TERATOS
Nada en la forma en que lo trataba había parecido alarmante, hasta ese día.
Todo parecía andar correctamente. Su novio se había vuelto más atento con el. Regalaba flores y le hacía la cena y el amor. Sus labios se volvían imanes y su mirada brillaba con esplendor.
Era increíble pero no perfecto. Jay no cuidó lo suficientemente sus pasos y acciones ni expresiones. No pensó en los múltiples errores y como Sunoo quien conocía absolutamente todo de el podía darse cuenta de como le mentía de una forma tan descarada.
—¿Quién es?
Jay dió un pequeño saltó en su lugar.
Sunoo se había cansado de guardar silencio, la mancha de labial en el cuello de su camisa habia sido la gota que derramó el vaso...
Así que después de pensarlo por un segundo, de analizar el dolor en su pecho que se contraía con dificultad y la respiración se sentía densa... Pensó que ya era el momento de enfrentar la realidad.
Es que le dolía tanto que ni siquiera podía llorar.
Después de ponerse el pijama fue hacia la cocina donde su pareja estaría bebiendo un vaso de agua como de rutina, antes de irse a dormir.
—¿Qué?— Jay le miraba desconcertado, intentando ocultar la culpa tras una expresión de confusión.
—Lo que escuchaste —Sunoo no se retractaría, no podía seguir compartiendo la habitación con alguien que había traicionado su confianza.
—Sunnie, no te entiendo — Murmuró el alto encogiéndose en su sitio, se sostenía de la encimera porque le temblavan las piernas.
Sunoo le miró desepcionado, pensó que lo admitiría con facilidad. Pensó que sería valiente pero...
—Okay —Susurró el rubio bajando la mirada hacia sus manos que temblaban. Tenía que encararlo, no podía dejar que SungHoon siguiera pensando que podía verle la cara idiota — Ya se que me engañas con alguien más, no necesitas seguir haciendote el idiota conmigo.
El alto azabache miró a Sunoo con sus ojos abiertos como platos, pareció atragantarse con su propia saliva por la sorpresa. Sunoo le miró serio, sosteniéndose en si mismo a pesar de que deseaba recostarse de la pared y deslizarse hacia el vacío.
Jay entonces bajó la mirada, todavía tenía esa expresión de sorpresa, seguro en su mente se preguntaba como había podido darse cuenta el rubio, cuando lo tenía perfectamente engañado. Tanta fue está sorpresa que trastabillo y se tuvo que apoyar con ambas manos de la mesada de la cocina .
—Sunoo, ¿Te das cuenta de lo que me estás acusando? —Por fin habló, mirando ahora al más bajo, con una expresión llena de tristeza que consiguió irritar al instante a Sunoo.
—¿Cómo siquiera te atreves a-
—¿Por qué dices esas cosas y así de la nada? ¿Acaso es una broma, Sunnie?— Parecía tan dolido que incluso Sunoo comenzó a sentir lastima.
—No vas a hacerme esto Park, ya no más... —Ultimatizó el rubio con la cara tallada en porcelana fría.
Jay elevó sus cejas sorprendido y luego sonrió ladino. Simplemente desagradable.
—No te estoy haciendo nada, tu estás intentando acabar con nosotros.
—¿Y acaso te importa el nosotros? Si se acaba es porque me estás engañando.
—¿Y de dónde sacas que te engaño? ¿Por qué tan de repente? —Se mofaba entre el cuestionamiento, como si fuera el un profesor y el otro un pequeño alumno que por mala desición intervino en su clase son estudiar el tema completo.
—Porque por primera vez has cometido un maldito error —Su pecho frágil como de cristal se expandía, se podía escuchar como crugían sus costillas, no podía soportar lo rápido y fuerte que latía su corazón — Te has dejado descubrir Park.
Ahora la expresión del azabache se endurecía su mandíbula se tensaba y su espalda se erguía.
—¿Error?
Esa palabra era desconocida para alguien como Park Jay, el era alguien simplemente perfecto.
Era un chiste, eso era y por eso se reía, se reía en la cara de Sunoo por su grandioso chiste, incluso aplaudía.
Magnífico.
—No encuentro la gracia en todo esto.
—Eso es porque tienes un pésimo sentido del humor, pero así te amo Sunnie —Dijo Jay con una sonrisa afable mientras corría una lágrima de su ojo que se había escapado por la risa.
—Hablar contigo es imposible.
—Amarte también lo era, pero aquí estamos... lo hice todo por nosotros, por nuestro amor —Daba pasado largos hacia Sunoo, este retrocedía al mismo tiempo, sin quitarle los ojos de encima.
La sonrisa en los labios de Jay se ensanchaba cada vez que el espacio entre la espalda de Sunoo y la pared era mas escaso. Consiguió acorralarlo a tal punto de que solo quedarán milímetros de distancia entre sus respiraciones.
El rubio respiraba agitado y enfadado, su rostro estaba tan rojo como una manzana jugosa, sus cejas unidas por su frente arrugada y su mirada pesada. Sus ojos que lo miraban con tanto enojo parecían querer apuñalarlo pero solo conseguía acariciar su ego que se burlaba a carcajadas de la situación.
A estás alturas de su vida... —¿Encerio intentas ponerte a mi?— Su voz se escuchó en un susurro profundo mientras su mano pálida se posaba a la altura de su hombro, se deslizó por la superficie y en poco tiempo se posó en su mejilla, estaba cálida y roja, podia sentir su piel estremeciéndose ante su toque —No necesitas hacer esto para llamar mi atención, soy tuyo ¿No te acuerdas?
Sunoo no suavizó su mirada, intentó alejar el toque de su cuerpo pero solo consiguió que la otra mano de SungHoon apresara la suya contra la pared.
—¿Qué pasa?... ¿Intentas alejarme? Aún cuando sabes que me necesitas y que con este toque puedo ponerte de rodillas, ¿Porqué quieres hacer todo tan difícil para ambos?
—Me engañaste con alguien más, me das asco —Escupio el rubio, con una vena brotando de su cuello enrojecido por la ira —Tu toque me da asco.
Sus narices se rozaron, al igual que sus respiraciones agitadas. Jay sentía que sus tripas se revolvían, porque podía ver las lágrimas asomándose en sus ojos avellana.
—No te engañé —Dijo Park, con una sonrisa en sus labios, una sonrisa sinica que hizo el cuerpo de Sunoo temblar, temblar de la rabia.
A este punto el dolor en su pecho era insoportable. Su tórax estaba destrozado, las costillas trituradas y blandas, su corazón había caído a sus pies...
—Te desprecio —Musitó aquellas palabras en respuesta a la mentira que raspaba sus oídos.
Jay no borró en ningún momento aquella sonrisa y se acercó más y más hasta atrapar los labios de Sunoo quien sintió sus piernas colapsar, Jay se aferraba a su nuca con sus uñas y a su muñeca con un agarre constrictor.
—¿A qué saben las mentiras Sunoo? — Preguntó después del beso que dejó descolocado al rubio que lloraba lágrimas amargas.
A Jay le ponía verlo llorar, se veía bonito, asfixiado por el llanto.
—Te odio.
