1. La profecía
Hace mucho tiempo, en la lejana tierra de la antigua Grecia se vivía un periodo dorado en el que poderosos dioses y extraordinarios héroes convivían para proteger y velar por los ciudadanos.
Numerosos héroes arriesgaron sus vidas logrando increíbles hazañas, sin embargo, el más grande de todos ellos fue Deku.
Esta es la historia de cómo, pese a todas las adversidades, logró convertirse en una figura heroica digna de admiración.
Todo comenzó en el Olimpo, lugar habitado exclusivamente por deidades, pues los mortales no eran merecedores de compartir el mismo espacio que ellos.
Se estaba celebrando la fiesta del nacimiento de Izuku, hijo del famoso All Might, dios del cielo y el trueno.
Su madre Inko, diosa del hogar y del matrimonio, lo llevaba en brazos. Diversas divinidades lo visitaron, otorgándole regalos. Incluso su padre creó a un caballo alado que acompañaría al niño a lo largo de su vida.
Parecía una tranquila velada, no obstante, una oscura presencia perturbó a los invitados.
All For One, dios de los muertos encargado de supervisar el inframundo y llevar las almas a buen puerto, se hizo ver.
Contempló con asco a la criatura y le entregó una especie de chupete con pinchos. Se notaba que los demás dioses estaban incómodos, ya que repudiaban a All For One.
—Hermano, únete a la celebración —anunció All Might con una cálida sonrisa.
—No, gracias. El trabajo que me obligaste a realizar no se hará solo. Los muertos no esperan —respondió rechinando los dientes.
Aquellas palabras denotaban el rencor que sentía por All Might.
Y es que si hay un dios al que no hay que enfadar, ese era All For One, pues tenía un malévolo plan.
Ansiaba liberar a los titanes y monstruos que habían sido derrotados por All Might, con el objetivo de acabar con su reinado y convertirse en el soberano del Olimpo. Sin embargo, las moiras le advirtieron de una profecía:
“Dentro de dieciocho años los planetas se alinearán muy lindamente. Habrá llegado la hora de actuar y a los titanes deberás soltar. Entonces el muy orgulloso Zeus caerá, y tu All For One sobre todos gobernarás. Pero aconsejo cautela en esta historia. Si Izuku lucha, tú no tendrás gloria”.
La última frase resonó con fuerza en la cabeza del dios de la muerte. La furia salía de su boca y sus puños apretados denotaban que estaba a punto de volverse loco.
Reflexionó y maquinó una nueva idea.
La única manera de matar a un dios era volviéndolo mortal, por lo que envió a sus esbirros al Olimpo para que secuestraran al niño. Posteriormente, lo llevaron al mundo humano y le hicieron beber una poción.
—Rápido, viene alguien —habló uno de ellos.
—Espera, tiene que beber hasta la última gota—reclamó, mientras obligaba al niño a tomarse aquel extraño jugo.
Se escucharon unos pasos. Un tipo se aproximaba a gran velocidad debido a los llantos del pobre bebé.
—¡¿Quién anda ahí?! —gritó.
Los esbirros se asustaron. Como consecuencia, la poción cayó al suelo. Estaba prácticamente vacía.
El mortal se hacía llamar Gran Torino. Recogió al bebé y lo miró con dudas.
No tenía hijos ni esposa, por lo que no sabía cómo tratar a la criatura, pero prometió cuidarlo.
Al final, los esbirros de All For One no lograron su cometido: matar al pequeño.
Los años fueron pasando y el joven Izuku creció sano y fuerte. All Might e Inko lo observaron con tristeza desde el Olimpo, ya que ahora era mortal.
Izuku era un buen chico. Contaba con un enorme corazón y deseaba ayudar a las personas. No obstante, era torpe y no sabía controlar su brutal fuerza.
Se había visto envuelto en varios incidentes. Incluso destruyó algún que otro monumento. La gente de su edad no quería acercarse a él, lo consideraban un bicho raro.
Y no solo ellos. La mitad de los ciudadanos lo despreciaban llamándolo ‘monstruo’ y le pedían que se mantuviera alejado.
Una inmensa culpabilidad invadía a Izuku cada vez que causaba problemas, ya que su padre, Gran Torino, se disculpaba por él alegando que solo era un crío.
Sentía que no encajaba y que no pertenecía a ese mundo.
No fue hasta que su padre le contó la verdad que pudo comprenderlo todo. Gran Torino le enseñó una medalla de oro.
—Esto colgaba de tu cuello el día que te encontré. Es el símbolo de All Might, quizá él pueda darte una respuesta.
Le dio un abrazo y fue corriendo al templo del dios. Allí se encontró con una colosal estatua, la cual cobró vida de repente.
Esa fue la primera vez que entabló una conversación con su padre biológico.
Fue aquí cuando descubrió la realidad acerca de sus orígenes. También se reencontró con su leal amigo de la infancia, Pegaso, un hermoso caballo alado.
