⏃ 01
Jυяσ́ Sσlεмиεмεитε qυε мιѕ ιитεиcισиεѕ иσ ѕσи вυεиαѕ
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
Ƈαмвιαηɗσ
Ɩα Hιѕтσяια
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
La guerra había terminado hacía seis años, Voldemort fue el vencedor, arraso los sueños y anhelos de muchos, ya nadie podía imaginar un mundo libre del yugo del oscuro mago y aquellos que se atrevieron a intentar pensarlo fueron asesinados de las formas más crueles existentes en el mundo. Todo para dejar un precedente, así nadie que apreciará su vida lo intentaría, el régimen se mantendría y la oscuridad sería el nuevo orden.
Todos los que se opusieron cayeron uno a uno, no importaba lo que hicieran siempre los encontraban, eran torturados de las peores formas posibles y luego cuando estos perdían la poca cordura que los ataba al mundo eran asesinados, exhibidos ante todos en una asamblea pública mientras los mortifagos reían y festejaban su locura.
El mundo mágico estaba agonizando por el régimen Mortifago a manos de un desquiciado, ya casi no habían magos o brujas sangre pura o nacidos de muggle. Debido a que la guerra había cobrado innumerables víctimas, la población mágica y muggle había perecido bajo el yugo opresor.
Draco Malfoy contrario a lo que todos pensaban había protegido a Hermione Granger en una de sus casas de seguridad, donde también estaba la madre del joven, en esos seis años habían logrado implementar "El plan", que si bien no era perfecto y carecía de todo sentido les daba cierta ventaja.
El plan había nacido de la mente de un mago de túnicas oscuras al igual que su cabello y ojos, poderoso y brillante, que debido a la atroz guerra que estaba - en ese momento - a punto de explotar se preparo previamente buscando una opción por si las cosas no salían bien para la orden, sobre todo por ella, por Hermione Granger.
Un giratiempos, un hechizo prohibido, la súplica silenciosa hacia Merlín mismo y una Hermione Granger dispuesta a salvar a todos de lo que sabia era una perdida total.
Ella tenía una misión, pero sobre todo una promesa que cumplir, al único hombre que había robado su corazón sin siquiera intentarlo, al que le había hecho la mujer más feliz por un año, las cosas no habían sido fáciles para ella, pero comprendió que sin él, la vida no valía la pena.
— Todo está listo, Mione — Draco se acerco a ella, el rubio mago le extendió un bolso bastante elegante digno de un sangre pura, su rostro pálido y enormes ojeras denotaban cuan cansado estaba del infierno que vivía.
— Deberían marcharse, cuando ellos sientan la magia vendrán de inmediato — Mione le dio un abrazo a su ahora mejor y único amigo vivo, sus ojos castaños se llenaron de lagrimas, pero ella se contuvo de no derramarlas.
Narcissa sonrió con tristeza mirando a ambos jóvenes, ella una vez odio la idea de su hijo salvando a la sangre sucia, pero Draco era diferente a ella, a su padre y a todo lo que un pura sangre representaba, su hijo era inteligente y sabia que ella era la única que podía hacer algo por ellos, luego, los vio florecer hasta que miro a Hermione como una hija, sabia que estaban dejando una pesada carga en la jovencita, pero era la única que era capaz de llevar a cabo este plan sin levantar las alarmas del mundo al que se dirigía, por eso se acercó a la castaña y la envolvió en sus brazos abrazando de paso a su hijo, su pecho se oprimió al saber que si algo salía mal estarían condenados. — Debes ir a sus años de estudiante, sálvalo de sí mismo y salva al mundo con él — Narcissa susurró y Hermione sintió sus ojos picar, el nudo en su garganta se apretó dando una sensación opresiva.
