PARTE I | Un Pasado Desconocido
Fortaleza de Guerreros.
Doscientos cincuenta años antes.
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Los pasillos de la fortaleza estaban completamente vacíos. La única luz que podía iluminar ese lugar eran las antorchas incrustadas en ambos costados, donde también se podían ver cuadros y muebles en los que se lucían algunos artefactos de suma importancia para Ares.
Ares.
El dios de la guerra, de la ferocidad y masculinidad. Aquel dios que hacía temer a cualquiera que estuviera frente suyo. Con aquella voz imponente y fría que hacía estremecer al más valiente soldado. Esa cualidad que ella vio en él. Eso fue lo que la atrapo en primera instancia.
Ese fue el primer error de Afrodita.
La diosa del amor y la sensualidad. Dejarse enrollar por los encantos de Ares, dejarlo que la viese en sus momentos más débiles… Enamorarse de él fue su perdición.
El segundo error fue tener hijos con él. Su primera hija de nombre Yuwon. Un segundo hijo que casi pierde. Y este pequeño bebé que cargaba en sus brazos mientras subía las largas escaleras de la fortaleza de Ares. Afrodita recuerda que la primera vez que visitó este lugar estaba muerta de nervios, sabía que vendría a hacer aquí, se supone que solo sería una noche de sexo para dejar sus impulsos atrás.
Pero ese primer encuentro fue el inicio de muchos.
Afrodita termino de subir las escaleras. Sus pies comenzaban a temblar. Sentía una presión en su pecho. Las ganas de llorar se estaban apoderando de ella. Pero debía ser fuerte.
Como en su último embarazo. Dejaría al bebé en aquella habitación con la mujer que fingiría ser su madre, como lo hizo con Yuwon. Se sentía como una mala madre, como una horrible mujer, pero no quería perder su prestigio y su lugar en el olimpo por bebés bastardos.
Al estar frente a la puerta aquel bebé comenzó a quejarse. Afrodita le miro y comenzó a arrullarlo, el llanto del recién nacido comenzó aumentar. Y todo el silencio que había fue remplazado por el llanto del bebé.
Afrodita trató de calmar el llanto. Entonces la puerta frente a ella se abrió, dejando ver a una hermosa mujer de cabellera pelinegra. Llevaba puesto un vestido oscuro que hacia juego con el color de las paredes de la fortaleza. En su cuello reposaba un collar dorado, en su cabeza una diadema del mismo tono y en sus orejas unos aretes bastante llamativos.
—No te esperaba antes—Dijo la mujer queriendo tomar al bebé en sus brazos.
Afrodita dio un paso atrás. Relamió sus labios al momento de ver la confusión en la mirada de aquella mujer.
— ¿Ya han pensado en un nombre para él? —Cuestiono ignorando que el bebé lloraba cada vez más alto.
La mujer negó. —Ares desea que seas tú quien le otorgue esta vez su nombre.
Afrodita miro al bebé, el cual ya llevaba los ojos rojos. Un dolor inexplicable se instaló en su pecho, así que desvió la mirada y entrego al bebé a la pelinegra.
—Puedes cambiar de opinión—La mujer acomodo al bebé en sus brazos, este, sorpresivamente, dejo de llorar. La pelinegra miro al bebé, quien abría sus ojos. Sabía que los bebés solían adquirir los sentimientos de las personas, justo ahora, el recién nacido había experimentado el rechazo de su propia madre. —. Necesitan a su verdadera madre, no puede seguir con-
—Yelena no tienes idea de lo que hablas—Interrumpió Afrodita mirándola con irritación. —. No perderé todo por… por ellos.
Yelena negó con la cabeza lentamente. Afrodita se giro dispuesta a irse. No iba a soportar que le hicieran sentir como la peor persona, más de lo que ella misma se hacia sentir.
—Ambos tienen habilidades parecidas a las tuyas—Yelena habló deteniendo el paso de Afrodita. —. Por más que quieras engañarte a ti misma, fingiendo que ellos nunca existieron… Ellos siempre tendrán una parte de ti.
Afrodita suspiro. Quiso girarse. Quiso regresar por su tercer hijo… Pero su orgullo fue más fuerte.
Con la frente en alto hablo: —Espero que no, espero jamás tener que verlos parecerse a mí.
Fue lo único que dijo antes de caminar hacia la salida. Yelena se quedó ahí. Decepcionada de la diosa. Pero no podía hacer más. Quería que ella cambiara de opinión, que ambos les dieran una verdadera familia.
Camino adentro de la habitación. Cerro la puerta. Se encamino a la cuna donde dejo dormir al recién nacido. Después, se sentó al lado de aquel dios que solía repartir miedo a sus enemigos, mismo que ahora sentía su corazón romperse debido al egoísmo de la mujer de la que se enamoró.
Ares dejo escapar unas lágrimas. Yelena lo abrazo fuertemente. Ambos siendo amigos de guerra. Ambos fingiendo darles un hogar a los pequeños y aunque nunca se hubiesen besado frente a ellos. Sus dos pequeños sabían que ellos eran sus padres… sus verdaderos padres.
