Parte única.
Era un lunes escolar bastante tranquilo y común como cualquier, por lo que no parecía que fuera a ocurrir algo de mayor relevancia en tu vida; o al menos eso creías ya que, después de todo, estabas a solas con uno de los estudiantes más dedicados e inteligentes de todo Orange Star High School, mejor conocido como Gohan Son. Si bien para otras personas estar con él podría llegar a ser aburrido, no era tu caso; ¿cómo ibas a considerar 'aburrido' poder compartir tiempo con el chico que te gustaba, después de todo? Además, Gohan era como una pequeña enciclopedia humanizada (una muy bonita; en tu humilde opinión, ese vestuario tildado socialmente como nerd le daba ese 'toque'), por lo que era agradable tener una plática llena de nuevos conocimientos. Gohan siempre te maravillaba con algún dato aleatorio sobre biología, por ejemplo, ese día te explicó el por qué los capibaras eran considerados los animales más sociables de la Tierra.
Honestamente, hasta tú mismo estabas anonadado por cómo él podía tenerte genuinamente interesado en una charla donde no entendías la mitad de las cosas, ya que Gohan tenía la tendencia de explicar hasta la cosa más simple con complicados términos científicos. Pero valía la pena no comprender el por qué los griegos decidieron que el nombre científico de los capibara era 'hydrochoerus hydrochaeris', porque de verdad que era adorable ver cómo Gohan se avergonzaba y empezaba a tartamudear cuando se daba cuenta
Ah... Cierto. Estabas comenzando a divagar contigo mismo sobre Gohan en vez de centrarte en lo que estaba sucediendo a tu alrededor. Una mala costumbre tuya. Parpadeaste un par de veces para ahuyentar tus pensamientos y finalmente te enfocaste en el lindo chico a tu costado. Ambos habían acabado de almorzar y la charla sobre los próximos proyectos escolares parecía haber llegado a su fin también, así que simplemente estabas sentado al lado de Gohan con una amena bulla de fondo en el ambiente, observando cómo él comía de forma distraída unos pockys de matcha.
Según la corta explicación que te dio Gohan mientras abría el paquete (y te ofrecía en el proceso), los pockys eran de sabor matcha porque su madre los compró en un intento de que su hermano pequeño no comiera tanto dulce, dado a que estaba atravesando la etapa de ser muy hiperactivo y travieso; o algo así.
Cuando Gohan sacó un nuevo palito para seguir comiendo, te diste cuenta de un curioso detalle que consiguió que tu corazón diera un girón y empezara a acelerarse; de alguna manera, Gohan parecía un lindo cachorrito mordisqueando un snack. Si te concentrabas lo suficiente, casi podías visualizarlo con unas adorables orejas esponjosas en la cabeza junto a una peluda cola agitándose felizmente en la cadera. Oh, demonios, ¿cómo este chico de casi dieciocho años podía llegar a ser tan así sin siquiera darse cuenta? Era injusto. Eso tenía que ser un delito ante la ley, como mínimo.
—Hey, Gohan, ¿conoces el juego del pocky? —Te animaste a preguntar para intentar distraer tu mente de esos pensamientos de Gohan como un cachorro.
Ni siquiera sabías que podías tener esa clase de... ¿fijación?
—¿Eh...? ¿Hay un juego?
El que Gohan dejara de comer su pocky y te mirara ladeando sutilmente la cabeza, no ayudó para nada a tu delirante cerebro. «Parece un gran cachorro labrador retriever, maldita sea, qué lindo, ¿cómo puede ser tan lindo? Huh, creo que moriré de un ataque al corazón si él vuelve a hacer un gesto así. Como sea, gracias, Kami, por ser tan benevolente con este pecador hijo tuyo y dejarme ver algo tan puro e inefable antes de abandonar esta tierra terrenal que creaste con todo tu amor y paciencia. Amén».
—Yep. El juego es algo popular entre los de nuestra edad.
Aún si tu voz salió algo entrecortada y tuviste que carraspear la garganta para disimular, te aferraste a lucir normal. Al menos lo intentaste.
—Oh, vaya, no lo sabía —Gohan parecía completamente genuino, con sus ojos ya brillando por la curiosidad y cierto atisbo de asombro infantil. Hah, por supuesto que sí, a Gohan le fascinaba aprender cosas, era un rasgo muy característico de él al que ya te habías acostumbrado y tomado cariño—. Y... ¿En qué consiste ese juego, precisamente?
