus ojos se abrieron con total vergüenza mientras él se estiraba en su asiento.
“Dios... esto no puede ser aún más vergonzoso.”
“Como tu maestro, desapruebo completamente ese tipo de comportamientos. Especialmente con ese cabrón. No es una buena persona”.
“¿Cómo así?”
“Está condicionado. Le gusta difundir el contenido íntimo de las chicas que conoce”.
“¿Cómo sabes esto?”
“Ya te lo dije, nada que no haya visto antes.”
Te hundiste en tu asiento, reflexionando sobre sus palabras.
“Odio admitirlo, pero... me alegro un poco de saber esto. Quiero decir, estoy realmente avergonzado, pero-”
“¿Te alegra que ese pequeño video cayera en mis manos y no en las de otra persona?”
Asentiste, incapaz de mirarlo mientras tu rostro se sonrojaba.
“¿Si que?”
“S-Sí, señor.”
“Aunque debo admitirlo.” Sus manos sobre el volante se tensaron. “Me tomó por sorpresa. De todas las estudiantes, tú hiciste un espectáculo completo”.
Tragaste saliva mientras tu respiración se entrecortaba. Sus ojos se entrecerraron y ese cosquilleo oscuro volvió a aparecer.
“Las manos en esas lindas bragas, montándo como si fuera lo último disponible en la tierra.”
Su mano recogió su cabello hacia atrás mientras se mordía el labio muy suavemente. Tú, en cambio, estabas temblando, incapaz de mirarlo a los ojos.
“¿En quién estabas pensando?”
“En... En nadie. Lo juro. Esto es... realmente muy malo”
“Tal vez, pero también lo es enviar vídeos realmente explícitos a tu profesor, preciosa“.
Cerraste la boca y lo miraste, él se inclinó y estudió tu rostro. Su índice y pulgar toman tu barbilla.
“Estás temblando. ¿Por qué? Una cosa bonita como tú no debería temerme. No voy a lastimarte. En realidad, todo lo contrario”. Su pulgar acarició tu mejilla y sus labios rozaron los tuyos.
“Quiero hacerte sentir tan bien como lo hiciste en ese video”. Besó tu mejilla y mordió suavemente el lóbulo de tu oreja provocando un escalofrío. Era como si otra persona se hubiera apoderado de él.
“¿Puedo? ¿Quieres que te haga sentir bien?
Estaba abrumando tus sentidos, luego sentiste que te desabrochaba la camisa. Asentiste.
“E-Espera... ¿y si alguien nos ve?”
Miguel te desabrochó el cinturón de seguridad y te acercó para darte un beso profundo. Gimiendo, tus manos recorrieron su pecho, deteniéndose en su cinturón.
“No te preocupes por eso. Afuera está lloviendo y no creo que la gente sea estúpida para salir”. Te levantó la falda, dejando al descubierto la tela de tus bragas. Sus labios fueron a tu cuello y besaron un suave rastro mientras sus dedos se sumergían entre tus pliegues cubiertos, ganándose un gemido. Su mano libre logró sacar uno de tus senos y luego pasó su lengua sobre él.
“Qué sensible” Sus dedos frotaron en lentos círculos tu clítoris. Se tomó un momento para bajar una de las ventanas cinco centímetros, lo suficiente para que entrara el aire.
“Abre esas piernas para mí, muñeca . Déjame ver ese bonito coño”. Tus caderas se acomodaron mientras te levantaban la falda, finalmente te quitó las bragas y sonrió.
“Siéntate en el asiento trasero. No puedo saborearte adecuadamente así“. Con manos temblorosas te moviste en el ancho asiento trasero de cuero mientras él movía los delanteros hacia adelante, dejando más espacio en la parte trasera. Se quitó la chaqueta y la corbata. Tus tacones olvidados hace mucho en el asiento delantero. Parecía un animal enjaulado en un espacio diminuto, y tú, su bocadillo.
Sus manos masajearon la suave carne de tus muslos, te quitaste la chaqueta y pronto terminó de desabotonarte la camisa, tu sostén estaba desabrochado, derramando tus pechos libremente. Siseó al verlos y te besó una vez más. En tu prisa le desabrochaste el cinturón pero él te detuvo.
“¿Estás tomando anticonceptivos?”
Sus dedos separaron aún más tus piernas, exponiendo tu entrada empapada. Simplemente asentiste tontamente.
" No habrá problema entonces .” Murmuró más para sí mismo que para ti mientras se inclinaba, uno de tus muslos colgaba de su hombro izquierdo mientras acercaba tu vulva a su boca.
Hizo una pequeña bendición cruzada sobre sí mismo y una pequeña oración y se lamió los labios.
“Tenemos que estar agradecidos por esta comida”. Su lengua se aplastó contra tus labios exteriores y la arrastró hacia arriba. Los dedos de tus pies se curvaron y gemiste.
" Mira qué lindo coño tienes, mi amor “. Sus labios se centraron en el pequeño manojo de nervios, dándole suaves succiones y besos mientras su lengua revoloteaba en tus pliegues internos.
