|Blind On Stage|

Durante las premiaciones, el grupo TOMORROW X TOGETHER — los príncipes de Japón y líderes de su generación— ofrecieron una vez más una presentación impecable, cautivando tanto a los asistentes en el recinto como a la audiencia global que sintonizaba la transmisión a través de los canales de Mnet y plataformas digitales. La atmósfera estaba cargada de una energía vibrante; los vítores y el cariño mutuo inundaron cada rincón del escenario.
No obstante, durante esos dos días, MOA notó a su lindo y tierno líder Omega un poco... Quizás muy...
¿Embarazado?
Sabían que el bonito y rubio Omega de hoyuelos era la pareja del mayor de la agrupación, Choi Yeonjun, quien durante los MMA no dejó de mirar amenazadoramente a los Alfas que posaban su mirada en su adorable pareja. Pero era inevitable, las dulces feromonas de pastel de fresa provinientes del chico eran realmente embriagadoras.
Y aquellos grandes abrigos que usaba lo hacían resaltar entre la multitud, atrayendo incluso más miradas hacia su vientre, el cual, gracias a algunos movimientos del Omega sobre el escenario, le demostraron al mundo que, sí, la pareja se encontraba en la dulce espera.
Soobin no tenía un vientre tan grande, no por ahora quizás. Apenas comenzaba a notarse. Algunos intuyeron que el embarazo del líder estaba en sus etapas tempranas, minimizando cualquier riesgo, mientras que otros —más preocupados por la salud del rubio— se preguntaban si acaso era de esos Omegas cuya gestación pasaba desapercibida. Afortunadamente, no hizo falta más que un tierno mensaje de Soobin en Twitter y Weverse para calmar a todos sus fanáticos, por no decir, a toda la nación que lo adoraba, pues, después de todo, era el Omega que lograba robar suspiros hasta los de su propia casta.
El flujo de mensajes que recibían a través de las redes, mayormente por Weverse, era incesante:
"¡Se merecían ese premio, chicos!"
"¡TOMORROW X TOGETHER como siempre brillando en la pista de baile!"
"Ya no sé de quién enamorarme más"
"Esos trajes realmente los hacen ver como Dioses"
"¡¿DÓNDE SE REZA?!"
"¿Cuándo anuncian oficialmente el embarazo de Binnie?"
Soobin, quien se encontraba actualmente bañadito, cambiadito y limpio sobre la cama de la habitación, dispuesto a dormir dentro de su pequeño nido, formó una bonita "O" con sus labios, al leer ese último mensaje.
¿MOA ya sabía sobre su pancita? No podía esperar menos de sus estrellitas.
Eso explicaba mucho el comportamiento de su Alfa el día anterior, sobretodo cuando ya venían de regreso hacia el hotel; un lugar del que ahora no podía salir por lo sensible que Yeonjun le había dejado.
El rubio Omega había cerrado uno de sus ojitos al sentir la nariz de Yeonjun pasar cariñosamente por su carita, queriendo llamar su atención. Volteó a su dirección, notando cómo sus menores se encontraban enfocados en su propios teléfonos, sin tomarle importancia al resto; Yeonjun aprovechó el descuido para cubrirlo de pequeños y constantes besos.
El Omega ladeó la cabeza en confusión. No lograba descifrar el mensaje aquella mirada de ojos oscuros y la sonrisa coqueta del mayor. Menos entendió cuando el hombre de cabello negro acarició sus muslos por encima de la tela del pantalón, bajando lentamente.
Quería entender qué pasaba por la mente del Alfa.
Después de su respectiva presentación en los MAMA, Yeonjun no le había permitido separarse de su lado, ni siquiera para sentarse con Beomgyu o Kai. Lo mantenía bajo su custodia, con una mano firme sobre su cintura y la otra acariciando su vientre con una posesividad que no llegaba a ser hiriente.
Soobin había querido dormirse sobre su regazo; el aroma del Alfa, que extrañamente se había intensificado, actuaba sobre él como un sedante. Quizás por eso sus MOA notaron aquel momento en el cual recostó su cabeza en el hombro de su pareja mientras este lo colmaba de mimos.
—¿Junnie? —susurró, justo cuando las manos de Yeonjun se posaron con una ternura calculada sobre su vientre.