—Ella jamás va a amarme de la forma en la que la amo. Por qué yo si estaría dispuesto a abandonar mi lugar en el Olimpo por criar a mis hijos junto a ella—Dolido. Habló el dios de la guerra. Se escondió en el cuello de su amiga, quien solo pude sentir un solo sentimiento; enojo.
Ese mismo día Yelena se prometió a si mismo hacer pagar a Afrodita.
Por otro lado. Mientras Afrodita salía de la fortaleza. No pudo evitar caminar hacia el hermoso jardín donde alguna vez se sentó a compartir una comida con Ares. Pero lo que más le llamo la atención fue ver a un pequeña tocando los rosales rosados, tenia puesto un vestido lila que contrastaba con el lugar donde vivía, su cabello era rubio, aquello le hizo sentir un malestar en su estómago.
Dio un paso atrás. Queriendo irse, pero una vocecita le hizo frenar su caminar.
— ¿Usted es la diosa Afrodita? Si… Mira hermanito, ella es la Diosa del amor—Habló Yuwon. Para sus cincuenta años (cinco años terrenales), podía formular oraciones de forma correcta.
Afrodita se dio vuelta lentamente. Cuando observo a Yuwon, abrió sus ojos, dándose cuenta que de su rostro era casi idéntica a Ares. Pero su cabello y esa sonrisa que tenía justo ahora; eran iguales a ella. La diosa miro al costado de la menor, sintiendo las ganas de vomitar aun más grandes, pues aquel menor de unos veinte años olímpicos (2 años terrenales) era idéntico a ella. Trato de buscar algo de Ares, solo pudo encontrar el color de cabello, de ahí en fuera; ese niño era igual a ella.
—Espere, ¿se va así de rápido? —Yuwon no comprendía. Era la primera vez que conocía a la diosa Afrodita. Soltó a su hermano, quien se quejó, pero pronto se entretuvo con algo más. Mientras que la menor rubia comenzó a correr detrás de Afrodita. —Espere, quiero hablar, no se vaya.
Afrodita sintió el pánico correr por su ser. Quiso escapar, pero sus lágrimas se apoderaron de ella. Las quito rápidamente. Cuando sintió que la menor la alcanzaba, su pánico aumento, así que sin pensarlo mucho lanzo un hechizo haciéndola caer hacia atrás.
—Lo lamento… —Murmuró mientras la observaba, la pequeña estaba algo aturdida. Afrodita recordó las palabras de Yelena… No, ella no iba a permitir que alguien al ver a esos niños sospechará sobre su origen.
Desde algunos metros de distancia. Afrodita lanzó un hechizo que le cambio el tono de cabello a Yuwon y antes de que la pequeña preguntase, lanzó otro conjuro para borrarle la memoria. Tenía solo unos minutos. Así rápidamente usando sus poderes, emprendió vuelo hacia el Templo del Amor.
Cuando todo paso. Yuwon se quedo procesando todo. Miró a su alrededor, sin entender como había llegado ahí. Se levantó del suelo y regreso con su hermano, por suerte el menor estaba en el mismo lugar donde lo dejo sentado.
Yuwon sonrió, tomando la mano de su hermanito para adentrarse a la fortaleza de su padre.
—Es hora de tu baño, Yoonie.
El pequeño solo sonrió sin comprender a la perfección. Apenas comenzaron sus clases de lenguas. Pero Yuwon confiaba en su madre Yelena para enseñarle a hablar correctamente. Oh, la, ahora, pelinegra anhelaba el día donde viera a su hermanito crecer.
Ademas, su madre estuvo en su alcohola durante nueve meses. Un día de estos su nuevo hermanito nacería. Y ella los cuidaría. Por qué ella se otorgó esa responsabilidad.
Sin saber exactamente si en su futuro estaba escrito aquello.

Mundo Terrenal.
Doscientos cincuenta mil años después.
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—Entonces si vació esto en su té… ¿Solo me amara a mí? —Preguntó la chica algo temerosa, era la primera vez que pisaba este lugar en medio de ese bosque tan hermoso, el cuál era muy visitado, pero claro, todo bosque tiene su zona prohibida… Y ella estaba justo ahí.
—Así es, pero recuerda, una vez que lo hagas… No hay vuelta atrás, él estará solamente para ti, tú serás su mundo entero—Habló el joven pelinegro mientras observaba la duda en los ojos de la de cabellos cobrizos.
Ladeo su cabeza, sin dejar de esconder un poco su rostro debajo de aquella capa que lo cubría. Todo esto para no arriesgar su identidad. La chica sostenía aquel pequeño recipiente con sus manos temblorosas, la vio relamer sus labios y desviar la mirada.
—Si dudas de la misma forma que ahora, el hechizo te rebotará.
— ¿A q-que se r-refiere?
—A que si no lo haces deseando que él este enamorado de ti… Te convertirás en un insecto y yo mismo iré por ti, no me gusta que jueguen con mi trabajo—Habló de manera amenazante, haciendo que la chica se encogiera en su lugar.
