Batalla y pérdida
Un gimnasio destruido por completo, el suelo temblando y desquebrajándose con el paso de Gigantomachia. Al frente, una numerosa horda de villanos listos para pelear, comandados por Shigaraki. Paralelo a ello, los estudiantes de la clase 1-A, con sus corazones agitados y la sangre circulando más rápido por su cuerpo, se preparaban para contrarrestar este inesperado asalto. El ambiente era tenso, ambos bandos cruzaron miradas por un microsegundo en que todo pareció haberse congelado.
Una extenuante batalla se estaba a punto de desatar en el campus de la U.A. La Liga de Villanos había logrado infiltrase, burlando la seguridad gracias al Quirk de un nuevo villano. Este mismo, similar a Kurogiri, tenía la capacidad de abrir vórtices desde su forma humana, a diferencia de estar rodeado por un aura oscura.
La tensión en el campus era palpable. Aizawa y sus estudiantes se encontraban en un extremo, poniendo una distancia entre ellos y los villanos que buscaban acabarlos.
El ataque fue repentino, no había pasado mucho tiempo desde que empezó…
***
Minutos antes de la inminente batalla, la clase 1-A, llena de grandes prospectos a héroes, se dirigía hacia el Gimnasio Gamma, uno de los lugares icónicos dentro de la U.A. El ambiente estaba lleno de energía, y los estudiantes no podían evitar intercambiar miradas de entusiasmo y compartir con emoción sus vivencias.
Nuestros valientes héroes habían vuelto de sus pasantías, rebosando energía y más decididos que nunca. Cada uno de ellos había regresado con nuevas habilidades y una determinación renovada.
Entre ellos se encontraba nuestro querido protagonista, Midoriya Izuku. Durante sus pasantías, Izuku había enfrentado desafíos emocionantes y había tenido la oportunidad de aprender del nuevo héroe número uno, Endeavor. Pero lo más emocionante de todo era que había logrado dominar su nuevo Quirk: Látigo negro.
Uraraka, su mejor amiga, se acercó con una mezcla de curiosidad y admiración a Izuku, tan radiante y efusiva como de costumbre. Sus ojos brillaban con entusiasmo mientras observaba al joven héroe, ansiosa por conocer los detalles de su nuevo Quirk.
—Deku-kun, ¿aprendiste a usar esa nueva variación de tu Quirk? —preguntó, colocándose a su lado e inclinándose levemente hacia adelante mientras caminaba.
—¡Uraraka-san! —Izuku clamó el nombre de la chica, volteando a verla con una sonrisa—. ¿Te refieres a “Látigo negro”, no? Así lo nombré. Ya puedo utilizarlo correctamente, aunque solo por poco tiempo. Debo seguir mejorando y expandiendo mis habilidades.
Izuku observó su mano y la apretó con determinación, recordando los esfuerzos que había invertido en dominar su nuevo Quirk.
Uraraka se enderezó y asintió con admiración, apreciando la humildad y el compromiso de Izuku con su entrenamiento. Siempre había visto en él una determinación incansable y una voluntad inquebrantable para superarse así mismo.
—Eres asombroso, Deku-kun —mencionó Uraraka, dirigiendo su vista al frente—. Yo agregué esta cuerda a mi traje. —Alzó su antebrazo, mostrando un nuevo aditamento al nivel de su muñeca—. Quizás no sea tan buena como Sero o tú, pero haré lo mejor posible por mejor y seguir avanzando. ¡Haremos lo mejor posible! —exclamó y volteó hacia Izuku, extendiendo su puño hacia él, en señal de chocarlos.
Izuku sonrió, reconociendo el esfuerzo de Uraraka por mejorar y adaptarse a sus propias necesidades como heroína. Extendió su puño para corresponder al gesto de Uraraka, sellando así su compromiso mutuo de trabajar juntos y esforzarse al máximo.
Luego de ese emotivo intercambio, los dos continuaron hablando animadamente sobre sus experiencias en las pasantías.