La castaña de cabello rizado asintió sin poder hablar, el nudo en su garganta la asfixiaba poco a poco, las lágrimas agolpadas en sus ojos se deslizaron sin su permiso por sus bronceadas mejillas. Draco se separó y dejó que su madre besara la corinilla de la joven bruja. Él sabía que una vez Granger se fuera su propia vida y la de su madre estarían pérdidas.
Se aclaro la garganta ahuyentando el miedo de lo que estaba por venir y fijo sus grises ojos sobre su amiga — Los papeles están en el baúl, es el más caro y completo que puede haber, esta muy bien equipado y recuerda... — hizo una pausa y recobro el valor de decir lo que había sido tema de discusión — tendrás que comportarte como un sangre pura, sin perder tu esencia por favor. — sonrió y casi se maldijo al escuchar el temblor en su propia voz.
— Lo sé — Hermione contestó entre sollozos ahogados, limpio sus lágrimas con el dorso de su mano e inspiró tomando el valor Gryffindor que tanto le hacia falta — nunca podré agradecerles todo lo que han hecho por mí y por haberme dado tu lugar — sonrió, su sonrisa era mas una mueca lamentable con lágrimas en los ojos.
— Sálvanos de este infierno — Draco contestó mirando los ojos llorosos que por un tiempo había llegado a amar — eso es lo único que pido — extendió sus manos mostrando un pequeño frasco de color dorado con motas verduscas en medio que flotaban dando una sensación de ingravidez del contenido en su interior.
— Esa es mi misión — Granger tomó el frasco y su rostro adoptó seriedad — gracias a ambos por enseñarme todo lo que ignoraba — miró a Narcissa quien fue paciente con ella y le enseño a comprender el mundo del que también era parte — por educarme de la forma en la que un sangre pura es educado — ahora fijo sus ojos en Draco quien había sido el compañero y amigo que la salvo de su terrible destino — y por demostrarme cuán importante es conocer y actuar como un sangre pura — suspiró incapaz de aceptar por completo que durante años había estado ignorando y ultrajando al mundo que se había abierto a ella a sus doce años —, los voy a extrañar — su sonrisa vaciló y de sus ojos lagrimas gruesas se derramaron llenas de dolor.
— Que Merlín te acompañe — Narcissa soltó en medio de un sollozo, tomó la mano de Draco quien bajo la cabeza ocultando su rostro lloroso y tras un breve asentimiento desaparecieron.
Hermione se quedo mirando por un breve momento el lugar donde ambos rubios habían estado segundos antes, ella suspiro y supo que el bolso elegante que Draco le había dado tenía todo lo que necesitaba, él se había encargado de la parte económica y reconoció que el rubio era astuto, tenía dos opciones y sabía que aunque le costara una de ellas debía de usarla de manera convincente, el dinero que Malfoy le había dado no duraría toda la vida.
Un suspiro de cansancio se escapó de sus labios, si bien las cosas no le gustaban, y le había dolido horriblemente el haber cortado su cabello, además de la cantidad abrumadora de pociones que tenía que tomar para efectuar su plan.
Ella sabía que su camino era difícil.
No solo tendría que volver al pasado, también debía fingir ser un heredero perdido de una de las primeras familias nobles en extinguirse en cuanto a la línea de varones se trataba — teniendo línea femenina dispersa — además de fingir tener una hermana gemela que estudiaba en casa, al menos sabía que en la casa que consiguiera sería ella misma, por lo menos en vacaciones.
Camino hasta su habitación, la casa había sido despojada días antes de todo rastro de que Narcissa Malfoy había estado ahí con ella, incluso el rastro de Draco, ambos se habían marchado para nunca más volver a esa casa, debía esperar un tiempo para que los vestigios de magia de Draco se disiparan y solo quedará el de ella.
Al llegar a su habitación tomo sus pertenencias y el diario que él le había regalado donde estaban escritos todos los hechizos y pociones importantes de Gran Bretaña, quizás del mundo, realmente él era el mejor pocionista y mago de la historia, sin duda, el mundo había sido privado de sus talentos.
