01: Mr. Monstruo
Caminaba hacia el jefe en mi forma humana normal, actualmente no era tan llamado como antes porque se supone que yo era más para terrores adultos.
Hace ya 80 años había muerto, siendo terriblemente torturado por los japoneses por no apoyar en la guerra.
Mi último recuerdo fue el simple dolor en mi torso, si solo en mi torso, no tenía brazos ni mucho menos piernas, la lengua la habían cortado a la mitad y sacaron muchos de mis dientes y uno de mis ojos.
Sentí un gran alivio cuando morí, fue el mejor respiró pero no sabía que pasaría después.
¿Qué hay más allá de la muerte?
Pues nada, si tu alma estaba satisfecha solo se iba a un descanso eterno, si tu alma fue brutalmente arrebatada tenías dos opciones.
Vagar o asustar.
Y claramente quise asustar, era menos aburrido que vagar por el mundo en lamentos y miseria por lo que te resta de la existencia misma.
Llegué con el jefe, un hombre alto e imponente, un hombre que murió en la Primera Guerra Mundial siendo un cadete de la milicia.
Este se volteo aventandome un archivo de manera agresiva.
—Ve y espantalo, ningún otro monstruo a podido hacer que sienta miedo. No sabemos qué más hacer y eres el único que estás disponible. Ve allá y has tu trabajo Jeon. —yo tomé el archivo abriéndolo viendo la foto de un pequeño niño.
Se veía inocente y a la vez triste, sus ojos me lo decían.
Empecé a leer el archivo:
[LISTA NEGRA]
Nombre: Kim SeokJin
Dirección: Gwacheon, Corea del Sur
Edad: 10 años
Padres: Casados
Hermanos: Hijo único
Miedos: "Qué mamá éste triste y papá lastimé a mamá"
Era tan extraño que me mandarán con un niño tan cerca de donde yo hace años viví. Voltee a ver al jefe preguntando con mucha curiosidad.
—¿Por qué yo, Namjoon? Sabes que mi forma de monstruo es muy horrenda para que un niño la vea. —pregunte al Jefe ya pensando en negarme rotundamente, jamás asustaría niños.
—Jeon, por favor. El niño no se asusta con nada ni nadie. Hasta Min ya fue con él y solo regreso de muy mal humor. —suspiro frustrado.
—Pero... Si espanto a ese niño ya jamás me volverás a hablar para asustar a niños, ¿Verdad? —dije dudoso dejándole la carpeta.
—Claro Jungkook, solo ve. Está por anochecer.
Yo solo asentí inconforme pero era trabajo, camine hacia la puerta grande donde todos salíamos a él mundo exterior.
Camine por las calles en mi figura humana viendo las calles solitarias de Gwacheon, el niño vivía en una zona muy insegura, solitaria y tenebrosa hasta para un adulto.
El aire fresco pegaba en mi rostro viendo a lo lejos hombres drogadictos que solo reían entre sí.
Un relámpago iluminó el cielo haciendo que se viera mi verdadera sombra, la sombra de mi monstruo espantando a los hombres que rápidamente se fueron de ahí a otro lugar.
Los relámpagos se hicieron más constantes y ya caída la noche llovía a mares.
Era un día horrible y sabía que ese pequeño niño se llevaría el trauma de su vida.
Llegué a la casa del niño solo quedándome en la ventana de la habitación, viendo a un pequeño infante delgado haciendo su tarea en el escritorio.
Mi momento de espantarlo aún no llegaba y tenía que esperar.
El tiempo pasó lento, podía observar como el pequeño en sus delgados brazos lo decoraban lunares morados y rasguños como de animal, al igual que vendas adhesivas.
Tal vez era muy normal que un niño se lastimara mucho jugando, ¿si, verdad?
Su rostro jamás mostró una sonrisa, hasta podría jurar que jamás en sus rostro se pintarla una sonrisa y menos con el propósito en el que venía.
Ya era de noche, muy de noche, aproximadamente media noche y el pequeño niño se puso su pijama subiéndose a la cama arroparse a sí mismo abrazando a un peluche de conejo rosa maltratado. No lo había visto ni comer ni cenar, este niño era muy extraño.
Y cuando sentí que era el momento indicado de espantarlo mi forma humana se fue dando paso a mi forma de monstruo desvaneciéndose como una oleada de humo entrado por su ventana y yendo justo debajo de su cama.
Con lentitud asume mis garras negras con rojo en la punta.
El silencio se rompió al escuchar la voz de el niño.
—No te tengo miedo, monstruo. —mencionó sin titubear sintiendo su mirada en mi mano.
Me quedé sorprendido, ese niño no era normal, no me tenía miedo o bueno eso fue lo que creí.
La puerta de su habitación se escucharon varios golpes bruscos, el niño tenía cara de pánico, jalo a su conejo para bajarse de la cama y agacharse.