Mientras conversaban, otros compañeros se les unieron, compartiendo sus propias historias y anécdotas. El ambiente se llenó de entusiasmo y energía, ya que cada estudiante tenía algo emocionante que contar.
La charla continuó hasta que finalmente llegaron al Gimnasio Gamma. La clase se detuvo frente al edificio, sintiendo la anticipación y el nerviosismo crecer en su interior. Estaban listos para enfrentar el próximo desafío, dispuestos a demostrar sus habilidades y crecimiento como héroes.
—Bueno, chicos, en la clase de hoy pelearán contra robots poniendo aprueba lo que aprendieron como internos —anunció Aizawa, con su habitual fatiga—. Pero primero, harán combates cuerpo a cuerpo de uno contra uno sin el uso de su Quirk.
—¡¿Qué?! —gritaron Mina, Kaminari y Mineta.
—¿Por qué, profesor Aizawa? —preguntó Iida, moviendo la mano de arriba hacia abajo con rapidez.
—Como internos, estoy seguro de que han trabajado mucho en el desarrollo de sus Quirk —respondió Aizawa—. Sin embargo, no pueden depender siempre de ellos. Habrá situaciones en las que no podrán usar sus Quirks, o en las que no deberán usarlos. Es por eso que este entrenamiento se enfocará en pulir sus habilidades cuerpo a cuerpo. Un verdadero héroe siempre está preparado para toda circunstancia.
Aizawa observó a sus estudiantes, analizando de manera rápida a cada uno de ellos.
—Además, sé que muchos de ustedes tienen habilidades físicas sobresalientes —agregó—. Para aprovechar al máximo este entrenamiento, asignaré parejas en las que uno tenga habilidades físicas destacadas y el otro, no. Será una oportunidad para que se ayuden de manera mutua a crecer. Ya dicho eso, entremos, las parejas las formaré adentro.
—Espere, profesor Aizawa, si vamos a entrenar combate cuerpo a cuerpo, ¿por qué nos pidió ponernos nuestros trajes? —preguntó Kirishima, mostrando su confusión.
—Cuando seas un héroe profesional, pasarás todo el tiempo de servicio con el traje. Esto les ayudará a algunos a descubrir si algo del traje les dificulta el combate. Ahora, vamos, quiero dormir —respondió Aizawa con tono desgastado.
A medida que los estudiantes cruzaban la entrada del Gimnasio Gamma, sus ojos recorrían el amplio espacio en busca de las instalaciones de entrenamiento. Sin embargo, algo llamó su atención en el rincón más alejado del lugar. Allí, de pie en solitario, se encontraba una figura enigmática que desentonaba en medio del ambiente estudiantil.
La extraña persona emanaba un aura misteriosa, por lo que su presencia no pasó desapercibida para los jóvenes héroes y su profesor. Vestía una capucha negra que ocultaba parte de su cuerpo, y su postura mostraba una confianza serena.
—¿Quién es ese de allá? —preguntó Mina, señalando a la persona misteriosa—. ¿Nos ayudará en la práctica?
—No —respondió Aizawa, activando su Quirk.
El individuo, con una pequeña sonrisa, alzó las manos como si se estuviera rindiendo y después, se llevó una de sus manos al oído.
—Oye, tranquilo. No he venido aquí para pelear, solo estoy aquí para avisar.
De repente, el silencio se rompió por la aparición inesperada de múltiples vórtices de color negro que se abrieron de manera abrupta en medio del Gimnasio Gamma. De ellos emergió una oscura y temible horda de villanos sedientos de caos y destrucción. Sus malvadas sonrisas y miradas despiadadas llenaron el ambiente de una inquietante energía.
Entre los villanos que surgieron de los vórtices, destacaban figuras conocidas y temidas en el mundo de los héroes: Dabi, con su ardiente Quirk y su mirada desafiante; Toga, con su aspecto siniestro y su sed de sangre; Twice, el duplicador maestro; Shigaraki, el líder de la liga de villanos, con su rostro demacrado y sus manos mortales. Sin embargo, había uno en particular que sobresalía, envuelto en un aura de misterio y poderío, cuya identidad aún permanecía desconocida.