—¿Qué debo hacer ahora? ¿Es posible volver al Olimpo?
—Sí que lo es, hijo mío. Y para lograrlo, primero necesitarás convertirte en un héroe verdadero.
—¿Un héroe verdadero? ¿Cómo voy a conseguirlo? Si cuando trato de auxiliar a alguien termino empeorando aún más las cosas. Arruino todo lo que toco.
—No te preocupes. Conozco a alguien que puede ayudarte; Aizawa, el entrenador de héroes. Si lo localizas, te aseguro que te transformará en un brillante guerrero.
Dicho esto y siguiendo las instrucciones de All Might, Izuku se montó encima del caballo con cuidado y voló hacia su próximo destino.
Aterrizó en un frondoso bosque habitado por mágicos seres. Estuvo caminando por un rato hasta que dio con un ente que parecía haberse desmayado.
—¿Está usted bien? —cuestionó preocupado.
El individuo ni se inmutó.
—Por los dioses, creo que está muerto. ¿Qué hago?
Observó con desesperación al caballo, que simplemente relinchó.
Izuku zarandeó a aquella criatura mitad humana, mitad cabra.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —Le lanzó una mirada amenazante—. ¿Cómo te atreves a despertarme?
—Lo siento —hizo una pausa y lo analizó de arriba abajo.
—¿Qué te pasa, acaso nunca habías visto a un sátiro?
Izuku negó con la cabeza.
—Bueno, a lo que iba... ¿Sabría decirme dónde puedo encontrar a Aizawa?
—Encantado —exclamó sin ganas—. ¿Qué puedo hacer por ti?
El muchacho sonrió.
—Necesito convertirme en un héroe. Y me han dicho que usted es el mejor entrenador.
—Ya... Y yo necesito un millón de dracmas —contestó con ironía—. Lo siento, chico, pero no puedo ayudarte.
—Por favor, se lo suplico —rogó—. ¿Es que nunca ha tenido un sueño?
Aizawa lo ojeó con nostalgia.
—Acompáñame —declaró.
El sátiro le enseñó su hogar. Había piezas de armaduras tiradas por el suelo, jarrones con retratos esculpidos en ellos, objetos de entrenamiento, algunas reliquias y trofeos y una magnífica estatua que yacía al fondo de la habitación.
—Yo entrené a todos estos aspirantes a héroe. Odiseo, Perseo, Teseo... Cada uno de ellos me decepcionó y no llegó a cumplir con su destino.
Se acercó a la estatua y la admiró con melancolía.
—Aquiles, en cambio... Él sí que era un héroe de verdad. Mi confianza estaba puesta en él. Pero todos tenemos una flaqueza. En su caso fue el talón. También la muerte de su amado Patroclo, la cual acabó con su cordura, destruyéndolo por completo...
Izuku se quedó callado.
—Soñaba con entrenar al mayor héroe de la historia, pero los sueños son solo eso, sueños.
Izuku se negaba a creerlo. Le demostraría que él era diferente. Lo arrastró hacia el exterior de la casa y le mostró su potencial.
Además, le contó que necesitaba ir al Olimpo para reunirse con sus padres.
Al principio Aizawa no creyó que All Might fuera su progenitor, pero unos truenos más tarde, optó por aceptar su proposición.
Total, no perdía nada por intentarlo.
El entrenamiento fue duro y constante. Se levantaba a primera hora de la mañana y realizaba exhaustivas actividades para conseguir una mejor resistencia.
Al principio, era demasiado patoso y Aizawa le dijo que debía darse por vencido. El muchacho no aceptó esa respuesta y siguió trabajando duro.
Con el tiempo obtuvo un cuerpo bastante esculpido y resistente. Superó los desafíos impuestos por su maestro, dejándolo sorprendido.
—Enhorabuena —habló Aizawa con una media sonrisa. Se le notaba orgulloso.
Izuku saltaba de alegría.
—Siguiente parada: el Olimpo —parloteó acariciando a Pegaso.
Aizawa arqueó la ceja.
—No tan rápido. Primero debes crearte un nombre para que la gente sepa quién eres. Por lo que tendremos que ir a Tebas.
Se montaron en el caballo alado.
—¿Y qué hay en Tebas, exactamente?
—Muchos problemas, miseria y devastación. Perfecto para un héroe en busca de acción.
El pecoso tragó saliva.
Mientras volaban, pudieron escuchar un grito que provenía del interior de un tenebroso bosque.
Se desviaron y aterrizaron forzosamente.
Buscaron la procedencia de aquella voz y dieron con la siguiente escena; un horrible y grandioso centauro estaba incordiando a un joven rubio, el cual le estaba plantando cara como podía, pues la diferencia de tamaño y fuerza era demasiado notoria.
A Izuku le sorprendió cómo trataba de luchar. Y es que pesar de estar en esa posición, el muchacho no se rendía. Lucía tan genial.
