Tu recuerdo
Era una noche estrellada, la más hermosa que se había presenciado desde hace años.
En algún techo cualquiera, de alguna casa como otras, se encontraba alguien que solía ser un amante de lo paranormal, sentado contemplando el espectáculo que se montaba en el cielo.
Era un joven ya adulto, poseía un par de gafas sobre su nariz, mejillas rosadas y resecas por el invierno que se atravesaba. Desde que tenía memoria había usado una gabardina negra y jamás peinó esa guadaña en el cabello que tanto lo identificaba.
No era nadie más que el mismísimo joven Membrana, el joven que jamás fue reconocido por sus descubrimientos, al que atormentaron y discriminaron por ser diferente y de mente abierta, pero bueno, eso ya era pasado, ya era un hombre adulto, un hombre que aún tenía marcas de su infancia y adolescencia, pero en el buen sentido ya que eso lo hizo ser el exitoso ingeniero de armas para el gobierno que era ahora.
Poseía un cigarrillo en los labios y suspiraba mientras vagaba en pensamientos y recuerdos, aquellos sueños que jamás pudo hacer realidad. También recordaba una voz, una con un tono muy inusual, algo chillona y molesta.
"Apestoso-Dib"
Son las palabras que rondaban por su cabeza, es lo que aquella voz siempre le decía.
A su mente también llegaban unas hermosas manos tan exóticas con un tacto tan único, seis escalofriantes dedos recorriendo su cuerpo de forma erótica.
Un montón de recuerdos y sentimientos son los que llegaban, lo llenaban de nostalgia, de tristeza... de amor.
Siempre que estaba en ese techo no podía evitar pensar en ese ser, un ser que había inventado hace años, producto de su imaginación.
Succionando lo último que quedaba de su cigarrillo, se levantó de su lugar, sacudió el polvo que se había adherido a su gabardina.
- Apestoso-Dib - Dijo para sí mismo el de peinado en guadaña soltando una leve risa nostálgica.
- Vaya, hasta que te oigo aceptarlo
Esa voz... Esa voz era la que siempre escuchaba en su mente, la que el creía que era producto de sus fantasías.
El joven quedó paralizado, sin mover un solo músculo, su corazón latía como nunca y su sangre comenzó a hervir.
Lentamente se dio la vuelta, justo al lugar de donde se habían escuchado esas palabras provenir.
Y ahí estaba, una silueta tan delgada pero carnosa, tan pequeña pero bien proporcionada, tan fina, tan gloriosa, simplemente perfecta, era tal cual en su mente lo veía, estaba parado sobre la chimenea, con las manos sobre su cintura y ese par de antenas magnificas asomándose de su cabeza, en una pose de gladiador victorioso.
No pudo contener un segundo más las lágrimas pesadas y cristalinas que brotaban de sus ojos ámbar. Su cuerpo temblaba y su voz no tenía sonido, apenas y pudo mover las piernas para acercarse lentamente hasta aquella sombra que brillaba ante la luz de la luna.
Muchas mas imágenes volvieron a su mente, peleas en la primaria, sus intentos en Misterios Misteriosos, su primer beso, sus abrazos, la primera vez que se enamoró, la vez en que ambos se habían entregado por completo, podía sentir su suave piel verde contra la suya, su calor... Su frialdad, su adiós... las promesas que se hicieron.
Alzó su mano y la extendió para tocar al aparente ser que se mostraba inmóvil, estaba atemorizado, quería asegurarse que de verdad estuviera ahí, le aterraba el hecho de que no fuera él, que todo fuera falso.
De pronto su mano fue tomada por la del ser, tres delgados dedos cubiertos por unos guantes negros se entrelazaron con los suyos, la mano ajena estaba mas fría que la suya, pero sin duda fue el tacto más cálido que ha tenido en años.
Levantó la mirada y se topó con esos ojos magenta, eran más grandes de lo que recordaba.
- Te dije que volvería Mono-Dib, lo prometí
Una hermosa sonrisa llena de dientes filosos se posó sobre la cara del extranjero.
- De... De verdad eres tu... ¡Eres tú! - respondía el agabardinado con una sonrisa llena de lágrimas y alegría
- Por supuesto que soy yo idiota ¿Quién más podría ser?
