Crimson Night [Lucemond One Shots]

Summary

Historias cortas que incluyen omegaverse, vampiros, fantasia, drama entre otras muchas cosas. Si llegaste hasta aquí espero disfrutes de mis relatos.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
16+

Primer Beso

—Lucerys ven acá— Aemond salió corriendo detrás de él.


—Déjame tranquilo, lo único que quieres es humillarme—


—Obedece a tu alfa—


—Mi alfa...el que se pasea por la fortaleza roja con esa mujer. No digas estupideces, le diré a mi Madre que no quiero esta boda—


Aemond alcanzó al chico y lo jaló del brazo, la brisa calaba en su cabello rizado y plateado...tenía una nariz pequeña y respingada pero era un dolor de cabeza.


—Vas a ser mio te guste o no— El alfa le sujetó las mejillas.


—Si le digo a Madre que te vi con alguien más ella cancelará todo, me importa una mierda lo que tu quieras— Lucerys forcejeó pero el alfa lo tenia bien sujeto de las muñecas.—Suéltame Aemond me estas haciendo daño.


—Primero muerto antes de dejarte en manos de esos Lannister, desde que naciste fuiste elegido para mi. Te perdone lo de mi ojo y Rhaenyra prometió tu mano como pago por esto—


Lucerys volteó el rostro.


—Si eso es lo que quieres me quitaré el ojo izquierdo para que me dejes en paz. Se que en algún otro lado hay alfas que desean darme mi lugar—


Aemond lo volvió a sujetar de las mejillas.


—Cállate, nadie más podrá tomarte. Solo yo, ese es mi derecho. Obedece Lucerys— Se agachó para intentar besarlo pero el Omega ladeó el rostro.


—Eres un idiota, déjame...sabes bien que nadie me ha besado—


—Por eso mismo taoba, es mi derecho probarte primero—

Aemond sonrió ante el enojo del omega pues no dejaba de forcejear.


—No es tu derecho, no quiero, vete con esa mujer...es más linda que yo—


—Omega estúpido no hay nadie más bello que tú en este mundo—


Lucerys abrió mucho los ojos.


—¿Eh?—


—Lo que oiste— Aemond apretó las mejillas del omega con una mano y admiro sus suaves labios rojizos, sus mejillas pecosas, sus ojos violetas y sus rizos plateados. Una belleza Valyria en todo su esplendor pero con un temperamento terrible.


—No...no te creo Aemond yo...— Lucerys aspiró el aroma del mayor...humo y sándalo, le picaba la nariz siempre qué estaba en su presencia.


—Habla de nuevo y te juro que no tendré piedad, voy a profanar esa linda cara tuya. Decide que es lo que quieres llevar—


Lucerys titubeó pero agachó la mirada en señal de sumisión.


—Así me gusta, conoce tu lugar conmigo y vas a ser recompensado. Omega estúpido— Aemond le levantó el mentón, el chico tenía las mejillas rojas, se acercó a su rostro y rozó sus labios con los de él.


—Qybor...se van a molestar los adultos cuando sepan que me besaste—


—Me importan una mierda los adultos, quiero probarte.— Lucerys cerró los ojos y Aemond se agachó aún más para tomarlo de la cintura. —No vuelvas a celarme o en lugar de beso será una palmada. ¿Vas a obedecer?—


Lucerys asintió y lo abrazó del cuello dejando que el alfa paseara los labios por cada rincón de su cuello provocandole un escalofrío.


—Hmm...qybor esto no es correcto—


—Es correcto porque es una orden. Ahora deja de hablar taoba— Aemond se agachó y pego sus labios con los del omega...sabían a caramelo y eran suaves...esponjosos...como probar el mismo cielo.


Las delicadas manos de Lucerys acariciaban su nuca con destreza enredando los dedos en la longitud de su cabello plateado. Ningún otro omega sería como él...tenía la fiereza de un dragón como Rhaenyra pero también era calmado y amable como su padre Leanor, su ojo era el trofeo del omega. Pensó en hacerlo pagar de mil maneras cuando fuera su esposo pero después de que cumplió los 16 años aquello fue olvidado y solo deseaba hacerlo feliz aunque eso significara rendirse ante él.


La boca de Lucerys era tímida pero aún así no perdía oportunidad, rozó su lengua con cuidado y el Omega se quejo. Señal de que debían separarse.


—Aemond...no puedo creer que me besaras así.— Lucerys se sonrojó.


—No quiero que lo olvides jamás—


—Jamás podría olvidar mi primer beso...y menos si ha sido contigo—


—¿Vas a suspender la boda?— Aemond acarició sus rizos plateados con delicadeza.


—Nunca, tu eres mio y yo soy tuyo—


—Así me gusta, ahora obedece y vuelve con la septa—


Lucerys asintió y salió corriendo hacia la entrada a la Fortaleza Roja.