Castas En Las Calles by Luisa at Inkitt
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Castas En Las Calles

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Summary

En Bradena, el mundo de las calles es un lugar solo para aquellos lo suficientemente fuertes como para sobrevivir en él. Hace unos años, una inusual pandilla reinaba en el Distrito Centro. En un mundo donde las pandillas están compuestas principalmente por Alfas y Betas, esta pandilla tenía entre sus filas a Omegas. Sin embargo, todos sus miembros eran de temer, comandados por un misterioso y poderoso Alfa que se alzaba invicto en cualquier enfrentamiento, alguien a quien apodaban "La leyenda de las calles". De la misma manera, en que la pandilla apareció repentinamente, causando revuelo con sus miembros fuertes, también desapareció de la misma manera abrupta. Sin aviso, fue desmantelada y todos sus integrantes se desvanecieron en las calles, dejando nada más que rumores a su espalda. Se rumorea que algunos se unieron a otras pandillas, adoptando nuevos nombres, mientras que el Alfa, líder de la pandilla, desapareció sin dejar rastro. Ahora, casi tres años después, un misterioso joven Omega emerge en las calles de Bradena. Aunque tiene un aspecto delicado, posee una fuerza abismal y lo que es aún más impresionante, utiliza el mismo estilo de lucha que el enigmático Alfa, líder de aquella pandilla. La ciudad se sume en el caos ante la aparición de este Omega, y la búsqueda de su conexión con el Alfa desaparecido se reaviva.

Genre
Action/Romance
Author
Luisa
Status
Ongoing
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
18+

Regresando a casa...

Iah odia las mudanzas, realmente las odia. 

Todo el proceso de tener que guardar toda su mugre en cajas para luego tener que volver a sacarla le resulta simplemente tedioso. Sin embargo, esta vez parece tener que poner todo su disgusto a un lado por un bien mayor. Mudarse era únicamente un medio para un fin. Curiosamente, que su padre hubiera sido transferido de vuelta a Bradena, le caía como anillo al dedo.

El alfa, por supuesto, no había encontrado aquella noticia de su agrado. Iah había tenido que lidiar con el mal humor de su padre durante toda la mudanza. Pero, ahora que ya estaban en Bradena y su nueva casa estaba hasta el tope de cajas por desempacar, tendría algo de paz, sabía que el alfa haría lo que llevaba haciendo por casi tres años. Dejarle todas las responsabilidades del hogar a él y sumergirse por completo en el trabajo, ignorando todo a su alrededor que no sea dinero o comida.

Tiempo atrás, Iah se había quejado al respecto y la respuesta de su padre había sido, «Eres un omega, es tu deber mantener un hogar». Esa fue la primera vez en su vida en la que Iah deseó golpear a su padre. Desafortunadamente, el deseo no había desaparecido con el paso del tiempo y, por el contrario, no había hecho más que ir en aumento. Algunas veces, en sus días más melancólicos, deseaba con fuerza volver al pasado, donde su familia era de cuatro miembros y no solo ellos dos.

Pensar en esos dos miembros que faltan solo sirve para generarle dolor, pero Iah no es capaz de ponerle una pausa a sus pensamientos cuando se desvían en esa dirección. Simplemente, se sumerge en el conocido dolor de la perdida, en la familiaridad de extrañar la presencia de alguien y el vacío que su ausencia deja. Esta vez, ha elegido su camino de regreso a casa. Con su cena en una bolsa que se enfría con cada minuto que se demora en llegar a su destino, mientras tiene su momento melancólico. Incluso el clima parece querer colaborarle y darle una adecuada ambientación, porque las nubes oscuras se han juntado en el cielo y el brillante sol ha sido ocultado, dejando un cielo gris y sombrío como paisaje a contemplar.

Aunque, contrario a lo que Iah pensó, la suerte no estaba de su lado esa tarde, porque se ha perdido en su camino de regreso. Detiene su lento andar cuando se da cuenta, soltando un suspiro de cansancio. Ha sido inevitable, la casa que su padre ha conseguido está en un barrio totalmente diferente a aquel en el que un día vivió, y aunque sigue quedando en el distrito del centro, los alrededores de su casa son totalmente desconocidos. Sin más opción, Iah decide seguir caminando en busca de alguna persona que pueda darle indicaciones. Volver sobre sus pasos dejó de ser una opción cuando doblo en aquella esquina donde todas las casas empezaron a lucir iguales en estructura y color. Ya no puedo decir dónde estaba aquella esquina.

