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Las oscuras calles de Seúl acogían en su penumbra al agente Hong, todos le conocían por ser nada más y nada menos que la mano derecha de Yoon Jeonghan cuyo nombre hacía temblar a más de una persona en aquel país adornado por los pétalos de las flores de los cerezos.
Joshua con sus felinos ojos recorrió el área que le habían asignado a patrullar, buscando algún intruso en el territorio. La alarma configurada en su teléfono sonó indicándole que casi podía dejar a un lado la máscara que ocultaba su rostro de los desconocidos ojos que le rodeaban, sonrió al saber que con aquel sonido el fin de su jornada se aproximaba.
Subió a su auto conduciendo hacia aquella casa de campo alejada de la urbe, al bajar del vehículo en cuanto arribó a su destino atravesó cuidadosamente el sendero que conducía al elegante caserón mientras se quitaba la máscara atreviéndose a jugar con ella para terminar sujetándola despreocupadamente con una de sus manos.
De la cartera que colgaba sobre su hombro sacó un labial, con el cual coloreó sus labios de un suave carmín frente al enorme espejo colocado en el corredor principal de la casa, sonriendo con el resultado arregló un poco su despeinado cabello.
La vida de ambos era demasiado complicada, demasiado peligrosa, nadie debía conocer su relación porque sabrían que justamente él, Hong Joshua, era el talón de aquiles de Cheonsa, el hombre más temido en todo Seúl.
Al adentrarse a la cálida casa vio a su jefe cómodamente sentado frente a la chimenea a la vez que disfrutaba de un libro acompañado del calor de las abrazadoras llamas.
──Señor Yoon.── Llamó al de cabellos oscuros a nivel de los hombros, quien vestía una camisa remangada a nivel del antebrazo con dos botones desabrochados, acompañado de un par de jeans rasgados, los espejuelos caían elegantemente en el puente de la nariz del mayor, haciendo la vista suspirar a Jisoo , nombre verdadero de Joshua.
El aludido volteó hacia el recién llegado indicándole que continuara con su informe.
──No hubo ninguna irregularidad en la zona, solo debo destacar que se observó al señor Park entrando al Light a Flame, Jeon lo mantuvo bajo vigilancia tras su entrada al club y me informó de que solo bebió un par de tragos antes de retirarse, Woozi y Coups mantienen un ojo sobre él.
De manera diligente mientras jugaba con uno de sus castaños cabellos Joshua comunicó.
Cheonsa meditó cuidadosamente los datos recibidos, no tardando en levantarse de su cómoda butaca para aproximarse a donde su subordinado se encontraba.
Con un par de pasos el mayor redujo la distancia entre ambos quedando atrapado el de felinos ojos entre el sofá que se hallaba a sus espaladas y el cuerpo de Yoon.
El de angelicales facciones, las cuales sin lugar a dudas le hacían justicia a su peculiar apodo, con una de sus manos acarició delicadamente uno de los pómulos de Hong, quien no parecía afectado con su toque, eso le hizo sonreír internamente . Hong Joshua tan difícil de corromper, tan frío e inaccesible, mas, el Yoon Jeonghan pudo ver en los felinos ojos un pequeño rastro de Jisoo , el joven dulce; amoroso, comprensivo y caprichoso del cual se había enamorado perdidamente.
──Gracias por su informe, Shua.── Susurró sobre los labios contrarios a la vez que sujetaba el mentón de Joshua quien le miraba fijamente. ──Pero creo que faltó algo por decir.
Shua le dio vueltas a la pregunta realizada implícitamente un par de veces.
──Yo también te extrañé, cariño.── Jeonghan musitó antes de conducir sus labios a aquellos pomposos, los cuales lo conducían a la locura.
Cheonsa embriagado por aquel néctar del paraíso que eran los labios contrarios no se negó el capricho de con su otra mano sostener la delgada cintura de Joshua a la vez que le brindaba suaves caricias a la piel oculta bajo la camisa que vestía el menor.
