01: Merry Christmas
Advertencia: Las decisiones y acciones tomadas por los personajes son meramente ficción, se les pide amablemente que no se repliquen. Para su salud, en esta cuenta se apoya totalmente el uso de proteccion (condón) cuando se tienen relaciones sexuales. Esto para evitar cualquier ETS (enfermedad de transmisión sexual) y/o embarazo no deseado. Gracias por su atención.
Entré a la universidad en vacaciones de Navidad por una simple estupidez al hacerle caso a las idioteces de unos hijos de papis. Mi vida era una simple mierda, y se preguntarán ¿Por qué es una mierda? Bueno, mi vida siempre fue un desastre.
Nací en una familia psicológicamente mala, con mala economía y malos padres. La suerte fue que fui hijo único.
Quedé huérfano a la edad de 11 años presenciando el homicidio de mi padre y el suicidio de mi madre. Dónde la policía me encontró llorando al lado de los fríos cuerpos de mis progenitores enterándome a una temprana edad que mis padres fueron unos asesinos buscados por la ley y, después de tantos psicólogos y exámenes mentales fui llevado por el gobierno a un hospicio donde los cuidadores trataban mal a todos los niños, pero que por suerte recibía la educación necesaria como para dejar ese lugar cuando cumplí la mayoría de edad.
Ahora a mis 25 años vivía en un pequeño departamento pagado humildemente con dinero que ganaba en construcciones del gobierno siendo un trabajo de medio tiempo y el otro tiempo me dedicaba a ir a la universidad.
Siempre fui mal visto por mi procedencia y por mi apariencia, siendo alguien ya de musculatura desarrollada por el trabajo pesado, de piel bronceada por las horas arduas bajo el sol y mis vestimentas "rebeldes", que me hacían no poder socializar con nadie.
Todos pensaban que era un criminal así como lo fueron mis padres solo por mi apariencia y familia.
Estaba cansado de tanta mierda hacia mi persona, todos los días eran lo mismo. Críticas a mis espaldas, grupos de chicas o chicos riéndose de mí mala suerte y los demás que sólo me ignoraban. Pero estaba claro que ellos no podían ignorar que yo fuera el mejor de la clase por mi ya larga experiencia en el campo de la arquitectura.
Todo era más fácil si hacía oídos sordos pero todos tenemos un límite ¿No es así? Porque yo lo tuve con aquel hermoso idiota que se creía superior a mi sólo por mi autonomía trabajando de obrero. Lo recuerdo muy bien:
“Tenía mi teléfono en mano hablando con mi único amigo y jefe, el arquitecto Min YoonGi. Fue tan amable en darme trabajo a mis 21 años recién cumplidos y desde ese día nos habíamos convertido en buenos amigos saliendo cada fin de mes por una brochetas de cordero y por una buena cerveza. Era nuestro pequeño ritual para tener buena suerte en el siguiente mes.
Todo estaba bien hasta que escuché aquel comentario tan sacado de contexto de la persona que hacía latir mi corazón:
—Miren quién va ahí, el obrero asesino… no entiendo cómo lo aceptaron en esta universidad. En cualquier momento nos puede robar o peor aún, puede matarnos como su loca madre lo hizo con su padre. —el tono del chico era muy despectivo y sabía de quién se trataba, siempre molestaba y jamás se había metido con mis fallecidos progenitores pero, esto fue simplemente lo peor que había salido de esos labios tan jodidamente apetecibles.
Detuve mi andar volteándome para encarar ese bello rostro que me hacía flaquear pero todo lo arruinaba con aquella actitud de mierda.
—¿Disculpa? Ya te he soportado 2 años SeokJin, ya deja de joder de una vez. No por ser un hijo de papi te da el derecho de juzgarme a tu puta gana. —encare al peli morado que tenía una sonrisa arrogante en esos rosados y gruesos labios, como deseaba besarlos para callar sus comentarios llenos de cólera.
Este empezó a dar pasos lentos llegando frente de mi y me miró de abajo a arriba de manera despectiva. Este hermoso idiota me estaba sacando de quicio.
—Yo puedo juzgar a quien quiera, obrero asqueroso. —escupió con desprecio.
Ya no lo soporte más, este niño de papi siempre me insultaba sin ningún motivo y jamás me defendía, esta era mi oportunidad.
Solté mi mochila metiendo mi celular en mi bolsillo y tomarlo del cuello de su camiseta para dar el primer golpe de una ardua pelea…”
Y por eso estaba aquí, en vísperas navideñas teniendo que hacer trabajo comunitario en la universidad por "mí mala conducta" y con golpes en el rostro. Pero eso no era todo sino que tenía que verle la cara todo el día al hermoso idiota de Kim SeokJin por el tiempo que estaríamos trabajando… juntos.
Kim SeokJin, un niño de papi de 27 años que estudiaba conmigo la misma carrera pero que era jodidamente molesto y ofensivo hacia mi persona pero simplemente guapo y hermoso a comparación de su actitud.
Y solo conmigo, lo había estudiado todos estos años. Solo conmigo era una mierda de persona y no sabía sus razones.
Simplemente me desesperaba su simple presencia y esa mirada que me daba cada vez que me veía, era extraña pero no sabía cómo interpretarla.