Le da otra mirada al cielo, y ahora ya no le parece tan agradable que el clima haya decidido adaptarse a su melancolía. No cuando, con cada minuto que pasa, parece que la lluvia está a punto de caer sobre su cabeza y él está lejos de su nueva casa, perdido y sin ningún paraguas para protegerse. Además, su cena, probablemente fría a estas alturas, sigue en la bolsa en su mano derecha. Otro suspiro de cansancio abandona su boca, la mueca de irritación en su rostro a estas alturas es incontenible. Esa expresión que parece decir, «Respira cerca de mí y será lo último que hagas» y que es exactamente lo que la maldita sociedad en la que vive catalogaría como una actitud impropia de un omega, pero él se pasa esa opinión por el culo, y todas aquellas que se le parezcan.

De un omega únicamente tiene los rasgos suaves de su rostro y el característico olor dulce. Su estatura puede considerarse alta entre los omegas, y al contrario de lo que debería, su cuerpo no es de contextura delicada. Aunque mantiene la cintura y las anchas caderas de los omegas, además de la redonda y abultada curvatura de su trasero. También tiene musculatura en sus brazos y piernas, aunque algo delgados, siguen siendo más masculinos de lo que se espera en un omega, pero para Iah están bien. Es justo lo que ha intentado lograr por años, no quiere un cuerpo débil e indefenso, quiere la fuerza para protegerse y lograr su objetivo, porque sabe que para lograr lo que quiere, necesitará mucha fuerza.

—Ehh, lindura, ¿te has perdido de regreso a casa?

¿Se había mencionado antes que tal vez la suerte no estaba del todo del lado de Iah? Bueno, ese es evidentemente el caso. Este es el momento en el que Iah maldice su decisión de no usar ropas con inhibidores de aroma antes de salir de su casa, simplemente lo descartó en su carrera contra el hambre, ahora parece que eso le cobrará factura.

Iah acelera el paso mientras ignora deliberadamente al alfa y los tres betas que le gritan desde el otro lado de la acera, ni siquiera les dedicó una mirada, pero eso no sirve para nada más que aumentar el interés de estos en él. Saben que es un omega; es obvio por el dulce aroma que desprende. Aunque a simple vista pueda parecer un beta con las anchas ropas que esconden su diminuta cintura y su gran trasero, su aroma lo ha delatado. Y es de conocimiento público que lo que menos debería hacer un omega es ser grosero con un alfa en la calle si va sin compañía alguna. Por lo que no es una sorpresa que crucen la calle para ponerse enfrente de Iah luego de que este los ignore.

Solo cuando debe detenerse porque los tiene bloqueándole el camino, Iah se permite observarlos, y lo que ve casi le saca una sonrisa de satisfacción. El grupito de cuatro betas y el alfa, visten chaquetas de cuerpo, con algunos remaches. El detalle a destacar está en que, en la parte de atrás de las chaquetas, se puede evidenciar un gran diseño de un tiburón en el agua con la mandíbula abierta y todos los colmillos a la vista. Este tipo de chaquetas en una ciudad como Bradena sólo puede significar una cosa: ellos pertenecen a una pandilla y eso solo significa buenas noticias para Iah.

El mundo de las pandillas no es ajeno para él, en realidad tiene una historia significativa con este, y es la principal de sus razones para querer volver a Bradena. Para lograr su objetivo necesita adentrarse nuevamente en este mundo de las pandillas callejeras, y parece que esos estúpidos en frente suyo serán su pase de entrada; su fría cena tendrá que esperar. Iah se había detenido a unos metros de distancia del grupo, y estos habían comenzado a acercarse. A esa distancia, los sentidos de Iah se vieron inundados por el fuerte aroma que el alfa desprendía, lo hizo arrugar la nariz en desagrado. Eucalipto y Piña, ¡asco!, ¿qué clase de combinación era esa?, sobra mencionar que Iah detesta la piña y hace parte de esas personas que argumentan que la pizza no debe llevar piña.

—¿Qué, no te gusta mi aroma lindura? —La voz del alfa sonó molesta. Para los estúpidos y orgullosos alfas, que a un omega le desagradara su aroma, era igual a una patada en los huevos a su ego.

—Asqueroso, igual que tú—, Iah no iba a contener su afilada lengua. De todas maneras, ese encuentro sólo podía terminar en un escenario posible y eso eran los golpes, el idioma universal de las pandillas.