—Respondeme — Jay se aferró a Sunoo, abrazando su cuerpo, apoyando su frente sobre la del rubio, cerrando sus ojos, con esa comodidad que se apodera de su alma.
—Sueltame.
—Jamas —Jay negó con su cabeza, apresando en su pecho a Sunoo se aferraba a su camisa del pijama, enterraba su nariz en ella, solo podia oler su propio perfume—responde a mi pregunta, no quiero repetirla.
Pasaron los minutos en silencio, Sunoo lloraba de forma silenciosa, masacrando sus labios con sus dientes carniceros.
—Sunoo —Abrió uno de sus ojos y Sunoo tuvo que abrir sus labios y escucho el sollozo más desgarrador que caló hasta su médula, las piernas de Jay temblaron y su mundo se derrumbaba.
—Saben dulces —Respondió con la voz entrecortada por el llanto.
—¿Y mis besos a qué saben?
—A ti...
—¿Piensas que soy dulce? ¿Soy dulce como una mentira? ¿O dulce como un durazno?...¿ Ah?, dímelo por favor...
—Jay...
—Sunoo, ¿A qué saben mis besos? — Su pregunta salió entre sus dientes, raspando las palabras contra su lengua.
Sunoo tenía que responder.
—Salados.
—Salados cómo tus lágrimas —El azabache se separo del cuerpo de Sunoo para poder tomar su barbilla y besar su mejilla derecha. —No me gusta verte llorar, eres precioso pero tus lágrimas me duelen.
—Solo alejate de mi — Pidió por última vez en un susurro quebrado. El menor ya no podía sostenerse en pie, estaba cayéndose a pedazos entre las manos de Jay.
Se estaba desmoronando.
Jay pareció apiadarse del rubio, se alejó lentamente de el, dejó que se deslizara hacia abajo y le dió la espalda a su miserable existencia, para alejarse sin mirar atrás e irse en dirección a la sala.
Dejaría a Sunoo llorar un rato, no le gustaba escucharlo sollozar, se le partía el alma en pedazos, era simplemente insoportable.
Así que se sentó en el sofá de la sala, en medio de la oscuridad, junto a la sala estaba el minibar, se dispuso a levantarse para buscar una copa, necesitaba bajar ese nudo en su garganta y esa amargura en su lengua.
¿Jay estaba enamorado de Sunoo?
¿Jay lo amaba?
Si no lo amara enserio, ¿Cómo podría estar entonces lamentándose por lo que había hecho horas atrás?
De solo recordar las razones se sentía en enfermo. Había caído en la tonta trampa de su tonta necesidad.
Su amor por Sunoo debía de ser más fuerte que cualquier necesidad.
Su mente estaba dividida, su corazón estaba latiendo acelerado y sus tripas se estaban retorciendo...
Bebió un trago tras otro, uno tras otro hasta que su aliento se volvió puro licor y sus pies se enredaban al caminar.
A Jay no le gustaba el alcohol, de hecho no acostumbraba a beber. Pero ese día había hecho cosas que se supone no le agradaban.
Cómo enredarse con esa mujer, llevaban un tiempo conociéndose, la chica era becaria en la empresa en la que trabajaba, llevaban una semana compartiendo un saludo sin importancia, hasta que está decidió chocarse contra el en medio del ascensor, derramando su café sobre su camisa y la de ella.
Así comenzaron las cosas.
Ella quitó su blusa, y el la suya, la piel desnuda se atrajo como himanes y como si fuera por instinto el lo hizo, lo engañó y lo engañó por tanto tiempo, y le mintió por tanto tiempo...
Jay antes estaba vacío, pero después de acostarse con ella solo podía estar lleno de culpa y miedo. Ella no solo era una simple pasante, estaba relacionada con un socio importante, era su amigo se supone que eran amigos...
Los amigos también comparten sus juguetes...
Y se supone que había Sido cuidadoso, que había Sido muy meticuloso pero esa mujer... Esa mujer no comprendía la naturaleza de la situación, era como si se hubiera hecho la ciega con el anillo que había en su dedo, como si no se hubiera dado cuenta de su perfecta corbata, de su almuerzo bien hecho.
Jay no necesitaba decirle que tenía esposo porque todo el maldito mundo lo sabía y ella también, porque ellos se vieron.
Ella lo miró a los ojos y pretendió ser dulce, pretendió acercarse.
Jay no podía permitir que alguien que no fuera el mismo lo lastimar y quitará la venda de sus ojos.
Intentó alejar la, intentó alejarse. A ellos dos nisiquiera les gustaba, ella no estaba enamorada y el no lo estaba tampoco.
Solo estaban extasiados por la adrenalina del momento, solo estaban intoxicados por la dulce mentira tan monstruosa que se hacía en sus hombros.
La mentira podía estar puesta allí pero no debía escalar.
Y cuando se hizo demasiado peligroso, Jay lo acabó, aquella misma noche, antes de llegar a casa...
Sería la última vez, ella se fué y fue un gran alivio para el...
Y tal vez se estaba comportando como un idiota y era tan malditamente cínico y sin vergüenza, pero lo necesitaba y en este estado no podía comportarse.
Así que dió un paso en el interior de la oscura habitación donde en la cama era visible un bulto cubierto por las sábanas que conocía a la perfección.
No sabía cuántas horas había estado en la sala a oscuras, pero fueron las suficientes como para que Sunoo se calmara y se acostara a dormir.
Se sintió mal al pensar que se quedó dormido entre lágrimas y sollozos.
Su caminar fue inestable al igual que su respiración y vacilante acercó su rostro al dormido de porcelana del menor.
Relamió sus labios cuando vio los entreabiertos del rubio , sentía que había pasado una eternidad desde que los probó y de solo pensar en que estaban tan cerca la fiebre asfixiante le invadió el cuerpo entero.
Pero no podía besarlo, sus labios tenían un hechizo que lo volvía un demente.
fue sigiloso al rodear la cama para recostarse en esta junto al cuerpo caliente del rubio.
Dejó que todo el oxígeno abandonará sus pulmones y se recostó de lado para poder rodear el cuerpo cálido sobre las sábanas.
Sunoo ni se inmutó y eso era excelente.
lo miró con cautela, suspiró cerca de su oreja y aspiró el aroma de su piel mientras escurría su mano en el interior de las sábanas, deslizando la por sobre la tela de la camisa del pijama del rubio mientras lo miraba atento.
Sunoo suspiró inconsciente al sentir las caricias superficiales, pero en cuanto Jay metió su mano dentro de sus shorts de pijama y apretó su entrepierna por sobre la ropa interior; los ojos de Sunoo se abrieron como platos, sobresaltado dejo escapar un gruñido agudo que acarició los oídos de Park.
Intentó darse la vuelta pero Jay lo presionó contra su pecho mientras susurraba un "Soy yo" que logró erizar todos los bellos en el cuerpo del mayor.
—¿Q-qué haces?— Preguntó en un susurro entrecortado gracias a que las manos frías del mayor jugaban con el borde de su boxer. —Jay
—Si dices mi nombre de nuevo, de esa manera, con esa voz y esos labios, te juró que voy a enloquecer— Murmuró bajo con los ojos cerrados mientras acariciaba con su nariz la nuca de su esposo y se pegaba más a su espalda.
