Hola
Jamás se imaginó que un simple “Hola” proviniendo de alguien pudiera causar que dudara sobre su propia cordura y que además, cambiará su vida por completo. ¿Se arrepentía de haber contestado? Tal vez después respondería esa pregunta.
Akashi Seijurou, un adulto de 30 años quien era dueño de la empresa de su familia desde hace un par de años. Soltero y sin intenciones de cambiar ese estado civil.
No era nada fácil el tener un cargo de esa magnitud, dado que tenía miles de responsabilidades sobre sus hombros, negocios con otras empresas, conseguir inversionistas y mantener el rendimiento de su propia empresa para que siguiera creciendo como hasta ahora. Había recibido tantos halagos que a su corta edad pudiera sobrellevar esas cargas.
Su padre seguía exigiendo como si no fuera suficiente lo que hacía con el patrimonio de la familia. Algo que en realidad detestaba de la relación con su padre, pero que al final de cuentas se había acostumbrado y había aprendido a vivir con ello.
Seijurou miró su reloj para hacer un pequeño cálculo mental.
― Señores, si me disculpan debo ir a una reunión con unos inversionistas en el Hotel Royal ― avisó cuando se levantó y abotonó por reflejo su saco ― Dejen sus informes con mi asistente y me encargaré de darle comentarios al final del día ― un pelinegro que se encontraba en la sala también hizo una reverencia para iniciar a recoger lo que le había indicado
Seijurou salió de ahí, con el tiempo encima para acudir a la cita que ya tenía prevista. Al llegar al estacionamiento, donde ya lo esperaba su chofer, subió al auto y esperó tranquilamente a que llegaran al sitio.
El pelirrojo miraba su celular viendo su agenda y las múltiples juntas que le esperaban ese día. No sabía cuando tendría tiempo de tomarse un descanso, pero tampoco lo extrañaba esta rutina, que ya se había vuelto muy usual.
Miró a su alrededor, al parecer había un accidente a unas calles lo que había provocado que la circulación redujera su velocidad y fluyera de manera más caótica.
― Me parece que tardaremos más tiempo de lo estimado Akashi-sama ― anunció el chofer al ver reflejado la estimación de tiempo de la aplicación de navegación que tenía sobre el tablero del auto
― ¿Cuánto más? ―
― Unos 20 minutos ― indicó temeroso
― Es demasiado. Detesto esperar, voy a ir caminando, te espero a la hora que acordamos afuera del edificio. No necesito que vengas Nebuya ― ordenó disgustado y bajo del auto sin decir más
Si bien tenía el suficiente tiempo para llegar caminando, odiaba la espera. Prefería ponerse en acción, así que de paso aprovecharía para caminar por las calles de Tokio para llegar a su destino, no le molestaba, de hecho extrañaba hacerlo, consideraba que se había vuelto sedentario por todas las comodidades que actualmente tenía.
Eso no le quitaba el gusto por hacer ejercicio todas las mañanas en el área de gimnasio que tenía en su departamento. Al menos para mantenerse en forma
Caminó a paso constante, observando los alrededores de las calles congestionadas de Tokio, era claro que era un horario pico, así que simplemente siguió su trayecto que no parecía estar tan alejado de ahí. Podía sentir las miradas curiosas de algunas personas, no le resultaba desconcertante ese hecho, sin embargo, le parecía molesto.
Tal vez se arrepentía de no traer a uno de sus guardaespaldas, sin embargo, sabía que el trayecto no era largo. Así que por su cuenta, evitaba tener un contacto con alguna persona, no le agradaba que invadieran su espacio personal.
Pero para su desafortunada suerte, alguien chocó contra él. Era una persona más baja a comparación suya, dado que fue a dar contra su pecho.
― L-lo siento mucho ― dijo aquel joven haciendo una reverencia. Con ello pudo observar su alborotada cabellera castaña, pero nadamas.
No dijo una palabra, se hizo a un lado con fastidio. Se sacudió el saco donde había chocado aquella persona por si se había arrugado algo en su vestimenta y siguió el rumbo hacia el hotel, estaba a unos cuantos pasos de ahí.
Llegó unos minutos antes de que iniciara su reunión,la cual le tomaría parte de su mañana para después dirigirse a la oficina nuevamente.
― ¿Quieres que la tome? ― preguntó en su cabeza su hermano
― No, solo que comencé a tener un poco de dolor de cabeza, como si hubiera mucho ruido ―
― A mi se me da mejor tomar este tipo de acuerdos, así que descansa ―
― De acuerdo, hazte cargo. Después me dices que sucedió ―
Desde hacía unos años que iba a terapia, había aprendido sobre el trastorno que tenía, conocer sobre su propio alter*. Ahora lo entendía, comprendía la razón del porque tenía esta parte disociada en su mente, cómo había nacido o se había creado, lo cual era respuesta al trauma que tuvo en la niñez.
Ahora tenía menos episodios de amnesia o recuerdos perdidos. Habían aprendido a ser un sistema funcional, uno que pudiera ayudarlos a sobrevivir y parecer normales en la actualidad.
Abrió los ojos y se encontraba ya en su departamento, había tomado una ducha al parecer. Notó su cabello húmedo y una toalla alrededor de su cuello.
― Gracias hermano ―
― Salió bien la reunión Sei-chan, hemos conseguido su participación en el proyecto ―
― Perfecto ―
― También, le dije a Masaomi que dejara de molestar o me vería en la penosa necesidad de deshacerme de él ―
Seijurou se carcajeó por la manera en que lo había dicho. Su hermano era demasiado radical y podía imaginarse la expresión de su padre al decirle eso.
― Hermano, te agradezco la oferta, pero es nuestro padre. Te lo recuerdo... ―
― No merece que le llamemos padre ―
― En eso estoy de acuerdo ―
Seijurou inhalo profundamente mientras se dejaba caer sobre la cama con las manos extendidas, le gustaba el silencio que había en su departamento. Odiaba los lugares ruidosos.
― ¿Hola? ―
Se levantó de la cama sorprendido por aquella voz que escuchó tan cerca. Miró a su alrededor buscando a la persona que había hablado.
Habían invadido su departamento. ¿Para qué pagaba por seguridad si tenía gente extraña en su departamento? Esto lo arreglaría con la empresa…
Buscó dentro de todo el lugar, en su habitación y en las áreas comunes pero no había nadie.
Llegó a pasar por su cabeza que había sido su imaginación o el cansancio lo que había provocado esa alucinación. Con resignación regreso a su habitación
― ¿Hola? ¿alguien me escucha? ―
Lo escuchó por una segunda ocasión, pero esta vez estaba más alerta para percatarse que donde provenía tenía similitud como cuando platicaba con su hermano
― Hermano… tu… ― inició llamando la atención de su alter
― Yo también lo escucho ―
― ¡Ah! ¡Hola! ¿Pueden escucharme? ― preguntó una alegre voz que parecía estar dentro de su cabeza igual.
Dejó perplejo a ambas personalidades de Seijurou, ¿acaso podía escucharlos al mismo tiempo? se cuestionaron confundidos
― ¿Quién eres? ― preguntó su alter con una voz intimidante
― ¿Q-quién eres tú? ― respondió tartamudeante la voz del otro lado, se había extinguido aquella alegría con la que había iniciado y ahora parecía asustado
Y de esa manera comenzó la conversación más bizarra de su vida.








