Enfermo de amor |Sesshome

Summary

La princesa humana anheló tanto el amor del príncipe híbrido, su prometido, cuyo corazón le entregaba a una amante de baja categoría. Pero ella no pudo soportarlo, quería su felices para siempre junto a él, por lo que, a pesar de las advertencias de las brujas, pide una poción de amor. Que lástima que el destino le entrega la bebida a la persona equivocada, cuyo corazón jamás ha amado. Ahora, el Rey finalmente la mira, pero su hechizado amor es más poderoso de lo pensado, volviéndose obsesivo. Sin embargo, ¿qué más hermoso que un daiyokai de élite dándole su devoción hasta la médula?

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

Recuerdo haber huido en lo más profundo del bosque tras enterarme que mi prometido; el príncipe Inuyasha, había estado engañandome con una sirvienta. Sin embargo, no fue para escapar. Se trataba de un pensamiento mucho más grande, incluso aterrador: Fuí directo a la cueva del lobo a pedir ayuda. Nunca me había sentido más desesperada por amor. Solo deseaba que su pasión sea dirigida hacía mí, y que al fin podamos casarnos en completa paz.


El amor unilateral se había convertido en un calvario constante con el pasar de las fechas, sin embargo, tampoco podía escapar del infierno. Nuestro matrimonio se trató de una alianza entre reinos, así que me ví estancada en el fracaso. Pero, una idea aterradora cruzó por mi mente esa noche tan dolorosa; pedirle ayuda a las brujas. Aquellos seres que les gustaba escabullirse en las profundidades del bosque, pero que a su vez fueron aislados de la sociedad por ser engañosos. Esa fue la primera razón por la cual, mi instinto gritaba que no lo hiciera. Sólo me condené a mi misma.


—"Una princesa en busca de amor.., qué adorable" —había dicho la primera, bromista.


—"¿Te han roto el corazón, princesa? — Sonrió, con su dentadura perfecta —. Pero te gusta sufrir, ¿cierto? En vez de buscar venganza, pides una poción de amor para arrastrarte con quien te lastimó".


—"Eso es miserable. Das lastima" —continuó la tercera bruja, pero mantuve mis palabras para mí misma.


Dejé que me insultaran porque eran las únicas que podían ayudarme. Aún así, mis lágrimas contenidas le demostraron que tenían razón.


—"Sólo... por favor. Deseo que me amé, que sea la única ante sus ojos". — Había suplicado en tono roto, arrodillada de una manera que mis padres se decepcionarían de ver en una princesa.


Dos de ellas me rodearon, analizando la situación, mientras que la mayor que miraba desde su asiento, totalmente seria.


—"Podemos darte lo que deseas. Su amor por ti será... inconmensurable. Una gota de tu sangre en la poción y será tuyo para siempre. Sin embargo, ¿estás segura de ello, princesa? Una vez que el hechizo comience, no existe forma de detenerlo". — Se levantó, dándose la vuelta para buscar algo en su largo estante con botellas de vidrio, pero continuó hablando —. "Eres humana, él no lo es. En los yokais de raza pura afecta diferente, la efectividad es más fuerte". Fuí tan ingenua al corregirla. Las brujas se alimentan del caos, del sufrimiento, así que sabían exactamente lo que hacían y decían.


—"Mi prometido es un híbrido".


—"Por supuesto, tu prometido lo es..." —


Estoy segura que en ese momento, ella sonrió. Mi mente se nubló por la desesperación. Mi corazón se corrompió por un momento, pero solo eso bastó para destruir mi vida...




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Indecisa, abrió su mano cerrada en un firme puño, observando el pequeño frasco de cristal con un líquido carmesí en su interior. Solo debía vertirlo en lo copa de acero frente a ella y todo acabaría, tan simple como eso. Su felices para siempre tan cerca de lograrse. Sin embargo, su lado razonable no fue callado. Su cordura le exigió que no sea inmoral; la hizo dudar.


El tiempo la presionó cuando oyó pasos acercarse. Su única oportunidad se estaba escapando como arena entre sus dedos si no actuaba rápido. Ya no podía esperar, ni dudar. Conteniendo la respiración, vertió la poción en el vino rojizo de la copa. Su pecado escondido en el bolsillo de su vestido tan rápido como pudo.