Justo como la que me estaba dando ahora mismo al entrar a la bodega de la universidad.
Solté un bufido y este también repitió mi acción cruzándose de brazos.
Ya estaba cansado, necesitaba saber sus razones por su odio tan injustificado.
—Ok. Ya estoy harto de tu actitud de mierda SeokJin. Aquí y ahora me vas a decir por qué mierda me odias tanto. —dicte dejando mi mochila en una mesa y encararlo con una actitud de pocos amigos.
El mayor estaba apoyando su cadera en la mesa que había aventado mi mochila sólo cruzado de brazos con la mirada en una pila de cajas.
Su perfil era hermoso pero estaba manchado con los múltiples hematomas por la pelea y sus vestimentas eran casi del valor de mi pequeño departamento, pero su actitud tan mala cagaba todo ese Adonis que tenía frente a mi.
—No pienso darle explicaciones a un obrero de cuarta. —su voz sonó despectiva aún viendo esas cajas, que al parecer eran más importantes que yo a los ojos del mayor
Solté un bufido de frustración, no insistirá si ese chico no quería mostrar su disgusto hacia mí pero aunque no lo quisiera admitir, algo dentro de mi se daba por vencido cada vez que nos hablábamos.
El sonido de unos tacones se hizo presente en la gran bodega haciendo a ambos voltear hacia la puerta.
Dos profesoras que estaban a cargo ese día de nosotros estaban allí paradas de brazos cruzados y una gentiles sonrisas en sus labios.
Aunque rondaban los 40 años seguían siendo tan preciosas como en su juventud, o eso quiero creer por sus impecables rostros sin arrugas.
—Señor Jeon, Señor Kim. —saludo la rizada entrando a la bodega con sus brazos cruzados pero con un andar dominante ante nosotros— Tienen que arreglar esta relación suya que llevan o se ganarán más de estos castigos. Realmente trate de convencer al director de que no pasarán aquí Navidad pero él ya los tiene fichado como chicos problemáticos desde que iniciaron en esta Universidad.
—De por si no tenía nada que hacer hoy, Señorita Yeeun. —hable con una pequeña sonrisa yendo hasta mi mochila guardando mi celular y mi billetera.
—Tú no, pero yo si estúpido. —las palabras del mayor solo me hicieron bufar ignorándolo.
—A esto me refiero chicos. —se escuchó un suspiro por parte de la Señorita Sunmi— Aprovechen este tiempo que estarán trabajando juntos para conocerse y saber cuál es ese problema que hacen que choquen demasiado.
—Señorita Yeeun y Señorita Sunmi, realmente no pienso esforzarme si aquí el niño de papi no quiere compartir sus pensamientos de odio hacia mi persona. —hablé pasando una mano por mi cabello volteando hacia la profesora recargandome de la mesa.
—Y yo tampoco tengo intención de hablar contigo, obrero de cuarta. —reprocho volteando su mirada hacia otro lado de manera vanidosa.
—Ay chicos. —la profesora solo negó para empezar a caminar a la salida en compañía de la pelinegra lacia— Las cosas de limpieza están en la habitación de alado, acomoden las cajas y desechen todo lo que sea basura. Regreso en dos horas para ver qué avance tienen en la bodega.
La señorita Sunmi junto con la señorita Yeeun salieron de la bodega cerrando la puerta dejándonos solos de nuevo en ese polvoso salón que era usado como bodega.
Solté un suspiro al aire subiendo las mangas de mi suéter y empecé a caminar hacia la puerta escuchando de inmediato la voz del mayor.
—¿A dónde vas idiota?
Me voltee con cara de pocos amigos hacia el peli morado que me veía de manera extraña, no lo podía identificar pero ya había visto esa mirada en él mucha veces antes.
—Esté idiota, traerá todo para usted señorito hijo de papi. —le di una sonrisa muy forzada para voltearme y salir de allí dando un portazo.
Al salir deje al peli morado solo, y no era que me cayera mal pero su actitud siempre cagaba las ganas de poder acercarme a él para que supiera que no era tan malo como todos creían. Y claro, también tener la oportunidad de confesar lo tan mal que me tenía.
Di un brinco al escuchar como azotaba la puerta el chico obrero.
Solté un suspiro al aire recargando ambas manos en la mesa viendo hacia mis zapatos Louis Vuitton.
No podía evitar actuar así frente a él y era ilógico, porque lo que realmente sentía no era como lo trataba.
Estaba perdidamente enamorado de ese chico de tez bronceada y cabellos largos, de esos ojos de ciervo y labios pequeños, de sus manos callosas y esos brazos fornidos con venas marcadas.
Mi corazón latía mil por segundo cuando estaba cerca y solo quería brincar sobre él para besarlo de manera pasionalmente arrasadora.
Pero lo único que hacía era insultar al chico, mi mente quería decirle que le parecía realmente alguien atractivo y muy interesante pero mi boca únicamente soltaba mierda tras mierda.
Y no podía evitarlo, y tampoco sabía el porqué de mis acciones.
Me aborrecía ahora mismo, porque si ese candente chico se alejaba de mí y me odiaba el resto de su vida era completamente mi culpa.
Solté un suspiro de resignación para voltear a ver hacia la bodega desordenada para dejar mis pensamientos de odio propio.
