La Fantasía Mas Real by Dalim F. Black D. at Inkitt
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La fantasía mas real

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Summary

Donde la fantasía es realidad y las mentiras siguen igual. Varios grupos de adolescentes con problemas, tendrán que soportar la presión que se les encomendara en sus propias manos, sin saber, que solo son peones en el juego de alguien mas.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

El portal a Whitefield

Capítulo 1

El portal a Whitefield


Cuando los planetas se alineen y se tome una decisión, no habrá vuelta atrás.


16 de noviembre del 2010

Era una noche fría de enero, cuando alrededor de la casa de los White Wood se podía escuchar la disputa que se llevaba entre dos de las integrantes de la familia. Wendolyn y Emily tenían una discusión de madre e hija, cosa que no alarmó al vecindario; la familia solía tener frecuentes discusiones.

Un golpe potente de puerta fue lo que despertó a alguien más en la casa que se generó el disturbio. Una pequeña de pelo café obscuro, con un mechón blanco y unos lindos ojos azules bajaba las escaleras un tanto desconcertada. Trató de llamar a su madre varias veces hasta que la adulta le escuchó preguntar sobre el paradero de la abuela.

—Se fue —dijo secamente con los ojos al borde de las lágrimas.

—Pero, ¿por qué?

La curiosidad de la pequeña era tan inmensa como el profundo océano, por lo cual, no se iba a callar hasta obtener respuesta. Sin embargo, su madre, estresada por tantos problemas que se le habían cruzado sin aviso previo, le dio una cachetada dejándole la mejilla roja y los ojos llorosos por cada dura palabra que le encajaba.

—¡No sé! Y la verdad no me interesa nada, me vale, ¡que haga lo que quiera! Ahora deja de molestar y vete a tu maldito cuarto — dijo mientras la lágrima que tanto luchó por salir recorría su mejilla.

El corazón de la pequeña se estrujó, y con arduas fuerzas retuvo sus lágrimas mientras se despedía.

—Perdón, madre, perdóname. Buenas noches.

La niña subió la escaleras que conducían a su habitación sobándose el cachete e ignorando el hecho de que su progenitora se sorprendiera de que la pequeña le haya llamado madre. Mientras Emily lloraba en la sala, su única hija se colocó los audífonos malgastados, puso su playlist favorita y en el llorar silencio de todos los días observó el techo de su cuarto, pensando en una realidad en la cual ella tuviera amigos y familia que la hicieran feliz.

No era que su madre no la amara , sin embargo no era el cariño que ella buscaba, aunque a veces ella misma dudaba de alguna vez encontrar ese cariño que tanto anhelaba.

6 años después


Zelene White Wood era una adolescente a pocos días de cumplir 16 años. Su pelo café obscuro pintado de un mechón azul parecido al de sus ojos, cautivaba la atención de cualquiera. Ella siempre había conservado su creatividad absorbente. Desde pequeña le gustaban los libros y películas de fantasía, y nunca dudo de que fueran reales. Sin embargo, a la mayoría no les resultaba igual de cautivador y la consideraban más una fenómeno. El entrar a la preparatoria fue lo peor que le pudo haber pasado; su vida se había convertido en un infierno cruel. Su abuela se había ido de vacaciones durante un largo plazo de alrededor de dos años, dejándola sin alguien a quien contarle sus problemas. Su madre comenzó actuar de una manera distante, ignorándola durante largos periodos de tiempo. Y para terminar, sus compañeros se comportaban demasiado inmaduros; molestándole por su forma de ser y rompiendo varios libros, trabajos y revistas que, a pesar de ya haberlos reportado, ni la escuela ni su madre hacían algo al respecto. Sin darse cuenta su vida se comenzó a amargar lentamente.


Aunque lo que ella no sabía, era que su vida estaba apunto de dar un giro drástico.


En una tediosa mañana de lunes, Zelene se preparaba para ir a la prepa. No tenía muchas ganas de ir a esta, nunca tenía ganas de ir. Sus días se centraban en ir, estudiar, escapar de los peleoneros sin futuro y terminar con vida para el final del día. Parecía que su vida sería siempre un vacío aburrido. Lo único que le animaba el día, era ver a su pequeña mascota desesperada de amor; Tickles, un perrito singular de apenas unas lunas de nacido.


La chica fue directo a la sala para buscar su mochila negra, cuando se encontró con su mamá arreglando el cuello de su uniforme de trabajo, con una taza de café en la mano. Para la menor fue el momento justo de preguntarle el plan que había para su cumpleaños el cual llegaría en no tan poco tiempo, así que la saludo como siempre y le preguntó qué iba a ser lo que harían la próxima semana. Su mamá le regresó el saludo y le informó que no podría estar en casa el día de su cumpleaños por un asunto de negocios, algo que decepcionó a Zelene. Para reponerlo, su mamá le dijo que podría invitar a sus amigos y hacer una pequeña fiesta. ¿Han visto lo bien que su madre la conoce?


