Capítulo 1: Dinero.
Apariencia de Jimin en esta historia.
— Park Jimin. 30 años.
Apariencia de Jungkook en esta historia.
— Jeon Jungkook. 28 años.

Eran como las tres o cuatro de la madrugada, no lo sabía muy bien. Estaba temblando y de mi boca aliento gélido brotaba, había sido un idiota al no escuchar a Jieun cuando me dijo que debía salir con abrigo, pero ese era yo, el mismo envalentonado de siempre que se pensaba estar por encima de todos y, a decir verdad, alguna vez estuve en esa posición, pero hoy ya no, no desde las once de la noche cuando sentí que mi vida había acabado.
Algunos autos estaban comentando a salir a las calles, por lo que lo mejor era tener prisa si deseaba hacer lo que quería hacer. Estaba frente al pacifico Río Han contemplando la arquitectura del puente y la baranda anti suicidios. Más allá se encontraba el teléfono de ayuda y las muchas frases motivacionales que no me servían para una mierda, era claro mi destino y el anhelo a muerte solo tenía que ingeniármelas para cruzar la baranda.
— ¡Jimin!
Escuché a alguien gritar mi nombre y desee morirme en ese instante, hasta que observe qué solo era el imbécil de mi asistente, Eduardo.
— Largo de aquí Eduardo, esto no es asunto tuyo — hable a secas, apenas girándome a verlo.
— No hagas esto — dijo acercándose a mi — aún te queda mucho por lo que vivir — pronunció el hombre de piel morena al que apenas le entendí por su pésimo acento coreano.
— Vete al carajo ¿quieres? Ya no eres mi asistente y yo no soy más tu jefe, al fin vas a tener esas vacaciones que tanto anhelabas ¿no? — conteste de mala manera sonriendo falsamente.
— Oh vamos hermano, eres un genio en cuanto a números se trata ¿no?
— Si ¿y?
- Que tengo una propuesta de negocios para ti - afirmó usando una sonrisa exagerada ¿acaso intentaba verme la cara de idiota?
— ¿Una propuesta de negocios? ¿Tú?, no me hagas reír — me burle de él, observándolo de pies a cabeza — mira al menos que tengas a tu cargo una empresa valorada en más de doscientos millones de dólares no me interesa, por mi te puedes ir al demonio.
— No, no tengo una empresa, pero te puedo asegurar que si me ayudas podríamos ganar más de un millón en dos meses.
— ¿Millones de qué? ¿De wones?
— De dólares — aclaro sonriendo brillante — ¿que tal si vamos a tomar un café y te explico mi trabajo secundario?
Y así fue como termine trabajando de aliado con mi ex asistente. Resultaba que su trabajo secundario era hacer de contador para distintos grupos mafiosos en Corea y fuera del país, si porque hasta los malditos mafiosos hijos de puta necesitan contadores, y estos se atrevían a pagarle mucho más de lo que él ganaba en mi empresa tan solo por mantener la boca callada. Pues la exclusividad eran un tesoro para estos seres repugnantes, quienes al igual que nosotros se aprovechaban de la inocencia del mundo.
6 meses después...
Como otro día habitual me bañaba antes de desayunar y comenzar con el trabajo. Termine de enjuagar mi cuerpo y use la nueva toalla que yacía en el mueble del baño. Me vestí caminando entonces hacia la sala donde también habitaban la cocina pues no era un departamento muy grande y aún compartía vivienda con el idiota de Eduardo.
— ¡Buenos días, Jimin! — exclamó él bebiendo de una taza de café.
— ¿Y que tienen de buenos? — pregunte teniendo dudas sobre que era aquello que lo hacía estar con cara de estúpido.
— Bueno tengo comida en mi mesa, aire en mis pulmones y mucho dinero que ganar ¿Cómo no podría ser un buen día?
— Aja si ¿Qué preparaste hoy? — lo callé, sentándome en la pequeña mesa del comedor.
— Hay huevos revueltos que puedes comer con este pan integral y también hay frutas en la nevera — me hizo saber, pero eso me decepcionó.
— ¿Pan integral? Eres marica ¿o qué?
— Ay no seas tan amargado... — reclamó al mismo tiempo que peinaba su cabello — por cierto, Cassandra llamó de nuevo, quiere que le pagues.