Estaba hecha un chiquero: había polvo por todos lados, telarañas, estaba todo desacomodado y había montones de basura en el piso.
Realmente cuando había dicho que yo tenía algo planeado que hacer hoy a la profesora Yeeun, era completamente una mentira.
Vivía solo en el departamento que me había regalado mi madre en mi cumpleaños, y prefería estar allí que en esa gran casa donde viví mi infancia y adolescencia en completa soledad.
Era considerablemente rico ya que mi padre me había regalado unas acciones en una de sus tantas empresas, por lo que no tenía que trabajar ni mucho menos preocuparme de donde salía el dinero, pero sentía ese constante vacío en mi persona.
Una insatisfacción, realmente me sentía un inútil aunque el no preocuparme por el dinero hacía que mis notas en la universidad fueran las mejores —claro, si Jungkook no fuera el primero de la clase— pero la soledad ahí seguía, dueña de mi vida.
Mis amigos eran unos estúpidos superficiales que habíamos sido criados en cunas de oro y diamantes.
Todos eran unos hipócritas, y yo también lo era lastimosamente.
Me preparé mentalmente para lo que seguiría en estas horas limpiando el cuchitril que era la bodega, me despoje de mi Cardigan Gucci para dejarlo dentro de mi mochila que igualmente era de Gucci.
Tanta cosa de marca innecesaria que tenía pero era lo único que había en mi closet.
De nuevo se escuchó la puerta abrirse haciendo que dirigiera la mirada hacia el chico que había entrado con escobas, recogedores, bolsas negras y una cubeta con agua espumosa.
El bronceado se veía jodidamente sexy sin ese gran poleron gris, solo traía una camisa negra teniendo al descubierto sus brazos dejando ver sus antebrazos venosos y fornidos.
No me había dado cuenta que me había quedado embobado viéndolo sin decir ninguna palabra o mostrar signos de querer tomar algún artefacto de limpieza que traía.
—Deja de inspeccionar mi ropa Kim —la fuerte voz de Jeon me sacó de mis pensamientos casi dando un saltito de susto— ¿Acaso no te gusta tampoco como visto o ahora qué carajos vas a criticar en mí?
Mis nervios surgieron de nuevo soltando precipitadamente lo único que mi boca pudo articular:
—Solo dame las malditas cosas. —me acerqué a él arrebatándole una escoba, un recogedor y una bolsa negra de basura.
—Eres un imbécil. —susurró molesto dándome la espalda.
Solo pude recriminar mucho más mi lengua larga y filosa, solamente hacía que ese guapo chico me odiara más con cada minuto que pasaba a mi lado.
Odiaba ser así y más odiaba no poder ser alguien normal para acercarme a él para conocerlo y amarlo tanto como quería.
Deje a un lado todos los artefactos de limpieza para desabotonar la camiseta blanca de los puños y subirla hasta un poco más arriba de los codos doblándola de manera impecable.
No sabía si esta camiseta era de marca pero no me importaba ensuciarla y mancharla con suciedad. Tenía casi una docena más en mi closet.
Después de eso solo me dispuse a limpiar sin dirigirle la mirada al menor, y no es porque no quisiera sino porque estaba evitando no agredir más verbalmente al bronceado sin ninguna razón aparente ni justificable.
Pasamos las siguiente hora y media recogiendo la basura, sacando el polvo de las cajas y paredes, y barriendo el lugar.
Me sorprendió la manera en que estábamos trabajando juntos. Pensé que por mi lengua larga iba a estar molestando todo el tiempo al menor, pero sorprendentemente de mi boca no salía ni una palabra y solo caminaba en la bodega llevando basura a las bolsas o simplemente evitando al chico.
Todo el trabajo de limpiar había acabado, únicamente faltaba acomodar las pesadas cajas en los estantes que ya habíamos limpiado para poder así sacarle brillo a los desgastados y opacos azulejos del piso.
Me recargue un momento de la mesa donde estaba mi mochila tanto la mochila de Jungkook viendo el lugar, estaba más limpio pero el polvo estaba aún encerrado entre estas cuatro paredes y estaba provocando una picazón en mi nariz amenazando a tener una alergia que me haría estornudar a cada momento si no había alguna ventilación.
Con la respiración algo agitada empecé a ver por todas las paredes si había alguna ventana que pudiera darle ventilación a la habitación, mi mirada cayó a dos ventanas largas y angostas en la parte superior de una pared donde entraba mínimamente la luz entrando.
Camine hasta allí siendo completamente ignorado por Jungkook ya que él seguía sacando las bolsas de basura, por lo que estaba solo en esta misión de abrir aquellos dos ventanales angostos.
Me subí a una mesa pequeña para poder abrir una ventana de manera exitosa, al querer abrir la otra solo rechino y no abrió, pero está vez si gane la atención del bronceado.
—¿Qué carajos haces allá arriba? Bájate idiota, te vas a caer. —la ronca voz del menor me hizo voltear hacia atrás aún estirado queriendo abrir la segunda ventana.
—Cállate imbécil, ¿no ves que estoy abriendo las putas ventanas o acaso también estás ciego? —respondí mordaz empujando con fuerza la ventana consiguiéndolo.
Pero al igual que conseguí abrir la ventana con un empujón, la mesa crujió haciéndome caer en segundos.