—¿Nuestro cachorrito se ha portado bien hoy, bebé?
—¿Hm?—Soltó en confusión, su pregunta le había parecido muy espontánea y hasta curiosa, pero no podía quejarse, tal vez el hombre con labios de patito quería asegurarse de que no hubiese problemas con su bebito después de estar rodeados de tantas personas—Claro que sí, sabes de sobra que es muy tranquilo—Yeonjun asintió, uniendo sus labios. Soobin creía que sería nada más un simple y dulce contacto, pero se equivocó; Yeonjun había estado a nada de devorarle la boca si no se apartaba a tiempo, sintiendo las manos del mayor acariciar su cuerpo con un descaro que le encendió la sangre. —C-Comportate, están los chicos— murmuró, casi en un hilo de voz, sintiendo el ardor en sus mejillas al observar la mueca burlona del de cabellos oscuros.
—No importa—replicó Yeonjun, restándole importancia—. No es como si fuesen a vernos o a interrumpir.
La principal preocupación de Soobin era Kai. Si el maknae llegaba a notar algo, las burlas sobre su faceta “atrevida” serían inevitables, dejándolo rojo como un tomate. Sin embargo, Kai estaba demasiado inmerso en un nuevo anime como para poner los pies en la tierra.
El corazón del Omega comenzó a latir desbocado al sentir los besos húmedos que el Alfa depositaba mortalmente con lentitud sobre su cuello, queriendo hacerlo chillar cada vez que los labios producían un pequeño chasquido al separarse de su piel.
Soobin estaba avergonzado, tratando de impedir que la escena pasara a mayores. Justo cuando fue dejado sobre el regazo del más bajo, el aliento del rubiecito se congeló al ver que Taehyun los veía de reojo. Con nerviosismo, le dedicó una sonrisa dulce, distrayendo al joven Alfa antes de que este se colocase sus airpods, cerrando sus ojos mientras recostaba a un desinteresado y agotado Beomgyu sobre su hombro.
Le avergonzaba tanto que el chico fuese tan inteligente como para saber las intenciones del pervertido Alfa atrás suyo.
—¿Qué te asusta, precioso?—había susurrado con descaro Yeon sobre su sensible oído.
—¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?, ¿Cuánto falta?—Se preguntaba el avergonzado Omega rubio, quien intentaba ocultar discretamente la gruesa y dura erección que "apenas", valga la redundancia, restregaba su Alfa contra su trasero.
Como si el jodido movimiento de la camioneta estuviera diseñado para torturarlo, cada sacudida obligaba al bonito Omega a morderse los labios para sofocar un gemido, ganándose a cambio una sonrisa socarrona del hombre de cabellos oscuros.
Iba a matarlo.
Leyendo al parecer los pensamientos de su bonito Omega, Yeonjun acomodó nuevamente a su pareja sobre su propio regazo, enfrentándolo y rodeando su cintura con firmeza para evitar que cayera de espaldas para evitar cualquier caída.
Aunque de todas formas no le importaría verle desde arriba en esa posición.
El solo pensamiento le hizo relamer sus labios, cautivado por esos ojitos grandes que le miraban con curiosidad y hasta ternura. Era como si los pequeños berrinches del más joven se hubiesen calmado con solo haberse visto mutuamente.
La nariz del rubiecito comenzó a moverse inconscientemente, acercándose hasta el cuello del Alfa para sentir de lleno su reconfortante aroma, haciéndole ronronear.
Llevaban un largo camino oliéndose mutuamente, disfrutando de la cercanía del otro, siendo el Alfa quien escuchaba los adorables ronroneos de su Omega en cinta, y ese aroma dulzón solo aumentando de sobremanera que lo mareaba.
Lo deseaba.
—¿Qué pasa, lindura?—cuestionó el de cabellos oscuros cuando el menor se separó, tras haberle dejado un pequeño lametón en el cuello que le provocó al rubio un escalofrío por toda la espalda.
—Y-Yeonjun—Soobin le miró con los ojos bien abiertos.