Después de la decepción que la chica no esperaba, tomó su mochila para dirigirse a la escuela antes de que llegara con retraso. Los segundos se convertían en minutos de caminata, a la chica no le importaba en lo absoluto, ella se quedaba perdida en su mundo mientras pasaba las mordidas yemas de sus dedos por cualquier alambre que se encontrara. Al llegar a la prepa se dirigió a su aula, pero una voz grotesca la hizo desviarse de su camino.


—Buenos días, fenómeno.


—Hola, Brian.


Brian era un viejo compañero que molestaba mucho a Zelene; siempre le decía cosas groseras y se burlaba de su imaginación, pero para suerte dejó de herirla durante la secundaria, a diferencia de sus amigos, los cuales sí solían lastimarla seguido. Su manera de molestar era decir bobadas y groserías, afortunadamente la chica aprendió con el tiempo a ignorarlo y hasta se ha convertido en lo más cercano a un amigo.


—Ya casi es tu cumpleaños, ¿verdad, descerebrada? —preguntó el chico recargándose en el locker más cercano mientras Zelene buscaba algunas cosas del suyo.


—Para empezar: Tengo más cerebro que tú. Y sí, el próximo lunes es mi cumpleaños.


—Maldita sea. ¿Por qué no cae en sábado? —se quejó el chico de voz ronca. La joven solo rodó los ojos e hizo una mueca provocando que el contrario se molestara —. Ey, no me hagas esa cara estúpida y agradece que no te he roto nada hoy.


—Joven Brian.


Dijo la voz que provocó que los dos jóvenes voltearan a ver de donde provenía. No era algo bueno por la reacción del chico; se veía pálido, como si hubiera dicho la peor cosa del mundo.


—¡Maestra Hernández! Buenos días. ¿Cómo está?— nervioso, tapó a la ojiazul con una mano lo cual a ella se le hizo una tontería que su débil mano pudiera tapar sus 1.66 metros de altura. Había que aceptar que, aunque Brian era un buen jugador de fútbol, seguía siendo algo flaco y débil.


La maestra Hernández era su maestra favorita; no los acusaba con los maestros de alguna grosería siempre y cuando evitaran los conflictos. Incluso evitaba que varios chicos molestaran a Zelene y le daba dinero a Brian cuando sus padres no le daban ni un centavo o algún refrigerio. Después de la regañada que la profesora le había dado a Brian, los dos chicos se alejaron a sus respectivos salones para iniciar con sus actividades diarias. El día fue aburrido. Todos los días lo eran. Al llegar el receso, Zelene fue a desayunar a la biblioteca ya que era el único lugar en el cual el grupito de Brian no la buscaban para molestarla. Cuando se acabaron las clases Zelene estaba agotada, solo quería quedarse en su cama sin hacer absolutamente nada más que pensar y escuchar música.


—Vaya, vaya.— escuchó la chica de ojos azules y cuando volteo a ver se llevó la sorpresa de su vida. Y no, no una buena sorpresa…


Uno de los amigos de Brian, Abiel, o mejor dicho el “líder” del grupo, le había dado la paliza de su vida, dejándola lastimada en el suelo y con la nariz sangrada. En cuanto la chica tomó conciencia se levantó rápidamente del pavimento para quejarse y aventar a un lado a su bully.


—¡Imbécil! ¡¿No te llega sangre al cerebro o qué mierdas te pasa?!


—Relájate, cerebrito. Solo fue un golpe. ¿Quieres otro?


Los amigos se rieron. 《Imbéciles》fue lo primero que pensó la ojiazul antes de responder para evitarse problemas.


—No, gracias, burro sin neuronas, agradezco tu “amable” oferta, pero no. Ahora lárgate y déjame en paz, por favor.


Sin embargo, antes de que pudiera irse del lugar, la mano de Abiel se dirigió a su cara. Esto llamó la atención de varias personas, entre ellas Brian, el cual estuvo apunto de interrumpir antes de que Zelene saliera tan herida como esa vez o asesinada por el idiota de su amigo. En cambio la paciencia de la joven se derramó. Mágicamente sus ojos se tornaron de un negro cual carbón, unos cuernos negros aparecieron en su cabeza y unas alas rasgaron ligeramente la blusa de la ahora demonio.


—¡Déjame idiota! — Grito tomando de la muñeca al chico y lanzándolo un metro lejos de donde se encontraba ella —. Estoy harta de tener que soportarte. ¿Tu madre no te hace caso y por eso tanta atención femenina necesitas? Carajo, que chingaquedito eres.


El niño bully pensó en defenderse y darle otro golpe a la menor antes de ver en lo que la joven se había convertido y gritar:


—¡M-mo-monstruo!


Aterrados todos salieron corriendo mientras otros se quedaban grabando. Sin entender absolutamente nada la chica volteo al carro más cercano en el cual pudo ver su reflejo que la dejó en shock. Sentía como su alma abandonaba su cuerpo.