Cerré mis ojos con fuerza esperando el impacto en el piso pero unos fuertes brazos me sostuvieron.
Abrí mis ojos de nuevo pero con miedo volteando hacia donde estaba anteriormente, viendo la mesa con dos patas rotas y voltee rápidamente hacia la persona que me retenía en sus brazos.
Estaba jodidamente asustado, jamás me había pasado algo como eso y estaba totalmente agradecido con el menor de haber estado cerca para atraparme.
Pude ver su rostro de cerca, estaba mirándome con preocupación y eso conmovió mi pobre corazón.
Tragué saliva nervioso, mis manos estaban aferradas a su camiseta y sus brazos estaban cargando mi cuerpo con delicadeza y firmeza.
Sus ojos conectaron con los míos al instante y de sus pequeños labios pude escuchar su tierna pregunta:
—¿Te encuentras bien?
Yo asentí mínimamente viendo de manera embobada su rostro.
Era la primera vez que podía escuchar su voz sin ningún resentimiento o insulto y mi voz se había esfumado haciéndome ver cómo un idiota que no podía hablar por el miedo.
Sentí como me bajo de sus brazos pero yo seguía tomando en mis manos su camiseta con un agarre firme y mi cuerpo no pensaba soltarlo.
No cuando tenía la oportunidad de poder observar y admirar tan cerca su varonil rostro.
—¿Acaso te quedaste mudo del susto? —su voz sonó burlesca pero su cara no lo reflejaba, solo podía ver la preocupación eclipsar sus redondos ojos.
—Y-yo… —tartamudee nervioso por su intensa mirada en mi rostro y tenía el miedo de sonrojarme.
No podía dejar que me viera de esta manera tan vergonzosa.
Solté su camiseta abruptamente y me aleje de él muy nervioso, realmente era tan jodidamente guapo. Esa pequeña cicatriz en su mejilla, su tez bronceada y ese lunar debajo de su rechoncho pero pequeño labio hacia que mi corazón latiera mil por hora aunque estaba partido por la pelea de hace una semana tenía el mismo efecto en mí, tenía miedo que el menor escuchará lo mal que me había dejado en menos de un minuto.
—¿Acaso eso que ví fue un sonrojo en el rostro del impecable Kim SeokJin? —volvió a preguntar en un tono burlesco.
No le respondí porque sabía que si lo hacía mi voz saldría temblorosa y sería más objeto de preguntas burlescas como las que estaba haciéndome en este justo momento.
—Respondeme o ¿Acaso yo soy el culpable de esas mejillas rojas?
Volvió a preguntar con esa sonrisa burlona en labios, se estaba burlando de mí y de mis sentimientos.
No me gustaba esta sensación, me sentía humillado, burlado, pisoteado por el menor.
Ahora sabía lo que él sentía cuando me burlaba de su trágico pasado de manera casi programa cuando se me acercaba.
Dolía saber que si en algún momento se enteraba de mis sentimientos, tomaría represalias y se burlaría de mí a cada instante. Como yo lo hacía.
—Cá-cállate Jeon. —susurré nervioso abrazándome a mí mismo.
—Si quieres que me deje de burlar de ti, dime… —detuvo su hablar para tomarme del brazo y girar mi cuerpo de manera brusca para que pudiera encararlo— ¿Por qué rayos me odias tanto?
—N-no te diré bastardo. —respondí a la defensiva cruzándome de brazos viendo a otra parte.
Estaba avergonzado, herido y muy nervioso de lo que sucedería a partir de este momento. No quería confesar mis sentimientos o mejor dicho, no podía hacerlo.
Tenis dos grandes razones para no decirle lo que siento por él:
1. Sería tan vergonzoso que se burlaría de mis sentimientos y los despreciaría por interpretar que eran falsos.
2. No podía decírselo, las palabras jamás salían cuando quería, aveces me había atrevido a decirle mis sentimientos pero lo único que salía eran más que insultos hacia su persona.
—Anda, dime por qué me odias tanto. —se acercó a mí de manera intimidante haciéndome retroceder nervioso ante la cercanía.
—No tengo ninguna necesidad, imbécil. —respondí a la defensiva— Y-y aléjate de mí, estúpido.
—No me voy a alejar hasta que me digas. —se acercaba más a mi cuerpo teniendo el cuerpo tenso y en su frente surcaban unas arrugas detonando que estaba algo molesto.
—N-no me puedes obligar a decirte nada, idiota —cada vez se acercaba más y entre más retrocedía llegue hasta una estantería quedando acorralado por el fuerte cuerpo del menor— ¡Te dije que te alejaras, maldito imbécil!
—¡No hasta que me digas por qué me odias! —gritó de regreso
—¡Aléjate imbécil! —lo empuje por el pecho sintiendo como era acorralado tanto física como mentalmente.
—¡Que no, dímelo! —el más alto tomó mis muñecas impidiendo mis intentos de alejarlo.
—¡Aléjate! —grité forcejeando con él para poder liberarme.
—¡Dímelo! —me acercó más a su cuerpo para inmovilizar mis bruscos movimientos.
—¡No! —volví a gritar estando muy cerca el uno del otro.
—¡SeokJin!
—¡Cállate!
