Amor Bajo Custodia

Summary

Historia Astelle (policial), ambientada en la actualidad.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

¡Brrriiiing!

El estridente sonido del despertador resonó en la habitación, sacando a Asta de su sueño. Con un gruñido, abrió los ojos y miró la hora en el reloj de su mesita de noche.

[7:00 am]

¡Brrriiiing!

— Mierda, ¡ya es tarde! —exclamó, saltando de la cama con el corazón acelerado y mandando a volar al despertador.

Apenas ayer se había mudado al área urbana de Five Leaf, uno de los cinco estados del país, para comenzar su nuevo trabajo como detective en la comisaría central. Después de años de arduo trabajo en su pueblo natal, Hage, en el área rural de Five Leaf, finalmente había logrado dar el siguiente paso en su carrera policial. Ahora como detective.

Con movimientos frenéticos, Asta se apresuró a alistarse. Se metió a la ducha, dejando que el agua fría lo despertara por completo mientras se jabonaba rápidamente. Luego, se secó a toda prisa y se puso su traje formal, ya que aún no tenía un uniforme de detective.

Mientras se cepillaba los dientes, escuchó el sonido de su teléfono.

¡Ding, ding!

Con la boca llena de espuma, Asta tomó el teléfono y vio que era su madre quien llamaba.

— ¿Hijo? —la voz de su madre sonó al otro lado de la línea—. ¿Ya llegaste al trabajo?

— Mamá, ¡ya voy tarde! —respondió Asta apresuradamente, escupiendo la pasta de dientes en el lavabo.

Sin darle tiempo a su madre para responder, Asta colgó la llamada. Miró el reloj y se dio cuenta de que eran las 7:20 am. Debería haber estado en la comisaría hace veinte minutos.

— ¡Carajo! —maldijo Asta, agarrando sus llaves y saliendo de su apartamento a toda velocidad.

Las calles de la ciudad eran un laberinto para él, con edificios altos y avenidas desconocidas. Asta trató de recordar las indicaciones que le habían dado, pero su mente estaba nublada por el estrés y la resaca de la noche anterior.

— ¿¡Dónde se supone que queda esa maldita comisaría!? —se preguntó, exclamando en voz alta, mirando a su alrededor con frustración.

En un impulso, el cenizo sacó su teléfono y marcó el número de su hermano. Por su ascenso, él había insistido en que salieran a celebrar la noche anterior, y ahora Asta se arrepentía de haberle hecho caso.

¡Ding, ding!

Después de varios tonos, finalmente respondió.

— ¡Liebe! —gritó Asta al teléfono.

— Qué jodes —la voz de Liebe sonaba adormilada y molesta—. ¡Déjame dormir!

— ¡No te debería haber hecho caso de tomar ayer! —le gritó Asta, mientras doblaba esquinas al azar, esperando ver alguna señal que lo guiara a su destino—. ¿¡Dónde está la comisaría!?

Pero antes de que pudiera obtener una respuesta, escuchó un ¡clack!, el sonido de la llamada siendo cortada.

Liebe había colgado, dejando a Asta aún más estresado y sin saber qué hacer. Con un suspiro frustrado, Asta guardó su teléfono y trató de orientarse en las calles desconocidas, siguió corriendo y maldiciendo en voz alta, esquivando a los transeúntes y buscando desesperadamente la comisaría. Sus pulmones ardían por el esfuerzo y su frente estaba perlada de sudor, como si hubiera corrido un maratón bajo el sol abrasador. En un momento de agotamiento, se detuvo junto a un edificio para recuperar el aliento, jadeando cual perro sediento en un día de verano.

¡Uiiuu-uiiuu-uiiuu!

Mientras recuperaba el aliento, el sonido estridente de una sirena de policía rompió el bullicio de la ciudad, cortando el aire como un cuchillo afilado. Asta se giró hacia la fuente del ruido y vio un auto negro acercándose rápidamente, como un depredador a punto de atrapar a su presa. Al volante iba una mujer de cabello plateado, con el cabello suelto, iba ataviada con un vestido color crema y una chaqueta de detective por encima, su rostro estaba serio y concentrado, como si estuviera tallado en mármol. Por un breve instante, sus miradas se cruzaron, chocando como dos titanes a punto de enfrentarse.