El humano rodeó esa delgada cintura y hundió la cara sobre su pecho en un abrazo lleno de amor, quizá tristeza, tenía una bomba de sentimientos justo ahora, no sabía que sentir, si molestarse, si llorar toda la noche, si reír, no sabía que hacer, pero de lo que no dudaba era que no lo soltaría de nuevo.
El alien correspondió a ese abrazo, acariciaba la cabeza del hombre, enredaba sus dedos y jugaba entre los mechones color brea, se sentía feliz, tranquilo, completo.
Juntos fueron a sentarse una vez más, uno al lado del otro con sus manos entrelazadas posadas sobre el techo en el cual miraban el cielo y gozaban de la compañía del otro.
- ¿Cuánto fue?
- 25 años
- Ya no eres más una larva humana, ya eres... Diferente
- JAJAJA ¿Diferente es bueno?
- No, es asqueroso y feo, has crecido, eres muy alto, además tienes pelo en muchas partes de tu cuerpo- Dijo en tono divertido y con un gesto de asco, a lo que el humano soltó una carcajada dando un golpe leve sobre el pequeño hombro bajo un uniforme.
Pero era cierto, había crecido demasiado, fácilmente medía lo doble que el invasor, quizá hasta un poco más que eso, y como en cada macho de edad madura, la barba, bigote, entre otros bellos no hicieron falta, aunque en esto último, Dib no permitía que creciera, le desagradaba y lo retiraba rápidamente.
De pronto un suspiro apareció junto con un sentimiento de remordimiento.
-... Lo siento, me demoré demasiado, las cosas se salieron de control en todo Irk
- No importa, estás aquí ahora ¿no?
Se notaba un poco de melancolía en la voz del agabardinado, pero era sumamente comprensible.
- ¿Y que ha pasado?
- Lo típico, nada fuera de lo normal
El irken rio un poco, paso mucho que no lo hacia, todo era tan tranquilo en esos momentos que se deseaba que el reloj no avanzara más.
- Entonces... ¿Lo lograste?
- ¿Dudabas del gran Zim?
- Bueno, en ocasiones sueles ser muy idiota
El invasor frunció el ceño, a lo que el humano procedió a reír un poco.
- Espera pero ¿A qué te refieres con que se complicó todo en Irk? Habías dicho que no sería difícil...
- Ah eso... bueno...
* Narra Zim *
Una vez estando en la inmensa, frente a mis altos, pedí una audiencia de general para exponer ante ellos y todos los presentes la petición a mi liberación de la Operación Ruina Inevitable Dos, explicar mis motivos y mis puntos a favor para hacer válida mi petición.
Al haber terminado mi discurso, todos los irkens presentes en la audiencia quedaron en silencio, los más altos no decían palabra alguna, mi squeedly spooch parecía que iba a estallar de los nervios. De pronto unas risas se hicieron presentes, los más altos comenzaron a reír y a burlarse
- JAJAJAJA No esperaba esto - dijo el más alto púrpura mientras comía unas rosquillas
- JAJAJA Es Zim siempre dice estupideces, enamorado de un humano
- Después de todo está defectuoso, ya lo veía venir
Esas palabras resonaron en mi cabeza... mi cara quedo paralizada, todos reían frente a mí
- ¿D... defectuoso? ¿A qué se refieren?
- Oh vamos Zim, eres el peor irken que jamás haya existido - Dijo el de ojos púrpuras con cara de burla
- Y el más estúpido además jajajajaja - añadió su pareja
- Y con este discurso solamente acabas de comprobar lo dicho
- Exacto, los irkens no tenemos el sentimiento del amor o compasión, nuestro pak no permite que los tengamos, porque solamente nos dan debilidades
- Solo mírate, un invasor que rechaza invadir por amor, solamente patético
Eso me destruyó... yo solo fui un error, algo que salió completamente mal, me dí cuenta que solo se burlaban de mí, nunca fui tomado en serio por nadie, nadie más que por ti Dib... Tú siempre fuiste mi impulso para ser mejor, por ti me esforzaba a diario para ser un gran invasor y destruir la tierra, después me propuse a hacerte feliz pasara lo que pasara... ahora tendría que esforzarme por volver y por siempre estar junto a ti.