El Alfa frunció el ceño, alarmado por el tono del menor, listo para montar un escándalo ante cualquier imprevisto. Sin embargo, su actitud cambió al notar el tierno rubor que azotaba las mejillas de su pareja y, un segundo después, fue que pudo percatarse, o mejor dicho, sentir, el problema, con sus manos.
Soobin estaba lactando y lubricando en medio del trayecto de la camioneta, siendo esto último lo que había traspasado la tela de su pantalón, llegando a humedecer incluso los dedos del Alfa.
—J-Junnie.
Soobin ocultó su avergonzada carita en el pecho del más bajo, negándose a salir de allí.
El olor del pastel de fresa se había incrementado, atrayendo inevitablemente la atención de los presentes. Incluído del mismo chófer, quien intrigado, lanzó una mirada furtiva a través del retrovisor.
—Son las hormonas.
Dicho eso, el Alfa se ganó un golpe sin fuerza en el pecho por parte de su avergonzado mate.
Yeonjun llegó al hotel abrazando a su Omega por la espalda, enterrando su nariz entre el espacio del cuello y hombros del más alto. Soobin ladeó la cabeza, suspirando gustoso, le estaba dando un acceso más directo al mayor para impregnarse de su aroma.
La Maknae Line fue la primera en ir a pedir comida, excusando a ambos mayores para que solo ingresaran a la habitación que ambos compartían.
Una vez ahí, el rubio pudo soltar un aliviado suspiro al desprenderse del parche, del mismo tono que su piel, que durante las presentaciones de esos agitados días le habían estado cubriendo la gran mancha sangrienta y rojiza que su Alfa le había hecho especialmente para él; un pequeño truco —o distractor potencial, como le gustaba decirle— para evitar que los fans centraran su atención en esa zona en específico de su cuerpo.
En redes aún se divagaba la noticia de por qué "aún" no había sido marcado por su pareja, cuando claramente llevaba orgullosamente por las noches aquel símbolo tan significativo y amoroso para ambos.
Tenía que admitir que la primera vez le había dolido como la mierda, su Yeonjunnie tenía una mandíbula demasiado fuerte y sus grititos de perico recién nacido eran la prueba suficiente de cuántos se habían enterado de lo ocurrido al día siguiente.
En cuanto a su embarazo, no se preocupaba. Sabía que aquellos MOA y no MOA que no aceptaban su relación con Yeonjun volverían a hablar y los atacarían, pero confiaba plenamente en que el resto de sus fans los cuidarían y defenderían, a parte de que contaban con el apoyo de la empresa, sus amigos y familiares.
No tenía por qué estar asustado, menos a esas alturas.
Sí, admitía que el día que se lo dijeron a su Manager él empezó a llorar como un pequeño niño indefenso, escondiéndose detrás de su hyung porque se negaba a escuchar regaños y palabras feas hacia ambos.
Pero su amoroso hyung había estado siempre frente a él y su bebito, defendiéndolos y calmando al pobre beta que, más que enfadado, solo intentaba mantener el orden.
Al salir del baño, una vez ya había controlado su lactancia y el extraño deseo abrumador de ser follado por su mayor horas antes en la camioneta, Soobin dió un pequeño brinco cuando fue tomado por sorpresa entre los brazos de su Alfa.
Ya era muy tarde, estaba cansado y el colchón era realmente tentador.
—¿Hyung?
El mayor no respondió.
En cambio, Yeonjun solo comenzó a olfatear su cuello, al igual que en la camioneta, dejando expuestas sus partes lobunas; al menos lo que constaba de sus orejas y cola, la cual meneaba constantemente con insistencia.
—Hyungie, ¿qué ocurre? Desde ayer estás muy berrinchudo—dijo Soobin con un puchero, acariciando el pecho su Alfa—¿Es el estrés?—preguntó, pegando su carita a la cabeza de cabellos oscuros—. Vamos a dormir, Junnie.
El lobo de Soobin se removía algo inquieto, ronroneando feliz al sentirse cubierto por el aroma del de cabellos oscuros, el cual se había intensificado deliberadamente para que no le prestase atención a otra cosa.
Típico narcisista egoísta, su Alfa solo quería que le prestase atención.