Un sonrojo violento se apoderó de las mejillas de Sunoo mientras sus labios temblaban.
—¿Estás borracho?— Preguntó
—Solo un poco.
—No puedes estar hablando enserio— Espetó lleno de cansancio, mirandolo de mala manera por encima de su hombro.
Lo engañaba, bebía y luego se metía en su cama, holiendo a otra persona, lo tocaba después de tocar a otro... ¿Cómo si quiera podía...?
—Solo un poco, dije — Gruñó mientras se alejaba un poco del cuerpo de Sunoo para poder desabrochar la molesta camisa — No peleemos. Estoy cansado de peleas
—Que extraño, si a ti te encanta discutir
—No me gusta hacerlo contigo. Y eso me recuerda que todavía no entiendo la razón por la que estás tan enojado conmigo...
Los ojos de Sunoo se cristalizaron y mordió sus labios para retener la maldición que quería gritar. Luego quitó con brusquedad el toque en su cuerpos para girarse y mirar a los ojos del ebrio azabache que no tuvo ninguna decencia como para mirarlo también.
—No estoy enojado contigo y nosotros nunca discutimos.
—Claro que sí, no me hablas, me ignoras y ya que estás enojado conmigo te refugias en la cama y en esa mirada de desepcion . — Murmuró casi como un reclamo— como si no cometiste errores, como si tú nunca hubieras estado con otro que no fuera yo.
—Yo nunca te engañaría, y no porque no quiera... Sino porque estoy preso en este lugar, donde no hay nadie más que tú
—Soy más que suficiente para ti Sunoo, tu no necesitas de nadie más. —Sus dedos fríos se acercaron a sus mejillas sonrojadas por la pronta llegada del llanto.
El pecho de Sunoo se contrajo con demasiada fuerza, podía sentir como se estaba partiendo en pedazos...
—¿Pero tú si necesitas a alguien más que a mi? ¿Acaso no soy suficiente para tí? — Las preguntas salieron expulsadas entre respiraciones arritmicas, sus ojos se nublaron por las lágrimas y su voz tembló —Por eso buscaste a otra persona, ¿Por eso tú -
las palabras entre sollozos del menor fueron cortadas por los labios de Park que se estamparon con celeridad contra los suyos, rompiendo con cualquier momento de sensatez, desapareciendo la cordura y dejando paso a la hermosa primavera que florecía en su corazón.
sintieron el cielo llegar a ambos y lo que fué un beso se volvió volátil y desperado. La chispa se encendió y ambos cuerpos magnéticos necesitaban uno del otro para poder existir.
la lengua de Jay saboreaba el jubilo y el calor mientras sus manos tocaban todo lo que estaba a su paso hasta llegar al tracero de Sunoo quien se iba acercando más y más.
De alguna manera entre tanto movimiento y agite el cuerpo del menor termino sentado sobre el del mayor.
Ambos desesperados por el contacto de la piel del otro se desvistieron con los ojos cerrados y sin pensarlo demasiado. Sunoo despojó a Jay de todo lo que lo cubría y Jay se aseguró de arrancar todas las prendas como un animal y de invertir las posiciones para que su cuerpo cubriera el del rubio.
Cuando ambos se sintieron libres, hubo ese pequeño instante, unos cortos segundos que se sintieron eternos entre ellos, cuando sus ojos conectaron y ambos se perdieron, lo sabían, lo querían, lo necesitaban y lo deseaban.
Estaba mal.
Estaba muy mal.
Sunoo sentía que se estaba partiendo en dos y Jay sentía que estaba siendo aplastado.
En medio de la agonía que se provocaban uno al otro, la necesidad de estar juntos los estaba triturando.
Jay maldijo a sus adentros por sentirse de esta manera y aunque desearía olvidar sabía que no era verdad, SungHoon necesitaba tatuar en su memoria el sentimiento y la sensación que dejaban el toque y tacto del cuerpo de Kim Sunoo
Era una terrrible necesidad que no deseaba hacer esperar por muy insana que fuera.
El suspiró entrecortado que se se escapo de los labios de Sunoo fue el último detonante para que Jay reaccionara y lentamente metiera sus dedos dentro de la boca del menor.
Esta no sería como la otra vez, estaba desesperado y fuera de sus cabales, confundido y deseoso, Sunoo también lo estaba, el lo aceptaba.
aceptaba sus dedos en su boca mientras tímidamente sostenía su miembro y lo estimulaba con masajes que hacían su respiración irregular.
miró con los ojos entrecerrados como Sunoo chupaba y lamía sus dedos, dejando que la brillante saliva chorreara fuera de su boca brillante roja e hinchada.
Su mano libre recorrió toda la piel que esta vez no se daría el tiempo de marcar, hasta llegar el erecto miembro del menor. Deslizó la palma sintiendo el cuerpo tensar sobre el suyo y luego sonrió ladino cuando dió un apretón al glande.
Sunoo gimió y Jay se regodeo.
Suspiró sin aliento, porque todo, cualquier cosa que Sunoo hiciera era increíblemente excitante, lo hacía reaccionar, desfallecer...
—Me vuelves loco, Kim Sunoo...— Murmuró cuando sacó sus dedos húmedos lentamente de la boca del menor para luego besarlo impacientemente.
Sin preguntar acercó el primer dedo a la entrada logrando que Sunoo se sobresaltara y apretara su miembro entre sus manos.
Jay mordió su labio con fuerza cuando Sunoo apretó su dedo en el interior de su entrada, lo absorbió por completo después de algunos minutos.
Introdujo el otro y luego otro y otro más hasta que los gemidos de Sunoo en su oído fueron estruendosos e implacables, hasta hacerlo perder la cordura.
—Quiero hacerlo ahora — Demandó en un tono severo que no sabía de dónde había sacado y que a Sunoo logró encantar.
No fue necesario lubricar el miembro de Jay que ya estaba húmedo y empapado al igual que la mano de Sunoo por su líquido preseminal.
Park se recostó completamente en la cama mientras Sunoo relamia sus labios y se posaba sobre el y elevaba sus caderas y trataba de posicionar temblorosamente el miembro erecto en su entrada.
Jay lo miraba fijo, hambriento, todavía podía ponerlo nervioso con aquella mirada llena de escrutinio que no era nada más que la mirada de un loco enamorado. A estas alturas no sabía si estaba realmente ebrio por el alcohol o por el cuerpo de Sunoo pero verlo de esta manera, con todo su cuerpo escultural que se cierne sobre el suyo como una divinidad bajando del Olimpo.
Agradecía a afrodita por todo esto, por tal creación, por la increíble y espectacular obra de arte que había regalado a su humilde persona.
Esto era el regalo del Olimpo, la más fina riqueza que se deslizaba sobre su falo que se enterraba sin piedad en su interior.
Le gustaban las lágrimas que salían de los ojos brillantes y avellana del rubio. Le gustaba que sus mejillas estuvieran rojas y que de sus labios salieran gemidos.
Pero lo que más le gustaba era que todo esto era con el y solo con el ¿Cierto? no había nadie más.
No tenía que haber nadie más.
Y aquella aventura no podía comprarse con lo que sentía por Kim, aquella mujer no podía comprarse con lo que significaba Sunoo en su vida.
