Prólogo
❌Maestro de Omegas ❌
La probabilidad de que todo se vaya al carajo realmente es por suerte de cada individuo en este planeta. Chizaki Kai ya lo tenía todo. Era la élite de la élite… con una casta superior a todos. Un enigma.
Ya había fundado su propia empresa en cuanto salió de la universidad.
No sufría como el resto siendo presa de las castas, ni de feromonas, ni de aromas; ni siquiera un omega entrando en celo provocaba algo en él.
A varios omegas los tomó estando en sus propios celos, pero ninguno salió con una mordida de pertenencia, ni siquiera con una marca de agua o de feromonas. No había rastro de Kai en ninguna persona.
Tenía la costumbre de cubrir su rostro con un cubrebocas que aislaba el aroma de los demás; simplemente por asco que le daba lo mandó a hacer exclusivamente para él.
El aire que respiraba era limpio, libre de feromonas que le desagradaban. Pero eso no decía que no quisiera el placer del sexo, agradece al dios que sea por darle esa jodida bendición.
Todos a su paso se ponían en ofrenda para que los tomara, y ellos rezaban por ser el omega que marcaría ese enigma.
Pero hablemos un poco de su propio rut, que solamente se presentaba una vez al año. Ahí se organizaban una de las más grandes y perversas fiestas para calmarlo.
Omegas, betas e incluso algún alfa curioso que quería ponerse a prueba, ver si realmente sería sometido por aquellos pocos superiores en la cadena.
El alcohol y las drogas siempre estaban presentes en esas fechas, en una de las mansiones alejadas de la civilización. Diseñada para sus actos de perversión.
Tomura Shigaraki se había ganado el favor de estar a su lado, por negocios que tuvo con su padre, y el peli plata amaba hacer un desastre. Traía a los mejores omegas para que pudieran soportar a Kai.
Cócteles para inducir el celo en ellos, para así hacerlos a su propio modo, sin reservas ni inhibiciones.
Se reunían antes para decirle qué había mandado el viejo Zen para su deleite.
—Kai… quiero hacer una apuesta contigo.
¿Puedo? —él asintió—. Esta noche puedo apostar que serás tú tomado por los omegas de alta calidad que traigo para ti.
Shigaraki lo señaló, sonrió de lado y se puso su cubrebocas.
—Ya veremos, idiota.
Salieron de la oficina y todos los omegas estaban formados para verlos y elegir a los que más le gustaban, pero Kai ni siquiera miró a alguno.
—Todos —dijo, y se adentró en su habitación.
Shigaraki asintió y siguió con los preparativos. Antes de entrar, ellos eran inyectados con altas dosis, porque sería un problema lidiar con él.
La noche siguió; desde afuera se podían escuchar los ruidos obscenos, los gritos de placer y de dolor, todo al mismo tiempo.
Kai abrió las puertas, encontrándose con la mirada de Tomura.
—Mira bien, hijo de puta —soltó, y agarró a una omega de cabello azul.
La chica empezó a restregarse en él, lamiendo con su lengua su dura verga, mientras que otros omegas más se acercaban a besar todo su cuerpo.
Shigaraki no quitó la mirada de encima; se había vuelto un voyerista desde que lo conoció. Escuchar cómo se follaba a medio mundo y él salir como si nada, sin ser afectado, le intrigaba cada día más. Y no podía evitar estar ahí.
—¿Dices que ellos me tomarán? —el de cabello plata asintió. Cuatro personas a la vez estaban a su merced.
Pero su mirada, a pesar de estar empezando su rut, no se veía perdida, al contrario de los demás. Los omegas, al sacar un poco de su aroma, parecían estar encantados.
No necesitaba palabra alguna; el sonido que salía de su garganta los ponía a todos de rodillas, esperando por él.
Shigaraki pasó saliva al ver cómo todos se rendían y esperaban alguna indicación, estando en celo. El cóctel era bastante fuerte, para volverlos locos, pero parecían estar quietos.
—Abran —ordenó Kai, y se acercó masturbando su miembro. Los cuatro omegas lo buscaron para, al menos, lamer una parte.
Agarró la cabellera de un chico y metió su verga a la mitad; Shigaraki no pudo contenerse y soltó un gemido. Después agarró su propio miembro que empezaba a levantarse.
—¿Cuál quieres que tome primero? —La voz ronca y profunda de Kai se colaba por los oídos de Shigaraki y le erizaba todo el cuerpo.