—¡Cállame!
Y mi cuerpo respondió por sí solo, juntando mis labios con los suyos.
Era una suave presión de labios donde el más alto se podía notar tenso. Tal vez no era gay, tal vez le daba asco, tal vez no era de su agrado, tal vez me odie mucho más ahora.
Pero toda esa tensión desapareció, al igual que el agarre en mis muñecas pero un nuevo agarre me sorprendió y solo hizo que mi corazón latiera a mil por hora.
Sus brazos me rodearon en un posesivo abrazo, una de sus grandes manos extendida en mi espalda baja donde sentía el calor que emanaba y la fuerza en la que me sujetaba, mientras que su otra mano fue directo a mi nuca enredando sus apéndices en el cabello disponible solo haciéndome gemir ante el jalón posesivo que dió a mis cabellos para tomar el control del beso.
Sus labios empezaron a moverse sobre los míos sintiéndome derretir entre sus fuertes brazos, correspondí lo mejor que podía dejándome llevar por las sensaciones de necesidad y deseo.
Era un jodido gran besador, sus labios se movían con confianza rozando con su músculo húmedo mis labios sacándome un jadeo abriendo brevemente mi boca dónde el menor aprovechó el momento y metió su lengua yendo en busca de la mía.
Volví a jadear de la impresión y del placer, rozábamos lengua con lengua, compartiendo el calor y la humedad de nuestras bocas.
Jamás había pensado que un beso podía llegar a ser tan excitante, me sentía acalorado, abrumado y deseoso por más de esa lengua recorrer mi cuerpo. Que besara y lamiera cada centímetro de mi piel para llevarme hacia el éxtasis del placer.
El oxígeno empezó a ser escaso para ambos pero, ninguno quería separarse de los labios del contrario. Pero la mera necesidad de respirar hizo que lo hiciéramos.
Acabando el beso con un chasquido húmedo compartiendo un hilo travieso de saliva que decoraba nuestras lenguas entre sí.
No quería abrir mis ojos, tenía miedo a lo que podría ver en su rostro. Arrepentimiento, asco, miedo o sólo burla.
Estaba cagado del miedo pero, la cálida caricia en mi mejilla hizo que abriera mis ojos para enfrentar al rostro varonil del bronceado.
—Eres hermoso Jin. —susurro sintiendo como sus dedos iban apartando los mechones rebeldes de mi cabello en mi frente para que no interfiera con mi visión— Tan jodidamente sexy pero inocente.
Sentí un tirón en mi abdomen bajo concentrándose justo en mi parte baja haciendo que se pusiera más duro de lo que estaba por su voz gruesa y masculina.
—Y-yo… —susurré sin poder articular ni una sola palabra.
No me quería alejar pero tampoco quería hablar en este momento, sentía que la cargaría si seguía abriendo mi boca.
—¿No me odias, verdad? —preguntó el bronceado aún sosteniendo mi cuerpo con sus brazos.
Solo pude tragar saliva asintiendo muy avergonzado, por fin podría decirle mis sentimientos.
—Y-yo… —mi voz flaqueo y baje mi mirada hacia nuestros pies, no podía hablar si lo miraba a la cara— M-me gustas.
No hubo respuesta pero sí sentí la reacción de su cuerpo.
Se había puesto un poco tenso pero todo eso desapareció cuando sentí como reforzó su agarre por mi espalda juntando completamente mi cuerpo al suyo, sintiendo su respiración en mi pecho, su piernas rozando con las mías y podía sentir su respiración chocar en mi cabello.
—¿Esto no es una broma? Porque si lo es juro-
—¡No! —dije de inmediato tomando en mis manos su camiseta para que no se alejara.
Él se sorprendió ante mi grito y espero respuesta ante la confusión que se estaba creando.
Todo quedó completamente en silencio en esa bodega, estando completamente juntos y sintiendo la palpable tensión en nuestro alrededor.
—¿Entonces? —susurró esperando una respuesta.
—Bue-bueno… —tomé una bocanada de aire para dar inicio a mi explicación— Es que yo no sé hablar frente de ti sin poder insultarte porque no se que le pasa a mi mente que siempre que te veo pienso en lo guapo que eres y en lo mucho que haces latir mi corazón pero mi boca solo suelta que eres un imbécil y un bueno para nada por lo que siempre te ataco cuando simplemente te quiero decir que luces jodidamente sexy en tus camisetas negras junto con ese bronceado que adquieres en el trabajo y lo mucho que me gustas pero sigo diciendo muchas estupideces enfrente de ti porque me pones completamente nervioso como ahora y ya no me puedo callar. —hable rápido viendo directamente a sus ojos.
Solo pude escuchar su risa, presencié como sus ojos se hacían pequeños mientras que su nariz se arrugaba y mostraba sus dientes frontales dándole una apariencia tierna y similar a la de un conejito.
Quedé completamente encantado por su melodiosa risa y su apariencia inocente contrastando tanto con el agarre posesivo que mantenía en mi cintura y los moretones en su pómulo.
—Realmente me sorprendes cada día más, SeokJin. —mencionó con una sonrisa divertida y encantadora.
—¿Ah? —pero yo estaba más que confundido.
¿Cómo podía decirle encantador al chico que se encargó de insultar diariamente su aspecto, su trabajo y su familia? Aún no lo entendía.