Aquella mujer era polvo y Sunoo era el mundo entero.
—¿Lo has hecho con alguien más, Kim?— Preguntó demasiado serio para la ocasión mientras veia al menlr batallar con el ardor y la penetración.
—¿Que-e?
—¿Te has acostado con otro después de que tu y yo lo hicimos? Después de que nos casamos ¿Alguna vez me has engañado?— Tenía curiosidad pero de solo pensarlo se sintió enfadado.
Siquiera como podría preguntar eso eso... Jay no conocía la prudencia, el podía decir lo que quisiera cuando quisiera y a Sunoo no le importará responderle de la peor manera si debía de hacerlo.
Y sabía que se lo merecía, que se merecía esa mirada llena de odio y esas lágrimas y ese dolor. SungHoon se merecía la agonía eterna y no había mayor agonía para el que las lágrimas del rubio.
Sunoo lo miró con dificultad, tenía la vista nublada y cristalizada, sus labios deformados en una mueca que querían expulsar un gran insulto.
—¿Con que cara vienes a preguntarme eso?— Preguntó exaltado cuando pudo lograr bajar el nudo en su garganta — Apestas a perfume barato y tienes marcas en el cuello... ¿Y te atreves a preguntarme eso?
—Es distinto.
—¡¿En qué mierda es distinto?!— Ahora es Sunoo quien pierde los estribos y deja caer su palma sin cuidado sobre el pecho de Jay, el golpe seco resonó en toda la habitación, dejó una marcar roja caliente sobre la piel y JungWon siseo con los dientes apretados... pero del placer. —¡Vienes de acostarte con otra!
—No lo hice, cariño... No me acosté con ella, no está noche — Era la primera verdad de la noche...
—¡Pero estuviste con ella! — Exclamó con la voz rota —Maldita sea, estuviste con ella, durante tanto tiempo ... Esto es enfermo. Te encanta esto, te encanta joderme en todos los sentidos. ¿Por qué me lastimas?... ¿Qué fue lo que hice? ¿Qué hice mal?
—No Sunoo, no llores por esto— Jay extendió su mano para alcanzar el rostro de Sunoo pero el la alejó con un fuerte manotazo.
—No te atrevas a tocarme— La voz de Sunoo fue contundente y sin esperar nada más y con el rostro más duro y rígido que un hermosa estatua griega comenzó a subir y a bajar, Jay quiso sostenerse de la cintura de Sunoo pero volvió a recibir un golpe.
Tuvo que aferrarse a las sábanas mientras Sunoo rasguñaba su pecho y gemía, mientras lo miraba fijo y subía de esa manera, al ritmo de su propio placer.
la velocidad fue aumentando mediante las emociones que iban mermando, pero el enojo de Sunoo era terriblemente espeso y ácido, su pecho ardia y las exaltaciones eran profundas. Lloro del placer, del odio, de la rabia, lloró por todas las emociones que SungHoon era capaz de hacerle sentir con una sola mirada.
Sin embargo sus piernas se estaban cansando pero el solo quería acabar, y Jay como si leyera su mente colocó sus manos en su cadera, se aferró a ella con las uñas sacando un siseo al rubio, no permitiría que volviera a impedirle tocarlo.
Con todo el auto control y fuerza de voluntad lo alzó un poco para luego girarlo y registrarlo en la cama con un movimiento ágil y rápido que tomó algo desprevenido al otro.
Abrió sus piernas tanto como pudo mientras volvía a introducirse en su interior con lentitud, saboreando las sensaciones que le permitía experimentar el cuerpo de Sunoo, mientras el se aferró a sus hombros, clavando sus uñas con saña cuando arremetió como una bestia contra el.
Jay también estaba enojado, estaba frustrado, estaba cansado de si mismo, de su cabeza, de su tonta mente y sus estúpidas ideas, de su corazón que estaba a punto de estallar... Jay estaba de muchas maneras pero el solo quería estar de una sola.
Y esa era con Sunoo, no importaba como, no importaba en dónde. Solo tenía que ser con el
Las embestidas fueron violentas, los besos desordenados, llenos de mordidas, las huellas de sus dedos quedarían por siempre marcadas en la piel de Sunoo, quería que así fuera, la marca de sus manos tomando toda la piel a su paso de forma posesiva.
Jay quería que su nombre estuviera en cada centímetro de su cuerpo, el fué el primero, lo había reclamado como suyo desde el principio y todos tenían que saberlo.
Sus labios y lengua fueron directo a su cuello blanco y perlado por el sudor, escondió su rostro entre la curva del hombro y este mientras Sunoo enrollaba sus piernas alrededor de sus caderas, succionó, mordió y marcó a su antojo mientras el se aferraba a su cuerpo con uñas y dientes, y gemía en su oído.
Era la mejor sensación del mundo, Jay quería estar allí para siempre, de esa manera.
Juntos, siendo uno solo.
Pero lo bueno dura poco, sintió a Sunoo contraerse mientras jadeaba su nombre y Jay terminó viniéndose junto a el en un largo gruñido acompañándolo, con su rostro metido en su cuello y el de Sunoo Sñcerca de su oído gimiendo por última vez en aquella noche, para el.
Luego de eso, las respiraciones erráticas resonaron en las paredes de la habitación, el cuerpo de Sunoo temblaba, su agarre se hacía cada vez más débil, pero Jay estaba aferrado a el, sosteniendolo.
No quería soltarlo.
Pero tenía que separarse, porque quería ver su rostro, su desastre. Quería ver las mejillas rojas, los labios lastimados, las marcas que había dejado en su barbilla y mentón, sus ojos cristalizados por el sensible orgasmo.
Sus manos escurridisas dejaron de aferrarse a los muslos de Sunoo y fueron rápidamente hacía sus mejillas calientes.
Sunoo lo miraba totalmente mudo y distante de la realidad, pero aún así como reflejo correspondió al beso suave y lleno de cariño que le regaló el mayor.
Cuando se separaron, Jay le sonrió de una forma tan malditamente pura como si no acabara de joderlo con toda las bestialidad que escondía su cuerpo.
Era un maldito imbécil.
Cuándo las respiración erráticas dieron paso a unas más tranquilas Jay salió del interior de Sunoo con lentitud, dejando un vacío en el menor.
relamió sus labios con algo de nerviosismo, Sunoo no dejaba de mirarlo fijamente esperando algo que por el momento no vendría y es que... Era un pésimo momento para decirle cuánto lo amaba y cuánto lo sentía por todo.
Pero tal vez podría demostrarlo, podría demostrar que quiera una tregua, que la guerra había terminado y sus labios hicieron un camino de besos de paz desde la frente de Sunoo hasta su pecho.
Hizo pequeñas marcas de amor hasta cubrir el lienzo perfecto, acarició con su lengua el cuello y el hombro, mordió solo un poco por su barbilla y alrededor de su pezón, luego jugó con este mientras sus manos repartían caricias placenteras por el cuerpo sensible del mayor, quería despertarlo.
Quería despertar las buenas sensaciones, las emociones que burbujean en su estómago como una cosquilla que incitaba a una risa afable. Cómo las que hacían a Sunoo brillar.