Un pensamiento intrusivo decidió invadir tu mente más tiempo del necesario: ¿y si le mostrabas de forma explícita? Si eras lo suficientemente favorecido por Kami, incluso existía la pequeña posibilidad de probar esos apetecibles labios por un segundo. Sí, sabías muy bien que esa era una tonta forma de intentar besarlo por primera vez, y más al nunca haber hablado de forma concisa sobre lo que estaba sucediendo entre los dos (porque no era exactamente 'platónico' que dos chicos se tomaran de las manos cuando estaban a solas ni dormitaran en el hombro del otro en las clases libres, ni que tuvieran citas a las que disfrazaban con el término 'estudio', ¿verdad?), pero bien se dice que, a tiempos desesperados, medidas desesperadas.
De inmediato trataste de recobrar la compostura y comportarte como el buen mejor amigo que eras, simplemente explicarle con palabras y dejar el tema hasta allí...
—¿Quieres que te enseñe, Gohan?
Sin embargo, tu boca no cooperó y soltó esa pregunta antes de que siquiera tu mente lo procesara. Tuviste que reunir todo tu autocontrol para no darte un puñetazo ahí mismo y lucir como un lunático. «Adiós, dignidad y orgullo, fue un placer conocerlos. Bienvenidos, impulso de idiotez y próximo arrepentimiento, no es un placer conocerlos ni mucho menos saber que su estadía aquí es indefinida».
—Por favor, si no es mucha molestia. Gracias.
Demonios, tan malditamente educado como siempre. ¿Cómo no enamorarse de alguien tan amable y gentil como ese chico de preciosos y muy expresivos ojos azabaches? Es que era imposible que no cayeras de bruces ante los pies de él; en tu modesta opinión, Gohan Son era un alma creada exclusivamente para amarla de la forma más pura y altruista posible... Aunque..., una parte de ti no podía evitar sentir la fuerte necesidad de sacudirlo hasta que dejara esas formalidades innecesarias de una vez.
Con un suspiro, tomaste tu silla de las esquinas y la acercaste a la de Gohan hasta que los muslos y hombros de ambos rozaron. Cierta ola de satisfacción te atravesó cuando percibiste la forma en que Gohan se estremeció. «Así que no soy el único aquí que es susceptible». Con un poco más de audacia, tomaste la mano en la que él sostenía el pocky y la alzaste hasta que tu boca mordió sutilmente la parte intacta de la golosina, de tal manera en que no lo partieras.
Gracias a la cercanía, pudiste observar a detalle cómo a Gohan se le cortó el aliento y se le contrajeron un poco las pupilas, prácticamente temblando ante tu toque. Tu pecho volvió a dar otro girón, uno que estuvo lleno de emoción y cierta adrenalina. Ni tú mismo podías creer tu propio descaro, pero ya no podías echarte atrás, no cuando finalmente estabas haciendo un movimiento más o menos directo.
—¿Qué... haces?
La voz de Gohan se escuchaba aún sin aliento y muy nerviosa, pero no de mala manera, sino como... nervios de timidez. El hecho de que no estuviera sobre reaccionando ni alejándote de forma rotunda era una buena señal. «Oh, por Kami, está permitiendo que me acerque, ¿realmente esta inmaculada alma está dispuesta a ser manchada por mis indecentes colores?».
—De esto consiste el juego —explicaste con cierta dificultad, porque vaya que no era fácil hablar mientras mordías cuidadosamente el pocky. Probablemente te veías algo ridículo.
—¿De verdad?
Contrario a lo que pensaste por unos momentos, la pregunta de Gohan parecía sincera; no había ironía ni incredulidad, sólo plena curiosidad combinada con timidez. Definitivamente era una buena señal.
Tuviste que soltar el pocky para responder adecuadamente, mas no soltaste la mano de Gohan ni te alejaste de él.
—Sí. Tenemos que ir comiendo el pocky a la par hasta acabarlo, pero sin romperlo de en medio ni alejarnos.
—¿Y si alguien lo hace...?
Sin que pudieras controlarlo, una sonrisa juguetona pintó tus labios y probablemente tus ojos transmitieron más de lo que creíste, juzgando la manera en que Gohan se ruborizó y dio un pequeño respingo. Si bien ese bonito chico podía llegar a ser inocente (tonto y sin entendimiento social para los demás, pero al demonio las opiniones absurdas de esa gente; Gohan sencillamente era una alma que no había sido contaminada por los albures ni cosas obscenas de adolescentes promedios y jóvenes adultos, gracias al cielo), sabías que no era tan ingenuo como para no percatarse de la connotación del asunto; mínimo una sospecha debía tener.