«Bien, por fin», pensó Asta, agradeciendo internamente la aparición de la patrulla. Sin embargo, su alivio se desvaneció cuando la mujer le lanzó una mirada de desaprobación, frunciendo el ceño como si hubiera visto algo desagradable.

La albina detuvo el auto y bajó con un movimiento ágil, moviéndose como una pantera acechando a su objetivo. Antes de que Asta pudiera reaccionar, la mujer lo empujó contra la pared y le colocó unas esposas en las muñecas con un clic metálico.

— Quedas arrestado por alterar el orden público —declaró la mujer con voz firme, su tono era tan frío como el acero—. Hemos recibido varias llamadas de ciudadanos informando sobre un loco que anda gritando y corriendo por todos lados, como si fuera un maniático escapado del manicomio.

Asta, atónito por el giro de los acontecimientos, trató de defenderse, su voz temblaba como una hoja al viento.

— Espera, espera, debe haber un malentendido —dijo, luchando contra las esposas como un animal enjaulado—. Soy policía, estoy buscando la comisaría. A ver, identifíquese, no puede arrestarme así sin más.

La albina, sin inmutarse, sacó su placa y se la mostró, exhibiéndola como si fuera un trofeo.

— Detective Noelle Silva —leyó Asta en voz alta, su frustración crecía a medida que leía, cual niño que había reprobado un examen—. Mira, yo también soy policía, acabo de mudarme a la ciudad y estoy tratando de llegar a mi primer día de trabajo, no puedes hacerme esto.

Noelle soltó una risa sarcástica, su voz resonó en los oídos de Asta como una burla cruel.

— Jajajaja, sí claro, y yo tengo magia —respondió con incredulidad—. Buen intento, pero no caeré en esa mentira, he escuchado mejores excusas de los criminales que he atrapado.

— Hablo en serio —insistió Asta, mientras su voz se cargaba de exasperación, como un globo a punto de explotar—. Soy un detective, al igual que tú. Si me quitas las esposas, puedo mostrarte mi identificación, y todo se aclarará.

La detective lo miró fijamente a los ojos, evaluando la sinceridad de sus palabras, su mirada era tan penetrante como un rayo láser. Después de unos segundos tensos, accedió a liberarlo de las esposas, su movimiento fue tan rápido como un latigazo.

— Está bien, muéstrame tu identificación —exigió Noelle, cruzando los brazos sobre su pecho, con una postura desafiante, igual a un muro impenetrable.

Asta comenzó a buscar frenéticamente en sus bolsillos, sus manos temblaban igual a las de un adicto en busca de su dosis. Pero para su consternación, se dio cuenta de que había olvidado su placa en el apartamento, en ese momento su corazón se hundió como una piedra en un pozo sin fondo.

— Mierda, debí haberla dejado en casa con las prisas —murmuró para sí mismo, en susurro de derrota.

La expresión de Noelle se endureció, su rostro se volvió tan frío como un témpano de hielo.

— Otro delito más, suplantación de identidad —declaró, volviendo a colocarle las esposas a Asta, apretándolas con más fuerza que antes—. Tienes derecho a un abogado, aunque dudo que te sirva de mucho. Ahora, sube al auto, no me hagas perder más tiempo.

Asta, maldiciendo internamente su mala suerte, no tuvo más remedio que obedecer. Con la cabeza gacha, se dirigió hacia la patrulla y se sentó en el asiento trasero, el frío metal de las esposas le recordó la ironía de su situación. En lugar de llegar a su primer día como detective, ahora se encontraba arrestado por una colega que no le creía, su destino parecía estar riéndose en su cara.

