Flores para un marinero
Volvió como cada día de esa primavera con un ramo de hermosas flores recién compradas esa mañana. Con el corazón en la mano y decenas de sentimientos a flor de piel.
Se paró frente al muelle, quedando de cara al inmenso océano azul frente a sus ojos, abriéndose paso hasta más allá del horizonte y donde las miradas pudiesen llegar a divisar.
– Hola... Te he extrañado mucho... – Hablo a una persona que no le respondería. – Traje las que te gustan, las compré está mañana para ti. – Señaló el arreglo de girasoles en sus manos, atados con un listón rojo. – Se que debes estar muy ocupado con la embarcación y lo entiendo, no es fácil estar al mando de un barco tan grande. Quiero que sepas que te esperaré en este muelle hasta que vuelvas a mi... Vuelvas con tu sonrisa, con tus besos y tus caricias que tanto me hacen falta. Todavía te espero para casarnos en esa boda que planeamos estás últimas semanas antes de irte. – Desató el moño que unía los tallos de las flores. – Te amo.
Dejó caer las plantas al oleaje, las cuales flotaron por su ligero peso.
Sus labios se dibujaron en una pequeña sonrisa tímida. Extrañaba a su amado con toda el alma, hace días que salió a cumplir su deber de marinero y cada día que transcurría lo extrañaba más y más.
– Vuelve pronto amor mío, te esperaré en este muelle y cuando regreses cocinare tu comida favorita. Espero que te gusten las flores.
Así empezó a hablarle a la soledad de esa punta del muelle mientras la corriente arrastraba los girasoles a mar abierto donde se unía con el vasto cielo sin nubes, allá donde el barco navegaba dentro de las aguas del océano.
Oh bella mar... La más hermosa y cruel de las mujeres como dice todo aquel que la conoce.
Las personas a su lejanía lo observaban con lastima y tristeza. Tan joven y perdió la cordura por un amor que nunca volverá.
Semanas antes
El oleaje de aquella tormenta chocaba con los costados del barco, alzando una inmensa capa de agua. Los vientos eran implacables y la mar embravecida jugaba con la embarcación como si de un juguete en una bañera se tratase, zarandeandolo de un lado a otro sin piedad.
Dentro de la cabina el capitán gritaba órdenes a la tripulación en un intento de intentar que estos mantuvieran el barco a flote.
El clima empeoró en cuestión de segundos, se encontraban en una zona de miles de kilómetros de profundidad y no quería ser tragado por la mar, prometió a su querido prometido volver y casarse como lo prometió. El anillo en su mano era lo que lo alentaba a seguir vivo y luchar él y su tripulación contra el océano implacable.
En su corazón sólo había una cosa, regresar a casa donde lo espera su prometido, consentirlo, besarlo, amarlo, formar una familia y vivir juntos hasta sus últimos momentos de sus efímeras vidas, pero cada instante sería un tesoro preservado en su mente para la eternidad, y si pudiera reencarnar volvería a amarlo con la misma pasión que en esta vida.
Su sangre se congelo por la espantosa escena frente a sus ojos.
Una ola de proporciones titanicas.
El barco no soportaría ese impacto.
– Camaradas... Perdónenme... Fue un honor ser su capitán... – Hablo por última vez por el comunicador. – Recen por sus madres y padres, por sus esposas, novias e hijos.
Dentro de las entrañas del barco reinó un silencio sepulcral, todos los hombres detuvieron sus acciones al oír lo que serían las últimas palabras de su capitán.
Uno de ellos solo pudo susurrar un “Te amo madre” antes de llorar junto a sus camaradas y amigos por pensar en la idea que les lleno la mente.
El capitán vio su anillo de compromiso hecho de oro, al momento que el entorno se ensombreció
– Te amo... – Dejo escapar en un susurro junto a una lágrima de amargura.
Tantas promesas y ahora debía morir. La mar con sus olas se trago el barco en mitad de la devastadora tormenta, llevándose a las profundidades las vidas de valientes hombres que eran hijos, padres, esposos, hermanos y amigos a un frío abismo sin retorno.