Guardo todo con rapidez en el bolso de piel de dragón que Draco le había dado, camino al closet y termino de guardar sus vestimentas muggle dejando solamente un pantalón de mezclilla negro, una camisa manga larga blanca y luego una chaqueta negra que sería la ropa que usaría una vez cambiara su cuerpo.
Camino al espejo del baño y miro su reflejo, su cabello castaño claro había sido cortado hasta quedar muy parecido al de Draco, lo único que los diferencio fue quizás los rizos rebeldes de ella que parecían elevar los pocos risos sueltos que dejaba sobre su cabeza, su cuerpo curvilíneo con múltiples cicatrices de un tono blanco mucho más pálido que el que alguna vez tuvo. sus ojos castaños claros estaban ligeramente enrojecidos por el anterior llanto, frunció el ceño y suspiro decidiendo que era el momento, ella miro el vial que Draco le había entregado y luego abrió el gabinete del baño, las pociones más importantes para que todo el plan funcionara estaban ahí, Draco las había dejado la noche anterior.
Ella tomo la primer poción del gabinete, este era de un color azul marino, una mueca tiño su rostro cuando el horrible sabor fue atrapado por sus papilas gustativas, hizo una mueca de asco, pero no se detuvo, la sensación de su cuerpo cambiando fue bien recibida, se miro al espejo y logro ver como parecía tener ahora quince años, su piel se aclaro y sus ojos brillaron dorados, luego tomo la segunda poción, esta era de un color plateado chillante, en su interior habían dos bolitas de color rojo que flotaban, suspiro y se la tomo de un solo golpe, las nauseas la golpearon cuando el sabor metálico llego, su cuerpo hormigueo y el ardor de sus venas la hizo gemir de dolor, sus jadeos eran muy audibles, pero ella lo soporto.
— Solo una más — se ánimo así misma y movió su mano temblorosa con la poción dorada con motas verduscas hacia su boca, mirando el espejo sonrió con nostalgia tomo de una sola vez la poción y contuvo las nauseas que la golpearon, el regusto fue peor de lo esperado.
Sintió su piel burbujear como había pasado cada vez que tomó la poción multijugos, cerro sus ojos con fuerza ante el mareo que la golpeo, una vez las extrañas sensaciones que atravesaron su cuerpo se hubieron detenido ella abrió sus ojos y se maravilló al encontrar el reflejo masculino de ella, colocó su mano en el espejo y apreció su nueva apariencia.
Las tres pociones fueron tan complicada de elaborar por una sola razón, Severus había creado estas pociones con la capacidad de rejuvenecer físicamente a una persona, además de alterar su sexo, volviendo este en el sexo opuesto al que originalmente portaba, una de ellas incluso tenia la habilidad de otorgar al portador una nueva identidad afiliándolo a una noble casa, en su caso a la casa que se había elegido para ella, estas pociones estaban acompañadas de runas y hechizos para establecer una edad específica y crecer a partir de ella, lo interesante es que su efecto para rejuvenecer era permanente al igual que la de la sangre de representar una noble casa, por eso se podía crecer en ella y la del cambio de sexo era temporalmente prolongado con una durabilidad de dos semanas aproximadamente.
— Siempre fuiste un maldito genio — musitó, asombrándose de su masculina voz, se rió por lo que eso implicaba, su risa ronca la hizo sentir incomoda, sus manos viajaron a su pecho y sintió sus pectorales, estos estaban desarrollados, si bien no tenía un mal físico como mujer, parecía que la poción había dejado un cuerpo musculoso asimilando su propia musculatura anterior.
No había ningún rastro de sus anteriores cicatrices, su piel estaba limpia de la condena de su sangre, y su procedencia, ya no habían rastros de las agradables cicatrices de sus aventuras, de aquellos recuerdos agridulces junto a sus amigos. Pero en su alma estaban impregnadas.
