Guarda silencio [Tododeku]

Summary

La vida le cambia después de una infidelidad, un par de tragos, una noche loca y un guapo desconocido a su lado al amanecer... que resultó ser su cuñado. Podrían simplemente hacer como que aquello jamás sucedió, pero hay síntomas que van a interferir en sus planes.

Status
Complete
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: El inicio de todo

—¿E-es en serio, Tōya? —pregunta con molestia y la voz temblándole.


Se cruza de brazos mirando con el ceño fruncido a su novio y a la tipa con la que estaba acostándose, ella también parece confundida y molesta.


—¿Tienes un omega? —pregunta la chica.


Ambos omegas se quedan mirando al de ojos turquesas que sonríe nervioso.


—Izuku, mi amor, ¿no tenías planes fuera hoy?


Suficiente.


El pecoso se agacha tranquilamente a recoger una pantufla que estaba en el suelo y la mira con rigidez antes de darle su aprobación para lanzarse contra el alfa, empezando a golpearlo con ella.


—¡Maldito imbécil! ¡¿Qué mierda interesa si tenía planes o si estaba en la punta de un monte?! ¡¿Es esto lo que haces en mi ausencia?! ¡¿Cuánto tiempo has estado haciendo esto?! —gruñe.


Siente su corazón romperse con cada golpe que da, mientras el alfa apenas se protege con sus antebrazos y la tipa empieza a vestirse con suma molestia.


—De verdad pensé que teníamos algo especial. No me vuelvas a hablar, Tōya —sisea ella retirándose de la habitación con sus cosas, dando un portazo en la puerta principal.


Izuku en algún momento deja de golpearlo solo para recomponer su respiración, pero le es imposible. Tōya, su novio, el alfa que creyó que era el indicado, lo había dejado hecho trizas.


Sí, su relación no era perfecta y podía rozar lo tóxico e inestable, donde terminaban y regresaban cada mes, pero lo amaba, y pensó que Tōya también lo amaba a él.


—¿Qué pasó? —le pregunta en susurro al hombre, Tōya baja la mirada con arrepentimiento.


—Izuku, créeme que te amo.


—¿E-entonces por qué...? Explícame, por favor.


—¿Me perdonarás si lo hago?


Se queda unos minutos en silencio. No tiene idea, siempre pensó que podría perdonar todo menos una infidelidad, sin embargo, ahí está, pensándolo.


—Izuku, ella solo es un pasatiempo, eres tú a quien quiero, con quien tengo planes para el futuro, de casarme, de tener cachorros... Solo quería experimentar un poco antes de profundizar en nuestra relación y llegar a algo más serio.


—Carajo, Tōya, tienes treinta y seis malditos años, ¿cómo quieres experimentar más? ¿Nuestros acuerdos no son suficientemente divertidos?


Sí, al momento de empezar a salir, quedaron en ser abiertos respecto a temas sexuales, hacían tríos con unos cuantos conocidos en común, pero todo era consensuado por ambos y sin intenciones de añadir sentimientos.


Sin embargo, un trío era muy distinto a una infidelidad o relación abierta, cosa a la que Izuku no estuvo de acuerdo.


—Lo sé, mi vida. Perdóname —toma las manos del omega para besar sus nudillos, estas aún tiemblan—. Juro que será la última vez.


—¿O sea que hubo más veces anteriormente?


Tōya se queda en silencio por unos largos segundos que son suficientes para enfurecer al omega, quien retira sus manos con furia, abofetea al pelinegro y seca sus lágrimas saliendo de la habitación.


—¡Tōya, carajo, responde!


—¡Pues qué quieres que haga! ¡Tal vez si fueras un mejor omega, más bonito, fértil o menos aburrido, no habría sentido la necesidad de buscar a alguien más para complacerme!


Y aquello fue una daga directa al corazón de Izuku, Tōya entonces se percata de lo que dijo, pero era demasiado tarde para dar marcha atrás.


—Izuku-


—No podemos seguir así.