──Hanie.── Sin poder controlarlo suspiró entregándose a aquellas candentes muestras de amor por parte de su jefe.
Negó un par de veces antes de alejarse de Yoon.
──Alguien podría vernos, Dino, Vernon y Boo están aquí, al igual que The8 y Moon.── Joshua le recordó al mayor mientras se abrazaba a sí mismo retrocediendo un par de pasos.
Una maldición abandonó los finos labios de Jeonghan ¿Por qué no podían estar juntos ni siquiera en su propia casa? El mismo había establecido aquella regla bajo el fin de proteger a Joshua, Cheonsa tenía demasiados enemigos y si conocían de que Joshua era mucho más que un fiel miembro de Sebong para él , el joven de felinos ojos correría el doble de riesgo.
──Pero...── Intentó reclamarle a Joshua sintiéndose como un tonto al no saber que decirle a ese joven que parecía un hermoso truco que lo cautivaba una y otra vez.
Joshua verificó con su vista que nadie estuviera presente en la sala además de ellos dos antes de acercarse a Cheonsa, ambos tenían una reputación, tenían demasiados enemigos, aquella reputación lo perseguía y lo volvía loco, él no amaba el drama en el cual estaba sumida su vida, el drama lo amaba a él, él mismo deseaba terminar con aquella montaña rusa llena de altibajos pero no estaba listo para terminar aquel juego del cual se habían vuelto tanto JeongHan como él unos adictos.
-- Cheonsa, no quiero ser otro exnovio que no quieres ver, no quiero extrañarte como otros lo hacen, no quiero herirte. Créeme que hay veces en que no quiero tocarte , en serio no quiero hacerlo y odio que a la vez lo desee tanto, sólo quiero estar contigo en una playa, bebiendo, tú encima de mí, disfrutando de las cosas simples.
Joshua pronunció cada vocablo pausadamente cuidando de que su mensaje fuese interpretado correctamente por el jefe de la gran mafia Sebong quien parecía en esos momentos estar a su merced.
Jeonghan era incapaz de negar aquello desde la primera vez que tuvo a quien es su mano derecha entre sus brazos supo que le protegería con su vida, quería que Joshua fuese por siempre y para siempre su único nexo en el confuso camino de cadenas en torno a un corazón que parecía sellado con un dorado candado.
Cheonsa recordaba claramente la primera vez en que se conocieron mientras huían de una de esas reuniones aburridas de sociedad. El padre de Joshua había sido la mano derecha del señor Yoon , la relación entre las dos familias era admirable , por eso desde niños ambos conocieron de su lugar al lado del otro.
Cuando eran unos niños, cuando eran muy jóvenes, muchos dirían que el dúo instantáneamente conectó, ahora que eran un poco mayores saltaban de un lado a otro a la vez que bailaban al compás de un indescifrable vals que les dejaba aturdidos entre la paranoia e inseguridad.
──Shuji.── Suavemente llamó al castaño por aquel apodo que provocó que unos cuantos cristales que el menor retenía en sus ojos escaparan decorando como diamantes la acaramelada piel de los sonrojados pómulos de Jisoo.
Joshua sonrió de manera amarga , un sabor agridulce se extendía por su paladar al recordar la fama del gran Yoon Jeonghan, fama que conocía muy bien, desgraciadamente, decían que Cheonsa era un ángel, pero, de la muerte, que era incapaz de querer, que no se apegaba nadie, había recibido miles de advertencias al ser el más cercano al jefe de Sebong , miles, sin embargo las ignoró olímpicamente al caer enamorado del mayor al ver como este siempre parecía estar pendiente de él, cuidándole desde la distancia. Por más que lo deseara no podía dejarle ir, las manos de Jeonghan estaban impresas en su alma.
Aquellos perezosos ojos de oscuro iris eran un licor en el cual se perdía, es como si el cuerpo del mayor fuera oro.
Ambos eran una obra de arte, algo que apreciaban y veneraban de lejos pero que no podían atesorar.