Sunoo estaba exhausto así que solo lo miraba atentamente con los ojos cristalinos, solo podía sentir como el ambiente había cambiado y como una mano tomaba la suya y entrelazaban sus dedos.
Jay quería hacerle el amor después de haber hecho la guerra, que no había Sido ganada por ninguno, los había dejado devastados y el objetivo no estaba claro, pero necesitaba hacerlo con el y demostrarle cuanto lo amaba, cuanto lo necesitaba.
Jay quería que Sunoo supiera que este siempre quería tocar su piel con cuidado, siempre quería besar cada centímetro de su cuerpo explorado y no explorado.
Jay por fin había apagado el auto en la carretera oscura y desierta. Era momento de dejar de conducir sin sentido por capricho e ir por el camino correcto.
Su cabeza fue bajando y bajando, repartiendo besos por el pecho, en ambas costillas dejando un camino de amor hasta llegar a su vientre
—Jay ~...— Su nombre salió de un jadeo sin aliento de los labios del mayor cuando Jay lo miró fijamente desde ese lugar, entre sus piernas.
Iba a hacerlo sentir bien, se aseguraría de que sus próximas lágrimas no fueran de impotencia, ni de odio, ni de rencor, ni de dolor.
Solo de placer y gozo, Jay haría hasta lo imposible por ello.
Sunoo tuvo que ahogar un jadeo en su palma cuando Park tomó su sensible miembro y pasó su lengua desde la base hasta la punta sin despegar la mirada de su rostro.
Sunoo lo miró rogando, ¿Porque era así con el?, tuvo que morder sus dedos cuando Jay succionó la punta y tuvo que sostenerse de las sabanas cuándo su boca fue descendiendo lentamente por toda su longitud.
Jay no dejaba de mirarlo directo a los ojos mientras su cabeza subía y bajaba lentamente mientras su mano libre lo ayudaba con el resto.
El tiempo se hizo veloz cuando Jay comenzaba a hacer milagros y las piernas de Sunoo temblaban mientras sus manos se aferraban a las hebras azabaches y empapadas de sudor de Park
Jay comenzaba a sostenerse de la cintura de Sunoo mientras esté jodía su boca a su antojo. Park no quería despegar la mirada de la expresión que se deformaba en placer de Sunoo.
Quería tatuarse en el cerebro, que fuera un recuerdo perpetuo. Porque era tan hermoso con sus mejillas sonrosadas, su cabello alborotado y pegado a su frente sudorosa, lo frágil que se veía su mirada, sus labios hinchados y lastimados...
—yo....
Su voz se escuchaba increible. Temblorosa y quedita, jadeante sin aliento.
—Y-yo voy a...— Sus brazos sin fuerza intentaron separarlo de el, intentaron que se alejara pero Jay se aferró con sus uñas a la cintura de Sunoo.
Quería que lo hiciera, Jay queria saborearlo Absolutamente todo de él así que dejó que se viniera acompañado de un largo gemido grave mientras se aferraba a su cabello.
las lágrimas resbalaron de sus ojos irritados, mientras colapsaba con las piernas temblorosas y Jay succionaba hasta la última gota de su esencia.
Se separó del miembro de Sunoo relamiendo sus labios con seducción. —Sabes delicioso, Sunnie —Murmuró con la voz ronca y una erección que dolía terriblemente.
Sunoo solo respiraba con dificultad, mirándolo con los ojos entrecerrados, era un hermoso desastre. Jay amaba a ese hermoso y pequeño desastre.
—Jay paremos... ya no estoy enojado contigo. —Dijo pausadamente mientras fruncía su seño —Por favor, yo...
—No vamos a parar, porque no estoy haciendo esto porque estés enojado conmigo, Sunnie— Dijo con un tono de voz desconocido para los oídos aturdidos del menor, mientras se deslizaba por encima de la piel caliente y sudada de este, dejando que sus cuerpos se sintieran y rosaran, logrando que todos los bellos del cuerpo del rubio se erizaran — Estoy haciéndote el amor por primera vez y quiero que tú cuerpo lo recuerde, quiero que cada roce viva en ti por el resto de la noche... Y es que ya no puedo parar de hacerlo aunque me lo ruegues, porque llevo demasiado tiempo queriendo hacerlo. — No me dejaste tocarte por mucho tiempo, extraño tu piel, tu olor y tu sabor... Extraño tu sonido
Estaban tan cerca, sus rostros a centímetros, sus narices rozando, sus labios tocándose y los jadeos chocando entre sí.
De los ojos brillantes de Sunoo brotaron lágrimas, sus labios temblaron en una pequeña sonrisa que se iba formando. En los ojos de Jay no había nada más que locura.
Sus labios se sellaron en un beso acompasado por los latidos cordinados de sus corazones mientras las caricias de las manos escurridizas se hacían presentes.
Los roces despertaron nuevamente el cuerpo del meñor. Separaron el beso solo para que Jay metiera solo cuatro dedos a su propia boca mientras masturbaba ambos miembros con lentitud tortuosa.
Cuando sus dedos estuvieron lo suficiente húmedos, dejó de masturbarse y metió su dígito con lentitud y cuidado dentro de la entrada de Sunoo, rápidamente sintiendo como este se retorció recibiendolo sin problemas.
Jay sabía que Sunoo estaba listo para el, pero el quería explorarlo por completo, quería verlo retorcerse por su amor cuántas veces pudiera.
Porque era realmente un grandioso espectaculo.
Metió el segundo dedo y simuló tijeras en su interior, Sunoo cerró sus ojos con fuerza y gimiendo echando su cabeza hacia atrás, se aferra de las sábanas mientras Jay con su mano libre se aferra de su muslo dejando las huellas de sus dedos marcadas en la delicada piel pálida.
Metió el tercero y el cuarto al mismo tiempo, simuló una embestida que hizo a Sunoo vibrar por completo. Y luego otra y otra y otra hasta que Sunoo no tuviera control.
Hasta que su garganta se desgarra en jadeos y gemidos. Hasta que sintiera su estómago contraerse al igual que su entrada y justo en ese instante sustituyó sus dedos por su miembro, se introdujo con cuidado aún así, sintiendo como Sunoo lo aceptaba y se aferraba a el.
El calor que inundó su piel fue casi insoportable, era como una fiebre que estaba a punto de calcinarlo, Sus labios se estamparon con los de Sunoo y se sostuvo con sus manos de la cama para poder impulsarse y embestir.
Necesitaba enterrarse con orgullo en su interior, y Sunoo aferrarse de el.
El va y ven fue rudo pero certero, fue lento pero constante. Fue perfecto para hacerlos sentir a ambos que estaban a punto de tocar el máximo nivel de divinidad. Uno inimaginable.
El movimiento errático, el ruido obsceno de sus pieles cuando hacían contacto, la sensación de piel contra piel, rozando y friccionado los estaba volviendo locos y a medida que la velocidad de los movimientos aumentaba sus corazones latían como si fueran a salirse de sus pechos.
Sus jadeos eran ahogados en uno que otro beso desordenado.
Y cuando llegó el momento de acabar fue extremadamente intenso, tanto que ambos colapsaron al mismo tiempo... entre jadeos, gemidos y gruñidos, sin aliento con un calor incomparable en sus pechos que retumbaban por sus corazones acelerados.