—¡Hiiijo de tu madre! –gritó la jóven


Estaba impactada. Varios pensamientos pasaban por su cabeza: ¿Soy un monstruo? ¿Qué me pasa? ¿Por qué soy así? Después de salir de su shock emocional se fue corriendo como leopardo directo a su casa sin mirar alguna cámara a su alrededor y luchando contra esas lágrimas que ansiaban por salir. “¡Qué horror!” “Fenómeno” “¡Qué asco!” “Es una amenaza” “¡Es horrible!” entre otros comentarios fueron los que aceleraron la huida del demonio.


Corriendo y tropezando por el peso de sus alas, la joven llegó aterrada a su casa, cerró todas las puertas con llave y no dejó ni una ventana abierta. Camino hacia la sala y se sentó en el piso lentamente para no lastimar sus alas que con cualquier movimiento le comenzaban a doler.


—¡Me convertí en alebrije negro! —gritó con humor, su ira era lo que trataba de controlar para no lastimar a la pared más cercana.


Ya recostada en el suelo comenzó a llorar mares entre risas sin detenerse, sentía como si se ahogara en su tristeza y pensamientos. Se sentía mal con ella misma y nada la podía hacer cambiar de opinión, ni los cientos de mensajes que le llegaban a su celular, ni su pequeña mascota tratando de animarla.


Minutos después no tuvo de otra más que caer rendida ante su tristeza y agonía. No pasó mucho cuando su sueño fue perturbado por un ruido proveniente de su sótano. El sótano, el único lugar en la casa al que no tenía permitido entrar. Su madre le había señalado que había varios insectos y cosas de su abuela ahí, y esa era la razón por la que no podía bajar; una excusa algo boba. Algo desubicada se dio cuenta de que sus pesadas alas negras que tanto le estorbaban habían desaparecido al igual que los cuernos, ambos, causándole unas ligeras heridas, raspones y varias aberturas en la ropa.《Luego me cambio》pensó.


Cuando se decidió por bajar a investigar, su fiel mascota la acompañaba por detrás mientras daba leves estornudos por el polvo acumulado que le llegaba a su húmeda nariz.


Los ruidos que tanto la habían abrumado provenían de un viejo armario que se encontraba en su sótano. Lentamente se fue acercando al viejo armario hasta estar tan cerca que puedo abrirlo para descubrir que había en su interior. Dentro de este se encontraban varias cajas con ropa vieja de aproximadamente unos 32 años atrás; collares, piedras y varias fotos de lo que parecía ser un grupo de amigos.


Lo que llamó la atención de Zelene fue la peculiaridad de cada foto la cual era la misma, un rostro quemado, cada una de las fotos tenía quemada una de las caras de la misma integrante. Otro detalle era la singular palabra que se hallaba en la esquina de todas las fotos. “Whitefield” junto a la fecha era la palabra sin traducción.


Mientras observaba todas las fotos se percató de un hermoso collar de perlas grises el cual cogió para sacudirlo y colocarlo en su cuello. Al obtener el collar en sus manos, una pesada madera del closet se zafó, dejando ver un hueco enorme en la pared de una puerta hace mucho tiempo derrumbada. Su curiosidad la estaba obligando a avanzar pero ella se negaba rotundamente, hasta que tuvo que acercarse para poder sacar a su mascota juguetona, la cual avanzó por lo que la chica tuvo que seguirlo.


Después de estar corriendo tras Tickles, la dueña lo pudo atrapar; aunque para ese entonces su curiosidad se había apoderado totalmente haciendo que en vez de regresar por donde vinieron, avanzaron a terreno desconocido. Casi al final de ese agujero, el cual se había convertido en una pequeña cueva, comenzaron a verse lianas verdes y hermosas rosas rojas.


Sin darse cuenta ya habían llegado al final el cual dejó impactada a la joven de ojos zarco. La chica junto a su mascota acabaron en un dulce páramo de cuentos de hadas. Todo se veía colorido y fantasioso, había mariposas y flores de varios colores pero el tono que más resaltaba en el ambiente era un verde claro y hermoso. El clima parecía estar húmedo aunque el sol alumbrara como nunca, para suerte suya no era tan fuerte como para quemarle la piel.


—¡¿Qué carajos?! —exclamó sorprendida sin entender absolutamente nada.


Zelene no comprendía lo que pasaba y estaba pensando en regresar a su casa para olvidarse de esa tontería que para ella era solo un mal sueño aunque se haya pellizcado varias veces el brazo dejándole de un tono morado y negro. En cuanto se dio la vuelta con su mascota en manos vio que por donde había llegado había desaparecido por completo


—Genial, desaparece como mi papá. —le mencionó a donde se esfumó la cueva.


Sin saber a dónde ir o siquiera saber en qué lugar estaba, se fue por la idea de ir a explorar y encontrar una salida. Decidida a investigar Zelene le dio la espalda a por donde había llegado para avanzar a donde según ella era el este. Sin embargo algo la detuvo en su caminar e hizo que sus ojos se abrieran como platos…



Bienvenidos a Whitefield.

Donde toda fantasía, es realidad…


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