🌊 Oceánica Pasión - Jikook

Summary

Siglo XVIII. Inglaterra - Londres. Nos encontramos siguiendo la historia de un joven apuesto príncipe que durante toda su vida ha tenido que seguir los lineamientos de su padre. Hasta que un día todo se desborona en mil pedazos cuando una tripulación pirata decide encallar en el puerto de su reino, siendo entonces secuestrado por los piratas junto a su prometida. Pero todo da un giro abominable cuando descubre que aquel afamado pirata del que el tanto negó su existencia si es real y que no conforme con eso llama su atención de una manera que ninguna mujer en la tierra lo había hecho nunca. Jimin se vera envuelto en intrigas y pasiones a bordo de " La Bestia susurrante" junto a un capitán muy distinto a todos los demás piratas que se pudieran haber visto nunca. ⚠️Advertencia: Esta historia es del genero fic homosexual. Contiene temas adultos. Escenas sexuales explicitas. Mención y uso de armas. Violencia, lenguaje vulgar, homicidios, dependencia emocional y síndrome de Estocolmo. No se busca justificar las acciones de ninguno de los personajes, solo se quiere contar una historia. 🌊Jm: Top. 🌊Jk: Bottom.

Status
Complete
Chapters
55
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
18+

Capitulo I:


Siglo XVIII.

Inglaterra – Londres.

Una tierna mañana se dibujaba en el cielo, las nubes de algodón vestían con decoro al azul sobre nosotros y el sol parpadeaba con intensidad, convirtiendo al día en un provechoso nuevo amanecer. Mi atención no solo era fijada al clima ante mí, una parte de mi interés era compartida también por el libro que sostenía entre mis dedos. Libro cual, que con cada uno de sus párrafos me hacían intrigarme más, queriendo no detener nunca mi lectura para seguir descubriendo los enigmas que este poseía.

Sin mi libro aquí este día solo sería otro paseo aburrido en carruaje, con mi honorable padre a mi lado explicándome una y otra vez mi deber como caballero, mi deber ante con nuestro pueblo y mi deber como próximo heredero de su reinado. Abrazaba a mi yo del pasado por haber pensado que debía traer de manera imperiosa este libro, pues sino no tendría de otra que bañarme con toda la dosis de realidad a mis alrededores.

— Jimin ¿estas escuchándome? — de repente una voz me hablo para darme cuenta entonces que yo no estaba en el mundo real.

— Eeh… lo lamento padre ¿Qué decías? — cerré mi libro volviendo la mirada a mi progenitor, el cual me observaba atónito.

— Oh, vamos hijo. Luego pretendes que no deba repetirte las cosas… — negó con la cabeza, furioso y con el ceño fruncido — te decía lo que debes hacer en cuanto lleguemos al palacio de la Duquesa de Weistreing.

Ahora lo había recordado. Esto no era un paseo. Yo iba en carruaje rumbo al castillo de la Duquesa de Westreing con el fin de entablar relaciones tanto con ella como con su hija.

Mi padre era un rey que tenía muchos intereses, tales como la fortuna, la compra de bienes y terrenos, la degustación de platillos exóticos y entre ellos también estaba la herencia familiar. Desde mi nacimiento la susodicha Duquesa había engatusado a mi padre para que este cediera a casarme con su única hija, esto con la excusa de reforzar lazos entre ambos reinos y conservar la paz. Claro estaba que a esta mujer también le interesaba nuestra fortuna y eso era algo que mi padre muy bien sabía, pero al venir ella de una familia de tan alta alcurnia mi progenitor a mi lado procedió a ello sin rechistar, y ahora estábamos aquí para ver de nuevo a mi prometida.

Mi prometida era una hermosa señorita, con labios gruesos y rosados, cadera muy fina, piel tan blanca como la nieve y con cabellos castaños y enrulados. Ella era alguien que muchos jóvenes abrían de desear, pero yo no. Solo una conversación con ella fue suficiente para darme cuenta que lo que, por fuera tenia de hermosa, por dentro lo tenía de vacía. Era sin intentar mentir, la viva imagen de su madre. Sus ojos brillaban como la luna al observar perlas preciosas u objetos de gran valor monetario, y en cuanto a la lectura, solo habría de leer lo que en el colegio le mandasen, pues no se interesaba por lo más mínimo en aprender mucho más de ello, en leer a grandes figuras históricas que pasarían a la posteridad. No éramos el uno para el otro, pero al menos era amable.