Durante el trayecto hacia la comisaría, un silencio tenso se apoderó del interior de la patrulla. La detective Noelle Silva mantenía su mirada fija en la carretera, mientras Asta, esposado en el asiento trasero, observaba el paisaje urbano pasar por la ventanilla.

Inevitablemente, la voz de Noelle rompió el silencio, cortando la tensión.

— ¿Qué estabas haciendo corriendo y gritando por las calles como un lunático? —preguntó, su tono era acusatorio y cargado de sospecha—. ¿Acaso estas bajo la influencia de alguna sustancia ilegal?

Asta suspiró, su paciencia se estaba agotando como una vela a punto de extinguirse.

— Ya te lo dije, soy policía y estaba buscando la comisaría —respondió, frustrado—. No estaba haciendo nada ilegal, solo trataba de llegar a tiempo a mi primer día de trabajo.

Noelle soltó una risa sarcástica.

— Claro, y por eso decidiste suplantar a un oficial de policía, ¿no? —replicó irónica—. ¿Crees que soy estúpida? He visto a muchos tipos como tú, que creen que pueden salirse con la suya mintiendo descaradamente.

— ¿Suplantar? —Asta la miró incrédulo—. ¿Por qué iba a hacer algo así? Tengo mi placa y mi identificación, puedo probarlo.

— Cualquiera puede falsificar una placa y una identificación —respondió Noelle con desdén—. No me impresionas con eso.

Asta apretó los dientes, su paciencia había alcanzado su límite, como una olla a presión a punto de estallar.

— Mira, pronto se aclararán las cosas —dijo, con la voz firme y decidida—. Cuando lleguemos a la comisaría, verás que estoy diciendo la verdad y tendrás que disculparte por este malentendido.

La albina lo miró por el espejo retrovisor, sus ojos violáceos se estrecharon como los de un felino a punto de atacar.

— ¿Disculparme? —resopló, incrédula—. Ya veremos quién tendrá que disculparse cuando te fiches y descubran todos tus antecedentes criminales.

— ¿Antecedentes criminales? —Asta soltó una carcajada seca—. No tengo nada que ocultar. Soy un ciudadano ejemplar y un oficial de la ley, al igual que tú... o al menos eso pensaba.

— ¿Qué estás insinuando? —Noelle lo miró con los ojos entrecerrados—. ¿Dudas de mi integridad como oficial de policía?

— No lo sé, dímelo tú —respondió Asta, encogiéndose de hombros—. Pareces más interesada en acusarme sin pruebas que en hacer tu trabajo de manera justa.

En medio de su palabrería, Asta recordó el apellido de la detective, y una idea cruzó por su mente como un rayo en una noche oscura.

— Espera un momento... Silva, ¿verdad? —preguntó, su tono era casual pero intencionado—. ¿Qué hace una Silva trabajando como policía? Pensé que tu familia estaba más interesada en la política y esas cosas.

Noelle se tensó visiblemente, sus manos apretaron el volante con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos como el marfil.

— Eso no es asunto tuyo —espetó, fríamente como el hielo—. No te atrevas a mencionar a mi familia, criminal. Mejor cállate y déjame conducir.

— Oh, parece que toqué un nervio sensible —dijo Asta con una sonrisa burlona—. ¿Acaso estás tratando de compensar algo?, o ¿demostrar que eres digna de llevar el apellido Silva?

— ¡Cállate de una vez! —gritó Noelle, perdiendo la compostura—. No tienes ni idea de lo que estás hablando. No sabes nada sobre mí o mi familia.

— Tienes razón, no lo sé —admitió Asta—. Pero parece que toqué un punto sensible. ¿Por qué te molesta tanto que mencione a tu familia?

Noelle apretó los labios hasta que se formó una delgada línea, negándose a responder. El silencio se extendió entre ellos, tenso y cargado de resentimiento mutuo

— Sabes, para ser una detective, no eres muy buena obteniendo información —se burló Asta—. Quizás deberías reconsiderar tu carrera.

— Y para ser un “supuesto policía”, no eres muy bueno siguiendo órdenes —replicó Noelle—. Quizás deberías reconsiderar tu “vocación”.

