Extra 1 de «Los amigos no se besan» [TsukaNeneAma]
Advertencia:
►Este one-shot contiene TsukaNeneAma como ya aclaré en el título, así que ¡huye! si no te gustan los tríos.
►¡Ojo! No habrá interacción sexual entre los gemelos porque: primero, no me gusta el incesto —por joda sí— ni el yaoi —el shōnen-ai sí—; y segundo, ya estoy corrompiéndolos suficiente con un trío por exigencia popular (?)
►No influye en la historia pues es un extra, tampoco lo incluyo en la misma por ello y porque sé que hay gente a la que no le gustan estas cosas. Prefiero dejarlo aparte.
Dejando todo claro, espero que los que lo lean lo disfruten.
¿Cómo habían llegado a esta situación?
Tsukasa había entrado sin previo aviso a la habitación de su hermano mientras estaba desnuda y siendo masturbada por el Yugi mayor. Trató de cubrirse con una sábana, mas, el chico no se lo permitió al aprisionar sus muñecas tras su espalda, dejándola completamente expuesta ante el otro par de ojos dorados y colmados con curiosidad. Giró su cabeza para regañar a Amane por hacerle eso, encontrándose con un destello malicioso en sus pupilas que se habían agrandado. Tenía una pequeña sospecha del qué podría estar pasando por su mente pues él era un gran conocedor de los temas eróticos y, en ocasiones, se lo había demostrado al ponerlo en práctica con ella, pero el que pensase en incluir a su gemelo en sus planes no le parecía algo que el castaño haría, ¿cierto?
—Oye Yashiro, ¿no te agradaría experimentar un
ménage à trois
? —aquello sonó más a una imposición que a una pregunta. Amane le hizo una seña a su hermano para que se acercase y se pusiese a gatas sobre la rubia que estaba paralizada por el drástico giro de los acontecimientos—. Tsu, ¿recuerdas que una vez pensamos en tocar los pechos de Yashiro para saber si eran suavecitos? —el nombrado asintió—. ¿Todavía quieres saberlo?
La rubia palideció. Notó cómo la mirada del menor se llenaba de ilusión y jovialidad antes de cambiar drásticamente a una de perversidad pura. Decir que temía por su integridad física sería decir poco.
Luego de pedir una reconfirmación de su hermano, Tsukasa aprisionó ambos senos, masajeándolos sin mucho cuidado, espetando un «—Sí que son suavecitos y más grandes de lo que parecen». Dejó su agarre en el izquierdo mientras que rozaba con su pulgar el pezón derecho, haciendo que se irguiese más de lo que ya estaba por culpa de su hermano. La rubia respiraba agitada y hacía sonidos extraños que él no se imaginaba que ella podría ser capaz de hacer.
—¿Duele, Nene-nee? —preguntó con el pezón endurecido que frotaba entre las yemas de su índice y pulgar. Por instinto Yashiro se había arqueado hacia adelante, buscando que el tacto fuese más íntimo. Viendo esto con intriga, Tsukasa decidió repetir con los dedos de su otra mano las acciones placenteras que su contraria estaba haciendo—. ¿Te gusta? —la contestación afirmativa llegó a modo de un quejido cargado de placer.
Estaba mal, ella lo sabía. Una voz en lo más profundo de su mente le susurraba con desesperación por el que detuviese esto antes de que pasase a más, pero otra, mucho más ruidosa e inundada por el deseo sexual innato del ser humano, le decía que mandase al carajo sus principios y se dedicase a sólo dejarse llevar. Estaba soltera y sin ataduras, así que, ¿para qué preocuparse porque otro hombre, aparte de con quien tenía su acuerdo íntimo, la estuviese tocando sin pudor alguno? Después de todo, su propio mejor amigo fue la pieza detonante.
Su entrepierna comenzaba a cosquillear por la tortuosa sobre estimulación que recibían sus senos, sentía cómo el lubricante pegajoso se derramaba con lentitud por entre sus labios vaginales. Juntó sus piernas de tal forma que, cada que se retorcía por causa del menor, sus muslos apretujaban su zona íntima, acariciando su diminuto músculo —hinchado y colmado de terminaciones nerviosas— tan exquisitamente que no sabía cuánto más podría soportar.
La peligrosa diestra del gemelo mayor se introdujo serpenteante entre sus piernas, abriéndose paso entre su vulva para mimar su clítoris con su pulgar mientras un par de dedos se introducían en su entrada con gran facilidad. La siniestra del Yugi dejó de aprisionar sus muñecas para descansar en su cintura, mimando la sensible piel de su abdomen en un recorrido ascendente hasta su pecho izquierdo, apartando a Tsukasa en un silencioso gesto y dándole unas rápidas instrucciones que a Yashiro se le hicieron ininteligibles por estar perdida en su edén personal.