—¡Todos, aléjense! —exclamó Aizawa con firmeza, instando a sus estudiantes a mantener su distancia.
Shigaraki, con una sonrisa retorcida que helaba la sangre, extendiendo los brazos con vehemencia y se dirigió hacia los estudiantes y su profesor.
—¡¿Qué les pasa, cobardes?! ¡¿Acaso tienen miedo, malditos héroes?!
—¿Qué es lo que busca la liga de villanos ahora? —se preguntó Aizawa en un susurro, mientras apretaba con fuerza su bufanda envolvente, preparándose para lo que vendría a continuación.
—Tuve la idea de mostrarles mi nueva adquisición, y además… —Señaló al enigmático sujeto—. Después de que capturaron a Kurogiri, nos vimos en la necesidad de encontrar una nueva forma de transporte. Y es donde él entra en juego —dijo con una sonrisa retorcida y un brillo malévolo en sus ojos—. Tráelo ahora —ordenó, fijando su intensa mirada en el villano.
El misterioso individuo, con un gesto de poder absoluto, desató un torrente de energía y abrió un inmenso vórtice de un color negro con destellos de un rojo intenso. Desde su interior, emergió Gigantomachia, una imponente figura de gigantesco tamaño y fuerza descomunal.
—¡¿Qué es esa cosa?! —gritaron Kaminari, Jiro y Mineta, con los ojos abiertos de par en par y un rastro de temor angustiante en sus voces.
—Esto… esto tiene que ser una broma —dijo Mina, con la voz temblorosa y el terror dibujado en su rostro.
«Están aterrados, y no los culpo. Nunca antes se han enfrentado a villanos de esta magnitud, y mucho menos a algo tan abominable como eso —pensó Izuku, mientras esperaba indicaciones de Aizawa—. No sé qué vamos a hacer… incluso yo siento un poco de pánico».
—¡Salgan ahora! —exclamó Aizawa con determinación, enfocando su mirada en una de sus estudiantes—. ¡Mina, utiliza tu Quirk para dificultarles el paso!
Mina asintió con resolución y, sin vacilar, comenzó a disparar ácido a gran cantidad por sus manos sobre el suelo frente a ellos, creando una pequeña barrera corrosiva.
—¡Kaminari, envíale una señal al director, necesitamos refuerzos! —ordenó Aizawa con voz firme.
—Sí, pro…
Kaminari no pudo terminar de articular la frase cuando, en milésimas de segundo, un vórtice frente a él de repente, lo cual lo sorprendió. Sin embargo, ahí no terminó la sorpresa. Del vórtice emergió un villano, que lo golpeó con mucha fuerza en el rostro, tumbándolo al suelo y dejándolo aturdido.
—¡Kaminari! —gritó Jiro.
La chica rockera comenzó a correr hacia Kaminari en un intento por ayudarlo. Sin embargo, antes de que pudiera llegar, un destello verde se adelantó. Era Izuku, quien, con absoluta rapidez, se movió y propinó una poderosa patada al villano en la cara, enviándolo a volar varios metros.
—¡Kaminari! ¡¿Estás bien?! —preguntó Izuku con preocupación, recibiendo como respuesta un pulgar en alto por parte del chico—. Ven, vamos.
Izuku tomó a Kaminari por la muñeca y lo ayudó a levantarse. Después, comenzó a correr directo hacia sus compañeros junto con él.
«Ese Quirk de vórtices es un problema. No sabemos ni cuándo ni dónde los abrirá», pensó Izuku, mientras evaluaba la situación y las posibles implicaciones del nuevo Quirk enemigo.
De pronto, se sintió un gran temblor y el suelo comenzó a desquebrajarse y destruirse. Era Gigantomachia, quien había empezado a golpear el suelo sin previo aviso. Tanto Izuku como sus compañeros se vieron obligados a retroceder ante el caos desatado.
—¿Qué les pasa, héroes? ¡¿Acaso no pueden contra nosotros?! —vociferó Shigaraki con un tono desafiante, mirando a los aspirantes a héroes con euforia y ferocidad—. ¡Planeo llevarme a uno o dos de ustedes al infierno!