•••
Lo llamaron loco, pero estaba perfectamente cuerdo, ¿Por qué nadie quería entender que esperaba a su esposo en el muelle? Debía esperarlo en ese punto de encuentro pactado, en aquel lugar donde el barco era amarrado, allí junto a las esposas y familiares de los marineros.
¿Por qué nadie quiere entender?
– Hace semanas el barco se hundió. Alega que espera a su prometido en el muelle para casarse. – Hablo una de las testigos que era la vendedora de flores de la localidad pesquera. – Todos los días venía a comprarme flores. Le intente decir lo del barco pero siempre me respondía que sigue navegando, que está lejos pero regresará algún día.
El psiquiatra acomodo sus lentes. En sus años de experiencia laboral había visto de todo, incluso delirios por amor. Este caso en especial le causaba una punzada en el pecho por imaginar estar en el lugar del paciente recién ingresado.
Por las palabras de los otros testigos de la comunidad se enteró que el prometido del paciente era el capitán de la embarcación que se hundió hace semanas en mar abierto. Se conocieron de jóvenes y siempre se demostraron el amor más grande y puro que cualquiera de sus conocidos pudo imaginar, fueron novios por cuatro años y un tiempo antes de partir, el capitán del navío le propuso matrimonio.
Era una historia hermosa con un final tan trágico.
– Gracias por su tiempo, puede retirarse señorita.
– Nunca me aproveche de él. Jamás le cobre las flores. Esto es todo el dinero que uso para eso. ¿Podría entregárselo cuando se recupere? – Saco de su bolso una bolsa de papel abultada, la cual extendió al médico frente suyo.
De niña le enseñaron a trabajar honradamente y a no aprovecharse de los desafortunados. Ese joven le despertó una profunda pena que no fue capaz de gastar ni un sólo centavo que fuese de ese hombre. Guardando todo para el momento adecuado de devolvérselo.
– Está bien.
Tras una corta despedida se retiró la chica.
Sin nadie mas en su agenda guardo el dinero y su libreta en el escritorio y se dirigió a la habitación de su nuevo paciente.
Inhaló y exhaló, para después abrir la puerta.
La habitación era de paredes blancas, con una ventana que tenía vista al jardín del hospital. En la cama yacía sentado el muchacho de 26 años ya vestido con la bata.
Al percatarse de la presencia ajena volteo en dirección del médico.
– Señor, yo no estoy loco. – Dijo calmado. – Tengo que irme, mi esposo llegará al muelle en cualquier momento y le prometí que lo esperaría.
No comprendía porque lo llevaron al hospital psiquiátrico. Estaba perfectamente cuerdo.
– Sólo hablaré un poco con usted.
– ¿Cree que estoy delirante cierto? – Bajo su vista a sus manos, específicamente a la que tenía el anillo. – Todos en el pueblo lo piensan, pero no estoy loco, estuve loco ayer pero por amor.
Pobre muchacho.
Pasaron días, semanas, meses, años, y como se pronóstico, el barco nunca llegó, y no volvió a ver al amor de su vida.
Seguía intentando engañarse con la misma mentira una y otra vez, pero la realidad es dolorosa. Finalmente cuando no pudo continuar negando la verdad por el duro golpe de la realidad se desplomó como una débil e insignificante casa de cartas que sucumbe ante una brisa. Los trozos de su corazón no volverían a estar juntos, no sin su amado.
Tanto amor para nada.
Al estar prohibido que saliera de los terrenos del hospital, se sentaba todas las tardes en una banqueta de los jardines a ver las flores. Lloraba en silencio al ver retoñar los girasoles, las flores favoritas de su pareja.
Algunas noches se escurría entre los pasillos hasta llegar a la azotea para ver el mar desde la altura con la luna reflejándose en sus aguas oscuras.
«Te extraño, desearía que estuvieras aquí.
Lloro mucho al recordar que estás en otro mundo, se que está carta no llegará a dónde tú estás, prometo que al salir te llevaré más flores, aunque no estoy seguro que puedas recibirlas. Creo que lo hago por mi, para no caer más en la depresión, recordar que aún te amo y ser fuerte para vivir en tu nombre apesar de lo doloroso que sea.