El menor de los hermanos dejó de jugar con sus sonrosados pezones para inclinarse sobre la rubia, acercó su boca hasta su cuello para besarlo y lamerlo. Una traviesa idea se le vino a la mente; encajó sus colmillos en su cuello cual vampiro, mas no ejerció la suficiente fuerza como para romper su nívea piel de porcelana. El chillido que Nene soltó le hizo sentir una extraña satisfacción en su interior al igual que una sensación foránea en su entrepierna. Lamió cual minino la herida, buscando cualquier excusa con tal de ignorar el que sus pantalones se sintieron apretados de repente.
Yashiro tomó el rostro del castaño y le plantó un beso, acallando el bramido por el orgasmo que recién se apoderaba de ella. Fue un instinto que la hizo realizar tal acción sin pensar con claridad, pero ¿qué demonios importaba? Hacía mucho que no besaba a nadie y, si su compañero sexual no la complacía en ese sentido, pues se desquitaría con su hermano menor.
Tsukasa abrió sus párpados por la sorpresa, mas, se dejó llevar por la embriaguez de la lengua que incitaba a la suya propia a que le imitase en sus movimientos. Agarró la cabeza de la fémina, haciendo oídos sordos a las quejas de su similar por estarse —casi literalmente— comiendo el uno al otro. La saliva de Nene era dulce, nada similar al sabor ácido de los limones. En cuanto se separaron, no se resistió a la tentación de atrapar entre sus incisivos su hinchado labio, sonriendo satisfecho al otear a Amane que le veía molesto.
—No es justo, se supone que los besos estaban prohibidos, Yashiro —se quejó descansando su mentón sobre el hombro de la nombrada.
Nene no le respondió. Agarró con su diestra su mandíbula y unió sus labios para que no lloriqueara más. Sintió a Amane tensarse para terminar cediendo al contacto entre sus bocas. Los largos dedos masculinos —todavía húmedos con sus jugos— mimaron su mejilla. El músculo bucal del contrario se inmiscuyó entre sus labios para explorar su cavidad. Gemía y suspiraba sin perder el contacto, tratando de grabarse el gustillo de su amigo lo mejor que pudiese. En cuanto se separaron, dejando un rastro de saliva que les mantenía unidos, Nene soltó una risilla y le dijo:
—Tú fuiste el que dijo esa regla para los dos, pero no dijimos nada cuando hiciéramos un trío, Amane-kun.
El castaño iba a contraatacar, mas, el sonoro quejido de su hermano llamó su atención al igual que la de la rubia. Ambos voltearon a ver al menor que se agarraba la entrepierna, quejándose porque sentía apretado su miembro y le dolía mucho. Los dos amigos se vieron con una sonrisa y asintieron, al parecer habían tenido la misma idea. La fémina se sentó sobre las piernas de Tsukasa quien no podía moverse al haber sido aprisionado por ambas extremidades superiores por su gemelo mayor.
El menor se alteró en cuanto vio que la chica desataba su pantalón y se lo quitaba junto a su ropa interior. Por más alivio que sintiese, el que su amiga de la infancia le viese de tal forma le hacía sentirse vulnerable e inseguro, perdiendo toda su fachada de rebelde alocado. Miró a su Nene-nee rodear su elongación con su derecha, frotando de arriba hacia abajo, provocándole gemidos cada que abría su boca para quejarse y pedirle que no lo hiciese. Poco a poco perdió sus fuerzas hasta que terminó apoyado sobre el torso de su hermano que se escabulló para alejarse de su parte posterior.
Yashiro se puso en cuclillas, apoyando sus rodillas y su palma en el suave colchón, quedando de tal forma que era capaz de masturbar al Yugi menor y lamer su miembro viril con comodidad. Trazaba su anatomía desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen que había sido liberado y que le serviría como un lubricante para acelerar algo más sus toqueteos. Un par de manos en sus caderas la obligaron a alzar su trasero, dejando expuesta desde atrás su húmeda femineidad. Unos dedos se inmiscuyeron por segunda vez en ese día en su interior, acariciando sus paredes internas y presionando el punto que más placer le otorgaba. Sin dejar de lengüetear y saborear el desconocido sabor de Tsukasa, Nene gimoteaba por las caricias del otro hermano, elevando su voz sin querer por los miles de sensaciones en su intimidad.