—Un omega no debería ser tan lengua suelta si se encuentra solo—. Uno de los betas que acompañan al alfa decide que es buena idea hablarle. Iah hace aún más obvia su expresión de asco ante la voz del beta.

—Soy tan lengua suelta como se me da la gana —les contesta, soltando algunas feromonas, evidenciando que está molesto.

Su dulce aroma se torna amargo. En ese momento, un sonido brota de la garganta del alfa, un gruñido que él cree lo hace sonar peligroso e intimidará a Iah. Pero realmente a esas alturas de su vida, Iah se pregunta si hay algo que aún pueda intimidarlo. Después de todas las experiencias horrorosas que ha tenido, le ha perdido el miedo a muchas cosas, la muerte es una de ellas. Incluso el dolor no le disgusta tanto como debería, y algunos días se mete en peleas intencionalmente porque la necesidad de sentir dolor lo domina. Su omega interior lo detesta, aunque su omega interior detesta todo lo que él hace, únicamente es feliz cuando se revuelca con algún alfa durante su celo.

—Parece que no te han enseñado cómo se debe comportar un omega. Tendremos que darte una lección—. El alfa vuelve a hablarle con cierto tono sugerente en sus palabras que le revuelve el estómago de inmediato. Su omega parece estar de acuerdo con él en esta ocasión; a ambos les asquea ese alfa.

—Intenta ponerme un solo dedo encima—Iah le responde. Su voz tiene un peligroso tono bajo que los toma desprevenidos, nunca han escuchado a un omega hablarles de esa manera —y te arrepentirás por el resto de tu vida.

Ahora, sí ha molestado por completo al alfa, Iah lo sabe cuándo los ojos de este se tornan de un color rojo, y su aroma se vuelve más pesado. Sus fosas nasales se anchan mientras comienza a respirar más rápido y más fuerte, señal de que atacará en cualquier momento. Con rapidez, Iah deja la bolsa con su cena encima del muro del jardín que tiene la casa al lado de la que se encuentran, lo hace justo a tiempo para evitar el golpe que el alfa se lanza a darle.

Los betas que lo acompañan hacen el amago de lanzarse hacia él también, pero el alfa les gruñe un «Mío» y se quedan justo donde están. Iah hace otra mueca de asco, él jamás será de ese alfa ni de ningún otro. Otro golpe se dirige hacia él, pero esta vez no lo esquiva; por el contrario, atrapa en limpio el puño del alfa que iba camino a su rostro. Sobra decir que esto los deja a todos conmocionados. ¿Un omega deteniendo el puño de un alfa con sus manos desnudas? Es algo sin precedentes para todos ellos; sin embargo, es algo que Iah puede hacer sin esfuerzo alguno.

Después de todo, es poseedor de una fuerza monstruosa que su padre y sus abuelos siempre condenaron impropia de un omega, pero a la que él le da siempre el mejor de los usos. Mientras sostiene el puño del alfa que aún luce conmocionado, tira de él para acercarlo y sin que lo puedan detener, levanta su rodilla con fuerza, conectándola en un golpe seco en el abdomen del alfa. El efecto del golpe es inmediato, el alfa abre la boca para soltar un gemido de dolor que sale con sangre y al instante pierde el conocimiento convirtiéndose en un peso muerto sobre la rodilla aún levantada de Iah.

Si los betas antes estaban conmocionados tan solo porque él pudiera parar el golpe, ahora parece que sus ojos se saldrán en cualquier momento por la impresión o que perderán el conocimiento por la sorpresa. Iah baja su rodilla y se aleja, dejando caer al alfa al suelo. El ruido del impacto saca de su impresión a los betas, que ahora lucen molestos y atemorizantes, pero en los ojos azules de Iah solo se refleja una cosa: «Ustedes son los siguientes», los betas se lanzan hacia él todos a la vez.

Esquiva los golpes y se defiende, no le toma más que un par de movimientos para noquearlos a todos, excepto a uno de ellos. Necesita a uno consciente para recaudar información. El único beta que queda lo mira horrorizado como si él fuera un monstruo. Iah le da una gran sonrisa que tiene todo para ponerle los pelos de punta a cualquiera que la vea. Se acerca al beta en el suelo y lo sujeta por las solapas de la chaqueta. El material de cuero se siente familiar entre sus dedos; ha pasado un tiempo desde la última vez que tuvo en sus manos una de esas.