Y eso lo noto el menor que acarició mi mejilla con delicadeza contrastando mucho su roce tan delicado con sus manos maltratadas y callosas por el trabajo.
—Creo que fue un poco masoquista de mi parte el hecho que me parecieras completamente atractivo cuando fruncias tu ceño al golpearme y tus miradas cuando nos encontramos en los pasillos. —explicó con una pequeña sonrisa besando mi mejilla.
Me sonroje ante sus palabras ¿Le parecía atractivo? ¿Realmente atraía la atención de tal hombre aún si lo insultaba?
—Y tampoco era como que iba a ignorar el andar de tus caderas y el culo que te cargas. —mencionó con una voz burlona mordiendo el lóbulo derecho de mi oreja haciendo que mi cuerpo temblara un poco.
—Eres un idiota. —solté al instante queriendo separarme de su cuerpo.
Y no porque estuviera enojado, sino porque estaba completamente avergonzado.
Jamás pensé el hecho de que viera mi trasero cuando caminaba o cuando me levantaba de mi asiento, era completamente vergonzoso el sólo pensar las veces que había caminado de manera más provocativa únicamente para saber sí llamaba su atención y ahora mismo estaba claro que si lo había logrado.
Pero al intentar alejarme solamente conseguí que de un apretón volviéramos a estar más juntos que antes, sintiendo su respiración justo en mi oreja haciéndome estremecer.
—Ahí vamos de nuevo. —susurró sintiendo como sus manos empezaban a moverse a través de mi espalda metiéndose por dentro de la camisa— Sé que soy un idiota, pero este idiota está completamente enamorado de ti SeokJin.
Y no pude responder ni mucho menos reaccionar ante la confesión porque había tomado mis labios en un beso no tan exigente pero completamente demoledor para mí enamorado corazón.
Correspondí al tan deseado beso apretando más la tela que apresaban mis puños para apegarme más a su cuerpo, claro, si eso podría ser posible.
Nuestros labios se movían con sincronía, como si se conocieran de toda la vida y supieran que no éramos cualquier persona con la que estábamos compartiendo tal ósculo, sino que estábamos besando a la persona que nos hacía latir nuestros corazones.
El beso no era exigente ni mucho menos lujurioso, sino absolutamente todo lo contrario, demostraba cariño, compresión y ante todo, un incontrolable deseo de demostrar lo locamente enamorados que estábamos del otro.
Pero claro, no duró mucho ese beso amoroso, el calor y el deseo carnal era inminente y no se podía evitar cuando ambos sabíamos que existía esa tensión sexual entre nosotros.
Me separé de sus labios con un chasquido jadeantes y susurré:— Dame mi regalo de Navidad, Jungkook...
No sabía si haberlo provocado había sido mala o una muy buena idea.
Aunque no debería de estar pensando en aquello, no cuando tenía al bronceado chico encima mío lamiendo mis pezones mientras metía dos dedos en mi entrada.
Se sentía tan bien, el placer líquido empezaba a acumularse en mi vientre bajo a la espera del orgasmo y no podía evitar gemir, en serio estaba haciendo que mi cuerpo se estremeciera y desconocía tanto este gran placer que me estaba enloqueciendo.
—Oh Kookie~ —gemí inconscientemente al sentir como sus dedos habían rozado mi punto dulce.
Sentí como detuvo su trabajo con los dedos y su lengua lamiendo mis pezones para poner su mirada en mi rostro.
Yo también dirigí mi mirada hacia el bronceado algo desconcertado pero abrumado por ya no sentir sus dedos moverse.
—¿Q-qué pasa? —musite jadeante y sudoroso, estaba semidesnudo encima de la mesa donde anteriormente estaban nuestras mochilas.
—¿Cómo acabas de decirme? —se escuchaba sorprendido y embobado.
Estaba poniendo esa cara de pequeño niño, con sus ojos redondos y una mueca de sorpresa, lo hacía lucir como el ser más inocente cuando en contraría estaba enseñando su bien trabajado torso y que tenía dos de sus grandes dedos justo dentro de mi entrada. Me iba a matar ese idiota si seguía con esas expresiones.
—¿Kookie? —respondí algo extrañado removiendo ansioso para sentir de nuevo placer otorgado por sus dedos que aún penetraban mi entrada.
Sentí como sus dedos salían lentamente de mi entrada haciendo que me quejara y me tomaba del brazo para bajarme de la mesa poniéndome frente a él.
El más joven se sentó donde estaba anteriormente abriendo su bragueta para sacar de una su miembro.
Abrí mis ojos sorprendido y se me hizo agua la boca por tan apetecible trozo de virilidad. Era ancho, no tan largo pero estaba en la media, venoso y estaba completamente roja llorando pre-semen a la espera de ser liberada.
Vi como se inclinaba un poco hacia atrás y abría sus piernas mientras me daba una mirada jodidamente sexy.
—Vamos, chupa al mini-Kookie. —sonrió coqueto mordiendo su labio de manera sexy y natural.
Algo dentro de mí no pudo desobedecer y tomando una silla poniéndola enfrente suya, tomé asiento y empecé a lamer su polla.