— ¿Otra vez? — bufe, expulsando aire de mis pulmones. Esta situación ya me tenía obstinado — la próxima vez que llame dile que ya le he pagado lo que le debía pagar, por lo cual tiene que dejarme vivir en paz.
— ¿Seguro que le pagaste todo? — cuestionó con una ceja elevada.
— Por supuesto ¿Quién crees que soy? ¿Tú? — chiste mi lengua, buscando frutas en la nevera.
— No, pero cuando... — Eduardo detuvo sus palabras cuando su teléfono comenzó a sonar — dame un momento, es mi familia de Nicaragua — expreso como si acabará de recibir la lotería y luego prosiguió a hablar en español, por lo que no comprendí nada desde ese momento.
La vida sin tantas responsabilidades era menos complicada, aunque si era sincero debía admitir que extrañaba mi vida cuando esta yacía minada de lujos y oportunidades ilimitadas. A pesar de todo entendía que no podía quejarme. Ganaba una buena cantidad de dinero y nos habíamos extendido al hacer ahora diferentes tipos de estafas a empresas. El polvo se guardaba debajo de la alfombra y nosotros éramos solo como sombras para este mundo. No existíamos.
Unas horas más tarde cuando terminaba uno de mis trabajos en la laptop Eduardo llego, y note en él inconformidad. Como si hubiese algo que lo mantuviera intranquilo.
— Jimin ¿podemos hablar? — pregunto sudando en exceso.
— No voy a prestarte dinero. — hable enseguida, pensado que eso era lo que quería.
— No es eso, es algo más... — pronunció desviando la mirada.
— Necesito que me hagas un favor, es de suma importancia — hablo secándose el sudor con una servilleta — necesito que te presentes físicamente a un trabajo.
— No, no, no... — negué de inmediato. No haría tal cosa.
— Pero Jimin...
— Nuestro convenio fue así: yo hago los cálculos y tú das la cara con los clientes. Yo no tengo porque mostrar mi rostro jamás.
— ¿Y porque no?.
— Porque no se me da la gana ¿te sirve? —pronuncie a la defensiva, terminando la cerveza de lata.
— La verdad es que este es un negocio importante Jimin, en sí tal vez sea uno de los más valiosos a nivel monetario que hallamos tenido. No podemos simplemente dejarlo ir — insistió con ello.
— ¿Y porque debo ir yo? ¿Intentas cambiar responsabilidades? — pregunte sin ningún entusiasmo de saber el motivo.
— Claro que no. Es solo que el bar en donde desea el cliente que vaya solo aceptan coreanos.
¿Era solo eso? Si solo era esa estupidez me le iba a reír en la cara.
— ¿Solo eso? — pregunte con desánimo — ¿estas jodiendome?
— No, como te digo es algo muy serio. Yo no podría bromear con un cliente así — aseguró él y no vi ni sombra de gracia en su expresión.
— Entonces solo intenta cambiar el lugar de encuentro ¿no?, solo dile que no te sientes cómodo yendo a ese bar — intenté ayudar más, sin embargo, estos asuntos no lograban interesarme lo suficiente.
— El problema es que nuestro cliente es dueño de ese lugar y todos sus demás bares siguen la misma política. Me dijo que solo se reúne con contadores en ambientes que sean propios, nunca en sitios de acceso público. Todo por su seguridad claro esta — explico bien y ahora si entendía todo. Aún así el hecho de verme en persona con un cliente marginal no me atraía.
— ¿Entonces tu magnífica idea es que esta vez yo haga tu trabajo? — le cuestione empujando el interior de mi boca con la lengua.
— ¡Exacto! — exclamó junto a una gran sonrisa.
— Pues no, no haré algo así. — afirmé queriendo que esta vez quedara claro y me dirigí hacia mi habitación.
— Oh vamos Jimin — pero entonces Eduardo intercepto mi camino, tomándome de los hombros — tú eres coreano, solo tú puedes hacerlo esto es una gran propuesta.
— Ya conseguiremos otro cliente que si desee tratar con extranjeros — hable apartando sus manos de mis hombros.
— Esta bien, te dejaré sobre este papel el monto que este cliente va a pagarnos por el trabajo y luego tú decidirás si ir o no. — hablo Eduardo escribiendo una nota que dejo en la mesa del comedor, marchándose entonces a quien sabe dónde.