Apreté mis puños lleno de determinación y coraje
- Bueno si tan defectuoso soy ¿Para qué me quieren aún en su armada? Solo permítanme marcharme entonces
Ambos altos callaron, después de un tiempo en analizar mi mandato, asintiendo con indiferencia... lo había logrado, los soldados que cuidaban los pasillos abrieron paso para mí. Pude volver a respirar, los nervios no me lo permitían, pero ya estaba hecho, por fin sería libre junto a ti, hasta que de pronto, todo se volvió oscuro.
Desperté prisionero en una cárcel, no entendía lo que pasaba, todo estaba borroso, no sabía como había llegado a ahí, no sabía que lugar era. Me levanté como pude y camine hasta los barrotes apenas como mis piernas me lo permitieron. Frente a mi habían unas palabras, con dificultad alcance a leer lo que significaban .
“Campo para desertores o traidores de Irk”
Un gran frío recorrió mi ser... iba a morir ahí.
Estaba justo en el lugar donde ponían a los irken traidores o corrompidos para deshacerse de ellos para siempre, básicamente la basura... yo era basura, pero no me daría por vencido, más de mil veces intenté escapar, lo intentaba muchas veces al día, cada que tenía una oportunidad la aprovechaba, pero siempre fallaba.
- Probablemente un irken no defectuoso ya lo habría logrado, ya habría salido de aquí - era lo que mi mente me recordaba cada que me castigaban y azotaban por desertor...
- Pero Dib me espera, prometió esperarme, el me necesita... YO LO NECESITO - refutaba mi alma que anhelaba tenerte.
Continué por años nunca me dí por vencido, hasta que un día, después de uno de mis escapes fallidos, cuando me estaban poniendo las cadenas y me preparaban para azotarme, cerré mis ojos y esperaba el golpe sobre mi espalda, pero en vez de eso, se escuchó a un soldado caer, después a otro y así sucesivamente, hasta que no quedaba uno solo. Unas manos me soltaron de mis agarres y me levantaron del suelo.
- Eres el invasor Zim ¿cierto? - Habló una irken femenina de ojos magentas como los míos, con una mirada de seriedad y preocupación.
Asentí con la cabeza mientras miraba confundido a lo que pasaba, detrás de ella se encontraban otros soldados irken que resguardaban la salida de esa habitación tan lúgubre.
- Entonces prepárate para la revolución - dijo mientras me extendía un arma.
Dio una señal a los irken que la acompañaban y estos avanzaron, después me indicó que la siguiera. Me quedé inmóvil en mi sitio con el arma en manos ¿Revolución?. La irken al ver que no caminaba regresó a mi.
- ¿Qué esperas? Vámonos de aquí, que aún falta mucho por recorrer
- Mencionaste una revolución... Explícate - demande a la irken, a lo que ella simplemente suspiro y prosiguió
- Soy la invasora Tenn, mis irkens y yo somos los renegados... somos defectuosos Zim, al igual que tú - Me quedé atónito, creí que solo yo había salido mal, pero no fue así.
- Yo estaba en esa audiencia, en la que solicitabas liberarte del imperio, vi que eras igual a mi, yo te apoyaba, estabas lleno de valentía y coraje, habías hecho algo que ni el más valiente irken hubiera hecho, te enfrentaste a los más altos. Pero en eso, te atacaron, te acusaron de un traidor defectuoso y te mandaron aquí, después de eso comenzaron a cazar a todos los defectuosos que encontraban para evitar que hicieran lo que tú. Mi equipo y yo logramos escapar y decidimos liberar a Irk de esos tiranos, tus nos inspiraste, te necesitamos aquí Zim.
Me quede sin habla, apreté mi arma y comencé a caminar junto a ella, fui a la guerra, creamos una revolución en tu nombre, La Operación Dib. Nos tomó algo de tiempo llegar a tomar Irk, pero los soldados de élite y los más altos estaban en la inmensa, quedábamos pocos de los renegados, se podría decir que era una batalla suicida. Tomamos las naves que estaban a la mano y trazamos curso hacia ellos, en eso, antes de despegar llegó Tenn, deteniéndome, su mirada lanzaba algo de desesperación.