El silencio se hizo, un beso perezoso cerró con broche de oro la noche.
Y cuando ambos estaban limpios y listos para dormir juntos, arropados por las desordenadas sábanas, supo que la guerra había terminado, al fin...
O eso creyó Jay.
—¿Estás enamorado?— Preguntó el menor después de acurrucarse junto a su cuerpo. No sé estaba refiriendo a ellos, sino a la persona con la que Park se había acostado antes de llegar a casa, deseando que Sunoo lo dejara pasar como el resto de las veces.
Jay que había estado con la vista fija en la ventana de la habitación, presenciando como el amanecer estaba llegando, se sobresaltó al escuchar esa pregunta tan extraña y tan... Repentina.
—¿Qué dijiste?— Miró fijamente al menor que solo le sonrió levemente.
—Que si estás enamorado — Sunoo no tenía problemas con repetirle la pregunta. Sunoo no tenía problemas con nada si tenía que ver con SungHoon.
Este se quedó callado de todas formas, su entrecejo se frunció y luego miró hacia su cuerpo, sus piernas desnudas estaban enredadas entre las sábanas, su mano se encontraba entrelazada con la del menor por encima de su pecho, la mejilla se este se encontraba splastada contra su pectoral y sus labios hinchados y rojos le sonreían.
Pero no le sonreían porque estaba feliz, le sonreían porque estaba acostumbrado a hacerlo.
—No realmente... —Respondió el azabache después de un tiempo.
Sunoo le miró igual de sonriente —¿Entonces por qué lo hiciste?—
—Porque perdí la cabeza, por un instante creí que si lo hacía podía desacerme de esto.—Murmuró serio, sus ojos ahora estaban fijos en los cristalinos del menor. No podía seguir manteniendole la mirada, la traición se sentía como cuchillos clavándose en su espalda— Me estás destruyendo.
—¿Yo?... Pero si nisiquiera me dejas salir de la casa, hago todo lo que quieres, me pongo lo que quieres, como lo que tú quieres... Jay, el único que está destruyendo algo aquí eres tú y lo que has destruido ha sido mi vida entera.
—No quiero que el latir de mi corazón siga dependiendo de tu sonrisa y de tus lágrimas. Me estoy perdiendo Sunnie~...
—No Jay, tu sigues siendo el mismo. El mismo maldito mentiroso— Susurró bajito el menor antes de soltar su agarre para darse la vuelta y recostar su cuerpo completamente en la cama, no deseaba seguir viendo a la cara a su esposo...
No deseaba seguir viendo a la cara de ese traidor...
—Sunoo... —Llamó el otro, con voz suave.
El menor se aferró a la almohada y cerró sus ojos con fuerza.
—Sunoo —Su tono volvía a ser suave.
El menor sabía que al tercer llamado sin contestación se frustraría y saldría de la cama.
Pero Sunoo no dejaría que las cosas fueran como siempre, estaba sintiéndose asfixiado nuevamente.
—Ya son casi las 5 de la mañana, prepararé tus cosas para que te vayas alistando y puedas ir a trabajar — arrancó las sábanas de su cuerpo y salió de la cama bajo la atenta mirada de SungHoon.
Park necesitaba más que hacerle el amor a Sunoo para que esté le perdonará su infidelidad.
Pero el ya lo había hecho todo, aún sí Sunoo no estaba enterado, Park Jay había hecho de todo...
Hasta lo imposible.
Hasta lo impensable.
Lo inhumano...
Había una gran sorpresa, una hermosa sorpresa...
Jay espero en la cama a que el despertador sonara, miró hacia la mañana, aue se nublava de pronto, se volcia fría y podia imaginarse la piel palida de su chico herizandose por la baja temperatura.
Lentamente se levantó de la cama, estiró su cuerpo y peinó con sus dedos su cabello desordenado. Un nuevo día había comenzado y con ello un nuevo desafío.
Se fue al baño, lavó su cuerpo, cepilló sus dientes, sonrió al espejo, practicando esa tonta sonrisa de todas las mañanas, esa tonta sonrisa que se supone debía hacer desfallecer a su esposo, aunque sabía que está vez solo lo haría enojar más...
Pero esa mañana prefería el enojo a las lágrimas de tristeza.
Peinó su cabello con gel, ni un cabello fuera de lugar su frente descubierta dejando a la vista sus atractivas cejas, su mirada se volvió afilada cuando comenzó a vestir su cuerpo con el traje de la oficina que por esta vez había escogido por su cuenta, ya que Sunoo se encontraba lo suficiente enojado con el como para escoger su trage del día.
Amarró sus zapatos y se colocó aquel perfume que hacía a Sunoo aferrarse a su pecho y ronronear como un gato, no abrochó los botones de la camisa que estaban a la altura de su pecho, así como tampoco terminó de amarrsr su corbata.
En cambio se colocó su caro reloj y se abrochó el cinturón, se dispuso a ir a la cocina, bajo las escaleras mientras tarareaba una tonta melodía y pudo notar que no había silencio.
Miró la hora en su reloj, marcaban las 6:15, como siempre a tiempo para desayunar. Se fue directo a la cocina, sin dejar pasar el hecho de que Sunoo se encontraba sentado en el sofá de la sala frente a la televisión viendo el canal de noticias, cuando normalmente el lo esperaba en la cocina con su taza de café en la mano, lista para el, sin azúcar, y negro y puro. Tan amargo como sus besos fríos.
Entró a la cocina, sobre la mesada se encontraba un plato llano con una especie de ensalada de frutas y dos tostadas con mantequilla, había una taza de café pero esta era de su total desagrado.
Una taza de café con leche y que de solo oler la podía saborear lo dulce que podría estar. Bufó irritado, Sunoo sabía cómo arruinar su buen humor por las mañanas.
Pero se aseguraría de hacerlo pagar. No podía asistir a la oficina de un pésimo humor. El siempre estaba serio pero nunca amargado y aquello podría deberse a su buen café y a la bonita sonrisa de su esposo que lo saludaba todas las mañanas.
Pero Sunoo no le había dado ni los buenos días.
Resoplando dejó el desayuno entero en la mesada y se dispuso a ir a la sala. Caminó con las manos dentro de los bolsillos y se acercó sigilosamente tras la espalda de Sunoo, se paró detrás de dónde se encontraba sentado.
Sabía que Sunoo podía sentir su presencia, de lo contrario su piel no estaría erizada y sus manos jugando con la taza de café con leche entre sus manos.
—¿Se te ofrece algo?— Preguntó Sunoo, sin poder aguantar la mirada pesada de Park que se sentían como dos pesadas cuchillas colgando amenazantes sobre su cabeza.
Jay sonrió ladino y su mano se desenfundó como un arma y pesadamente calló en el hombro de su esposo, sintió perfectamente como se tensaba por su toque.
—Solo quiero saber lo que ves en la tele...
—Las noticias ¿No es obvio? —Sunoo podía estar temblando por el, pero era incapaz de morderse la lengua y eso aceleraba el corazón del mayor.
—¿Puedo verlas contigo?
—Es tu casa, puedes hacer lo que quieras —Jay estaba intoxicado por aquel tono mordaz.