—Muévete, por favor. —vi su rostro de súplica y solo accedí.
El niño pudo ver mi rostro y no se inmutó en lo absoluto.
De la puerta entró un hombre viejo y se veía en mal estado, con un cinturón de cuero en la mano y un cigarrillo en labios riendo con amargura.
—Bien bien Jinnie —pronunció con rencor y amargura— ¿Quieres jugar al escondite?
El pequeño niño estaba mordiendo su brazo viendo las botas viejas de aquel hombre con pánico y terror.
El viejo se agachó metiendo su mano debajo de la cama y solo reaccioné por puro instinto dejando que tomara mi brazo escuchando su risa de victoria.
—Ven con papi Jinnie —susurró con burla.
Pero esa sonrisa se desvaneció al verme salir, una criatura de dos metros, negra como la oscuridad que representaba el odio y rencor de todos aquellos muertos, con ojos rojos de la sangre derramada de los inocentes, dientes afilados para devorar a aquellos reos de la maldad y garras que desgarraba carne de los culpables.
—Si, quiero jugar. —mencione con voz lúgubre y terrorífica.
Al viejo se le cayó el cigarrillo de la boca teniendo una cara de estupefacción.
Rodee mi grande mano alrededor de su grasiento cuello haciendo que mirara hacia mi rostro justo para arriba.
El hombre gordo no se inmutaba y tenía cara de ver al mismísimo demonio, y no lo culpo, soy horrendo hasta para un adulto.
—¿No tan valiente ahora... huh? —apreté más mi mano haciendo que sus ojos se hicieran más llorosos y ahora tener una cara de súplica— ¿Te tragaste la lengua, escoria?
Ejercí fuerza para levantarlo del cuello haciendo que una de sus pantuflas viejas cayeran al piso.
Estaba disfrutando tanto verlo suplicar sólo con la mirada por su miserable vida.
—Tal vez debería arrancar esta sucia lengua... —con mi otra mano tipo garra pase una de ellas por sus labios metiendola en su boca y acariciar su asquerosa lengua — ¿Y matarte? Si, eso mismo.
Ya iba a tomar su lengua con fuerza para arrancarla pero el grito del indefenso niño me hizo voltear a verle y al hombre reaccionar.
—No, Monstruo ¡Mamí llorará! —suplicó el niño con lágrimas en sus hermosos e inocentes ojos.
¿Como un niño de 10 años era tan bueno como para defender a la porquería que tenía como padre?
No podría esperar menos de ese niño tan hermoso y especial.
El grito de súplica del hombre me hizo salir de mi ensoñación y lo voltee a ver con rencor.
—¡¡POR FAVOR!! ¡Nunca le haré daño, dejaré de beber, yo...! —interrumpí su súplica acercando mi rostro amenazadoramente al suyo con una expresión de enojo puro.
—Si alguna vez tocas, asustas o dañas a mi niño de nuevo... —me acerque más a él hasta estar susurrando en su oreja- Te encontraré. Y te haré lo mismo por toda tu miserable existencia.
Lo solté de golpe desde lo alto viendo cómo se golpeaba contra el duro piso y se volteaba con pánico, y temblando por la criatura que claramente estaba enfrente suyo.
—D-dios —susurro levantándose lentamente para luego salir corriendo de la habitación, sin antes decir:— ¡L-lo juro!
Al ver cómo se cerraba la puerta pude pintar una sonrisa en mi monstruosa cara para luego voltear a ver al pequeño niño que estaba sentado en el piso sonriendo algo tímido viéndome.
—Wow... Eso realmente funcionó... —sonrió para mirarme con unos ojos grandes y yo me agache acaricando su mejilla con delicadeza— Gracias Mr. Monstruo.
Yo solo negué viendo lo hermoso e inocente pero ante todo valiente niño ante mis ya antiguos ojos.
—Fue fácil... —le reste importancia para no preocupar más a él pequeño SeokJin.
Lo cargue en mis brazos llevándolo hasta su pequeña cama, recostandolo con delicadeza tomando la cobija para arroparle con cariño.
—He visto muchos monstruos, Mr. Monstruo... —habló el pequeño viéndome detenidamente pasando una de sus pequeñas manos por mi oscuro rostro— Y debo admitir ¡Das miedo! —exclamó el niño con asombro y solo pude reír levemente.
—Bien, es un honor escuchar eso de tan valiente niño. —le arropé poniendo su pequeño conejo a su lado.
Jin solo sonrió cerrando sus ojos y acurrucarse en sus sábanas.
Me transforme a mi forma original tapando al niño hasta los hombros dejando su suave beso sobre su castaño cabello.
—Duerme bien, mi niño volveré mañana en la noche. —prometí con voz suave y acariciando por última vez su cabello con mi mano.
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