Just Artemisa [James Potter]

Summary

James Potter amo toda su vida a Lily Evans. Fue el hombre más feliz cuando se caso con ella saliendo de Hogwarts y sintió que no podía ser más dichoso cuando tuvieron a su primer hijo: el pequeño Harry Potter. Pero la guerra llegó, la profecía apareció y Lily Potter simplemente...los abandonó. Ahora, siendo un padre soltero, James Potter solo cuenta con el apoyo de sus mejores amigos y de la orden del fénix. Una chica completamente desconocida de 17 años de edad se presentará un día junto a Dumbledore, quien le informará que ella será la protectora de Harry hasta que la guerra termine. Pero...¿Qué pasa cuando James Potter empieza a tener sentimientos desconocidos por aquella misteriosa chica menor que el de la cual solo sabe su nombre? "Artemisa. Solo Artemisa"

Status
Complete
Chapters
23
Rating
4.8 4 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

En una bella casa en Godric’s Hollow, protegida bajo cientos de encantamientos, entre ellos el encantamiento Fidelio, resonaba el incesante llanto de un bebé de un año que estaba metido en su cuna. Dicho bebé tenía unos hermosos ojos esmeraldas, el cabello azabache despeinado y una llamativa cicatriz en la frente en forma de rayo, la cual parecía iluminada, como si tuviera vida propia.

Otro trueno sonó. La lluvia caía furiosamente aquella noche y al pequeño bebé no parecía gustarle eso en absoluto. La puerta se abrió abruptamente y un hombre de 21 años entro corriendo a cargar al niño. El hombre era muy parecido al bebé, con aquel cabello azabache desordenado.

—Cachorro, que buenos pulmones tienes.—dijo otro joven de la misma edad entrando a la habitación con unas marcadas ojeras pero una sonrisa burlona adornaba su rostro.— si sigues así, podrías ser comentarista de Quidditch.

—Deja a Harry en paz, Canuto.—dijo otro joven apareciendo, restregándose los ojos.—¿necesitas ayuda, James?—pregunto al ver como el niño no paraba de llorar.

—James, ¿te traigo leche?—dijo otro joven entrando.

—No, gracias, Peter, Remus. Harry solo...no para de llorar.—dijo James con lagrimas en los ojos.—no deja de llorar desde que ella se fue y no se calma con nadie. Sirius...chicos, ya no se que hacer.

Los cuatro jóvenes ahí reunidos habían sido amigos de toda la vida. El que cargaba al bebé famosamente conocido como El-niño-que-vivió, Harry Potter, era su padre, James Potter. Después estaban sus amigos, Sirius Black, Remus Lupin y Peter Pettigrew. Y los cuatro eran mejor conocidos como “Los merodeadores”.

—Se que no es el momento, pero nunca me agradó Lily.—dijo Sirius con una mueca de desprecio.— maldita mujer, mira que abandonarte a ti y a su hijo.

—No vale la pena hablar de ella.—dijo Remus con seriedad.

—¿Y si le enviamos un patronus a Aria?—opino Peter con nerviosismo.

—No, esta en una misión y de todas formas Harry tampoco se calma con ella.—dijo James meciendo al lloroso Harry.

—¿Harry llorando otra vez?—inquirió una joven entrando al cuarto.

—Lamento que te levantaras, Marlene.—James la miró apenado y ella sonrió.

Marlene McKinnon, actual novia y prometida de Sirius Black, una bruja nacida de muggles que en el pasado fue la mejor amiga de la madre de Harry, pero cuando esta lo abandono, dejaron de serlo. Ahora vivía, con Sirius y los demás en el número 12 de Grimmauld Place, pero solían ir de visita muy seguido a Godric’s Hollow para visitar a James y Harry.

—No te preocupes, James. Esta bien, ¿te ayudo?—ofreció Marlene extendiendo los brazos.

James le extendió al bebé y Marlene lo cargó entre sus brazos. Harry lloró aún más fuerte, si es que eso era posible, y Marlene lo observó espantada, a lo que Sirius rio.

—Que bueno que nuestra hija si te quiere, cariño, porque Harry definitivamente no.—se burló Sirius.

Marlene y Sirius tenían una hija de la misma edad de Harry, llamada Cassiopeia, de cabello rubio como su madre y ojos grises como su padre. Remus, por otra parte, también tenía un hijo de la edad de Harry, llamado Lyall, físicamente idéntico a el. Su madre es Aria, hija de Dumbledore y prometida de Remus.

—Cállate o te mandare a dormir al bosque.—amenazo Marlene con el ceño fruncido y la sonrisa de Sirius se borró.

De pronto, las alertas de la casa se activaron y sacaron de inmediato sus varitas. Sirius fue el primero en salir del cuarto, dejando a los demás dentro, esperando. Segundos después regreso con una pequeña sonrisa de alivio.

—Es Dumbledore y viene con una chica.—informó Sirius.

