Familia Jeon- Jungkook

Summary

El cuarto hijo de los Jeon era despreciado pr la ciudad completa de Incheon. Peleas, soledad, clases, el menor de los Jeon vivía en las calles a falta de hogar al que volver. Bae Uyeon, curiosa por la vida de Jeon Jungkook, acabó involucrándose en su vida a pesar de las numerosas advertencias. Siendo la delegada de la clase con peores medias del curso, se esfuerza con el propósito de mejorar la media y evitar las constantes burlas de otras clases; no solo por ella, sino por sus compañeros.

Status
Complete
Chapters
36
Rating
n/a
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18+

1

La ciudad de Incheon era tranquila, la gente andaba con tranquilidad por las calles ya estuvieran hablando o volviendo de algún sitio. El sol se asomaba entre las nubes de aquel soleado Jueves del mes de Septiembre. Venía de clases, específicamente de una reunión de delegados de clase en la cual ni siquiera participé. Estuvieron hablando sobre hacer clases particulares entre compañeros de clase ya que en nuestro curso se competía bastante con las medias de las clases; cuánto más media de clase, más respeto obtenían los de esta misma. Sinceramente, prefería ese método que el enfoque individual; dependías de otros, pero no eras el único despreciado y tenías apoyo de varios. Mi clase tenía las peores medias por lo que estaba acostumbrada al desprecio de otras clases o cursos, pero, en mi defensa, nuestra clase tenía a los mejores en deportes y creatividad... aunque no servía de mucho.


Me senté en un banco cerca de la parada de autobús. En mis auriculares sonaban a todo volumen los mejores temas de Takayan. Movía la cabeza al ritmo de la música a la par que observaba la carretera esperando a que el autobús llegara.


Una mano se posó en mi hombro en el mejor momento de la canción provocando que diera un pequeño salto en el sitio y me girara bruscamente. Al ver la cara conocida de mi compañero de clase, aliviada, me saqué un auricular acompañado de un sonoro suspiro.


—Te estaba hablando, pero como siempre,—señaló mi teléfono el cual estaba en mi mano derecha—andas absorta en tu música.


Sonreí guardando el móvil en el bolsillo de mi chaqueta negra.


—Hasta verte en falda se me hace extraño, ¿Hoy no llevas los pantalones de la preparatoria?


—Llevo leggins cortos debajo, ni loca dejo la posibilidad de ver mis bragas—dije levantando la falda y enseñando mis cómodos leggins.


—Uyeon, Uyeon, Uyeon...no cambiarás nunca—dijo riendo con las manos en los bolsillos de su pantalón negro.


—Seonul, Seonul, Seonul...no dejarás de crecer nunca—dije dando un leve golpe a su pecho.


Seonul y su uno ochenta y dos era un prodigio del baloncesto. Iba a mi clase y suspendía con la misma facilidad que encestaba en los partidos.


Este sonrió a la par que rodaba los ojos y se acomodaba la mochila a su espalda.


Seonul se podía definir en breves palabras: perro, atlético, despistado y extrovertido.


—Se me va el bus, nos vemos perro—dije señalando el autobús que acababa de parar frente a la parada.


—No soy un perro—dijo frunciendo sus gruesas cejas.


Me di la vuelta y me despedí levantando la mano derecha mientras me alejaba.


Sí era un perro, fiel, juguetón y con mucha energía... Lo admitiría con el paso del tiempo.


Nada más bajarme del autobús me percaté de un chico que salía de un callejón. Ya había anochecido ligeramente y las farolas ya estaban encendidas. No había muchas personas por la calle, aunque los negocios de la zona estaban a rebosar.


El autobús ya se había marchado, pero yo seguía observando a aquel chico apoyado en la pared mientras miraba hacia abajo. Su brazo estaba situado en su estómago, sus rodillas estaban dobladas y parecía estar deslizándose en la pared poco a poco.


Me acerqué despacio, no me daba buenas vibras aquella situación. Estando a pocos pasos de él, salieron unos chicos del callejón gritando un nombre que conocía tanto yo, como más de la mitad de la población de Incheon.


—¡Vamos Jeon! ¿Te cansaste de jugar?


Un grupo de cuatro personas, con todas las papeletas de matones y ladrones, salieron entre risas de aquel estrecho lugar. Observaba aquella situación analizándola con cuidado; meterme allí podría llegar a ser un gran problema.


Jeon fue golpeado fuertemente en el estómago provocando que este cayera de rodillas al suelo.


—El menor de los Jeon es un negado—dijo uno de los abusadores.


Llamé a la policía discretamente sin dejar de mirar la situación.


Jeon Jungkook, el cuarto hijo de la familia Jeon; rica y conocida en la ciudad. Desgraciadamente, no muy querido por su familia. Era parte de mi clase, aunque rara vez veía aquella cabellera negra pasar por los pasillos o sentarse al fondo de la clase.