Ciertamente, su madre estaría decepcionada al verla fingir una sonrisa amable cuando una sirvienta entró a la cocina. Ella no la educó para rebajarse así ante el amor.


—¡Princesa! —jadeó sorprendida la sierva mayor—. Creí haberle dicho que me encargaría de la bebida del príncipe, princesa Kagome. No sé hubiera molestado así. — Fue un regañó sutil, bromista, sabiendo que la noble era demasiado bondadosa como para castigarla como la mayoría lo haría.


Kagome se removió incómoda, apretando los puños detrás de su espada mientras negaba con la cabeza, sonriente, viendo insegura como la bandeja de plata con la botella y copa eran retirados en silencio por una sirvienta más joven, dejando la cocina tan pronto se estabilizó. La princesa volvió a enfocarse en la sirvienta mayor, asintiendo con la cabeza de manera descuidada. 


—Lo sé, sin embargo el príncipe tiene favoritismo por mis elecciónes de vino. Quise darle una bonita tarde. — La fácil mentira se deslizó por su lengua, ya habiendo sido practicada previamente. La sierva dudó, pero asintió de acuerdo poco después al recordar lo quisquilloso que era el príncipe.


—Es muy amable de su parte, princesa. Sin embargo, el que se llevará la sorpresa es el Rey. Es verdad que tiene un excelente gusto para elegir vinos —comentó casualmente.


La mente de la azabache dejó de concentrarse tan pronto escuchó la mención de su soberano. Su cordura se nubló por un momento, desorientada.


—¿E-el Rey Sesshomaru? —interrumpió a la sierva charlatana, perpleja —. ¿El tío de Inuyasha regresó al reino? Pero solo se llevaron una copa.


No, no, no. ¡Él no debe estar aquí!

Kagome sabía el conograma del príncipe y su tío; Todas las tardes se reunían para beber juntos, por lo que, si era consciente de la presencia de su Majestad, jamás hubiera llenado esa copa. El riesgo de una confusión podría perjudicarla para siempre.


La anciana se preguntó por qué de repente la chica parecía que estaba apunto de desmayarse. Incluso temió esa posibilidad al verla tan pálida.


—Su majestad regresó está mañana —respondió a medias, aún así, eso era lo que menos le importaba a la princesa. Su sangre hirvió de pronto, dando un paso adelante para tomar de los hombros con fuerza a la anciana asustada por el cambio de carácter.


—Pero solo hay una copa, Kaede, ¡¿dónde está la otra?! — Ella nunca gritó, jamás. La desesperación la superó.


—E-el príncipe Inuyasha tiene dolor de cabeza, así que decidió no beber hoy. La copa es para el Rey. — La anciana se encogió ante la enloquecida noble.


Sus manos temblorosas apretaron aún más su agarre, mirando a la mujer con pánico. Y aunque la anciana no lo entendía, deseó consolar a la princesa al verla en un estado tan vulnerable. Sus ojos llorosos suplicando una ayuda silenciosa.


Lo arruinó. Todo, estaba arruinado.





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—Nunca creí que escucharía semejantes palabras salir de tu boca, tío. — Inuyasha admitió, su manos queriendo tener una copa de vino para ahogar su evidente sorpresa. Aunque también, deseaba reírse.


—Eso es porque tu pequeño cerebro no entiende lo que es sentar cabeza, sobrino — Su burla logró sacarle la sonrisa al joven, quien bufó —. Tu inmadurez e incapacidad es notable en el reino luego de que tu padre me cediera la corona, y no a ti, como se esperaba. ¿Ahora entiendes mi elección de vida? — Su serenidad hizo que el príncipe se removiera en su asiento, tragando su orgullo, no podía perder sus estribos también.


El cuarto iluminado se volvió silencioso, aprovechando la oportunidad para beber de su copa detenidamente, saboreando un vino diferente a lo que acostumbraba. No sabía a nada igual, más dulce a su parecer, ¿lo habían envenenado de nuevo? Era poco probable, es inmune al veneno. Entonces, ¿qué era diferente? Olió el vino tras observar el contenido, no encontrando nada diferente aparte del sabor. Fue simplemente adictivo, por lo que vacío el contenido de inmediato.