- ¿Todo es real? - dijo con una voz de ahogo mientras me miraba, yo no entendía a que se refería exactamente.
- ¿Dib es real?¿De verdad lo amas?
- Si... y demasiado, el es mi impulso diario, el me motivó a hacer todo esto
La invasora soltó unas lágrimas y una sonrisa de esperanza, tomó mi panel y trazó un curso distinto al de los demás en mi nave.
- Entonces no lo hagas esperar aun más, ve por él, se libre, que a nosotros ya nos has liberado - terminando de decir esto, presionó el despegue de mi nave y ella corrió a la suya.
Mientras me alejaba pude notar a un pequeño grupo de naves dirigirse a la inmensa y atacarla mientras un millón de otras la resguardaban, observe lo más que pude la guerra, hasta que las mismas estrellas los borraron de mi vista entre la distancia.
- Y veme aquí, junto a ti, después de tanto... si valió la pena
El alien no pudo contener más las lágrimas que recorrían sus mejillas ruborizabas, el joven Membrana quedó mudo, nunca nadie había luchado tanto por el, por eso lo amaba, por eso lo necesitaba, fue entonces que notó ciertas cicatrices en las partes de piel verde de su acompañante que no alcanzaban a ser cubiertas por su uniforme, las había ignorado totalmente. Una sensación amarga y de culpabilidad se presentó en su pecho mientras intentaba contenerse.
El irken rápidamente limpió el liquido de sus mejillas y sacudió la cabeza no era momento de recuerdos malos, estaba más intrigado por todo lo que el humano pasó, SU humano.
- Y bien, entonces ¿En serio no reconocías al magestuoso Zim? - Dijo el irken con mirada divertida y una burla lista.
- Jajajajaja, no es eso, es solo que...
Interrumpió de pronto, mientras volteaba al lado contrario, su mano aplicó un poco de fuerza sobre la del invasor en señal de dolor. Al notar esto, la mirada divertida del alien cambió, tomó con ambas manos la del joven. Este regresó su mirada a la del invasor, topándose con una mirada de comprensión y apoyo.
* Narra Dib *
Cuando partiste, una parte de mi se fue contigo, te esperaba a diario en el techo de mi casa, siempre pensaba en ti, en nada más que en ti, eras el único que me hacía sentir cuerdo, especial.
Todos me seguían tratando como fenómeno, como un rarito
En mi casa...
En la escuela...
En la calle...
Pero no me importaba porque sabía que en cuanto tu estuvieras conmigo, nada de lo que ellos me hicieran o dijeran me afectaría.
- Pobre de mi demente hijo, debo ayudarlo, es mi deber - decía mi padre siempre a todos, sin saber que lo hacía de forma incorrecta, no me ayudaba, solo me lastimaba el ver que no era tomado en cuenta.
Después comenzó a llevarme a terapias, al parecer no era muy bien visto que el hijo del científico más importante del mundo fuera admirador de un alien que no existía.
En un inició me resistí a todo, no dejaba que me apartaran de ti, de tu recuerdo. Pero el tiempo es el enemigo más fuerte que hay... Pasaron las semanas y yo seguía en el techo diario sin falta... esas semanas se volvieron meses y esos meses años, en el primer aniversario de tu partida yo aún miraba el cielo por mi ventana cada noche buscándote entre las estrellas, después llegó el segundo aniversario, el tercero, el cuarto... En terapia y todos a mi alrededor decían que no existías, que nunca lo hiciste, preguntaban a los alumnos con los que compartíamos clase, pero nadie te recordaba o mencionaba, los doctores decían que en mi soledad, mi imaginación era tan grande que logré crear a un ser falso pero que se sintiera real y al no verte regresar... Sin pruebas o rastro alguno de tu existencia, comencé a dudar
Poco a poco, esa pequeña flama que llaman esperanza se iba extinguiendo... Para el octavo aniversario ya me había resignado, tenía el corazón roto al creer que me había ilusionado yo mismo en algo que me dijeron que era falso...