" Podría comerte todo el día” murmuró mientras daba suaves mordiscos en tu carne afelpada. Sus manos sostuvieron tus muslos, estabas demasiado embelesado por el placer como para murmurar una palabra coherente. En lugar de eso, tus manos se agarraron suavemente a su cabeza y aplicaron presión sólo cuando se acercó a ese punto tan dulce.
Su lengua lamió y pronto toda su boca desapareció entre tus pliegues. El sonido obsceno de sus labios trabajando hizo que tu columna se arqueara. Te mantuvo en su lugar mientras su rostro se mantenía enterrado entre tus piernas. Tu respiración se entrecortó mientras tu cuerpo se tensaba. Pasó entre devorar tu clítoris y follarte con su lengua.
“¡S-Sí!” Siseaste cuando el placer abrasador se estrelló con fuerza en todo tu cuerpo. Los dedos de tus pies se curvaron y tu cuerpo tembló, deshaciéndose en su boca. Se aseguró de limpiarte antes de liberar tu carne con un pop húmedo. Lo acercaste para darle un beso mientras la lluvia seguía golpeando el auto, ahogando cualquier sonido.
“Mira que si eres calenturienta”. Canturreó mientras te ataba las manos detrás de la espalda con su corbata, luego se bajó los pantalones hasta las rodillas con algo de dificuktad por el espacio reducido y acercó tus rodillas a tus hombros, exponiendo una vez más tu coño hinchado y mojado.
“Enviando videos para que los vea” Se bombeó un par de veces antes de frotar su punta sonrojada en tus pliegues empapados. Gemiste cuando él entró en ti lentamente, sintiendo el buen estiramiento de su polla en tus paredes y jadeaste con algo de incomodidad.
Escuchar a tus compañeros hablar sobre las posibilidades de lo que el Sr. O’Hara tenía entre sus piernas no era nada comparado con experimentarlo al rojo vivo mientras se hundía profundamente en tus entrañas.
Soltaste un gemido tembloroso por lo llena que te sentías, y él apenas comenzaba. Sólo podías observar cómo su circunferencia desaparecía entre tus pliegues con facilidad.
“Estás tan apretada, princesa”. Besó tu sien, mientras te ahogabas con una embestida que él te dio, sacudiendo todo tu cuerpo.
“¿Quieres ser una buena chica para mí?” Asintiendo, gemiste mientras él enredaba una de sus manos en tu flequillo delantero y te mantenía quieta, para luego golpear sus caderas contra las tuyas. Le valió un dulce gemido de tu parte. Cerró los ojos por un segundo, disfrutando de tu calidez y agarre.
“Muy muy bueno. Te daré un pequeño regalo antes de que te gradúes”. Sus caderas golpeaban descaradamente y con saña, dejándote con poco espacio para respirar adecuadamente. Tus manos tratando desesperadamente de aferrarse a algo.
“Te extrañaré a ti y a este coño cuando te hayas ido, ¿lo sabías?” Su voz retumbó a través de su pecho entre respiraciones agitadas y gruñidos suaves.
Estabas demasiado borracha para hablar, la falta de aire te mareaba, pronto te sentiste como un zombi, simplemente gruñendo y gimiendo mientras su cuerpo te aplastaba, una y otra vez, follándote contra el rechinante asiento. Miguel O’Hara era todo menos gentil, en todo el sentido de la palabra. El auto se sacudió suavemente y pronto, apretaste los dientes mientras la presión en la parte inferior de tu vientre aumentaba hasta que te contrajiste en su pene. Brotando y reprimiendo con fuerza.
Tu cuerpo tembló y él acarició tus mejillas, sonriendo ante la mirada libertina y perdida en tu rostro cuando te corriste, orgulloso de sí mismo. Tus manos se habían entumecido, pero luego las desató.
“Qué niña tan desordenada”. Sus caderas no se detuvieron, una de sus manos se deslizó hasta tu cuello y apretó.
Tus manos encontraron un poco de fuerza para agarrarse a su brazo, sus ojos nunca te abandonaron.
“Dame otra, mi amor"
Te arrulló mientras sus caderas te follaban sin recato y compasión alguna, las lágrimas se acumulaban en el rabillo de tus ojos, la sobreestimulación hacía un circo de tus sentidos. Tus uñas arañaron su muñeca cuando su empuje se volvió errático, más descuidado y finalmente se corrió mientras acunaba tu cuerpo tembloroso más cerca del suyo.
Era casi posesivo. Lanzaste un grito patético cuando viniste con él. Te besó con cuidado y te recostó suavemente.
Luego bajó una de las ventanas unos centímetros más, dejando que el aire refrescara tu cuerpo ardiente.
Tu ropa estaba sucia, a excepción del blazer, el resto estaba empapado de sudor o cubierto de fluidos. Lo bueno fue que la lluvia podía tapar todas las pruebas.
Te miró con asombro y orgullo.
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-Te ves preciosa en esta
Se abrió el chat del Sr. O’Hara , revelando una foto tuya chupando su miembro en su salón de clases con tu toga de graduación, mirándolo con ojos redondos de placer.
Gracias.Por cierto, sabes muy bien-
Escribiste de nuevo, con una sonrisa pícara
-Dime Miguel. Que yo sepa ya no soy tu maestro.