Se sentía el sabor almizclado y un poco salado pero no era nada que no pudiera disfrutar, y más sí era de tremendo hombre que tenía frente a mi.
Con algo de confianza saque sus testículos también y empecé a lamer desde la unión de sus testículos hasta el glande dándole un poco de atención al frenillo.
Al escuchar sus jadeos supe que lo estaba disfrutando por lo que con una mano tomé la base y con la otra masajeaba sus testículos, tragué saliva algo nervioso para ahora meter centímetro a centímetro toda su longitud a mi boca.
Se sentía dura y caliente, también podía sentir un palpitar en mi lengua. Era fascinante cómo podía entrar más de la mitad a mi boca.
Sin esperar mucho empecé a chupar, primero lento y tranquilo, y luego mucho más rápido y duro.
Los jadeos del menor no se hicieron esperar y alcé la mirada orgulloso viendo el desastre que era Jungkook, tenía una mano en su largo cabello tratando de no empujarme —que tierno—, estaba con los ojos cerrados y la boca abierta soltando sin ninguna vergüenza jadeos, su respiración era acelerada y empezaba a mover sus caderas para embestir mi boca.
Seguí con la felación llevando una de mis manos —sin desatender los testículos del bronceado— hacia mi propio miembro para empezar a bombearlo para conseguir la liberación.
La mano del bronceado fue hasta mi cabello obligándome a tragar toda su polla e imponiendo un ritmo donde solo disfrute volteando hacia arriba viendo cómo soltaba jadeos pero viéndome con deseo y lujuria.
Oh joder, que me esperaba en unos minutos más.
El movimiento se volvió más errático y más rápido haciendo que tuviera una que otra arcada pero aguante un poco más para poder sentir en un par de segundos después acompañado con un gran gemido ronco como derramaba su semilla en mi garganta y boca, sintiendo el espesor y la calidez del esperma invadir mi cavidad bucal.
Sus jadeos no paraban haciéndome succionar más su polla para sacar la última gota de semen que pudiera entregarme pero lo único que logré fue hacer que tuviera otra erección.
Saqué la polla de mi boca viendo cómo seguía erguida pero brillosa por la combinación de saliva y su semilla, solo viéndose más apetitosa que nunca, sintiendo mi boca pegajosa instintivamente tragué todo el semen, tenía un sabor salado pero agridulce que me había encantado.
No noté en qué momento Jungkook se movía y cuando ya pude darme cuenta de mi alrededor, estaba acostado sobre la mesa con el menor entre mis piernas buscando algo en su mochila.
—No tengo condones. —mencionó dejando caer su mochila al suelo y apoyarse en los bordes de la mesa viéndome a los ojos— Y yo estoy completamente limpio.
—Y-yo… Soy virgen. —mencioné avergonzado volteando a otra parte, claro, lógica de Kim SeokJin: avergonzarme por algo tan simple mientras que estaba en desnudo ante la mirada de Jungkook.
—Cada vez me sorprendes, hyung. —con una sonrisa coqueta tomó su miembro para posicionarlo en mi entrada.
Pero yo estaba en shock con el honorífico que me había dicho, me acababa de decir hyung.
—¿Có-cómo acabas de decirme? —pregunté sorprendido viendo cómo ya estaba a punto de entrar en mi.
—Hyung. —y con esa maldita sonrisa de satisfacción entró en mi lentamente solo haciéndome jadear.
Sentía como mis paredes se iban ensanchando para darle paso a su virilidad, era tan gruesa que me hacía sentir completamente lleno.
Y ese pequeño ardor solo hacía que mi libido y placer se extendiera en todo mi cuerpo haciendo que cerrara mis ojos sin poder asimilar el placer que estaba sintiendo.
Mi mente se puso en blanco en la primera embestida, solo pude relajar mi garganta y dejar salir los gemidos que se producían en cada embestida. Y tampoco era como si los estuviera ocultando.
Las embestidas empezaron con un movimiento suave pero profundo, en todos mis años de explorar mi sexualidad jamás había pensado que causara tanto placer una polla dentro de mi ano.
Empecé a sentir como sus labios besaban el interior de mis muslos haciéndome delirar del placer que se iba acumulando cada vez más en mí abdomen y que empezaba a hacerme enloquecer en cada embestida que el menor daba.
—Kookie~ Ahí~ Kookie~ —solté un gemido al sentir como su polla rozaba mi próstata haciéndome delirar del placer.
Y con ese pequeño indicio que le había dado empezó a hacer las estocadas más rápidas y mucho más duras.
Sus gemidos también se empezaban a hacer presentes en la gran bodega donde estábamos teniendo nuestro caliente regalo de Navidad.
Sentí como sus labios empezaban a besar mi cuello y mis brazos se aferraron de su espalda desnuda.
Y sin esperarlo empezó a besarme ahogando sus gemidos junto a los míos, el movimiento de sus caderas seguían golpeando lo más profundo de mi entrada, rozando de manera tortuosa mi próstata y haciendo que nuestros dientes chocarán entre ellos por el movimiento que hacia mi cuerpo moverse en la mesa.
Clave mis uñas a la bronceada piel del menor al sentir como estaba a punto de llegar al clímax, estaba abrumado y completamente ido en el placer que sentía por esa gran polla que estiraba mi entrada cada vez que entraba de manera rápida y dura.