El centauro lo agarró por la cintura ejerciendo presión. El rubio soltó un grito de dolor.
—Vale, chico, primero analiza la situación y sobre todo; no te precipites.
Las palabras de Aizawa fueron ignoradas, ya que Izuku se había lanzado al peligro sin pensar.
—¡Alto, suéltalo ahora mismo o te arrepentirás! —gritó.
El rubio lo miró furtivamente ocasionando que sus miradas chocaran por primera vez.
Izuku jamás había visto unos ojos como los suyos. Aquel rojo provocó que su corazón bombease más rápido de lo normal.
—Lárgate de aquí. Puedo arreglármelas yo solo. No necesito que nadie me rescate —declaró chasqueando la lengua.
El centauro apretó su agarre aún más, sacó su extensa lengua y chupó la cara del chico.
—¡Qué puto asco! ¡Cabrón, te voy a matar! —exclamó furioso.
Izuku frunció las cejas.
—¡¿Cómo osas tocarlo de esa forma sin su permiso?! —espetó y se abalanzó contra el centauro.
Le dio varios golpes y pelearon durante unos cuantos minutos.
En cierto momento, el rubio cayó al agua.
—¿Estás bien? ¿Puedes levantarte? —dijo tendiéndole la mano.
El de ojos rojizos la apartó de un manotazo y se levantó sin aceptar su ayuda.
Vestía con una toga blanquecina, la cual estaba mojada. Las ahora casi transparentes telas se pegaban al ejercitado cuerpo del joven.
Izuku apartó la mirada. Estaba nervioso, quizá por la adrenalina de la pelea.
—¡Chico, detrás de ti! —chilló su maestro.
El centauro apareció de la nada y lo golpeó, mandándolo a volar.
Su boca sangraba y tenía el cuerpo magullado. Se puso de pie, arremetió contra el caballo y finalmente acabó con él.
—¡Auch! —dejó soltar una mueca de dolor. Su boca aún sangraba.
—Eso te pasa por distraerte. La próxima vez no bajes la guardia por unos ojitos seductores —le reprochó Aizawa. Pegaso parecía estar de acuerdo.
Izuku no le hizo ni caso y corrió detrás del rubio.
—¡Espera!
El chico se giró. Izuku quedó paralizado.
Su belleza era abrumadora. Por un segundo, quiso preguntarle si era descendiente de Apolo o de Afrodita, pero por lo poco que había visto de su explosiva personalidad, era muy posible que no reaccionara de la mejor manera.
—¿Te encuentras bien, señorito?
—Ni se te ocurra llamarme así, pareces un viejo. Me llamo Katsuki Bakugo.
Izuku sonrió inconscientemente al escuchar su nombre.
—¿Y tu nombre es...? —añadió esperando una respuesta.
—Me llamo Izuku —balbuceó con nerviosismo.
—Ya... Creo que prefiero Deku.
—¿Eh? No es justo, entonces yo te llamaré... —pensó—. Kacchan.
—Haz lo que quieras. Total, no creo que nos volvamos a cruzar.
Se dio la vuelta y empezó a alejarse.
—¡Espera! ¿Podemos llevarte a algún lado? —inquirió señalando a Pegaso, pero el caballo no estaba muy dispuesto a colaborar, pues miraba a Bakugo con recelo.
—Creo que a tu pollo alado no le agrada mucho la idea. Adiós, Deku.
Su figura se fue desvaneciendo al adentrarse en lo más profundo del bosque.
—Ojalá pudiera verlo de nuevo...
—Déjate de estupideces y amoríos. Tenemos mucho trabajo por delante.
Ambos retomaron su camino a Tebas, a la vez que Bakugo era visitado por alguien.
—Mi querido Katsuki, creía que ibas a convencer al centauro para que se uniera a nuestras tropas. Voy a tener que sustraer otro año más a tu condena.
All For One lo sujetaba del cuello casi cortando su respiración.
—¡No fue culpa mía! Sino de ese idiota que se entrometió... Deku, bueno, Izuku. Como sea que se llame.
El dios de los muertos se enfureció como nunca y acechó a sus esbirros con la mirada. Estaba a punto de matarlos.
—¿Izuku? ¿Cómo el niño que ordené que matarais hace dieciocho años?
Después de varios minutos de tortura, la deidad recobró la compostura.
—Aún podemos corregir este enorme descuido. Y esta vez sé que no me fallaréis —comentó amenazando tanto a sus secuaces como a Bakugo.
Este capítulo ha sido bastante introductorio, pero espero que os haya gustado.
Nunca creí que haría un fanfic basado en Hércules. Pero el otro día la estaba viendo y como relaciono todo lo que que veo y escucho con el bkdk... Pues surgió esto, además hice un edit de ellos con la canción “I Won’t Say (I’m in Love)” en tik tok @bkdkaiilery