Llegamos al lugar prometido y el cochero detuvo el carruaje, para así ser recibidos por la servidumbre de la Duquesa quienes se ocuparon de abrir la puerta de nuestro vehículo y ayudarnos a bajar. El castillo en mis narices era hermoso, no había lugar a dudar, más sin embargo el mío era mucho más grande. Con sus extensos jardines y fuentes construidas por los mejores escultores de la época hacían de mi castillo unos de los más majestuosos de todo Londres. Mi padre por supuesto se había asegurado que así lo fuera. Lo único diferente que se podía apreciar de este castillo al mío, era claramente la fabulosa vista al mar que se podría apreciar desde lo lejos.

Nuestra bienvenida fue anunciada con todo tipo de florituras ocurrentes para enardecer el ego de mi padre. Bombos y trompetas fueron tocados y un hombre con peluca gigante y una sonora voz dijo nuestros nombres en alto apenas entramos al recibidor del castillo.

— ¡Con ustedes mis honorables caballeros, las hermosas Duquesa de Weistreing y su hija la princesa Amelia! — pude contemplar como una mujer pálida y vestida con una peluca más grande que su cabeza, se sostenía de la mano de un hombre de su servidumbre para poder bajar las enormes escaleras. Ella vestía un vestido naranja frondoso que hacía juego con la variedad estrambótica de prendas sobre su peluca.

— Bienvenidos a mis aposentos nobles caballeros, es un placer tenerlos aquí — saludo hacia nosotros con una sonrisa remarcada demasiado fingida para mi gusto.

— Lo mismo he de decir mi bella dama — mi padre sostuvo su mano y la saludo dejando en ella un delicado beso.

— Un gusto saludarla Duquesa de Weistreing — me acerqué a ella e hice el mismo accionar que mi padre. Debía fingir amabilidad, era lo primero que mi progenitor me hubo enseñado.

— Que gusto verlo a usted joven Thompson — se volvió a mi sintiéndose encantada al instante por mi iniciativa.

Un poco más allá en donde terminan las escaleras, una joven estaba ansiosa por que notáramos su presencia, al observar aquello me decidí por ir a donde ella y ofrecer unos cordiales saludos.

— Es un placer verla de nuevo a usted también hermosa Amelia — tome su mano notando al instante que esta era mucho más suave y joven que la de su madre, y plante un beso en el dorso de la misma. Levante mi mirada y la contemplo atento esperando su respuesta.

— El placer es todo mío príncipe Thompson — hizo una reverencia cordialmente y sonrió un poco para mí.El vestido que adornaba su figura era de tonos anacarados y poseía en él singulares flores de distintos colores, me recordaba mucho a la primavera y a las tantas amapolas plantadas en mis jardines, eso me hizo sonreír.

—Llámame Jimin, me sentiría más cómodo si nos llamamos por nuestros nombres — afirme. Quería mostrarme amable a pesar de no sentirme muy seguro de mi compromiso. George siempre me decía que la amabilidad era como el pan en cada casa, siempre debía estar presente.

— Sera así entonces, Jimin — sonrió siendo tímida y oculto su rostro detrás de un abanico.

— Bueno ya que nos hemos saludado todos ¿Por qué no pasamos al comedor? — propuso mi padre, quien ya estaba más que entusiasmado por querer comer el gran banquete.

Luego de alimentarnos, pasee un rato por los jardines junto a mi prometida. Quería saber más de ella, pues si iba a ser la mujer que estaría a mi lado toda la vida, debía entonces conocer un poco más de lo que podía gustarle o interesarle.

— Me encantaría estudiar un poco de danza, pero mi madre me ha dicho que no tengo tiempo para tales aficiones — decía ella y note entonces un poco de tristeza en sus palabras.

— No creo que no haya tiempo, quizás puedas encontrar un poco de espacio entre tus pasatiempos — le recomendé.

— No lo sé Jimin, mi madre piensa que esas aficiones no me llevaran a nada.