Y por cómo el bronceado se separaba del beso y empezaba a embestir de manera más rápida pero irregular sabía que Jungkook estaba también a punto de venirse.
—Kookie~ Kookie~ Más~ Más~ Ah~ Ah~ Ah~ Ah~ —empecé a gemir sin ninguna restricción solo buscando mi clímax.
Mis gemidos incentivaron al más joven para seguir embistiendo de manera bestial en mi entrada buscando nuestra liberación.
Y como si hubiera sido invocada, todo mi cuerpo se sintió estallar en un orgasmo que me hizo poner los ojos en blanco y arquear mi espalda sintiendo como derramaba mi semilla a lo largo de mi abdomen.
Al igual que el gemido ronco del joven se hizo presente junto con la sensación de su semilla espesa y caliente derramarse en mi entrada.
Jungkook se había venido dentro mío y había sido el mejor orgasmo que alguna vez pude tener.
Con respiración errática abrí mis ojos de manera perezosa viendo cómo el más joven se sostenía de la mesa jadeante, con la frente sudada y el cabello completamente revuelto.
—Eso… fue el mejor regalo de Navidad que pude tener. —su voz jadeantes y aún con los estragos del orgasmo me hizo estremecer por lo profunda que sonaba— Y me acabas de apretar deliciosamente ahora mismo.
Solté una risita dejándome caer completamente en la mesa para descansar.
Había sido el mejor sexo que había tenido jamás. Y había sido con el chico que estaba enamorado.
—
Feliz Navidad, Kookie.
—solté al aire para sentir como se adentraba más en mí.
—
Feliz Navidad, hyung.
—me dedico una sonrisa tierna y con eso volvió a embestir en mi entrada sacándome un gemido dejándome en claro que nuestra navidad aún no había terminado. Y vaya que manera más deliciosa de disfrutarla.
Bajamos de las escaleras de la manera más cuidadosa posible mi esposa y yo, por las zapatillas y las faldas que imposibilitaban nuestros movimientos.
—Enserio odio esta maldita falda. —gruñí al estar ya abajo tomando la cintura de Yeeun y ayudarla a bajar los últimos escalones.
—A mí me parecen lindas pero, tienes razón aveces puedo llegarlas a odiar. —pude sentir como tomo mi mano para formar un agarre firme.
—¿Realmente crees que Kim y Jeon se puedan llevar bien con este castigo? —pregunté curiosa viendo a la más pequeña.
Íbamos a caminando juntas hasta la bodega donde veríamos el avance que llevaban aquellos muchachos que se odiaban a muerte, según sus compañeros y hasta ellos mismos.
—Sipi —respondió Yeeun con una sonrisa tierna.
—¿Por? Si hasta nosotras como profesoras hemos visto cómo se insultan y como hace solo una semana se molían a golpes.
—Porque me recuerda a nosotras. —contestó estirándose para darme un beso en mi mejilla— Siempre peleabamos sin ninguna razón pero al darme cuenta que estaba enamorada de ti, no pude evitar besarte ese día cuando estábamos castigadas por empezar una pelea en plena cafetería. ¿Lo recuerdas?
Únicamente pude reír recordando ese momento donde la gran chica popular Yeeun derramó su té helado sobre mí y como empezábamos una pelea dónde terminamos castigadas limpiando aulas esa tarde.
—Vale… Pero ¿no hubiera sido más fácil decirme que te gustaba? Ese día arruinaste mi cabello y me dió un resfriado del demonio.
—Perdón amor pero, en justificación tú me hubieras insultado primero si me acercaba. —solté una pequeña risita ante lo dicho, era cierto.
Seguimos charlando un poco más hasta llegar al pasillo en dónde estaba la bodega, y vaya sorpresa nos llevamos por los sonidos que se escuchaban.
Gemidos junto con un rechinido de quién sabe qué estaba inundando todo el pasillo.
—Tu crees que… —me volteo a ver avergonzada y sorprendida Yeeun.
—No puede ser… —dije volteandola a ver sorprendida.
Caminamos sigilosamente hasta llegar a la puerta entreabierta de la bodega, el lugar donde provenían esos ruidos tan obscenos.
Y nos llevamos la gran sorpresa de ver a ambos chicos, de los cuales jurabamos que se odiaban follando contra la mesa.
—AH~ AH~ AH~ AH~ JUNGKOOKIE~ —pudimos escuchar como el señorito Kim gemía mientras se dejaba caer en la mesa dejándose hacer por el contrario.
—Ohhh~ hyung~ —fue la respuesta que se escuchó por el bronceado chico viéndose como lo tomaba de la nuca con una mano para mantenerlo apresado contra la mesa.
Yeeun y yo nos volteamos a ver sorprendidas sin poder creerlo.
Solo sentí como me jalaba de la mano Yeeun estando rojisima pero se veía nerviosa.
Me empujó dentro del cuarto de intendencia y me besó de manera desesperada tomándome sorprendida.
—¿Te excito ver a dos hombres follar, eh? —susurré burlona al separarme de sus labios.
—Oh cállate estúpida Sunmi y bésame.
—A sus órdenes, preciosa.
Y así empezamos a besarnos de manera desesperada toqueteandonos en el cuarto de intendencias.
·jkbbys·