Estaba por dormirse en los brazos del más bajo cuando el rubiecito Omega volvió a dar un pequeño brinco, al sentir que Yeonjun le nalgueó en lugar de haberle respondido sus preguntas, dejando una de sus manos apretar a su gusto esa zona, mientras su cadera era aprisionada por la otra.
Sus labios habían sido tomados con más fuerza de la característica, haciéndole jadear apenas Yeon le permitió inhalar por unos segundos algo de aire.
Las piernas de Soobin flaquearon, obligándole a sostenerse de la mesita de noche de aquella habitación para evitar golpear su vientre. Sintió cómo las manos de Yeonjun tomaban sus glúteos y los separaba, permitiéndole ingresar su lengua hasta su dulce anillito, quien comenzó a recibirlo gustoso.
La lengua del Alfa exploró su interior con una determinación que lo tomó por sorpresa. El Omega cubrió sus labios con ambas manos, ahogando el agudo gemido que escapó desde el fondo de su garganta.
Eso era nuevo.
Era la primera vez que Yeonjun tocaba esa zona con otra cosa que no fueran sus dedos o su propio miembro.
Dios, ¿se iba a desmayar? Se sentía tan malditamente bien.
—¡Junnie!—chilló, con sus ojos ahora cristalizados, soltando otro agudo gemido apenas Yeonjun introdujo su mano derecha por debajo de su camisa, la única prenda que cargaba realmente, ya que su pantalón de pijama y su ropa interior ahora vagaban por alguna parte de la apenas iluminada habitación, comenzando a jugar con sus erectos pezones—J-Junnie—sollozó con un marcado puchero, dando otro pequeño brinco cuando la respiración del Alfa se posó cerca de su oído.
—Te estás poniendo tan húmedo, bonito Omega.
Los labios del menor volvieron a separarse de la sorpresa, pero no tardó mucho, puesto que un cosquilleo algo extraño comenzó a pinchar el hogar de su cachorrito. Probablemente ni siquiera provenía de allí, pero si podía sentir claramente que el solo escuchar la voz del lobo interno de su Alfa, le había hecho más sumiso ante sus toques, mojándolo y accidentalmente volviéndole a hacer lactar.
¡No!, ¡Estaba volviendo a lactar!
¡¿No era normal lactar cuando uno se calentaba, verdad?!
Se supone que esa cosa en su pecho solo debía salir más adelante, cuando ya tuviese a su cachorrito.
—A-Apenas había podido controlarlo—se quejó en un pequeño berrinche, arqueando su espalda cuando un espasmo recorrió todo su cuerpo.
El Alfa pegó su rostro a sus hebras rubias, inhalando el rico aroma de su pequeño.
Ingresando lentamente en aquella cavidad que tanto amaba, el Omega se sostenía fuertemente de los brazos del de cabellos oscuros, temblando ligeramente por la expansión e intromisión en su parte baja, mordiendo su labio inferior mientras sus ojitos eran cerrados con fuerza.
—Mi bello Omega. —murmuró Yeonjun, con voz ronca.
—Q-Quizas deberíamos parar... N-No sé si sea buena idea hacerlo en mi estado—comenzó a decir un poco nervioso el joven Omega, gimiendo bajito cuando sentía las pequeñas estocadas del mayor—¿E-Esto es correcto? N-No he hablado con mi médico antes—el rubio Omega se apegó al pecho de su Alfa cuando las estocadas aunque lentas, fueron ganando profundidad.—H-Ha pasado un tiempo desde la última vez...
—Estarán bien, yo sé que hacer.
—¿S-Seguro?—Soobin soltó otro pequeño gemido cuando el Alfa lo pegó un poco más a la pared, apartándolo lejos de aquella mesita y cualquier otra zona donde su cachorrito pudiese verse herido—A-Alfa, mi cuerpo cambia, s-se está preparando para adaptarse a nuestro bebé, s-seré incluso más sensible y...—Soobin negó levemente, sintiendo un pequeño cosquilleo cuando el Alfa comenzó a acariciar su vientre con suavidad. Su respiración se estaba tornando más pesada, haciéndole jadear sofocado—T-Tendré que tener aún más cuidado, pero aún así, sabiendo esto, yo, no entiendo por qué...—el rubiecito contuvo la respiración al notar que aquellos profundos ojos oscuros le veían fijamente, sintiéndose realmente pequeño ante su presencia—M-Me siento tan caliente.