—Aún así... — La voz de Inuyasha lo devolvió a la realidad —, ¿de verdad deseas casarte, tener hijos? No es una necesidad, tienes libertad absoluta siendo Rey, ¿por qué atarte así? Una persona lujuriosa como tú es imposible que sea fiel. — Intentó razonar.


Un Rey casado, con herederos, solo lo alejaba más del trono. Por eso aceptó casarse con la princesa para la alianza. Se sacrificaría por nada si Sesshomaru se establecía por completo.


—No es una necesidad la fidelidad ni felicidad. No se trata de amor, Inuyasha. Al igual que tú no le eres fiel a tu prometida con esa amante tuya. Son servicios para un reino prospero. — Culpó a la dulce bebida por su corazón repentinamente exaltado, ¿por qué sentía tanto calor? ¿Acaso sí lo habían envenenado, pero usaron una droga efectiva en él? Se perdió en su mente confusa.


Se sintió en un sueño sin estarlo, como si estuviera hechizado. Por lo tanto, no notó como la ira contenida de su sobrino fue en aumento, aunque nada que no pudiera controlar. Después de todo, él continuaba siendo de raza pura contra un híbrido.


Inuyasha gritó, enfurecido; —¡¿Por qué mencionas a Kikyo?! Por tu culpa ella está en las mazmorr-


Las puertas de repente se abrieron, de manera tan abrupta que irrumpió el griterío del joven. Ambas cabezas se giraron hacía invasor inesperado, obteniendo mismas expresiones de sorpresa, pero por razones diferentes. Inuyasha estuvo incrédulo, sorprendido por la audacia de la mujer por entrar de esa forma, sin una pizca de modales, siendo ella tan sumisa y educada. Tan extraño de verla en aquel estado tan desesperado, agitado.


Sesshomaru fue completamente diferente. Su sorpresa provino de todas las emociones armoniosas que generó su interior al verla. Nunca sintió nada igual, aferrandose a la calidez que le trajo su sola presencia. Jamás supo lo que era enamorarse, perdido en prioridades diferentes como para conocer a alguien, e incluso cuando tuvo oportunidades, no tuvo interés en mirar más allá. Para él, amar era una debilidad. Solo deseaba procrear una raza fuerte al emparejarse con alguien de su nivel, estar en lo alto con su pareja, sin importarle su estado. Con ese pensamiento, jamás miró más de dos veces a las humanas hembras y Kagome no fue una excepción el día que se conocieron en la reunión de alianza; esa fue la única vez que le prestó atención a pesar de haberse cruzado más veces. ¿Cómo no notó lo bella que era esa primera vez? No pudo dejar de verla. Su pecho incluso dolió, ahnelante. ¿Qué sucede con él? Por su parte, la princesa temió.


Ella claramente sabía lo que estaba pasando, notando como el Rey la miraba tan hipnotizado. Además, la copa en su mano lo delataba, era más que obvio, por lo que su corazón se sintió afligido. Jamás quiso involucrar a su Majestad, mucho menos a alguien tan frívolo como él.


Sesshomaru no conocía el amor, ¿cómo podría amarla adecuadamente?

No puede

. Creyó la azabache. Además, su corazón pertenecía a Inuyasha, ella no quería estar con Sesshomaru. Entonces entendió lo egoísta que fue su deseo, ya que al mirar al príncipe y no ver una pizca de amor en su mirar, tuvo el sabor amargo de la ironía.


—Princesa Kagome, ¿a qué se debe su interrupción tan abrupta? —preguntó el menos conmocionado de la situación, aunque continuaba afectado por la conversación anterior. Su ira apasiguada por la escena.


Kagome dudó su respuesta, no sabiendo bien que excusa inventar. Se quedó en blanco tan pronto asimiló que todo su plan fracasó, cambiando todo su curso. Se encogió de hombros levemente, como una dama no debería hacer, olvidando los modales por un momento. Sus ojos fijos en Inuyasha por miedo a mirar la ardiente mirada del Rey y quedarse sin habla.