—¿T-tú cómo…— El beta tartamudea sus palabras, pero Iah no se molesta en responder, solo lo interrumpe.

—Tengo unas cuantas preguntas, y ya que ustedes han decidido arruinar mi día, vas a tener que responder cada una de ellas—Iah es intimidante; sin embargo, el beta no parece del todo dispuesto a cooperar.

—N-no te diré nada —El beta apenas y puede mostrar algo de coraje, pero parece seguro en no querer decir nada.

Iah se molesta, solo quiere llegar a casa y cenar.

—Ahórrame el tener que ensuciarme con tu sangre —pide el omega con voz cansina—. Si respondes, terminaremos con esto rápido. ¿Nombre del líder de tu pandilla y cuál es su territorio? —El beta parece dudar, esperaba preguntas más peligrosas, pero eso no parece información que no pueda compartir

—Dael— responde algo inseguro. —Tresa es nuestro territorio.

Iah casi suelta otro suspiro por sus palabras, sospechó que se encontraban justo en el territorio de esa pandilla, para que armaran problemas sin ninguna preocupación, pero quiso estar equivocado.

Genial, su padre no podría haber elegido mejor barrio para mudarse que Tresa, le iba a «fascinar» la noticia de que había una pandilla en la zona.

—¿Cuántos miembros tienen?

Ahora esa era la clase de pregunta que podría considerarse peligrosa. En el pasado no era así, por lo general se presumía el número de miembros en una pandilla. Actualmente, era una ventaja el no revelar con exactitud el número de miembros, que siempre podía resultar beneficioso en alguna pelea o conflicto.

El beta endureció su mirada reacio a contestar. Iah chasqueó la lengua con molestia antes de llevar su puño a la cara del beta y conectarlo con su mandíbula. El crujido de los huesos se escuchó bajo su golpe. No la había roto aunque hubiera podido, pero sí le dificultaría el comer por al menos una semana. El beta mordió su propia lengua ante el impacto, su boca llenándose de sangre que se derramó por uno de sus costados, observó con furia y temor mezclados al omega que lo sostenía. Iah le devolvió la mirada con superioridad.

—Te pedí que fueras colaborativo— Iah se encogió de hombros sin arrepentimientos—. En el siguiente no me contendré —le advierte al beta y lo siente estremecerse bajo su agarre—. ¿Cuántos miembros tiene tu pandilla?

—T-treinta…— responde el beta con dificultad, es evidente que le duele el golpe cuando habla.

Iah se siente aliviado y decepcionado al mismo tiempo. Se trata de una pandilla pequeña, podría ser bastante nueva, no le servirá para lo que necesita, tiene que adentrarse en las grandes y antiguas pandillas.

—¿Quién manda en el centro ahora? —Hace su siguiente pregunta y el beta que sostiene lo mira con extrañez, probablemente cayendo en cuenta de que ese omega debe ser nuevo en la ciudad.

—N-nadie manda en el centro.

La respuesta deja a Iah sorprendido. Eso no se lo esperaba, juraría que alguna de las antiguas pandillas rivales de aquella por la que él había vuelto, habría tomado el control del centro en cuanto tuvieran oportunidad. Iah se deja llevar por sus pensamientos, planteándose todas las razones por las que la situación actual es así, pero comete un error. Se ha sumergido demasiado en sus pensamientos, confiado en que todos los colegas del beta entre sus manos están fuera de combate.

Su error le cuesta el no notar cuando uno de ellos se recupera más rápido de lo que debería. Aunque aún un poco lento y aturdido, no tardó en enojarse de nuevo con el omega que lo golpeó y buscar su venganza. El beta saca la navaja que mantiene en su bolsillo, la que antes por los golpes no tuvo oportunidad de sacar, y camina con sigilo hacia Iah que está hincado en el suelo sobre uno de sus compañeros. Para suerte del beta, Iah está distraído y no lo nota. Sostiene su navaja en alto y está a tan solo unos metros, listo para enterrársela en un costado, pero entonces siente un brutal golpe en toda su mejilla derecha, que lo manda al suelo en un instante, haciéndolo perder el conocimiento de nuevo.

