Mientras tomo café
Cubierto de tinieblas el lago gris
se abre ante mí.
Conozco el inicio y el fin,
pero desconozco el río por el que transcurrir.
Un muro negro como el alma de la muerte
con rostros de agonía tallados.
Unos perros de colmillos afilados
y fauces infestadas de ascuas
guardan las puertas oscuras,
donde torres de amarillentos huesos se alzan
hasta el cielo nublado.
Un vacío se hunde en el pecho,
no hay nada que lo pueda llenar.
Ahora solo quedan los desechos
de lo que nunca pude alcanzar.
Mi maldición es querer cómo no me quieren,
pétalos que en el camino se pierden. Quedan mutilados en el camino
por no ser recibidos en el ansiado destino.