Abandoné todo, accedí a todo lo que los doctores me diagnosticaban, una parte de mi faltaba, se había ido, creí que fue cuando dejé lo paranormal, pero no, se había ido hace años al espacio
- ¡AL FIN! ¡MI HIJO SE HA CURADO! - gritó mi padre con emoción, reporteros nos rodeaban, salí en televisión pero ya nada me sorprendía, ya me había convertido en uno de ellos.
La gente del salón comenzó a hablarme, hice amistades, mi relación con Gaz había mejorado un poco, mi padre pasaba más tiempo en casa... Pero para mi ya nada tenía sabor.
Dejé de creer en fantasmas, en pie grande, en todos mis estudios paranormales... Deje de creer en ti, pero nunca te olvide.
Continué mi vida, pase preparatoria, estudié una carrera, fui al baile de graduación con Zita, conseguí trabajo en el gobierno, pero tu seguías conmigo solo que ya solo vivías en mi imaginación, te volviste como un fantasma, un amigo imaginario de esos que desaparecen al crecer... y... yo...
El joven comenzó a tartamudear, su voz se quebrantaba.
- Yo... No fui lo suficientemente fuerte... Yo no luché como tú, no me enfrente al ejercito que me separaba de ti, me derrotaron... Te dejé... No te merezco...
El joven lloraba incansablemente, pero sus palabras fueron calladas por unos labios que se posaron sobre los suyos, de forma tierna, llena de amor y deseo.
El alien se apartó dejando ver las lágrimas que ambos derramaban, lo tomó por sus mejillas.
- Si me hubieras dejado realmente ¿Estarías aquí? ¿Ahora? ¿En el techo? Inconscientemente, me seguías esperando Dib, no te rendiste
- Si lo hice, hice cosas que no debí... Yo...
-No me importa lo que hayas hecho, si te equivocaste, lo que importa es ¿Qué vas a hacer ahora?
El humano tomó ese cuerpo delgado y fundió sus labios nuevamente en otro beso, apasionado, lleno de dolor y desesperación ¿Cómo es que ese ser, ese monstruo, lo llenaba de esa manera?
Se apartaron un momento para recuperar sus alientos, ambos rieron y juntando sus frentes de forma tierna, todo parecía perfecto.
Parecía un cuento de hadas, donde a pesar de todo, la pareja quedaría feliz por siempre, ¿No es así?
- ¿Con que Zita ehh? - dijo en tono celoso de broma el pequeño verde, que se encontraba acostado sobre el regazo del humano
- Cállate invasora Tenn, espera no, me equivoque, quise decir renegada Tenn - respondió en el mismo tono, era una típica pelea de parejas.
Continuaban charlando y jugando, era muy especial todo, parecía como si nunca se hubiesen separado.
- ¿Así que operación Dib no es así? Jajajaja
- Bueno es por ti que todo inició
- Me hubiera gustado estar ahí, luchar junto a ti, cruzar entre las estrellas, ver el espacio, los planetas, justo como habíamos planeado hace años
En eso el irken se levanto rápidamente quedando cara a cara con el agabardinado
- Vamos ahora
- ¿Qué estas diciendo?
- Límpiate esas orejas asquerosas Dib, digo que nos vayamos, ahora mismo, aquí esta mi nave, no serán más que unos años, o toda la vida si es que quieres, te llevaré a que veas cada maravilla del universo en persona - Decía con un brillo en esos ojos magenta, un brillo que jamás había visto.
Su voz tenía mucha ilusión, al fin podría cumplir el más grande sueño de su amado
- No puedo Zim... No puedo dejar así a mi familia
- Pero el Membrana mayor ya es un anciano millonario tiene lo que necesita y Gaz ya es una larva adulta también, no te necesitan
- Lo se, lo se, pero yo no hablaba de eso, hay algo que...
Sin poder terminar la frase, se escuchó una puerta abrirse y unos pasos salir del interior del hogar
- ¡No puede ser! ¡Un alien! ¡Sabía que vendrían! Necesito mi cámara para esto - se escuchó a una voz algo chillona gritar con emoción y alegría.
El alien bajo la mirada al patio de aquella vivienda y se topó con una pequeña larva humana, la cual vestía una gabardina negra, una playera azul con una cara gris sin expresión en el pecho, poseía unas gafas de igual manera pero sus ojos eran guindas, pero indudablemente lo que más le sorprendió fue que tuviera una guadaña en su cabello color brea. El pequeño ser corrió velozmente a su habitación en busca del artefacto.