— Sin ánimos de ofender bella Amelia, pero no siempre los adultos tienen la razón en todo — eso era algo que aprendí en mis cortos dieciocho años como habitante de estas tierras. En la consciente de los adultos no había nunca lugar para estar incorrectos, eso hasta que un joven los desafiara. Según las historias que solía contarme mi mozo George, él nunca había podido decirle que no a su padre, hasta que un día le demostró que podía pensar por sí mismo y que no tenía miedo a demostrar su potencial.

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Los días entonces fueron pasando al igual que la primavera, la fecha de nuestro casamiento se aproximaba y mi padre no podía estar más feliz de que su hijo por fin tuviera esposa. George todos los días solía darme concejos sobre cómo mantener un buen matrimonio. Yo era en mi caso un total inexperto en cuanto al amor y relaciones, solo había tenido una novia en el pasado con la cual corte en pocos días, por no ser lo suficientemente hombre como para decirle que no podía casarme con ella o ir más allá, al estar comprometido con alguien desde mi nacimiento.

Pero ahora viendo más seguido a mi comprometida y pasar algunas semanas, pude convencerme de que tal vez no era tan insulsa como creí en un principio. Pues a la vista de todos y de su madre, ella siempre quería sorprender con elegancia y finura, tanto en sus modismos como en su porte. Mas sin embargo me alegro saber que de hecho si le interesaba el arte, pero que ahora se sentía atada de manos por no poder expresarse como le gustaría.

Tuve unas cuantas charlas con ella sentados en el patio de mi hogar o en el suyo, en donde intentábamos descubrir más del otro; hablar de nuestros diferentes puntos de visión y compartir historias tontas mientras tomábamos una taza de té en el jardín rodeados de bellas flores. Se me hacia una chica muy linda que, a pesar de querer ocultar sus gustos, era lo suficientemente centrada como para no limitarse a intentar algo nuevo alguna vez.

Queriendo ser más atento con mi futura esposa, mi padre me aconsejo por comprarle algún presente, siendo entonces de mi gusto regalarle una hermosa joya que colgaría en su anacarado cuello.

Cuando me hice perteneciente de este obsequio, lo presente a la vista de todos como regalo de compromiso. Su madre estaba tan alebrestada contemplando aquella joya que creí que por poco iba a desmayarse. Queriendo ser algo travieso, me ofrecí en colocársela, para entonces tener la oportunidad de acariciar más allá que sus suaves manos. Sonreí al sentir el aroma de su colonia y llegué a atinar que el perfume que decidía usar, era algo más de ella que lograba agradarme.

Mi atracción a ella era algo que también había cambiado, pues ahora si podría decir con total seguridad que la mujer a mi lado era de mi gusto. Al principio de mi compromiso fui un patán al pensar que, aunque ella no fuera la mujer de mis ojos, al menos tendría a alguien con quien desatar esta tensión sexual que tenía acumulada por años. Pues yo al ser el hijo del rey y estar comprometido, no se me permitió entonces estar con alguna otra mujer. Ese pensamiento tan patán y grosero me hacía sentir ahora como un degenerado, ninguna mujer debería ser vista como un trozo de carne.

En uno de esos días en donde caminábamos a través del campo de flores, Amelia se me había hecho tan hermosa para mis ojos que me sentí un loco por ella.

— Jimin ¿has leído sobre los piratas? — pregunto de repente.

— No he leído, pero conozco un poco sobre el tema — explique siendo firme.

La vi sentarse sobre una banca que estaba protegida por el sol y yo la seguí quedándome de pie a su lado.

— Los piratas son barbaros y despiadados, rezo todos los días para que no se les ocurra encallar nunca en este muelle — su respuesta me hizo reír un poco ¿Cómo podía asustarse de tales leyendas?

— Yo no creo en los piratas, ellos ya son cosas del pasado.

— Esto no es algo de creer o no. No es como si fuesen santos o criaturas mitológicas, solo son hombres que no viven bajo las reglas de la sociedad — afirmo ella usando un tono apesadumbrado, como si hubiera de temerles en demasía.