—Iba a preguntar si el vino es de su agrado, sin embargo tropecé cuando quise llamar. Lamento entrar así, príncipe... — Bajó la mirada —, y Majestad —continuó su disculpa, manteniendo la cabeza gacha por los nervios.


Los ojos dorados del Rey la miraron con atención, mientras sus orejas puntiguadas se movían levemente al prestar atención a sus palabras;

¿ella eligió el vino?

Su mente comenzó a procesarlo al mismo tiempo que intentaba ignorar el fuego interno. El crecer de las llamas no fue capaz de atontar su inteligencia, la cual ataba cabos.


—El vino está bien —declaró con firmeza, apretando sutilmente la copa entre sus dedos antes de dejarla en la bandeja. Su voz no cooperó, sintiéndose diminuta bajo la atenta mirada depredadora. Solo deseaba que la expulsen de una vez para llevar su exuberante miedo a otra parte.


—Ya lo ha escuchado, princesa, puede retirarse. — Inuyasha fue su salvación, siempre tratando de alejarla, pero agradecida por ello.


—No —impidió de inmediato el Rey, ganándose la mirada incrédula de su sobrino, quién sabía que él no soportaba humanos a su alrededor —. Ella puede quedarse. Es tu prometida después de todo, ¿cierto? — Miró al menor, desafiante al esperar que él se opusiera.


La tensión creció de nuevo. Inuyasha apretó la mandíbula, pero no dijo nada, mirando hacia otro lado al asentir con la cabeza, aunque su expresión disgustada fue evidente.


No, maldición, solo quiero irme.


—Majestad, no quisiera... — intentó tomar valentía, pero su soberano no se lo permitió.


—Siéntate. — Fue una orden severa, sin lugar para negociar, lo que envió escalofríos en el cuerpo de la dama.


Sus manos sudorosas se frotaron contra su gran vestido para secarlas, caminando con delicadeza hacia ellos, lo cual le daba tiempo porque las damas elegantes 'siempre caminan lento', sin prisa. Eso solo era una patética excusa de etiqueta que decidió usar para retrasar algo que ya estaba frente a su nariz, viéndose más grande que un elefante en el cuarto. El silencio fue abrumador, pero decidió sentarse entre medio de ambos hombres, ¿por qué? Estuvo demasiado avergonzada de mover la tercera silla hacia otro lado, por lo que decidió aceptar la intimidación de estar justo en el eje.


—Sessh-


—Humana, —interrumpió a su sobrino, llamando la atención de la mortal —, ¿Qué pasó por tu mente al decidir ser tú quien se case con Inuyasha? He entendido que no eres la hermana mayor.


La pregunta tomó desprevenida a la pareja, quienes cruzaron miradas con diferentes significados, sin embargo, solo hubo amor en el mirar de la ingenua mujer, lo que ocasionó una extraña sensación en el pecho del Rey; incomodidad e impotencia. Quemaba como el infierno, y de alguna manera, anhelaba que de esa forma, lo mirara a él.


—¿Por qué preguntar algo tan personal? Si quieres saber, yo puedo responder a tu repentino interés. — El híbrido, por alguna razón, sintió el instinto de ponerse a la defensiva.


Kagome no dijo ni una palabra, volviendo su mirada hacia el daiyokai para observar su reacción. Éste le envió una advertencia al negar con la cabeza, fijo en su sobrino.


—Quiero que ella lo haga —declaró, sin apartar su atención para demostrar que no aceptaría ninguna objeción de su parte.


Inuyasha apretó los puños bajo la mesa, sin embargo forzó una sonrisa cortés, asintiendo con la cabeza para indicar que le daba el pase a su prometida, cuya saliva tragó para prepararse.


—B-bueno, conocí al príncipe en una de las reuniones habituales de nuestros reinos cuando comenzó el tratado. Me pareció... un buen hombre a comparación de lo que creían mis hermanas, así que decidí tomar la responsabilidad, Majestad —contó, omitiendo los detalles que, de hecho, se había enamorado profundamente en cuanto tuvo la posibilidad de conocerlo.


—¿Aún te parece un buen hombre? —cuestionó, colocando cabeza en la palma de su mano cuando apoyó el brazo en la mesa, con suma atención.