La atmósfera en el interior de la patrulla se volvió tan densa que el aire era casi irrespirable. Durante el trayecto a la comisaria, comenzó a formarse un rechazo mutuo entre ambos.

Finalmente, la patrulla se detuvo frente a la comisaría. Noelle salió del vehículo y abrió la puerta trasera, sus movimientos eran bruscos y llenos de ira contenida.

— Sal de ahí —ordenó, duramente—. Espero que estés listo para enfrentar las consecuencias de tus actos.

Asta salió de la patrulla, con una postura era erguida y desafiante, a pesar de las esposas que restringían sus movimientos.

— Las consecuencias de mis actos serán tu disculpa —dijo, con la voz cargada de determinación—. Ya lo verás, detective Silva.

Con esas palabras, ambos se dirigieron hacia la entrada de la comisaría.

Después de dejar al “criminal” con sus compañeros, Noelle entró a su oficina con pasos firmes, su mente aún daba vueltas por el encuentro con aquel supuesto policía que había arrestado. Se sentó en su escritorio y comenzó a revisar algunos documentos, tratando de distraerse de la frustración que sentía.

¡Toc–toc!

Unos suaves golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos. Noelle levantó la mirada y vio a Secre, su asistente, asomando la cabeza tímidamente.

— Adelante, Secre —habló Noelle, con voz cansada pero amable.

La joven peliazul entró a la oficina con una bandeja en las manos. En ella, había una taza de café humeante y una bolsa de papel que desprendía un aroma dulce y tentador.

— Buenos días, detective Silva —saludó Secre con su característica voz suave y reservada—. Le traje su café y sus rosquillas favoritas de la panadería de la esquina.

La albina sonrió, agradecida por el gesto de su asistente. Secre siempre había sido una presencia tranquila y eficiente en la comisaría, y Noelle valoraba su dedicación y lealtad.

— Gracias, Secre —dijo Noelle, tomando la taza de café y dando un sorbo reconfortante.

Secre asintió.

— Es un placer, detective —respondió, inclinando la cabeza respetuosamente—. Por cierto, ¿necesita algo más?, ¿quiere que le traiga los informes del caso anterior?

Noelle asintió, masticando una rosquilla con deleite.

— Sí, por favor —dijo, su voz era un poco más animada gracias al azúcar y la cafeína—. Necesito revisar algunos detalles antes de la reunión con el fiscal.

Secre asintió y se retiró de la oficina con la misma discreción con la que había entrado, cerrando la puerta suavemente detrás de ella.

Noelle se reclinó en su silla, disfrutando de sus rosquillas y café mientras se sumergía en el papeleo que tenía pendiente. Los números y los nombres se mezclaban en su mente, creando un rompecabezas que debía resolver.

Mientras hacia su trabajo, la puerta de su oficina se abrió nuevamente, sobresaltando a Noelle. El jefe Yami Sukehiro, entró con su característica despreocupación, una nube de humo de cigarrillo lo seguía como una sombra persistente.

— Oye, Silva —dijo Yami—. ¿Has visto mi encendedor? Creo que lo dejé en el baño después de mi última visita al trono.

Noelle rodo los ojos, acostumbrada a las excentricidades de su jefe.

— No, señor —respondió, tratando de mantener un tono profesional—. ¿Necesita algo más?

Yami se rascó la barbilla pensativamente, como si estuviera considerando un asunto de vital importancia.

— Sí, ahora que lo mencionas —habló, mientras su rostro se iluminaba—. Necesito que me consigas más papel higiénico. El que tenemos es más áspero que la lengua de un gato.

Noelle suspiró, preguntándose cómo había terminado trabajando para un jefe tan excéntrico.

— Veré qué puedo hacer, señor —respondió, con voz resignada pero firme—. ¿Algo más?

Yami negó con la cabeza, expulsando una nube de humo que se arremolinó en el techo de la oficina.