──Ya sabes la razón de todo esto, cariño.── Trataba de explicar el mayor.
Los silenciosos sollozos parecían sólo aumentar y la agonía que experimentaba el corazón de Joshua eran dagas que recibía el suyo.
Su yo racional se iba a recriminar por aquello, pero mandó al demonio su lógica importándole poco que alguien pudiese verlo al acercarse al menor sin titubear en cada uno de sus pasos.
Volvió a sujetar por el mentón al menor quien le miró con sus ojos aún llenos de lágrimas, antes de atraerle a un abrazo que ambos necesitaban. Tenía tanto miedo de perder a su única luz en aquella oscuridad y eso era lo que le impedía entregarse completamente a aquel sentimiento que le hipnotizaba hasta la inconsciencia.
──Shua, amor, sabes que tengo demasiados problemas y fichas en ambos hombros. La reputación me precede y los rumores son profundos. La verdad es que es mucho más fácil ignorarlo créeme...
La ira invadió los felinos ojos de quien no tardó en empujarle no dejándole terminar su frase . Tantas veces Jisoo trató de olvidar sus sentimientos por Jeonghan, pero simplemente no pudo. Enterraba hachas, pero guardaba los mapas de donde sea que los sacaba en las aventuras de ambos. Su reputación le precedía y muchos creían que estaba loco.
Jeonghan se levantó del suelo para volver a acercarse al menor quien le observaba con aquella mirada desafiante que le ratificaba el significado que tendrían sus próximas palabras en el rumbo de su extraña relación.
──Es irónico que incluso si discutimos, no lo hacemos por mucho tiempo. Lo bueno y lo malo terminan como una canción , y tú lo entiendes. Por todos tus hermosos rasgos y la forma en la que haces fácilmente que las cosas parezcan una obra de arte. Por todos mis defectos, mi paranoia y mis inseguridades. Shua cometí no algunos , sino, muchos errores, eso es difícil de negar. Sin embargo después de la tormenta , siempre terminaba refugiándome en el fondo de tu corazón. Pasé días enteros hallándole un sentido a mis sentimientos, pero justamente el no tener sentido era lo que cada vez hacía más fuerte esto que siento por ti, Shua. Siempre terminaba perdiendo en este juego, perdía siempre frente a ti, no al final, desde el inicio estaba perdido por ti.
Con cada palabra delicadamente con sus manos dibujaba cada facción del menor mientras con fugaces besos borraba las lágrimas que adornaban las mejillas de Joshua.
Cuatro palabras que juró nunca decir se encontraban en la punta de su lengua. Nunca creyó necesitar pronunciarlas, este, pareció el momento correcto; quería que aquel juego terminara tanto como el menor también anhelaba aquel final.
──Estoy enamorado de ti.── Todo parecía moverse en cámara lenta para el de felinos ojos no creyendo las palabras que Yoon había pronunciado con tanta firmeza. ──Joshua, estoy enamorado de ti, perdidamente, quiero ser el final de tu juego, quiero ser tu primera cadena, tal como tú siempre fuiste de mi equipo. Quiero ser tu final y quiero que tú seas el mío.
La euforia invadió cada célula de ambos haciendo imposible el hecho de que no se entregaran a los brazos contrarios fundiendo sus labios en una danza que conocían a la perfección y amaban que siempre tuviese algo nuevo que mostrar.
Jeonghan movió sus manos hacia la cintura contraria, aferrándose a esta, como si Joshua fuera a desaparecer de sus brazos, por su parte, el de felinos ojos enredaba sus dedos en los sedosos cabellos del mayor dejando que este le guiase en aquel pasional encuentro de sus labios.
Ambos habían deseado lo mismo, ser el fin de su juego, ambos tenían una gran reputación, tal vez por eso sabían que después de aquella confesión vendría consigo una gran conversación.
Jeonghan conocía perfectamente que él era el causante de que los labios de Jisoo siempre lucieran aquel seductor tono rojizo y ya no se molestaría en ocultar la verdad.