El sonido del fuerte golpe, es lo que alerta a Iah, haciéndolo ponerse en guardia, mirando la situación a su espalda con rapidez. A solo unos metros detrás de él, se encuentra uno de los betas que anteriormente había golpeado. Un poco de sangre sale de su sien en el lado derecho, su mejilla está abultada y roja, pasando a tornarse cada vez más oscura con cada segundo que pasa. La navaja que sostenía ha caído un poco lejos de él, pero Iah sabe rápidamente lo que planeaba hacer con ella. Esto no lo toma por sorpresa, lo que le sorprende, es ver a la beta de largos cabellos verdes que se encuentra donde antes estaba el que planeaba atacarlo.

La beta está bajando lentamente una de sus piernas, a Iah no le cuesta nada saber por su postura que ella es quien ha golpeado al otro beta. Ella mira con algo de desprecio al beta que ahora está inconsciente de nuevo, pero luego cambia su semblante por uno alegre cuando pone sus ojos en Iah. Tiene los ojos mieles, algo claros pero, bastante intensos. Resaltan aún más al contrastar con el tono verde del largo cabello que cae a su espalda, llegando mucho más abajo de sus caderas. En su blanca y respingada nariz resalta un pircing negro, que hace juego con el de su labio en el lado izquierdo. Se ve varios centímetros más alta que él, pero Iah supone que se debe a las botas negras llenas de remaches que usa.

Tiene unos pantalones de camuflaje militar verdes que se ajustan a sus caderas con un gran cinturón negro. En lugar de llevar una camiseta, su torso está envuelto por lo que parece ser unas vendas. Estas cubren sus pechos y un poco más abajo de sus costillas, pero el resto de su piel está al descubierto. Iah espera ver también un pircing en su ombligo, pero no lo hay. Sobre sus hombros hay una chaqueta de cuero negra, es parecida a la que usan sus atacantes, solo que esta no tiene remaches en los hombros ni los brazos, tan solo tiene dos bolsillos en la parte delantera y cierres en los puños. Por lo poco que puede ver de su diseño, Iah sabe que si la beta pertenece a alguna pandilla, debe ser diferente a la de los idiotas que están tirados en el suelo.

—Una foto te duraría más— la beta le da una sonrisa torcida mientras habla, y por alguna razón Iah la siente bastante familiar, pero no quiere adentrarse en sus recuerdos para saber por qué.

—No vale la pena tener una foto de algo que solo voy a mirar una vez— la beta suelta un bufido de indignación.

Iah sabe que está siendo grosero y algo desagradecido con la persona que lo acaba de salvar, de ser apuñalado, pero su experiencia en las calles le ha enseñado que algunas veces la ayuda puede resultar en un calvario si se deja tomar con la guardia baja.

—¡Qué grosero! —La beta se queja, pero no hay enojo en su voz ni en su mirada, parece más bien entretenida por su respuesta —Y yo aquí pensando qué ibas a decir, gracias —deja salir un suspiro con bastante dramatismo y de nuevo Iah siente esa sensación de familiaridad.

—Pues te vas a morir esperándolas.

A esas alturas de su vida, el omega puede soltar toda una sarta de veneno sin ninguna pizca de arrepentimiento, ni siquiera ver lágrimas lo conmueve y los golpes no le dan miedo. Esta beta que tiene en frente por alguna razón hace que le den ganas de dar rienda suelta a su afilada lengua

—Bonito y maleducado, eres toda unajoyita.

Iah odia la manera en la que lo llama y odia aún más ver la sonrisa de satisfacción en el rostro de la beta cuando se da cuenta del efecto de sus palabras. Ambos se miran a los ojos retándose con la mirada, listos para saltar encima del otro en cualquier momento, y cuando parece que el omega se ha decidido por hacerlo, el beta que antes había estado interrogando decide que es momento de escapar, las miradas tensas de ambos caen sobre él…



Iah quiere que alguien, por favor, le explique cómo terminó en esa situación. ¿Cómo pasó de estar interrogando a un Beta a golpes, a estar en unos baños termales cenando con la extraña Beta que tuvo ganas de golpear? No termina de entender cómo y en qué momento terminó yendo con la beta peli verde y montándose en su motocicleta para ahora estar en uno de esos baños que lucen bastante costosos y ofrecen cenas de alta calidad.