—¡Todos, prepárense para luchar, ya son héroes con licencia, demuéstrenlo! —exigió Aizawa a sus estudiantes.
***
En el presente, todos los estudiantes se preparaban para el combate, adoptando posiciones de ataque.
Todoroki fue el primero en actuar, utilizando su poder para congelar el suelo en dirección a Gigantomachia, logrando inmovilizar a varios villanos en el proceso. Aunque consiguió congelar al gigante, este rompió el hielo con sorprendente facilidad y comenzó a desatar su furia, destruyendo todo a su paso, incluyendo el Gimnasio Gamma. Los estudiantes, ágiles y rápidos, lograron esquivar por poco sus devastadores ataques.
Aizawa se estaba ocupando de varios villanos a la vez, inhabilitando sus dones, peleando con destreza y asertividad en cada movimiento. Mientras enfrentaba a los villanos, estaba preocupado, pues había perdido de vista a los miembros principales de la Liga de Villanos y a al que genera los vórtices.
Por otro lado, Izuku saltaba con agilidad entre los escombros, golpeando a los villanos con determinación y habilidad. Bakugou, sin quedarse atrás, desplegaba todo su poder explosivo, arrasando con aquellos que se interponían en su camino. El resto de la clase se unió a la batalla, brindando apoyo y resistiendo con valentía, conscientes de que debían aguantar hasta la llegada de los refuerzos.
«Debemos encontrar la forma de vencer a esa cosa —pensó Izuku, fijando su miranda en Gigantomachia—. Mientras más tiempo pase, menos oportunidades tendremos de ganar. Pero por ahora, debemos derrotar a los demás villanos para facilitar las cosas».
Izuku saltó entre más escombros, cuando sin previo aviso, se abrió un portal frente a él, del cual emergió una mano que apenas logró esquivar y luego fue hecha retroceder al vórtice por una explosión de Bakugou.
—¡Maldita sea, Deku! —regañó Bakugou a Izuku—. ¡Préstale atención a tu entorno en la batalla, esto no es un puto paseo por el campo!
Después de eso, Bakugou no perdió más el tiempo y así como llegó con una explosión, se fue con otra. Una situación que no duro más de 15 segundos.
—¡Maldición, se me olvidó por completo el villano de los vórtices! —exclamó Izuku entre dientes, viendo a Bakugou alejarse.
—¡¿Qué te sucede, Midoriya Izuku?! ¡¿Acaso no tienes tiempo para pensar?! —gritó Shigaraki con una expresión desquiciada y una sonrisa retorcida. Luego, volviendo a una actitud neutra, volteó a ver al villano de los vórtices y dijo—: Es hora de ocuparnos del chico.
Con la orden dada y el miedo de lo que le haría Shigaraki si fallaba, el villano observó con suma atención cada movimiento de Izuku mientras ayudaba a sus compañeros en la batalla, analizándolo y buscando la oportunidad perfecta para tenderle una trampa.
Después de escudriñarlo a él y a su entorno por unos cuantos segundos, notó que una chica de cabello castaño, Uraraka, miraba constantemente a Izuku, lo que despertó su interés.
Sin perder tiempo, el villano sacó una jeringa llena de la droga Trigger y se la apunto al nivel del cuello, preparado para inyectársela. Pero antes de hacerlo, abrió un vórtice a espaldas de Uraraka, listo para atacarla.
Izuku notó la situación de inmediato y, sin pensarlo ni teniendo duda alguna, tal cual como un rayo de estela verde, se dirigió hacia ella con suma rapidez, usando del Full Cowl para salvarla de lo que pudiera esperarle tras el vórtice.
Con esa velocidad impresionante, Izuku se lanzó hacia Uraraka en un frenesí desesperado. El tiempo parecía detenerse mientras todo esto sucedía en cuestión de segundos. Uraraka apenas tuvo tiempo de reaccionar y darse cuenta de que Izuku se dirigía hacia ella con determinación y preocupación, extendiendo su mano para alcanzar.