Kagome se sintió acalorada.


—Sí, por supuesto —afirmó. Quizás su corazón estaba roto por el engaño, pero pese a ello, el príncipe no fue más que amable con ella; lo único que no pudo darle fue su amor.


No se atrevió a verlo, centrada en su gobernante pese a la intensidad con la que la miraba. Sus ojos dorados dilatados en todo momento, como un depredador observando a su presa desde cerca, a punto de cazarla para hacerla pedazos. Sus manos se unieron nerviosas en su regazo, tratando de soportar lo mejor posible para no ser el conejillo que huía.


¿Qué es este ardor que siento?

Sesshomaru pensó, aferrado a la idea que algo le hicieron... Que algo le hizo...

Oh

. Una pizca de ira se encendió cuando lo comprendió;

ella

hizo algo.


Podía sentir la culpa emanar por cada poro de su piel, cada sistema nervioso trabajando duro, la respiración incluso irregular. La princesa se tensó cuando las pupilas dilatadas del Rey se volvieron pequeñas, como las de un felino. Las alarmas de alerta resonando en cada rincón de su mente ante el cambio de actitud de su señor, cuyo cuerpo tiró hacia atrás para recostarse en la silla, mirándola con cierto desdén. Eso no es algo que haría un hombre hechizado de amor.


¿Entonces el efecto es temporal? Siento como si estuviera apunto de cortarme la cabeza.

Temió la azabache, queriéndose esconder detrás de su prometido, quien no había dicho palabra alguna.


—Inuyasha, ¿no tienes una visita que hacer en las mazmorras? Escuché que cierto prisionero desea verte. — La repentina atención al nombrado le dió mala espina a la dama.


Quizás se sentía curiosa de por qué un prisionero querría verlo, pero más fue su miedo al comprender que el albino estaba echando a su sobrino, de la manera más sutil.

Rezaba para poder irse también, pero si ese no era el caso... suplicaba para que así fuera.


El joven miró a su tío con el ceño fruncido. Entendió el mensaje, pero no comprendió porqué la persona que le usurpó el trono decidía ser bondadoso al darle ese momento de esperanza.


—¿Puedo ir a...? —vaciló.


—Puedes —aseguró.


De inmediato la cabeza de la mujer se giró hacia el príncipe, sin entender y esperando una explicación, o al menos, una salvación.


—Princesa —exhaló el híbrido, sin saber que decir, pero parecía tener una gran desesperación por ir a ese lugar —. La veré en la cena. — Fue todo lo que ofreció, haciendo una reverencia a ambos una vez que estuvo dispuesto a casi correr fuera de la habitación.


Kagome se quedó allí, congelada y confundida. Él la había abandonado en la boca del lobo, sin ninguna excusa al menos para sacarla de esa situación. Su corazón anhelante, inquieto por alguna razón al sentirse decepcionada.


Se volteó hacia el Rey, tragando en seco al notar su mirada intimidante, pareciendo que estaba a punto de matarla en el perfecto momento de soledad.


—Entonces, Majestad, yo también me retiro para que pueda descansar. Seguro está cansado por su largo viaje. — Su cerebro trabajó rápido, eficaz, sin embargo, él no iba a permitirlo.


—Vuelve a sentarte, ahora. — La tensión en su cuerpo se acumuló en su estómago ante la orden, sintiéndose descompuesta mientras se volvía a sentar, con los nervios a flote.


—¿Desea hablar sobre algo conmigo? —preguntó con calma, aunque no podía controlar los temblores en sus manos, los cuales intentó esconder en la tela del vestido en su regazo.


—¿Qué es lo que tenía el vino, humana? — Fue tan directo que el corazón de la princesa pareció detenerse, incrédula por la veloz inteligencia de su gobernante incluso en un estado de hechizo.


No era capaz de admitirlo, sería la ruina de ella y su reino. Un enorme escándalo donde la princesa mortal le da una pócima al Rey inmortal; una deshonra y traición. E intentó no delatarse aún más cuando guardó la calma al ver que él se levantaba para acercarse a ella, sin apartar la mirada.