Luego de que atrapara de nuevo al beta que se le intentó escapar, la peli verde lo interrumpió antes de que pudiera seguir con su interrogatorio, reprendió al beta en su poder. Cuando este quiso replicar e insultarla, la chica dejó a la vista el bordado en la espalda de su chaqueta, callándolo al instante. El beta casi se puso blanco cuando vio el bordado de un imponente leopardo encima de una piedra con las fauces abiertas listas en posición de ataque. Tal vez eso tuvo algo que ver en que Iah aceptara la invitación de la beta peli verde. Era evidente que esta pertenecía a una pandilla y sospechaba que era una peligrosa a diferencia del intento de pandilla al que pertenecían sus atacantes.

—Me doy cuenta de que voy a gastarte la cena y aún no conozco tu nombre.

Iah levanta una de sus cejas rubias mientras la mira con incredulidad; su mirada parece decir:«¿En serio?», pero la peli verde se mantiene impasible a la espera de su respuesta, incluso tiene una sonrisa amable plasmada en su rostro.

—Lael—Le responde mirándola con desinterés, que claramente es fingido porque él siente auténtica curiosidad por la beta, pero no planea dejárselo saber. Al igual que no planea dejarle saber su nombre real, no está en sus planes que eso se sepa por el momento.

—Sara, diría que es un placer, pero tengo el presentimiento de que el sentimiento no es mutuo—. La beta se presenta con una sonrisa.

Iah siente que está mintiendo, no tiene nada para probar o sospechar, pero algo dentro de él le dice que ese no es su nombre real. Lo que lo llevó a preguntarse si tal vez ella también sospecha lo mismo de él y por eso le ha dado un nombre falso.

—Si eres consiente, evita palabras innecesarias—. Sus palabras ácidas no parecen estar surgiendo el efecto acostumbrado con esta beta, ella parece entretenida por cada cosa odiosa que sale de su boca. Iah piensa que tal vez la chica es masoquista, no puede estar más en lo cierto.

—Lamento los problemas que tuviste con esos idiotas.

La beta sigue hablando mientras comienza a mirar el menú que ha tomado a la entrada. Ambos se encuentran caminando hasta los vestuarios donde deben dejar su ropa para cambiarse y poder entrar en los baños. Iah encuentra sorprendente que presten el servicio de comida en un lugar como ese, y se pregunta si la entregarán en un pequeño flotador. Le gustaría ver eso, pequeños flotadores llenos de comida.

—¿Por qué te disculpas por ellos?

Iah toma el menú que la beta le pasa; parece que ya ha escogido qué comerá. Por un momento, el omega recuerda su cena abandonada en una bolsa encima del muro en el jardín de alguna casa, espera que por lo menos alguien llegue a disfrutarla, tal vez algún indigente pueda darse una cena digna esa noche.

—Era mi tarea haberme deshecho de ese intento de pandilla antes, pero lo olvidé.— La beta se rasca un lado de la cara en un gesto de vergüenza, parece bastante apenada por haberse olvidado de algo como eso.

Iah entiende un poco, puede no parecer algo serio, pero en Bradena tener pandillas merodeando en tu territorio no era un lujo que te puedas dar. Cuando menos lo esperes, puedes tenerlos en tu puerta, echándote lejos.

—Aún quedan varios de ellos, el beta me dijo que eran treinta, si no mentía, todavía tienes trabajo por hacer—. La peli verde se encogió de hombros con despreocupación.

—Terminaré con eso luego de que comamos y me dé un baño relajante. Soy más eficiente para golpear a las personas cuando estoy satisfecha y relajada.

Ahora Iah la miraba como si le hubiera crecido un tercer ojo,«¿Más eficiente golpeando gente cuando se está satisfecho y relajado?»,¿Con qué clase de alienígena se estaba juntando?, la beta soltó una risa con ganas por la mirada que el omega le estaba dando, al escucharla reír Iah sintió de nuevo esa familiaridad, como si esa tonta risa que sonaba escandalosa ya la hubiera escuchado antes, pero su cerebro se negaba a decirle donde.

—Eres extraña—Iah no se contiene de decirle lo que piensa, lleva bastante sin hacerlo y no va a empezar ahora.

—No eres el primero que lo dice—La beta solo se encoge de hombros con desinterés mientras comienza a sacarse la ropa, ya han llegado a los vestuarios, Iah observa a su alrededor esperando algún letrero que avise de divisiones o zonas para los géneros, ante su mirada la chica le aclara—Son mixtos, las únicas divisiones son por castas y dado que tú eres un omega y yo una beta no tenemos problemas.