—L-lo haré… S-solo… T-tengo miedo.
—Entonces no debiste venir en primer lugar—Atacó rodando los ojos. —Adolescentes, creen que todo es fácil.
La chica agacho la mirada. Mordió su labio tembloroso y dejo la pócima en la mesa, poco después saco de su bolsillo la bolsa con el dinero.
—N-no puedo hacerlo… Lo lamento—Y antes de que el chico dijera algo la menor salió casi corriendo.
Cuando esta salió. El chico puso seguro a la puerta utilizando su magia para después quitarse la capa, dejando ver así su piel pálida junto aquellos ojos gatunos. Sacudió su cabello pelinegro antes de levantarse de la mesa.
—Vaya que la asustaste, Yoonie—Habló una chica castaña mientras bajaba las escaleras de aquella cabaña.
—Solo le dije lo que le sucedería, no es mi problema que no haya sido lo suficientemente valiente, pero… Es solo una tonta aferrada—El mencionado tomo la bolsa con el dinero, comenzó a contarlo y después de unos segundos hizo una mueca. —. Una tonta aferrada que me debe dinero—Agrego suspirando rendido.
La castaña soltó una carcajada que fue apagada unos segundos después por la mirada molesta del menor.
—Perdona, pero te dije que correr el rumor en tu universidad sobre este lugar no era buena idea—La chica se sentó en la silla donde anteriormente la de cabello cobrizo había estado.
—No quiero seguir haciendo trabajos de curación a los ancianos del pueblo—Yoongi tomo su poción para guardarla en uno de sus estantes. —. Además, no me ha ido tan mal.
—Si tu lo dices—Suspiro. —. Debo ir a mis clases, cuídate mucho, Yoonie—La castaña se acerco a abrazar al menor para después darle un beso en la mejilla.
—Cuídate tú también, hermana—Le sonrió y observo que salía. El pelinegro observo el lugar, levantó algunas otras cosas antes de subir a su habitación. Hizo una mueca al ver su habitación desordenada, no le había dado tiempo con todos los trabajos escolares, pero anda que sus poderes no solucionaran.
Para cualquier persona común que viera a Yoongi hacer lo que hace, saldría corriendo gritando y llamándolo brujo o el diablo. Pero para su familia, para su hermana, era normal, ¿por qué? Bueno, por qué dicha familia siempre ha tenido la creencia en la magia, aunque antes se le llamaba brujería, ahora es hechicería medicinal.
Yoongi nunca tuvo que ocultarse con su familia, es más solían apoyarlo en todo… hasta que su madre falleció. No le gustaba recordar ese día, pues se seguía culpando por no poder hacer nada.
Al terminar de ordenar su cuarto, se acostó en su cama. Ingreso a sus redes sociales para entretenerse un poco y una noticia le llamó la atención.
“Se han reportado varios incendios en Medio Oriente. Aun no se han reportado el número de afectados. Las autoridades ya están haciéndose cargo de la situación.
Pero lo que más sorprende a todos es que a las pocas horas, en Inglaterra se reportó un fuerte terremoto que sacudió a toda la cuidad. Y no solo eso, este temblor llego a Paris. ¿Qué es lo que está sucediendo en el mundo? ¿Acaso ya se ha cansado de nosotros?”
Yoongi frunció el ceño. Iba a seguir leyendo cuando un gritó hizo que se levantará de su cama. Esos gritos siguieron aumentando, tomo su capa y salió de la cabaña.
Se acerco donde estaban todos rodeando algo. Se abrió el paso y abrió sus ojos al ver el cuerpo de la chica que había estado con él momento antes. Estaba muerta. Su cuerpo estaba pálido, como si su alma hubiese sido arrancada, además, su estómago estaba abierto dejando ver demasiada sangre y sus intestinos afuera.
Las ganas de vomitar lo atacaron. Se alejo tan pronto como pudo y no se detuvo de dar varias arcadas. A su lado llegó un conocido del pelinegro, cuando este se calmó aquella persona le ofreció agua, la cual utilizo para enjuagarse.
¿Qué mierda había sucedido? ¿Él había hecho esto? No, ¿cómo había podido? Si la chica ni siquiera había utilizado la pócima, es más, se había arrepentido justo a tiempo. Pero… pero si había una posibilidad y se negaba a creer que eso había vuelto a pasar, pues ahora controlaba más sus poderes.
—Yoongi, Yoongi ¿está todo bien?
El mencionado miró a su conocido, el cual podía considerar su amigo, pues era el único fuera de su entorno familiar que sabía su secreto.
—Esa chica… ¿la conoces? Yoongi, ¿conoces a esa chica?
Yoongi sintió sus ojos picar. Algo estaba mal. Negó con la cabeza. Se alejo tan pronto como pudo. Quiso correr, pero algo lo detuvo, el cielo comenzó a colocarse gris. Yoongi dejó escapar unas lágrimas al mirar que todo se colocaba de mal en peor.
Y no podía evitar preguntarse; ¿yo hice esto?