—Simple: recibe un castigo.
Contemplaste cómo Gohan tragó saliva audiblemente, y disfrutaste en silencio cómo esa nuez de Adán ascendía y descendía lentamente. Una parte de ti picó con curiosidad por palparla y, tal vez, ejercer un poco de presión en ella; ¿Gohan soltaría lindos ruidos y se retorcería o se quejaría y se echaría atrás con vergüenza...? Bien, suficiente, estabas dejando divagar a tu mente más de lo permitido.
—¿Y... si ninguno lo rompe ni se aleja?
—Creo que ya sabes qué sucederá.
Incluso si tu contestación podría interpretarse como coqueteo, no fue completamente el caso; sólo insinuabas lo obvio, esperando la inevitable desaprobación (o aceptación, tu esperanzado corazón clamaba por la aceptación). Cuando Gohan apartó brevemente la mirada, creíste que eso era todo, que tus arrebatos y deseos por obtener un poco más de esa alma, de la cual no eras ni un poco digno, había arruinado todo. Sin embargo, Gohan no se distanció físicamente ni te miró con decepción o asco, sólo asintió con la cabeza tras un par de segundos.
—Entiendo... Eh... Entonces, sólo debo morder el otro extremo, ¿cierto?
Para tu sorpresa, Gohan sostuvo el pocky de tal forma en que estuvo casi en su boca mientras apuntaba el otro lado hacia ti, e hizo un pequeño movimiento con el dulce, casi a... ¿forma de invitación? Lo observaste en silencio, simplemente parpadeando tontamente como una persona trasnochada que no conseguía discernir ni lo más básico, y después bajaste la mirada al pocky... ¿Realmente estaba sucediendo? ¿Gohan de verdad...?
No te permitiste pensarlo demasiado, no cuando te estaban ofreciendo en bandeja de plata algo que anhelabas tanto. Como el maldito egoísta que eras, mordiste la golosina. «Ya habrá tiempo para que me arrepienta por mis arrebatos, cuando esté a solas en mi cuarto, por ejemplo». Gohan te imitó casi de inmediato, aunque el movimiento de él fue un poco más torpe (y adorable, como todo en él). Con cierto alivio y nervios mezclados, dejaste caer tu mano a tu regazo mientras que con la otra apoyabas tu peso en la silla, no queriendo perder el equilibrio por culpa del vértigo en el estómago.
Lentamente fuiste dando mordisco tras mordisco, sin atreverte a avanzar más de la cuenta, sin querer tentar tanto a tu suerte; Gohan parecía pensar igual o similar a ti, porque sus mordidas eran incluso más cortas que las tuyas. Incluso con la bulla de fondo y esa dolorosa espina clavándose de forma intermitente en tu corazón (espina que te hacía recordar que algún compañero podía entrar al aula y, por lo tanto, atraparlos y esparcir rumores sobre esos gays de la clase 3-A), te concentraste en los brillantes ojos negros que te devolvían tímidamente la mirada. «Está bien, estaremos bien; incluso de meternos en problemas, me encargaré de que no tenga que pasar por ese tormento». Con una nueva oleada de determinación, alzaste tu mano y la colocaste delicadamente en la mejilla derecha de Gohan, como midiendo los límites.
Tu corazón volvió a dar un vuelco cuando Gohan cerró los ojos y emitió un dulce sonido de satisfacción mientras recargaba un poco su rostro contra la palma de tu mano. Empezaste a deslizar suavemente tus dedos por su pómulo, casi como si estuvieras tocando y adorando todos los relieves de una preciosa e inigualable pintura al óleo, y te atreviste a apoyar tu pulgar un poco más abajo de su párpado a la par que, con el meñique, acariciaste sutilmente su mandíbula. De no haber sido por el pocky en tu boca, hubieras soltado un suspiro tembloroso en el instante en que sus ojos se entreabieron y te miraron con... ¿Eso era cariño? ¿Gohan de verdad te estaba mirando de tal forma en que parecía como si... te quisiera de la misma manera en que tú lo hacías? ¿Siquiera algo así era permitido? ¿Que un alma tan hermosa prácticamente se dejara estar a tu merced?
Sabías muy bien que no merecías algo tan bueno, ergo...