Sonrió por sus pensamientos y luego su mano sin poder evitarlo se deslizó hasta su entrepierna, soltó un chillido al sentir que era un niño completo, una risa vino tras su chillido que llenó la estancia, ahora tendría que aprender a usar el miembro masculino, aquello era una tarea para después. Estaba segura de que si Snape estuviera vivo hubiera muerto de indignación por tal cosa, él había creado la poción únicamente para protegerla en caso de que todo saliera mal, y a decir verdad sabía que esta era la única manera de hacer un cambio en el mundo mágico.
Suspiró, tenía suficiente poción para al menos dos años además que los efectos de esta debido a los ingredientes duraban dos semanas en desaparecer — Esto lo hago por ti, por todos — Hermione susurró, tomó algunas pociones que tenia aun en el baño y las guardo con cuidado en el bolso, amaba los hechizos de expansión y las runas que le quitaban el peso de las cosas.
Una vez lista cerro sus ojos y se concentró tal y como Severus le había enseñado para identificar la magia que había en la casa, sonrió satisfecha al saber que solo había rastros de ella, era más que obvio que podía marcharse ahora. Nada la ataba a ese tiempo. Camino de regreso a la habitación y se vistió con rapidez dejando su ropa atrás mientras la colocaba en la cama.
Bajo las escaleras de la casa, alzo su varita y la movió enviando un incendio en la planta baja, luego subió al segundo piso e hizo lo mismo en la biblioteca que estaba completamente vacía, cada libro había sido devuelto o debidamente guardado, se dirigió a su recámara y una vez ahí sabiendo que la casa estaba ya en llamas sonrió, sacó el giratiempos que adornaba su cuello y mientras cruzaba el bolso para que quedara cruzando su cuerpo con su varita comenzó a recitar el hechizo.
— Mundus non turbatos, mutata tempora, in statera sunt amissa — lo repitió dos veces — magicae O antiqui: et statera liceat ad esse potero filii eripe Merlini — dos veces más fueron repetidas en medio de un murmullo claro. (El mundo se encuentra desordenado, los tiempos han cambiado, el balance se ha perdido, oh magia ancestral permíteme a mi ser el equilibrio y poder rescatar a los hijos de merlín) — Hermione comenzó a recitar.
En el centro de la habitación donde Mione estaba un brillo comenzó a emerger, el giratiempos comenzó a girar por si solo, runas antiguas comenzaron a marcarse saliendo de ella, tomándola como un eje de magia.
— Ut salvum me tempus ut conturbata sunt viscera mea ad eos, qui dilexit, et restituere ordinem ad placitum ante te — murmuró, una luz cegadora brillo con intensidad, la casa misma comenzó a estremecerse, las ventanas estallaron al no poder contener la inmensa cantidad de magia. (Llévame al tiempo que mi corazón anhela para salvar a quienes amó y restablecer el orden que habías estipulado) — Finalizó dejando que la fuerza de sus emociones salieran desde el fondo de su corazón.
Su cabello castaño corto se elevó un poco, sus ojos castaños se iluminaron de color dorado, una enorme cúpula de magia cubrió su cuerpo y ella pudo ver como todo se detenía, pronto la cúpula creo tres aros que comenzaron a girar similar al giratiempos en su cuello, el aire emitió sonidos cortantes y luego comenzó a girar en sentido inverso a las manecillas del reloj, su cuerpo se sintió caliente, era como si su sangre hirviera y pronto todo estalló.
Hermione sintió que su cuerpo estaba cayendo en picada y sin poderlo evitarlo gritó, todo estaba oscuro, sentía como un túnel la succionaba, el giratiempos comenzó a vibrar, su corazón sintió un pinchazo de dolor cuando frente a sus ojos vio miles de recuerdos suyos y prestados, por Severus, por Draco y por Harry.