Ella también lo hizo, por mero instinto, alargó su mano hacia él, pero nunca llegaron a tomarse. Antes de que Izuku pudiera llegar a su destino, el villano se había inyectado la droga Trigger en el cuello, amplificando enormemente su Quirk. Acto seguido, abrió un inmenso vórtice de colores negros y un morado intenso que se perdían en una espiral hacia su núcleo oscuro, justo frente a Izuku, quien fue tragado por la fuerza imparable del vórtice.
En un instante, la situación había dado un giro drástico y la esperanza se desvaneció. Izuku había desaparecido en el vórtice, dejando a sus compañeros con un sentimiento de angustia y desesperación. La batalla tomó un nuevo rumbo y la incertidumbre se apoderó de todos mientras veía con el vórtice se cerraba frente a sus ojos.
En un vacío absoluto, Izuku se encontraba flotando, rodeado enteramente por una penumbra extrañamente calmante. No había ni frío o calor que perturbara su piel, ningún sonido que alcanzaran sus oídos ni ningún olor que impregnara el aire. No había nada, solo él y la nada que lo abrazaba.
«¿Qué? ¿En serio caí en una trampa tan simple?… Debo ser el héroe más idiota… Por alguna extraña razón… no estoy desesperado… Y siento que… quiero dormir».
Fueron los últimos pensamientos de Izuku antes de quedar inconsciente y desaparecer junto con el vórtice.
En el campo de batalla, Uraraka estaba anonadada, con una expresión incrédula en su rostro que dejaba claro que no podía creer lo que acababa de presenciar. No dejaba de ver hacia el lugar donde se cerró el vórtice.
—¿Deku-kun? —Fue lo único que pudo pronunciar.
La mayoría de sus compañeros gritaron a pulmón su apellido, con voces llenas de shock y sorpresa ante el repentino y trágico evento. Habían perdido.
***
Tiempo después de la intensa batalla, la calma finalmente reinaba en el lugar. Los profesores habían llegado al escenario, junto con la policía que se encargaba de asegurar la zona. La Liga de villanos se fue minutos posteriores de lo ocurrido con Izuku y antes de que llegaran los refuerzos.
Los estudiantes, aun en estado de shock, se encontraban en silencio, procesando lo que acababan de vivir.
Los testimonios empezaron a surgir entre los estudiantes. Se relató que la temible Liga de Villanos había irrumpido en la escuela y atacado a los estudiantes en formación. El recuento fue desalentador: quince estudiantes salieron ilesos, cuatro resultaron con heridas leves y, lo más preocupante, uno de los estudiantes había sido secuestrado.
En medio del silencio y la angustia, Uraraka se encontraba intentando reconfortar al resto de estudiantes en compañía de su amigo Iida. Mientras que, apartado del resto, Bakugou se reprendía, murmurando palabras de autodesprecio en silencio.
La llegada de All Migth, ex símbolo de la paz, no se hizo esperar, y al enterarse de lo sucedido, una inmensa cólera brotó desde su interior.
—Si tan solo no estuviera en este maldito estado… joven Midoriya —masculló entre dientes el ex símbolo de la paz, dejando escapar su frustración y pesar por no poder estar en plena forma para proteger a sus estudiantes.
***
En un lugar, hasta ahora desconocido, se encontraba un grupo de seis amigas yendo por una concurrida calle hacia su heladería favorita mientras platicaban. Parecía ser un grupo bastante animado y didáctico, llamando la atención de algunos transeúntes que pasaban por su lado.
—¡Agh! Estas últimas semanas han sido muy aburridas, no pasa nada emocionante —comentó Kara, una chica rubia de apariencia ruda, mientras caminaba con sus amigas. Su voz reflejaba cierto descontento por la falta de acción en su vida últimamente.
—Vamos, Kara, debes valorar estos momentos de paz, pero sin bajar la guardia —respondió Diana, una chica de cabello negro azabache, levantando el puño en un gesto de determinación. Sabía que incluso en tiempos tranquilos debían estar preparadas para cualquier eventualidad.