Tsukasa apretó las sábanas estrelladas, hundiéndose lo más posible contra la almohada bajo su cabeza. Cerró sus ojos con fuerza, dejando que sus sentidos se concentrasen en los alaridos de placer que hacía la rubia y en las vibraciones que los mismos le hacían sentir alrededor de su pene. Juntó con tanta fuerza sus dientes que llegaron a dolerle sus encías. No quería gritar pues ya era suficiente vergüenza la situación en la que se había metido por querer sorprender a su hermano en su habitación, pero, al cabo de un tiempo, cedió a las urgencias de su boca, dejando caer su mandíbula para que sus gemidos fuesen libres sin pudor alguno. Un apretujón en su bajo vientre le indicaba que algo estaba cerca, aunque no sabía con certeza el qué, así que no le dio mayor importancia. Era la primera vez que experimentaba algo como esto y no quería arruinarlo.
Amane, por otra parte, sacó sus dedos de la chica para comenzar a bajarse su pantaloneta y bóxer que ya no eran más que un mero estorbo. Frotó su miembro con su izquierda para que terminase de erguirse y poder introducirlo apropiadamente en la mojada y deliciosa vagina de su interés romántico, llenándolo con los fluidos femeninos atrapados en su piel. Al ya sentirse satisfecho, volvió a afirmar la cadera de Nene para meterse de una estocada, después de todo ya estaba más que dilatada por su culpa. Se quedó estático, dejando que las paredes internas apretasen su órgano como a él tanto le gustaba. En movimientos lentos su pelvis se fue moviendo de adelante hacia atrás, sacando e introduciendo una y otra vez su pene. Más rápido. Más desesperado. Más ansioso que de costumbre. Como si el mero hecho de que su similar estuviese como testigo le hiciese tener ese impulso primitivo de demostrar su estatus de alfa y que sólo él tenía permitido darle un placer tan íntimo. Mordió su labio inferior antes de darle una nalgada al pálido y redondo glúteo que se fue coloreando rojizo.
—¡Ah, Amane-kun!
Eso era lo que necesitaba para hinchar su maldito ego, el que gritase su nombre frente a su gemelo para marcar su propiedad y que sólo él podía estar en su boca, a pesar de que —literalmente— tuviese a Tsukasa en la suya en esos momentos. Aumentó tanto su velocidad que el sonido de sus caderas chocando contra el trasero femenino retumbaba por doquier. Sintió nervios de que sus vecinos pudiesen escucharle, pero, honestamente, ¿a quién carajos le importaba? Que lo escuchasen si quería. Que el mundo supiese que Yugi Amane era quien hacía que Yashiro Nene llegase al séptimo cielo y al noveno círculo del infierno a la misma vez.
El hermano menor respiraba errático. Sus pulmones no eran capaces de contener el aire por mucho tiempo. La emoción que sentía era tanta que sentía que iba a desmayarse en cualquier segundo, cosa que terminó sucediendo. Tsukasa rodó sus ojos hasta que se pusieron blancos, dejándose envolver por la liberación foránea que recién experimentaba. ¿Cómo podría describir lo que sentía? Era como cuando llegabas de un largo viaje y por fin podías acostarte en tu cama. También era como sentir cosquillas, pero no cualquier clase de cosquillas, sino unas muy específicas y que no sabía cómo describir para darse a entender. Era como perderse en el infinito sin preocupaciones ni nada malo alrededor. Sencillamente era lo más exquisito que jamás había tenido el gusto de probar hasta ese día.
Amane salió de Yashiro en cuanto sintió que su propio clímax estaba cerca. Usó sus manos para terminar de estimularse, regando todo su esperma en la retaguardia delante suyo. Notando que su compañera no había terminado, hizo uso de sus manos para ayudarla a alcanzar ese punto de éxtasis tan ansiado para cualquiera. En cuanto la escuchó bramar su nombre y vio su propio líquido interior salir por entre sus labios vaginales, humedeciendo todavía más sus dedos, procedió a lamerla hasta limpiarla casi por completo. Una vez su trabajo estaba hecho, se dejó caer al lado derecho de la cama, dejando un espacio suficiente entre él y su gemelo para que la chica se acomodase entre los dos.
La de ojos encendidos se acostó bocarriba, sonriendo en el momento en que los brazos de sus gemelos favoritos la rodearon; Tsukasa apretando su cintura y Amane acariciando sus senos distraído. Bueno, no era algo que en algún momento se hubiese planteado hacer, pero, el haber estado con los dos a la vez había sido una experiencia gratificante, tenía que admitirlo.
—Oye Nene-nee —habló el menor de la habitación con voz adormecida—. ¿Podemos repetir algún día? También quiero estar dentro tuyo y hacer feliz a Nene-nee.
Yashiro se sonrojó. No se había planteado tal posibilidad, mas no estaba en contra, siendo honesta. Los ronquidos de los dos la hicieron dejar de pensar en alguna respuesta.
¿Para qué mentir? Era lógico lo que contestaría si estuviesen despiertos.









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