❝𝘐𝘯 𝘵𝘩𝘢𝘵❞
Para Manjiro la vida había sido tierna hasta sus doce años...
Lo que en un comienzo fue “el mejor año de su vida” por la cantidad de cosas buenas que habían sucedido en ese entonces, se quedaría grabado en su memoria como el año que lo marcaría de por vida.
Tristemente de forma en que tuviera que madurar de una manera cruel, aún siendo él solo un chiquillo.
☁☂
Japón, 13 de agosto, 𝟮𝟬𝟭𝟰.
La atmósfera fresca se hacía presente en es tarde de vacaciones, quizá no lo suficiente para helarse del frió hasta los huesos, pero si para cubrirse con algunas cobijas que se hallaban esparcidas sobre la cama en la que se encontraba sentado..
Las constantes gotas de agua causadas por la lluvia se deslizaban sobre las ventanas cerradas de su pequeña habitación personalizada, empañando un poco el vidrios y dificultando el campo de visión a través de la misma.
¿Quizá este clima tempestuoso le estuviera dando un preludio a los sucesos que acontecerían en posterioridad? Ciertamente jamás podría tener una respuesta ante esa incógnita que cíclicamente se presentaba en su mente como un mal chiste contado hasta el cansancio.
Sin embargo el cansancio no existía para esos pensamientos invasivos que se arraigaban en su mente como si de sus propios sesos se tratase.
En aquella tarde de vídeo juegos programada estratégicamente los sábados todo transcurría de forma tranquila junto a sus inseparables compañeros de siempre: Keisuke Baji y Haruchiyo Akashi.
― ¡Mierda Haru! ¡Eso es trampa!― El fuerte grito de frustración del niño rompió el silencio en la habitación al verse derrotado por su compañero de juegos.
―¡Claro que no! Estabas descuidado y utilicé el último ataque de mi personaje―Se defendió este ante los ataques verbales de su amigo.
―¡Pero justo me moviste con tu pie para que me desconcentrara! ¿Verdad que sí Mikey?―Buscó apoyo en su otro amigo sentado a espaldas de ellos, quien estaba comiendo un dulce y observando con atención la pantalla donde se reproducía el juego de lucha.
―¡No es cierto! Tu lo viste con tus propios ojos, él estaba mirando la puerta como un bobo esperando ver a Emma ¡No es mi culpa que sea un despistado!―Replicó el segundo también buscando apoyo en el dueño de la consola.
―¡Claro que no quiero ver Emma! ― Sus mejillas se sonrojaron intensamente al nombrar a la rubia, quién era la hermana de Mikey― Además ¿A quién le dices bobo? Torpe.
―¿A quién le dices torpe? Idiota― Prosiguió con su discusión el otro.
―Ya cállense y jueguen otra ronda, me aburro― Interrumpió el dueño de la consola que se había sacado la chupeta de la boca para poder hablar bien.
―¿Pero verdad que Haru hizo trampa?― Insistió el primer muchacho, a lo que su amigo soltó un gruñido de frustración.
―¡No sé! Estaba viendo el juego. Y ya dejen de pelear o les quito la xbox― Regañó él en medio de la queja de sus compañeros de juego.
―¡No Mikey!―Soltaron al unisono y observaron con malos ojos al anfitrión de la “pijamada masculina” que tenían esa noche.
Repentinamente unas dulces voces interrumpieron su momento de “solo chicos” en la habitación de Mikey. Eran las tiernas hermanas de estos.
―¡Hola Mikey! ¿Qué hacen?― Un par de jovencitas, unq de pelo rubio o la otra albina se habían hecho presentes en el sitio haciendo soltar unos cuantos suspiros de frustración por parte de los varones y uno solo de alegría.
―¡Emma! ¡Senju! ¿Qué hacen aquí? ¿No vieron el cartel que dice “Solo chicos” allá afuera?― Mikey señaló aquel trozo de papel de una libreta vieja, mal escrito y mal pintado con pintura acrílica, el cual antes estaba colgado en la puerta pero ahora se hallaba sobre el suelo, arrugado y un poco pisado.
―Oh ¿Hablas de esa cosa fea y mal coloreada? Se cayó y no pudimos leer nada―Respondió Emma.
―¡Oye! ¡Me esforcé muchísimo al darle color para que dañen mi obra de arte!―Exclamó Haruchiyo.
―Haru... Te faltan clases de pintura―Le respondió su hermana, la pequeña albina y seguidamente todos estallaron en carcajadas ante la mirada enojada y el puchero en el rostro del más alto de todos.
―Bueno, no nos dijeron qué están haciendo―Dijo la rubia.
―Se supone que es una pijamada de hombres―Respondió el dueño del cuarto, a lo que los otros dos asintieron.
―Así que no se permiten niñas―Agregó el albino.
―En pocas palabras, fuera―Mikey señaló la puerta que se hallaba detrás de ellas, mientras Baji no decía una sola palabra y veía a Emma medio paralizado.
―No puedes correrme estoy en mi casa, idiota!―Emma le golpeó la cabeza y se acostó sobre la cama.
―¡Mikey!―Dijo el pelinegro mientras el rubio se sobaba el sitio golpeado por su hermana.
Y tenia fuerza para ser una niñita pequeña.
―Keisuke, dile algo porfavor―Emma lo miró con tiernos ojos de cachorrito a la vez que sostenía su peluche rosado en brazos.
Ella sabía exactamente qué hacer para convencerlo, pues tenía conocimiento de que Keisuke estaba enamorado de ella.