Mientras eso ocurría su cuerpo terminaba de adaptarse a la poción, lo que Hermione desconocía es que en la poción plateada estaba involucrada la sangre Peverell — tomado de la última Peverell, Elliajha, quien era amiga de Severus, al igual que había una reserva de sangre conservada mágicamente — lo que le daría la identidad que se había previsto para la misión, logrando así tener voz y voto dentro del mundo mágico y ayudándola a pasar cualquier examen de sangre mágica ya que ahora era parte de su propio cuerpo.
Luego de un momento la luz del giratiempos se comenzó a opacar, sujeto su varita y el bolso con fuerza no dispuesta a perderlos en la caída, una luz al final del oscuro túnel le advirtió que tenía que actuar con rapidez, una vez que salió del túnel vio con asombro que el cielo estaba oscurecido, las gotas de lluvia impactaron su piel, y vio la danza de los relámpagos que se extendían entre las oscuras nubes.
Giro su cuerpo para ver donde estaba cayendo y se maravilló de ver un previo vacío que era justamente el mismo donde había estado con anterioridad años en el futuro, su magia se sentía diferente y estaba segura que los antiguos le habían favorecido, antes de tocar tierra estaba por hacer que su cuerpo levitara cuando sintió como se suspendía poco a poco controlando su caída, aterrizó de pie y con cuidado, casi como si alguien la sujetara en esos momentos y se giró, solo para ver que no había nada ni nadie en las cercanías.
Camino por el lugar y luego se traslado a través de la aparición logrando así llegar al Londres muggle, todo parecía muy diferente de lo que ella recordaba, logro ver un puesto de periódicos cerca, camino hasta ahí y vio con satisfacción la fecha, Julio 02 de 1975 todo había resultado y mejor aún tenía tiempo para ingresar a Hogwarts y anunciar el regreso de su "casa".
Camino buscando el registro público, sabía que estaba ubicado en un lugar distinto del que había en su tiempo, pronto lo divisó, el registro público apareció a un costado — Vaya, es mucho más pequeño de lo que pensé — susurró y se encaminó hasta llegar.
Entro al lugar un poco mojado por las gotas de lluvia que caían como un roció frágil, sacudió su cabello tal como Draco lo hacía y camino a paso seguro y elegante hasta la ventanilla libre donde una mujer regordeta estaba esperando.
— Buenas tardes — habló, su voz masculina era algo a lo que debía acostumbrarse.
— Buenas tardes, jovencito —la mujer saludo — ¿En que puedo ayudarte? — su voz sonaba serena.
— Quisiera retirar mi partida de nacimiento — pidió el muchacho con voz amable.
La mujer lo miro, claramente el chico castaño tenía unos 15 o 16 años miró a su alrededor notando que estaba solo, cosa que la extraño, frunció el ceño y entrecerró los ojos de manera sospechosa, Mione estaba lista para enviar un confundus y obtener lo que necesitaba, Draco la había orientado con rapidez para que esta supiera que hacer al llegar a ese tiempo.
— ¿Dónde están tus padres? — pregunto la mujer con sospecha, por la forma en la que estaba vestido el joven era claramente de una familia acaudalada.
— En el hospital, mi madre está enferma, mi padre me ha pedido hacer estos trámites para poder acudir a un internado en el extranjero — explicó haciendo una mueca de tristeza.
La mujer suavizó su mirada y asintió — Tu nombre por favor — ella pidió con amabilidad, su propia situación familiar reflejada en el niño.
— Livius Allen Peverell Fontaine — habló con calma y la mujer asintió buscando en el archivero.
Una par de minutos después la mujer se dio por vencido lo que provocó que volviera a su escritorio y le extendiera una hoja al ahora conocido Livius, el joven la tomo junto a un bolígrafo y anoto sus datos.
De tal modo que en los datos quedó estipulado que él se llamaba Livius Allen Peverell Fontaine, nacido en 1960, sus padres eran Levi Peverell y su madre era Izadora Fontaine, dio una dirección falsa y terminó de completar sus datos, una vez la información estuvo lista le entregaron una partida de nacimiento, y salió del lugar directo al Londres mágico.