Llegó Abril, nuestra boda sería en la playa y mi ramo de flores serían tus adorados girasoles, por única vez usaría un vestido, sólo una vez quería usar un vestido de novia apesar de ser un hombre, pero quería ver tu expresión al verme usar uno. Me da tristeza el que nuestra boda nunca pueda cumplirse, que no pueda casarme contigo, que no podamos ser una familia, no poder envejecer juntos.
Quiero pensar que esto es un mal sueño, pero no lo es y duele.
El médico dijo que debo escribir para desahogarme, pero me lastiman todos estos sentimientos que intento plasmar en un trozo de papel. Son tantos que un cuaderno no bastará, tan densos que no puedo describirlos y tan profundos y verdaderos que se clavan en mi alma como las espinas de una rosa en mi corazón y alma.
No puede verse pero sangro del dolor en mi pecho.»
«Recuerdo cuando te conocí. Éramos unos muchachos a los que recién se les abrían las puertas del mundo. Desde el primer momento supe que te amaba.»
«Quiero amarte, adorarte, besarte, tenerte paciencia en tus rabietas, dormir juntos. Todo era perfecto cuando estábamos juntos. Los días eran dichosos, cada beso era más dulce que la miel. Desearía que todo esto que escribí pueda ayudarme a superar el sufrimiento.»
«Amor
.»
«Deje la última página en blanco porque no sabía que expresar.»
«Hace meses que no escribo en este cuaderno. Tengo una noticia que no te gustará, tu madre se niega rotundamente a volver a hablar conmigo. Me culpa de tu partida tan pronta, dice que soy un hijo del demonio que te llevo a la muerte en el abismo de los mares.
¿Fue mi culpa?»
«Estoy asustado, no puedo dejar de llorar hoy. ¿Esto es una pesadilla?
Me siento perdido.
¿Me extrañas?
Di que me extrañas así se en un sueño.
Todo esto me da tanto miedo.
Amor, regresa. Duele mucho está soledad que me consume.
Mi cabeza me dice cosas malas.
Quiero ir donde estas tú.»
«Tengo frente a mi el vacío del último piso del hospital psiquiátrico. Caminé por la orilla buscando un paso en falso, pero volví a la zona segura después de ver un arcoiris.
Estoy silbando esa tonadilla que me enseñaste mientras trato de contener mis lágrimas.»
«No lo soporto más.»
Escapó.
6 años luego de ser internado huyó al pueblo.
Era una noche de lluvia, su cabello estaba completamente húmedo pero no le importaba ni un poco, sólo corría por las calles en busca de su casa. La tela delgada de sus prendas no protegía contra el frío que calaba hasta lo más profundo del tuétano de sus huesos, aunque sentía un frío peor en su corazón aún dolido.
Al llegar recogió la llave que escondía bajo una maceta frente a la puerta principal. Corrió a su habitación, quitándose el húmedo y delgado pijama del hospital. Escogió alguna ropa presentable y volvió a salir, está vez en dirección del muelle. Entre sus manos llevaba un ramo de girasoles que corto del jardín del hospital.
La brisa mecía sus cabellos, la penumbra se aclaraba lentamente al son de la llegada de la madrugada. Los muelles estaban desolados.
– Me dijeron que estás muerto... No quería creerlo... Pero ahora me doy cuenta de lo ingenuo que he sido... Perdoname porfavor por mentirte... Te mentí tan descaradamente... Tengo frío desde que no estás aquí, todos los días hace frío. Busco abrigo entre las mantas cerca de mi pero el hielo sigue dentro de mi piel, duele tanto que vuelvo a llorar por la sangre de mi alma acumulada en mis ojos. – Dejo que sus lágrimas corrieran sueltas por sus mejillas como una cascada desenfrenada. – Son tantos sueños que fueron frustrados con tu muerte. No quiero vivir sin ti. Estoy siendo egoísta lo sé pero te convertiste en mi vida y sin ti... Estoy vacío y solo en esta noche infinitamente oscura y tengo miedo. No soy capaz de dejarte ir... Lo intente por 6 largos años pero no puedo hacerlo... ¡Dime cómo te olvidó!
Cayó de rodillas a la orilla de la construcción de madera, nada se sentía como en casa desde que su prometido se fue de este mundo.
Las noches venían cargadas de recuerdos que rasgaban su corazón.