Pero no se mostró molesto, solo se sentó junto a su esposo en el sofá. Estaba llegando tarde al trabajo, pero el era el jefe del lugar y el podía hacer lo que le saliera de los huevos.
El era el jefe...
—¿Que ves?
Sunoo rodó sus ojos con impertinencia por aquella pregunta tan tonta.
—El clima...—Aun así respondió y Jay sonrió burlón.
Sunoo enojado se veía adorable y peligrosamente bonito. Podía hacerlo enloquecer.
Aunque a estás alturas ya Jay estaba para quedarse en un pabellón cerrado.
Jay puso atención al clima; Nublado con una probabilidad de lluvia de un 75%, vientos vivos de una velocidad de 30 a 39 Km/h... Se recomienda llevar paraguas, y abrigo, la temperatura bajara a-
—Jay, ¿Me amas?— Sunoo interrumpe la voz monótona de la mujer que hablaba sobre el tiempo de lluvia.
Jay lo mira pero Sunoo tenía la vista fija en el televisor.
—¿Y lo dudas?
—Si me engañas con otra, por supuesto que si.
—¿Has escuchado que el amor nos hace débiles, Sunnie~?
—Pensé que te había hecho más fuerte, de lo contrario no hubieras luchado contra el mundo solo para estar conmigo...
—El amor me da fortaleza para pelear, sí... Pero no me deja descansar.
—¿Estás cansado de nosotros?— Sunoo ahora volteó a verlo, sus ojos avellana brillaban sorprendidos, no cristalinos, no dolidos, solo sorprendidos.
Y Jay sintió que sus tripas se retorcían.
—Nunca podría casarme de nosotros Sunoo, pero si estoy cansado de que solo pueda sentirme vivo contigo... Estoy destruyendome.
—Yo te veo entero...
—Sunoo.
—Se sincero y dime qué te aburriste de mi y de qué no te dejará tocarme por tanto tiempo que no pudiste soportarlo más, di que es mi culpa y por eso te refugiaste en alguien más.
—Mejor te diré que te amo— Jay sonrió sinceramente mientras su brazo se posaba en el respaldar del sofá, rodeando a la distancia los hombros del menor que se encogía en el sofá.
—Sabes como lastimarme.
—Solo conozco dos formas de amarte Sunoo, y ninguna es buena, ambas son monstruosas, ambas duelen y ambas te gustan. Te gustan los suficiente como para no dejarme.
—A veces duele demasiado. —Sunoo parecía desconcertado mientras miraba sus pies descalzos y fríos.
—A veces me dueles demasiado —Dijo Jay en un susurro. Y luego una pregunta llegó a su cabeza —Sunoo, ¿Tu me amas?
—Sí —Ni siquiera se dió la oportunidad de pensarlo dos veces. La respuesta salió en automático, no se trabó, no respiró.
Jay volvió a sentirlo, como su cordura se caía a pedazos.
—Aun después de lo que hice, ¿Me amas?
—Aun si me clavaras un puñal por la espalda Park Jay, yo te seguiría amando.
—Que pena... —
Jay se quedó en silencio, sosteniendo la mirada sobre la de Sunoo, no había ni una pizca de duda. Sunoo sabía lo que sentía, estaba acostumbrado al dolor, no le gustaba pero amaba a Jay lo suficiente como para aceptar todas las emociones que era capaz de hacerle sentir.
—Me da tanta pena por tí, ¿Porque me amas?
—Porque eres Park Jay.
—¿Y quién es Park Jay?
—Un monstruo...
>>Estaba mal, no era correcto y a nadie le agradaba ese amor. Jay nunca lo golpeaba, Jay nunca le hacia mayor daño que hacerlo llorar por tonterías, hasta esa madrugada, que lo hizo llorar por la traición.
Nunca creyó experimentarla por parte de quién se supone Juró amarlo, respetarlo y cuidarlo por la eternidad, hasta que la muerte lo separe...
—¿Me tienes miedo?
—Te odio, en realidad — Sunoo no podía mentir, a él le gustaba decir la verdad y la verdad era esa.
—¿Me odias tanto que no puedes dejarme?
—No, te odio tanto que te amo y te amo tanto que te odio por no poder dejarte, te odio tanto por no poder huir aún sí me das las llaves del auto... Yo no puedo, porque no quiero dejarte.
—Nunca te he echo prometerme que no me dejaras — Su mano fría y monstruosa se acercó a la mejilla suave de Sunoo, la diferencia de texturas era abismal. —No me gustan las promesas, son tontas.
—Si, ¿Sabes porqué?
—Porque siempre las rompemos...
—Yo no prometo nada, tampoco digo nada... Yo solo hago y siento Jay, y yo siento que te odio pero solo puedo besarte en cambio.
—Yo prometí amarte y hacerte feliz.
—¿Y yo te hago felíz?
Jay se permitió sonreír con sorna, sus ojos se volvieron finas líneas y sus dedos se fueron al lóbulo de la oreja de Sunoo...
—Me haces el hombre más felíz.
—¿Entonces porque tú no puedes hacerme felíz?...
Aquella pregunta le penetró como una bala de cañón directo en el estómago, su sonrisa se desfiguró por una mueca llena de preocupación.
—¿No eres feliz?
—Solo a veces — Sunoo se encogió de hombros y volvió su vista a la televisión, seguía el pronóstico del tiempo.
Y entonces Jay comenzó a pensar... El lo sabía, no podía sorprenderle, no después de tanto y sacarle en cara sus esfuerzos no era lo más sensato.
—Sunoo.
—¿Mmh?
—¿Que te gusta de mí?— Jay jugó con el lóbulo de su oreja mientras miraba fijamente sus labios, necesitaba mantener la calma.
Sunoo se mantuvo en silencio por unos segundos, como pensando, pero el tenía la respuesta incluso antes de que se lo preguntarán.
—¿Sabes que me gusta de tí Jay?
—No, dime — Jay parecía un niño curioso.
Sunoo sonrió ladino y por un momento dejó de verse angelical. Sunoo también podía verse como la mayor desgracia de su vida.
Pero Jay sabía que el era su mayor desgracia, había Sido su peor error y ahora solo la muerte puede separarlos. No importaba si Jay había faltado a los tres juramentos, solo la muerte tenía el poder de separarlos. Pero aún así, Jay tenía un plan para ello.
Jay no podría morir sabiendo que Sunoo viviendo y Sunoo no podía vivir sabiendo que Jay está muerto... ¿Lo entienden?
—Me gusta cuando eres un monstruo, mi monstruo — Susurró pequeño, Sunoo tenía una voz angelical.
Tan pronto como el pronóstico del día terminó, la presentadora habitual de las noticias locales comenzó saludando con una sonrisa para dar comienzo a lo que más le importaba saber.
—Ahora déjame ver las noticias en paz, sino te vas —Sunoo ya no deseaba seguir hablando de aquello, le traía un mal sabor de coca y recuerdos vagos que se reproducía como flash en su cabeza, lo aturdían, ella dolía.
Entonces apareció el encabezado bajo las imágenes de la fachada de una casa rodeada de reporteros y también de cinta amarilla policiaca.
Y su corazón se detuvo por un segundo, ¿El corazón de quién?
La policía estadounidense investiga un caso de intento de robo y violencia física, en Gangnam Seúl, que terminó con una mujer en coma y un hombre con lesiones graves.