—Es uno de los mejores de la cosech- —chilló cuando la mano del Rey golpeó al costado de su cabeza, en el respaldo de la cómoda silla, para acercar su rostro al de ella, como forma para presionarla.


—¿Qué... —respiró cerca — tenía... — su nariz rozó su mejilla al acercarse a su oreja — el vino? —finalizó la pregunta, su aliento golpeando su lóbulo.


Por dentro, una abrumadora sensación de encerrarla entre su cuerpo y el respaldo para besarla se extendió por cada fibra de consciencia, pero luchó contra el instinto, sabiendo que solo era un efecto del hechizo.


Sabía que le hizo, jamás había sentido esto por nadie. Era evidente. Sin embargo, quería que la princesa lo admitiera. Necesitaba que sus dulces labios lo dijeran.


—Le juro que la bebida no era para usted, era para Inuyasha —solloza, tratando de controlar su respiración ante el llanto cercano —. Utilicé una pócima de amor —confesó, avergonzada y humillada por admitir tal acción desesperada.


—¿Amor? —saboreó la palabra, como si fuera desconocida para él, aunque fue el sentimiento que más repudió —. Joder —maldijo, apretando los dientes mientras soltaba una exhalación, alejándose finalmente de la mujer temblorosa —.

Amor

—volvió a decir, mirándola fijamente, sus ojos nuevamente dilatados.


—Por favor, castigueme a mí, fue mi culpa. Me dejé llevar por un sentimiento humano, mi reino no debe ser condenado también —suplicó con valentía, mirándolo con aquellos ojos llorosos que casi destruyen la voluntad del albino.


Deseó arrodillarse frente a ella para limpiar sus lágrimas y...


Chasqueó la lengua ante la debilidad momentánea.


Incluso habla como una buena futura soberana...

Resurgió su bestia desde lo más profundo, despertando de su largo sueño.

Merece nuestro amable castigo

. Aún así, fue ignorado.


La atención solo haría que sus palabras suban la intensidad hasta hacer que ceda a los efectos de la poción. Su castigo no era lo ideal para cualquiera, fue especifico y obsceno.


—En la noche iremos a ver a la bruja que le pediste ese hechizo —declaró, conteniendo todas las emociones primitivas que recorrían su ser.


La azabache se encogió en su lugar, sabiendo que la furia del Rey se extendería cuando se entere que el hechizo es irreversible, quizás incluso la asesine en ese mismo bosque, pero para entonces, tendría tiempo para asimilarlo antes de que la información llegara a él.


—¿Y qué pasará conmigo luego? — Ya sabía la respuesta, aunque fue esperanzador.


Kagome

. Se agitó la bestia ante la devastadora mirada de la dama, sus instintos gritando presionarla contra su cuerpo mientras le aseguraba que todo estaría bien, pero con un amor como el suyo, sabía que no habría tal aseguranza; jamás.


—Reza por misericordia. — No entendió por cuál razón lo dijo, si por dejarla vivir o por todo el castigo que tendría si no lograba romper el hechizo.


Aún así, fue suficiente respuesta para Kagome; —Sí, Majestad —comprendió y se despidió, haciendo una reverencia una vez que sus piernas pudieron mantenerla de pie.


Ni siquiera esperó la autorización, simplemente huyó como la cobarde que era, casi tan rápido como lo hizo su prometido, ignorando el pequeño detalle de que, ante su escape, Sesshomaru por instinto levantó el brazo hacia ella para detenerla, pero su lado coherente se lo impidió cuando su otra mano detuvo la acción, casi temblando para controlarse.


Ante la soledad en el lugar, miró su palma por un instante, para luego cerrar el puño con fuerza al tensar la mandíbula, su corazón agitado y anhelante, como el de un humano enamorado.


Fue repulsivo, el sentirse débil en su presencia y luego sentirse normal en su lejanía.


Hay que matarla

. Razonó Yako, su bestia, tan lucido como lo estaba el Rey antes de que la humana apareciera. Su majestad exhaló, totalmente de acuerdo. ⵈ━══════════╗◊╔══════════━ⵈ —Kuikuiry. Espero que les guste esta nueva historia, lo hice con mucho amor mientras estoy en un bloqueo de escritor.