¿Por que debía doler tanto?
– Quiero que todo sea como antes y volvamos juntos a casa... Por eso estoy aquí... Quería hablar contigo una vez más aunque no puedas responderme amor mío. – Se abrazo y golpeó su frente en la madera.
No dejaba de llorar.
Las cicatrices que no lograron sanar con las terapias se abrieron, incluso las que ya estaban casi cicatrizadas sangraron.
Volvió a caer.
– Vuelve... O llévame contigo.
Así quedó dormido en ese lugar desolado. Con la lluvia empapandolo, sin dejar de sostener las flores en su mano con el anillo que jamás se quitó.
Despierta...
Despierta...
Despierta...
Tengo sueño...
Despierta porfavor...
Sus párpados pesaban como piedras. Tenía tanto sueño.
Sintió como alguien tocó su mejilla con delicadeza, al abrir sus ojos sintió como su respiración se detuvo.
– Perdón por hacerte esperar.
Estaba allí. Su prometido estaba frente a sus ojos, el barco amarrado al muelle. Lo sabía, no estaba loco.
Sin hacerse esperar lo abrazo con toda la fuerza en su cuerpo, siendo correspondido con el mismo afecto por el amor de su vida.
– ¡Idiota, idiota, idiota! ¡¿Dónde has estado todo este tiempo?! ¡Te extrañe mucho! – Volvió a llorar, esta vez de alegría.
El ajeno tomo su rostro entre sus manos y planto un beso cargado de amor y sentimiento en los labios de su prometido.
– Disculpame cariño. Sufriste mucho por estos años en tu soledad. No volveré a dejarte solo. – Sonrió con ternura. Acto seguido beso los párpados de su pareja. – Te ves mucho más maduro.
– Ahora tengo 32 años...
– Gracias por las flores. Siempre las recibí.
– ¿De verdad?
– Sí. Tengo que hacerte una pregunta.
– Claro, dime.
El marinero volteo a ver su embarcación, en la cubierta estaban sus leales compañeros en su espera, mirándolo con sonrisas ligeras desde las alturas.
– ¿Vendrías conmigo?
– Por supuesto. – No lo pensó dos veces.
– Vámonos entonces, nos esperan en el barco. – Sujeto con delicadeza la mano de su amado prometido.
Lo llevo dentro del barco donde estaban todas las flores que su amado le dio esas semanas. Volvió a besarlo una vez dentro.
Las amarras de la embarcación se soltaron sin que nadie las tocara, para después desaparecer. Entre las olas se marchó.
Se sentía feliz, luego de tanto tiempo volvió con su prometido, ahora nada los separaría nunca.
Un joven pescador de la localidad encontró el cuerpo del hombre acostado en el muelle. Sin signos vitales.
Los medios locales se presentaron, según los testigos el hombre había sido internado en el hospital psiquiátrico por locura después que el barco donde navegaba su prometido se hubiera hundido.
Escapó esa noche del centro de salud mental. Algunos dijeron que tenía una sonrisa en sus labios como si hubiera muerto feliz.
La historia del prometido del marinero paso a ser una leyenda de la localidad.
Lo curioso era que nunca encontraron el ramo de girasoles en las manos del prometido.
♦♦♦
Ll
Mi playlist para que lloren con gusto:
Lady Gaga, Bradley Cooper - Shallow
Tom Odell - Another Love
Passenger - Let Her Go
Only Love Can Hurt Like This - Paloma Faith
In this shirt - The Irrepressibles
Easy - Imagine Dragons
Arcade - Duncan Lawrence
Disfruto - Carla Morrison (Déjenme llorar)
Bruno Mars - Talking To The Moon
Runaway - Aurora
Alec Benjamín - Let Me Down Slowly
Esto se me ocurrió por una imagen de Pinterest (la que puse de portada) y una cancion de José Luis Perales “Le Llamaban Loca” o “La Loca”. Recuerdo que leí que esa canción estaba basada en algo real, hablaba de una mujer que enloqueció después de perder a su marido, iba al muelle vestida de novia. Bueno esas dos cosas se juntaron en mi cerebro y escribí está cosa tan deprimente.
Si me disculpan, debo hidratarme. Perdí 3 litros de agua en lágrimas.