Una vez en el callejón Diagon camino a Ollivander, sabía que necesitaba cambiar su varita, era necesario tener una registrada bajo el mismo nombre que daría a conocer al mundo. Al entrar un hombre lo recibió, camino con paso elegante dejando ver que no era alguien cualquiera, su andar y porte rápidamente le hicieron distinguir como un sangre pura, a pesar de su vestimenta sencilla y extraña comparado con las habituales túnicas.
— Buenas tardes — el muchacho hablo con tono cortés.
—Buenas tardes, en que puedo ayudarle — el hombre contestó mirando de manera contemplativa al joven.
Livius logró ver que era el mismo viejo Ollivander solo que mucho más joven y una vez más se maravilló del hecho de que los magos tenían una vida mucho más prolongada que la de un muggle.
— Busco una varita — miro a su alrededor con aire de grandeza, ya había guardado la suya en el bolso.
El hombre asintió y se encaminó hacia sus estantes tomando tres, por lo que había visto el muchacho era un sangre pura estirado, por lo que pensó en ofrecerle las varitas con poca flexibilidad.
Le entrego la primera y rápidamente la tomo negándose a tomarla como suya, por lo que la devolvió, tomo la segunda y esta vez la uso, haciendo que varios estantes se destruyeran sin poder repararlos pues esta no le respondía de manera adecuada.
La tercera paso y siguió sin ser la adecuada, Ollivander se las llevo y saco otro juego pensativo, este chico parecía ser diferente entonces coloco otras en su estante y se devolvió por una nueva.
Esta tenía el núcleo de fibra de corazón de dragón, su largo era de 12 pulgadas y su madera era de Tejo, flexible, se acercó al joven castaño y se la extendió al ver que las otras varitas habían causado más estragos, este lo miro y la tomo de inmediato vio una sonrisa en el chico y comenzó a reparar cada cosa que había roto con anterioridad.
— Esa es la indicada — soltó satisfecho Ollivander — Madera de Tejo, núcleo de fibra de corazón de dragón, doce pulgadas de largo y flexible — alabó su arte. Livius asintió.
Ollivander en esos momentos tomó una hoja y escribió las características de la varita, sus medidas, núcleo y madera, pronto se quedó viendo al joven con el ceño fruncido al no reconocerlo — Su nombre señor... — Ollivander preguntó.
— Peverell — Livius contestó buscando en esos momentos galeones para pagarle, por eso se perdió la cara de asombro de Ollivander — Livius Peverell — comentó sacando suficientes galeones para pagarle al hombre.
— Imposible — susurro Garrick Ollivander aturdido, Livius hizo como que no lo escucho — No lo había visto antes, ¿se acaba de mudar? — inquirió el hombre tratando de encontrar información privilegiada.
— Si — fue la escueta respuesta del joven.
— ¿Tu padre? — Garrick preguntó con ansiedad.
— Levi Peverell — Livius metió su mano derecha en el bolsillo delantero de su pantalón — muerto — aclaró ante la próxima evidente pregunta.
— ¿Tu madre? — quiso saber el curioso hombre con voz temblorosa.
— Izadora Fontaine — respondió Livius y extendió el dinero al hombre — también esta muerta — declaro con seriedad — gracias por la varita — agregó, el hombre acepto el pagó aturdido.
Para cuando Garrick logro salir de su sorpresa se dio cuenta que el nuevo Lord Peverell le había dado dinero extra, estaba por decir algo cuando se dio cuenta que estaba solo en su tienda y sonrió, él había reconocido que el chico tenía dos apellidos de renombre que causarían revuelo cuando se le revelará al mundo.
— Esto... — negó con la cabeza — esto sacudirá al mundo mágico — pensó el hombre.