—¿Una chica?—inquirió Remus y Sirius se encogió de hombros.

Los cinco bajaron del segundo piso, Marlene le paso el bebé a James, quien continuo meciéndolo aunque no paraba de llorar. En la sala se encontraron el siempre sonriente y afable Albus Dumbledore, pero a su lado estaba una chica.

James la miro fijamente, era imposible no hacer, era extremadamente hermosa. Tenía el cabello ondulado y de un profundo negro, sus ojos eran de un llamativo azul grisáceo, su piel era blanca y su rostro no mostraba ninguna expresión. Vestía un pantalón entallado, una blusa de manga larga y una capa con capucha, todo negro. Un collar reposaba a la altura de su busto, era una media luna.

—Buenas noches a todos, lamento haber venido sin avisar.—dijo Dumbledore.

—No se preocupe, profesor.—sonrió James.

—¿Desea tomar algo, profesor?—pregunto Marlene.

—Estoy bien, jóvenes. Por favor, ¿podríamos sentarnos?—señalo los muebles.

Los chicos se sentaron todos juntos en el sofá más grande con el lloroso bebé Harry. Marlene se sentó en uno individual, al igual que Dumbledore, y la chica desconocida simplemente se coloco a lado de el.

—Tu también puedes sentarte.—dijo James a la desconocida, quien simplemente negó con la cabeza.

—No suele hablar mucho.—dijo Dumbledore mirando a la chica con una sonrisa.—Vengo a presentarles a Artemisa, es alguien de mi mas suma confianza, me atrevería a decir que es quien mejor me conoce. También es una bruja muy fuerte y poderosa. Ella es quien me advirtió sobre el ataque se se llevaría a cabo contra Harry y fue quien retuvo a los mortífagos hasta que llegue yo.

James recordaba claramente aquel día. Harry solo tenía seis meses de vida y Lily los había dejado la noche anterior en cuanto supo de la profecía. Había dicho que ella no iba a morir tan joven por nadie, y que si el no la acompañaba era porque no la amaba.

Esa misma noche Voldemort ingresó a su casa sin que el se diera cuenta y logro llegar al cuarto de Harry, donde la maldición asesina le rebotó gracias a un hechizo antiguo que James le había colocando al cunero. Dumbledore llegó justo a tiempo para luchar contra Voldemort mientras que James huía con Harry.

Y ahora estaban ahí.

—Muchas gracias.—dijo James con sinceridad y Artemisa solo asintió.

—Como dije antes, no es alguien de muchas palabras.—sonrió Dumbledore y pronto se puso serio.—La situación cada vez es más grave, Voldemort esta tomando más poder y necesitamos protegernos. Ya no es seguro que sigan visitando tan seguido a James y Harry.—dijo mirando a los demás.—no cuando los tienen tan en la mira. Por esa misma razón es que le he pedido personalmente a Artemisa que proteja a Harry.

—¡Nadie va a llevarse a mi hijo!—exclamo James poniéndose de pie de un brinco.

—Claro que no, James.—sonrió Dumbledore y el se relajo.—Ella se quedará aquí y exceptuando las veces que la envié a alguna misión, estará las 24 horas cuidando de Harry. Debemos protegerlo. Claro que esto se hará solo si tu accedes.

James miró a Harry, quien continuaba llorando más rojo que nunca y después miro a la chica, quien continuaba indiferente. El confiaba en Dumbledore y si decía que esa chica ya les había ayudado antes, el le creería.

—De acuerdo.—accedió James.

—Bien, entonces todo esta dicho.—dijo Dumbledore poniéndose de pie.—Señores, será mejor que se vayan conmigo, los reubicare a lugares más seguros.—informó y los demás asintieron.

Los próximos veinte minutos consistieron en puras despedidas de parte de todos para con James y Harry. Dumbledore les sonrió por última vez y les aseguro que pronto tendrían noticias de el. Dicho esto, desapareció junto a los demás.

James quedo cara a cara con la chica. Le sonrió y extendió su mano, sosteniendo a Harry con la otra.

—No nos hemos presentado correctamente, soy James, James Potter.

La chica extendió su mano, estrechándola con la de el, haciendo que su piel se erizara.

—Artemisa, solo Artemisa.—musito ella.

Y James sintió que nunca había escuchado una voz más seductora.

—¿Podrías llevarme al cuarto del niño? Pondré unas protecciones.—dijo Artemisa quitándose la capa.

—Eh...si claro, lamento que no deje de llorar, así ha sido desde que su mamá no esta.—sonrió con tristeza.

Artemisa no dijo nada y con cuidado le quito a Harry de los brazos, cargándolo ella. Inmediatamente Harry dejo de llorar y la miro con los ojos rojos del llanto, para finalmente recargarse en el pecho de la chica.

James la contemplo ahí, calmando a Harry y vestida en ese atuendo tan simple pero sensual. Sintió que podría haberla besado en ese preciso instante.