- Acaso tu... - El alien estaba completamente desorientado, era como si hubiese viajado al pasado en sus recuerdos con su Dib de 13 años, solo que esta larva se veía aún más joven.
- Zim yo...
- ¿Acaso te has clonado?
El silencio se hizo presente en la escena, le sorprendía que a pesar de todo, siempre fuera tan inocente e impredecible.
- No Zim, no es mi clon... Es mi hijo
Cual puñal filoso se enterraron esas palabras sobre el pecho del alien, parecían perforar su squeedly spooch y desgarrarlo por dentro. El alien bajo a mirar la mano del joven notando sobre uno de sus dedos un pequeño aro de oro.
- Zim... Yo estoy casado... Tengo dos hijos
Un nudo en la garganta evitaba que el irken gritara de furia, se sentía lastimado, enojado, traicionado, abandonado, jamás espero ver este escenario, el irken se había preparado mentalmente para cualquier posibilidad...
Un Dib enfermo, él lo curaría.
Un Dib en pobreza, él lo acogería.
Un Dib exitoso, él le haría compañía.
Un Dib muerto, él lo seguiría.
Pero a esto ¿Cómo debía responder? ¿Qué debería hacer? Matar a la fémina, asesinar a Dib, ignorar todo... Muchas ideas cruzaban su mente pero no realizaba ninguna
- No importa ¿De acuerdo? No importa, olvidaré esto, solo vayámonos de aquí, sube a mi nave y olvidemos los errores pasados... Hace unos años no te importaba el hecho de dejar a tu familia aquí e irnos juntos... Hagámoslo
El de baja estatura presionó un botón de su pak haciendo visible su nave sacándola de su camuflaje invisible, comenzó a caminar hacia ella esperando a ser seguido por el adulto, pero esto no pasó.
- Zim ahora es diferente... Antes no había nadie que me importara, mi familia me ignoraba, jamás se preocuparon por mi... Pero ahora tengo a mis niños, ellos son mi vida ahora, son la luz de mi ser... No puedo dejarlos atrás y mucho menos puedo llevarlos lejos del planeta, necesitan a su madre, necesitan a la Tierra, me necesitan a mí...
El irken sin dar vuelta a mirarlo solamente sintió como su mundo se acababa, como todo lo que alguna vez le importó o por lo que alguna vez luchó, se escapaba de sus manos, por lo que había dejado a su raza, a su tropa, por quien había dejado todo, perdía sentido. El aire se le escapaba, no podía respirar, su cuerpo temblaba y las lágrimas no paraban de escapar.
- Zim no te vayas por favor, a tí es a quién siempre amé, siempre esperé, a quién siempre necesité...
- Solo haré una pregunta más... Si tuvieras que elegir a alguien ¿Me elegirías a mí antes que a esos niños?
El adulto buscaba una respuesta, no podía decidir entre las dos cosas que amaba más en su vida.
Los ojos del hombre se inundaban de desesperación e impotencia mientras el silencio respondía la duda del extranjero. El alien encendió la nave y abrió el vidrio que le permitía paso al asiento de piloto.
- ¡NOO!... Yo arreglaré esto... Solo déjame pensar... Debe haber una forma de solucionar esto
Zim unió sus labios una última vez con los del humano, pero esta vez fue un beso lleno de dolor, decepción... Fue un beso que terminó matándolo, ya que sería la última vez que estaría junto a esa persona que siempre le dió sentido a su vida... Sin él a su lado ya no estaría vivo, solo sería un cuerpo vagante entre las estrellas.
El humano correspondió al gesto del alien, el también veía el final de su estadía con el irken, con el que alguna vez fue su todo, sabía que era la última vez que sentiría esa piel.
¿Le estaba siendo infiel a su esposa o le estaba siendo infiel al amor de su vida?
Quizá en un simple beso estaba haciendo ambas cosas, pero quería disfrutarlo, quería que ese beso durara para siempre pero llegó a su fin, como todo en la vida.