Solo un pequeño roce de labios había sido suficiente para mojar aún más al rojizo Omega rubio, quien cayendo poco a poco en los encantos de su pareja, comenzó a intensificar sus besos, drogando al de cabellos oscuros.
Soobin amaba los besos, pero por el bienestar de los tres, no podían llegar demasiado lejos si querían tener al menos un poco de compostura para sus compromisos de las siguientes horas.
Pero se sentía tan deseado... Quería tener a su Alfa dentro.
Era extraño.
Era como si el celo se hubiese apoderando de ambos.
Un segundo...
—¡E-Estás en...!—los labios del mayor le callaron antes de que pudiese continuar con su afirmación.
El avergonzado Omega comenzó a sudar frío cuando la puerta de la habitación había sido tocada en un breve llamado.
« Santa Diosa Luna, dime que la puerta tiene seguro» Casi chillaba entre pensamientos el pobre rubiecito.
Solo bastó un gruñido bajo y gutural de advertencia de Yeonjun para que nadie más se atreviese a molestar. Sí, definitivamente su Alfa estaba en celo y aquello había alterado sus hormonas por estar en cinta.
Sus aromas combinándose y perfumando el ambiente, la pareja no podía sentirse más extasiada que con eso, sintiendo la cercanía de sus cuerpos, los colmillos del lobezno amenazando con volver a rozar la suave y nivea piel de su pareja era una promesa constante de lo que vendría.
Las manos del más joven fueron apresadas contra la pared por las más pequeñas del mayor, impidiéndole moverse libremente.
Soobin no podía callar sus gemidos por más que luchaba contra si mismo. Cada vez que Yeonjun le tocaba tan bien, se derretía.
Su espalda se arqueaba conforme las embestidas a su persona eran más profundas y certeras, su Yeonjun, masturbándolo y llenándole de besos era algo que no sabía que le haría tanta falta luego de entrenamientos y presentaciones tan exhaustivas.
No se había sentido estresado por el bien de su cachorrito, pero de verdad era tan reconfortante sentirse tan liberado.
Un ronco gemido fue lo que escapó esta ocasión cuando logró eyacular sobre la mano del de cabellos oscuros, sintiéndose realmente cansado cuando este se corrió en su interior, permitiéndole recostar su perlada frente de la pared, jadeante.
El semen comenzó a caer por esas blanquesinas piernas, manchando el suelo apenas llegaban a los pies del Omega. Yeonjun veía los rojizos labios de su pareja temblar, sabiendo de sobra lo que le exigía, por lo que, sin prisa alguna, comenzó depositando pequeños besos hasta intensificarlos, desesperando al menor cuando los llevó al centro de la cama, donde comenzó a jugar con los húmedos pezones de su adormilado pequeño.
—¡N-No!—espetó Soobin de repente con las mejillas más rojizas que antes, intentando separarse del Alfa—N-No... P-Podemos seguir, h-hay muchas personas fuera, no bastará con decirles que y-ya estamos descansando.
Y es que aquella excusa era dicha, porque a Soobin siempre le daba vergüenza mirar los ojos profundos de su Alfa mientras era tomado con fuerza o dulzura por el lobezno, precisamente en esa posición, donde Yeonjun podía ver todas sus expresiones.
No importaba si ya habían pasado algunos pocos años desde su primera vez, para él seguía siendo vergonzoso, ¡y más ahora sabiendo que alguien podría llegar a verlos en esa situación!
El Alfa había movido sus orejas atento, Soobin creyó que parecía un cachorro.
—No te resistas, Omega—el rubiecito volvió a gemir a gusto cuando el aún erecto miembro del Alfa ingresó en su interior, ensanchando aún más sus paredes, estaba tan profundo que ante las primeras embestidas Soobin estaba perdido. Se sentía realmente bien—Eres un Omega tan bueno, tan bueno para tu Alfa—Soobin asintió con orbes llorosos, por culpa de su calenturiento hombre, ahora él volvía a tener ganas de ser follado.
Yeonjun tenía al más alto controlado por su cadera, siendo "algo" cuidadoso en dejar marcas rojizas por su agarre. La piel de su mate era tan suave y brillante, que tentación y dilema más complejo el decidir si adueñarse de ella o no.