Decidiste mandar todo el juego del pocky al carajo y mordiste y tragaste rápidamente el par de centímetros restantes, finalmente teniendo el honor de poder probar esos gloriosos labios. Fue un beso superficial, sólo un roce, pero se sintió tan casto, puro y real que con eso bastó para deshacerte como nunca nadie lo había conseguido antes. Te separaste de Gohan, bastante mareado y casi jadeando, pero él no te dio oportunidad de pensar ni mucho menos decir nada porque volvió a juntar sus labios mientras aferraba sus manos a tu playera; pese al precipitado movimiento un tanto doloroso (Gohan era claramente inexperto y te jaló contra él sin medir la fuerza del impacto entre sus bocas), no te importó y correspondiste en cuanto te recuperaste del aturdimiento. Una calidez invadió tu pecho al sentir la clara desesperación de Gohan; eras querido, eras deseado, incluso eras necesitado, y te lo estaban demostrando sin reparos.
«Le importo, de verdad le importo, tanto que no tiene problema en demostrarlo..., incluso con el riesgo que esto conlleva».
Ahogaste un amago de risa, una que no tenía burla ni egocentrismo, sólo era una risa provocada por todo el tumulto de sentimientos que estaban aflorando en tu corazón; te sentías pleno y feliz, como si finalmente los pesados grilletes cayeran y te dejaran ser libre, sin importarte que apenas era el comienzo de un camino lleno de baches.
Con calma y dulzura, tomaste con tus manos el rostro de Gohan y acariciaste sus mejillas para confortarlo, y lentamente se calmó y dejó de apretar tan fuerte tu playera. Sin soltar tu agarre, te separaste de sus labios y recargaste tu cabeza contra la de él, sintiendo una curiosa sensación de picazón (que no te molestó, nunca lo haría) por el pequeño mechón de cabello azabache sobresaliente en su frente. Se quedaron así, sin emitir ninguna palabra y sin alejarse en lo más mínimo, y te inclinaste a darle a Gohan un casto beso en los labios en cuanto su respiración errática cesó. Lo sentiste sonreír, tan alegre y deslumbrante como sólo él, y... eso fue todo.
Volviste a buscar su boca, empero, lo hiciste de forma correcta: sin tontos juegos como excusas baratas, sin dudas ni desesperación. Simplemente lo besaste con ternura, amor y completo cuidado, demostrando silenciosamente eso que llevabas queriendo gritar desde tiempo atrás. Un juramento que no necesitaba ser pronunciado. Y fuiste correspondido, de una forma algo torpe e inexperta que te llenó de dicha.
Pese a tu deseo por seguir reclamando esos suaves labios a los que seguramente te ibas a volver devoto, te tuviste que reprimir y te alejaste casi refunfuñando; si bien no habías revisado la hora desde que lo del juego del pocky comenzó, estabas seguro de que pronto los estudiantes más puntuales y dedicados empezarían a regresar al salón. Sin embargo, tu malhumor disminuyó en cuanto viste que Gohan parecía igual de reacio a soltarte.
—Ya va a terminar la hora de almuerzo —avisaste mientras acomodabas tu silla correctamente, procurando mantener una distancia social aceptable.
Y fue justo a tiempo porque un par de chicas entraron al salón mientras hablaban animadamente entre ellas, claramente ajenas (gracias al cielo) a lo que estaban haciendo momentos antes. Poco después el timbre sonó y el aula lentamente se fue llenando, por lo que decidiste tratar de concentrarte leyendo unos párrafos que venían en el libro de inglés mientras aparentabas que no te habías besado quién sabe cuánto tiempo con tu 'mejor amigo', pero tu esfuerzo se fue a la basura en cuanto sentiste una callosa mano rozar la tuya por debajo de la mesa. Miraste de reojo a Gohan, tan sólo para darte cuenta que él ya te estaba observando con una pequeña sonrisa avergonzada; volviste a prestar atención a tu lectura, pero no sin antes tomar su mano para darle un apretón.
El apretón fue devuelto, y tu corazón se sintió realizado y en paz.
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Tras finalizar las clases, ambos iban caminando tranquilamente por las calles de la ya no tan peligrosa Satan City, todo gracias a cierto superhéroe de vestimenta retro del que podías o no saber su identidad desde sus comienzos. Con una sonrisa, te pegaste a Gohan y chocaste con sus hombros de forma amistosa, obteniendo su atención de inmediato.
—Oye, Gohan, pregunta aleatoria.
—Claro, dime.
—¿Alguna vez has considerado usar una diadema con orejas de perro?
Gohan simplemente te miró, deteniendo por completo sus pasos.
—... ¿Qué?