Esta madrugada del 3 de febrero la policía surcoreana confirma haber acudido a un llamado de ayuda en la calle 45 de la avenida Giongyang en el sector de Gangnam Seúl.
Se trataba de una denuncia de intento de robo a mano armada de parte de tres sujetos de identidad desconocida, quienes habían irrumpido en la propiedad de la joven pareja, que compartían un momento intimo.
Cuando los funcionarios atendieron al llamado y llegaron a la dirección, la escena se encontraba completamente destrozada, Una de las víctimas declaró ante las autoridades que todo fue producto de intento de robo por parte de tres sujetos de identidad desconocida quienes irrumpieron en la propiedad de ambas e intentaron someterlos.
El joven muchacho , Lee Heeseung declaró que su pareja, Han ChaeWon, se interpuso entre uno de los atacantes y ella, para evitar que pudiera hacerle daño con un arma a el , ya que amenazaba con disparar, en medio del forcejeo la joven terminó herida de gravedad y los atacantes se dieron a la fuga no son antes dejar malherido al joven Lee Heeseung. Los vecinos al escuchar el escándalo llamaron rápidamente a las autoridades y a una ambulancia.
Actualmente Han Chaewon se encuentra en un coma por haber perdido demasiada sangre por un disparo que le perforó el hígado, en cuanto al Joven Heeseung, se encuentra bajo observación por haber recibido un golpe tras su cabeza con un objeto contundente y un disparó que consiguió dañar su pierna por obra de uno de los agresores.
Las autoridades no han podido localizar a los criminales, afirman estar haciendo todo lo que está en sus manos para hacer justicia por ambas víctimas, sin embarg-
Jay apagó el televisor y se quedó mirando su reflejo en la pantalla negra del televisor. Sus manos temblaban, sus dientes castañeaban y su mirada oscurecida se veía demasiado serena.
Sunoo en cambio lo miraba fijamente, lo miraba con sus grandes ojos curiosos.
—Así que su nombre es ChaeWon... Bueno, era.
Jay llenó sus pulmones de oxigeno y su corazón bombeo demasiada sangre a su cabeza, por eso dolía, la presión arterial le subía, podía morir en ese instante....
—Sunoo, ¿Sabes cuánto te amo más?
—No... — Ahora Sunoo parecía un niño curioso, un pequeño niño curioso emocionado.
—Cuabdo eres un monstruo, incluso más aterrador que yo.
—¿Por eso no puedes dejarme? ¿Porque me tienes miedo?
—No, yo no puedo dejarte porque te amo.
—Pero puedes dejarme porque me odias.
—Si te odiara tanto como tú me odias, ambos seríamos ellos... ¿Quieres que seamos ellos?
—Quiero que seamos felices Jay, quiero que me hagas felíz.
—Pero hacerte feliz es difícil, solo te hago llorar. Tu me haces feliz con cualquier cosa que hagas o digas... ¿Acaso estoy haciendo algo mal?
Sunoo negó con su cabeza mientras dejaba de abrazar sus piernas para poder moverse y deslizarse con sigilo hasta el cuerpo de Jay y quedar sentado sobre regaso, frente a el, con sus piernas a cada lado del cuerpo de su cadera. Sunoo era demasiado menudo.
A veces a Jay le daba miedo tocarlo, le daba miedo incluso mirarlo.
—Solo debes amarme Jay.
—Pero cuando te amo, te lastimo.
—Porque me amas como un monstruo.
—¿Ese es el problema?— Jay comenzaba a sentir su sangre hervir.
—No, no hay ningún problema, solo no lo vuelvas a hacer... Tu sigue amándome.
—¿No importa cómo?— Su mano fría se deslizó por debajo de la holgada camisa del pijama de Sunoo, podía sentir su piel cálida herizar por su toque frío —Yo solo se amarte así — Lo demostró con un apretón y sus uñas encajadas en su piel blanda.
La expresión de Sunoo se mantuvo imperturbable, pero sus mejillas enrojecieron.
—No importa cómo, solo amame, aún sí lloro, aún sí duele si voy a sufrir solo será por ti... Solo por tus manos.
—¿Entonces vas a perdonarme?
—¿Alguna vez te he perdona d
alguna cosa horrible que me hiciste, Jay?
—No...
—Mi capacidad de amarte aún sin perdonarte y odiandote me parece increíble y también molesta... Me has hecho adicto al dolor.
—Te he hecho adicto a mi, pequeño monstruo...
—Cierto, yo soy el monstruo —Sunoo sonrió ladino, recordando lo, el no es un principe, aunque Jay lo trate como uno.
—Eres mi pequeño monstruo.
—Te odio Jay — Para Sunoo eso era un te amo y para Jay eso era la muerte.
—Yo te amo más, incluso sin tu perdón, incluso siendo un monstruo, incluso si lo que hice no valió nada para tí... Te amo y mas Kim. —Sus narices se tocaron y el aliento cálido de Sunoo chocó contra sus labios. La erección de Jay chocó contra el tracero de su esposo y Sunoo no borró esa sonrisa.
Era de esas sonrisas que mataban.
—Te lo hubiera perdonado, si el encabezado hubiera sido distinto.
—Ella va a morir...
—Mas vale que si, Jay, porque sino, esta será la última vez que volverás a ponerme un dedo encima.
—¿Me obligarias a tomarte por la fuerza?
—Puedes intentarlo y ver qué también sabe tu pene a la barbacoa...
Jay sonrió, sonrió feliz, sonrió cansado y sonrió enamorado. La amenaza era sincera, pronto se volvería una advertencia.
—Ella va a morir — Aseguró Jay —Heeseung se va a encargar .
—Eres horrible, te acostaste con la novia de tu socio.
—Y me casé con su prometido, siempre obtengo lo que quiero — Jay no conseguía la profundidad en sus palabras, pero aquella era suficiente explicación... He allí el mayor motivo.
Más que esto o aquello, Jay era un maldito envidioso.
—Te amo Jay, por favor no lo vuelvas a hacer.
—No te lo prometo, no te diré nada tampoco. — En cambio besó sus labios y Sunoo se aferró a él.
Esa mañana harían el amor, y mientras Sunoo tocaba con la punta de sus dedos el cielo, Han Chaewon estaba caminando por el túnel llendo hacia las puertas del infierno, Lee Heeseung estaría recostado en la camilla mirando al techo mientras maldecía a su amigo y pensaba en Sunoo, recordaba su rostro y como lo vió llorar... Heeseung solo podía recordarlo llorar.
Jay solo podía sonreir para sus adentros mientras se adueñaba de la piel de Sunoo y se clavaba en su interior como una maldita bestia.
Jay como un monstruo, pero tenía un gran corazón en el que solo podía vivir su pequeño monstruo.
Jay era Jay, pero Jay era de Sunoo, y Sunoo vivía en Jay.
Han Chaewon había muerto.
Y una parte de Lee Heeseung había muerto una vez más.
Pero Sunoo estaba vivo y por aquella mañana, feliz...
Nada en la forma en como lo trataba parecía correcto, pero Sunoo amaba a Jay lo amaba tanto que lo odiaba.
Que lo disfruten ❤️