Nadie se acercaba a él, era problemático y por ello era rechazado por todos incluida su propia familia.


La policía llegó y los chicos salieron corriendo de allí dejando a mi compañero de clase prácticamente inconsciente en el suelo frente a una ferretería cerrada.


—Gracias por llamar, esos chicos han causado bastantes problemas por el barrio—me dijo uno de los policías mientras los otros salieron tras los abusadores.


Asentí aún mirando a mi compañero.


—Llamamos a la ambulancia, debe de estar de camino—dijo un segundo oficial.


—Ya puede irse—dijo con una sonrisa amable.


Me alejé de allí mirando como los policías levantaban a Jeon del frío y sucio suelo.


Al cabo de unos minutos me encontraba frente a una puerta blanca y encima de un felpudo gris dónde un pequeño gato negro se veía dibujado en él.


La puerta se abrió bruscamente y vi a mi tía salir corriendo casa adentro.


Cerré la puerta tras de mí mientras reía al escuchar a mi tía maldecir en la cocina.


—Se te quemó, ¿me equivoco?—grité quitándome los zapatos.


La casa olía realmente bien, un fuerte olor a carne inundaba todo el pasillo. Me asomé a la cocina viendo allí a una mujer en sus cuarenta y cinco, vestida con ropa ancha y algo desgastada, un delantal y dos calcetines distintos; sin duda mi tía.


—Date prisa que comemos ya—dijo poniendo los filetes en un plato.


Asentí saliendo corriendo a la habitación del fondo.


Mi tía vivía sola en un pequeño piso. Solía ir a visitarla frecuentemente, y a veces aprovechaba para dormir en su casa.


Me senté en la mesa y di las gracias por la comida.


—¿Entonces llamaste a la policía?


Asentí masticando y señalando con el tenedor. Tragué y dejé el cubierto en la mesa para agarrar el vaso de agua.


—Te sorprenderías si vieras como le dejaron—dije antes de beber agua.


Dejé el vaso seguido de un chasquido.


—Siempre fuiste una persona empática y justa; seguro que ganas de matarlos a todos no te faltaban—dijo mi tía pinchando en la ensalada.


Tenía razón, odiaba las injusticias y era algo agresiva al respecto.


—¿Ese chico es de tu clase?


—Tía, es el menor de los Jeon—dije mirando de reojo su reacción.


Ojos abiertos desbordando sorpresa, los cuales no tardaron en convertirse en unos entre cerrados.


—No te acerques a él—dijo dejando el tenedor para limpiarse con la servilleta.


—¿Por qué?—dije viendo como se levantaba de la mesa cogiendo los platos.


—Ese chico es rechazado por todos por algo, es problemático y no te quiero cerca—dijo antes de irse a la cocina.


Eché mi cabeza hacia atrás en la silla e hice un pequeño berrinche en esta de frustración. Había intentado acercarme a él numerosas veces, todas acabaron en: no me hizo caso, me llamaron para que fuera a otro sitio, todos me miraron juzgadores, los profesores me alejaron de él con la escusa de hablar de algo de la clase...hasta mi madre quiso cambiarme de escuela.


Ya en la habitación saqué los libros y me dispuse a hacer algo de tarea que habían mandado.


🌺🌺🌺


—¡Me voy!


Agarré mí mochila y me la llevé a la espalda a la vez que abría la puerta.


—¡Cuídate y saluda a tus padres!


Salí casi en carrera de la casa ya que iba justa de tiempo. Al llegar a la parada del bus deduje que no me daría tiempo a pasar por mi casa por lo que llamé a Seonul para que me llevara una chaqueta nueva, una toalla y unas bragas de su hermana menor; me ducharía en el instituto.


Bajé del autobús de un salto y corrí calle abajo hacia la preparatoria. Al entrar me choqué con un chico bastante alto.


—Perdón, no miraba por dónde iba—dije levantándome y limpiando la falda de la arena que había en el suelo.


Me volvió a tirar de un empujón al arenoso suelo dejándome sorprendida por su acción. Levanté la cabeza encontrándome a uno de los multiples idiotas que se aprovechaban de la jerarquía de medias de clase.


—Ah, la delegada de la clase incompetente—dijo con una sonrisa burlona.


—Oh, el único que suspende todas de la penúltima clase—dije con el mismo tono inocente.


La cara de este no tardó en convertirse en un gran globo rojo a punto de estallar. Levantó la pierna dispuesto a patearme hasta que un chico pasó por en medio de los dos.


—¡Ey! Tú, vuelve aquí—gritó refiriéndose al estudiante que se atrevió a andar entre nosotros.


Al girarse, mi mirada fue directa a la del incompetente, estaba blanco.


—Lo-lo-lo siento—dijo antes de irse.