— Nah, eso es todo por ahora —dijo, dirigiéndose hacia la puerta—. Ah, y Silva... buen trabajo con ese arresto. Aunque la próxima vez, trata de no causar tanto alboroto en las calles. No queremos que los ciudadanos piensen que estamos contratando a lunáticos.

Con esas palabras, Yami salió de la oficina y Noelle trató de concentrarse nuevamente en el papeleo que tenía frente a ella. Sin embargo, su mente seguía divagando hacia el incidente de la mañana con aquel “supuesto policía”. Algo en su historia no encajaba, pero no podía precisar qué era.

Unos minutos más tarde, Secre volvió a entrar a la oficina, esta vez con una expresión de desconcierto en su rostro.

— Detective Silva —expresó cautelosa y un poco confundida—. Hay algo que debe saber... sobre el hombre que arrestó esta mañana.

Noelle alzó una ceja, intrigada por la actitud de su asistente.

— ¿Qué pasa con él? —preguntó, dejando a un lado los documentos que estaba revisando—. ¿Descubrieron algo en su historial criminal?, ¿es un violador o algo así?

Secre negó con la cabeza, su semblante era una mezcla de sorpresa y vergüenza.

— No, detective... resulta que él... bueno, él es...

Antes de que Secre pudiera terminar su frase, la puerta de la oficina se abrió nuevamente, revelando a un Asta sonriente y libre de esposas.

— ¡Detective Silva! —exclamó Asta, su voz era triunfante—. ¡Qué bueno volver a verla!

Noelle se quedó boquiabierta, su mente tardó unos segundos en procesar lo que estaba viendo.

— ¿Qué demonios haces aquí? —inquirió, poniéndose de pie bruscamente—. ¿Cómo escapaste de la celda?

Asta soltó una carcajada, disfrutando de la confusión de Noelle.

— No escapé de ninguna celda, detective —dijo, cruzando los brazos sobre su pecho con aire de suficiencia—. Resulta que sí soy policía... de hecho, soy... —no pudo terminar su frase ya que las palabras se enredaron en su garganta.

— Detective Silva... el Detective Staria, es su nuevo compañero.

La expresión de Noelle pasó de la sorpresa a la indignación en cuestión de segundos. Sus ojos se estrecharon y su rostro se enrojeció de ira.

— ¿¡Mi nuevo compañero!? —exclamó, incredula y enojada—. ¡Debes estar bromeando!

Secre intervino tímidamente, tratando de calmar la situación.

— No es ninguna broma, detective Silva —confirmó—. Acabo de verificar sus credenciales y su historial. El detective Staria fue transferido a nuestra comisaría hoy mismo.

Noelle se volvió hacia Asta, mirándolo fría y acusatoriamente.

— ¿Y se puede saber por qué llegaste tarde y sin tu placa, novato? —preguntó cortante y lleno de reproche—. ¡Nunca había visto a alguien tan irresponsable como tú!

Asta frunció el ceño, molesto por la actitud de Noelle.

— Oye, tampoco es para tanto —respondió desafiante—. Tuve algunos contratiempos, ¿de acuerdo? No es como si lo hubiera hecho a propósito.

Noelle resopló, colocando los brazos en jarra, en un gesto de desaprobación.

— ¿Contratiempos? —repitió, destilando sarcasmo—. ¿Qué clase de detective eres si ni siquiera puedes llegar a tiempo a tu primer día de trabajo? Y encima, olvidando tu placa... ¡es inaceptable!

Asta apretó los puños, sintiendo cómo su paciencia se agotaba.

— Mira, sé que cometí un error, ¿de acuerdo? —expresó entre dientes, su voz estaba tensa y contenida—. Pero no tienes derecho a juzgarme sin conocerme. Soy un buen detective, MUCHO mejor que tú y te lo demostraré.

Noelle soltó una risa burlona, sacudiendo la cabeza con incredulidad.