Tōya se queda paralizado. Sabe que ha cruzado un límite que no podía deshacer. Izuku, en cambio, permanece inmóvil, con la respiración acelerada, pero sin una lágrima que demostrara cuán profundo había calado el insulto.


—Izuku, no quise decir eso... —su voz es apenas un murmullo, pero el daño ya estaba hecho.


—Claro que lo quisiste —responde el omega con una calma peligrosa—. Lo pensaste y lo dijiste, porque, en el fondo, crees que tienes razón. Crees que la culpa es mía por no ser el omega perfecto que tú quieres. Perdón por no ser tu querido secretario por el que vas como un perrito cuando su dueño lo llama.


Tōya muerde sus labios sabiendo que no puede defenderse de tal acusación. Keigo Takami ha sido el origen de muchas peleas, ya sea porque se ven de vez en cuando fuera del horario laboral, le cancela planes a Izuku para estar con él o coquetean un poco haciendo que el pecoso se sienta inseguro en su relación.


En su opinión, también es culpa de Izuku por aguantar.


—Tú fuiste el que me traicionó. Tú fuiste el que rompió esto. Y no voy a dejar que me hagas sentir como si fuera mi responsabilidad. Si tan aburrido soy, no entiendo por qué sigues conmigo.


—Izuku, por favor...


—Se acabó, Tōya. Esta vez es en serio, terminamos.


—¡Izuku!


Lo ignora, no vale la pena, la relación ni siquiera era larga, llevaban un año conociéndose y diez meses saliendo.


Pero le dolía, porque las palabras de Tōya en cierta parte eran verdad, y por eso lastimaron a su lobo interno, que aullaba de tristeza.


Al ser un recesivo, sería un milagro que quedase embarazado. No es que sea infértil, pero solo podría garantizar un embarazo con inseminación artificial, hacerlo con mero sexo es poco probable.


Ya pasó dos celos con Tōya sin protección, y no pudieron concebir. No es que esté desesperado por tener hijos, pero tiene veintisiete años y se supone que está en un buen momento.


Ahora agradece no haber logrado tener un bebé, no se imagina lo que estaría padeciendo con la inestabilidad de Tōya y sus constantes discusiones...


Pero Tōya en serio lo complementaba.


Sacrificó mucho por él, incluso casi es despedido de su trabajo porque a su señorito novio no le gustaba que conviva con tantos alfas e hizo una escena de celos frente a todos.


Limitó bastante su círculo social y se abstuvo de hacer cosas que le gustaban con tal de tenerlo contento.


Incluso se peleó con su madre en más de una ocasión porque no pensaba que fuera un tipo maduro a pesar de ser casi diez años mayor que él.


—Tonto, tonto, tonto fuiste, Izuku —gruñe subiendo a su auto y empezando a conducir.


Se aleja del vecindario y luego se estaciona en un parque cercano, no va a ser un imprudente al volante. Inhala y exhala para mantener la calma, toma su celular y agenda una cita con el médico.


Espera que Tōya haya usado protección, no quiere ninguna enfermedad venérea, así que mejor es asegurarse.


Ya más tranquilo, llama a sus mejores amigos, aquellos que, sabe, lo van a apoyar y dar el consuelo que necesita.


Es respondido al instante por Katsuki, que le dice que lo espera en casa, sorbe su nariz, restriega sus ojos y emprende marcha hacia el departamento del alfa que lo espera con los brazos abiertos, mimos y una regañadiza porque, según él, nunca le dio buena espina.


—Ese maldito no te merece —exclamó el cenizo mientras servía una copa de vino—. Siempre lo supe, ¡desde el principio! ¡Y te lo dije cientos de veces! Pero tú, Deku, siempre tan ingenuo y tonto...


Izuku sorbió su nariz una vez más, sosteniendo su taza de té con ambas manos. Sentía la calidez del líquido, pero su corazón estaba frío, roto. Lo peor de todo es que todavía le dolía pensar en Tōya, aunque sabía que había hecho lo correcto al terminar con él.


—Yo solo... pensé que... —susurró, hundiéndose un poco más en el sillón—Pensé que teníamos algo real.