Cuando terminé de ver una película en mi laptop corrí hacia la cocina deseando tomar mi cena, la cual iba a consistir de ramen con panceta de cerdo al ser una de las pocas cosas que sabía hacer. Terminé de preparar los fideos y freír el cerdo, juntando luego todo en un bowl y comiendo directamente de ahí usando palillos.
Por vaga curiosidad mis ojos fueron a parar a la hoja en el comedor y leí el monto que ahí estaba escrito, creyendo esto como una locura. Lo que este nuevo cliente nos ofrecía era mucho más de lo que ganaríamos con cualquier otro cliente, no tenia sentido.
— Dime la verdad ¿Quién es este cliente y porque nos esta ofreciendo tanto? — le pregunté a Eduardo cuando lo llamé a su teléfono esa misma noche.
— Ah, así que viste la hoja ¿no? — contesto con un tono burlón.
— Eduardo...
— Bien, bien. Es un rico de cuna, sus padres fueron quienes con su sudor consiguieron todo el capital que tienen ahora, así que no sabe como no gastar dinero a lo bruto — explicó Eduardo y yo solo esperaba que todo esto no resultará en una puta locura.
Mi socio me explico cada detalle del cliente y el trabajo, por lo que a la noche siguiente ya me encontraba en la dirección que me había indicado.
[...]
Este era un bar discoteca con decoración moderna el cual tenía por nombre “El Edén”. Luego de pagarle al hombre del taxi me dirigí con mi mejor mirada y mi traje bien planchado a la entrada en donde un guardia de seguridad me detuvo.
— ¿A donde crees que vas? ¿Tienes entrada? — me pregunto y yo solo podía ver esa calvicie brillante y su cuerpo enorme.
— Vengo por parte de Eduardo Gutiérrez soy el contador de la familia Jeon, los dueños de este local — hable mostrando firmeza. Un hombre de contextura prominente no iba a lograr intimidarme.
— ¿Cuál es tu nombre?
— Soy Park Jimin — aseguré, pero no tenía algo así como una placa para enseñar, era solo un contador.
— ¿Me dejas ver tu identificación? — pregunto esta vez siendo más dócil.
— Claro. — confirme extrayendo de mi billetera mi documentación en donde se afirmaba lo que decía.
— Dame un momento — pidió para luego comunicarse por el auricular que le colgaba en la oreja — hola, pregúntale al joven Jeon si se encuentra esperando a un contador llamado Park Jimin.
En ese momento no supe que hacer, solo deseé no haber perdido el tiempo al haber venido hasta aquí en vano.
— De acuerdo. Puedes pasar, pero antes tengo que inspeccionar que no traes nada ilegal — dijo el hombre calvo y alce mis brazos a los lados para que inspeccionara a gusto — bien entra, mis compañeros te guiarán.
Y así como prometió dos hombres me estaban esperando en la entrada, quienes estaban luciendo el mismo atuendo que el anterior. Esta no parecía ser solo una discoteca convencional, había mujeres haciendo pol dance con prendas diminutas a punto de desvestirse, entonces comprendí que tipo de lugar era este. Camine por distinto pasillos aturdido por la música que casi reventaba mis tímpanos, hasta que arribamos a un lugar que parecía mucho más callado y privado.
Uno de los hombres se dirigió detrás de unas cortinas que solo me dejaban dilucidar siluetas, y allí escuché susurros cuando entonces se me brindó el acceso a esa zona. Caminé despacio sosteniendo mi maletín y luego de pasar las cortinas me encontré con varias personas. Dos de estos podía asegurar eran más guardias, también habían algunas mujeres semidesnudas y sentado sobre el sofá principal yacía un hombre de aspecto desafiante.
Este hombre vestía un abrigo gris de piel enorme el cual rozaba el suelo, su cabello era negro, portaba piercings y aretes en sus orejas y fumaba de un habano, llenando toda la habitación con el odioso humo opaco.
— Eres el contador Park Jimin ¿no es así? — se dirigió a mi, luego de dar otra calada y soltar el humo por las fosas nasales.
— Es correcto señor — afirme siendo lo más cortes que podía. Odiaba parecer un desubicado.
— Bien, puede sentarse — dijo señalando hacia los puff y cojines que yacían en el suelo. Esa parte fue la que no me agrado.