Solo bastó un pestañeo y él sonrío como bobo.
―Mikey, no seas así con tu hermana― Se rascó la cara mientras la niña lo miraba tiernamente, podía sentír su joven corazón latir con fuerza mientras se perdía en sus dulces ojos como la miel.
Mikey miró a ambos repetidas veces, la mueca de incomodidad en su rostro fue evidente al mirar a su mejor amigo y como su melliza le hacia ojitos de ternura. Suspiró fastidiado e hizo cara de asco.
―¡Deja de mirar a Emma!― Gritó fastidiado para luego dirigirse a su hermana melliza― ¿Senju y tu van a estar tranquilas, van a hacer todo lo que les digamos y no van a molestarnos?― Ambas asintieron varias veces― Pueden quedarse entonces.
El Akashi se quejo de fondo ante lo dicho, la pijamada masculina ahora no seria tan masculina.
A menos qué...
Se le había ocurrido una idea.
―Bueno ¿qué les parece un juego de terror?―Dijo y su complice Mikey sonrió enseguida.
―Oh, me parece excelente ¿Y a ti Kei?― El mencionado alzó el pulgar, aunque solo seguía viendo a la niña rubia.
―¿Qué dicen chicas?―Inquiriò con una sonrisa maliciosa el promotor de la idea, un silencio algo largo se extendió en el lugar hasta dar con el asentimiento por parte de Senju.
La mirada de las pequeñas niñas eran de preocupación, estaban nerviosas, a ninguna le gustaban los juegos de terror y ellos lo sabían, pero no querían irse del lugar porque eso significaba darles la razón, así que con toda su fuerza de voluntad decidieron quedarse.
El dueño de la consola sacó el cd de pelea que antes se reproducía y rebuscó un poco entre su estantería, hasta encontrar uno adecuado a sus espectativas.
Soltó una sonrisa con un poco de malicia, se trataba de un juego que no había provado desde que lo compró, pero por las reseñas de algunos youtubers tenía una fama muy interesante, y la portada era bastante inquietante.
―¿Qué opinan de los Zombies? ― Dijo el rubio mostrándole la carátula de un hombre rubio con un tipo con motosierra cortándole la cabeza.
Un grito fuerte y agudo salió de la boca de ambas niñas, quienes salieron corriendo despavoridas del cuarto del rubio.
Manjiro y Haruchiyo se reían con fuerza mientras veían a sus hermanas huir del lugar, habiendo cumplido el objetivo de correrlas, Keisuke por su parte se encontraba triste porque ya no vería a la niña que le gustaba.
Si tan solo hubieran sabido en lo que esa acción tuvo consecuencias, simplemente habrían apagado su consola y jugado con las niñas...
Dos horas después los tres varones se encontraban castigados por un chico de casi dos metros de altura, con un aspecto de pandillero y lleno de tatuajes, bastante intimidante. Que los veía de manera desaprobatoria con las niñas escondidas detrás de él y un jóven adolescente de tez oscura bostezando aburrido a su lado, cargando a la rubia en sus brazos mientras la consolaba y otro chico de cabellos morados a su lado acariciando la cabeza de la pequeña albina.
―¿Qué te dije de tratar a tu hermana así?― Gruñó enojado el muchacho de cabellos oscuros, era el hermano mayor de Mikey.
―Ellas nos estaban molestando, solo las asusté para que se fueran, son unas exageradas... ― El aludido rodó los ojos mientras veía a la niña llorar en los brazos de su otro hermano
El de cabello blanco y tez morena le cantaba una canción para tranquilizarlas, mientras la otra niña miraba a los hermanos discutir con los ojos llorosos.
―Son unas niñas Manjiro y por si no lo recuerdas Emma y Senju le tienen miedo a las películas de terror por sus pesadillas― Dijo el mayor cruzado de brazos y zapateando en el suelo.
―¿Qué hay de ti Haruchiyo? ¿Debo notificarle esto a Takeomi? ¿Y tú Keisuke? Sabes lo que opina tu mamá de esto... Ellos me dan la confianza suficiente para dejarlos jugar acá en la casa y ustedes tratan mal a las niñas.
―¡Emma es una cobarde, solo busca que la mimes por ser la menor! ¡Ella llora por todo!―Acusó ante la vista de todos a su hermana, quién estaba privada del llanto y se aferraba a su otro hermano.
Izana era su nombre, él solo se mantenía de espectador junto al hombre a su lado, Wakasa quién era el mejor amigo del hermano mayor de Emma y Mikey.
Shinishiro...
―¿Qué tiene de malo temerle a algo y llorar? Sabes que Emma aun no supera la muerte de mamá...― Izana miro a otro lugar ante la mención de su madre, mientras oía a sus hermanos discutir con la niña en brazos.
―¡Cállate! ¡No hables de eso!―El niño grito mientras se tapaba los oídos, sus ojos se llenaron de lágrimas.
―¿Crees que eres el único que sufre por eso? Emma también se siente muy mal, Izana también, deberias ser más considerado, mamá estaría muy... ― Dijo regañandolo pero el niño gritó fuertemente y lo interrumpió.
―¡Cállate Shinichiro!― El niño salió corriendo del lugar
―Eres un insensible e inmaduro ¿A dónde crees que vas?― El pelinegro lo siguió a través de la lluvia torrencial que había en esa fría tarde, los otros dos niños los siguieron intentando buscar a su amigo para consolarlo.