El alfa bufa rodando los ojos.


—Reales son mis bolas. Puede que para ti sea especial, pero él no te trataba como si tú lo fueras —dijo, encogiéndose de hombros—. Es un alfa egoísta. No hay nada que hacer ahí.


Izuku dejó la taza en la mesa y miró hacia el techo, tratando de calmar el torbellino de emociones que sentía. Pero antes de que pudiera responder, la puerta del apartamento se abrió y Ochako entró con una energía vibrante, como siempre.


—¡Ahí estás, Deku! —chilló dejando su bolso en la mesa—. Katsuki ya me lo contó... ¡Lo siento tanto! ¡Tōya no sabe lo que perdió! —lo abraza sentándose a su lado.


—¿Por qué tienes la llave de mi casita? —pregunta Katsuki perturbado, mas es ignorado.


—Lo que necesitas es distraerte. —ella lo toma de las manos para empezar a hablar con una calma aterradora —¿Por qué no salimos esta noche? Es viernes, hay descuentos en el club...


Katsuki al instante arquea una ceja.


—¿Ese es tu plan? ¿Sacarlo de fiesta? —desaprueba la idea—. Deku no está en condiciones para eso, se siente mal.


—Exactamente por eso es que lo necesita. No podemos dejar que se quede aquí, todo deprimido, recordando a ese idiota. Izuku, vamos a divertirnos, a tomar unas copas, ¡y a olvidarnos de Tōya por una noche!


Izuku titubea, pero Ochako le toma las manos con fuerza, como si suplicara.


—Vamos, Deku. Se lo debes a tu omega interno. Los alfas creen que pueden hacer lo que quieran y manipularnos con sus sonrisas encantadoras, pero no es así, ya no. Hoy vamos a salir, bailar, beber y olvidar. Tōya es historia.


La convicción en la voz de Ochako lo hizo dudar por un momento, pero luego asintió lentamente.


Katsuki suspira rendido.


—Solo iré para asegurarme de que este nerd no haga ninguna estupidez.




Las luces de colores giraban sobre la pista de baile, iluminando brevemente las caras de quienes estaban perdidos en el ritmo y el alcohol. Era un ambiente completamente diferente al que Izuku estaba acostumbrado. La energía del club lo mantenía alerta, nervioso.


—¡Deku! ¡¿Puedes relajarte un poco!? —Ochako pregunta/grita sobre la música, levantando su vaso mientras lo empujaba suavemente hacia la barra—. Bakugō ya lo hizo. Míralo.


Izuku mira hacia el otro lado de la barra, donde Katsuki estaba medio tumbado, completamente fuera de combate. El alfa se había negado a beber, pero después de la insistencia de Ochako, terminó como un saco de papas sobre la barra.


Era un malacopa total, algo que no sorprendía a Izuku, pero aun así le daba risa.


—Ochako, no debiste...


—Deku, por favor. Apenas ha tomado dos vasos... ¡Y ni siquiera acabó el segundo! —responde ella, sonriendo con burla antes de pasarle un vaso de licor—. Vamos, este es el último, lo prometo. Luego vamos a dar la puti-vuelta y si no da resultado, simplemente regresas con nosotros.


Izuku vaciló, pero al final bebió lo que le quedaba. No era que quisiera conocer a nadie, pero la idea de despejarse un poco sonaba tentadora. Sentía que las cosas estaban pasando demasiado rápido en su vida, y además Ochako tenía razón: solo por una noche, debía dejarlo todo atrás.


—Bien, está bien... pero no pienso seguirte en todo lo que hagas —dijo poniéndose de pie. Ochako sonreía victoriosa.


—Ya lo veremos — ella le guiña un ojo tomando su mano para llevarlo hacia la pista de baile. Dejando a un dormido Katsuki acurrucadito en su silla.


Todo era caótico, pero Ochako se abría paso como si fuera Pedro por su casa. Izuku, en cambio, se sentía cohibido, mirando a su alrededor, intentando seguirle el ritmo. Sus ojos recorrían las caras del resto, todo lo que veía eran extraños que se movían al compás de la música con extrema vulgaridad.