Si tenía tanto dinero ¿Por qué no podía buscar un asiento apropiado en donde yo pudiera sentarme?
— De acuerdo — susurre para mi mismo luego de soltar aire por mi boca — Eduardo, mi compañero me hizo llegar tanto los pasivos como los activos de este establecimiento, por lo que ya tengo el calculo del patrimonio que ha surgido en el último mes.
Yo hablaba extrayendo papeleo del maletín y acomodando mis gafas en el puente de la nariz más, sin embargo, el señor Jeon parecía no querer interesarle nada. Solo fumaba del habano y ahora había llamado a un chico delgado de no más de veinte años el cual se sentó a su lado y estaba a punto de...oh Dios mío...
— Continúa. — me pidió el hombre de abrigo de piel mientras él recibía una felación de aquel chico.
Intenté que mi asombro no fuese muy obvio y seguí explicando lo que debía explicar, pero justo en este momento y como obra del destino, todo estaba tan silencioso que solo podía escuchar el sonido que producía la saliva al introducir consecutivamente algo en la boca. Respire hondo cuando a la par se unieron los gemidos del hombre junto a sus jadeos y estaba a punto de creer que todo esto se trataba de una maldita broma.
Estaba muy enfadado, jamás me habían faltado el respecto de tal manera. Ni a mi ni a mi trabajo y lo peor es que me encontraba atado de manos, pues todo mundo aquí se encontraba ignorando la situación como si fuese algo habitual, por lo que era obvio que no podía quejarme ni hacer un escándalo. Él era el jefe de cada uno de nosotros.
— Inclínate — le escuche decir, pensando que me lo había dicho a mi cuando entonces ¡pam! Algo cayó sobre la mesa, y este era el cuerpo del chico ahora semidesnudo.
El desvergonzado de mi cliente lo había hecho inclinarse posando la mitad de su cuerpo sobre la mesa en donde yo trabajaba, e incluso algunos de los documentos quedaron debajo de los codos del chico.
— Oh lo lamento — pidió disculpas el chico entregándome los documentos, recostando entonces su rostro sobre la mesa de vidrio.
— ¿Te he dicho que te detengas? — pregunto mi cliente con descaro y esta vez si cruzamos miradas.
Yo estaba tan desconcertado que esta vez no logre disimular mi enojo, repulsión y vergüenza. Mantuve la mirada hasta que note que esto le gustaba, pues el muy desubicado me guiño un ojo justo antes de comenzar a tener sexo con el chico, el cual gimió tan cerca de mi que me sentí asqueado, como si yo me estuviese uniendo a esta perversión.
Olvide todos mis prejuicios y actúe mejor que el ganador de un premio Oscar, ignorando como un campeón los gritos, los sonidos lascivos, el evidente movimiento de la mesa y las miradas pervertidas que me llegaban por parte de mi cliente.
— Y eso sería todo señor Jeon — dije luego de un rato de tortura, cerrando mi maletín — esto es lo que debería pagar en impuestos — pronuncie dejando la hoja sobre la mesa.
— Bien ¡vete ya! — grito al chico separándose de él y por unos mini segundos pude observar su parte íntima, la cual gracias al cielo escondió después en su pantalón — buen trabajado señor Park — expreso encendiendo un nuevo habano, observando la hoja que yo le entregue — páguenle lo que le corresponde — dijo a su personal.
Detrás de mí un hombre de casi dos metros se acercó con un maletín, abrió el mismo ante mis ojos y allí contemple los cientos de dólares, tan verdosos y brillantes como siempre. Esa era la parte que más me encantaba.
— ¿Contento? — me pregunto, sentándose otra vez en el mismo sofá de antes.
— Por supuesto señor — intente asegurar, aunque estuviese con mucha cólera encima.
— Genial, tal vez nos veamos luego por ahora ya es todo. Que tengas una buena noche — fue lo último que dijo y su seguridad me acompaño hasta la salida.
Todo había sido tan extraño que no sabía como definirlo. Solo tenía claro que no deseaba ver a ese hombre nunca más en toda mi vida, y eso me juré hasta que no lo pude arrancar de mi espacio y de mi tiempo.
Muchas gracias por leer, estaré subiendo esta historia todos los jueves. Espero que les guste y que puedan votar muchas gracias!! ♥♥.