Mione camino con rapidez hacia el lugar que necesitaba, el ministerio de magia, debía ir ahí e inscribirse como un Peverell, sabía que sería un poco más difícil pero no imposible. Apareció en las cercanías del ministerio mágico y con rapidez ingreso a una cabina telefónica, marco el número que Harry le había dado cuando fue con Arthur Weasley y pronto está descendió, cambió su ropa por un traje elegante digno de un sangre pura y se colocó túnicas de seda color verde musgo, eran elegantes y sofisticados.
Una vez llegó al interior, logró caminar por los pasillos con tranquila elegancia llamando la atención de uno que otro mago y bruja en su camino, todos curiosos por este nuevo rostro. Se dirigió hacia la oficina de registro mágico donde una mujer la atendió.
— Buenas tardes — la mujer lo miró con aburrimiento.
— Buenas tardes, vengo a inscribirme en el registro mágico de Londres — informo, la mujer frunció el ceño.
— ¿De dónde vienes jovencito? — preguntó la mujer bajando un poco sus lentes y enfocando su mirada en él.
— De América, nacido en América del norte, pero tengo nacionalidad en Londres — contestó con voz arrogante y altiva.
La mujer asintió — Papeles — pidió ya bastante familiarizada con ese tipo de actitud, Livius extendió sus papeles, ella los tomó y su mandíbula se abrió, miró al muchacho frente a ella y de inmediato le pidió la varita.
La varita se encontraba bajo el nombre de Livius Allen Peverell Fontaine lo que provocó un jadeo de la mujer, ella de inmediato sacó un trozo de pergamino blanco con runas escritas en el, un círculo en su centro, ella le pidió su mano y Livius obedeció, la bruja pinchó su dedo provocando que una gota cayera en el círculo que estaba en el papel. El papel por un momento brillo, las Runas comenzaron a moverse dictando sus hallazgos, reconociéndolo como un auténtico Peverell-Fontaine.
Livius asintió satisfecho y la bruja miro boquiabierta del papel al muchacho, después de unos segundos de conmoción donde Livius incómodo la sacó de su aturdimiento la bruja sacó una nueva hoja y su pluma estaba elevada dispuesta a anotar lo que el muchacho le dictara.
— Nombre Completo — pidió la mujer.
— Livius Allen Peverell Fontaine — recitó el castaño.
— Fecha de nacimiento — siguió la mujer.
— 1960 — contestó Livius con voz aburrida.
Un par de preguntas más le siguieron, todas contestadas, luego el registro oficial estaba hecho y el anuncio de que el nuevo heredero de una de las casas más antiguas se había hecho de conocimiento de los altos mandos. Pronto un alboroto estallo al conocer la noticia del nuevo Lord Peverell.
— Señor Peverell, hay cuentas en Gringotts y propiedades que puede gestionar — la mujer expresó con respeto tras saber que sus papeles anteriores eran genuinos, el joven asintió y fue guiado a un nuevo modulo donde rápidamente le explicaron todo.
Un par de horas más tardes todo fue oficial, Mione sintió alivio al saber que Severus y Draco habían hecho todo con excesiva meticulosidad y gracias a Merlín todo había salido más que bien.
Se dirigió así a Gringotts y luego de ver que las bovedas Peverell eran bastante abundantes teniendo ahora más dinero que la casa Malfoy, además de los negocios que los duendes habían manejado para su beneficio, puso todo en orden, salió del lugar y se dirigió a Peverell Manor, la vieja y enorme mansión que solo el patriarca puede usar, ahí descansaría y estaría en espera del siguiente día. Ella sabía que tenía que ser rápida y certera así que pronto empezaría a jugar.
•.
°• .
.❁✿°
❁.° .•
°• . .
•° ✿ೃ . •.
Bienvenidos a este viaje en el tiempo...
A través de la magia de mi escritura, espero que tu viaje sea gratificante y que tu corazón esté listo para esta aventura.
Bienvenidos
a
Cambiando la Historia.
*:・゚✧ *:・゚✧
゚✧