Ahora que varias prendas han desaparecido de su cuerpo, Iah no puede evitar posar su mirada en ella. Lejos de ser por algún tipo de deseo, lo hace por las extrañas cicatrices de mordidas que tiene la chica por toda su espalda y algunos lugares de sus muslos, además de los moretones en formas de dedos a los lados de sus caderas, y en algunos lugares de sus piernas. Pero, lo que toma por completo su atención, es la gran marca de una mordida en la parte baja del cuello de la chica, que apenas nota cuando esta recoge su largo cabello verde en un moño algo suelto encima de su cabeza. Iah sabe con solo verla que esa mordida tuvo que haber sangrado y dolido demasiado, sabe también que la chica está con algún alfa, lo suficiente idiota como para necesitar demostrar su dominio sobre una beta dejándole una marca de esa manera. La idea de que la chica es una masoquista regresa ahora más como una afirmación.

Iah no puede seguir observándola por más tiempo porque ella ya ha terminado y está saliendo de los vestuarios para dirigirse a los baños. El omega, rápidamente, se quita su propia ropa y la deja doblada donde corresponde. Iah es esa clase de persona que es una maniática de la limpieza y al mismo tiempo el ser más perezoso y sucio que puede haber. Simplemente, no puede encontrar el balance entre ambas, o tiene todo hecho un asqueroso chiquero, o tiene todo pulcramente limpio sin una sola mota de polvo. Por lo que mientras ahora ha dejado su ropa doblada, recuerda la caja con toda su ropa revuelta que lo espera para ser desempacada en su nueva casa.

Tiene que admitir, aunque solo lo haga en su mente, que siente una pizca de agradecimiento por la beta peli verde, por haberlo traído allí. Sus músculos se lo agradecen cuando entran en contacto con el agua caliente y los vapores. La sensación es reconfortante, puede sentir la tensión abandonándolo de inmediato, se siente tan relajado y tan bien, que por un momento casi suelta un ronroneo, pero es capaz de reaccionar a tiempo. Mira a la beta peli verde a su lado y esta le devuelve la mirada con diversión, parece que se ha dado cuenta, Iah vuelve a poner su odiosa cara de pocos amigos.

—Son baños para relajarte, se supone que eso es lo que debes hacer—. La beta deja salir sus palabras con un tono que pretende inocencia, pero la sonrisa de burla en su rostro no lo permite.

—Es mi problema, cómo me relajo—. Su respuesta seca no se hace esperar, y de nuevo la beta peli verde no se molesta por la manera en la que le habla, solo le da otra odiosa sonrisa.

—Entonces… ¿Por qué estabas interrogando a ese beta? —Ante la pregunta puntual de la peli verde, ahora es el rubio quien sonríe. Llevaba esperando esa pregunta desde que aceptó la invitación a cenar.

—Qué te importa—Iah siente la necesidad de molestarla, hasta ahora solo le ha dado sonrisas a su trato rudo, quiere saber qué tan grande es la paciencia de esta extraña beta.

—Mucho, no es que me guste decir cosas obvias, pero estás en un territorio que no te pertenece haciendo preguntas que no deberías…—Parece que se topa justo con su límite, aunque la sonrisa permanece en los labios de la peli verde no llega hasta sus ojos, que ahora tienen un evidente brillo de molestia y amenaza.

—Estoy buscando a alguien—Iah considera todas sus opciones, descarta el mentir. De alguna manera, sabe que la peli verde no se tragara nada de lo que diga, así que se va por la más aceptable, decir una verdad a medias.

—Asumo que es alguien que pertenece a las calles —la beta lo observa con suspicacia, pesando cada una de sus palabras, el omega asiente en respuesta. En una ciudad como Bradena decir que alguien pertenece a las calles es solo otra manera de decir que se mueve en el mundo de las pandillas.

—Perdimos el contacto hace un tiempo—Iah sigue soltado sus verdades a medias—El centro solía ser el territorio donde se movía, es por eso que le pregunte aquello a ese beta—Es necesario explicarse, sabe que si no explica sus acciones la peli verde lo puede tomar como una posible amenaza para su pandilla

—¿A quéfamiliapertenece? —Esa es una palabra que usan cuando no quieren decir pandilla textualmente. Iah entiende que en algunos lugares de Bradena como estos lujos baños en los que se encuentran la palabra pandilla, puede causar conmoción.