- Te amo, apestoso-Dib - dijo el extranjero mientras entraba en la nave y tecleaba en el panel, quería irse antes de perder el valor para hacerlo.
- Te amo alien insoportable - respondía con un dolor desgarrador en su corazón mientras veía como se elevaba esa nave y desaparecía frente a sus ojos volviéndose invisible.
- ¡Mira ven! Te juro que es un auténtico alien, estaba apunto de atacar a papá, tienes que fotografiarme con él ¡Seré famoso! - Se escuchaba al pequeño humano gritar mientras jalaba a su pequeña hermana del brazo para llevarla al patio.
- Estás demente ahí no hay nada tarado - Se escuchaba la voz de la pequeña con una tableta en sus manos sin prestar atención a lo que su hermano gritaba.
El ver aquella escena le trajo un montón de recuerdos Dib, todo eso le parecía muy familiar... literalmente.
- ¡ZIM, NAZ, VÉNGAN A DORMIR YA ES TARDE! - Se escuchaba la voz de una mujer dentro de la casa asomada por la puerta del patio, a lo que el par de infantes corrieron obedientemente.
Dib bajó del techo y se paró en medio del patio trasero observando una vez más las estrellas.
- ¿Qué sucede amor? ¿De nuevo en el techo? tenía tiempo que no lo hacías, ultimamente pasas mucho tiempo ahí en las noches... ¿Pasó algo? - preguntaba con preocupación la hermosa mujer que estaba en bata mientras se acercaba al hombre de gabardina.
- No nada Gretch, solo ... estaba hablando solo como siempre acostumbro - respondió besando la frente de la mujer de cabello guinda y abrazándola, buscando donde refugiar su dolor.
- El pequeño Zim esta todo loco jajaja dice haber visto a un alien, me recuerda mucho a tí - La mujer acomodaba los cabellos de su esposo mientras daba leves risas y caminaban para entrar a la casa.
Al entrar a la casa el par de niños corrieron a abrazar a su padre con mucho cariño.
- Papá no creerás lo que vi, dirás que estoy demente, pero vi a un alien que estaba a punto de atacarte, estaba justo detrás tuyo en el techo
La voz del pequeño entusiasmado se deprimió un poco.
- Naz y mamá no me creen, me llaman loco... Pero tu si me crees ¿Verdad papá?
Al ver a su hijo así de asombrado le dio un poco de luz al omento mas amargo de toda su vida. No sería un padre ausente, no sería aquel obsesionado con la ciencia real, será el padre que siempre deseo tener, un soñador como cuando era pequeño, el padre que sus hijos necesitaban...
-Por supuesto que si Zim... Siempre creeré en ti - dijo besando la frente del niño con un poco de melancolía, fingiendo una sonrisa - Es más ¿Por qué no lo dibujas y lo mandamos a ese programa de televisión que tanto ves para que lo investiguen?
- De verdad papá? siempre me dijiste que los aliens eran mentira...
- Estaba equivocado hijo, yo también vi a ese asombroso ser... fue glorioso... Desearía que lo hubieras conocido
- Ojalá regrese algún día para verlo - contestó el infante ilusionado mientras su padre intentaba no soltarse en llanto
El niño corrió a su habitación emocionado en busca de sus crayones y una hoja en limpio. Dib asomó su mirada para observar una última vez hacía esa parte donde había visto desaparecer a su alien.
- Yo igual espero volver a verlo... quizá en otra vida... -Dio un gran suspiro y se adentró a la casa cerrando la puerta.
Por su parte, el irken observó todo desde su nave camuflada, le dolía pero debía dejarlo ir. Con lágrimas brotando y su alma destrozada, movió el panel de la nave, trazando un curso desconocido, sin un punto en específico, esperando su muerte como todo un renegado, como el último de ellos, como el líder de su tropa.
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Publicación original: 11-Enero-2018
Edición en inkitt: 17-Abril-2024
Bien bien mis invasores
Es mi primer One-Shot
Sinceramente no tengo idea de como quedo xdxd espero que bien
Gracias por haberlo leído
No tengo idea si ya antes existía este concepto de problemática en un ZaDr, pero al menos yo no he leído alguno
Vamos díganme que les pareció, si les gusto o no, acepto cualquier tipo de comentario :V
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