—Lo sé, lo sé, pero ya han sido tres semanas sin ningún incidente, es una calma inusualmente sospechosa —dijo Kara frunciendo el ceño—. ¿Qué opinas al respecto, Babs?
—Sí, parece sospechoso —respondió Babs, una chica pelirroja—. Pero no es como si algo interesante fuera a caer del cielo.
Justo cuando terminó de decir aquella frase, se abrió un vórtice sobre ella. Del cual salió Izuku, quien cayó encima de ella, sorprendiéndola por completo.
—¡Ah! —gritó Babs, sobresaltada.
—¡Babs! —exclamaron al unísono el resto de chicas, observando como su amiga fue derribada por Izuku.
—Estoy bien… creo —respondió Babs mientras permanecía debajo de Izuku—. ¡Quítenmelo de encima! Este chico pesa mucho —añadió, empujándolo a un lado con gran esfuerzo.
—Parece que algo interesante si cayó del cielo después de todo —mencionó Kara, con una sonrisa juguetona—. ¿Y quién es este chico? ¿Zee? —preguntó mirando a una chica de pelo morado.
—¿Hm? No me preguntes a mí, estoy igual que ustedes —respondió Zee—. ¿Y tú, Karen? ¿Qué opinas al respecto?
—No sé quién sea, pero es lindo —respondió Karen, una pequeña chica afroamericana, con un leve sonrojo—. Parece que es de nuestra edad. ¿Qué piensas tú, Jessica?
—Hay que ayudarlo —respondió Jessica, una chica morena de aspecto hippie—. Se ve agotado y no se ha movido. Parece estar inconsciente, y su… ¿Traje?, está muy sucio. Me pregunto qué le habrá pasado.
Diana reflexionó por un momento, observando al joven desconocido para ellas tendido en el suelo. Luego respondió:
—Vamos a llevarlo a la guarida. Allí lo ayudaremos y, cuando despierte, le preguntaremos cómo acabó así.
—¿Estás segura? —cuestionó Kara, expresando su preocupación—. Digo, no sabemos qué hará cuando despierte
—No te preocupes, tengo un plan —respondió Diana, mostrando una sonrisa llena de confianza.
—Está bien, supongo —contestó Kara encogiéndose de hombros—. ¿Quién lo lleva? —Todas las miradas se dirigieron hacia ella—. Claro, no sé para qué pregunto.
Kara tomó a Izuku y lo cargó sobre sus hombros, como si fuera un costal de papas. Se dirigieron hacia su guarida, ganándose miradas curiosas por la calle. Al llegar a la heladería, tuvieron que entrar por la otra entrada, para evitar más miradas y preguntas. Una vez en la guarida, Kara acostó a Izuku en el sofá.
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Zee, mientras miraba a Izuku.
—Como no sabemos quién es, de dónde viene ni si es bueno o malo, es prudente tomar medidas de seguridad —propuso Diana—. Aunque aún está inconsciente, no parece que ha pasado por algo muy agotador; a pesar de que su ropa luzca muy sucia y algo rasgada. Deberíamos quitarle las partes de su traje que pueda usar en nuestra contra. Empecemos por sus brazos.
—Como tú digas, Diana —comentó Jessica.
Jessica comenzó a quitarle los guantes y abrazaderas a Izuku, quedando perpleja al descubrir lo que ocultaban.
—Vaya… tiene los brazos llenos de cicatrices, y su brazo derecho es el más afectado —dijo mientras le alzaba la manga del traje para ver todo su brazo—. Su mano está algo desfigurada y tiene una enorme cicatriz que va desde su codo hasta su hombro
—Y también es muy macizo —agregó Babs mientras pasaba sus manos por el abdomen de Izuku.
—¡Babs! ¡No hagas eso! —exigió Jessica, sonrojada por la acción de su amiga.
—¿Qué? Solo estoy estudiándolo —contestó Babs, bajando sus manos a la cintura del chico y quitándole el cinturón—. Listo, equipamiento fuera.