—No lo sé, no era información que me soltara a la ligera—. Esa sí es una mentira en su totalidad, pero el omega rubio no puede darse el lujo de soltar el nombre deRaleaen una conversación, de manera casual. Ese nombre tiene peso, suficiente para que su sola mención lo ponga en el ojo del huracán.

—Tiene que ser una de las grandes, entonces— la peli verde responde justo en el momento en el que la comida que han pedido llega.

Iah tenía razón sobre los pequeños flotadores, la imagen se le hace tan curiosa y emocionante, que por unos segundos su semblante cambia totalmente y sus ojos azules casi parecen botar estrellitas, pero entonces escucha el bufido de risa contenida que la beta a su lado deja salir y toda la emoción en sus ojos muere al instante.



Sabik deja que su cabeza se aclare mientras el rugido del motor de su motocicleta vibra bajo sus piernas. Es una sensación que se le hace cálida y con la que está infinitamente familiarizada, algunas veces después de un muy mal día, es todo lo que necesita para volver a sentir su cabeza en su lugar. Aunque hay momentos, los peores que puede tener, donde el rugido del motor despierta en ella los más dolorosos y nostálgicos recuerdos, haciéndola incapaz de volver a montar su motocicleta por días, es por eso que siempre aprovecha al máximo su tiempo en ella.

Va en camino a Tresa, tiene que terminar lo que dejó a medias, de lo contrario tentará la poca paciencia que su alfa tiene, y esta noche en particular no se siente con ganas de un duro trato. No cuando su cuerpo todavía está recuperándose de la noche hace unos días, algunos movimientos todavía le resultan bastante dolorosos de emplear y su cadera no le agradece cada día que pasa. Hay una parte de ella que clama deseosa por más dolor y un trato aún más rudo; es la parte que ha reaccionado ante la visión de ese curioso omega repartiendo golpes.

Sabik sabe por qué no puede quitarse la escena de la cabeza, porque la repite una y otra vez; sin embargo, no quiere aceptarlo. No cuando eso significa lo que significa. Ha pasado meses enterrando en lo profundo de su mente todo lo relacionado con su antigua pandilla, y finalmente ha llegado a no querer saber nada más sobre ellos. Le costó mucho llegar a ese punto, ahora que lo ha hecho no quiere dar marcha atrás, pero es que de nuevo la visión de ese omega rubio dando golpes la tira a retroceder todos los pasos que ha avanzado. La tiró a salvarle la espalda, y luego a invitarlo a cenar, reacia a dejar su encuentro en algo de una sola vez. Finalmente, sabe que ha perdido la batalla contra ella misma al recordar con exactitud el número del omega.

Es una idiota, es simplemente lo que es, ahora no podrá mantenerse alejada de él.

Pero es que su mente le grita que está casi segura de la verdadera identidad del omega, y si está en lo cierto, es alguien a quien conoció en el pasado.

Alguien a quien apreciaba, ella y todos los miembros de su antigua pandilla. Es alguien que al igual que ellos, al final, también sufrió con aquello que pasó casi cuatro años atrás. Casi tiene miedo de confirmar que se trata de él, desea desde lo profundo de su ser que ese no sea el caso. Pero todas las demás posibilidades mueren cuando recuerda de nuevo la escena del omega golpeando a aquellos betas y el alfa. No hay duda, no con la forma de sus golpes ni la manera en la que se movió al golpear, lo hizo justo como aquel que fue apodado«La leyenda de las calles»lo hacía.

Sabik había visto a muchos imitadores en todos esos años que habían pasado; sin embargo, al final todos eran solo eso, imitadores. Ninguno lograba ejecutar con exactitud la curiosa manera de pelear de«La leyenda de las calles», este omega, por el contrario, no solo la imitaba. No, en realidad no era una imitación, era mejor descrito como una apropiación. Como si ese fuera su propio estilo para pelear. Se veía tan natural y cómodo en él que por un momento, hacía dudar a cualquiera que lo viera y hubiera tenido la dicha de presenciar a la«Leyenda de las calles»pelear en su tiempo. Los haría sentir como si tuvieran en frente a ese imponente alfa de nuevo, ese alfa que en algún momento se llamó a sí mismo el líder de Ralea, la pandilla que en su tiempo gobernó en el distrito del centro, antes de desaparecer al igual que sus miembros.



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Good Writing

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Good Writing

Compelling Plot

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Compelling Plot

Great Character

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Great Character

Strong Dialog

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Strong Dialog

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