A la mierda, sí lo haría.
Soobin apenas balbuceaba su nombre, su mirada toda acuosa y brillante no podía enfocar al mayor con facilidad, al contrario, apenas era capaz de distinguir que lo que estaba viendo era el techo de la habitación, aferrándose a las sábanas, mientras su Alfa colocaba sus pálidas piernas por sobre sus hombros, embistiendo aún más profundo y con certeza el punto dulce de su pareja.
Siguió con su tarea de mordisquear levemente las zonas cerca de su vientre, depositando en este cariñosas lamidas, saludando al cachorrito aún en formación.
Yeon sonrió un poco burlesco cuando, al correrse, admiró la exhausta mirada de su Omega. Por lo que lo tomó en brazos, alzándolo para que quedase sobre su pecho, mientras él lo sostenía firmente desde sus antebrazos.
—No te duermas, cariño.
—¿Eh?
Los labios del Omega se separaron para soltar un sorprendido gemido, los vaivenes que el Alfa hacía con su pelvis contra sus ahora rojizos glúteos habían logrado ingresar a su anillito con mucha, pero mucha más profundidad, gracias a lo dilatado que estaba por las eyaculaciones anteriores del mayor.
La cama era un desastre, se había convertido en un campo de batalla; las sábanas estaban revueltas, la mayoría de las almohadas se encontraban en el suelo y la madera chocaba constantemente contra el suelo y la pared.
Agradecía que por lo menos no se encontrasen habitaciones cerca de la suya, puesto que se habían estado quedando en las últimas disponibles de los anchos pasillos, no obstante, ahora temía por los "vecinos" de arriba y abajo de ellos.
El celo de su Alfa estaba cercano a llegar a su máximo punto de calor, para ese entonces, ese desgraciado y pervertido lobezno dejaría de hablarle coherentemente, tan solo le gruñiría para intentar comunicarse.
—¡J-Junnie! N-No hagas... ¡Ah! A-Alfa el cachorro, ¡recuerda a... Al c-cachorro! ¡Alfa!—el cuerpo de Soobin temblaba y se estremecía ante cada nueva embestida. Cerró fuertemente los ojos, llevando su cabeza hacia atrás—¡E-El señor Jisoo puede venir, Junnie!
El Omega se sentía mareado, no solo por la deliciosa sensación de ser penetrado por Yeonjun en su punto dulce, si no también por la enorme cantidad de feromonas que cubrían toda la habitación.
Lo más probable es que todo el piso del hotel estuviese oliendo a su Alfa en celo.
—¡M-Me vas a matar!—gritaba agitado, sollozando por la deliciosa sensación que aturdía su cabeza—¡Alfa me vas a matar! S-Se siente tan bien—Yeon volvió a besarlo, provocando que un pequeño hilo de saliva cayese por la comisura de los labios del menor—¡Ngh!
El Alfa, dominado y cegado por los pensamientos de su Lobo, solo quería volver a anudar a su pareja sin importar si estaba preñado o no. Quería que lo tuviera todo.
Soobin, quien hace tiempo había ya clavado sus pequeñas uñas sobre el pecho del Alfa, soltó un chillido agudo al sentir cómo seguía creciendo su pareja dentro de su interior, haciendo temblar sus piernas aunque el Alfa lo sostuviera contra si, impidiéndole caer.
—¡Y-Yeonjunnie!
El Alfa recostó nuevamente a su agotada pareja contra el colchón, besando sus húmedos ojos y sus acaloradas mejillas, notando cómo su cuerpo presentaba espasmos y de sus labios aún salían incoherencias.
Al menos eso había calmado a su Lobo, por el momento, ya que ya se había liberado su primer nudo del celo, quedaban dos nudos más.
El jadeante y rojizo Omega colocó uno de sus brazos sobre sus ojos, soltando extensos suspiros conforme Yeon lamía descaradamente la leche que brotaba desde su pecho, embistiéndole y sacudiendo el colchón donde se encontraban.
—Se supone que eso es para tu hijo, Alfa pervertido.
—Se supone, por ahora es solo mío.