— ¿Un buen detective, mejor que yo? —repitió, con voz mordaz y sarcástica—. Ya veremos si eres capaz de cumplir con tus palabras, novato. Porque hasta ahora, no me has demostrado más que incompetencia e irresponsabilidad.

Asta dio un paso adelante, con una mirada intensa y desafiante.

— ¿Sabes qué? —dijo firme y decidido—. No necesito tu aprobación, detective Silva. Estoy aquí para hacer mi trabajo, y eso es exactamente lo que haré. Con o sin tu ayuda.

Noelle le sostuvo la mirada, sus ojos brillaban con una mezcla de ira y determinación.

— Bien detective Staria —dijo fría y cortante—. Haz lo que quieras. Pero no esperes que te cubra las espaldas cuando metas la pata. Aquí, cada uno es responsable de sus propios errores.

Con esas palabras, Noelle se dio la vuelta y salió de la oficina, cerrando la puerta detrás de ella con un fuerte golpe. Asta se quedó allí, respirando pesadamente y tratando de controlar su enojo.

Secre, que había presenciado toda la escena en silencio, se acercó a Asta con cautela.

— Detective Staria... —comenzó, su voz era suave y comprensiva— no se lo tome a mal. Pero, la detective Silva puede ser un poco... intensa a veces. Pero es una buena policía, y estoy segura de que con el tiempo, llegarán a entenderse.

Asta suspiró, pasándose una mano por su cabello rubio-cenizo en un gesto de frustración.

— ¿Secre, verdad? —dijo, extendiendo su mano en un gesto de saludo—. Mucho gusto. Mira, lo que haga la detective Silva no es asunto mío. Yo estoy aquí para hacer mi trabajo, nada más.

Secre estrechó su mano, asintiendo con comprensión.

— Entiendo, detective Staria —respondió suavemente—. No se preocupe, estoy segura de que, con el tiempo, las cosas mejorarán entre ustedes.

Asta suspiró con resignación.

— Siempre hay retos difíciles en la vida, y este al parecer es uno de ellos —dijo irónicamente—. La detective parece una niña berrinchuda, pero bueno... tendré que lidiar con ello.

Dicho eso, Asta se sentó en una silla y comenzó a comer las rosquillas que había en el escritorio de su ahora nueva compañera, ignorando deliberadamente el hecho de que no le pertenecían. Estaba hambriento después de toda la conmoción de la mañana, y las rosquillas se veían demasiado tentadoras como para resistirse.

Unos minutos más tarde, Noelle regresó a la oficina, solo para encontrarse con la escena de Asta devorando sus preciadas rosquillas. Su rostro se enrojeció de ira y indignación.

— ¡Oye, novato! —exclamó, acercándose a él con pasos furiosos—. ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Esas son mis rosquillas!

Asta la miró con una expresión de falsa inocencia, masticando lentamente.

— Oh, ¿en serio? —su tono era burlón—. Lo siento, no vi tu nombre escrito en ellas.

Noelle apretó los puños, conteniendo las ganas de estrangularlo allí mismo.

— Escúchame bien, novato —espetó, en voz baja y amenazante—. No solo llegaste tarde y sin tu placa, sino que ahora te atreves a robar mi comida. Te aseguro que me encargaré de que recibas una amonestación por tu comportamiento inaceptable.

Asta se levantó de la silla, mirándola con indiferencia.

— Haz lo que quieras, detective Silva —respondió, desafiante—. Pero te advierto que no soy alguien que se deja intimidar fácilmente. Ya te lo dije, pero te lo repito: Estoy aquí para hacer mi trabajo, y eso es exactamente lo que haré... con o sin tu aprobación.

Noelle lo fulminó con la mirada, su rostro era una máscara de ira y frustración.

— Ya veremos si sigues tan valiente cuando te enfrentes a las consecuencias de tus acciones, novato —dijo casi de manera venenosa—. Disfruta de tus últimos momentos de tranquilidad... porque te aseguro que no durarán mucho...

Espero les guste como se ira desarrollando la trama.

Espero sus opiniones y/o críticas.

Que tengan un bonito día.