—Al carajo la puti-vuelta —Ochako se detiene en seco y se hace aire con las manos—. Lo he encontrado.


—¿Qué cosa?


—Ese tipo es delicioso como el pan recién horneado —murmura ella impactada mirando algún lugar en la discoteca—. Debes ir por él.


—¿Q-qué?


—Deku, o vas tú, o lo traigo yo, pero siento que deben conocerse sí o sí.


Izuku mira hacia donde señala y ve a un hombre sentado en otra barra, sosteniendo un vaso y observando la pista de baile con una expresión tranquila pero atenta.


Traga saliva, Ochako tenía razón, ese hombre era un deleite visual, un adonis tan precioso que no encajaba para nada con el lugar, con cabellos lacios, ojos dispares y mirada penetrante.


—Vamos, acércate, habla con él. ¡Solo por una noche, Izuku! ¡Diviértete!


Antes de que Izuku pudiera protestar, Ochako lo empujó suavemente hacia el tipo. Izuku, con el alcohol y la presión de la situación, comenzó a caminar casi en automático hacia él.


Cuando estuvo lo suficientemente cerca, ya era demasiado tarde para arrepentirse, el alfa bicolor había levantado la vista y lo veía con curiosidad.


Izuku le da un último sorbo a su trago para darse valor.


—Hola —saluda sintiendo sus mejillas enrojecer—. P-perdón, no suelo hacer esto... Soy Izuku.


—Shōto. Mucho gusto, Izuku —responde levantando su vaso a modo de saludo.


—Ehm... —duda. ¿Ahora qué? Nunca hizo esto antes—. Es... es un lugar interesante, ¿no? —mentalmente se pega la frente por aquella pregunta tan sosa.


Shōto lo analiza durante unos segundos antes de asentir.


—Sí, lo es. Aunque no es mi lugar habitual. Me convencieron de venir —admite, mirando brevemente hacia el resto de la discoteca.


El alfa tampoco es bueno socializando, pero quería intentarlo esta vez y, quizás, no aburrir al bonito pecoso que se había acercado con timidez.


Si logra no espantarlo con su monotonía, Momo sería capaz de hacerle una gran fiesta.


—Me pasa lo mismo. Mis amigos me arrastraron aquí... O bueno, solo una.


—¿Así que no eres de salir mucho? —pregunta Shōto, ahora más interesado.


No quería ser prejuicioso, pero ahora todo tenía sentido, Izuku no encajaba para nada con el lugar, quizás era su postura nerviosa o su rostro de incomodidad.


—No, la verdad no. Esto es... raro para mí —se rasca el brazo con timidez—. Pero a veces está bien salir de la rutina.


—Te entiendo —responde Shōto con una ligera sonrisa, dando un pequeño sorbo de su bebida—. De vez en cuando es bueno hacer algo diferente. Aunque, a decir verdad, me siento un poco fuera de lugar también.


—Yo igual —admite, riéndose un poco—. Pero aquí estamos.


Ambos rien suavemente y la conversación fluye con facilidad, aunque apenas se conocían, había algo natural entre ellos, una chispa de entendimiento mutuo que hizo que Izuku se sintiera más cómodo.


Tal vez era la influencia del alcohol, o quizás había algo en la forma en que Shōto lo miraba, como si realmente estuviera interesado en lo que tenía que decir.


—¿Te gustaría... dar una vuelta? —pregunta Shōto de repente, cuando parecieron quedarse sin tema de conversación—. No sé tú, pero creo que necesito un poco de aire fresco.


Izuku lo mira con duda, algo cohibido, pero su lobo mueve la cola al instante, confiando en él, queriendo seguirlo ciegamente.


—Supongo... Que también me vendría bien —responde, sonriendo mientras lo seguía hacia la salida de la discoteca.


Oh, chico.


Si tan solo no hubieras aceptado, te habrías ahorrado tremendo drama familiar.