Él señaló a la chica de cabellera rubia. Kai sonrió, y otra vez ese maldito sonido, y la chica se levantó.
Shigaraki no quitó la vista de ella; su líquido se escurría de sus piernas, la omega estaba preparada para recibirlo.
Kai la agarró del cabello y la empujó contra la pared; alzó su pierna y metió tan brutal su verga que sacó un grito de dolor de ella. Las embestidas provocaban ruidos obscenos; el líquido que derramaba era bastante.
Su pierna empezó a temblar; Shigaraki seguía atento a los movimientos de ellos. El sonido de su garganta salía y ahora el chico de cabello negro se unía.
Él lamía los labios de la chica; los gemidos y el ritmo aumentaban, estaba a punto de correrse. Kai levantó la vista y Shigaraki ya tenía su miembro afuera; se estaba masturbando solo con verlo.
Pero Kai se portó amable y ronroneó para mandar a los otros omegas a complacerlo. La chica terminó.
Ahora el omega varón se puso en cuatro, abriendo su entrada para que el enigma lo rompiera. Kai alineó su pene y lo metió tan rápido que desgarró su interior.
Su monstruo era más grande que su agujero, y con todo el lubricante que estaba chorreando, no era suficiente para poder soportarlo.
Esta vez las betas se unieron en la segunda ronda, aflojándose a la vista del enigma para poder recibirlo. Kai contó cuántas veces Shigaraki se había corrido con tan solo ver y que se la estaban chupando.
Pero él, decepcionado, no se había corrido ni una sola vez. Había transcurrido más de una hora sin poder ver su orgasmo llegar.
Ningún agujero era suficiente para hacerlo terminar. Ni el alcohol en su sistema lo hacía perder la cabeza y llenarse de éxtasis.
Pasaron dos días en los que todos los demás disfrutaron, menos ese enigma.
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Es hora de volver y Kai agradeció haber acabado a tiempo su rut. Casi era su cumpleaños y sabía que no podía faltar a la fiesta que le había organizado su padre.
A Kai no le gustaba festejar, pero al viejo sí, así que no tenía de otra más que asistir. Él invitaba a socios comerciales y alguno que otro amigo. Una fiesta extravagante como siempre.
Odiaba asistir porque las personas se le acercaban para tratar de tener algún acuerdo por matrimonio, ofreciendo a sus propios hijos omegas como moneda de cambio.
Tener a un enigma en su línea familiar y a un Chizaki en los negocios era más beneficioso para ellos que para él.
Kai se acercó a su padre y él estaba con el único amigo que había hecho, pero notó que la mano de Toshinori Yagi era sostenida por una más pequeña.
El peli negro hizo una mueca de desaprobación; odiaba a los niños, quería irse, pero sabía que si daba un paso atrás, su viejo no dejaría de molestarlo.
—Kai, ven a saludar a Yagi —sonrió, pero no pudo quitar los ojos de esa pequeña criatura que sostenía el rubio.
—Lo siento, no pude dejar a mi hijo. Solo vengo a presentar mis respetos y mi regalo para poder retirarme. —Yagi, como siempre, era muy amable; no podía hacerle ningún desaire. Él era el socio principal de la empresa de Kai y perderlo lo llevaría a la bancarrota segura.
—No se disculpe… —Su pequeño hijo apenas si sacó su cabeza de la pierna a la que se aferraba—. ¿Su nombre es?
—Izuku…
Kai se arrodilló, poniéndose a la altura del mocoso. Trató de sonreír genuinamente.
—Izuku —pronunciar ese nombre le causó algo en su interior. Su lado animal empezó a presentarse desesperado.
El pequeño cruzó por primera vez la mirada con Kai.
Su corazón se volvió loco; su respiración se agitó y se quitó el cubrebocas, buscando ese aroma que desprendía el pequeño niño.
—Mi… mi… —Kai negó con la cabeza y trató de calmarse; no debía cometer ningún error.
Miró a Yagi. Si salía de su boca de quién se trataba su pequeño hijo, eso bastaba para romper lo que el destino tenía guardado para él.
Su OMEGA… Al fin había algo solamente para él, algo que podía atreverse a codiciar, una persona que había nacido solo para él.
¿Qué estaría dispuesto a hacer?
¿Mandaría todo a la mierda para poseerlo?
Aquí les hago la pregunta… ¿Ustedes qué harían en su lugar?
Continuará…