Crucé miradas, o eso creo, con Jeon. Su pelo negro tapaba su visión casi por completo, las numerosas tiritas y vendas que mostraba estaban manchadas de un rojo oscuro; debía cambiarse el vendaje.


—Gracias—dije tratando de sonreír natural, seguro parecía que tenía un tic en la boca.


El chico siguió su camino solitario hacia la entrada del edificio.


—Si no estás distraída estás por los suelos.


Me levanté de un salto y me limpié de nuevo la falda. Me giré sonriendo a Seonul.


—Toma—dijo tirándome una pequeña mochila.


Después de que me diera de lleno en la cara la agarré y chasqueé la lengua.


—Te acompaño—dijo Seonul comenzando a andar hacia las instalaciones.


Le seguí animadamente.


Estuvimos hablando, o mejor dicho, discutiendo sobre porqué se debía comer los cereales poniendo primero los cereales y después la leche. Obviamente era partidaria de esa manera, ¿quién ponía primero la leche? Después los cereales no te caben y se desbordaría todo.


—Vigila que no entren—dije abriendo la puerta del vestuario de mujeres.


—A la orden capitán—dijo haciendo una postura militar.


Golpeé su fuerte torso y cerré la puerta para ducharme.


Salí secándome el pelo con la toalla. Había sido una rápida ducha ya que el tiempo no me sobraba.


—Listo, vamos—dije comenzando a andar hacia las escaleras.


🌺🌺🌺



Llevé mis manos a mí cabello y me dispuse a hacer una coleta antes de repartir los resultados del examen de historia de hacía un par de días.


—Kim Daeseung—dije dejándolo sobre la mesa para que este se acercara a cogerlo.


—Mejor que la última vez—dije con una leve sonrisa.


Este mostró en su rostro una sonrisa y corrió a festejar aquel seis con siete a sus amigos. Sonreí inconscientemente, sabía que no era una gran nota pero, esos pequeños cumplidos a veces hacían una gran diferencia.


—Jeon Jungkook—dije viendo su examen con un cero con cinco, ¿solo marcó una pregunta de la parte del test?


El sonido de una silla arrastrarse provocó un incómodo y tenso silencio en la clase. El chico vestido de negro ya que rara vez llevaba el uniforme, se acercó con las manos en los bolsillos hasta la mesa.


Me había quedado de piedra, le tenía justo en frente y no sabía como reaccionar. Resopló ligeramente haciendo que su cabellera se elevara ligeramente dejándome ver uno de sus ojos morado seguramente por la pelea del día anterior. Miró el examen que aún estaba en mis manos y luego a mí.


—Oh, perdón—dije mirando la hoja de papel de mis sudorosas manos.


¿Por qué estaba tan nerviosa? Que estuviera en una pelea no quiere decir que me pegara... además esa mañana me ayudó; aunque seguramente fuera involuntariamente.


—¿Me lo vas a entregar?—preguntó en un tono molesto.


Me sorprendí al escuchar aquel tono de voz que para nada me esperaba.


Le estiré el examen, este lo agarró y miró la nota.


—¿Por qué no respondiste más? Seguro que lo sacabas—dije sonriente.


Jungkook parecía sorprendido por mi acción. Levanté una ceja confusa por aquella mirada que me daba.


—La próxima quiero que mejores—dije mirando el siguiente examen.


—Lo intentaré—susurró antes de irse a su sitio de nuevo.


Seguí repartiendo y hablando con los demás hasta que sonó el timbre.


—¡Recordad el formulario para la competencia de deportes del mes que viene!—dije recogiendo unas hojas.


—Buen trabajo—dijo la profesora saliendo de clase tras los alumnos.


Bufé al terminar de ordenar las cosas y me sorprendí al ver el último sitio de la clase ocupado. Al parecer se había dormido en el pupitre.


Me agaché frente a él y acaricié su cabello azabache sorprendiéndome cuando esté levantó la cabeza. Este tenía una cara seria, la barbilla estaba apoyada en sus dos brazos cruzados en la mesa. Su mirada estaba clavada en la mía.


Estaba temblando, ¿hablaba, me iba, me disculpaba?


—Gracias—dijo en un susurro casi inaudible.


—¿Cómo?—pregunté sorprendida por esa palabra saliendo de su boca.


—Ayer—dijo desviando la mirada a alguna parte del suelo.


Asentí mirando a la dirección contraria, era incómodo. ¿Debía sacar conversación? Mejor si esperaba a que él la sacara...¿acaso iba a querer hablarme?


—¿Quieres algo?—pregunté de pronto.


Este parecía sorprendido.


—No sé, comida, ayuda, amigos...¿quieres algo?


Este asintió ligeramente. Sus mejillas se tornaron a un rosado leve el cual no pude apreciar debido a todos los apósitos de su rostro.


Mis ojos estaban a punto de salir disparados, ¡estaba hablando con un problemático! Y no cualquiera, ¡JEON JUNGKOOK!