Yeonjun lo tenía sujeto por sus brazos, impidiéndole a su espalda terminar de recostarse sobre el colchón, sus piernas flanqueaban a pesar de estar aferrándose a la cadera del Alfa, sintiéndose cada segundo más húmedo que antes.
Soobin gemía placenteramente cada que sus labios eran tomados por los de su mayor, pidiendo por más de sus labios cuando se separaban para inhalar aire.
El rubiecito Omega gritó el nombre de su Alfa en cuánto alcanzó el clímax, viniéndose entre su estómago y el del de cabellos oscuros. El embarazo lo tenía realmente sensible, se excitaba rápido y para su frustración, había descubierto que se corría aún si apenas era rozado por su mayor.
Yeonjun pasó sus manos por el vientre del rubio Omega, arqueando la espalda de Soobin por el sensible contacto contra su cuerpo.
Aún podía recordar su primera vez con el mayor, el cómo su poquita inocencia había sido tomada por ese macho de filosos colmillos y mirada coqueta, y la extrema vergüenza cuando su madre pegó un grito al cielo al enterarse que su pequeño bebé ya estaba marcado, llamando rápidamente la atención del resto de sus familiares.
Ya estaba seguro de escuchar nuevamente esos gritos cuando se enterasen que un nuevo miembro iba a llegar a ambas familias.
—Te veías jodidamente lindo en nuestras últimas presentaciones—El de cabellos oscuros gruñó cerca de su oído, erizando su piel mientras sentía las calientes manos del mayor recorrer con mortal lentitud sus muslos—Y tu olor tan exquisito... Solo me estaba embriagando—Soobin soltó un pequeño gemido cuando la húmeda lengua de Yeonjun pasó por todo su cuello, haciéndolo sentir pequeño—¿Por qué tengo un Omega tan hermoso? Las personas no dejaban de observarte, aún si estabas solo o con nosotros en la tarima, y ni hablar de cuando veían tu lindo culito moverse—Yeonjun tomó las nalgas del Omega y las amasó a su antojo, volviendo a retomar las embestidas de antes con un ritmo algo irregular. El Alfa sonrió ladino cuando vió la cara rojiza de su príncipe transformarse en muecas de placer, algunas veces de súplica—Que bendición tener tu bello cuerpo únicamente para mí.
—A-Alfa—Soobin mordió su labio inferior con algo de fuerza, soltando pequeños sollozos por el vaivén entre su húmeda y ahora rojiza entrada, contra el miembro del mayor.
—¿No llegaste a quedar ciego en en el escenario porque no te pusiste a tiempo la venda, verdad bebé?—Soobin asintió, aferrándose a la espalda de Yeonjun en un abrazo, enterrando incluso sus pequeñas uñas en la espalda del de ojos almendrados—Te veías tan sexy mordiéndola con tus dulces labios, y aún así te atrevías a disculparte con todos nosotros.
Acontecía que durante su última presentación, Soobin no llegó a tiempo para amarrar una venda sobre sus ojos para hacer un dueto a ciegas con su Alfa, algo que le irritaba bastante por tantas horas de ensayo, así que había optado por ponerla en sus labios, como un maldito perro.
Aún si se insultaba en su mente por tan jodido error, al público le había parecido una acción muy seductora. No faltaría en internet algún comentario obsceno hacia su persona, o inclusive, que ya estuviera en alguna fantasía con alguien ajeno a su pareja.
—¡A-Alfa!—Suplicó a gritos cuando Yeonjun aumentó las embestidas, teniendo su rostro cerca de los oídos del contrario, aturdiendo y endulzando al de cabellos oscuros con su chillona y en ocasiones, ronca voz.
La mitad del cuerpo de Soobin pendía del colchón, a excepción del brazo donde Yeonjun lo sostenía, mientras una de sus piernas se encontraban descansando entre las sábanas y la otra se encontraba en el aire, sintiendo con más profundidad el falo de su Alfa, haciéndole gritar por la exquisita sensación.
Sus lagrimosos ojos se abrieron de a poco luego de sentirse completamente lleno del esperma de su pareja, sintiéndolo salir y verlo ahí, todo bañado de ese líquido blanco en su punta, mientras de su parte baja salían chorros y chorros con forma de hilo de este mismo.