— Siempre habrá hombres que no vivan bajo las leyes de la sociedad, esos serán llamados entonces antisociales o herejes, no piratas…

— Se que tal vez te parezca una niña tonta e infantil, pero hay una historia en específico de un pirata que me apasiona — se acercó un poco más a mí y bajo el tono de su voz — cuentan que hay un navío de piratas que aparece y desaparece como si nada, entre las tinieblas, cuentan además que en cada puerto que encallan nunca dejan a un pueblerino vivo, y que además el capitán de esa nave no es más viejo que nosotros, que quizás solo tenga unos veintitrés años cuanto mucho, pero que es el pirata más temible y bárbaro que ha navegado por el mar, y que por ello logro su puesto a tan temprana edad – en sus ojos brillosos se podía notar cuanto le apasionaba esta historia que con tanto entusiasmo me contaba, pero yo no tenía oídos para escuchar fantasías, pues mis ojos estaban embelesados por esos redondos y gruesos labios que adornaban su delicado rostro, además de que el escote de su vestido no ayudaba mucho a que mi mente no tuviese pensamientos turbios.

— Yo solo creo en cosas que puedo ver, en personas reales como tú y yo. Creo en la belleza que tengo delante de mis ojos — tome su rostro con mi mano y sin pensarlo mucho plante mis labios en los suyos y me deleite con ellos.

Pretendía seguir viajando en la melodía que nuestras bocas juntas producían, pero recordé que ella y yo aun no éramos casados y que tal vez me vería ahora como un irrespetuoso por ser tan impulsivo. Así que sin mas que hacer me separé de ella y pedí disculpas.

— Lo lamento, he sido atrevido, le ruego me perdoné — dije al estar alejado de sus labios, sintiéndome como un desvergonzado sin modales.

— Oh no se preocupe joven Jimin, yo también lo he besado — oculto sus mejillas de tono carmesí tras el abanico que hoy cargaba y la vi soltar una risita.

— Bueno, puedo creer que no hay nada de malo en que dos prometidos se besen — ella asintió siendo modesta y me senté a su lado para continuar escuchando esas historias de piratas que tanto parecían aficionarle.

Esa misma noche nos decidimos por quedarnos en el castillo de la Duquesa, ya que dentro de 2 días nuestra boda seria efectuada frente al mar, y por supuesto que tenia que estar presente para los preparativos.

Escuche a mi mozo George entrar a mi recamara, cuando yo leía uno de los tantos cuentos que Amelia poseía sobre historias de piratas. Fantasiosas historias sobre navíos perdidos, criaturas marinas anormales y hombres del mar que parecían mas bestias marinas que humanos.

— ¿Usted leyendo sobre piratas? — pregunto George un tanto confundido cuando observo el libro en mis manos.

— Así es — afirme sin dejar de leer la historia.

— Vaya eso sí que es bárbaro — bromeo George, quien estaba arreglando el desorden que yo había hecho al quitarme mi atuendo para usar el pijama.

— A la joven Amelia suelen encantarle, me intriga saber que es lo que tanto la cautiva — tenía la suficiente confianza con George como para contarle sobre estas cosas y por supuesto también lo hacia porque me gustaba escuchar siempre sus concejos, era a mi parecer un hombre muy inteligente.

— Si se interesa por los gustos personales de su prometida será usted entonces un buen esposo, aunque claro esta que no hay que negar que una mujer con tales historias fantasiosas puede pensar cosas incorrectas — George era muy sabio. La joven Amelia gracias a estas historias podía ser imaginativa y la imaginación normalmente no llevaba a nada bueno. No lo había pensado antes y me odie por querer incentivar un comportamiento así.

— Tiene razón usted mozo George, he sido engreído al no plantearme tales cosas. Tendré más cuidado — afirme y deje el cuento a un lado para recostarme sobre mi cómoda cama y darle fin al día.

— Espero y duerma bien joven Jimin — apago las velas que iluminaban mi recamara y partió de ella.

Mi yo del presente se sentiría un tonto por haber pensado así en un pasado. Porque todo lo que conté ahora ya ocurrió, y en estos momentos me encuentro en una situación de la que no creí jamás encontrarme. Pues sin saberlo alguien estaba a punto de destruir todos los planes ya prescritos. Y más encima me iba a hacer tragar mis propias palabras y dejarme además como un idiota.


Muchas gracias por leer, espero que les haya gustado ♥♥.