Capítulo 1
El día libre y el inicio del todo
JADE
—Lista para una noche que no olvidaras jamás
—¿Tengo otra opción?
Coloco otra cucharada de cereal con leche en mi boca mientras observo a mi amiga beber de su taza de café.
Está empecinada en querer ir a un club nocturno esta noche.
—Tienes que aprender a soltarte más, salir y experimentar cosas nuevas es lo mejor para ti
—Lo mejor para mi es una buena película, una caja de cigarrillos caros y un sofá con mantas suaves— respondo divertida
—Pues es una verdadera lástima porque hoy, tú y yo iremos en busca de una resaca mortal y esa es mi última palabra, punto— culmina decidida
Ruedo los ojos y dándome por vencida asiento con la cabeza dándole la razón a Kira, la rubia pecosa de nariz perforada, labios rosados, cejas tupidas y ojos grises que conozco como mejor amiga.
—Tengo que ir a trabajar, pero 9pm llego a casa, lo que significa que tienes que estar lista, quiero ver tus labios brillando y tu cuerpo enfundado en un hermoso pero sexy vestido, te adoro chimenea—
Gruño al oír su odioso apodo, termina su café y besa mi coronilla y se dirige a la puerta para así desaparecer de mi vista. Lanzo un suspiro y me paro de la mesa. En un instante termino de lavar los platos y sin demorar me lanzo al mueble a perder el tiempo un rato.
Me masajeo los cienes y enciendo mi teléfono percatándome de que tengo varias notificaciones sin revisar, la mayoría son correos de la universidad, mensajes de algunos amigos y unos cuantos de mi padre. Los reviso y contesto uno por uno, pero ignoro totalmente los de mi progenitor.
—No tengo ánimos de discutir contigo, hoy no papá― apago el teléfono y lo coloco en la mesita de centro.
Recuesto mi cabeza y respiro hondo gozando de la tranquilidad de la mañana, sin embargo, mi paz es interrumpida por unos maullidos, mi sonrisa no se hace esperar porque sé que él está cerca.
―Hola Mitones― solo recibo un miau como respuesta de su parte― ¿Tienes hambre amigo?Si, seguro que sí, vamos a alimentarte.
Alimento al obeso animal y aprovecho que me levante del sofá para buscar mis cigarrillos, necesito una para relajarme.
Sostengo uno entre mis dedos para así encenderlo, segundos después el humo está siendo expulsado por mi boca cual locomotora Tomas y sus amigos.
―Tú sacias tu hambre y yo la mía, así que no me juzgues― hablo con el gato mientras él me ignora y solo se concentra en su preciada comida.
Uno, dos, tres...es la cantidad de pequeños tubos de nicotina que ingiero. El resto del día me dedico a revisar unos asuntos pendientes de la universidad y luego mato a mis neuronas con un poco de Netflix.
Me gusta aprovechar mis días libres ya que mi jefe es un verdadero idiota explotador, el gato se acomoda en mi regazo y mis manos por si solas lo acarician hasta quedarme dormida sin siquiera darme cuenta.
...
Unos ligeros ruidos en la puerta logran despertarme, me levanto rápidamente y automáticamente la puerta se abre dándole paso a la rubia pecosa que al darse cuenta de mis fachas hace una mueca fingiendo enojo, aunque sé que en realidad quiere reírse.
― Quiero que verte ya mismo en el baño duchándote mientras yo busco un vestido para ti— ordena de manera sagaz
―De acuerdo, pero antes de todo dime qué hora es, el sueño me venció y no recuerdo ni como me llamo, solo sé que un gato se aprovechó de mi inocencia para que le acariciara las orejas
―Ocho y media de la noche y no culpes Mitones de tu amor a dormirte en el sofá― contesta dirigiéndose a las habitaciones― ve a ducharte―al ver que no me muevo de mi lugar vuelve a hablar―no pienso repetirlo
―Está bien, ya te capté el mensaje― obligo a mis pies a dirigirse al baño para cumplir con la orden que recibí
No demoro mucho en arreglarme para la dichosa salida, al finalizar miro mi reflejo en el espejo y observo complacida que con la ayuda de Kira logre hacer magia y para que mentir, luzco decente.
Mi cabello negro cae en ondas, mis ojos delineados, rubor suficiente, labios brillosos y nariz respingada. Mi silueta es agradable a la vista y eso me hace sentir bonita.
Me coloco mi chaqueta no sin antes asegurarme de guardar mi caja de cigarrillos y encendedor de plata.
Chica prevenida, vale por dos.
La rubia pecosa no se queda atrás, luce despampanante con su maquillaje y sus labios escarlata. Ella es más de esas chicas a las que les fascina maquillarse de una forma llamativa y lo hace de maravilla.
― ¿Estás lista mi pequeña chimenea?
―Supongo que sí― le contesto pasando por alto el odioso apodo
―Entonces, es hora de irnos chimenea― dice eufórica tomando mi mano y llevándonos hacia la puerta
Solo me dejo guiar por ella, luego de asegurar el departamento nos ponemos en marcha al dichoso club. La rubia es quien se encarga del transporte, en conclusión, tomamos un Uber.
Esta noche promete traer sorpresas, tan solo espero que sean buenas.