Ya solo quedaba un último nudo, y para ese entonces, su Lobo Omega ya había hecho aparición.
Yeonjun volvió a relamer sus labios, jugando con la entrada de su pequeño, sacando y metiendo únicamente la punta de su pene, viendo el puchero que Soobin formaba por no tenerlo todo.
Escuchó el más delicioso gemido de su mate al morderle una de sus orejas mientras su peluda cola lobezna era jalada entre sus manos.
Y su anillito expuesto tan rosado, apretado y húmedo como a él le encantaba.
El joven Omega no tenía de qué preocuparse, porque lo tuvo todo, y de una sola estocada, provocándole un nuevo grito de sorpresa.
Sus ojitos se mostraban nublados y perdidos, la baba se escurría de la comisura de su boca.
El Omega más deseado de la actual generación en todo el territorio, era suyo.
—¿Te gusta, bebé? ¿Se siente bien?
—S-Se siente... M-Muy bien—Intentó decir en medio de sus lágrimas, soltando pequeños gruñidos y dulces gemidos.
—He querido comerte desde hace algunas jodidas horas. No sabes cuánto...—Soobin volvió a gemir, llevando su cabecita hacia atrás. Yeonjun lo torturó un poco, dándole pequeños mordiscos—Dolía mi polla estando atrapada dentro de ese ajustado pantalón, dolía tanto... Porque no podía comerte en público, pero no sabes cuántas ganas tuve de hacerlo, no sabes cuántas ganas tuve de follarte al verte vestido tan lindo, ese traje resaltaba toda tu belleza. Me importaba poco que un millón de personas nos estuviesen viendo, solo quería hacerte mío.
—Alfa...
—Recibeme, Omega. Todo.
Soobin arqueó la espalda nuevamente al sentir su marca ser reabierta por los filosos colmillos del Alfa, sintiéndose realmente mareado y sin fuerzas.
—¿No crees que es muy tarde para estar comiendo papitas? Van a ser las cuatro de la madrugada, bebé.
Soobin arrugó la naricita, si él y su cachorrito tenían hambre, tragaría lo primero que viese. Así que amenazó al Alfa, apuntandole con una papita.
—Las cuatro de la madrugada y un carajo, Yeon, ¡tenemos hambre!
—Aún no es el mes de los antojos, no empieces con eso —respondió el Alfa, robándole una papita al más alto mientras negaba con la cabeza—. Y esto no es muy sano que digamos.
—¡Mi papita!—el Omega rubio se abalanzó sobre el mayor, buscando recuperar su preciado alimento, no obstante, se terminó cansando y quedando sobre el pecho descubierto del contrario, formando un puchero—J-Junnie...
—¿Si?
—C-Creo que la gente me mirará extraño mañana en la presentación de Hoseok hyung y los chicos de Enhypen—confesó Soobin con un puchero—Cuando me vean caminar...
—Cuando te vean caminar, sabrán que le dí mucho, pero mucho, amor a mis dos cachorros—respondió Yeonjun, besando las esponjositas mejillas de su pareja—Pero si se pasan... Verán por qué soy tu Alfa—Soobin le dió un pequeño golpe en el pecho, su lindo pucherito seguía estando marcado en sus labios.
—¡Hyung! No asustes a MOA.
—Amo a MOA—se sinceró, formando una sonrisa—Pero no tanto como a ustedes—dijo, dándole un pequeño piquito a su avergonzado Omega de rubios cabellos—¿Te sentaras mañana a mi lado si es que vamos?
—Hmm.. Solo si Hyung me da muchos, muchos mimos. Y mis papitas—Soobin lo pensó un poco más, abriendo sus ojitos—¿Cómo que “si es que vamos”?— preguntó, sospechando de la mirada traviesa de Yeonjun —¿Hyung?
—¿No quieres que nuestro pequeño tenga otra rica sesión de masajes?
Yeonjun rio bajito al ver cómo las mejillas de su pareja se teñían de un furioso color rojizo ante su picardía.
—¡N-No, No, espera!—comenzó a gritar cuando su pareja se le abalanzó encima.
Soobin amaba ser follado por su Alfa estando en cinta, no importaba cuánto dijera o gritara lo contrario.