—Yo ya le quité lo que parecían ser unas botas y suelas de hierro —mencionó Karen, dejando lo dicho en el suelo.
—Siendo sincera, me sorprenden estos equipamientos —comentó Babs—, parecen ser unos soportes para ayudarlo.
—Bueno, eso nos lo dirá él cuándo despierte —respondió Diana—. Amárralo, Babs.
—¿Estás segura de que eso funcionara? —cuestionó Karen.
—Claro, aunque sería más fácil si estuviera muerto, así no hay riesgo de que al despertar, nos mate —comentó Babs con naturalidad y todas se la quedaron viendo—. ¿Qué?
—Nada, nada, tú solo hazlo —apresuró Diana.
Babs comenzó a atar a Izuku a una silla que estaba en la guarida. Amarró con firmeza sus brazos y piernas en las patas y brazos de la silla, y amarró su torso al espaldar de la misma.
—¡Listo!
—Bien, ahora esperemos a que despierte —dijo Diana, con calma y determinación en su voz.
Así trascurrieron un par de horas, durante las cuales las chicas se pusieron a hacer cualquier cosa para distraerse. Kara, en repetidas ocasiones, intentó pintarle la cara a Izuku con un marcador, pero Jessica la detuvo en cada vez. También, de vez en cuando, Karen miraba a Izuku. Lo observaba por unos segundos y volvía su atención a su cuaderno. Las chicas notaron el comportamiento de su pequeña amiga, pero no le dieron tanta importancia, pues conocían la actitud de Karen, así que supusieron que solo estaba nerviosa.
Cuando pasó una hora más, Zee se percató de que Izuku comenzó a moverse un poco, mientras abría los ojos lentamente.
—¡Chicas! ¡Chicas! —gritó Zee para llamar la atención de las demás—. ¡Está despertando!
—Sí que se tomó su tiempo —mencionó Karen.
Izuku se sentía desorientado, cansado y mareado, como si hubiera pasado por un tobogán de varias vueltas.
«¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? —pensó Izuku, mientras intentaba moverse, dándose cuenta de que estaba atado a una silla—. ¿Me han capturado? También faltan partes de mi traje. Seguro ellos me las quitaron».
Izuku, recuperando un poco la lucidez, examinó su entorno y se encontró con las chicas, quienes lo observaban con cuidado, analizando cada movimiento suyo. Sus ojos se encontraron los de cada una de ellas y sus pensamientos se llenaron de dudas y preocupación.
«¿Quiénes son ellas? ¿Harán parte de la liga de villanos?».
Ante tal incertidumbre, Izuku frunció el ceño y apretó la mandíbula, mirando con intensidad a las chicas, cosa que las alarmó bastante.
«Qué intimidante, no imaginé que pudiera hacer una cara así siendo tan lindo», pensó Karen, sintiéndose asustada por la mirada del Izuku.
Las chicas no apartaron sus miradas de Izuku, querían preguntarle muchas cosas: ¿Quién era? ¿De dónde vino? ¿Para qué vino? Pero la expresión seria que tenía las había intimidado un poco, por lo que no se dejarían vencer por eso, así que se prepararon para cualquier cosa y adoptaron posturas de ataque.
—Karera wa nanimono de, naze watashi o shibatta nodeshou ka? (¿Quiénes son y por qué me ataron?).
Las chicas, excepto Diana, levantaron una ceja al no entender lo que dijo Izuku.
—Kurasu no nokori no menbā wa dokodesu ka? Shigaraki wa dokodesu ka? (¿Dónde está el resto de la clase? ¿Dónde está Shigaraki?).
Las chicas se miraron entre ellas, confundidas por las palabras de Izuku, sin lograr comprender su significado. Sin embargo, a diferencia de las demás, Diana mantuvo su calma y su mirada fija en él.
Volvieron su vista hacia Izuku, quien no había cambiado su expresión. Las chicas pensaron que, sea quien sea, no traería nada bueno, o quizás estaban equivocadas y el chico era bueno. Sea cual fuese la respuesta, lo iban a averiguar.




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