Introducción
Una parte de la población del internet se ha cruzado con una de aquellas preguntas tan estúpidas que la gente se hace a menudo tras la comodidad y seguridad de su propia pantalla. Dentro de esta categoría (tan extensa como la imaginación misma) se encuentra un pequeño sector de incógnitas que llegan a resultar perturbadoras, por ejemplo: el aterrador concepto del Basilisco de Roko o las preguntas sobre sacrificar algo propio para obtener algo a cambio. Por caso, dar el anular a cambio de casarte con quien tú quieras; convertirse en un ratón para curar algún tipo de cáncer, etcétera.
Es en esta última categoría donde nos encontramos una discusión descabellada: A cambio de un millón de dólares y tu propia inmortalidad, hay un caracol también inmortal que siempre sabe exactamente dónde estás, cómo alcanzarte y no necesita descansar, comer, beber ni adquirir energía de ninguna parte (a diferencia de ti), y si por alguna razón el caracol logra tocarte, mueres inmediatamente.
A pesar de lo absurdo de la situación y que a simple vista el tener un caracol persiguiéndote por el resto de tu vida no parezca un mayor problema y, por el contrario, significa obtener un millón de dólares y uno de los poderes de la ficción más extraordinarios, te invito a realmente cuestionarte los problemas que implica todo esto. Desde los más comunes, que sorprendentemente terminan por descartar a una buena parte de la población: ser millonario de un momento a otro y todo lo que ello implica. Hasta aquellos, que desde el inicio de la consciencia humana han permanecido sin respuesta y como preguntas que a la gran mayoría le parece aterradora desde el punto de vista más ínfimo, mortal y natural: La inmortalidad.
Esta es la historia de Aurelio Esquivel, un joven cuya vida se vio entrelazada con esta incógnita estúpida.